Llorón, débil, una vergüenza. ¿Cuántas veces Adán había menospreciado a su hijo delante de ella? No sólo estaba acostumbrada sino que también coincidía con lo patético que el ángel podía ser ¿Y se suponía que ese era hijo de su señor?
Muchas veces se rió de él y muchas otras fingió que su presencia ni siquiera existía; aunque no fue sino hasta que le arrebató un puesto que Adán le había cedido que acabó por ponerse de punto con él... 𝑨𝒃𝒆𝒍 𝑨𝒅𝒂𝒏𝒔 𝑺𝒆𝒄𝒐𝒏𝒅 𝑺𝒐𝒏

Sus alas se cerraron en el aire cuando dio una hábil voltereta, descendiendo en picado antes de extenderlas blandiendo su espalda. Un muñeco mal trecho como objetivo al cual le cortó la cabeza. Sus alas dieron una fuere batida para detenerla en su lugar y poco después sus pies tocaron tierra.
Escuchó un ruido, volteando mientras apuntaba con la punta de su espada en su dirección; y allí estaba el ángel. Uno al que observó entrecerrando sus ojos. Adán siempre lo había odiado pero ahora ¿Parecía apreciarlo? Ese gordinflon bueno para nada algo debió haber hecho que impresionara a su padre como para lograr su respeto pues ella no encontraba otro justificativo.
Con ceño fruncido bajó el arma.

— Siempre fuiste inútil, tal vez lo único que tengas de valioso sea el título como hijo de Adán. —

Usando su pie, levantó un bastón del suelo antes de, con una patada lanzarlo hacia su dirección. Si al menos tenía buen reflejo lo atraparía, sino... Bueno. ¿Qué le haría una marca roja en la cara del golpe? Probablemente hacer juego con su aureola abollada.

— Veamos qué has logrado para impresionar a Adán y que ahora te tenga respeto —

Haciendo girar su espada con una mano, dió un corte al aire mientras se preparaba para atacar. Hasta entonces habiendo entrenado sola; ahora al menos tenía un saco de boxeo tal vez un poco más útil que los maniquíes.... Tal vez.
Más exterminadoras comenzaban a llegar al centro de entrenamiento a tiempo de ver el enfrentamiento, uno que no demoró en robarse la atención en lo que parecía todas comenzaban a rodearles.
Llorón, débil, una vergüenza. ¿Cuántas veces Adán había menospreciado a su hijo delante de ella? No sólo estaba acostumbrada sino que también coincidía con lo patético que el ángel podía ser ¿Y se suponía que ese era hijo de su señor? Muchas veces se rió de él y muchas otras fingió que su presencia ni siquiera existía; aunque no fue sino hasta que le arrebató un puesto que Adán le había cedido que acabó por ponerse de punto con él... [Adans_Least_Favorite_Son] Sus alas se cerraron en el aire cuando dio una hábil voltereta, descendiendo en picado antes de extenderlas blandiendo su espalda. Un muñeco mal trecho como objetivo al cual le cortó la cabeza. Sus alas dieron una fuere batida para detenerla en su lugar y poco después sus pies tocaron tierra. Escuchó un ruido, volteando mientras apuntaba con la punta de su espada en su dirección; y allí estaba el ángel. Uno al que observó entrecerrando sus ojos. Adán siempre lo había odiado pero ahora ¿Parecía apreciarlo? Ese gordinflon bueno para nada algo debió haber hecho que impresionara a su padre como para lograr su respeto pues ella no encontraba otro justificativo. Con ceño fruncido bajó el arma. — Siempre fuiste inútil, tal vez lo único que tengas de valioso sea el título como hijo de Adán. — Usando su pie, levantó un bastón del suelo antes de, con una patada lanzarlo hacia su dirección. Si al menos tenía buen reflejo lo atraparía, sino... Bueno. ¿Qué le haría una marca roja en la cara del golpe? Probablemente hacer juego con su aureola abollada. — Veamos qué has logrado para impresionar a Adán y que ahora te tenga respeto — Haciendo girar su espada con una mano, dió un corte al aire mientras se preparaba para atacar. Hasta entonces habiendo entrenado sola; ahora al menos tenía un saco de boxeo tal vez un poco más útil que los maniquíes.... Tal vez. Más exterminadoras comenzaban a llegar al centro de entrenamiento a tiempo de ver el enfrentamiento, uno que no demoró en robarse la atención en lo que parecía todas comenzaban a rodearles.
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