• Soundtrack: https://youtu.be/WbA9Ro_7ynE?si=uFBH5-LJSV-Sz20k

    El blues se filtraba por sus venas como veneno dulce.

    Blues del infierno no era solo música. Era un pulso. Un llamado. Cada nota raspaba algo dentro de ella, encendiendo ese lugar oscuro que nunca dormía… ese lugar que la hacía sentir peligrosamente viva.

    Se detuvo bajo la luz moribunda de un farol. Sus dedos temblaron apenas, no por debilidad, sino por anticipación. Su pecho se alzó en una respiración lenta, profunda, como si estuviera inhalando la canción misma.

    Era como una droga que siempre la llevaba al cielo.

    Podía oírlos detrás.

    Los cazadores intentaban ser silenciosos, pero sus corazones los traicionaban. Latían rápido. Desordenados. Asustados, aunque todavía fingían no estarlo.

    La sonrisa no tardó en aparecer en su rostro, llena de emoción excitante.

    La música la hacía olvidar el paso del tiempo. El peso de los siglos. El vacío constante. Por unos segundos, no era un monstruo ni una maldición… era hambre. Era impulso. Era instinto puro.

    Uno de ellos levantó el arma. El clic fue suficiente.

    Más que una amenaza, fue una revelación que la guerra había iniciado.

    El cazador no tuvo tiempo de gritar cuando la pelinegra apareció frente a él, tan cerca que pudo ver el terror naciendo en sus ojos. Ese momento exacto en que comprendía que había cometido el peor error de su vida.

    Lo sostuvo con una calma inquietante, inclinando apenas la cabeza, como si escuchara la música desde dentro de su sangre.

    ♧ ¿Lo oyes?… -susurró, su voz apenas un aliento frío -También es tu final -Sus colmillos descendieron sin prisa.

    La sangre brotó caliente, viva… y la canción se volvió más intensa. Más brillante. Más real.

    Sus ojos se cerraron mientras bebía, y por un instante, el mundo tuvo sentido.

    El cuerpo cayó cuando dejó de latir.

    Los demás retrocedieron, temblando ahora sin vergüenza.

    Ella por su parte levantó el rostro, con la respiración más profunda, los labios manchados, los ojos encendidos con algo cercano al éxtasis.

    La música seguía sonando al igual que su corazón.

    Avanzó hacia ellos con pasos lentos, seguros… como alguien que no solo disfrutaba la cacería, sino que la necesitaba.

    Porque el blues no calmaba al monstruo.

    Lo hacía volar.
    Soundtrack: https://youtu.be/WbA9Ro_7ynE?si=uFBH5-LJSV-Sz20k El blues se filtraba por sus venas como veneno dulce. Blues del infierno no era solo música. Era un pulso. Un llamado. Cada nota raspaba algo dentro de ella, encendiendo ese lugar oscuro que nunca dormía… ese lugar que la hacía sentir peligrosamente viva. Se detuvo bajo la luz moribunda de un farol. Sus dedos temblaron apenas, no por debilidad, sino por anticipación. Su pecho se alzó en una respiración lenta, profunda, como si estuviera inhalando la canción misma. Era como una droga que siempre la llevaba al cielo. Podía oírlos detrás. Los cazadores intentaban ser silenciosos, pero sus corazones los traicionaban. Latían rápido. Desordenados. Asustados, aunque todavía fingían no estarlo. La sonrisa no tardó en aparecer en su rostro, llena de emoción excitante. La música la hacía olvidar el paso del tiempo. El peso de los siglos. El vacío constante. Por unos segundos, no era un monstruo ni una maldición… era hambre. Era impulso. Era instinto puro. Uno de ellos levantó el arma. El clic fue suficiente. Más que una amenaza, fue una revelación que la guerra había iniciado. El cazador no tuvo tiempo de gritar cuando la pelinegra apareció frente a él, tan cerca que pudo ver el terror naciendo en sus ojos. Ese momento exacto en que comprendía que había cometido el peor error de su vida. Lo sostuvo con una calma inquietante, inclinando apenas la cabeza, como si escuchara la música desde dentro de su sangre. ♧ ¿Lo oyes?… -susurró, su voz apenas un aliento frío -También es tu final -Sus colmillos descendieron sin prisa. La sangre brotó caliente, viva… y la canción se volvió más intensa. Más brillante. Más real. Sus ojos se cerraron mientras bebía, y por un instante, el mundo tuvo sentido. El cuerpo cayó cuando dejó de latir. Los demás retrocedieron, temblando ahora sin vergüenza. Ella por su parte levantó el rostro, con la respiración más profunda, los labios manchados, los ojos encendidos con algo cercano al éxtasis. La música seguía sonando al igual que su corazón. Avanzó hacia ellos con pasos lentos, seguros… como alguien que no solo disfrutaba la cacería, sino que la necesitaba. Porque el blues no calmaba al monstruo. Lo hacía volar.
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  • “A veces, el viento trae ecos de una voz que ya no existe. El tiempo para los humanos es un parpadeo, pero para mí, cada siglo es una cicatriz de plata. Tú ves el amanecer con esperanza; yo solo veo el final de mi dominio sobre la noche.”
    “A veces, el viento trae ecos de una voz que ya no existe. El tiempo para los humanos es un parpadeo, pero para mí, cada siglo es una cicatriz de plata. Tú ves el amanecer con esperanza; yo solo veo el final de mi dominio sobre la noche.”
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  • Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
    Esto se ha publicado como Out Of Character.
    Tenlo en cuenta al responder.
    Sofía Callahan

    Edad: 25 años
    Profesión: Historiadora (especializada en archivos civiles y correspondencia privada del siglo XIX)
    Residencia: Un apartamento modesto en las afueras, a dos horas de la ciudad; suficiente distancia para que el ruido se vuelva recuerdo y el aire tenga la ausencia de orina y gasolina que es tan maravillosa de inspirar desde el pecho.

    ✧ Apariencia

    No es llamativa en el sentido inmediato, pueden llegar a encontrarse indicios de dinero generacional, pero meramente es admiración por el estilo pasado y ojo clínico a la hora de ir a mercados de segunda mano.
    Cabello oscuro que suele recoger con descuido práctico; mechones sueltos que sobreviven al intento de orden y a grandes rasgos no llegan a ser contraproducentes a la hora de enterrar el rostro en un libro. Piel clara que acusa las horas frente a documentos y lámparas amarillas. Ojos que parecen más viejos de lo que deberían, como si hubieran leído demasiado pronto ciertas cosas.

    Viste prendas sencillas: faldas de tonos apagados, suéteres gruesos, blusas heredadas o encontradas en ventas de garaje. Siempre lleva una cadena fina con un pequeño símbolo religioso, casi escondido bajo la tela.

    ✧ Personalidad

    Doméstica sin ser sumisa.
    Reservada sin ser fría.

    Sofía tiene una manera suave de habitar el espacio, como si pidiera permiso incluso cuando nadie se lo exige. Habla bajo, pero con precisión. El tipo de conversación que se encuentra en profesores de universidad con tintes de maestra de kinder, reverencia al conocimiento y amor a algo que se le debe la ternura que nunca le fue otorgada. No soporta las afirmaciones vacías ni la grandilocuencia sin sustancia, meses de estar acurrucada entre palabras firmes y transparencia escondida en los lugares que deben ser ganados le dejó una pequeña tara a la hora de enfrentar el baile social moderno.

    Su delicadeza no es dramática, es mutismo selectivo:
    — Su mente se pierde felizmente en la espiral descendente de la introspección o la fantasía.
    — Acuna una tendencia patológica a acumular información de cualquier sea el tipo para acurrucarse en ella.
    — Su corazón late con más fuerza y calidez cuando se mantiene dentro de su mundo interno.

    Pero hay algo en ella que no se ha quebrado: una fe pequeña, casi infantil, que no se apoya en dogmas sino en la esperanza obstinada de que la verdad importa, de que la memoria dignifica, de que las cosas pueden repararse aunque nadie lo vea.

    A veces reza, no siempre por sí misma, y definitivamente nunca al mismo ente.

    ✧ Vida cotidiana

    Su apartamento es humilde igual que el resto de los asalariados, aunque profundamente provisto de tonterías, decoraciones, instrumentos del siglo pasado y una vivencia héctica.

    Una mesa de escritura desplegable edwardiana junto a la ventana donde trabaja.

    Tazas de porcelana real, distintos dibujos y una miriada de orígenes.

    Una planta que lucha por sobrevivir al invierno, nadie dijo que las suculentas fueran tan demandantes.

    Estanterías con libros marcados con notas al margen, rebosantes de marca hojas y con cuadernos junto que detallan la investigación a la que asistieron o las aventuras que llegaron a subsidiar.

    Una radio antigua que solo sintoniza bien por las noches.

    La distancia con la ciudad es deliberada. Dos horas de tren o carretera que funcionan como frontera emocional. Allí trabaja, investiga, consulta archivos. Aquí vive.

    Su realidad culinaria es deplorable, pero sin recaer a la miseria absoluta, comidas congeladas, platillos en contenedores de papel y algunos contenedores de vidrio que su madre insiste en dejarle. Encuentra una calma casi sagrada en doblar la ropa o limpiar los platos con cuidado, uno de los peligros de poseer vajilla de relevancia histórica nula pero amplio significado emocional.

    ✧ Conflictos internos

    Se siente atraída por historias trágicas del pasado; hay algo en el sufrimiento antiguo que la consuela.

    Tiene miedo de volverse indiferente.

    A veces confunde soledad con vocación.

    No es ingenua, pero conserva una ternura peligrosa: todavía cree en la bondad inesperada. Todavía se sorprende cuando alguien miente.

    ✧ Creencias

    No milita activamente en ninguna institución religiosa, pero guarda fe.
    Enciende velas pequeñas en fechas que nadie más recuerda.
    Cree en la memoria como acto moral.
    Cree que el amor —aunque no haya tenido uno grande todavía— es algo serio, casi sagrado.


    Sofía Callahan Edad: 25 años Profesión: Historiadora (especializada en archivos civiles y correspondencia privada del siglo XIX) Residencia: Un apartamento modesto en las afueras, a dos horas de la ciudad; suficiente distancia para que el ruido se vuelva recuerdo y el aire tenga la ausencia de orina y gasolina que es tan maravillosa de inspirar desde el pecho. ✧ Apariencia No es llamativa en el sentido inmediato, pueden llegar a encontrarse indicios de dinero generacional, pero meramente es admiración por el estilo pasado y ojo clínico a la hora de ir a mercados de segunda mano. Cabello oscuro que suele recoger con descuido práctico; mechones sueltos que sobreviven al intento de orden y a grandes rasgos no llegan a ser contraproducentes a la hora de enterrar el rostro en un libro. Piel clara que acusa las horas frente a documentos y lámparas amarillas. Ojos que parecen más viejos de lo que deberían, como si hubieran leído demasiado pronto ciertas cosas. Viste prendas sencillas: faldas de tonos apagados, suéteres gruesos, blusas heredadas o encontradas en ventas de garaje. Siempre lleva una cadena fina con un pequeño símbolo religioso, casi escondido bajo la tela. ✧ Personalidad Doméstica sin ser sumisa. Reservada sin ser fría. Sofía tiene una manera suave de habitar el espacio, como si pidiera permiso incluso cuando nadie se lo exige. Habla bajo, pero con precisión. El tipo de conversación que se encuentra en profesores de universidad con tintes de maestra de kinder, reverencia al conocimiento y amor a algo que se le debe la ternura que nunca le fue otorgada. No soporta las afirmaciones vacías ni la grandilocuencia sin sustancia, meses de estar acurrucada entre palabras firmes y transparencia escondida en los lugares que deben ser ganados le dejó una pequeña tara a la hora de enfrentar el baile social moderno. Su delicadeza no es dramática, es mutismo selectivo: — Su mente se pierde felizmente en la espiral descendente de la introspección o la fantasía. — Acuna una tendencia patológica a acumular información de cualquier sea el tipo para acurrucarse en ella. — Su corazón late con más fuerza y calidez cuando se mantiene dentro de su mundo interno. Pero hay algo en ella que no se ha quebrado: una fe pequeña, casi infantil, que no se apoya en dogmas sino en la esperanza obstinada de que la verdad importa, de que la memoria dignifica, de que las cosas pueden repararse aunque nadie lo vea. A veces reza, no siempre por sí misma, y definitivamente nunca al mismo ente. ✧ Vida cotidiana Su apartamento es humilde igual que el resto de los asalariados, aunque profundamente provisto de tonterías, decoraciones, instrumentos del siglo pasado y una vivencia héctica. Una mesa de escritura desplegable edwardiana junto a la ventana donde trabaja. Tazas de porcelana real, distintos dibujos y una miriada de orígenes. Una planta que lucha por sobrevivir al invierno, nadie dijo que las suculentas fueran tan demandantes. Estanterías con libros marcados con notas al margen, rebosantes de marca hojas y con cuadernos junto que detallan la investigación a la que asistieron o las aventuras que llegaron a subsidiar. Una radio antigua que solo sintoniza bien por las noches. La distancia con la ciudad es deliberada. Dos horas de tren o carretera que funcionan como frontera emocional. Allí trabaja, investiga, consulta archivos. Aquí vive. Su realidad culinaria es deplorable, pero sin recaer a la miseria absoluta, comidas congeladas, platillos en contenedores de papel y algunos contenedores de vidrio que su madre insiste en dejarle. Encuentra una calma casi sagrada en doblar la ropa o limpiar los platos con cuidado, uno de los peligros de poseer vajilla de relevancia histórica nula pero amplio significado emocional. ✧ Conflictos internos Se siente atraída por historias trágicas del pasado; hay algo en el sufrimiento antiguo que la consuela. Tiene miedo de volverse indiferente. A veces confunde soledad con vocación. No es ingenua, pero conserva una ternura peligrosa: todavía cree en la bondad inesperada. Todavía se sorprende cuando alguien miente. ✧ Creencias No milita activamente en ninguna institución religiosa, pero guarda fe. Enciende velas pequeñas en fechas que nadie más recuerda. Cree en la memoria como acto moral. Cree que el amor —aunque no haya tenido uno grande todavía— es algo serio, casi sagrado.
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  • Las mejores historias son la que la humanidad escribio duramte siglos .
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  • No veo esos tres , desde hace siglos pero es mejor asi las cosas estan bien y en paz , claramente para mi ~
    No veo esos tres , desde hace siglos pero es mejor asi las cosas estan bien y en paz , claramente para mi ~
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  • Ya era hora de que empieces a usar las nuevas tecnologías de este siglo Draco Negrescu
    Ya era hora de que empieces a usar las nuevas tecnologías de este siglo [ThxVampire13]
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  • No busque mi piedad o algo asi madre me has dejado en ese lugar , por muchos siglos ~ aun asi extrañe tu calor.
    No busque mi piedad o algo asi madre me has dejado en ese lugar , por muchos siglos ~ aun asi extrañe tu calor.
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  • ¡Bienvenida a casa!
    Fandom Crónicas Vampirícas
    Categoría Original
    Adentrandome en las profundidades de la cripta donde bajo diferentes hechizos que pedí a mi bruja, se encuentran guardados los ataudes del resto de mi hermanos.
    Personalmente me ocupe de que transportaran el de mi Rebekah Mikaelson, hasta nuestro hogar.
    Su cuarto esta preparado pero no es ahí donde coloqué el ataúd, al destaparlo quedo unos segundo contemplándola.
    También me he encargado de traerla un gran festín, lleva muchos siglos dormida debido a la daga que la clave y cuando despierte estará sedienta de sangre.

    Tardará unos horas en despertar, previamente Elijah fue a comprar en las mejores tiendas exclusivas a las que las mujeres les gusta tanto y en donde se dejan cientos de miles de dólares.

    ⸻Querida Rebeka, en pocas horas volveremos a estar los tres juntos como en los viejos tiempos.
    Adentrandome en las profundidades de la cripta donde bajo diferentes hechizos que pedí a mi bruja, se encuentran guardados los ataudes del resto de mi hermanos. Personalmente me ocupe de que transportaran el de mi [ThxBlondeMikaelson13], hasta nuestro hogar. Su cuarto esta preparado pero no es ahí donde coloqué el ataúd, al destaparlo quedo unos segundo contemplándola. También me he encargado de traerla un gran festín, lleva muchos siglos dormida debido a la daga que la clave y cuando despierte estará sedienta de sangre. Tardará unos horas en despertar, previamente Elijah fue a comprar en las mejores tiendas exclusivas a las que las mujeres les gusta tanto y en donde se dejan cientos de miles de dólares. ⸻Querida Rebeka, en pocas horas volveremos a estar los tres juntos como en los viejos tiempos.
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  • No fue mi idea.

    Adrián insistió desde temprano, dijo que no buscaba nada elaborado, que bastaba con “resaltar lo que ya está”. Detesto cuando habla así, eh sobrevivido siglos sin necesitar adornos, aun así, cedí, quizá por curiosidad, quizá por cansancio.

    Puso algo sutil apenas sombra para profundizar la mirada, siempre dice eso, un poco de color en los labios.

    Luego salimos sin más explicación, el aire era denso, nublado. Yo estaba distraída, siguiendo mis propios pensamientos, cuando escuché el clic, ni advertencia ni permiso, giré el rostro demasiado tarde. Mi hermano ya tenía la cámara baja y esa expresión satisfecha cuando consigue lo que quiere.

    No me enojé, solo fue lo extraño. Tal vez porque entendí que no buscaba una imagen perfecta.
    No fue mi idea. Adrián insistió desde temprano, dijo que no buscaba nada elaborado, que bastaba con “resaltar lo que ya está”. Detesto cuando habla así, eh sobrevivido siglos sin necesitar adornos, aun así, cedí, quizá por curiosidad, quizá por cansancio. Puso algo sutil apenas sombra para profundizar la mirada, siempre dice eso, un poco de color en los labios. Luego salimos sin más explicación, el aire era denso, nublado. Yo estaba distraída, siguiendo mis propios pensamientos, cuando escuché el clic, ni advertencia ni permiso, giré el rostro demasiado tarde. Mi hermano ya tenía la cámara baja y esa expresión satisfecha cuando consigue lo que quiere. No me enojé, solo fue lo extraño. Tal vez porque entendí que no buscaba una imagen perfecta.
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  • He caminado siglos observando, aprendiendo, he estudiado criaturas de toda índole, sus instintos, sus miedos, la forma en que nacen y mueren, cómo aman y cómo destruyen aquello que dicen proteger. El conocimiento nunca me fue esquivo, lo absorbí como la sangre, con paciencia y precisión. Y aun así, hay algo que se me escapa.

    Los sentimientos compartidos.

    Puedo nombrarlos, definirlos, incluso anticipar sus consecuencias. Sé cuándo una mirada significa apego, cuándo una palabra es promesa y cuándo el silencio es una herida pero vivirlos, eso es otra cosa.

    Las relaciones afectivas me resultan un lenguaje que los demás han experimentado. Todos parecen anhelar ser vistos, elegidos, comprendidos por otro, como si la propia existencia necesitara un reflejo externo para validarse. Yo no lo necesito… ¿o eso es lo que me he repetido durante años?.

    He vivido demasiado como para no notar la ironía: una vampira inmortal...

    Testigo de incontables vínculos, incapaz de descifrar por completo aquello que mueve al mundo. He visto juramentos eternos romperse en décadas, y amores fugaces marcar almas para siempre, las reglas nunca son claras y la lógica rara vez se impone.

    Tal vez el problema no sea la falta de conocimiento, sino el exceso de distancia. He observado tanto desde afuera que olvidé cómo se siente estar dentro de algo, vulnerable, expuesta, sin el control que tanto valoro o que mi familia me impuso.

    No temo a la soledad, la conozco bien pues dediqué mi vida al estudio, pero hay noches pocas, silenciosas en las que me pregunto si comprender los sentimientos requiere algo más que tiempo y estudio. Quizás exige rendirse un poco y eso, incluso para alguien como yo, sigue siendo el mayor de los misterios.

    #Sentimientos
    He caminado siglos observando, aprendiendo, he estudiado criaturas de toda índole, sus instintos, sus miedos, la forma en que nacen y mueren, cómo aman y cómo destruyen aquello que dicen proteger. El conocimiento nunca me fue esquivo, lo absorbí como la sangre, con paciencia y precisión. Y aun así, hay algo que se me escapa. Los sentimientos compartidos. Puedo nombrarlos, definirlos, incluso anticipar sus consecuencias. Sé cuándo una mirada significa apego, cuándo una palabra es promesa y cuándo el silencio es una herida pero vivirlos, eso es otra cosa. Las relaciones afectivas me resultan un lenguaje que los demás han experimentado. Todos parecen anhelar ser vistos, elegidos, comprendidos por otro, como si la propia existencia necesitara un reflejo externo para validarse. Yo no lo necesito… ¿o eso es lo que me he repetido durante años?. He vivido demasiado como para no notar la ironía: una vampira inmortal... Testigo de incontables vínculos, incapaz de descifrar por completo aquello que mueve al mundo. He visto juramentos eternos romperse en décadas, y amores fugaces marcar almas para siempre, las reglas nunca son claras y la lógica rara vez se impone. Tal vez el problema no sea la falta de conocimiento, sino el exceso de distancia. He observado tanto desde afuera que olvidé cómo se siente estar dentro de algo, vulnerable, expuesta, sin el control que tanto valoro o que mi familia me impuso. No temo a la soledad, la conozco bien pues dediqué mi vida al estudio, pero hay noches pocas, silenciosas en las que me pregunto si comprender los sentimientos requiere algo más que tiempo y estudio. Quizás exige rendirse un poco y eso, incluso para alguien como yo, sigue siendo el mayor de los misterios. #Sentimientos
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