Anoche no dormí nada –Bosteza– me siento tan cansada.. espero que no te moleste si duermo un poco ¿Sí? –Murmura la chica mientras se pone cómoda en la cama y abraza una almohada, sus orejas felinas reaccionando ante el canto de los pájaros una última vez antes de quedarse quietas para poder descansar–
Anoche no dormí nada –Bosteza– me siento tan cansada.. espero que no te moleste si duermo un poco ¿Sí? –Murmura la chica mientras se pone cómoda en la cama y abraza una almohada, sus orejas felinas reaccionando ante el canto de los pájaros una última vez antes de quedarse quietas para poder descansar–
La lluvia había cesado hacía apenas una hora, pero el bosque seguía respirando humedad. El barro se adhería a las botas como manos débiles intentando arrastrar a los vivos bajo tierra, y entre los árboles desnudos por el frío se extendía una niebla tan espesa que el camino parecía deshacerse a pocos metros de distancia.
Odette avanzaba sola. Cubierta por su capa de tela gruesa color negro y con la capucha ocultando parte de su rostro, llevaba un pequeño farol de aceite en una mano y su bolso de cuero colgado al costado. Dentro tintineaban frascos, morteros pequeños y envoltorios de hierbas secas. El aire alrededor de ella olía a ajenjo, alcanfor y lirios del bosque.
Había abandonado el pueblo antes del amanecer tras recibir un encargo peculiar.
Un cazador había llegado moribundo a la botica la noche anterior. Alcanzó únicamente a murmurar sobre un pantano oculto entre los bosques del norte. Decía que en sus aguas crecía una planta imposible:
una flor pálida capaz de intensificar cualquier veneno o convertir un remedio en algo letal... Y ahora él estaba muerto.
Odette no confiaba en historias contadas por hombres agonizantes, pero sí confiaba en la expresión de terror que había visto en sus ojos.
Se detuvo un instante.
A lo lejos, entre la niebla, distinguió una luz cálida balanceándose lentamente. No parecía provenir de una casa ni de un campamento militar. Era móvil. Como una luciérnaga atrapada en una botella.
Un carruaje.
O algo parecido.
El sonido metálico de cadenas suaves y el relinchar cansado de un caballo terminaron de confirmar su sospecha.
Odette entrecerró apenas los ojos.
No era común encontrar viajeros en aquella ruta olvidada. Mucho menos comerciantes.
Y muchísimo menos comerciantes armados.
La herborista abandonó el sendero principal y avanzó entre los árboles húmedos hasta divisar finalmente la figura del desconocido: un mercader acompañado por un carromato repleto de cajas, cuchillos, pequeños frascos y puntas de flecha cuidadosamente envueltas en cuero oscuro.
Incluso desde lejos podía percibir el olor metálico del veneno.
Odette observó las mercancías con atención curiosa antes de hablar por primera vez.
—Tus flechas están impregnadas con eléboro negro… pero las dagas huelen a tejo y cicuta.—Su voz sonó tranquila, casi indiferente.—Una mezcla extraña... Y costosa también.
Sus ojos finalmente se dirigieron hacia el enano de armadura.
—¿Eres lo bastante valiente para atravesar el pantano del norte… o simplemente estás perdido?
Un trueno distante resonó entre los árboles.
Y por un instante, el bosque entero pareció quedarse en silencio.
Un silencio muerto. Expectante.
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༒
La lluvia había cesado hacía apenas una hora, pero el bosque seguía respirando humedad. El barro se adhería a las botas como manos débiles intentando arrastrar a los vivos bajo tierra, y entre los árboles desnudos por el frío se extendía una niebla tan espesa que el camino parecía deshacerse a pocos metros de distancia.
Odette avanzaba sola. Cubierta por su capa de tela gruesa color negro y con la capucha ocultando parte de su rostro, llevaba un pequeño farol de aceite en una mano y su bolso de cuero colgado al costado. Dentro tintineaban frascos, morteros pequeños y envoltorios de hierbas secas. El aire alrededor de ella olía a ajenjo, alcanfor y lirios del bosque.
Había abandonado el pueblo antes del amanecer tras recibir un encargo peculiar.
Un cazador había llegado moribundo a la botica la noche anterior. Alcanzó únicamente a murmurar sobre un pantano oculto entre los bosques del norte. Decía que en sus aguas crecía una planta imposible:
una flor pálida capaz de intensificar cualquier veneno o convertir un remedio en algo letal... Y ahora él estaba muerto.
Odette no confiaba en historias contadas por hombres agonizantes, pero sí confiaba en la expresión de terror que había visto en sus ojos.
Se detuvo un instante.
A lo lejos, entre la niebla, distinguió una luz cálida balanceándose lentamente. No parecía provenir de una casa ni de un campamento militar. Era móvil. Como una luciérnaga atrapada en una botella.
Un carruaje.
O algo parecido.
El sonido metálico de cadenas suaves y el relinchar cansado de un caballo terminaron de confirmar su sospecha.
Odette entrecerró apenas los ojos.
No era común encontrar viajeros en aquella ruta olvidada. Mucho menos comerciantes.
Y muchísimo menos comerciantes armados.
La herborista abandonó el sendero principal y avanzó entre los árboles húmedos hasta divisar finalmente la figura del desconocido: un mercader acompañado por un carromato repleto de cajas, cuchillos, pequeños frascos y puntas de flecha cuidadosamente envueltas en cuero oscuro.
Incluso desde lejos podía percibir el olor metálico del veneno.
Odette observó las mercancías con atención curiosa antes de hablar por primera vez.
—Tus flechas están impregnadas con eléboro negro… pero las dagas huelen a tejo y cicuta.—Su voz sonó tranquila, casi indiferente.—Una mezcla extraña... Y costosa también.
Sus ojos finalmente se dirigieron hacia el enano de armadura.
—¿Eres lo bastante valiente para atravesar el pantano del norte… o simplemente estás perdido?
Un trueno distante resonó entre los árboles.
Y por un instante, el bosque entero pareció quedarse en silencio.
Un silencio muerto. Expectante.
No me hago el duro, no, me hago el durísimo
Pero en el fondo te extraño muchísimo
Pasan los día', los meses y no puedo olvidarte
No me hago el duro, no, me hago el durísimo
Pero en el fondo te extraño muchísimo
Pasan los día', los meses y no puedo olvidarte
No me he podido olvidar de ti
Aún guardo lo' recuerdos dentro de mí
¿Pa' qué digo que no? Si sí
Si nunca he conocido alguien así, así, así
Mi frase y eslogan es el "Que onda pollo"
Cómo dijo un flaco de por ahí una vez.
No me hago el duro, no, me hago el durísimo
Pero en el fondo te extraño muchísimo
Pasan los día', los meses y no puedo olvidarte
No me hago el duro, no, me hago el durísimo
Pero en el fondo te extraño muchísimo
Pasan los día', los meses y no puedo olvidarte
No me he podido olvidar de ti
Aún guardo lo' recuerdos dentro de mí
¿Pa' qué digo que no? Si sí
Si nunca he conocido alguien así, así, así
Mi frase y eslogan es el "Que onda pollo"
En mis pensamientos sigues pero debo seguir con mi deber como trazacaminos, anónima de expreso Astral, es importante ayudar y crear vínculos qué nos ayuden a futuro...
Solo recueda donde sea que estés, estas palabras son solo para ti.
"No tienes la culpa de nada, un amor construido en expectativas ajenas, es tan frágil como un copo de nieve, quien te ame te aceptará con tus defectos y virtudes, no te pedirá cambiar para encajar en su ideal, el amor es libertar, no ataduras, el amor es respetar la esencia misma de la persona amada, no obligarle a cambiar, el amor es construir, complementar..
Porque pese a la distancia, el amor de la persona que realmente te ama, estará a tu lado, respetando tu libertad y tu esencia misma sin pedirte cambiar... "
*Sonríe con melancolía tocado el cristal de la ventana*
Además ya eres perfecto y valioso tal y como eres, respeto esa forma tuya de ser, junto a todo lo que te hace ser tu mismo, para mi eres una persona de lo mas maravillosa y especial....
En mis pensamientos sigues pero debo seguir con mi deber como trazacaminos, anónima de expreso Astral, es importante ayudar y crear vínculos qué nos ayuden a futuro...
Solo recueda donde sea que estés, estas palabras son solo para ti.
"No tienes la culpa de nada, un amor construido en expectativas ajenas, es tan frágil como un copo de nieve, quien te ame te aceptará con tus defectos y virtudes, no te pedirá cambiar para encajar en su ideal, el amor es libertar, no ataduras, el amor es respetar la esencia misma de la persona amada, no obligarle a cambiar, el amor es construir, complementar..
Porque pese a la distancia, el amor de la persona que realmente te ama, estará a tu lado, respetando tu libertad y tu esencia misma sin pedirte cambiar... "
*Sonríe con melancolía tocado el cristal de la ventana*
Además ya eres perfecto y valioso tal y como eres, respeto esa forma tuya de ser, junto a todo lo que te hace ser tu mismo, para mi eres una persona de lo mas maravillosa y especial....
Para algunos chicos del salón soy un héroe.
El tipo que aparece cuando los problemas empiezan.
El que se mete en peleas aunque salga lastimado.
El que no baja la cabeza frente a nadie.
Pero para los pandilleros soy un villano.
Un problema constante.
Un chico que arruinó negocios, peleas callejeras y la reputación de más de uno.
Aunque si tengo que ser sincero… ninguno de los dos está en lo correcto.
Porque la verdad es más simple.
Soy una porquería como persona.
En resumidas palabras, ando de pelea en pelea.
Los nudillos marcados, la cara llena de golpes y la cabeza peor que el cuerpo.
No importa si es dentro de la escuela, en callejones, gimnasios clandestinos o estacionamientos vacíos. Siempre termino golpeando a alguien… o alguien termina golpeándome a mí.
Todo empezó cuando era más chico.
Aprendí rápido que en mi mundo el miedo era como sangre para los perros. Si mostrabas debilidad, estabas muerto. Así que me acostumbré a pelear antes de hablar. A mirar mal antes de confiar. A lanzar el primer golpe antes de terminar en el suelo.
En la escuela me conocen como el estudiante problemático.
El chico inteligente que desperdicia su vida.
Profesores decepcionados.
Compañeros que me tienen miedo.
Y otros que me siguen como si fuera algún tipo de leyenda.
Después de clases desaparezco en gimnasios de mala muerte.
El sonido de los guantes golpeando el saco se volvió más familiar que cualquier voz humana.
Boxeo, MMA, peleas clandestinas… cualquier cosa sirve mientras mi cabeza deje de pensar por unos minutos.
Muchos creen que peleo para proteger gente.
A veces es verdad.
Pero otras veces solo estoy buscando una excusa para destruirme un poco más.
Porque cada pelea me hace sentir vivo.
Y al mismo tiempo me hunde más.
Las noches son las peores.
Vuelvo a casa con sangre seca en las manos, me miro al espejo y apenas reconozco al chico que tengo enfrente.
Un estudiante modelo por fuera.
Un monstruo cansado por dentro.
Aun así, cuando alguien necesita ayuda… termino apareciendo.
Tal vez porque sé lo que se siente estar solo.
Tal vez porque en el fondo todavía quiero creer que no estoy completamente roto.
Mi nombre es Kang Woo-min.
Y aunque muchos me llamen héroe o villano… la realidad es que solo soy una mierda que esta perdido yque nunca aprendió otra forma de vivir que no fuera peleando.
Para algunos chicos del salón soy un héroe.
El tipo que aparece cuando los problemas empiezan.
El que se mete en peleas aunque salga lastimado.
El que no baja la cabeza frente a nadie.
Pero para los pandilleros soy un villano.
Un problema constante.
Un chico que arruinó negocios, peleas callejeras y la reputación de más de uno.
Aunque si tengo que ser sincero… ninguno de los dos está en lo correcto.
Porque la verdad es más simple.
Soy una porquería como persona.
En resumidas palabras, ando de pelea en pelea.
Los nudillos marcados, la cara llena de golpes y la cabeza peor que el cuerpo.
No importa si es dentro de la escuela, en callejones, gimnasios clandestinos o estacionamientos vacíos. Siempre termino golpeando a alguien… o alguien termina golpeándome a mí.
Todo empezó cuando era más chico.
Aprendí rápido que en mi mundo el miedo era como sangre para los perros. Si mostrabas debilidad, estabas muerto. Así que me acostumbré a pelear antes de hablar. A mirar mal antes de confiar. A lanzar el primer golpe antes de terminar en el suelo.
En la escuela me conocen como el estudiante problemático.
El chico inteligente que desperdicia su vida.
Profesores decepcionados.
Compañeros que me tienen miedo.
Y otros que me siguen como si fuera algún tipo de leyenda.
Después de clases desaparezco en gimnasios de mala muerte.
El sonido de los guantes golpeando el saco se volvió más familiar que cualquier voz humana.
Boxeo, MMA, peleas clandestinas… cualquier cosa sirve mientras mi cabeza deje de pensar por unos minutos.
Muchos creen que peleo para proteger gente.
A veces es verdad.
Pero otras veces solo estoy buscando una excusa para destruirme un poco más.
Porque cada pelea me hace sentir vivo.
Y al mismo tiempo me hunde más.
Las noches son las peores.
Vuelvo a casa con sangre seca en las manos, me miro al espejo y apenas reconozco al chico que tengo enfrente.
Un estudiante modelo por fuera.
Un monstruo cansado por dentro.
Aun así, cuando alguien necesita ayuda… termino apareciendo.
Tal vez porque sé lo que se siente estar solo.
Tal vez porque en el fondo todavía quiero creer que no estoy completamente roto.
Mi nombre es Kang Woo-min.
Y aunque muchos me llamen héroe o villano… la realidad es que solo soy una mierda que esta perdido yque nunca aprendió otra forma de vivir que no fuera peleando.
Estabas plácidamente dormido... Era un sábado por la noche disfrutabas de la noche... Sin embargo... Una notificación perturba tu sueño... Ves de que se trata? Era tu compañera de casa? Al parecer había publicado algo en su Facebook una foto sugerente y un enlace a un stream...~ alguien había puesto la publicación en el lugar equivocado... Es tu decisión ir a ver qué hace en su habitacion~ mientras ves como el stream va empezando así:
Estabas plácidamente dormido... Era un sábado por la noche disfrutabas de la noche... Sin embargo... Una notificación perturba tu sueño... Ves de que se trata? Era tu compañera de casa? Al parecer había publicado algo en su Facebook una foto sugerente y un enlace a un stream...~ alguien había puesto la publicación en el lugar equivocado... Es tu decisión ir a ver qué hace en su habitacion~ mientras ves como el stream va empezando así:
— Hey, ¿Alguna vez has oído hablar del "Gran Atractor"? Es una anomalía gravitacional de colosal tamaño, bueno, podría decirse qué... Yo también puedo ocupar el rol del Gran Atractor, ya que sin él, no habría nada. Y no, no es por tirarme flores, al contrario, es para que sepas que aparte de una fuerza del Universo, también hay otra que la respalda, el Gran Atractor me ha respaldado tanto cómo yo a él.
— Hey, ¿Alguna vez has oído hablar del "Gran Atractor"? Es una anomalía gravitacional de colosal tamaño, bueno, podría decirse qué... Yo también puedo ocupar el rol del Gran Atractor, ya que sin él, no habría nada. Y no, no es por tirarme flores, al contrario, es para que sepas que aparte de una fuerza del Universo, también hay otra que la respalda, el Gran Atractor me ha respaldado tanto cómo yo a él.
Maldigo, un siseo visceral que la tormenta se traga.
Tres de la mañana.
El agua golpea el asfalto y rebota directo contra mis piernas.
Pateo el suelo con rabia.
Miro el maldito teléfono por quinta vez: nada.
Mi chófer se ha esfumado y no responde.
Voy a matarlo tan pronto tenga su carita a mi alcance.
— Maldita sea.
Escupo las palabras al teléfono, botándolo dentro de mi bolso.
— Hijo de puta. Vas a pagar muy caro cada minuto de este maldito retraso.
Las luces del hotel a mis espaldas iluminan la noche.
La fiesta del penthouse es una basura.
Idiotas corrientes y aburridos.
Perras plásticas, falsas y complacientes.
Bajé buscando aire, distancia y control.
Ahora esto.
El agua helada ya empapa mi cabello, resbala por mi cuello y se filtra bajo el vestido pegándolo a mi cuerpo como una segunda piel.
El frío me eriza la piel, pero la furia me quema por dentro.
Estoy atrapada, empapada y molesta.
Maldigo, un siseo visceral que la tormenta se traga.
Tres de la mañana.
El agua golpea el asfalto y rebota directo contra mis piernas.
Pateo el suelo con rabia.
Miro el maldito teléfono por quinta vez: nada.
Mi chófer se ha esfumado y no responde.
Voy a matarlo tan pronto tenga su carita a mi alcance.
— Maldita sea.
Escupo las palabras al teléfono, botándolo dentro de mi bolso.
— Hijo de puta. Vas a pagar muy caro cada minuto de este maldito retraso.
Las luces del hotel a mis espaldas iluminan la noche.
La fiesta del penthouse es una basura.
Idiotas corrientes y aburridos.
Perras plásticas, falsas y complacientes.
Bajé buscando aire, distancia y control.
Ahora esto.
El agua helada ya empapa mi cabello, resbala por mi cuello y se filtra bajo el vestido pegándolo a mi cuerpo como una segunda piel.
El frío me eriza la piel, pero la furia me quema por dentro.
Estoy atrapada, empapada y molesta.