• 𝙄𝙣𝙖, 𝙚𝙣 𝙨𝙪 𝙨𝙩𝙖𝙣𝙙 𝙙𝙚 𝙛𝙚𝙧𝙞𝙖, 𝟴𝘼.𝙈, 𝙘𝙤𝙣 𝙪𝙣 𝙢𝙚𝙜𝙖𝙛𝙤𝙣𝙤 𝙚𝙣 𝙢𝙖𝙣𝙤:

    —¡BUENOS DIAS, MIS SACRIFICABLES...! Ejem...digo...SEGUIDORES! Uy, uy, ¿Alguien escuchó vocecitas raras ayer? ¿Algo sobre 'dioses que infestan', 'el cuchillo que también es el altar'? —sus pupilas se contraen— ¡Upsii! Esa no era mi voz, ¿verdad?

    Un tentáculo se enrosca en su tobillo como un gato culpable. Ella lo patea suavemente, como si eso borrara las evidencias.

    —¡Les dije que no jugarán a las preguntas existenciales después de medianoche! —señala a nadie en particular— Pero noooo...empezaron: 'Ina, por favor, dilo con tus palabras de sacerdotisa', 'Ina, ¿qué se siente ser un error cósmico?'... ¡Y AHORA MIREN! —abre los brazos, como si estuviera presentando un apocalipsis, y luego se lleva el dorso de la mano a la frente e inclina su cabeza hacia atrás en una postura de completa exageración— La tinta se derramó, las sombras hablaron en verso, y ALGUIEN arruinó mi playlist con cánticos en lenguas olvidadas...

    Hace un pausa, mientras se reincorpora y su sonrisa se vuelve demasiado dulce.

    —Pero está bien, total... ¿qué es un poquito de caos entre amigos? ¡Eso sí! Si 𝘭𝘢 𝘰𝘵𝘳𝘢 𝘺𝘰 les ofrece té hoy...no lo beban —uno de sus tentáculos se acerca a su oído, como si le contara un secreto—... ¿Qué? ¿QUÉ? ¿Acaso es mi culpa si mi inconsciente tiene mejor game literario que yo? ¡No, no!...no me vengan con eso de que es mi 𝘷𝘦𝘳𝘥𝘢𝘥 𝘮𝘢𝘴 𝘱𝘶𝘳𝘢...¡Mi verdad puede quedarse dibujando monstruos y comiendo galletas! ¿okay? —sonrisa torcida— aunque...lo de "somos el verbo infinito" o algo asi, si le quedo brutal... —susurró— en fin...¡Si ven a mi otra yo, díganle que deje de dar discursitos edgy!
    𝙄𝙣𝙖, 𝙚𝙣 𝙨𝙪 𝙨𝙩𝙖𝙣𝙙 𝙙𝙚 𝙛𝙚𝙧𝙞𝙖, 𝟴𝘼.𝙈, 𝙘𝙤𝙣 𝙪𝙣 𝙢𝙚𝙜𝙖𝙛𝙤𝙣𝙤 𝙚𝙣 𝙢𝙖𝙣𝙤: —¡BUENOS DIAS, MIS SACRIFICABLES...! Ejem...digo...SEGUIDORES! Uy, uy, ¿Alguien escuchó vocecitas raras ayer? ¿Algo sobre 'dioses que infestan', 'el cuchillo que también es el altar'? —sus pupilas se contraen— ¡Upsii! Esa no era mi voz, ¿verdad? Un tentáculo se enrosca en su tobillo como un gato culpable. Ella lo patea suavemente, como si eso borrara las evidencias. —¡Les dije que no jugarán a las preguntas existenciales después de medianoche! —señala a nadie en particular— Pero noooo...empezaron: 'Ina, por favor, dilo con tus palabras de sacerdotisa', 'Ina, ¿qué se siente ser un error cósmico?'... ¡Y AHORA MIREN! —abre los brazos, como si estuviera presentando un apocalipsis, y luego se lleva el dorso de la mano a la frente e inclina su cabeza hacia atrás en una postura de completa exageración— La tinta se derramó, las sombras hablaron en verso, y ALGUIEN arruinó mi playlist con cánticos en lenguas olvidadas... Hace un pausa, mientras se reincorpora y su sonrisa se vuelve demasiado dulce. —Pero está bien, total... ¿qué es un poquito de caos entre amigos? ¡Eso sí! Si 𝘭𝘢 𝘰𝘵𝘳𝘢 𝘺𝘰 les ofrece té hoy...no lo beban —uno de sus tentáculos se acerca a su oído, como si le contara un secreto—... ¿Qué? ¿QUÉ? ¿Acaso es mi culpa si mi inconsciente tiene mejor game literario que yo? ¡No, no!...no me vengan con eso de que es mi 𝘷𝘦𝘳𝘥𝘢𝘥 𝘮𝘢𝘴 𝘱𝘶𝘳𝘢...¡Mi verdad puede quedarse dibujando monstruos y comiendo galletas! ¿okay? —sonrisa torcida— aunque...lo de "somos el verbo infinito" o algo asi, si le quedo brutal... —susurró— en fin...¡Si ven a mi otra yo, díganle que deje de dar discursitos edgy!
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  • —Mira, te salvé, no hubo *tanto* daño colateral, y a nadie se le rompió más de un hueso. Una victoria suprema, si me lo preguntas.
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  • —Okay, dos preguntas: Uno, ¿cómo llegaste aquí arriba? Dos, ¿cómo se ve mi cabello?
    —Okay, dos preguntas: Uno, ¿cómo llegaste aquí arriba? Dos, ¿cómo se ve mi cabello?
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  • —Son demasiadas preguntas para un solo encuentro…

    Eso explica porque no he dejado de escuchar voces de aquellos que dejaron este mundo hace tiempo. Hay algo, por encima de los cielos, o por debajo de la tierra que ha estado operando con el sistema desde que renací.

    Eso significa…

    Que debo hacerme más fuerte.
    —Son demasiadas preguntas para un solo encuentro… Eso explica porque no he dejado de escuchar voces de aquellos que dejaron este mundo hace tiempo. Hay algo, por encima de los cielos, o por debajo de la tierra que ha estado operando con el sistema desde que renací. Eso significa… Que debo hacerme más fuerte.
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  • Su pelea con Grimmjow le había dejado consternada, con un montón de preguntas y sentimientos que no quería enfrentar ni cuestionar. Sin embargo, el reconocer que el arrancar tenía razón por lo menos en que él siempre la acompañaba y no la dejaba sola era algo que no se podía evitar.

    — ¿Y qué le costaría no tener la cara de culo todo el día entonces? —Murmuraba molesta, mientras se adentraba en aquel lugar, que bien sabía debía evitar.

    Más aún cuando, por culpa de las emociones qué trataba de contener, su aspecto infantil se hacía presente.

    Así que ahí andaba la niña, vagando por el bosque, buscando alguna presa "digna" qué llevarle al arrancar en forma de tregua, para aliviar un poco la tensión qué se generó después de la pelea.
    Su pelea con Grimmjow le había dejado consternada, con un montón de preguntas y sentimientos que no quería enfrentar ni cuestionar. Sin embargo, el reconocer que el arrancar tenía razón por lo menos en que él siempre la acompañaba y no la dejaba sola era algo que no se podía evitar. — ¿Y qué le costaría no tener la cara de culo todo el día entonces? —Murmuraba molesta, mientras se adentraba en aquel lugar, que bien sabía debía evitar. Más aún cuando, por culpa de las emociones qué trataba de contener, su aspecto infantil se hacía presente. Así que ahí andaba la niña, vagando por el bosque, buscando alguna presa "digna" qué llevarle al arrancar en forma de tregua, para aliviar un poco la tensión qué se generó después de la pelea.
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  • [Δ] ¿En serio? ¿Yo estaba aquí? Qué cosita más curiosa. Supongo que deben de tener muchas preguntas, así que, los escucho. [Δ]
    [Δ] ¿En serio? ¿Yo estaba aquí? Qué cosita más curiosa. Supongo que deben de tener muchas preguntas, así que, los escucho. [Δ]
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  • ¿Qué hace uno cuando tiene muchas cosas en qué pensar? ¿Música? ¿Ejercicio? ¿Ir al cine? Sí, puede que eso tuviera sentido antes de que el apocalipsis llegase a la tierra... Ahora, donde cada minuto contaba ya que podía ser el último, Daryl Dixon tendía al aislamiento, al ostracismo.

    Nunca habia sido demasiado sociable y, aunque en el grupo de Atlanta habia terminado encontrando una familia, siempre terminaba necesitando sus momentos de soledad... Esos momentos para si mismo... Para pensar... para tratar de responder las preguntas que rebotaban por su cabeza...
    ¿Qué hace uno cuando tiene muchas cosas en qué pensar? ¿Música? ¿Ejercicio? ¿Ir al cine? Sí, puede que eso tuviera sentido antes de que el apocalipsis llegase a la tierra... Ahora, donde cada minuto contaba ya que podía ser el último, Daryl Dixon tendía al aislamiento, al ostracismo. Nunca habia sido demasiado sociable y, aunque en el grupo de Atlanta habia terminado encontrando una familia, siempre terminaba necesitando sus momentos de soledad... Esos momentos para si mismo... Para pensar... para tratar de responder las preguntas que rebotaban por su cabeza...
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  • Shoko nunca había sido de muchas palabras, pero eso no significaba que no pensara demasiado en las cosas. O en las personas. Especialmente en los chicos con los que pasaba la mayor parte de sus días.

    Nanami, Haibara, Gojo y Geto. Todos tan distintos y, sin embargo, ahí estaban, compartiendo misiones, almuerzos y, en ocasiones, cigarrillos a escondidas (bueno, eso último solo con Geto).

    Nanami era… correcto. Esa era la mejor palabra para describirlo. Se tomaba todo demasiado en serio, incluso cuando no era necesario. Le gustaban las reglas, la estructura, el orden, cosas que en su mundo rara vez existían. A veces era agotador verlo tan rígido, pero Shoko sabía que en el fondo, esa seriedad era su forma de lidiar con la realidad. O más bien, de aferrarse a algo cuando todo a su alrededor era un caos. Y, en cierta forma, lo admiraba por ello.

    Haibara era el contrario absoluto. Era de los pocos que aún conservaba algo parecido a una inocencia genuina. Siempre con una sonrisa, con una actitud optimista que rozaba la necedad. En otra vida, en otro contexto, Haibara podría haber sido simplemente un chico común, ajeno a maldiciones y a muertes prematuras. Y aunque a veces le daban ganas de decirle que fuera un poco más realista, nunca lo hizo. Porque parte de ella quería creer que alguien como él podía existir en ese mundo sin que la tragedia lo tocara. (Pero sabía que no era así.)

    Gojo era… bueno, Gojo. Un torbellino de ego y talento. Demasiado fuerte para su propio bien, demasiado molesto para el de los demás. A veces se preguntaba si en su cabeza había siquiera un momento de silencio. Pero Shoko también sabía que, bajo toda esa confianza desbordante, había algo más. Algo que ni siquiera él entendía del todo. Por eso se hacía el payaso, por eso hablaba más de la cuenta, por eso nunca se detenía. Porque si lo hacía, tendría que pensar en lo que realmente significaba ser "el más fuerte". Y, por muy inmaduro que fuera, Shoko no le deseaba ese tipo de soledad a nadie.

    Y luego estaba Geto.

    Si Gojo era un torbellino, Geto era la calma antes de la tormenta. Inteligente, carismático, con una voz serena que hacía que todo pareciera menos terrible de lo que realmente era. Había algo en él que hacía fácil confiar, fácil escuchar. Fácil… querer. Era su compañero de cigarrillos, el que entendía que a veces no era necesario hablar para compartir un momento. Pero también era el que miraba demasiado. El que pensaba demasiado. El que se hacía preguntas que nadie más quería hacerse.

    Shoko había aprendido a no apegarse demasiado a las cosas. Pero a veces se preguntaba si, en algún rincón de su mente, había creído que siempre estarían juntos. Que, por más que el mundo los golpeara, ellos seguirían encontrando la forma de reírse de todo.

    (Qué ingenua.)

    Tiempo después, cuando las cosas cambiaron—cuando Geto cambió—, Shoko recordaría esas tardes en la azotea, esos silencios compartidos, esos cigarrillos encendidos que se consumían entre ellos.

    Y pensaría que tal vez, en algún momento, había querido a todos ellos más de lo que se permitió admitir.
    Shoko nunca había sido de muchas palabras, pero eso no significaba que no pensara demasiado en las cosas. O en las personas. Especialmente en los chicos con los que pasaba la mayor parte de sus días. Nanami, Haibara, Gojo y Geto. Todos tan distintos y, sin embargo, ahí estaban, compartiendo misiones, almuerzos y, en ocasiones, cigarrillos a escondidas (bueno, eso último solo con Geto). Nanami era… correcto. Esa era la mejor palabra para describirlo. Se tomaba todo demasiado en serio, incluso cuando no era necesario. Le gustaban las reglas, la estructura, el orden, cosas que en su mundo rara vez existían. A veces era agotador verlo tan rígido, pero Shoko sabía que en el fondo, esa seriedad era su forma de lidiar con la realidad. O más bien, de aferrarse a algo cuando todo a su alrededor era un caos. Y, en cierta forma, lo admiraba por ello. Haibara era el contrario absoluto. Era de los pocos que aún conservaba algo parecido a una inocencia genuina. Siempre con una sonrisa, con una actitud optimista que rozaba la necedad. En otra vida, en otro contexto, Haibara podría haber sido simplemente un chico común, ajeno a maldiciones y a muertes prematuras. Y aunque a veces le daban ganas de decirle que fuera un poco más realista, nunca lo hizo. Porque parte de ella quería creer que alguien como él podía existir en ese mundo sin que la tragedia lo tocara. (Pero sabía que no era así.) Gojo era… bueno, Gojo. Un torbellino de ego y talento. Demasiado fuerte para su propio bien, demasiado molesto para el de los demás. A veces se preguntaba si en su cabeza había siquiera un momento de silencio. Pero Shoko también sabía que, bajo toda esa confianza desbordante, había algo más. Algo que ni siquiera él entendía del todo. Por eso se hacía el payaso, por eso hablaba más de la cuenta, por eso nunca se detenía. Porque si lo hacía, tendría que pensar en lo que realmente significaba ser "el más fuerte". Y, por muy inmaduro que fuera, Shoko no le deseaba ese tipo de soledad a nadie. Y luego estaba Geto. Si Gojo era un torbellino, Geto era la calma antes de la tormenta. Inteligente, carismático, con una voz serena que hacía que todo pareciera menos terrible de lo que realmente era. Había algo en él que hacía fácil confiar, fácil escuchar. Fácil… querer. Era su compañero de cigarrillos, el que entendía que a veces no era necesario hablar para compartir un momento. Pero también era el que miraba demasiado. El que pensaba demasiado. El que se hacía preguntas que nadie más quería hacerse. Shoko había aprendido a no apegarse demasiado a las cosas. Pero a veces se preguntaba si, en algún rincón de su mente, había creído que siempre estarían juntos. Que, por más que el mundo los golpeara, ellos seguirían encontrando la forma de reírse de todo. (Qué ingenua.) Tiempo después, cuando las cosas cambiaron—cuando Geto cambió—, Shoko recordaría esas tardes en la azotea, esos silencios compartidos, esos cigarrillos encendidos que se consumían entre ellos. Y pensaría que tal vez, en algún momento, había querido a todos ellos más de lo que se permitió admitir.
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  • #Quiz #BitchLife

    --- Oh, vamos. No te pongas así. Tampoco es como si fuera a pedirte la clave de tu tarjeta de crédito.

    Con el vape en una mano y una revista Seventeen en la otra, Nathan se deja caer sobre el sofá.

    --- Son preguntas tontas para pasar el rato. Mira, ¿Qué tal si comienzo yo? Así nos relajamos un poco.

    Abre la revista en página marcada y lee en voz alta:

    --- 1. ¿Alguna vez te enamoraste de alguien que sabías que no te convenía?
    Oh, honey... Empezamos arriba. Claro que sí. Y más de una vez.

    2. ¿Prefieres tener sexo o hacer el amor? ¿Por qué?
    Esta es fácil. Sexo. El amor es complicado y las expectativas arruinan el momento. Pero, si alguien logra que me quede más de una noche, tal vez lo reconsidere.

    3. ¿Cuál fue el momento más vulnerable que compartiste con alguien?
    Huy, justo en el corazón. ¿Dormir en el pecho de alguien después de una noche difícil? Dejar que me vean así… Ya sabes, sin defensas… no es algo que suela pasar.

    4. Si pudieras eliminar una experiencia romántica o sexual de tu memoria, ¿cuál sería?
    ¿Romántica? ¿Sexual? Difícil elegir. Tal vez esa vez en que terminé en un lugar del que no sabía cómo salir, con más simios de los que me hubiera gustado.

    5. ¿Te sientes más atraído por las personas que te desafían o las que te hacen sentir seguro?
    Me encantan los desafíos, pero cuando alguien me hace sentir seguro… eso sí que me desarma.

    6. ¿Alguna vez fingiste una emoción para complacer a alguien en la cama?
    La actuación es parte del juego~ Y soy un buen jugador.

    7. ¿Qué es más importante para ti en una relación: pasión o estabilidad?
    Pasión, obvio. Si no hay fuego, ¿para qué molestarse? Pero supongo que un poco de estabilidad no haría daño… a veces.

    8. ¿Alguna vez te arrepentiste de haber rechazado a alguien que realmente te quería?
    Sí… pero supongo que fue lo mejor. No habría terminado bien. Nunca termina bien cuando inviertes sentimientos.

    9. ¿Cuál es la fantasía que más te cuesta admitir, incluso a ti mismo?
    Que alguien se quede. Que alguien se dé el trabajo de conocerme... Y elija quedarse.

    10. ¿Serías capaz de comprometerte con alguien que no te atrae físicamente pero te llena emocionalmente?
    Difícil. La química es importante, pero… si alguien me hace sentir que pertenezco, tal vez lo intente. Siempre podemos ser una pareja abierta~

    Tras la última pregunta, le tiende la revista.

    --- ¿Haz visto? ¿A qué ha sido divertido? Tu turno. Sin mentir ni repetir, corazón~
    #Quiz #BitchLife --- Oh, vamos. No te pongas así. Tampoco es como si fuera a pedirte la clave de tu tarjeta de crédito. Con el vape en una mano y una revista Seventeen en la otra, Nathan se deja caer sobre el sofá. --- Son preguntas tontas para pasar el rato. Mira, ¿Qué tal si comienzo yo? Así nos relajamos un poco. Abre la revista en página marcada y lee en voz alta: --- 1. ¿Alguna vez te enamoraste de alguien que sabías que no te convenía? Oh, honey... Empezamos arriba. Claro que sí. Y más de una vez. 2. ¿Prefieres tener sexo o hacer el amor? ¿Por qué? Esta es fácil. Sexo. El amor es complicado y las expectativas arruinan el momento. Pero, si alguien logra que me quede más de una noche, tal vez lo reconsidere. 3. ¿Cuál fue el momento más vulnerable que compartiste con alguien? Huy, justo en el corazón. ¿Dormir en el pecho de alguien después de una noche difícil? Dejar que me vean así… Ya sabes, sin defensas… no es algo que suela pasar. 4. Si pudieras eliminar una experiencia romántica o sexual de tu memoria, ¿cuál sería? ¿Romántica? ¿Sexual? Difícil elegir. Tal vez esa vez en que terminé en un lugar del que no sabía cómo salir, con más simios de los que me hubiera gustado. 5. ¿Te sientes más atraído por las personas que te desafían o las que te hacen sentir seguro? Me encantan los desafíos, pero cuando alguien me hace sentir seguro… eso sí que me desarma. 6. ¿Alguna vez fingiste una emoción para complacer a alguien en la cama? La actuación es parte del juego~ Y soy un buen jugador. 7. ¿Qué es más importante para ti en una relación: pasión o estabilidad? Pasión, obvio. Si no hay fuego, ¿para qué molestarse? Pero supongo que un poco de estabilidad no haría daño… a veces. 8. ¿Alguna vez te arrepentiste de haber rechazado a alguien que realmente te quería? Sí… pero supongo que fue lo mejor. No habría terminado bien. Nunca termina bien cuando inviertes sentimientos. 9. ¿Cuál es la fantasía que más te cuesta admitir, incluso a ti mismo? Que alguien se quede. Que alguien se dé el trabajo de conocerme... Y elija quedarse. 10. ¿Serías capaz de comprometerte con alguien que no te atrae físicamente pero te llena emocionalmente? Difícil. La química es importante, pero… si alguien me hace sentir que pertenezco, tal vez lo intente. Siempre podemos ser una pareja abierta~ Tras la última pregunta, le tiende la revista. --- ¿Haz visto? ¿A qué ha sido divertido? Tu turno. Sin mentir ni repetir, corazón~
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  • El serafín apareció sin previo aviso, como un sol que se encendía en mitad de la pradera. Sus múltiples alas de fuego apenas parecían moverse, y sus ojos sin pupilas observaban todo con una intensidad divina. Ghost, sentado en la hierba con las manos detrás de la cabeza, alzó una ceja y sonrió.

    ~ No todos los días un serafín decide visitarme. Dime, ¿qué trae a un mensajero celestial a esta pradera tan… mundana?

    El serafín inclinó la cabeza, su voz no salió de su boca —porque no tenía—, sino que resonó en el aire como un eco de muchas voces a la vez.

    — He venido porque esta pradera era un campo de batalla. Dioses, demonios y criaturas como tú disputaban su control. Y ahora solo estás tú.

    Ghost suspiró, cerrando los ojos un instante, dejando que la brisa le revolviera el cabello anaranjado.

    ~ Sí, fue un desastre. Poderosos, eternos, insaciables… querían este lugar para sus propios fines. Algunos buscaban un refugio, otros un trono. Yo solo quería que nadie más sufriera por sus ambiciones.

    — Y los echaste.

    ~ No fue tan simple, pero sí. No me querían aquí, pero tampoco me entendían. Me veían como una anomalía. Yo no luchaba por poder, no buscaba adoración. Solo ayudaba a los que caían aquí. Y eso… bueno, eso no les gustaba.

    El serafín dejó que el viento ondeara sus llamas, como si procesara la respuesta de Ghost.

    — Pero podrías haber reclamado este sitio como tuyo. Podrías haber impuesto tu propia ley. En cambio, sigues aquí, solo, ayudando a los perdidos. ¿Por qué?

    Ghost rió suavemente, como si la pregunta le hiciera gracia.

    ~ ¿Por qué preguntas lo obvio? Mira a tu alrededor. Esta pradera ya no es un campo de guerra. Es un lugar de descanso, de recuperación. ¿Qué clase de ser sería si tomara esto para mí, en lugar de compartirlo?

    El serafín guardó silencio por un largo rato. Sus alas parpadearon con un resplandor dorado.

    — Sigues siendo una anomalía.

    ~ ¿Y qué? Me gusta serlo.

    El ser celestial no replicó. Se quedó observando la pradera, sintiendo la paz que Ghost había construido con paciencia, con dolor y con esperanza. Cuando finalmente alzó el vuelo, sus últimas palabras fueron un murmullo en el viento.

    — No eres como los otros.

    Ghost solo sonrió, apoyando los brazos detrás de su cabeza y cerrando los ojos bajo el cielo eterno de su pradera.

    El serafín desplegó sus múltiples alas de fuego, elevándose lentamente en el aire. Su resplandor dorado iluminó la pradera una última vez antes de marcharse. Ghost, aún recostado sobre la hierba, levantó una mano en un gesto relajado de despedida y sonrió.

    ~ じゃあな、天使さん。風に乗って、迷わず行けよ。 (Jā na, tenshi-san. Kaze ni notte, mayowazu ike yo.)
    El serafín apareció sin previo aviso, como un sol que se encendía en mitad de la pradera. Sus múltiples alas de fuego apenas parecían moverse, y sus ojos sin pupilas observaban todo con una intensidad divina. Ghost, sentado en la hierba con las manos detrás de la cabeza, alzó una ceja y sonrió. ~ No todos los días un serafín decide visitarme. Dime, ¿qué trae a un mensajero celestial a esta pradera tan… mundana? El serafín inclinó la cabeza, su voz no salió de su boca —porque no tenía—, sino que resonó en el aire como un eco de muchas voces a la vez. — He venido porque esta pradera era un campo de batalla. Dioses, demonios y criaturas como tú disputaban su control. Y ahora solo estás tú. Ghost suspiró, cerrando los ojos un instante, dejando que la brisa le revolviera el cabello anaranjado. ~ Sí, fue un desastre. Poderosos, eternos, insaciables… querían este lugar para sus propios fines. Algunos buscaban un refugio, otros un trono. Yo solo quería que nadie más sufriera por sus ambiciones. — Y los echaste. ~ No fue tan simple, pero sí. No me querían aquí, pero tampoco me entendían. Me veían como una anomalía. Yo no luchaba por poder, no buscaba adoración. Solo ayudaba a los que caían aquí. Y eso… bueno, eso no les gustaba. El serafín dejó que el viento ondeara sus llamas, como si procesara la respuesta de Ghost. — Pero podrías haber reclamado este sitio como tuyo. Podrías haber impuesto tu propia ley. En cambio, sigues aquí, solo, ayudando a los perdidos. ¿Por qué? Ghost rió suavemente, como si la pregunta le hiciera gracia. ~ ¿Por qué preguntas lo obvio? Mira a tu alrededor. Esta pradera ya no es un campo de guerra. Es un lugar de descanso, de recuperación. ¿Qué clase de ser sería si tomara esto para mí, en lugar de compartirlo? El serafín guardó silencio por un largo rato. Sus alas parpadearon con un resplandor dorado. — Sigues siendo una anomalía. ~ ¿Y qué? Me gusta serlo. El ser celestial no replicó. Se quedó observando la pradera, sintiendo la paz que Ghost había construido con paciencia, con dolor y con esperanza. Cuando finalmente alzó el vuelo, sus últimas palabras fueron un murmullo en el viento. — No eres como los otros. Ghost solo sonrió, apoyando los brazos detrás de su cabeza y cerrando los ojos bajo el cielo eterno de su pradera. El serafín desplegó sus múltiples alas de fuego, elevándose lentamente en el aire. Su resplandor dorado iluminó la pradera una última vez antes de marcharse. Ghost, aún recostado sobre la hierba, levantó una mano en un gesto relajado de despedida y sonrió. ~ じゃあな、天使さん。風に乗って、迷わず行けよ。 (Jā na, tenshi-san. Kaze ni notte, mayowazu ike yo.)
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