• 𝐌𝖾𝗅𝗂𝗇𝖺 𝐅𝗂𝗋𝖾𝖻𝗅𝗈𝗈𝗆

    Porque no fue solo tu primera vez…
    también fue la mía.

    Una revelación silenciosa, casi sagrada. Algo que ni siquiera los más de mil años que cargo sobre la piel me habían concedido sentir. Creí conocer todos los matices del deseo, todas las formas del cuerpo y del placer… pero esto era distinto. Esto tenía latido. Tenía tu nombre.

    Fue mi primera vez amando de verdad.
    Mi primera vez entregando el corazón sin defensas, dejando el alma desnuda a mercer de tus manos, liberando ese amor que había custodiado durante siglos como una reliquia peligrosa, y ofreciéndotelo sin miedo, sin reservas la oscuridad que albergo dentro de mi.

    Soy alguien para quien el tiempo no avanza: como un suspiro contenido. Alguien que existe fuera del ritmo común del mundo...

    Los seres longevos aprendemos a temer al amor. Sabemos que cuando el corazón se quiebra, no sangra… se agrieta durante siglos, sin la certeza de que este llegue a sanar algún día.

    Aun así, contigo, ese temor pierde fuerza. Incluso si el destino decidiera separarnos, incluso si algún día tuviera que aprender a vivir sin ti, cada segundo compartido a tu lado habrá valido la eternidad que pueda venir después.
    [Fire.bl00m] Porque no fue solo tu primera vez… también fue la mía. Una revelación silenciosa, casi sagrada. Algo que ni siquiera los más de mil años que cargo sobre la piel me habían concedido sentir. Creí conocer todos los matices del deseo, todas las formas del cuerpo y del placer… pero esto era distinto. Esto tenía latido. Tenía tu nombre. Fue mi primera vez amando de verdad. Mi primera vez entregando el corazón sin defensas, dejando el alma desnuda a mercer de tus manos, liberando ese amor que había custodiado durante siglos como una reliquia peligrosa, y ofreciéndotelo sin miedo, sin reservas la oscuridad que albergo dentro de mi. Soy alguien para quien el tiempo no avanza: como un suspiro contenido. Alguien que existe fuera del ritmo común del mundo... Los seres longevos aprendemos a temer al amor. Sabemos que cuando el corazón se quiebra, no sangra… se agrieta durante siglos, sin la certeza de que este llegue a sanar algún día. Aun así, contigo, ese temor pierde fuerza. Incluso si el destino decidiera separarnos, incluso si algún día tuviera que aprender a vivir sin ti, cada segundo compartido a tu lado habrá valido la eternidad que pueda venir después.
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  • Disputa familiar
    Fandom OC
    Categoría Suspenso
    Lyra Velvetthorn

    Una invitación había sido entregada...

    Era una noche fría pero de cielo despejado, la luna llena se alzaba en el cielo nocturno, proyectando su luz sobre el lugar que Morana había elegido para la reunión.

    Morana se encontraba lejos de la ciudad, en un lugar que era desconocido para cualquiera que no fuera un conocido cercano suyo. Era una catedral de arquitectura gótica, un estilo que siempre fue del gusto de Morana. La luz lunar entraba a través de los vitrales, permitiendo ver sus patrones con más claridad...

    Un hombre rubio siendo enviado a la pira... Una mujer de mirada plateada observando en la distancia... La misma mujer alzando una espada... Una cruz ornamentada siendo partida...

    Narraban una historia; su historia.

    Era un lugar sagrado, uno de los pocos lugares que se mantuvieron en pie tras la guerra del siglo XIV, un lugar construido con la sangre y el sudor de aquellos que en su momento sirvieron a Morana.

    La catedral había sido un punto de encuentro recurrente para Morana, y hoy la usaría una vez más para hablar con su nuera. Un tema importante acontecía, su ahijado le había comentado ciertos... Detalles sobre la vampira, y pensó que podría sacar partido de la situación...

    ¿Será que al fin encontraría diversión en la monotonía de su vida?¿Sería la vampira lo suficientemente audaz como para evitar los juegos mentales de Morana? Habría que verlo.

    Mientras Morana se encontraba en su asiento, esperaba a que la contraria se hiciera presente, era cuestión de tiempo que apareciera...
    [Bloody_Doll] Una invitación había sido entregada... Era una noche fría pero de cielo despejado, la luna llena se alzaba en el cielo nocturno, proyectando su luz sobre el lugar que Morana había elegido para la reunión. Morana se encontraba lejos de la ciudad, en un lugar que era desconocido para cualquiera que no fuera un conocido cercano suyo. Era una catedral de arquitectura gótica, un estilo que siempre fue del gusto de Morana. La luz lunar entraba a través de los vitrales, permitiendo ver sus patrones con más claridad... Un hombre rubio siendo enviado a la pira... Una mujer de mirada plateada observando en la distancia... La misma mujer alzando una espada... Una cruz ornamentada siendo partida... Narraban una historia; su historia. Era un lugar sagrado, uno de los pocos lugares que se mantuvieron en pie tras la guerra del siglo XIV, un lugar construido con la sangre y el sudor de aquellos que en su momento sirvieron a Morana. La catedral había sido un punto de encuentro recurrente para Morana, y hoy la usaría una vez más para hablar con su nuera. Un tema importante acontecía, su ahijado le había comentado ciertos... Detalles sobre la vampira, y pensó que podría sacar partido de la situación... ¿Será que al fin encontraría diversión en la monotonía de su vida?¿Sería la vampira lo suficientemente audaz como para evitar los juegos mentales de Morana? Habría que verlo. Mientras Morana se encontraba en su asiento, esperaba a que la contraria se hiciera presente, era cuestión de tiempo que apareciera...
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  • E vivido siglos no es muy pronto, pero desearía tener descendencia
    E vivido siglos no es muy pronto, pero desearía tener descendencia
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  • Que mas da si importa que mi corazon
    Estara frio , por un siglo mas ~
    Que mas da si importa que mi corazon Estara frio , por un siglo mas ~
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  • Desde lo alto de la azotea, Lyra había dejado que la ciudad se desdibujara ante sus ojos. Donde ahora se alzaban edificios fríos y luces constantes, su memoria insistía en devolverle otras formas, calles estrechas, piedra húmeda, sombras profundas donde la noche parecía respirar. Lugares que ya no existían, pero que para ella seguían intactos. Allí había corrido cuando apenas tenía nueve años.

    Huía de los Varkhûn, vampiros sanguinarios para quienes la sangre noble era ofrenda y destino. Incluso siendo una niña, Lyra lo sabía. Sabía que su linaje la marcaba, que por sus padres su sangre tenía valor. Aquella noche no corría solo para escapar...corría porque iba a ser sacrificada. Porque debía morir junto a ellos.

    La lluvia había caído sin piedad, empapándole el cabello, cegándole los ojos. Sus rodillas y brazos estaban cubiertos de raspones, la piel ardiendo con cada tropiezo, pero no se había detenido. El miedo era más fuerte que el dolor. Solo pensaba en esconderse, en seguir adelante, en no desobedecer la última voz que había escuchado.
    Su madre se había arrodillado frente a ella, con una calma rota que no encajaba con el horror de la noche. Con manos temblorosas le había colocado el collar alrededor del cuello, ajustándolo con cuidado, como si ese gesto pudiera protegerla del mundo.

    ♧ Corre, Lyra -le había susurrado -No mires atrás. Pase lo que pase… yo siempre estaré en tu corazón -Entonces corrió...corrió aferrándose a esas palabras. No miró atrás. No vio cómo sus padres se quedaban. No vio cómo la noche los reclamaba. Solo apretó el collar contra su pecho, creyendo que aquel objeto era lo único que la mantenía con vida. Lo único que le quedaba de ellos.

    No murió esa noche. No como estaba escrito. Vivió gracias al sacrificio de sus padres, y esa verdad se había convertido en una herida silenciosa que el tiempo nunca cerró. Ahora, siglos después, Lyra suspiró despacio. El sonido se perdió en el aire nocturno. Sus dedos rozaron el collar con un gesto cansado, nostálgico.

    ♧ Suficiente -se dijo a sí misma -Los lamentos no traen a los muertos de vuelta -su mente, traicionera, insinuó otra posibilidad -A menos que… no - Se obligó a apartar ese pensamiento. Comunicarse con ellos, buscar sus voces más allá del velo, era demasiado arriesgado. Ya lo había intentado una vez. Recordaba demasiado bien cómo había terminado. Nada había salido como esperaba… y las consecuencias aún la perseguían.

    Cerró los ojos un instante, dejando que la nostalgia se drenara de su mente. Cuando volvió a abrirlos, la ciudad seguía allí, viva e indiferente. Ella permanecía inmóvil, con el peso del pasado colgando de su cuello, que parecía recordarle los estragos de su yo de la niñez.
    Desde lo alto de la azotea, Lyra había dejado que la ciudad se desdibujara ante sus ojos. Donde ahora se alzaban edificios fríos y luces constantes, su memoria insistía en devolverle otras formas, calles estrechas, piedra húmeda, sombras profundas donde la noche parecía respirar. Lugares que ya no existían, pero que para ella seguían intactos. Allí había corrido cuando apenas tenía nueve años. Huía de los Varkhûn, vampiros sanguinarios para quienes la sangre noble era ofrenda y destino. Incluso siendo una niña, Lyra lo sabía. Sabía que su linaje la marcaba, que por sus padres su sangre tenía valor. Aquella noche no corría solo para escapar...corría porque iba a ser sacrificada. Porque debía morir junto a ellos. La lluvia había caído sin piedad, empapándole el cabello, cegándole los ojos. Sus rodillas y brazos estaban cubiertos de raspones, la piel ardiendo con cada tropiezo, pero no se había detenido. El miedo era más fuerte que el dolor. Solo pensaba en esconderse, en seguir adelante, en no desobedecer la última voz que había escuchado. Su madre se había arrodillado frente a ella, con una calma rota que no encajaba con el horror de la noche. Con manos temblorosas le había colocado el collar alrededor del cuello, ajustándolo con cuidado, como si ese gesto pudiera protegerla del mundo. ♧ Corre, Lyra -le había susurrado -No mires atrás. Pase lo que pase… yo siempre estaré en tu corazón -Entonces corrió...corrió aferrándose a esas palabras. No miró atrás. No vio cómo sus padres se quedaban. No vio cómo la noche los reclamaba. Solo apretó el collar contra su pecho, creyendo que aquel objeto era lo único que la mantenía con vida. Lo único que le quedaba de ellos. No murió esa noche. No como estaba escrito. Vivió gracias al sacrificio de sus padres, y esa verdad se había convertido en una herida silenciosa que el tiempo nunca cerró. Ahora, siglos después, Lyra suspiró despacio. El sonido se perdió en el aire nocturno. Sus dedos rozaron el collar con un gesto cansado, nostálgico. ♧ Suficiente -se dijo a sí misma -Los lamentos no traen a los muertos de vuelta -su mente, traicionera, insinuó otra posibilidad -A menos que… no - Se obligó a apartar ese pensamiento. Comunicarse con ellos, buscar sus voces más allá del velo, era demasiado arriesgado. Ya lo había intentado una vez. Recordaba demasiado bien cómo había terminado. Nada había salido como esperaba… y las consecuencias aún la perseguían. Cerró los ojos un instante, dejando que la nostalgia se drenara de su mente. Cuando volvió a abrirlos, la ciudad seguía allí, viva e indiferente. Ella permanecía inmóvil, con el peso del pasado colgando de su cuello, que parecía recordarle los estragos de su yo de la niñez.
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  • Una vez más en este bosque... Una vez más los recuerdos inundarían su ahora lúcida mente...

    El camino había sido breve esta vez, lo recordaba con más claridad que antes, un efecto que tenía en ella el retomar su forma original.

    La noche era iluminada solamente por la luna llena. El único ruido en estos lugares era el viento silbando a través de los árboles, pues los animales eran escasos en estas tierras. Sus botas apenas hacían algún ruido al caminar.

    Sus ojos de un color plateado se notaban bajo la sombra proyectada por su sombrero. Su cabellera rubia era iluminada parcialmente por la luz lunar.

    Finalmente alcanzó su destino, la tumba que había visitado miles de veces. Las flores se amontonaban, la mayoría marchitas, apenas un recuerdo, una plegaria para que volviese con ella.

    Su voz rompió el silencio. — Pensé que querrías verme así. — Pues no venía como Morana, sino como Adela, aquella mujer de campo que, de alguna forma, consiguió cautivar la mirada de un noble.

    Adela suspiró, tenía sus girasoles en mano, una flor que simbolizaba la lealtad y la admiración. Colocó las flores sobre la tumba con delicadeza. — Es posible que no vuelva. — Comentó como si su esposo fuera a escucharla a través de la tierra.

    Si bien era poderosa, el conflicto por venir era a gran escala, y no sabría si le sería posible volver a verlo, no sabría si su vida terminaría en este siglo.

    — Espero que lo entiendas. — Su voz sonaba... Cansada más que triste. Tantos años repitiendo el mismo camino, tantos años repitiendo el mismo ritual ¿Para qué? Debería dejar de hacer esto, él ya no está y le dejó claro que no quería una segunda vida.

    — Adiós Gerhard. — Dijo en voz baja al momento de voltearse, quiso decir que lo amaba, pero realmente... Ya no lo tenía tan claro. El tiempo había hecho mella en su corazón, pero ahora no había tiempo de dudar...

    Así se alejó, caminando tan tranquilamente como llegó al lugar, pero con una nueva duda en su corazón.
    Una vez más en este bosque... Una vez más los recuerdos inundarían su ahora lúcida mente... El camino había sido breve esta vez, lo recordaba con más claridad que antes, un efecto que tenía en ella el retomar su forma original. La noche era iluminada solamente por la luna llena. El único ruido en estos lugares era el viento silbando a través de los árboles, pues los animales eran escasos en estas tierras. Sus botas apenas hacían algún ruido al caminar. Sus ojos de un color plateado se notaban bajo la sombra proyectada por su sombrero. Su cabellera rubia era iluminada parcialmente por la luz lunar. Finalmente alcanzó su destino, la tumba que había visitado miles de veces. Las flores se amontonaban, la mayoría marchitas, apenas un recuerdo, una plegaria para que volviese con ella. Su voz rompió el silencio. — Pensé que querrías verme así. — Pues no venía como Morana, sino como Adela, aquella mujer de campo que, de alguna forma, consiguió cautivar la mirada de un noble. Adela suspiró, tenía sus girasoles en mano, una flor que simbolizaba la lealtad y la admiración. Colocó las flores sobre la tumba con delicadeza. — Es posible que no vuelva. — Comentó como si su esposo fuera a escucharla a través de la tierra. Si bien era poderosa, el conflicto por venir era a gran escala, y no sabría si le sería posible volver a verlo, no sabría si su vida terminaría en este siglo. — Espero que lo entiendas. — Su voz sonaba... Cansada más que triste. Tantos años repitiendo el mismo camino, tantos años repitiendo el mismo ritual ¿Para qué? Debería dejar de hacer esto, él ya no está y le dejó claro que no quería una segunda vida. — Adiós Gerhard. — Dijo en voz baja al momento de voltearse, quiso decir que lo amaba, pero realmente... Ya no lo tenía tan claro. El tiempo había hecho mella en su corazón, pero ahora no había tiempo de dudar... Así se alejó, caminando tan tranquilamente como llegó al lugar, pero con una nueva duda en su corazón.
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  • Epoca Moderna.-

    Song Ji yang, un joven actor que pasaba su tiempo entre escenarios, entre viajes y agendas ocupadas, tambien se destacaba como un bailarin excepcional.

    La vida le habia dado una nueva oportunidad a esa alma llamada Xiao Xingchen, siglos despues su vida habia tomado forma y ahora su pasado era algo que solo vivia en memorias posiblemente guardadas en monasterios.

    Tendría que salir adelante, trabajar en lo que mas queria, la actuación y el modelaje.

    Voz: Song Ji, un poco mas a la derecha...ahora voltea..si, a un lado perfecto!

    Epoca Moderna.- Song Ji yang, un joven actor que pasaba su tiempo entre escenarios, entre viajes y agendas ocupadas, tambien se destacaba como un bailarin excepcional. La vida le habia dado una nueva oportunidad a esa alma llamada Xiao Xingchen, siglos despues su vida habia tomado forma y ahora su pasado era algo que solo vivia en memorias posiblemente guardadas en monasterios. Tendría que salir adelante, trabajar en lo que mas queria, la actuación y el modelaje. Voz: Song Ji, un poco mas a la derecha...ahora voltea..si, a un lado perfecto!
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  • Se acerca la guerra...

    — Cuanto tiempo ha pasado... — La voz de Morana resonó entre la oscuridad. — Volvemos una vez más a alzarnos en armas... — Aunque la emoción la recorriese, su voz sonaba... Cansada, diferente...

    Entonces en la oscuridad se hizo presente el sonido de sus pasos.

    Un paso. — Buscaron mandarme a la pira. —

    Otro paso. — Arrasaron con mi gente. — Su voz se volvió más grave.

    Otro paso. — Acabaron con mi esposo. — Se podía notar el dolor en su voz al mencionarlo.

    Se detuvo en seco. — Una guerra acabada hace siglos. — Suspiró. — Un pacto roto. — Respiró profundo, su voz calmándose nuevamente.

    — Si Dios no bendice mis armas en esta guerra, que su sangre sea la que alimente mi fuerza. —
    — Si realmente Dios desea mi muerte, que baje él mismo a crucificarme. —

    La puerta a la oscura habitación se abrió. — Marchamos a la guerra una vez más... — Finalmente salió de la oscura habitación, pero esta vez portando una nueva forma. — No me esconderé, se acabó el huir. — Su voz adquirió un tono firme.

    — Esta vez ni siquiera la muerte os puede proteger... Y no habrá misericordia. —

    Elijah Vítkov
    Se acerca la guerra... — Cuanto tiempo ha pasado... — La voz de Morana resonó entre la oscuridad. — Volvemos una vez más a alzarnos en armas... — Aunque la emoción la recorriese, su voz sonaba... Cansada, diferente... Entonces en la oscuridad se hizo presente el sonido de sus pasos. Un paso. — Buscaron mandarme a la pira. — Otro paso. — Arrasaron con mi gente. — Su voz se volvió más grave. Otro paso. — Acabaron con mi esposo. — Se podía notar el dolor en su voz al mencionarlo. Se detuvo en seco. — Una guerra acabada hace siglos. — Suspiró. — Un pacto roto. — Respiró profundo, su voz calmándose nuevamente. — Si Dios no bendice mis armas en esta guerra, que su sangre sea la que alimente mi fuerza. — — Si realmente Dios desea mi muerte, que baje él mismo a crucificarme. — La puerta a la oscura habitación se abrió. — Marchamos a la guerra una vez más... — Finalmente salió de la oscura habitación, pero esta vez portando una nueva forma. — No me esconderé, se acabó el huir. — Su voz adquirió un tono firme. — Esta vez ni siquiera la muerte os puede proteger... Y no habrá misericordia. — [fusion_bronze_monkey_923]
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  • Otro siglo mas , esto es algo que los mortales ~ llaman una año mas y la humanidad aun esta alli y yo que quiero mas caos ~
    Otro siglo mas , esto es algo que los mortales ~ llaman una año mas y la humanidad aun esta alli y yo que quiero mas caos ~
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  • Una paz que no tiene precio.
    Fandom OC
    Categoría Slice of Life
    Fawn

    Quién diría que Morana, después de tantos años, disfrutaría de unas "vacaciones". La misma Morana que odia estar rodeada de gente, la misma Morana que valora la soledad por encima de todo...

    Y ahora estaba disfrutando de la compañía de alguien que apenas conocía, que por algún motivo, le transmitía la tranquilidad que le faltaba en su día a día.

    Hacía apenas unos minutos desde que Fawn había tomado la mano de Morana, dirigiéndola a un claro que la cervatilla había dicho conocer.

    Mientras iban al lugar, Morana alzó la voz. — Hey, hey, que yo solo tengo dos piernas. — Bromeó entre risas.

    Se dio el lujo de afianzar su agarre en la mano de Fawn, sintiendo el suave tacto de su piel, la calidez de la misma, un contraste claro con el frío tacto de la piel de Morana.

    No tardaron en llegar al lugar y finalmente se detuvo su andar.

    Los únicos sonidos que se escuchaban eran el canto de los pájaros, la maleza moverse ocasionalmente por algún pequeño animal, el viento pasando entre los árboles y un pequeño riachuelo que atravesaba el claro, provocando un sonido suave, relajante.

    Todo lo contrario al bullicio al que acostumbraba Morana. Llevaba siglos sin estar en un lugar así de pacífico.

    Sus ojos se iluminaron ligeramente, su expresión se suavizó y no pudo evitar esbozar una pequeña sonrisa.

    — Parece que tenías razón Bambi... Es tan pacífico que se te olvida el paso del tiempo. — Murmuró entre ellas antes de mirar a Fawn. — Con un lugar así, yo tampoco querría salir del bosque. — Comentó, su sonrisa volviéndose algo más amplia.
    [fawn01] Quién diría que Morana, después de tantos años, disfrutaría de unas "vacaciones". La misma Morana que odia estar rodeada de gente, la misma Morana que valora la soledad por encima de todo... Y ahora estaba disfrutando de la compañía de alguien que apenas conocía, que por algún motivo, le transmitía la tranquilidad que le faltaba en su día a día. Hacía apenas unos minutos desde que Fawn había tomado la mano de Morana, dirigiéndola a un claro que la cervatilla había dicho conocer. Mientras iban al lugar, Morana alzó la voz. — Hey, hey, que yo solo tengo dos piernas. — Bromeó entre risas. Se dio el lujo de afianzar su agarre en la mano de Fawn, sintiendo el suave tacto de su piel, la calidez de la misma, un contraste claro con el frío tacto de la piel de Morana. No tardaron en llegar al lugar y finalmente se detuvo su andar. Los únicos sonidos que se escuchaban eran el canto de los pájaros, la maleza moverse ocasionalmente por algún pequeño animal, el viento pasando entre los árboles y un pequeño riachuelo que atravesaba el claro, provocando un sonido suave, relajante. Todo lo contrario al bullicio al que acostumbraba Morana. Llevaba siglos sin estar en un lugar así de pacífico. Sus ojos se iluminaron ligeramente, su expresión se suavizó y no pudo evitar esbozar una pequeña sonrisa. — Parece que tenías razón Bambi... Es tan pacífico que se te olvida el paso del tiempo. — Murmuró entre ellas antes de mirar a Fawn. — Con un lugar así, yo tampoco querría salir del bosque. — Comentó, su sonrisa volviéndose algo más amplia.
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