• ¡Gracias estrellita del atardecer!
    Lo hizo de nuevo y esta vez se ha pasado. Me dio la sorpresa más hermosa de todas...

    Leonardo Carter.
    Hijo de una de las familias más influyentes, brillante abogado, heredero de una generosa fortuna y bla, bla, bla... no me importa.
    El Leonardo que a mi siempre me gustó fue al que molestaba cada que tenía oportunidad, al que obligaba a cumplir mis caprichos, el que siemore estaba cerca de Vega y mío porque "su papá lo obligaba", el que nunca pudo decirme que no.

    Media vida después descubrimos que era amor lo que sentíamos el uno por el otro.
    Una visita de rutina nos hizo darnos cuenta de que nos gustabamos, semanas que no podíamos vivir lejos del otro y meses que queríamos pasar el resto de nuestras vidas juntos.
    En el inter quedamos embarazados y no, no fue un descuido... jajaja. Es fruto de nuestro amor desmedido.

    Y hoy, por fin... puedo decirlo... gritarlo para que el mundo entero lo sepa... ¡NOS CASAMOS! Leo me ha propuesto matrimonio y yo ya estoy firmando los papeles para amarrarlo a mi, jajajajaja.
    No me la creo aún... mi amor, mi pixie... ¡me propuso matrimonio!

    Ya puedo seguir haciendo mis planas al estilo de Fiona y su "señora Fiona de Encantador" peeeero el mío de "Francine Carter"

    ¡Gracias estrellita del atardecer! 💕 Lo hizo de nuevo y esta vez se ha pasado. Me dio la sorpresa más hermosa de todas... Leonardo Carter. Hijo de una de las familias más influyentes, brillante abogado, heredero de una generosa fortuna y bla, bla, bla... no me importa. El Leonardo que a mi siempre me gustó fue al que molestaba cada que tenía oportunidad, al que obligaba a cumplir mis caprichos, el que siemore estaba cerca de Vega y mío porque "su papá lo obligaba", el que nunca pudo decirme que no. Media vida después descubrimos que era amor lo que sentíamos el uno por el otro. Una visita de rutina nos hizo darnos cuenta de que nos gustabamos, semanas que no podíamos vivir lejos del otro y meses que queríamos pasar el resto de nuestras vidas juntos. En el inter quedamos embarazados y no, no fue un descuido... jajaja. Es fruto de nuestro amor desmedido. Y hoy, por fin... puedo decirlo... gritarlo para que el mundo entero lo sepa... ¡NOS CASAMOS! Leo me ha propuesto matrimonio y yo ya estoy firmando los papeles para amarrarlo a mi, jajajajaja. No me la creo aún... mi amor, mi pixie... ¡me propuso matrimonio! 💕 Ya puedo seguir haciendo mis planas al estilo de Fiona y su "señora Fiona de Encantador" peeeero el mío de "Francine Carter" 💕
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  • . La maleta colgaba de su mano aquella madrugada. Era la hora perfecta para irse y alcanzar los primeros rayos del sol. Nunca había viajado tan lejos y menos en los métodos humanos asi que sería un arduo viaje. Frente a él estaba aquel piano que a veces solía mirar cuando limpiaba las enormes ventanas del salón de música. Claro que no tenía permitido tocarlo pero no había nadie en ese momento.

    No tocaba un piano desde hace un par de años. Desde que su primer contratista le pedía una melodía en los días de fiesta. ¿Cuánto había pasado de eso? ¿Tres, cinco años?

    Sentado en el pequeño cojin rojo sus manos tocaron el instrumento. Deslizando sus yemas por esas teclas blancas hasta hundirlas.

    La canción melancólica sonó en las cuatro paredes. Lenta y suave como un vals, trayendole recuerdos del pasado de los cuales no eran muy gratos en su momento pero ahora eran recordados con nostalgia.

    Una bonita música que fue interrumpida abruptamente cuando Akashi marcó una tecla incorrecta. Todo a propósito como si la perfección o las cualidades bonitas no fueran permitidas en su cabeza. Simplemente se levantó de ahí dejando de jugar al niño rico y tomó de nuevo su maleta. Un barco lo estaba esperando.
    🥀. La maleta colgaba de su mano aquella madrugada. Era la hora perfecta para irse y alcanzar los primeros rayos del sol. Nunca había viajado tan lejos y menos en los métodos humanos asi que sería un arduo viaje. Frente a él estaba aquel piano que a veces solía mirar cuando limpiaba las enormes ventanas del salón de música. Claro que no tenía permitido tocarlo pero no había nadie en ese momento. No tocaba un piano desde hace un par de años. Desde que su primer contratista le pedía una melodía en los días de fiesta. ¿Cuánto había pasado de eso? ¿Tres, cinco años? Sentado en el pequeño cojin rojo sus manos tocaron el instrumento. Deslizando sus yemas por esas teclas blancas hasta hundirlas. La canción melancólica sonó en las cuatro paredes. Lenta y suave como un vals, trayendole recuerdos del pasado de los cuales no eran muy gratos en su momento pero ahora eran recordados con nostalgia. Una bonita música que fue interrumpida abruptamente cuando Akashi marcó una tecla incorrecta. Todo a propósito como si la perfección o las cualidades bonitas no fueran permitidas en su cabeza. Simplemente se levantó de ahí dejando de jugar al niño rico y tomó de nuevo su maleta. Un barco lo estaba esperando.
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  • Las cadenas se rompieron más pronto de lo que habían creído, pero no tenía importancia ya que siempre tenía unas nuevas esperando. Debería aprender a no romperlas y de esa forma quizá tendría un trato diferente, pero la personalidad de ese demonio era tan frustrante y rebelde. Mantenerlo quieto y tranquilo era una tarea difícil.

    — No quiero eso — Dijo desde su celda al mirar la carne que le habían arrojado. Estaba cansado de comer carne de bestias menores del infierno. Quería probar lo que tenían en el mundo humano. Para eso estaban sus colmillos y sus garras, había sido diseñado para esa comida.

    — Entonces te quedarás sin comer otra semana — Diría su padre el cual cerró la puerta de su celda y lo dejó ahí.

    Akashi se había buscado eso. Siempre era un chico bastante portado pero a veces su verdadera naturaleza salía a la luz cuando se cansaba de las lecciones, la música de piano y esas visitas de compradores. Como lo odiaba. Terminaba atacando a todo el que estuviera cerca hasta que lo sometían con cadenas bendecidas y lo arrojaban al calabozo por unas semanas.

    Ya había pasado un tiempo desde su último ataque pero aún seguía de mal genio. Sin embargo, el no alimentarse le quitaba sus fuerzas. Aquellas cadenas en sus pies ya no podían ser rotas, pronto terminaría cediendo y disculpándose con su padre pero por ahora, se abrazaba de las rodillas en la oscuridad, su estómago gruñía, en serio tenía hambre. No le gustaba para nada la especie de demonio que era. Le hacía pensar en los vampiros y su obsesión por la sangre.
    🥀 Las cadenas se rompieron más pronto de lo que habían creído, pero no tenía importancia ya que siempre tenía unas nuevas esperando. Debería aprender a no romperlas y de esa forma quizá tendría un trato diferente, pero la personalidad de ese demonio era tan frustrante y rebelde. Mantenerlo quieto y tranquilo era una tarea difícil. — No quiero eso — Dijo desde su celda al mirar la carne que le habían arrojado. Estaba cansado de comer carne de bestias menores del infierno. Quería probar lo que tenían en el mundo humano. Para eso estaban sus colmillos y sus garras, había sido diseñado para esa comida. — Entonces te quedarás sin comer otra semana — Diría su padre el cual cerró la puerta de su celda y lo dejó ahí. Akashi se había buscado eso. Siempre era un chico bastante portado pero a veces su verdadera naturaleza salía a la luz cuando se cansaba de las lecciones, la música de piano y esas visitas de compradores. Como lo odiaba. Terminaba atacando a todo el que estuviera cerca hasta que lo sometían con cadenas bendecidas y lo arrojaban al calabozo por unas semanas. Ya había pasado un tiempo desde su último ataque pero aún seguía de mal genio. Sin embargo, el no alimentarse le quitaba sus fuerzas. Aquellas cadenas en sus pies ya no podían ser rotas, pronto terminaría cediendo y disculpándose con su padre pero por ahora, se abrazaba de las rodillas en la oscuridad, su estómago gruñía, en serio tenía hambre. No le gustaba para nada la especie de demonio que era. Le hacía pensar en los vampiros y su obsesión por la sangre.
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  • ❅ Las manos humanas son útiles, eso de los pulgares oponibles le ha solucionado muchos problemas en el pasado. Aún así, para la cacería, siempre preferirá mil veces cazar como debe ser. ❅

    Al menos así puedo moverme con total libertad.

    ❅ Sacudió la nieve que se colaba entre los dedos de sus patas traseras antes de perseguir a una liebre blanca. ❅
    ❅ Las manos humanas son útiles, eso de los pulgares oponibles le ha solucionado muchos problemas en el pasado. Aún así, para la cacería, siempre preferirá mil veces cazar como debe ser. ❅ Al menos así puedo moverme con total libertad. ❅ Sacudió la nieve que se colaba entre los dedos de sus patas traseras antes de perseguir a una liebre blanca. ❅
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  • Una plegaria a la condena
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    Había pasado un tiempo desde la ultima vez que lo vi, pero recordaba claramente sus palabras, aun que seguía sin entender de ¿Por que entre todos los lugares que nos pudimos reunir tenia que ser este? No seria sorpresa para nadie que me conociera que las iglesias eran de mis lugares menos favoritos, era algo cliché mi repudio por ellas, pero no lo podía evitar. No después de tantas cosas que había tenido que vivir en ellas y ninguna siendo agradable.

    Me quedo unos minutos párelas enfrente mirando la fachada extrabajante y antigua del edificio que tenia grandes ventanales coloridos, las sombras del lugar se hicieron más grandes e incluso tétricas con el paso de la noche, este me pareció el momento más oportuno para nuestro encuentro y en donde menos riesgo tendría de terminar lastimada.

    Me toma unos momentos hacerme de valor para entrar a la iglesia, no por la puerta si no que por una de las ventanas por que a esta hora era claro que me negarían el paso, tengo cuidado de hacer el menor ruido posible al forzar una de las ventanas y así poder entrar.

    En el interior no había algo que iluminara, solo estaba la luz de la luna que se proyectaba débilmente en el suelo del lugar, a los lados estaban largas filas de asientos de madera, viejos y desgastados, pero al fondo había una gran mesa de piedra. Zagreo the Dark Demon Greek Mitology
    Había pasado un tiempo desde la ultima vez que lo vi, pero recordaba claramente sus palabras, aun que seguía sin entender de ¿Por que entre todos los lugares que nos pudimos reunir tenia que ser este? No seria sorpresa para nadie que me conociera que las iglesias eran de mis lugares menos favoritos, era algo cliché mi repudio por ellas, pero no lo podía evitar. No después de tantas cosas que había tenido que vivir en ellas y ninguna siendo agradable. Me quedo unos minutos párelas enfrente mirando la fachada extrabajante y antigua del edificio que tenia grandes ventanales coloridos, las sombras del lugar se hicieron más grandes e incluso tétricas con el paso de la noche, este me pareció el momento más oportuno para nuestro encuentro y en donde menos riesgo tendría de terminar lastimada. Me toma unos momentos hacerme de valor para entrar a la iglesia, no por la puerta si no que por una de las ventanas por que a esta hora era claro que me negarían el paso, tengo cuidado de hacer el menor ruido posible al forzar una de las ventanas y así poder entrar. En el interior no había algo que iluminara, solo estaba la luz de la luna que se proyectaba débilmente en el suelo del lugar, a los lados estaban largas filas de asientos de madera, viejos y desgastados, pero al fondo había una gran mesa de piedra. [Dark_Demon]
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  • >> Si le preguntasen cómo habia ocurrido no habría sido capaz de dar una explicación consciente. Puede que el cansancio y el estrés acumulado, o puede que la necesidad de estar con él después de tanto tiempo… No estaría segura. Siquiera cuando despertó envuelta en el reconocido olor de la colonia de Marcus y su loción de afeitado, sintiendo el calor de su cuerpo bajo el propio allá donde su cuerpo estaba apoyado. Dejó ir un ligero sonido remolón al notar la mano de Marcus acariciando su cabello. Y, sabedora de donde se encontraba, cómo y por qué, aun asi esbozó una sonrisa inevitable en el mismo momento en que sus dedos se deslizaban por su mejilla. La pelirroja movió el rostro para ocultarlo un instante contra el pecho del auror. Porque sabia que, en cuanto se incorporase, tendría que volver a la vida real.

    Pero, al final lo hizo. Se frotó el rostro con una mano y se incorporó para mirar a través de la ventana donde comprobó que Marcus tenia razon. La tormenta habia pasado y el sol ahora brillaba arrancando destellos suave sobre la nieve acumulada.



    Marcus Byrne
    >> Si le preguntasen cómo habia ocurrido no habría sido capaz de dar una explicación consciente. Puede que el cansancio y el estrés acumulado, o puede que la necesidad de estar con él después de tanto tiempo… No estaría segura. Siquiera cuando despertó envuelta en el reconocido olor de la colonia de Marcus y su loción de afeitado, sintiendo el calor de su cuerpo bajo el propio allá donde su cuerpo estaba apoyado. Dejó ir un ligero sonido remolón al notar la mano de Marcus acariciando su cabello. Y, sabedora de donde se encontraba, cómo y por qué, aun asi esbozó una sonrisa inevitable en el mismo momento en que sus dedos se deslizaban por su mejilla. La pelirroja movió el rostro para ocultarlo un instante contra el pecho del auror. Porque sabia que, en cuanto se incorporase, tendría que volver a la vida real. Pero, al final lo hizo. Se frotó el rostro con una mano y se incorporó para mirar a través de la ventana donde comprobó que Marcus tenia razon. La tormenta habia pasado y el sol ahora brillaba arrancando destellos suave sobre la nieve acumulada. [MarcxsB]
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  • Pʀɪᴍᴜs Mᴀʟᴇғɪᴄᴀʀɪᴜᴍ .Ⅰ - ☨ ─────── 〘 C O M U N I Ó N 〙


    ──── En medio de la absoluta oscuridad, una perfecta línea recta de luz se formó sobre el suelo, proyectándose lentamente en un rectángulo junto con el paulatino avance de la Luna, derramando su platinar sobre la silueta de una mujer, misma que yacía de rodillas, sentada sobre sus talones, y con las palmas descansando sobre sus muslos, en la tradicional postura seiza que mantenía con entera calma y solemnidad.

    El aroma a copal dominaba el ambiente, cargado gentilmente por los haces de humo que se desprendían de los numerosos inciensos repartidos en cuencos ornamentales a ambos costados de la habitación, mismos que la circundaban y envolvían.

    Brillando en la penumbra, a momentos, los pequeños destellos de las brasas lucían como ojos que se centraban en ella y le observaban en todo momento, justo en medio del suelo de la habitación que yacía adornado por un grotesco círculo mágico; el carmín rojo y seco de los trazos delatando la naturaleza del material con el que había sido pintado.

    Sathôna alzó el rostro hacía el enorme ventanal que tenía al frente y por donde aquella cascada de luz de plata caía, con los ojos cerrados y en pleno trance, entreabriendo los labios para dejar escapar de su boca una humareda negra más pesada que el aire, misma que caía por las comisuras de sus labios y su mentón.

    Su figura se impregnaba de las estelas de aquella pesada y opresiva energía, que, para ella en su haber, se sentía ligera y le llenaba de un vigor que resultaba contradictoriamente lacerante; cada corte cicatrizado, cada magulladura aliviada y cada fractura enmendada volvían a derramar los vestigios del punzante calvario por el que el dolor la había hecho pasar.

    No había momento en el cual se sintiera más viva que cuando se sumergía en aquel baño de lamentación, de penosa meditación, al comulgar con Marchosias. Aquella noche, fue distinto. El sufrimiento era el alimento primordial de su alma, misma que lo alquimizaba en ira, de la más pura y tórrida que su corazón pudiese sostener.

    Pero esta vez, hubo algo más: Claridad. Una fresca, afilada y envolvente claridad.

    La bruja morena entreabrió los párpados, y a la par, sus labios se cerraron, no sin antes relamer los remanentes de aquella oscuridad que quedaban sobre los mismos. Pronto, su boca se curvó, y emergiendo del éxtasis, sonrió ante el altar que tenía al frente──una exquisita estatuilla de mediano tamaño tallada en mármol negro, representando a humanos, demonios y ángeles, todos encimados sobre los otros, desesperados, escalando por alcanzar el precioso reloj de arena blanca colocado al centro.

    —La mente y el tiempo tienen algo en común; ambos son excelentes sirvientes, pero pésimos gobernantes. —En reflexión, se estiró para tomar aquel reloj de arena y así girarlo sobre sí mismo, comenzando la cuenta atrás. ¿O sería hacía adelante? Pasado o futuro. ¿Qué más da?

    —Será porque ambos coinciden en un único punto de inflexión, tan crítico como sencillo; la perspectiva. El tiempo se diluye o se concentra, se comprime o se alarga, dependiendo del contexto y la subjetividad, dependiendo de la energía del observador. Y la mente es el prisma perfecto para purificar y concentrar la intención en la percepción, y así volverla luz, u oscuridad.

    Los largos dedos de Sathôna acariciaron la curvatura del anticuado reloj, a momentos tamborileando sobre el cristal, para provocar un tintineo cristalino y melódico con sus largas uñas, mientras observaba la arena fluir y caer. ¿O es que también a momentos parecía regresar a donde estaba?

    —Cada mente es un prisma, con sus propios relieves, y sus propias reglas. Su propio potencial. Y, aun así, nada ni nadie puede existir si no es observado en todo momento, si su existencia no es reconocida en el ahora de cada segundo, de cada minuto, de cada hora, por algo que no sea ellos mismos.

    Una mirada llena de añoranza brilló en los ojos de la mujer, que ahora descansaban su mirar sobre el astro plateado. Calma y resignación le llenaron el corazón, como quien asume que se encuentra en un lugar de donde no puede escapar, aún cuando conoce la salida.

    Súbitamente, aquella mano con la que acariciaba el ornamental reloj tomó el mismo de forma brusca y arrebatada para apretarlo entre sus dedos, reventando cristal y madera como si fuesen ramillas secas.

    Sangre negra emanó de sus heridas, mezclándose con la arena, profanándola, y cayendo sobre la estatuilla, quemando cuál ácido los rostros angustiados de ángeles, hombres y demonios por igual.

    — … Ahora lo único que queda, es detener el tiempo.


    『 Ambiance: https://youtu.be/H5nXCactwVo
    Pʀɪᴍᴜs Mᴀʟᴇғɪᴄᴀʀɪᴜᴍ .Ⅰ - ☨ ─────── 〘 C O M U N I Ó N 〙 ──── En medio de la absoluta oscuridad, una perfecta línea recta de luz se formó sobre el suelo, proyectándose lentamente en un rectángulo junto con el paulatino avance de la Luna, derramando su platinar sobre la silueta de una mujer, misma que yacía de rodillas, sentada sobre sus talones, y con las palmas descansando sobre sus muslos, en la tradicional postura seiza que mantenía con entera calma y solemnidad. El aroma a copal dominaba el ambiente, cargado gentilmente por los haces de humo que se desprendían de los numerosos inciensos repartidos en cuencos ornamentales a ambos costados de la habitación, mismos que la circundaban y envolvían. Brillando en la penumbra, a momentos, los pequeños destellos de las brasas lucían como ojos que se centraban en ella y le observaban en todo momento, justo en medio del suelo de la habitación que yacía adornado por un grotesco círculo mágico; el carmín rojo y seco de los trazos delatando la naturaleza del material con el que había sido pintado. Sathôna alzó el rostro hacía el enorme ventanal que tenía al frente y por donde aquella cascada de luz de plata caía, con los ojos cerrados y en pleno trance, entreabriendo los labios para dejar escapar de su boca una humareda negra más pesada que el aire, misma que caía por las comisuras de sus labios y su mentón. Su figura se impregnaba de las estelas de aquella pesada y opresiva energía, que, para ella en su haber, se sentía ligera y le llenaba de un vigor que resultaba contradictoriamente lacerante; cada corte cicatrizado, cada magulladura aliviada y cada fractura enmendada volvían a derramar los vestigios del punzante calvario por el que el dolor la había hecho pasar. No había momento en el cual se sintiera más viva que cuando se sumergía en aquel baño de lamentación, de penosa meditación, al comulgar con Marchosias. Aquella noche, fue distinto. El sufrimiento era el alimento primordial de su alma, misma que lo alquimizaba en ira, de la más pura y tórrida que su corazón pudiese sostener. Pero esta vez, hubo algo más: Claridad. Una fresca, afilada y envolvente claridad. La bruja morena entreabrió los párpados, y a la par, sus labios se cerraron, no sin antes relamer los remanentes de aquella oscuridad que quedaban sobre los mismos. Pronto, su boca se curvó, y emergiendo del éxtasis, sonrió ante el altar que tenía al frente──una exquisita estatuilla de mediano tamaño tallada en mármol negro, representando a humanos, demonios y ángeles, todos encimados sobre los otros, desesperados, escalando por alcanzar el precioso reloj de arena blanca colocado al centro. —La mente y el tiempo tienen algo en común; ambos son excelentes sirvientes, pero pésimos gobernantes. —En reflexión, se estiró para tomar aquel reloj de arena y así girarlo sobre sí mismo, comenzando la cuenta atrás. ¿O sería hacía adelante? Pasado o futuro. ¿Qué más da? —Será porque ambos coinciden en un único punto de inflexión, tan crítico como sencillo; la perspectiva. El tiempo se diluye o se concentra, se comprime o se alarga, dependiendo del contexto y la subjetividad, dependiendo de la energía del observador. Y la mente es el prisma perfecto para purificar y concentrar la intención en la percepción, y así volverla luz, u oscuridad. Los largos dedos de Sathôna acariciaron la curvatura del anticuado reloj, a momentos tamborileando sobre el cristal, para provocar un tintineo cristalino y melódico con sus largas uñas, mientras observaba la arena fluir y caer. ¿O es que también a momentos parecía regresar a donde estaba? —Cada mente es un prisma, con sus propios relieves, y sus propias reglas. Su propio potencial. Y, aun así, nada ni nadie puede existir si no es observado en todo momento, si su existencia no es reconocida en el ahora de cada segundo, de cada minuto, de cada hora, por algo que no sea ellos mismos. Una mirada llena de añoranza brilló en los ojos de la mujer, que ahora descansaban su mirar sobre el astro plateado. Calma y resignación le llenaron el corazón, como quien asume que se encuentra en un lugar de donde no puede escapar, aún cuando conoce la salida. Súbitamente, aquella mano con la que acariciaba el ornamental reloj tomó el mismo de forma brusca y arrebatada para apretarlo entre sus dedos, reventando cristal y madera como si fuesen ramillas secas. Sangre negra emanó de sus heridas, mezclándose con la arena, profanándola, y cayendo sobre la estatuilla, quemando cuál ácido los rostros angustiados de ángeles, hombres y demonios por igual. — … Ahora lo único que queda, es detener el tiempo. 『 Ambiance: https://youtu.be/H5nXCactwVo 』
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  • Hiro: Awwww Lili eres un amor, con este regalo pronto tendré una colección de ositos :D!

    (Sostiene el regalo de Lιᥣιᥲ Vᥲᥒɾoᥙgᥱ y de paso, el otro osito que le regaló el año pasado. Abraza a su amigo de manera efusiva)

    Hiro: Te quiero X3!!!
    Hiro: Awwww Lili eres un amor, con este regalo pronto tendré una colección de ositos :D! (Sostiene el regalo de [Lilia_vanrouge_Off.Rplyr01] y de paso, el otro osito que le regaló el año pasado. Abraza a su amigo de manera efusiva) Hiro: Te quiero X3!!!
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  • Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
    Esto se ha publicado como Out Of Character.
    Tenlo en cuenta al responder.
    ¡Por fin me quitaron el bloqueo!
    Ahora ya puedo volver a publicar, y mira que estoy muy retrasado, porque hay muchísimas cosas que publicar desde que soy padre, y todo lo que ha pasado desde entonces: un montón de cumpleaños, incluyendo el mío, y un montón de aventuras...
    ¡Por fin me quitaron el bloqueo! Ahora ya puedo volver a publicar, y mira que estoy muy retrasado, porque hay muchísimas cosas que publicar desde que soy padre, y todo lo que ha pasado desde entonces: un montón de cumpleaños, incluyendo el mío, y un montón de aventuras...
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  • Capítulo 1.5: Incomodidades.
    Fandom Original
    Categoría Acción
    Con Shamriel

    [Registro]
    [ Tiempo Presente, una semana después de la primera interacción con Raziel | 4:30 p.m ]

    Milenios habían pasado desde que alguien se había referido a él por su nombre real. Mismo que enterró junto con su pasado en el momento en el que llegó a la Tierra.

    Esperaba que siguiera así para siempre, no tener que recordar esas cosas. Vivir la "condena" de vagar aburrido de lo mismo siempre, tal como Caín en sus inicios.

    Y sin embargo, ahí estaba. Un día, de la nada, apareció una de sus hermanas. Raziel, para ser precisos. Ella le puso al tanto de todo lo que había estado ocurriendo meses atrás. Los eventos coincidían con una serie de "irregularidades" de las que se había estado percatando, pero jamás imaginó que tuvieran tanto impacto y que fueran ese tipo de cosas.

    ¿Qué estaba ocurriendo? Él sabía que su hermana Mikhael estaba loca, siempre lo supo. Pero honestamente, ¿Por qué otra rebelión? ¿Por qué esta vez apoyando una causa contra la que estuvo en contra en la primera?

    Siempre detestó esas incongruencias, pero había algo peor que eso. De entre todos sus hermanos, siempre hubo una de ellos de quien menos se fiaba.

    Shamriel.

    Solo pensar el nombre le causaba escalofríos. No quería tener que lidiar con ella. Y aún así, sabía que estaba en la Tierra con los demás. Raziel se lo había dicho, que varios escaparon y que desconocía cuantos seguían con vida.

    Y que Shamriel había bajado con ellos...

    La ironía de la situación le hizo reír con amargura.
    Sus hermanos, que otrora miraban con desdén el mundo, terminaron ahí mismo, habitando la misma tierra que él.

    ¿Divinidad? Para él no existía. La había abandonado hacía muchísimo tiempo.
    ¿Padre? Les dio la espalda desde la resolución de La Primera Rebelión.
    ¿Todos sus hermanos? No los había visto desde el momento en el que los condenaron. No le interesaba verlos.

    Y aún así, ahí estaba.

    Le había ofrecido asilo a su hermana, para que pudiera descansar y tuviera un lugar dónde dormir.
    Y no entendía por qué.

    No había estado atendiendo el bar, de hecho, el lugar que le había dado para hospedar a su hermana, estaba bastante lejos. No quería que su familia se entrometiera en su vida personal.

    Irónicamente, sabía que tarde o temprano pasaría.
    Voló hasta lo más alto de una montaña, cuya cima quedaba inclusive por encima de las nubes. Uno de los puntos más altos y cercanos que tenía.

    Miró hacia el horizonte, apreciando la puesta de sol.
    Tomó un cigarrillo y lo encendió.
    Siempre que estaba estresado, enojado, preocupado o deprimido, terminaba por fumar.
    Esta no era la diferencia.

    Dio una calada lenta y profunda.
    Dejó salir el humo por sus labios con calma.
    Cerró los ojos.

    Dio un suspiro pesado, a raíz de su interacción con Raziel, podía detectar la presencia de sus hermanos.
    Y esta no fue la excepción.
    Reconoció una presencia antigua, pesada.. casi sofocante.
    No le veía, pero sabía que 𝓪𝓵𝓰𝓾𝓲𝓮𝓷 𝓮𝓼𝓽𝓪𝓫𝓪 𝓬𝓮𝓻𝓬𝓪
    Con [Halo_of_Ruin] [Registro] [ Tiempo Presente, una semana después de la primera interacción con Raziel | 4:30 p.m ] Milenios habían pasado desde que alguien se había referido a él por su nombre real. Mismo que enterró junto con su pasado en el momento en el que llegó a la Tierra. Esperaba que siguiera así para siempre, no tener que recordar esas cosas. Vivir la "condena" de vagar aburrido de lo mismo siempre, tal como Caín en sus inicios. Y sin embargo, ahí estaba. Un día, de la nada, apareció una de sus hermanas. Raziel, para ser precisos. Ella le puso al tanto de todo lo que había estado ocurriendo meses atrás. Los eventos coincidían con una serie de "irregularidades" de las que se había estado percatando, pero jamás imaginó que tuvieran tanto impacto y que fueran ese tipo de cosas. ¿Qué estaba ocurriendo? Él sabía que su hermana Mikhael estaba loca, siempre lo supo. Pero honestamente, ¿Por qué otra rebelión? ¿Por qué esta vez apoyando una causa contra la que estuvo en contra en la primera? Siempre detestó esas incongruencias, pero había algo peor que eso. De entre todos sus hermanos, siempre hubo una de ellos de quien menos se fiaba. Shamriel. Solo pensar el nombre le causaba escalofríos. No quería tener que lidiar con ella. Y aún así, sabía que estaba en la Tierra con los demás. Raziel se lo había dicho, que varios escaparon y que desconocía cuantos seguían con vida. Y que Shamriel había bajado con ellos... La ironía de la situación le hizo reír con amargura. Sus hermanos, que otrora miraban con desdén el mundo, terminaron ahí mismo, habitando la misma tierra que él. ¿Divinidad? Para él no existía. La había abandonado hacía muchísimo tiempo. ¿Padre? Les dio la espalda desde la resolución de La Primera Rebelión. ¿Todos sus hermanos? No los había visto desde el momento en el que los condenaron. No le interesaba verlos. Y aún así, ahí estaba. Le había ofrecido asilo a su hermana, para que pudiera descansar y tuviera un lugar dónde dormir. Y no entendía por qué. No había estado atendiendo el bar, de hecho, el lugar que le había dado para hospedar a su hermana, estaba bastante lejos. No quería que su familia se entrometiera en su vida personal. Irónicamente, sabía que tarde o temprano pasaría. Voló hasta lo más alto de una montaña, cuya cima quedaba inclusive por encima de las nubes. Uno de los puntos más altos y cercanos que tenía. Miró hacia el horizonte, apreciando la puesta de sol. Tomó un cigarrillo y lo encendió. Siempre que estaba estresado, enojado, preocupado o deprimido, terminaba por fumar. Esta no era la diferencia. Dio una calada lenta y profunda. Dejó salir el humo por sus labios con calma. Cerró los ojos. Dio un suspiro pesado, a raíz de su interacción con Raziel, podía detectar la presencia de sus hermanos. Y esta no fue la excepción. Reconoció una presencia antigua, pesada.. casi sofocante. No le veía, pero sabía que 𝓪𝓵𝓰𝓾𝓲𝓮𝓷 𝓮𝓼𝓽𝓪𝓫𝓪 𝓬𝓮𝓻𝓬𝓪
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