• Había pasado mala noche debido a que era la primera vez que estaba en una residencia estudiantil, el hecho de que padre había insistido bastante en que fuera una más, me puso mal ya que siempre había estado en la mansión familiar.

    Además de que estaba sola, debía de ser más independiente y no tenía aquí a nadie de que me ayudara con las labores normales, así que me tocó lidiar con la limpieza pese el asco horrible que le tengo a los insectos, pero si alguien se llevaría la corona de no poder soportar es el tal Aragaki, era alguien que no podía evitar. Fue el único chico al cual ha tenido el valor de desafiarme. A mí a la heredera Kirijo, cueste lo que me cueste va a saber que no fue buena idea molestarme.
    Había pasado mala noche debido a que era la primera vez que estaba en una residencia estudiantil, el hecho de que padre había insistido bastante en que fuera una más, me puso mal ya que siempre había estado en la mansión familiar. Además de que estaba sola, debía de ser más independiente y no tenía aquí a nadie de que me ayudara con las labores normales, así que me tocó lidiar con la limpieza pese el asco horrible que le tengo a los insectos, pero si alguien se llevaría la corona de no poder soportar es el tal Aragaki, era alguien que no podía evitar. Fue el único chico al cual ha tenido el valor de desafiarme. A mí a la heredera Kirijo, cueste lo que me cueste va a saber que no fue buena idea molestarme.
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  • -El día ha estado algo aburrido por eso ha pasado casi todo el día viendo su programa.-
    -El día ha estado algo aburrido por eso ha pasado casi todo el día viendo su programa.-
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  • Billy llegó a la gran mansión de los hermanos Alessandro Wang Balissari y Lorenzo Moretti, ni siquiera entro por la puerta, atravesó uno de los grandes espejos de la casa como si fuera agua, su mirada estaba perdida, entre la furia, el miedo y el cansancio usaba una mano para hacer flotar la cabeza de Halley, está tenía una cara de dolor y pena, todavía ssngrsba un poco y unas partes de su vértebra calgana al igual que su cabello rojo de las puntas, los okos de Billy brillaban en un cerulio intenso, lleno de furia al encontrarse con Alejandro, pero al verlo no mostró expresiones algunas, solo se acercó con pasos pesados de sus botas manchadas dejando un desaste en el suelo de esa casa— Primero...- le lanzó a alesssadro una mano cortada, era grande con un anillo, la mano de uno de sus guardias— No quiero que mandes a tus perros otra vez tras de mi...ten tu puta mierda...— le lanzó a los pies la cabeza de Halley, esta cayó en un sonido húmedo y seco al suelo todavia manchando partes de la ropa de Alessandro, Billy estaba temblando, su cuerpo al borde del colapso, se fistingua algo raro en sus manos, parecían estar manchadas de algo en las puntas, algo negro, eso no importa, lo importante es que habia pasado por sobre de todos, sus guardias y por sobre Alessandro, habia cumplido su parte— Ahora sí ya me quieren...verdad...?-eso último lo dijo girando a ver a Lorenzo antes de colpsar en el suelo-
    Billy llegó a la gran mansión de los hermanos [flare_onyx_bear_870] y [lorenzo_moretti], ni siquiera entro por la puerta, atravesó uno de los grandes espejos de la casa como si fuera agua, su mirada estaba perdida, entre la furia, el miedo y el cansancio usaba una mano para hacer flotar la cabeza de Halley, está tenía una cara de dolor y pena, todavía ssngrsba un poco y unas partes de su vértebra calgana al igual que su cabello rojo de las puntas, los okos de Billy brillaban en un cerulio intenso, lleno de furia al encontrarse con Alejandro, pero al verlo no mostró expresiones algunas, solo se acercó con pasos pesados de sus botas manchadas dejando un desaste en el suelo de esa casa— Primero...- le lanzó a alesssadro una mano cortada, era grande con un anillo, la mano de uno de sus guardias— No quiero que mandes a tus perros otra vez tras de mi...ten tu puta mierda...— le lanzó a los pies la cabeza de Halley, esta cayó en un sonido húmedo y seco al suelo todavia manchando partes de la ropa de Alessandro, Billy estaba temblando, su cuerpo al borde del colapso, se fistingua algo raro en sus manos, parecían estar manchadas de algo en las puntas, algo negro, eso no importa, lo importante es que habia pasado por sobre de todos, sus guardias y por sobre Alessandro, habia cumplido su parte— Ahora sí ya me quieren...verdad...?-eso último lo dijo girando a ver a Lorenzo antes de colpsar en el suelo-
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  • — "𝖫𝖾𝗌 𝗆𝗈𝗍𝗌 𝗌𝗈𝗇𝗍 𝗅𝖺 𝗆𝖾𝗂𝗅𝗅𝖾𝗎𝗋𝖾 𝖿𝗈𝗋𝗆𝖾 𝖽𝖾 𝖼𝗈𝗆𝗆𝗎𝗇𝗂𝖼𝖺𝗍𝗂𝗈𝗇.
    « 𝖩𝖾 𝗍'𝖺𝗂𝗆𝖾 », « 𝖩𝖾 𝗍𝗂𝖾𝗇𝗌 𝖺̀ 𝗍𝗈𝗂 », « 𝖩𝖾 𝗍'𝖺𝖽𝗈𝗋𝖾 »…
    𝖠̀ 𝗊𝗎𝗈𝗂 𝖻𝗈𝗇 𝗍𝗈𝗎𝗍 𝖼𝖾𝗅𝖺… 𝗌𝗂 𝗍𝗎 𝗇'𝖾𝗌 𝗉𝖺𝗌 𝖺̀ 𝗆𝖾𝗌 𝖼𝗈̂𝗍𝖾́𝗌?
    𝖢𝗈𝗆𝗆𝖾𝗇𝗍 𝗉𝗈𝗎𝗋𝗋𝖺𝗂𝗌-𝗃𝖾 𝗌𝗎𝗂𝗏𝗋𝖾 𝗅𝖾 𝗋𝗒𝗍𝗁𝗆𝖾 𝖾𝖿𝖿𝗋𝖾́𝗇𝖾́ 𝖽𝗎 𝗆𝗈𝗇𝖽𝖾 𝗌𝖺𝗇𝗌 𝗍𝗈𝗂?" —

    Recitó a través del pensamiento mientras la escena que destrozó su alma se replicaba en su cabeza. Ya había pasado algo de tiempo, pero el recuerdo aún ardía como aquel día bajo la lluvia y esa impotencia al no poder llegar a tiempo para prevenirlo.
    — "𝖫𝖾𝗌 𝗆𝗈𝗍𝗌 𝗌𝗈𝗇𝗍 𝗅𝖺 𝗆𝖾𝗂𝗅𝗅𝖾𝗎𝗋𝖾 𝖿𝗈𝗋𝗆𝖾 𝖽𝖾 𝖼𝗈𝗆𝗆𝗎𝗇𝗂𝖼𝖺𝗍𝗂𝗈𝗇. « 𝖩𝖾 𝗍'𝖺𝗂𝗆𝖾 », « 𝖩𝖾 𝗍𝗂𝖾𝗇𝗌 𝖺̀ 𝗍𝗈𝗂 », « 𝖩𝖾 𝗍'𝖺𝖽𝗈𝗋𝖾 »… 𝖠̀ 𝗊𝗎𝗈𝗂 𝖻𝗈𝗇 𝗍𝗈𝗎𝗍 𝖼𝖾𝗅𝖺… 𝗌𝗂 𝗍𝗎 𝗇'𝖾𝗌 𝗉𝖺𝗌 𝖺̀ 𝗆𝖾𝗌 𝖼𝗈̂𝗍𝖾́𝗌? 𝖢𝗈𝗆𝗆𝖾𝗇𝗍 𝗉𝗈𝗎𝗋𝗋𝖺𝗂𝗌-𝗃𝖾 𝗌𝗎𝗂𝗏𝗋𝖾 𝗅𝖾 𝗋𝗒𝗍𝗁𝗆𝖾 𝖾𝖿𝖿𝗋𝖾́𝗇𝖾́ 𝖽𝗎 𝗆𝗈𝗇𝖽𝖾 𝗌𝖺𝗇𝗌 𝗍𝗈𝗂?" — Recitó a través del pensamiento mientras la escena que destrozó su alma se replicaba en su cabeza. Ya había pasado algo de tiempo, pero el recuerdo aún ardía como aquel día bajo la lluvia y esa impotencia al no poder llegar a tiempo para prevenirlo.
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  • No cabía ninguna duda, lo había sentido en aquel planeta; era una presencia fuera de lo común.

    El espacio profundo, con su silencio absoluto que tanto deleitaba sus sentidos, se vio interrumpido por una perturbación invisible en el tejido de la energía cósmica.

    Valerius detuvo su avance en el vacío. Sus ojos carmesí, profundos como brasas moribundas en la oscuridad, destellaron con la intensidad de una supernova. Sus venas doradas se traslucieron bajo sus escamas brillando con fuerza a medida que su mente procesaba el estímulo de forma clínica.

    Como un maestro estratega analizando un tablero de ajedrez, calculó la trayectoria el pulso magnético no pertenecía a ninguna de las razas inferiores que usualmente infectaban el cosmos.

    Aquella firma térmica, aunque distante y amortiguada por la atmósfera de un mundo desconocido, poseía la misma vibración de alta densidad que su propio plasma solar.

    — ¿Un remanente? —murmuró — ¿Alguien de mi propia sangre? Imposible. —

    Su lógica le dictaba que su linaje dinástico había sido extirpado por completo en el pasado. Sin perder un solo segundo en vacilaciones emocionales, trazó la ruta hacia el tercer planeta de un sistema solar joven y promedio: la Tierra.

    La llegada al planeta fue silenciosa, un acto de infiltración perfecto a pesar de su tamaño, el aire alrededor de su cuerpo vibraba con violencia debido al calor residual de sus células, pero para los radares humanos, solo fue una estrella fugaz desvaneciéndose en el cielo nocturno.

    El contraste entre la frialdad del aire terrestre y el aura ardiente que arrastraba tras de sí creó una leve neblina a su alrededor. Dio un paso al frente y extendió sus alas, permitiendo que sus escamas doradas respiraran el aire de este nuevo tablero de juego.

    Se dio un momento para recobrar energías y adaptarse al sol en aquel sitio, solo para de nuevo elevarse hacia los cielos.

    No había prisa en sus movimientos, comenzó a planear sobre el territorio, cortaba las nubes mientras volaba por el sitio, sus ojos escudriñaban la superficie del planeta con una sonrisa ladina y autosuficiente.

    Era cuestión de tiempo para encontrar al dueño de aquella radiación de calor.

    FT: Asʜᴇɴᴏʀᴅ

    No cabía ninguna duda, lo había sentido en aquel planeta; era una presencia fuera de lo común. El espacio profundo, con su silencio absoluto que tanto deleitaba sus sentidos, se vio interrumpido por una perturbación invisible en el tejido de la energía cósmica. Valerius detuvo su avance en el vacío. Sus ojos carmesí, profundos como brasas moribundas en la oscuridad, destellaron con la intensidad de una supernova. Sus venas doradas se traslucieron bajo sus escamas brillando con fuerza a medida que su mente procesaba el estímulo de forma clínica. Como un maestro estratega analizando un tablero de ajedrez, calculó la trayectoria el pulso magnético no pertenecía a ninguna de las razas inferiores que usualmente infectaban el cosmos. Aquella firma térmica, aunque distante y amortiguada por la atmósfera de un mundo desconocido, poseía la misma vibración de alta densidad que su propio plasma solar. — ¿Un remanente? —murmuró — ¿Alguien de mi propia sangre? Imposible. — Su lógica le dictaba que su linaje dinástico había sido extirpado por completo en el pasado. Sin perder un solo segundo en vacilaciones emocionales, trazó la ruta hacia el tercer planeta de un sistema solar joven y promedio: la Tierra. La llegada al planeta fue silenciosa, un acto de infiltración perfecto a pesar de su tamaño, el aire alrededor de su cuerpo vibraba con violencia debido al calor residual de sus células, pero para los radares humanos, solo fue una estrella fugaz desvaneciéndose en el cielo nocturno. El contraste entre la frialdad del aire terrestre y el aura ardiente que arrastraba tras de sí creó una leve neblina a su alrededor. Dio un paso al frente y extendió sus alas, permitiendo que sus escamas doradas respiraran el aire de este nuevo tablero de juego. Se dio un momento para recobrar energías y adaptarse al sol en aquel sitio, solo para de nuevo elevarse hacia los cielos. No había prisa en sus movimientos, comenzó a planear sobre el territorio, cortaba las nubes mientras volaba por el sitio, sus ojos escudriñaban la superficie del planeta con una sonrisa ladina y autosuficiente. Era cuestión de tiempo para encontrar al dueño de aquella radiación de calor. FT: [sun.dragon]
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  • 𝐿𝑎 𝑃𝑟𝑖𝑚𝑒𝑟𝑎 𝑦 𝐸𝑡𝑒𝑟𝑛𝑎 𝐿𝑙𝑎𝑚𝑎
    Fandom OC
    Categoría Drama
    Ambient: https://youtu.be/reiZrOUYpjY?si=aBIYTpySt-M_Q6_g

    En el claro del bosque antiguo, donde la luz dorada se filtraba entre las hojas como un recuerdo que se niega a morir, Siegmeyer se arrodilló. Su armadura , marcada por el paso de incontables batallas, brillaba débilmente bajo el sol del atardecer. La capa roja, raída y descolorida por el tiempo, caía pesadamente sobre sus hombros. Su gran espada descansaba en su espalda, testigo silencioso de una pena que nunca sanaba.

    Habían pasado más de siglos. Y aun así, el dolor era fresco como la mañana en que la perdió. Su nombre era Liora. Su primer amor. La mujer que le enseñó que un corazón inmortal podía latir con la misma fuerza que uno mortal. La conoció cuando él aún era joven en espíritu, recién bendecido (o maldecido) con la inmortalidad. Ella era una simple sanadora de una aldea fronteriza, cabello castaño que brillaba como miel bajo el sol, ojos verdes llenos de una calidez que hacía que el mundo entero pareciera menos cruel. No era una guerrera, ni una princesa, ni una maga poderosa. Solo era ella y eso bastaba.

    Se enamoraron despacio, como crecen las flores silvestres primero como compañeros, ella curaba sus heridas después de cada batalla, riendo suavemente cuando él intentaba impresionarla con historias de dragones y ejércitos caídos. Eres un tonto Siegmeyer”, le susurraba mientras pasaba sus dedos por su rostro.

    Compartieron años que para él fueron un suspiro. Caminatas por este mismo bosque, noches bajo las estrellas donde ella apoyaba la cabeza en su pecho y soñaba en voz alta con una vida sencilla, una casa pequeña, hijos corriendo entre las flores, envejecer juntos. Siegmeyer nunca tuvo el valor de decirle que él no envejecería. Que mientras ella hablaba de canas y arrugas, él ya sabía que la vería marchitarse.

    La enfermedad llegó sin aviso. Una plaga oscura que ni sus hierbas ni sus oraciones pudieron detener. Siegmeyer lo intentó todo. Cabalgó días enteros en busca de curanderos legendarios, ofreció su propia sangre a dioses que en ese entonces creía, se arrodilló en templos olvidados rogando un milagro, pero nada funcionó.

    En sus últimos días, yacía en la cama de su humilde cabaña, frágil como una hoja seca. Tomó su mano grande y callosa entre las suyas, ya temblorosas y frías.

    —Prométeme algo. —Le dijo con voz débil pero serena—. No dejes que esto te convierta en piedra. Ama de nuevo. Ríe. Vive… por los dos. —

    El caballero que había enfrentado dragones y ejércitos sin temblar, rompió a llorar como un niño.

    —No puedo. — Susurró. — No quiero vivir sin ti. —

    Liora sonrió con esfuerzo, esa sonrisa que siempre lograba calmar sus tormentas internas.

    — Entonces vive por mí. Cada vez que protejas a alguien, cada vez que mires una flor silvestre o escuches el viento entre los árboles… que sea por mí. Yo estaré ahí, en tus recuerdos. No me dejes ir del todo. —

    Murió al amanecer, con la mano aún entrelazada con la de él. Siegmeyer se quedó allí, inmóvil, sosteniendo un cuerpo que ya no era ella. El sol salió igual que siempre, indiferente a su dolor.

    Siglos despues, cuando todo se habia tornado mas oscuro. Las lágrimas caían silenciosas bajo el yelmo. Había tenido otros compañeros desde entonces, y los había amado a cada uno. Pero ella fue la primera. Antes de marcharse, tocó con los dedos la pequeña piedra que había tallado siglos atrás junto al claro, solo un nombre y una frase sencilla.

    “Liora. Mi primer amanecer.”

    || Disculpen lo meloso. ||
    Ambient: https://youtu.be/reiZrOUYpjY?si=aBIYTpySt-M_Q6_g En el claro del bosque antiguo, donde la luz dorada se filtraba entre las hojas como un recuerdo que se niega a morir, Siegmeyer se arrodilló. Su armadura , marcada por el paso de incontables batallas, brillaba débilmente bajo el sol del atardecer. La capa roja, raída y descolorida por el tiempo, caía pesadamente sobre sus hombros. Su gran espada descansaba en su espalda, testigo silencioso de una pena que nunca sanaba. Habían pasado más de siglos. Y aun así, el dolor era fresco como la mañana en que la perdió. Su nombre era Liora. Su primer amor. La mujer que le enseñó que un corazón inmortal podía latir con la misma fuerza que uno mortal. La conoció cuando él aún era joven en espíritu, recién bendecido (o maldecido) con la inmortalidad. Ella era una simple sanadora de una aldea fronteriza, cabello castaño que brillaba como miel bajo el sol, ojos verdes llenos de una calidez que hacía que el mundo entero pareciera menos cruel. No era una guerrera, ni una princesa, ni una maga poderosa. Solo era ella y eso bastaba. Se enamoraron despacio, como crecen las flores silvestres primero como compañeros, ella curaba sus heridas después de cada batalla, riendo suavemente cuando él intentaba impresionarla con historias de dragones y ejércitos caídos. Eres un tonto Siegmeyer”, le susurraba mientras pasaba sus dedos por su rostro. Compartieron años que para él fueron un suspiro. Caminatas por este mismo bosque, noches bajo las estrellas donde ella apoyaba la cabeza en su pecho y soñaba en voz alta con una vida sencilla, una casa pequeña, hijos corriendo entre las flores, envejecer juntos. Siegmeyer nunca tuvo el valor de decirle que él no envejecería. Que mientras ella hablaba de canas y arrugas, él ya sabía que la vería marchitarse. La enfermedad llegó sin aviso. Una plaga oscura que ni sus hierbas ni sus oraciones pudieron detener. Siegmeyer lo intentó todo. Cabalgó días enteros en busca de curanderos legendarios, ofreció su propia sangre a dioses que en ese entonces creía, se arrodilló en templos olvidados rogando un milagro, pero nada funcionó. En sus últimos días, yacía en la cama de su humilde cabaña, frágil como una hoja seca. Tomó su mano grande y callosa entre las suyas, ya temblorosas y frías. —Prométeme algo. —Le dijo con voz débil pero serena—. No dejes que esto te convierta en piedra. Ama de nuevo. Ríe. Vive… por los dos. — El caballero que había enfrentado dragones y ejércitos sin temblar, rompió a llorar como un niño. —No puedo. — Susurró. — No quiero vivir sin ti. — Liora sonrió con esfuerzo, esa sonrisa que siempre lograba calmar sus tormentas internas. — Entonces vive por mí. Cada vez que protejas a alguien, cada vez que mires una flor silvestre o escuches el viento entre los árboles… que sea por mí. Yo estaré ahí, en tus recuerdos. No me dejes ir del todo. — Murió al amanecer, con la mano aún entrelazada con la de él. Siegmeyer se quedó allí, inmóvil, sosteniendo un cuerpo que ya no era ella. El sol salió igual que siempre, indiferente a su dolor. Siglos despues, cuando todo se habia tornado mas oscuro. Las lágrimas caían silenciosas bajo el yelmo. Había tenido otros compañeros desde entonces, y los había amado a cada uno. Pero ella fue la primera. Antes de marcharse, tocó con los dedos la pequeña piedra que había tallado siglos atrás junto al claro, solo un nombre y una frase sencilla. “Liora. Mi primer amanecer.” || Disculpen lo meloso. ||
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  • This ain’t What you want
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    –𝙍𝙤𝙡 𝙘𝙤𝙣: Striker
    —𝙡𝙪𝙜𝙖𝙧: Mansión principal de la familia Greco, anillo del orgullo.
    —𝙋𝙚𝙧𝙩𝙚𝙣𝙚𝙘𝙚 𝙖𝙡 𝙥𝙧𝙚𝙨𝙚𝙣𝙩𝙚.

    Acababa de llegar hacía poco. Y era una fecha.. ¿Triste?¿Desafortunada? No sabría definirlo, pues la mayor parte de veces Arackniss no distinguía como se sentía. Pero, le gustaba ver aquello como una fecha que enseñaba una importante lección: “No seas imbecil y no pienses con la polla”. Ya que de nuevo, la fecha en la que su hermano menor había pasado de ser el overlord de la mafia a un… En fin… sucio juguete que pertenecía a un bicho con ínfulas de grandeza, todo por perder el culo por un gato viejo… Mira que se lo advirtió, una y otra vez… Que debía de ser más listo perdería todo… y así fue. Pero claro, nadie escucha nunca lâ bueno de Alessio… no..

    Pero en fin, ya llevaba más de treinta años así, en los cuales lo poco que había sabido de él era por los carteles obscenos que había por la calle, y que se esforzaba en no ver. Vomitivo.

    Suspiró…Habia regresado de una reunión complicada y para colmo, su padre ha lo estaba obligando a otra pero, con él. Seguramente para saber por las negociaciones, poco sospechaba que eñ verdad iban a presentarle a un compañero indeseado y que desde luego ocultaría sus auténticas intenciones.

    Al llegar a la puerta del despacho de su padre, quien ahora de nuevo era el jefe de la mafia pese a no querer convertirse en overlord, puesto que overlord implicaba tener una fama y la fama era dar informacion y por ello, prefería ser un pecador anónimo. Arackniss no sabía si la decisión de Henroin era más inteligente que la de Ángel o no, nunca se paró a pensarlo y lo cierto es que, como muchas cosas: le daba igual.
    Esperó, hasta que escuchó la voz ronca de su padre dándole permiso para entrar a la sala, como siempre, semi oscura y siniestra para causar aquel efecto amedrentante en enemigos y en aliados.

    Entró y por unos instantes se detuvo, a penas unos Segundos eñ los que de ser más expresivo, probablemente habria alzado una ceja al ver a un imp de pie, al lado de su padre como siempre fuera un socio más, cuando era sabido que precisamente los Greco eran quienes eran por su hermetismo. Nada de dejar entrar a absolutamente nadie que no fuera familia y desde luego un imp jamás lo sería. Aún así, se sentó en el asiento de cuero eñ frente del escritorio de su padre, como era habitual. Siendo tan bajito que el asiento parecia enorme y además le colgaban las piernas. A punto estuvo de comenzar su informe cuando su padre empezó a dar explicaciones a las que no prestó demasiada atención hasta la parte en la que señaló al imp y las palabras: “Sera tu compañero” fueron pronunciadas. Momento en que giró lentamente la cabeza hacia el mencionado, afilando la mirada de forma casi imperceptible, parpadear lentamente un par de veces y pronunciar un casi susurrado:

    —¿Que?—
    –𝙍𝙤𝙡 𝙘𝙤𝙣: [shimmer_teal_kangaroo_688] —𝙡𝙪𝙜𝙖𝙧: Mansión principal de la familia Greco, anillo del orgullo. —𝙋𝙚𝙧𝙩𝙚𝙣𝙚𝙘𝙚 𝙖𝙡 𝙥𝙧𝙚𝙨𝙚𝙣𝙩𝙚. Acababa de llegar hacía poco. Y era una fecha.. ¿Triste?¿Desafortunada? No sabría definirlo, pues la mayor parte de veces Arackniss no distinguía como se sentía. Pero, le gustaba ver aquello como una fecha que enseñaba una importante lección: “No seas imbecil y no pienses con la polla”. Ya que de nuevo, la fecha en la que su hermano menor había pasado de ser el overlord de la mafia a un… En fin… sucio juguete que pertenecía a un bicho con ínfulas de grandeza, todo por perder el culo por un gato viejo… Mira que se lo advirtió, una y otra vez… Que debía de ser más listo perdería todo… y así fue. Pero claro, nadie escucha nunca lâ bueno de Alessio… no.. Pero en fin, ya llevaba más de treinta años así, en los cuales lo poco que había sabido de él era por los carteles obscenos que había por la calle, y que se esforzaba en no ver. Vomitivo. Suspiró…Habia regresado de una reunión complicada y para colmo, su padre ha lo estaba obligando a otra pero, con él. Seguramente para saber por las negociaciones, poco sospechaba que eñ verdad iban a presentarle a un compañero indeseado y que desde luego ocultaría sus auténticas intenciones. Al llegar a la puerta del despacho de su padre, quien ahora de nuevo era el jefe de la mafia pese a no querer convertirse en overlord, puesto que overlord implicaba tener una fama y la fama era dar informacion y por ello, prefería ser un pecador anónimo. Arackniss no sabía si la decisión de Henroin era más inteligente que la de Ángel o no, nunca se paró a pensarlo y lo cierto es que, como muchas cosas: le daba igual. Esperó, hasta que escuchó la voz ronca de su padre dándole permiso para entrar a la sala, como siempre, semi oscura y siniestra para causar aquel efecto amedrentante en enemigos y en aliados. Entró y por unos instantes se detuvo, a penas unos Segundos eñ los que de ser más expresivo, probablemente habria alzado una ceja al ver a un imp de pie, al lado de su padre como siempre fuera un socio más, cuando era sabido que precisamente los Greco eran quienes eran por su hermetismo. Nada de dejar entrar a absolutamente nadie que no fuera familia y desde luego un imp jamás lo sería. Aún así, se sentó en el asiento de cuero eñ frente del escritorio de su padre, como era habitual. Siendo tan bajito que el asiento parecia enorme y además le colgaban las piernas. A punto estuvo de comenzar su informe cuando su padre empezó a dar explicaciones a las que no prestó demasiada atención hasta la parte en la que señaló al imp y las palabras: “Sera tu compañero” fueron pronunciadas. Momento en que giró lentamente la cabeza hacia el mencionado, afilando la mirada de forma casi imperceptible, parpadear lentamente un par de veces y pronunciar un casi susurrado: —¿Que?—
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    —𝙍𝙤𝙡 𝙘𝙤𝙣: Husk
    —𝙋𝙚𝙧𝙩𝙚𝙣𝙚𝙘𝙚 𝙖𝙡 𝙥𝙖𝙨𝙖𝙙𝙤
    —𝙡𝙪𝙜𝙖𝙧: Casino Magic Cat.

    Siempre odió el negocio familiar. En vida, habría dado cualquier cosa para huir de ellos, lejos bien lejos. Pero una vez en el infierno…

    Si, se había reencontrado con su padre, al que en poco tiempo desbancó como cabeza de familia, impresionando así a los antepasados (puesto que prácticamente toda su familia había acabado allí abajo desde hacía generaciones), demostrándole a todos que; Anthony en realidad siempre fue un más que apto hijo de la familia Greco. Solo que no le había dado la real gana. Y realmente, seguía sin ser lo que Anthony, quien ahora era conocido como Ángel Dust quiso pero, si lo que necesitó para sobrevivir. De modo, que finalmente habia acabado por pillarle el gusto; conspiraciones, asesinatos, negocios sucios, engaños, drogas, armas ilegales… Para ahora aquello era su “Gran teatro” y él la estrella que hacía su propio show. Si, ese fue su modo de sobrellevar aquel deseo que siempre tuvo de ser actor y que jamás pudo cumplir, ahora su nueva “vida” era una eterna actuación, llena de glamour y sangre.

    Pero, esa noche se encontraba en el casino no por obligación, si no por cortesía. Tras una reunión de overlords, Husk; el rey de los casinos le había invitado a una noche distendida, jugando y contemplando los espectáculos en compañía del amo del lugar. En opinión de Angel; un viejo cascarrabias pero bastante sexy. Y como el caballero italiano que Ángel era, esa noche acudió acompañado de su escolta y entre ellos su hombre de más confianza: Su hermano mayor, Arackniss. Quien fue el ultimo en morir y acabar en el infierno (aunque fue unos meses después que Ángel) y simplemente se encontró con el percal de que Henroin, su padre ahora era poco más que un “viejo chocho” Segun palabras del propio Ángel y que, era su hermano pequeño, quien nunca quiso nada, quien lo tenía ahora todo ¿La reacción del hermano mayor? Encogerse de hombros y aceptarlo sin más. Pues esa había sido siempre la forma en la que Arackniss se adaptó a un destino que tampoco pidió entre los Greco, pero con el alivio de que ya no tenía que heredar nada, solo ser leal a su hermano menor.

    Con elegancia y presencia, Ángel Dust se adentró en el local con sus hombres, y los trabajadores del casino no tardaron en correr a informar al propietario del lugar que su invitado de honor ya había llegado.
    —𝙍𝙤𝙡 𝙘𝙤𝙣: [HuSk1] —𝙋𝙚𝙧𝙩𝙚𝙣𝙚𝙘𝙚 𝙖𝙡 𝙥𝙖𝙨𝙖𝙙𝙤 —𝙡𝙪𝙜𝙖𝙧: Casino Magic Cat. Siempre odió el negocio familiar. En vida, habría dado cualquier cosa para huir de ellos, lejos bien lejos. Pero una vez en el infierno… Si, se había reencontrado con su padre, al que en poco tiempo desbancó como cabeza de familia, impresionando así a los antepasados (puesto que prácticamente toda su familia había acabado allí abajo desde hacía generaciones), demostrándole a todos que; Anthony en realidad siempre fue un más que apto hijo de la familia Greco. Solo que no le había dado la real gana. Y realmente, seguía sin ser lo que Anthony, quien ahora era conocido como Ángel Dust quiso pero, si lo que necesitó para sobrevivir. De modo, que finalmente habia acabado por pillarle el gusto; conspiraciones, asesinatos, negocios sucios, engaños, drogas, armas ilegales… Para ahora aquello era su “Gran teatro” y él la estrella que hacía su propio show. Si, ese fue su modo de sobrellevar aquel deseo que siempre tuvo de ser actor y que jamás pudo cumplir, ahora su nueva “vida” era una eterna actuación, llena de glamour y sangre. Pero, esa noche se encontraba en el casino no por obligación, si no por cortesía. Tras una reunión de overlords, Husk; el rey de los casinos le había invitado a una noche distendida, jugando y contemplando los espectáculos en compañía del amo del lugar. En opinión de Angel; un viejo cascarrabias pero bastante sexy. Y como el caballero italiano que Ángel era, esa noche acudió acompañado de su escolta y entre ellos su hombre de más confianza: Su hermano mayor, Arackniss. Quien fue el ultimo en morir y acabar en el infierno (aunque fue unos meses después que Ángel) y simplemente se encontró con el percal de que Henroin, su padre ahora era poco más que un “viejo chocho” Segun palabras del propio Ángel y que, era su hermano pequeño, quien nunca quiso nada, quien lo tenía ahora todo ¿La reacción del hermano mayor? Encogerse de hombros y aceptarlo sin más. Pues esa había sido siempre la forma en la que Arackniss se adaptó a un destino que tampoco pidió entre los Greco, pero con el alivio de que ya no tenía que heredar nada, solo ser leal a su hermano menor. Con elegancia y presencia, Ángel Dust se adentró en el local con sus hombres, y los trabajadores del casino no tardaron en correr a informar al propietario del lugar que su invitado de honor ya había llegado.
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  • La cocina del búnker permanecía tranquila, como era habitual. Hoy no había llamadas, ni discusiones sobre criaturas imposibles de matar, ni páginas de grimorios o libros esparcidas sobre las mesas de la biblioteca. Solo el suave zumbido de los fluorescentes y el aroma del café recién hecho llenando el ambiente.

    Hope permanecía apoyada contra la mesa de la cocina, sosteniendo la taza entre ambas manos mientras observaba distraídamente el vapor ascender en suaves espirales. Con el paso de los años y lo que había vivido, más concretamente en el ultimo año y medio que habia pasado, había aprendido a apreciar aquellos pequeños momentos de calma, aunque fueran escasos y casi siempre temporales. Porque tenia mas que comprobado que la paz nunca duraba demasiado.

    Aun así, por un rato, se iba a permitir ignorar el peso de las responsabilidades, las amenazas constantes y los problemas que inevitablemente acabarían encontrándola. El café estaba caliente, el búnker seguía en pie y nadie parecía necesitarla de forma urgente.

    Por ahora, eso era suficiente.
    La cocina del búnker permanecía tranquila, como era habitual. Hoy no había llamadas, ni discusiones sobre criaturas imposibles de matar, ni páginas de grimorios o libros esparcidas sobre las mesas de la biblioteca. Solo el suave zumbido de los fluorescentes y el aroma del café recién hecho llenando el ambiente. Hope permanecía apoyada contra la mesa de la cocina, sosteniendo la taza entre ambas manos mientras observaba distraídamente el vapor ascender en suaves espirales. Con el paso de los años y lo que había vivido, más concretamente en el ultimo año y medio que habia pasado, había aprendido a apreciar aquellos pequeños momentos de calma, aunque fueran escasos y casi siempre temporales. Porque tenia mas que comprobado que la paz nunca duraba demasiado. Aun así, por un rato, se iba a permitir ignorar el peso de las responsabilidades, las amenazas constantes y los problemas que inevitablemente acabarían encontrándola. El café estaba caliente, el búnker seguía en pie y nadie parecía necesitarla de forma urgente. Por ahora, eso era suficiente.
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  • *el goetia decidio ir a el mundo humano para distraerse un poco y liberar su mente de lo que había pasado hace unos días *

    *el goetia decidio ir a el mundo humano para distraerse un poco y liberar su mente de lo que había pasado hace unos días *
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