• Nota psicológica — Sesión Nº 14
    Paciente: Luana

    Motivo de consulta: Trastorno por trauma complejo. Episodios disociativos.
    Observaciones clínicas:

    “Hoy trajo una imagen: una copa rota, sostenida únicamente por curitas. Dijo que así se siente: un recipiente que fue hecho para contener, pero que aprendió a funcionar quebrado.”

    1. Estado emocional durante la sesión
    Luana permaneció en silencio prolongado al inicio. No hubo llanto ni agitación externa, pero sí una tensión evidente en su postura: hombros elevados, manos entrelazadas, respiración contenida.
    Cuando se le pidió describir la imagen, respondió con una calma que no coincide con la gravedad de su relato emocional.

    2. Metáfora central del día: “La copa remendada”
    La imagen representa para ella:
    Fragmentación interna. Dice sentir que sus emociones “se filtran”, como si nunca lograra retener lo que debería.
    Intentos fallidos de reparación. Menciona que los “parches” son esfuerzos externos para hacerla funcionar, no elecciones propias.
    Fuga constante. Habla de que siempre hay algo escapándose de ella: confianza, seguridad, recuerdos.
    No hay referencias a daño físico; su lenguaje es simbólico, pero profundamente cargado.

    3. Revelaciones verbales relevantes
    Luana expresó que durante años le dijeron que debía “aguantar sin romperse”, que una grieta era “una traición”.
    Hoy, por primera vez, dijo:
    “No me rompí yo. Me rompieron.”
    Luego guardó silencio, como si escuchar sus propias palabras la desconcertara.

    4. Conductas observadas
    Evita contacto visual al hablar de su infancia.
    Muestra mayor firmeza emocional cuando menciona a los Carson, pero con un tono vacío, desprendido.
    Se aferra a su cuaderno durante toda la sesión; parece ser su único punto de seguridad.

    5. Proceso terapéutico actual
    Explora los recuerdos que durante años le enseñaron a ignorar o reinterpretar.
    Trabajamos en ayudarla a distinguir su identidad real de la que le impusieron.
    Presenta avances: reconoce que aquello que vivió no fue “entrenamiento” sino condicionamiento emocional extremo.

    6. Nota del terapeuta
    Luana muestra una fuerza silenciosa que parece nacida del dolor, pero intento ayudarla a comprender que su valor no depende de lo que soportó, sino de lo que todavía puede construir.

    La metáfora de la copa no indica peligro para sí misma; es una forma de describir su vulnerabilidad y las heridas emocionales que carga.
    🗂️ Nota psicológica — Sesión Nº 14 Paciente: Luana Motivo de consulta: Trastorno por trauma complejo. Episodios disociativos. Observaciones clínicas: “Hoy trajo una imagen: una copa rota, sostenida únicamente por curitas. Dijo que así se siente: un recipiente que fue hecho para contener, pero que aprendió a funcionar quebrado.” 1. Estado emocional durante la sesión Luana permaneció en silencio prolongado al inicio. No hubo llanto ni agitación externa, pero sí una tensión evidente en su postura: hombros elevados, manos entrelazadas, respiración contenida. Cuando se le pidió describir la imagen, respondió con una calma que no coincide con la gravedad de su relato emocional. 2. Metáfora central del día: “La copa remendada” La imagen representa para ella: Fragmentación interna. Dice sentir que sus emociones “se filtran”, como si nunca lograra retener lo que debería. Intentos fallidos de reparación. Menciona que los “parches” son esfuerzos externos para hacerla funcionar, no elecciones propias. Fuga constante. Habla de que siempre hay algo escapándose de ella: confianza, seguridad, recuerdos. No hay referencias a daño físico; su lenguaje es simbólico, pero profundamente cargado. 3. Revelaciones verbales relevantes Luana expresó que durante años le dijeron que debía “aguantar sin romperse”, que una grieta era “una traición”. Hoy, por primera vez, dijo: “No me rompí yo. Me rompieron.” Luego guardó silencio, como si escuchar sus propias palabras la desconcertara. 4. Conductas observadas Evita contacto visual al hablar de su infancia. Muestra mayor firmeza emocional cuando menciona a los Carson, pero con un tono vacío, desprendido. Se aferra a su cuaderno durante toda la sesión; parece ser su único punto de seguridad. 5. Proceso terapéutico actual Explora los recuerdos que durante años le enseñaron a ignorar o reinterpretar. Trabajamos en ayudarla a distinguir su identidad real de la que le impusieron. Presenta avances: reconoce que aquello que vivió no fue “entrenamiento” sino condicionamiento emocional extremo. 6. Nota del terapeuta Luana muestra una fuerza silenciosa que parece nacida del dolor, pero intento ayudarla a comprender que su valor no depende de lo que soportó, sino de lo que todavía puede construir. La metáfora de la copa no indica peligro para sí misma; es una forma de describir su vulnerabilidad y las heridas emocionales que carga.
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  • Adrián despertó con la luz pálida de la mañana filtrándose entre las cortinas. No saltó de la cama; se quedó unos segundos mirando el techo, escuchando el rumor distante de la ciudad que nunca terminaba de dormir. Tomó el teléfono, apagó la alarma antes de que sonara del todo y respiró hondo, como si ese gesto marcara el inicio oficial del día.

    Se levantó y fue directo al baño. El agua fría en el rostro lo despabiló lo suficiente para despejar la neblina del sueño. Se observó en el espejo sin demasiada atención, se pasó una mano por el cabello desordenado y apartó la mirada. Se vistió con ropa cómoda, la misma combinación sencilla de siempre, y antes de salir del cuarto tomó la cámara, revisando por costumbre que todo estuviera en su lugar.

    En la cocina preparó café. El sonido del agua hirviendo y el aroma amargo llenaron el departamento en silencio. Desayunó algo ligero, de pie, apoyado en la encimera, mirando por la ventana cómo la ciudad empezaba a moverse: gente apurada, autos, el día avanzando sin esperar a nadie. Dio el último sorbo, dejó la taza en el fregadero y colgó la cámara al cuello.

    Salió de casa y caminó sin prisa. Le gustaba recorrer unas cuantas calles antes de comer, como si así ordenara sus pensamientos. Observó escaparates, reflejos en los vidrios, sombras alargadas sobre la acera. Por un momento pensó en tomar una foto, pero decidió guardarlo para después.

    Entró a un pequeño café que frecuentaba. El lugar era tranquilo, con mesas de madera y una música suave de fondo. Se sentó cerca de la ventana y pidió lo de siempre. Mientras esperaba, apoyó la cámara a su lado y se quedó mirando hacia afuera, atento a los detalles: una pareja discutiendo en voz baja, un hombre leyendo el periódico, la luz entrando en ángulo perfecto.

    Cuando la comida llegó, comió despacio, sin distracciones. No era un momento especial, pero tampoco uno vacío. Era parte de su rutina, de esa calma frágil que había aprendido a construir. Al terminar, pagó, tomó su cámara y salió de nuevo a la calle, listo para dejar que el día siguiera su curso.
    Adrián despertó con la luz pálida de la mañana filtrándose entre las cortinas. No saltó de la cama; se quedó unos segundos mirando el techo, escuchando el rumor distante de la ciudad que nunca terminaba de dormir. Tomó el teléfono, apagó la alarma antes de que sonara del todo y respiró hondo, como si ese gesto marcara el inicio oficial del día. Se levantó y fue directo al baño. El agua fría en el rostro lo despabiló lo suficiente para despejar la neblina del sueño. Se observó en el espejo sin demasiada atención, se pasó una mano por el cabello desordenado y apartó la mirada. Se vistió con ropa cómoda, la misma combinación sencilla de siempre, y antes de salir del cuarto tomó la cámara, revisando por costumbre que todo estuviera en su lugar. En la cocina preparó café. El sonido del agua hirviendo y el aroma amargo llenaron el departamento en silencio. Desayunó algo ligero, de pie, apoyado en la encimera, mirando por la ventana cómo la ciudad empezaba a moverse: gente apurada, autos, el día avanzando sin esperar a nadie. Dio el último sorbo, dejó la taza en el fregadero y colgó la cámara al cuello. Salió de casa y caminó sin prisa. Le gustaba recorrer unas cuantas calles antes de comer, como si así ordenara sus pensamientos. Observó escaparates, reflejos en los vidrios, sombras alargadas sobre la acera. Por un momento pensó en tomar una foto, pero decidió guardarlo para después. Entró a un pequeño café que frecuentaba. El lugar era tranquilo, con mesas de madera y una música suave de fondo. Se sentó cerca de la ventana y pidió lo de siempre. Mientras esperaba, apoyó la cámara a su lado y se quedó mirando hacia afuera, atento a los detalles: una pareja discutiendo en voz baja, un hombre leyendo el periódico, la luz entrando en ángulo perfecto. Cuando la comida llegó, comió despacio, sin distracciones. No era un momento especial, pero tampoco uno vacío. Era parte de su rutina, de esa calma frágil que había aprendido a construir. Al terminar, pagó, tomó su cámara y salió de nuevo a la calle, listo para dejar que el día siguiera su curso.
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  • Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
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    ¡Arriba! El sol está brillando tanto como un cofre lleno de tesoros. #SeductiveSunday
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  • « Las heridas profundas jamás sanan, toma un arma para ejecutar las voces en tu cabeza o convive con ellas hasta el último hilo de aliento. »
    « Las heridas profundas jamás sanan, toma un arma para ejecutar las voces en tu cabeza o convive con ellas hasta el último hilo de aliento. »
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  • 𝑷𝑬𝑨𝑪𝑬 𝑾𝑨𝑺 𝑵𝑬𝑽𝑬𝑹 𝑨𝑵 𝑶𝑷𝑻𝑰𝑶𝑵
    Fandom Marvel
    Categoría Acción
    La situación actual con los centinelas no hacía más que darle la razón. Si tan solo lo hubieran escuchado cuando dijo que era un error confiar en la CIA y en todo lo que tuviera que ver con el gobierno, quizás las cosas podrían ser diferentes.

    El gobierno había decretado ley marcial, pero no era el ejército quien custodiaba las calles. Reemplazaron hombres por máquinas, por robots gigantes, cazadores de mutantes. Como si colocarles un collar inhibidor no fuese suficiente castigo, suficiente humillación para una raza incomprendida aunque claramente superior.

    Pesé a estar en desventaja, Erik había conseguido hacerse de un pequeño grupo de mutantes. Juntos eran la nueva resistencia, se reuinan una vez a la semana y en lugares diferentes, pasando el poco tiempo que tenían buscando la forma de quitarse ese artefacto del cuello aunque no habían tenido éxito, funcionaba igual para todos, soltando descargas eléctricas cuando trataban de extraerlos insertado alguna herramienta.

    Los gemelos Lensherr, Wanda y Pietro, también mutantes; trataban de que su padre desistiera de su idea por liberar a su gente pero Erik no entendía motivos ni razones. Había vivido una situación como esa en la infancia, más cruda y cruel, pero la situación actual no estaba muy lejos de tomar el camino que tomaron los alemanes.

    Prefería sacrificarse su vida, sacrificarse por sus hijos, por sus amigos, por todos aquellos mutantes que habían muerto injustamente. Decidió esperar para llevar a cabo su plan y tras burlar la seguridad en Industrias Trask, consiguió entrar haciéndose pasar por un obrebero, una elección inteligente y bastante acertada ya que en su mayoría eran mutantes.

    Aprovecho un descuido del arquitecto que los guiaba a la zona donde iban a trabajar y tras deambular por los corredores vacíos de la empresa, llego a la oficina de Bolivar Trask, el responsable de la nueva era de esclavitud mutante.

    Forzó la cerradura de la puerta y al entrar se encontro cara a cara con un hombre de cabello negro, sentado al otro lado del escritorio como si hubiera estado esperándolo. No conocía a ese hombre pero al menos no era el dueño de la empresa y eso lo tranquilizo.

    ──Disculpe, creíamos que este piso estaba vacío. Tiene que salir ahora, vamos a remodelar estas oficinas── Le explico al desconocido, señalando la identificación en su pecho que lo acreditaba como un obrero más.

    𝐃𝚄𝚂𝚃𝙸𝙽 𝚝𝚑𝚎 𝐏𝚒𝚕𝚘𝚝
    La situación actual con los centinelas no hacía más que darle la razón. Si tan solo lo hubieran escuchado cuando dijo que era un error confiar en la CIA y en todo lo que tuviera que ver con el gobierno, quizás las cosas podrían ser diferentes. El gobierno había decretado ley marcial, pero no era el ejército quien custodiaba las calles. Reemplazaron hombres por máquinas, por robots gigantes, cazadores de mutantes. Como si colocarles un collar inhibidor no fuese suficiente castigo, suficiente humillación para una raza incomprendida aunque claramente superior. Pesé a estar en desventaja, Erik había conseguido hacerse de un pequeño grupo de mutantes. Juntos eran la nueva resistencia, se reuinan una vez a la semana y en lugares diferentes, pasando el poco tiempo que tenían buscando la forma de quitarse ese artefacto del cuello aunque no habían tenido éxito, funcionaba igual para todos, soltando descargas eléctricas cuando trataban de extraerlos insertado alguna herramienta. Los gemelos Lensherr, Wanda y Pietro, también mutantes; trataban de que su padre desistiera de su idea por liberar a su gente pero Erik no entendía motivos ni razones. Había vivido una situación como esa en la infancia, más cruda y cruel, pero la situación actual no estaba muy lejos de tomar el camino que tomaron los alemanes. Prefería sacrificarse su vida, sacrificarse por sus hijos, por sus amigos, por todos aquellos mutantes que habían muerto injustamente. Decidió esperar para llevar a cabo su plan y tras burlar la seguridad en Industrias Trask, consiguió entrar haciéndose pasar por un obrebero, una elección inteligente y bastante acertada ya que en su mayoría eran mutantes. Aprovecho un descuido del arquitecto que los guiaba a la zona donde iban a trabajar y tras deambular por los corredores vacíos de la empresa, llego a la oficina de Bolivar Trask, el responsable de la nueva era de esclavitud mutante. Forzó la cerradura de la puerta y al entrar se encontro cara a cara con un hombre de cabello negro, sentado al otro lado del escritorio como si hubiera estado esperándolo. No conocía a ese hombre pero al menos no era el dueño de la empresa y eso lo tranquilizo. ──Disculpe, creíamos que este piso estaba vacío. Tiene que salir ahora, vamos a remodelar estas oficinas── Le explico al desconocido, señalando la identificación en su pecho que lo acreditaba como un obrero más. [PANDEM0NIO]
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  • Había decidido ayudar a su amiga Ꮶꭺꭱꭰꮖꭺ pero consideraba que trabajar de barista no era una profesión muy adecuada para un dragón.

    La única ventaja era poder beber el café que quisiera y culpar a Kardia en el proceso.
    Había decidido ayudar a su amiga [Kardia_cor] pero consideraba que trabajar de barista no era una profesión muy adecuada para un dragón. La única ventaja era poder beber el café que quisiera y culpar a Kardia en el proceso.
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  • “De vuelta al mundo…”
    Fandom Harry Potter
    Categoría Acción
    𝓙𝑒𝑠𝑠 𝓦𝑖𝑙𝑙𝑜𝑤𝑠

    Todavía sentía el vértigo en su estómago y las náuseas. Quería vomitar. Riley levantó la mirada del lavabo hacía su reflejo en el espejo de su cuarto de baño y una pálida muchacha de cabello oscuro y ojos marrones le devolvía la mirada. Hacía menos de 20 minutos que había echado a Balt de su apartamento.

    Cerró los ojos ante otra nueva náusea, y se concentró en respirar profundamente.

    “ — Uno,... dos,... tres,... –” Respiración profunda.

    – Estoy bien… Estoy bien… – se dijo, y apretó los bordes del mueble de lavabo como si fuera su ancla a ese estado de bienestar que estaba muy lejos de ser real.

    Volvió a respirar profundamente, y a contar hasta diez. Otra vez, y una vez más. Abrió los ojos, y la Riley que esta vez le devolvía la mirada no parecía estar a punto de perder el conocimiento o de echar hasta su primera papilla. La mujer que ahora le devolvía la mirada respiraba casi con normalidad y tenía un color menos… fantasmagórico.

    – Vale… Que no cunda el pánico… Vamos a analizar la situación y decidiré si mato a Balt… ¡Al idiota de Balthazar! Si se llama así, y no me ha mentido también en eso… – el pánico parecía que iba a volver a ganar la guerra — La idiota soy yo… Una idiota de los pies a la cabeza… Red Flags. Las malditas Red Flags, una tras otra, pero nooooo…. ¡NO! Yo como estúpida que soy, voy y decido ignorarlas toooodas… Un tío interesante, alto y guapo, con acento británico en Nueva York aparece por casualidad en mi biblioteca accediendo a una cita, que no era una cita, aun teniendo pareja… Y yo soy tan idiota de acceder a una amistad cuando siempre tomo distancia… Pero nooo, en esa ocasión decido… ¡Qué leches! Soy tan idiota que, aunque él me encanta y tengo cero oportunidades, dejarle entrar en mi vida… Y ¡Sorpresa! Todo lo hace porque soy la maldita hija de Alexander Barrow, no porque realmente hayamos conectado… No… solo era un jodido trabajo.. Y lo peor es que mi padre viene a por mí… Mi padre quien debería estar en Azkaban y tiene a todo el mundo engañado… Y yo en vez de estar aquí contándole mis dramas familiares y amoroso a un maldito espejo, debería estar denunciándolo en el Macusa…–.

    El discurso dicho en voz alta le robó las fuerzas en las piernas, sintiendo como le temblaban, y pudiendo caer al suelo sino fuera porque se mantenía bien sujeta al lavamanos. Decir en voz alta lo sucedido ayudaba. Era una táctica, no solo para poder sacar todos sus pensamientos de la cabeza y que no se convirtieran en un bucle de pensamientos recurrentes, también para tomar conciencia sobre sus siguientes pasos.

    Por el momento, y lo que Riley había sacado en claro de todo lo que Bob, apodo cariñoso por el que también se dirigía a él siendo la única que lo hacía, le había confesado era que, además de haberse acercado a ella por tema laboral, sin ahondar en cuestiones sentimentales (como era que Riley estaba enamorada de él), que la persona que estaba detrás de todo era Alexander Barrow, su padre. La estaba buscando, y eso implicaba que debía de hacer algo antes de que él la encontrase. En esos momentos no podía fiarse de nadie, y eso dejaba claro que si las cosas no habían funcionado, a su manera, tendría que utilizar otras formas; hacer una denuncia oficial.

    - Vale, vale, vale… Sé lo que tengo que hacer y… respira… uff, uno, dos, tres… mantengamos la calma… – Tomó aire, y agitó las manos intentando descargar tanta tensión. Se cuadró frente al espejo y se miró directamente. – Soy Anna… – dijo con inseguridad – Soy Anna Elise… Soy Anna Elise Barrow y vengo a denunciar la desaparición de Alexander Barrow… – Asintió con menos determinación de lo que su reflejo le devolvía.

    – Soy Anna Elise Barrow, y vengo a denunciar la desaparición de Alexander Barrow. Lo siento, papá, pero has ido demasiado lejos y es hora de volver al mundo –.

    Media hora después Riley, Anna, salía de su apartamento en Nueva York con la apariencia de cualquier muggle más. Llevaba su habitual vestimenta, y su chaquetón largo y un paraguas de mano. Además, de su bolso repleto de cosas muggles. Solo una cosa nueva; su varita. Un nuevo destino, el Macusa.

    El Macusa, un edificio subterráneo en el centro de Nueva York, mucho más monumental y señorial que el británico, al menos a ojos de Riley. Imponía estar allí. No solo por sus líneas rectas y el aspecto que daba la sensación de poder y control, también porque se sentía fuera de lugar. Se sentía extraña, como si ahora realmente fuera una farsante.

    Caminó por la amplia y majestuosa sala principal intentando disimular lo perdida que se sentía. Miró los diferentes carteles que derivan a salas que se distribuían por pasillos. “Archivos, juicios, cámaras de interrogatorios, Confiscación de artefactos…”. Continuó caminando por la sala en silencio leyendo los carteles que se encontraba y evitando los brujos y magos que se cruzaba con pasos apresurados.

    Parecía que no encontraría a dónde debía ir, y que aquel lugar donde no había siquiera ventanas y parecía que todo estaba hecho para sentirte pequeño, la devoraría sin tregua. Sus pasos se volvieron erráticos mirando a una u otra columnas hasta que se chocó de pronto contra alguien.

    – Lo siento… – se disculpó, encontrando a un hombre algo mayor que ella.

    – Tranquila… ¿Necesitas ayuda? –. preguntó mirando a la joven, claramente Riley daba la impresión de estar perdida.

    – Quería… quería ir al departamento de seguridad, pero estoy un poco pérdida… – se atrevió a confesar que no sabía a donde tenía que ir, tampoco es que estuviera haciendo nada malo, y en el Macusa no tenía nada que temer. Si Alexander la buscaba, allí no entraría.

    – No se preocupe, la acompaño… – dijo, señalando un pasillo que se perdía al fondo de la sala – Yo voy una planta más abajo, pero le indicaré cómo llegar –.

    Caminó junto al mago hacía el pasillo, y allí, en lo alto de la primera columna de granito oscuro que iba desde el suelo al techo, había un cartel que indicaba “Seguridad” encima de “Licencias”.

    – No te preocupes… La primera vez que entré en este edificio, bueno, digamos que terminé en una sala de juicios y me confundieron con el acusado… Fue un gran primer día –.

    Menos de cinco minutos después, Riley se encontraba en la recepción del departamento de seguridad.

    – Buenas tardes, soy Anna Elise Barrow y necesito hablar con un auror sobre Alexander Barrow… –
    [FIGHTERAUR0R] Todavía sentía el vértigo en su estómago y las náuseas. Quería vomitar. Riley levantó la mirada del lavabo hacía su reflejo en el espejo de su cuarto de baño y una pálida muchacha de cabello oscuro y ojos marrones le devolvía la mirada. Hacía menos de 20 minutos que había echado a Balt de su apartamento. Cerró los ojos ante otra nueva náusea, y se concentró en respirar profundamente. “ — Uno,... dos,... tres,... –” Respiración profunda. – Estoy bien… Estoy bien… – se dijo, y apretó los bordes del mueble de lavabo como si fuera su ancla a ese estado de bienestar que estaba muy lejos de ser real. Volvió a respirar profundamente, y a contar hasta diez. Otra vez, y una vez más. Abrió los ojos, y la Riley que esta vez le devolvía la mirada no parecía estar a punto de perder el conocimiento o de echar hasta su primera papilla. La mujer que ahora le devolvía la mirada respiraba casi con normalidad y tenía un color menos… fantasmagórico. – Vale… Que no cunda el pánico… Vamos a analizar la situación y decidiré si mato a Balt… ¡Al idiota de Balthazar! Si se llama así, y no me ha mentido también en eso… – el pánico parecía que iba a volver a ganar la guerra — La idiota soy yo… Una idiota de los pies a la cabeza… Red Flags. Las malditas Red Flags, una tras otra, pero nooooo…. ¡NO! Yo como estúpida que soy, voy y decido ignorarlas toooodas… Un tío interesante, alto y guapo, con acento británico en Nueva York aparece por casualidad en mi biblioteca accediendo a una cita, que no era una cita, aun teniendo pareja… Y yo soy tan idiota de acceder a una amistad cuando siempre tomo distancia… Pero nooo, en esa ocasión decido… ¡Qué leches! Soy tan idiota que, aunque él me encanta y tengo cero oportunidades, dejarle entrar en mi vida… Y ¡Sorpresa! Todo lo hace porque soy la maldita hija de Alexander Barrow, no porque realmente hayamos conectado… No… solo era un jodido trabajo.. Y lo peor es que mi padre viene a por mí… Mi padre quien debería estar en Azkaban y tiene a todo el mundo engañado… Y yo en vez de estar aquí contándole mis dramas familiares y amoroso a un maldito espejo, debería estar denunciándolo en el Macusa…–. El discurso dicho en voz alta le robó las fuerzas en las piernas, sintiendo como le temblaban, y pudiendo caer al suelo sino fuera porque se mantenía bien sujeta al lavamanos. Decir en voz alta lo sucedido ayudaba. Era una táctica, no solo para poder sacar todos sus pensamientos de la cabeza y que no se convirtieran en un bucle de pensamientos recurrentes, también para tomar conciencia sobre sus siguientes pasos. Por el momento, y lo que Riley había sacado en claro de todo lo que Bob, apodo cariñoso por el que también se dirigía a él siendo la única que lo hacía, le había confesado era que, además de haberse acercado a ella por tema laboral, sin ahondar en cuestiones sentimentales (como era que Riley estaba enamorada de él), que la persona que estaba detrás de todo era Alexander Barrow, su padre. La estaba buscando, y eso implicaba que debía de hacer algo antes de que él la encontrase. En esos momentos no podía fiarse de nadie, y eso dejaba claro que si las cosas no habían funcionado, a su manera, tendría que utilizar otras formas; hacer una denuncia oficial. - Vale, vale, vale… Sé lo que tengo que hacer y… respira… uff, uno, dos, tres… mantengamos la calma… – Tomó aire, y agitó las manos intentando descargar tanta tensión. Se cuadró frente al espejo y se miró directamente. – Soy Anna… – dijo con inseguridad – Soy Anna Elise… Soy Anna Elise Barrow y vengo a denunciar la desaparición de Alexander Barrow… – Asintió con menos determinación de lo que su reflejo le devolvía. – Soy Anna Elise Barrow, y vengo a denunciar la desaparición de Alexander Barrow. Lo siento, papá, pero has ido demasiado lejos y es hora de volver al mundo –. Media hora después Riley, Anna, salía de su apartamento en Nueva York con la apariencia de cualquier muggle más. Llevaba su habitual vestimenta, y su chaquetón largo y un paraguas de mano. Además, de su bolso repleto de cosas muggles. Solo una cosa nueva; su varita. Un nuevo destino, el Macusa. El Macusa, un edificio subterráneo en el centro de Nueva York, mucho más monumental y señorial que el británico, al menos a ojos de Riley. Imponía estar allí. No solo por sus líneas rectas y el aspecto que daba la sensación de poder y control, también porque se sentía fuera de lugar. Se sentía extraña, como si ahora realmente fuera una farsante. Caminó por la amplia y majestuosa sala principal intentando disimular lo perdida que se sentía. Miró los diferentes carteles que derivan a salas que se distribuían por pasillos. “Archivos, juicios, cámaras de interrogatorios, Confiscación de artefactos…”. Continuó caminando por la sala en silencio leyendo los carteles que se encontraba y evitando los brujos y magos que se cruzaba con pasos apresurados. Parecía que no encontraría a dónde debía ir, y que aquel lugar donde no había siquiera ventanas y parecía que todo estaba hecho para sentirte pequeño, la devoraría sin tregua. Sus pasos se volvieron erráticos mirando a una u otra columnas hasta que se chocó de pronto contra alguien. – Lo siento… – se disculpó, encontrando a un hombre algo mayor que ella. – Tranquila… ¿Necesitas ayuda? –. preguntó mirando a la joven, claramente Riley daba la impresión de estar perdida. – Quería… quería ir al departamento de seguridad, pero estoy un poco pérdida… – se atrevió a confesar que no sabía a donde tenía que ir, tampoco es que estuviera haciendo nada malo, y en el Macusa no tenía nada que temer. Si Alexander la buscaba, allí no entraría. – No se preocupe, la acompaño… – dijo, señalando un pasillo que se perdía al fondo de la sala – Yo voy una planta más abajo, pero le indicaré cómo llegar –. Caminó junto al mago hacía el pasillo, y allí, en lo alto de la primera columna de granito oscuro que iba desde el suelo al techo, había un cartel que indicaba “Seguridad” encima de “Licencias”. – No te preocupes… La primera vez que entré en este edificio, bueno, digamos que terminé en una sala de juicios y me confundieron con el acusado… Fue un gran primer día –. Menos de cinco minutos después, Riley se encontraba en la recepción del departamento de seguridad. – Buenas tardes, soy Anna Elise Barrow y necesito hablar con un auror sobre Alexander Barrow… –
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    Individual
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  • Había regresado del viaje con mi pareja Ashiël Volkøv a nuestro casa, el ambiente estaba algo tenso por una pequeña pelea que habíamos tenido pero sin embargo, seguíamos acurrucados juntos en el sofá.


    Entre suaves besos y suaves caricias empezamos a ceder un poco y decidimos salir, la noche estaba muy linda, muchas estrellas, clima frío y poco transito al parecer pero no sabíamos lo que nos esperaba.


    Ambos nos arreglamos para la ocasión, yo con un vestido azul medianoche y mi novio con un look casual pero elegante en los mismos tonos, dejamos a los tigres para salir camino al auto subiendo en este, yo había insistido en conducir pero no me dejaste entre suaves bromas y condujiste tu.


    Camino a nuestro lugar de cita nos encontramos pasando por un túnel, todo paso muy rápido, un auto se salio de su carril y en un intento por esquivarlo el asiento del copiloto quedó expuesto y recibí un gran impacto sintiendo un crujido seco en mi cabeza y luego... Nada, solo puedo ver oscuridad y escuchar la voz de alguien llamandome a lo lejos.
    Había regresado del viaje con mi pareja [Ashie1] a nuestro casa, el ambiente estaba algo tenso por una pequeña pelea que habíamos tenido pero sin embargo, seguíamos acurrucados juntos en el sofá. Entre suaves besos y suaves caricias empezamos a ceder un poco y decidimos salir, la noche estaba muy linda, muchas estrellas, clima frío y poco transito al parecer pero no sabíamos lo que nos esperaba. Ambos nos arreglamos para la ocasión, yo con un vestido azul medianoche y mi novio con un look casual pero elegante en los mismos tonos, dejamos a los tigres para salir camino al auto subiendo en este, yo había insistido en conducir pero no me dejaste entre suaves bromas y condujiste tu. Camino a nuestro lugar de cita nos encontramos pasando por un túnel, todo paso muy rápido, un auto se salio de su carril y en un intento por esquivarlo el asiento del copiloto quedó expuesto y recibí un gran impacto sintiendo un crujido seco en mi cabeza y luego... Nada, solo puedo ver oscuridad y escuchar la voz de alguien llamandome a lo lejos.
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  • ×~ Ah... Mira tú lo que encontró en su bolsillo... ¿Qué hacía esta foto allí? Via sonrió al verla... Pero después su alegría se transformó en tristeza... Y una muy profunda. Aún no supera que su padre la haya cambiado por un imbécil que le da duro todas las noches ~×
    ×~ Ah... Mira tú lo que encontró en su bolsillo... ¿Qué hacía esta foto allí? Via sonrió al verla... Pero después su alegría se transformó en tristeza... Y una muy profunda. Aún no supera que su padre la haya cambiado por un imbécil que le da duro todas las noches ~×
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  • | Flashback: Un wimbleton mas |


    —Cuando se empezo a correr la voz de que yo era descendiente de la familia Wimbleton, muchos empezaron a verme como un bicho raro, no podia concentrarme porque robaban mis libros o arrojaban mis cosas a la basura, y en las clases siempre los profesores tenian algo en contra mia por los crimenes de mi padre, mis notas bajaron y varias veces me amenzaron de muerte por ser quien era, asi que tuve que dejar de ser el chico bueno y dedicado y me tuve que endurecer mi caracter para sobrevivir a ese manicomio
    | Flashback: Un wimbleton mas | —Cuando se empezo a correr la voz de que yo era descendiente de la familia Wimbleton, muchos empezaron a verme como un bicho raro, no podia concentrarme porque robaban mis libros o arrojaban mis cosas a la basura, y en las clases siempre los profesores tenian algo en contra mia por los crimenes de mi padre, mis notas bajaron y varias veces me amenzaron de muerte por ser quien era, asi que tuve que dejar de ser el chico bueno y dedicado y me tuve que endurecer mi caracter para sobrevivir a ese manicomio
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