• Buen día a quienes recién despertáis... Yo.. estoy. He tenido una pelea con un cliente que estaba faltando el respeto y me dijo con palabras textuales. "Como se nota que te falta una buena metida."
    Buen día a quienes recién despertáis... Yo.. estoy. He tenido una pelea con un cliente que estaba faltando el respeto y me dijo con palabras textuales. "Como se nota que te falta una buena metida."
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  • ♛┈⛧┈┈•༶
    𝑃𝑜𝑟𝑞𝑢𝑒 𝑎𝑠𝑖 𝑓𝑢𝑒𝑟𝑜𝑛 𝑙𝑜𝑠 𝑐𝑜𝑦𝑜𝑡𝑒𝑠: 𝑁𝑎𝑐𝑖𝑑𝑜𝑠 𝑑𝑒𝑙 ℎ𝑎𝑚𝑏𝑟𝑒, 𝑐𝑟𝑖𝑎𝑑𝑜𝑠 𝑒𝑛 𝑒𝑙 𝑣𝑖𝑐𝑖𝑜 𝑦 𝑐𝑜𝑛𝑑𝑒𝑛𝑎𝑑𝑜𝑠 𝑝𝑜𝑟 𝑙𝑎 𝑎𝑚𝑏𝑖𝑐𝑖𝑜𝑛.
    ༶•┈┈⛧┈♛

    Bandidos. Así les decían entre las grandes ciudades, que solo eran canallas y pobres diablos muertos de hambre. Pero las personas, esas que sufrieron sus ataques y que apenas sobrevivían, los llamaban monstruos, heraldos de la desgracia.

    A simple vista no eran muy distintos a otros grupos de bandidos; llegaban, saqueaban, mataban a alguien y luego huían. Lo que los hizo diferentes fue la malicia con la que actuaban; torturar y matar, solamente para conseguir dinero y gastarlo en apuestas, y para satisfacer una desagradable morbosidad.

    Comerciantes asaltados a mitad de camino, trenes abordados e inocentes secuestrados. Rehenes, víctimas de sus burlas violentas. Pero toda esa malicia debía de tener un porqué, una razón debía haber para justificar un actuar tan desagradable. Sin embargo la verdad era cruda. Tal vez honor, tal vez orgullo, un deseo inmenso de respeto o el anhelo de reconocimiento.

    -No tiene caso atribuirles valores a los coyotes... Al final del día siguen siendo unos animales; nacen con hambre, crecen para satisfacerse y morirán con tal de nunca sentir hambre de nuevo.

    El sheriff Mccarthy, viejo pero astuto, cuelga el último de los carteles de búsqueda en su pared. Siete hombres, distintos en apariencia pero igual de aberrantes, cuya recompensa era lo suficientemente gorda para llamar la atención de los cazarrecompensas y adecuada para unos "bandalos cualquiera". Pero no eran bandalos cualquiera, no eran niños armados y mucho menos ebrios violentos. Se hacían llamar la banda de los coyotes carmesí.

    Los odia. Mientras ellos vivan, incluso si solo quedan uno o dos, él vivirá en una eterna cacería de coyotes.
    ♛┈⛧┈┈•༶ 𝑃𝑜𝑟𝑞𝑢𝑒 𝑎𝑠𝑖 𝑓𝑢𝑒𝑟𝑜𝑛 𝑙𝑜𝑠 𝑐𝑜𝑦𝑜𝑡𝑒𝑠: 𝑁𝑎𝑐𝑖𝑑𝑜𝑠 𝑑𝑒𝑙 ℎ𝑎𝑚𝑏𝑟𝑒, 𝑐𝑟𝑖𝑎𝑑𝑜𝑠 𝑒𝑛 𝑒𝑙 𝑣𝑖𝑐𝑖𝑜 𝑦 𝑐𝑜𝑛𝑑𝑒𝑛𝑎𝑑𝑜𝑠 𝑝𝑜𝑟 𝑙𝑎 𝑎𝑚𝑏𝑖𝑐𝑖𝑜𝑛. ༶•┈┈⛧┈♛ Bandidos. Así les decían entre las grandes ciudades, que solo eran canallas y pobres diablos muertos de hambre. Pero las personas, esas que sufrieron sus ataques y que apenas sobrevivían, los llamaban monstruos, heraldos de la desgracia. A simple vista no eran muy distintos a otros grupos de bandidos; llegaban, saqueaban, mataban a alguien y luego huían. Lo que los hizo diferentes fue la malicia con la que actuaban; torturar y matar, solamente para conseguir dinero y gastarlo en apuestas, y para satisfacer una desagradable morbosidad. Comerciantes asaltados a mitad de camino, trenes abordados e inocentes secuestrados. Rehenes, víctimas de sus burlas violentas. Pero toda esa malicia debía de tener un porqué, una razón debía haber para justificar un actuar tan desagradable. Sin embargo la verdad era cruda. Tal vez honor, tal vez orgullo, un deseo inmenso de respeto o el anhelo de reconocimiento. -No tiene caso atribuirles valores a los coyotes... Al final del día siguen siendo unos animales; nacen con hambre, crecen para satisfacerse y morirán con tal de nunca sentir hambre de nuevo. El sheriff Mccarthy, viejo pero astuto, cuelga el último de los carteles de búsqueda en su pared. Siete hombres, distintos en apariencia pero igual de aberrantes, cuya recompensa era lo suficientemente gorda para llamar la atención de los cazarrecompensas y adecuada para unos "bandalos cualquiera". Pero no eran bandalos cualquiera, no eran niños armados y mucho menos ebrios violentos. Se hacían llamar la banda de los coyotes carmesí. Los odia. Mientras ellos vivan, incluso si solo quedan uno o dos, él vivirá en una eterna cacería de coyotes.
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  • Desde su atalaya celeste, Zeus observaba sin ser visto. El Olimpo, a pesar de su esplendor, se había convertido en un teatro de escándalos y excesos. Entre columnas de mármol y jardines colgantes, jóvenes dioses y diosas se entregaban a juegos amorosos sin pudor alguno. Besos robados, caricias descaradas y promesas susurradas llenaban cada rincón de los pasillos, incluso ante la vista de los mortales que osaban asomarse a las nubes.

    Zeus, rey de dioses, no podía evitar sentir una mezcla de fastidio y humillación. ¿Acaso el Olimpo no era un símbolo de poder y respeto? ¿Qué pensarían los héroes, los reyes y hasta los titanes cautivos, al ver que el sagrado hogar de los inmortales parecía una comedia romántica sin control?

    Fue entonces, tras una reunión silenciosa en su propio pensamiento, que decretó con voz firme y trueno estruendoso

    — ¡Desde hoy, ningún dios o diosa osará besarse fuera de sus aposentos! El amor no será prohibido, pero el descaro sí.—

    La orden resonó por todo el Olimpo como un rayo partiendo la montaña. Desde entonces, los jardines se volvieron más sobrios, las columnas dejaron de ser testigos de besos furtivos y, aunque muchos dioses susurraban entre dientes sobre la dureza de Zeus, nadie se atrevía a desobedecerlo... al menos no cuando él miraba.

    En secreto, claro, todos sabían que el primero en romper la regla sería el propio Zeus.

    #MisionEspecial

    Desde su atalaya celeste, Zeus observaba sin ser visto. El Olimpo, a pesar de su esplendor, se había convertido en un teatro de escándalos y excesos. Entre columnas de mármol y jardines colgantes, jóvenes dioses y diosas se entregaban a juegos amorosos sin pudor alguno. Besos robados, caricias descaradas y promesas susurradas llenaban cada rincón de los pasillos, incluso ante la vista de los mortales que osaban asomarse a las nubes. Zeus, rey de dioses, no podía evitar sentir una mezcla de fastidio y humillación. ¿Acaso el Olimpo no era un símbolo de poder y respeto? ¿Qué pensarían los héroes, los reyes y hasta los titanes cautivos, al ver que el sagrado hogar de los inmortales parecía una comedia romántica sin control? Fue entonces, tras una reunión silenciosa en su propio pensamiento, que decretó con voz firme y trueno estruendoso — ¡Desde hoy, ningún dios o diosa osará besarse fuera de sus aposentos! El amor no será prohibido, pero el descaro sí.— La orden resonó por todo el Olimpo como un rayo partiendo la montaña. Desde entonces, los jardines se volvieron más sobrios, las columnas dejaron de ser testigos de besos furtivos y, aunque muchos dioses susurraban entre dientes sobre la dureza de Zeus, nadie se atrevía a desobedecerlo... al menos no cuando él miraba. En secreto, claro, todos sabían que el primero en romper la regla sería el propio Zeus. #MisionEspecial
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  • Disciplina respeto por el rival y no bajar la guardia eso me ayudó a ser campeón mundial de judo en mi categoría vamos por los juegos olímpicos
    Disciplina respeto por el rival y no bajar la guardia eso me ayudó a ser campeón mundial de judo en mi categoría vamos por los juegos olímpicos
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  • Una fotografía vieja de la primera vez que entre a un equipó militar empecé siendo el más pequeño y casi un lacayo para todos, siendo burla de muchos por ser hijo de un Conorel.

    Termine liderando el grupo a la par de 1 año siendo respetado y admirado...

    El respeto se gana ... Es que siempre digo
    Una fotografía vieja de la primera vez que entre a un equipó militar empecé siendo el más pequeño y casi un lacayo para todos, siendo burla de muchos por ser hijo de un Conorel. Termine liderando el grupo a la par de 1 año siendo respetado y admirado... El respeto se gana ... Es que siempre digo
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  • Sanji se ajustó la corbata con un gesto medido. Para él, la elegancia no era un adorno superficial, más bien un reflejo del carácter. Vestir bien no solo demostraba buen gusto, sino respeto por uno mismo y por los demás. En un mundo de desorden y brutalidad, mantener la distinción era una forma de reafirmar su identidad. Porque un verdadero caballero no solo pelea con fuerza.
    Sanji se ajustó la corbata con un gesto medido. Para él, la elegancia no era un adorno superficial, más bien un reflejo del carácter. Vestir bien no solo demostraba buen gusto, sino respeto por uno mismo y por los demás. En un mundo de desorden y brutalidad, mantener la distinción era una forma de reafirmar su identidad. Porque un verdadero caballero no solo pelea con fuerza.
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  • Anthork, perdiendo el respeto de la manada en.. 3...2....1

    ¿Sabían que existe un láser que quita el mal humor, la depresión y te besa con mucho amor?

    LACER-VEZA.
    Anthork, perdiendo el respeto de la manada en.. 3...2....1 ¿Sabían que existe un láser que quita el mal humor, la depresión y te besa con mucho amor? LACER-VEZA. :STK-26:
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  • Prefiero pensar que los humanos aunque sean unos pocos cambien su naturaleza egoista y destructiva con respeto a los demás seres que son diferentes a ellos. Sé que la Madre Naturaleza, el espiritu ama a sus "hijos humanos", como los animales y vegetales, los humanos son seres encarnados en cuerpos evolucionados para cumplir un proposito en la vida aunque lamentablemente muchos se pierden el camino, otros se vuelve beliciosos o codiciosos. #PolarisXFactor
    Prefiero pensar que los humanos aunque sean unos pocos cambien su naturaleza egoista y destructiva con respeto a los demás seres que son diferentes a ellos. Sé que la Madre Naturaleza, el espiritu ama a sus "hijos humanos", como los animales y vegetales, los humanos son seres encarnados en cuerpos evolucionados para cumplir un proposito en la vida aunque lamentablemente muchos se pierden el camino, otros se vuelve beliciosos o codiciosos. #PolarisXFactor
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  • El anciano mago estaba sentado en una roca, con la mirada perdida en el suelo polvoriento de la pradera. Sus manos temblaban levemente mientras repasaba en su mente los fragmentos de un conjuro que, por alguna razón, ya no podía recordar. Su túnica, antaño majestuosa, estaba raída por los años y su sombrero ladeado le daba un aire de hombre perdido en su propio tiempo.

    Ghost apareció detrás de él, con las manos en los bolsillos y una media sonrisa en el rostro.

    —Vaya, vaya… parece que alguien ha olvidado las llaves de su casa.

    El mago levantó la vista con un sobresalto, entrecerrando los ojos para ver mejor a la figura de cabello naranja que le sonreía con aire despreocupado.

    —¿Quién eres tú? —preguntó con voz áspera.

    —Ghost. Un amigo de los que se pierden —respondió, sentándose a su lado—. Y tú, si no me equivoco, eres un hechicero que olvidó cómo abrir su propio portal.

    El anciano suspiró con frustración.

    —Es ridículo… He viajado por dimensiones enteras, lanzado hechizos que podrían hacer temblar montañas, pero este… este simple conjuro se me ha escapado. Como si mi mente se negara a recordarlo.

    Ghost apoyó un codo en su rodilla y se inclinó hacia él.

    —La memoria es caprichosa, especialmente cuando la mente se llena de dudas. Pero dime, ¿qué recuerdas del hechizo?

    El mago cerró los ojos, frunciendo el ceño.

    —Era… algo sobre llamas azules… y un círculo en espiral…

    Ghost chasqueó los dedos.

    —¡Ah! Un portal de llamas frías. Buen gusto. Pero dime, cuando lo aprendiste, ¿qué sentiste?

    El mago abrió los ojos, confundido.

    —¿Sentir? No sé… emoción, supongo. Era joven, impetuoso. Lo aprendí para poder escapar de un maestro que… bueno, que no quería que me fuera.

    Ghost se rió suavemente.

    —Ahí lo tienes. No es que lo hayas olvidado… es que ya no eres el mismo joven impetuoso de antes. Tu mente lo bloqueó porque ya no eres alguien que huye.

    El mago frunció el ceño y Ghost le dio un golpecito en la frente con el dedo índice.

    —Pero recuerda, la magia no es solo palabras y símbolos. Es emoción, es instinto. No pienses en el hechizo. Siente el momento en el que lo aprendiste.

    El anciano respiró hondo y cerró los ojos de nuevo. Sus dedos empezaron a moverse, dibujando en el aire un círculo que brillaba con un resplandor azul pálido. Ghost observó con una sonrisa cuando el aire frente a ellos comenzó a retorcerse y, de repente, un portal de llamas frías se abrió frente a ellos.

    El mago lo miró con asombro.

    —Lo recordé…

    Ghost se puso de pie y le tendió la mano.

    —No lo recordaste. Lo volviste a encontrar dentro de ti.

    El anciano tomó su mano y se levantó con dificultad. Miró el portal y luego a Ghost con gratitud.

    —Gracias.

    Ghost se encogió de hombros con una sonrisa juguetona.

    —Es mi especialidad. Ahora, antes de que se cierre… ¿o acaso quieres quedarte aquí a tomar el té conmigo?

    El mago rió y, con una última mirada de respeto, cruzó el portal. Cuando desapareció, Ghost suspiró y miró el cielo dorado de la pradera.

    —Uno más que encuentra su camino… Ahora, ¿quién sigue?

    Antes de que el portal se cerrara por completo, Ghost alzó una mano en despedida y, con una sonrisa ladeada, dijo en un tono relajado:

    —じゃあな、魔法使いさん。(Jā na, mahōtsukai-san.)

    El resplandor azul del portal parpadeó una última vez antes de desvanecerse en la nada.
    El anciano mago estaba sentado en una roca, con la mirada perdida en el suelo polvoriento de la pradera. Sus manos temblaban levemente mientras repasaba en su mente los fragmentos de un conjuro que, por alguna razón, ya no podía recordar. Su túnica, antaño majestuosa, estaba raída por los años y su sombrero ladeado le daba un aire de hombre perdido en su propio tiempo. Ghost apareció detrás de él, con las manos en los bolsillos y una media sonrisa en el rostro. —Vaya, vaya… parece que alguien ha olvidado las llaves de su casa. El mago levantó la vista con un sobresalto, entrecerrando los ojos para ver mejor a la figura de cabello naranja que le sonreía con aire despreocupado. —¿Quién eres tú? —preguntó con voz áspera. —Ghost. Un amigo de los que se pierden —respondió, sentándose a su lado—. Y tú, si no me equivoco, eres un hechicero que olvidó cómo abrir su propio portal. El anciano suspiró con frustración. —Es ridículo… He viajado por dimensiones enteras, lanzado hechizos que podrían hacer temblar montañas, pero este… este simple conjuro se me ha escapado. Como si mi mente se negara a recordarlo. Ghost apoyó un codo en su rodilla y se inclinó hacia él. —La memoria es caprichosa, especialmente cuando la mente se llena de dudas. Pero dime, ¿qué recuerdas del hechizo? El mago cerró los ojos, frunciendo el ceño. —Era… algo sobre llamas azules… y un círculo en espiral… Ghost chasqueó los dedos. —¡Ah! Un portal de llamas frías. Buen gusto. Pero dime, cuando lo aprendiste, ¿qué sentiste? El mago abrió los ojos, confundido. —¿Sentir? No sé… emoción, supongo. Era joven, impetuoso. Lo aprendí para poder escapar de un maestro que… bueno, que no quería que me fuera. Ghost se rió suavemente. —Ahí lo tienes. No es que lo hayas olvidado… es que ya no eres el mismo joven impetuoso de antes. Tu mente lo bloqueó porque ya no eres alguien que huye. El mago frunció el ceño y Ghost le dio un golpecito en la frente con el dedo índice. —Pero recuerda, la magia no es solo palabras y símbolos. Es emoción, es instinto. No pienses en el hechizo. Siente el momento en el que lo aprendiste. El anciano respiró hondo y cerró los ojos de nuevo. Sus dedos empezaron a moverse, dibujando en el aire un círculo que brillaba con un resplandor azul pálido. Ghost observó con una sonrisa cuando el aire frente a ellos comenzó a retorcerse y, de repente, un portal de llamas frías se abrió frente a ellos. El mago lo miró con asombro. —Lo recordé… Ghost se puso de pie y le tendió la mano. —No lo recordaste. Lo volviste a encontrar dentro de ti. El anciano tomó su mano y se levantó con dificultad. Miró el portal y luego a Ghost con gratitud. —Gracias. Ghost se encogió de hombros con una sonrisa juguetona. —Es mi especialidad. Ahora, antes de que se cierre… ¿o acaso quieres quedarte aquí a tomar el té conmigo? El mago rió y, con una última mirada de respeto, cruzó el portal. Cuando desapareció, Ghost suspiró y miró el cielo dorado de la pradera. —Uno más que encuentra su camino… Ahora, ¿quién sigue? Antes de que el portal se cerrara por completo, Ghost alzó una mano en despedida y, con una sonrisa ladeada, dijo en un tono relajado: —じゃあな、魔法使いさん。(Jā na, mahōtsukai-san.) El resplandor azul del portal parpadeó una última vez antes de desvanecerse en la nada.
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