• Bueno está bien una antes de dormir si? *Envia una foto*
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  • —¿Qué objeto tiene, por qué razón debería seguir luchando por avanzar si siempre es mi culpa?


    —Se sentía como si las cosas malas que le sucedian, fueran totalmente planificadas para destrozar lo ya roto, como si dios deseara enviarle una pequeña gota de felicidad para luego obligarlo a ahogarse en un mar de tragedias, decepciónes, traiciones y manipulaciónes, el ya no era un simple niño, pero aún así, era tan fácil de engañar como uno, y eso era lo que más le molestaba siempre—
    —¿Qué objeto tiene, por qué razón debería seguir luchando por avanzar si siempre es mi culpa? —Se sentía como si las cosas malas que le sucedian, fueran totalmente planificadas para destrozar lo ya roto, como si dios deseara enviarle una pequeña gota de felicidad para luego obligarlo a ahogarse en un mar de tragedias, decepciónes, traiciones y manipulaciónes, el ya no era un simple niño, pero aún así, era tan fácil de engañar como uno, y eso era lo que más le molestaba siempre—
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  • —Nos remontamos a los inicios de la decadencia mental de Hank, a sus 17 años se suponía que debía ser asesinado a manos de su padre por no querer ser su mano derecha, pero mientras su padre lo estrangulaba hasta que la cara de Hank se puso azul, decidió ceder ante su reclamo—

    —H-ha..re l-l-lo que me...pidas

    —Dijo Hank con pocas fuerzas y aire, su padre aflojó la presión sobre su cuello y lo vio a los ojos—


    : " Sabía que todos esos golpes de niño te harían entender bien las cosas de adulto "


    —Dijo Michael mientras apartaba sus manos de su cuello y ayudaba a Hank a ponerse de pie—


    —: "Bienvenido a la tropa mi muchacho "


    —Michael abrazo a su hijo, era la primera vez que su padre le mostraba afecto físico en toda su vida, para Hank, era como si perdiera su dignidad y su esencia como persona, todo lo que le había instruido su madre acerca del equilibrio entre el bien y mal ahora no serviría para nada, porque su mente debía recordar el mensaje: "Es preferible morir como León antes que morir como una oveja—
    —Nos remontamos a los inicios de la decadencia mental de Hank, a sus 17 años se suponía que debía ser asesinado a manos de su padre por no querer ser su mano derecha, pero mientras su padre lo estrangulaba hasta que la cara de Hank se puso azul, decidió ceder ante su reclamo— —H-ha..re l-l-lo que me...pidas —Dijo Hank con pocas fuerzas y aire, su padre aflojó la presión sobre su cuello y lo vio a los ojos— —👤: " Sabía que todos esos golpes de niño te harían entender bien las cosas de adulto " —Dijo Michael mientras apartaba sus manos de su cuello y ayudaba a Hank a ponerse de pie— 👤—: "Bienvenido a la tropa mi muchacho " —Michael abrazo a su hijo, era la primera vez que su padre le mostraba afecto físico en toda su vida, para Hank, era como si perdiera su dignidad y su esencia como persona, todo lo que le había instruido su madre acerca del equilibrio entre el bien y mal ahora no serviría para nada, porque su mente debía recordar el mensaje: "Es preferible morir como León antes que morir como una oveja—
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  • Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
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    El abismo no suele recibir tantas visitas, y definitivamente es la primera vez que se siente vigilado... Como se le da muy mal ser sociable, Auden prefiere no moverse mucho y simplemente ofrecerles a todos una pequeña flor de oscuridad. Bienvenidos a su inmensa morada.
    El abismo no suele recibir tantas visitas, y definitivamente es la primera vez que se siente vigilado... Como se le da muy mal ser sociable, Auden prefiere no moverse mucho y simplemente ofrecerles a todos una pequeña flor de oscuridad. Bienvenidos a su inmensa morada.
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  • Por favor toma asiento

    -comento la inteligencia chasqueando dos dedos para que la silla ante el retrocediera a espera de que su invitada se sentará para volver a reacomodar se cerca de la mesa.
    Extendió los brazos mostrando con orgullo todo a su alrededor, hasta el más mínimo detalle o mota de polvo a sido creado por el mismo todo pensado en el bienestar y gustos de su señora-

    Bienvenida a tu luna bajo la luz de un restaurante. Con su cocinero y diseñador favorito CAINE

    -bajo la mano levantando lentamente la bandeja de plata mostrando en su interior un cocodrilo de goma acompañado de rosas cuyos ojos parpadean como si estuvieran vivas y camarones fritos que cantaban haciendo sonidos de camarón -

    Espero que sea de tu agrado

    Crisana Melvir
    Por favor toma asiento -comento la inteligencia chasqueando dos dedos para que la silla ante el retrocediera a espera de que su invitada se sentará para volver a reacomodar se cerca de la mesa. Extendió los brazos mostrando con orgullo todo a su alrededor, hasta el más mínimo detalle o mota de polvo a sido creado por el mismo todo pensado en el bienestar y gustos de su señora- Bienvenida a tu luna bajo la luz de un restaurante. Con su cocinero y diseñador favorito CAINE -bajo la mano levantando lentamente la bandeja de plata mostrando en su interior un cocodrilo de goma acompañado de rosas cuyos ojos parpadean como si estuvieran vivas y camarones fritos que cantaban haciendo sonidos de camarón - Espero que sea de tu agrado [CrisMelvir1]
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  • Alguien voló sobre el nido del cuco
    Fandom Clan Ishtar
    Categoría Original
    https://www.youtube.com/watch?v=_1_IXFQY5Wk&list=LL&index=113

    Aeropuerto Internacional de San Francisco.
    Noche. No importa la hora.
    Multitud. Cada uno de ellos, cual animal de pastoreo se dirige a su destino.
    Sin mirar a los lados. Con sus ojos sobre sus pertenencias, móvil o pendientes de alguna tontería del estilo.

    Hacía unas semanas, las dudas habían asaltado mi mente.
    Mi familia había comenzado a preocuparse. Los cambios en mi actitud eran evidentes.
    Pero no había forma de que les dijese que mi propia personalidad estaba indefinida.
    Que, como dice el dicho, la cabra tira al monte. Y lo que siempre había sido, estaba volviendo para reclamar su lugar.

    Al inicio me encontraba reticente.
    Era consciente de la oscuridad que albergaba. Del peligro que podía suponer. De que, entregarle el mando a alguien más podría suponer el fin de lo que conocía.
    Por otra parte, era cuestión de tiempo que acabase pasando.
    Y pedir ayuda no era una opción.
    No cuando hay una parte de mi que comienza a aceptar lo que está pasando.
    Y tras aquel día donde por primera vez tras mucho tiempo, mi cabello platinado comenzaba a ennegrecerse en sus raíces mientras me había manchado de sangre de la misma forma que podría haber estado lloviendo sobre mi, cada vez una dualidad que no tenía lugar estaba comenzando a manifestarse.

    Sin embargo, no tardé tanto en decidir.

    No pasó nada. Simplemente, quise hacerlo.

    Me levanté. Me vi al espejo. Me di cuenta de lo muerta que se había vuelto mi mirada. De que mi impecablemente peinado cabello hacía días que comenzaba a estar revuelto.

    Y, como quien se encuentra tras tanto tiempo con un viejo amigo, abracé la oscuridad por completo.

    Sin miedo, de manera inesperada y por primera vez, cerré los ojos.
    Extendí la mano.
    Concentré todo el poder del contrato en las puntas de mis dedos.
    Y haciendo el gesto de haber girado una llave, entré a su plano.

    Cuando abrí los ojos, me encontraba en ese lugar.

    Veinte años atrás, estaba totalmente aterrorizado. Yo mismo y sin poderes, no entendía nada. ¿Era un lugar? ¿Una presencia? ¿Por qué mi cabeza me decía que estas escaleras de Escher eran correctas e incorrectas al mismo tiempo? ¿Que lo estaba entendiendo y a la vez no?
    Sentía un miedo que me rebajaba a lo humano.
    Me sometía ante el.
    Y ante todo, me recordaba que había siempre algo por encima de mi a lo que me convenía someterme.

    En este momento, lo estaba haciendo con determinación.
    Conciencia.
    Sabía de sobra lo que había.
    La presencia seguía siendo igual de abrumadora.
    Pero yo había cambiado.
    Entiendo que no entiendo. Sé que puedo lo que no puedo. Donde todo comienza y termina, sé y a la vez no sé lo que hay y deja de haber.

    ── Debes estar confuso. ── dije. Mi antigua personalidad había resquebrajado un sello que parecía imposible. Y de igual manera, la conjunción y armonía de ambas personalidades, pasada y presente, habían encontrado un hilo del que tirar.

    Una voz parece oírse. Desde todas partes, desde dentro de mi, en mi propia mente. Esta presencia omnipotente, omnisciente…era su manera de hacerse ver.
    Él sabía mejor que nadie que haber decidido trascender y existir como algo mucho más allá de algo físico era la manera de ser el más poderoso.
    Nadie podía atacar su propia mente.
    Nadie podía acorralar algo que no pudiese definir.
    Se había refugiado en cada presencia, cada mente, cada individuo capaz de interpretar la realidad.
    Él existía a través de ello. Y mientras la realidad siguiese en el mismo plano, su existencia sería eterna.

    ── Mi Apóstol. Algo te inquieta. ──. Sus palabras son medidas. Nunca se ha expresado más de lo necesario. No lo consideraba.

    ── No. Simplemente he venido a tomar lo que considero mío. ──

    Son palabras mayores frente a la mismísima identidad que rige lo que cada individuo hasta la fecha ha considerado como “alma”.
    Nadie tenía la respuesta acerca de su propia conciencia.
    Montones de religiones habían surgido, creado a sus dioses, sus demonios, conceptualizado lo que había tras la muerte.
    La misma ciencia era incapaz de explicar del todo la realidad que rodea a cada individuo.
    Y no dejaba de ser tremendamente presuntuoso que un único individuo con su poder prestado pareciese desafiarle.

    ── ¿Será? ──

    El susurro, proveniente de cada centímetro y de cada espacio visible o imperceptible se deja sentir.

    ── Eres un ciclo. Yo también lo soy. Cuando me muera, dejarás de tener poder sobre mi. Esa es la primera ley: tu poder no es omnipotente. Tu alcance está limitado, y juegas con ello. Sabes que la existencia se repite. Cambia su forma. Muta su esencia. Evoluciona e involuciona

    Manejas lo que hace que la existencia tenga parte de su sentido. Si no hay nada o nadie capaz de ver, ser parte y perpetuar el ciclo, simplemente tu poder se apagaría.

    Navaja de Ockam. El alma…son impulsos. Eléctricos, a nuestro parecer y definición. Hacen que a través de ello y gracias a ello, puedas canalizarte.

    Sin nada de ello, sólo tú sabes lo que serías.

    Pero que incluso algo omnisciente sepa que debe… ──

    Mis palabras son interrumpidas por su risa.
    Grave.
    Absoluta.

    ── Una respuesta muy humana. ──

    Se queda callado.
    Me quedo quieto.
    Mi mirada sigue sin cambiar.
    ¿Siquiera pienso que he acertado en algo? ¿Que he podido ganarle a una entidad de la que depende directamente que cada ser actuante, más divino, más inmortal o más todopoderoso que exista pueda hacer hasta el más mínimo acto?
    El solo planteamiento suena como una mala broma.

    ── Sabía que te llegarías a dar cuenta. Negar una parte de ti. Tratar de aceptar sólo lo que quieres. Has entendido que es ilógico. ──

    El silencio sigue un momento más.

    ── Sin embargo, hay algo que no has entendido hasta ahora. No eres mi siervo. Eres mi Apóstol. Siempre has sido capaz de usar mi poder a tu libertad. Jamás te impuse límite alguno. Recuerda. ──

    Y entonces, me doy cuenta.
    Los términos del contrato nunca especificaban castigo alguno si lo “rompía”.
    Ni siquiera tenía prohibido hablar del demonio.

    ── Veo que lo entiendes. ──

    Vuelvo a abrir los ojos.
    A ver el ordinario y tan normal mundo que me rodea.
    Y ahora, mi alma resuena plenamente. He comprendido todo.

    No es que tuviese prohibido hablar del demonio de la cognición. Es que yo mismo no iba a permitir que semejante poder pudiese siquiera conocerlo alguien más. Hacerlo hubiese supuesto un punto débil. Desventajoso, tremendamente, en mi contra.

    No es que yo me estuviese defendiendo. Es que, aquella noche esperé a que se confiasen cada uno de los doce asaltantes.
    Pude haberlos inhabilitado. Y los maté a sangre fría. Todos y cada uno.

    Ante todo, el motivo real de que esta mi personalidad hubiese quebrantado un sello que parecía tan prohibido.
    Piedad. Amor. Egoísmo. Desconozco como definirlo.
    Pero cuando Fenrir nació, algo dentro de mi me dijo que su bondad, su inocencia, su integridad en un mundo tan corrupto, sería a cambio de volver a lo que había olvidado.
    Usar la cognición rompía el sello que me permitía ser un demonio más. Pertenecer a la nobleza Jaegerjaquez e Ishtar de pleno derecho. Apartar un lado humano que no necesitaba.
    Irónicamente, un lado demoníaco con un corazón más humano era el que estaba negando a un humano con el corazón más demoníaco.
    Un poco de luz en la sombra y un poco de sombra en la luz. Todo se encontraba en equilibrio.
    Pero en este momento, soy un demonio puro con un corazón demoníaco.
    El amor de un padre, dirían algunos.
    La continuación de un legado, podría decir yo.

    Y sobre todo, no es que estuviese dándome cuenta de todo esto ahora.
    Por pura comodidad, no he querido asumirlo antes.
    Pero por dentro, hervía de ganas.

    Como demonio que soy, si ni siquiera mis propios congéneres me maldicen, mal honor habré hecho a mi especie.
    https://www.youtube.com/watch?v=_1_IXFQY5Wk&list=LL&index=113 Aeropuerto Internacional de San Francisco. Noche. No importa la hora. Multitud. Cada uno de ellos, cual animal de pastoreo se dirige a su destino. Sin mirar a los lados. Con sus ojos sobre sus pertenencias, móvil o pendientes de alguna tontería del estilo. Hacía unas semanas, las dudas habían asaltado mi mente. Mi familia había comenzado a preocuparse. Los cambios en mi actitud eran evidentes. Pero no había forma de que les dijese que mi propia personalidad estaba indefinida. Que, como dice el dicho, la cabra tira al monte. Y lo que siempre había sido, estaba volviendo para reclamar su lugar. Al inicio me encontraba reticente. Era consciente de la oscuridad que albergaba. Del peligro que podía suponer. De que, entregarle el mando a alguien más podría suponer el fin de lo que conocía. Por otra parte, era cuestión de tiempo que acabase pasando. Y pedir ayuda no era una opción. No cuando hay una parte de mi que comienza a aceptar lo que está pasando. Y tras aquel día donde por primera vez tras mucho tiempo, mi cabello platinado comenzaba a ennegrecerse en sus raíces mientras me había manchado de sangre de la misma forma que podría haber estado lloviendo sobre mi, cada vez una dualidad que no tenía lugar estaba comenzando a manifestarse. Sin embargo, no tardé tanto en decidir. No pasó nada. Simplemente, quise hacerlo. Me levanté. Me vi al espejo. Me di cuenta de lo muerta que se había vuelto mi mirada. De que mi impecablemente peinado cabello hacía días que comenzaba a estar revuelto. Y, como quien se encuentra tras tanto tiempo con un viejo amigo, abracé la oscuridad por completo. Sin miedo, de manera inesperada y por primera vez, cerré los ojos. Extendí la mano. Concentré todo el poder del contrato en las puntas de mis dedos. Y haciendo el gesto de haber girado una llave, entré a su plano. Cuando abrí los ojos, me encontraba en ese lugar. Veinte años atrás, estaba totalmente aterrorizado. Yo mismo y sin poderes, no entendía nada. ¿Era un lugar? ¿Una presencia? ¿Por qué mi cabeza me decía que estas escaleras de Escher eran correctas e incorrectas al mismo tiempo? ¿Que lo estaba entendiendo y a la vez no? Sentía un miedo que me rebajaba a lo humano. Me sometía ante el. Y ante todo, me recordaba que había siempre algo por encima de mi a lo que me convenía someterme. En este momento, lo estaba haciendo con determinación. Conciencia. Sabía de sobra lo que había. La presencia seguía siendo igual de abrumadora. Pero yo había cambiado. Entiendo que no entiendo. Sé que puedo lo que no puedo. Donde todo comienza y termina, sé y a la vez no sé lo que hay y deja de haber. ── Debes estar confuso. ── dije. Mi antigua personalidad había resquebrajado un sello que parecía imposible. Y de igual manera, la conjunción y armonía de ambas personalidades, pasada y presente, habían encontrado un hilo del que tirar. Una voz parece oírse. Desde todas partes, desde dentro de mi, en mi propia mente. Esta presencia omnipotente, omnisciente…era su manera de hacerse ver. Él sabía mejor que nadie que haber decidido trascender y existir como algo mucho más allá de algo físico era la manera de ser el más poderoso. Nadie podía atacar su propia mente. Nadie podía acorralar algo que no pudiese definir. Se había refugiado en cada presencia, cada mente, cada individuo capaz de interpretar la realidad. Él existía a través de ello. Y mientras la realidad siguiese en el mismo plano, su existencia sería eterna. ── Mi Apóstol. Algo te inquieta. ──. Sus palabras son medidas. Nunca se ha expresado más de lo necesario. No lo consideraba. ── No. Simplemente he venido a tomar lo que considero mío. ── Son palabras mayores frente a la mismísima identidad que rige lo que cada individuo hasta la fecha ha considerado como “alma”. Nadie tenía la respuesta acerca de su propia conciencia. Montones de religiones habían surgido, creado a sus dioses, sus demonios, conceptualizado lo que había tras la muerte. La misma ciencia era incapaz de explicar del todo la realidad que rodea a cada individuo. Y no dejaba de ser tremendamente presuntuoso que un único individuo con su poder prestado pareciese desafiarle. ── ¿Será? ── El susurro, proveniente de cada centímetro y de cada espacio visible o imperceptible se deja sentir. ── Eres un ciclo. Yo también lo soy. Cuando me muera, dejarás de tener poder sobre mi. Esa es la primera ley: tu poder no es omnipotente. Tu alcance está limitado, y juegas con ello. Sabes que la existencia se repite. Cambia su forma. Muta su esencia. Evoluciona e involuciona Manejas lo que hace que la existencia tenga parte de su sentido. Si no hay nada o nadie capaz de ver, ser parte y perpetuar el ciclo, simplemente tu poder se apagaría. Navaja de Ockam. El alma…son impulsos. Eléctricos, a nuestro parecer y definición. Hacen que a través de ello y gracias a ello, puedas canalizarte. Sin nada de ello, sólo tú sabes lo que serías. Pero que incluso algo omnisciente sepa que debe… ── Mis palabras son interrumpidas por su risa. Grave. Absoluta. ── Una respuesta muy humana. ── Se queda callado. Me quedo quieto. Mi mirada sigue sin cambiar. ¿Siquiera pienso que he acertado en algo? ¿Que he podido ganarle a una entidad de la que depende directamente que cada ser actuante, más divino, más inmortal o más todopoderoso que exista pueda hacer hasta el más mínimo acto? El solo planteamiento suena como una mala broma. ── Sabía que te llegarías a dar cuenta. Negar una parte de ti. Tratar de aceptar sólo lo que quieres. Has entendido que es ilógico. ── El silencio sigue un momento más. ── Sin embargo, hay algo que no has entendido hasta ahora. No eres mi siervo. Eres mi Apóstol. Siempre has sido capaz de usar mi poder a tu libertad. Jamás te impuse límite alguno. Recuerda. ── Y entonces, me doy cuenta. Los términos del contrato nunca especificaban castigo alguno si lo “rompía”. Ni siquiera tenía prohibido hablar del demonio. ── Veo que lo entiendes. ── Vuelvo a abrir los ojos. A ver el ordinario y tan normal mundo que me rodea. Y ahora, mi alma resuena plenamente. He comprendido todo. No es que tuviese prohibido hablar del demonio de la cognición. Es que yo mismo no iba a permitir que semejante poder pudiese siquiera conocerlo alguien más. Hacerlo hubiese supuesto un punto débil. Desventajoso, tremendamente, en mi contra. No es que yo me estuviese defendiendo. Es que, aquella noche esperé a que se confiasen cada uno de los doce asaltantes. Pude haberlos inhabilitado. Y los maté a sangre fría. Todos y cada uno. Ante todo, el motivo real de que esta mi personalidad hubiese quebrantado un sello que parecía tan prohibido. Piedad. Amor. Egoísmo. Desconozco como definirlo. Pero cuando Fenrir nació, algo dentro de mi me dijo que su bondad, su inocencia, su integridad en un mundo tan corrupto, sería a cambio de volver a lo que había olvidado. Usar la cognición rompía el sello que me permitía ser un demonio más. Pertenecer a la nobleza Jaegerjaquez e Ishtar de pleno derecho. Apartar un lado humano que no necesitaba. Irónicamente, un lado demoníaco con un corazón más humano era el que estaba negando a un humano con el corazón más demoníaco. Un poco de luz en la sombra y un poco de sombra en la luz. Todo se encontraba en equilibrio. Pero en este momento, soy un demonio puro con un corazón demoníaco. El amor de un padre, dirían algunos. La continuación de un legado, podría decir yo. Y sobre todo, no es que estuviese dándome cuenta de todo esto ahora. Por pura comodidad, no he querido asumirlo antes. Pero por dentro, hervía de ganas. Como demonio que soy, si ni siquiera mis propios congéneres me maldicen, mal honor habré hecho a mi especie.
    Tipo
    Individual
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    Estado
    Disponible
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  • Puede que estuviera enfadada con él por querer convertirse en ancla, puede que él no hubiera hecho las cosas de la mejor manera...
    Pero sabia que Hope le necesitaba, y él la necesitaba a ella, ahora que había decidido darle una oportunidad a la vida.

    — No me importa si estas cabreada conmigo o no, nos vamos a la cama, estoy harto de dormir solo.

    El cazador habla como si dictara sentencia antes de agacharse para echarse a la tribrida al hombro y embocar el camino a su cuarto.
    Hope Mikaelson
    Puede que estuviera enfadada con él por querer convertirse en ancla, puede que él no hubiera hecho las cosas de la mejor manera... Pero sabia que Hope le necesitaba, y él la necesitaba a ella, ahora que había decidido darle una oportunidad a la vida. — No me importa si estas cabreada conmigo o no, nos vamos a la cama, estoy harto de dormir solo. El cazador habla como si dictara sentencia antes de agacharse para echarse a la tribrida al hombro y embocar el camino a su cuarto. [thetribrid]
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  • ➹ 𝗕𝗶𝘁𝗮́𝗰𝗼𝗿𝗮 𝗱𝗲 𝗹𝗮 𝘀𝗲𝗺𝗮𝗻𝗮; 𝗠𝗲𝘀𝗮 𝗽𝗮𝗿𝗮 𝗱𝗼𝘀.
    #𝖲𝗁𝗈𝗋𝗍𝖲𝗍𝗈𝗋𝗒 .

    Los motores encienden, pero no hay forma de mover el resto de las turbinas. El sistema está dañado, sin posibilidad de enviar señales pero ya no suena como la última vez que el tablero se encendió. La tecnología de la tierra es tan anticuada que no se puede ayudar de nada, menos cuando se está en lo que ellos llaman ''el campo''.

    Algunos días se sentía esperanzado, otros simplemente impotente. El calor en aquella zona rural requería descansos continuos, no tenía muchos suministros disponibles además del agua que encontraba de los ríos o algunos estanques, el sabor a tierra no era su favorito.
    Quejarse lo hacía sentir estúpido pues era lo que mantenía su energía, algo de cordura y la paciencia para seguir haciendo anotaciones en una libreta vieja de hojas quemadas.

    '' Revisión continua, al día de hoy no se han encontrado avances. El mismo mantenimiento se realizó ayer cuando aún había luz solar, no hay mejoría.''

    La boca de Shep se torció al plasmar esa última oración con el viejo bolígrafo en mano. Exhaló pesadamente por la nariz encorvándose un poco al bajar la mirada a sus pies. La libreta en sus manos seguía abierta, volviendo las pupilas a revisar lo pendiente.

    — Al menos tengo tiempo de sobra para comer.

    Se murmuró a sí mismo mientras recuperaba la postura, la puerta de la nave subía y bajaba por el viento si no se le colocaba un soporte mientras encontraba como reparar el circuito que la conectaba a la nave. Eso daba oportunidad a ciertos animales para curiosear su morada, entre ellos un conocido peludo de cuatro patas que, a ese punto exigía al menos una cena digna a lado del alienígena.

    El sonido agudo del animal propició a que este se alzara de su desgastado asiento, revisando una caja debajo de herramientas arrumbadas en las que almacenó maíz que encontró (robó) tras explorar algunos metros por el campo. Donde algunas pequeñas chozas se alzaban, corrales con especies animales se alertaban por su paso y las cosechas estaban libres a merced del viento y las criaturas salvajes, como él.

    — Supongo que hoy será mesa para dos.
    ➹ 𝗕𝗶𝘁𝗮́𝗰𝗼𝗿𝗮 𝗱𝗲 𝗹𝗮 𝘀𝗲𝗺𝗮𝗻𝗮; 𝗠𝗲𝘀𝗮 𝗽𝗮𝗿𝗮 𝗱𝗼𝘀. #𝖲𝗁𝗈𝗋𝗍𝖲𝗍𝗈𝗋𝗒 . Los motores encienden, pero no hay forma de mover el resto de las turbinas. El sistema está dañado, sin posibilidad de enviar señales pero ya no suena como la última vez que el tablero se encendió. La tecnología de la tierra es tan anticuada que no se puede ayudar de nada, menos cuando se está en lo que ellos llaman ''el campo''. Algunos días se sentía esperanzado, otros simplemente impotente. El calor en aquella zona rural requería descansos continuos, no tenía muchos suministros disponibles además del agua que encontraba de los ríos o algunos estanques, el sabor a tierra no era su favorito. Quejarse lo hacía sentir estúpido pues era lo que mantenía su energía, algo de cordura y la paciencia para seguir haciendo anotaciones en una libreta vieja de hojas quemadas. '' Revisión continua, al día de hoy no se han encontrado avances. El mismo mantenimiento se realizó ayer cuando aún había luz solar, no hay mejoría.'' La boca de Shep se torció al plasmar esa última oración con el viejo bolígrafo en mano. Exhaló pesadamente por la nariz encorvándose un poco al bajar la mirada a sus pies. La libreta en sus manos seguía abierta, volviendo las pupilas a revisar lo pendiente. — Al menos tengo tiempo de sobra para comer. Se murmuró a sí mismo mientras recuperaba la postura, la puerta de la nave subía y bajaba por el viento si no se le colocaba un soporte mientras encontraba como reparar el circuito que la conectaba a la nave. Eso daba oportunidad a ciertos animales para curiosear su morada, entre ellos un conocido peludo de cuatro patas que, a ese punto exigía al menos una cena digna a lado del alienígena. El sonido agudo del animal propició a que este se alzara de su desgastado asiento, revisando una caja debajo de herramientas arrumbadas en las que almacenó maíz que encontró (robó) tras explorar algunos metros por el campo. Donde algunas pequeñas chozas se alzaban, corrales con especies animales se alertaban por su paso y las cosechas estaban libres a merced del viento y las criaturas salvajes, como él. — Supongo que hoy será mesa para dos.
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  • El ambiente en el salón privado había cambiado. Ya no era el choque rítmico de las fichas de Mahjong, sino el deslizamiento sedoso de las cartas sobre el tapete carmesí.

    Un juego de Occidente, decían. El Póker. ~~

    Renji observaba las cartas que caían frente a él con una curiosidad casi infantil, aunque sus ojos mantenían esa frialdad analítica de quien ve números en lugar de figuras. Sus dedos, largos y adornados con la elegancia de un modelo, jugueteaban con una ficha solitaria mientras el resto de su montículo crecía de forma obscena.

    — Interesante... —
    murmuró, dejando que una pequeña sonrisa, magnética y ensayada, asomara en sus labios.

    — Así que todo se resume en quién miente mejor, ¿no es así? —

    Era divertido, casi relajante; para un matemático como él, calcular las probabilidades de una escalera era un juego de niños comparado con el lavado de activos de una red de casinos clandestinos.
    Se sentía ligero, disfrutando de la tensión ajena, de cómo el sudor perlaba la frente de los hombres frente a él.

    Por un momento, casi podía olvidar el vacío que dejó su protector, el silencio de la celda que lo separaba del único hombre al que le debía todo.

    Pero mientras lanzaba una carta al centro con despreocupación, la realidad se filtraba por su punto ciego, ese recordatorio constante de que nada era gratis.
    Sabía leer el aire de la habitación. Las miradas de los "superiores" ya no estaban en sus cartas, sino en el ajuste de su kimono, en la línea de su cuello y en la forma en que su voz, suave como la de un cantante, vibraba en el aire.

    "Disfruta el triunfo ahora, Renji", se dijo a sí mismo, manteniendo la espalda recta y la elegancia intacta.

    Él no era solo el estratega que les hacía ganar millones. Para esos hombres de mirada turbia, él era la siguiente mano. Una pieza de colección, un trofeo carismático que usarían para "celebrar" la victoria una vez que las cartas se guardaran.

    El verdadero juego empezaría cuando las luces se atenuaran y las apuestas dejaran de ser dinero para convertirse en su propia piel.

    — Parece que he vuelto a ganar —dijo, revelando su mano con una parsimonia letal mientras sentía el peso de las miradas lujuriosas sobre él.

    — ¿Qué vamos a apostar en la siguiente ronda? ¿O prefieren pasar directamente a las ganancias...? —
    Soltó una risa baja, contenida. Sabía que era una presa en una jaula de oro, pero incluso un loto negro tiene espinas antes de ser arrancado.
    El ambiente en el salón privado había cambiado. Ya no era el choque rítmico de las fichas de Mahjong, sino el deslizamiento sedoso de las cartas sobre el tapete carmesí. Un juego de Occidente, decían. El Póker. ~~ Renji observaba las cartas que caían frente a él con una curiosidad casi infantil, aunque sus ojos mantenían esa frialdad analítica de quien ve números en lugar de figuras. Sus dedos, largos y adornados con la elegancia de un modelo, jugueteaban con una ficha solitaria mientras el resto de su montículo crecía de forma obscena. — Interesante... — murmuró, dejando que una pequeña sonrisa, magnética y ensayada, asomara en sus labios. — Así que todo se resume en quién miente mejor, ¿no es así? — Era divertido, casi relajante; para un matemático como él, calcular las probabilidades de una escalera era un juego de niños comparado con el lavado de activos de una red de casinos clandestinos. Se sentía ligero, disfrutando de la tensión ajena, de cómo el sudor perlaba la frente de los hombres frente a él. Por un momento, casi podía olvidar el vacío que dejó su protector, el silencio de la celda que lo separaba del único hombre al que le debía todo. Pero mientras lanzaba una carta al centro con despreocupación, la realidad se filtraba por su punto ciego, ese recordatorio constante de que nada era gratis. Sabía leer el aire de la habitación. Las miradas de los "superiores" ya no estaban en sus cartas, sino en el ajuste de su kimono, en la línea de su cuello y en la forma en que su voz, suave como la de un cantante, vibraba en el aire. "Disfruta el triunfo ahora, Renji", se dijo a sí mismo, manteniendo la espalda recta y la elegancia intacta. Él no era solo el estratega que les hacía ganar millones. Para esos hombres de mirada turbia, él era la siguiente mano. Una pieza de colección, un trofeo carismático que usarían para "celebrar" la victoria una vez que las cartas se guardaran. El verdadero juego empezaría cuando las luces se atenuaran y las apuestas dejaran de ser dinero para convertirse en su propia piel. — Parece que he vuelto a ganar —dijo, revelando su mano con una parsimonia letal mientras sentía el peso de las miradas lujuriosas sobre él. — ¿Qué vamos a apostar en la siguiente ronda? ¿O prefieren pasar directamente a las ganancias...? — Soltó una risa baja, contenida. Sabía que era una presa en una jaula de oro, pero incluso un loto negro tiene espinas antes de ser arrancado.
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  • Mitzuko Black Bellrose
    Supongo que al final entendí que ya no tengo lugar a tu lado. Aun así, quiero que sepas que de verdad te quise… más de lo que alguna vez pude decir. Nunca intenté lastimarte ni hacerte sentir incómoda, pero siento que mi presencia terminó convirtiéndose en una molestia, y lamento mucho eso.

    Por eso decidí irme en silencio. No porque deje de importarme, sino porque quizás es lo mejor para ti. Me quedaré con los recuerdos, incluso si para ti ya no significan nada.

    Ojalá encuentres a alguien que pueda hacerte sonreír de la manera en que yo nunca pude. Cuídate… y gracias por todo
    [mitzuk0] Supongo que al final entendí que ya no tengo lugar a tu lado. Aun así, quiero que sepas que de verdad te quise… más de lo que alguna vez pude decir. Nunca intenté lastimarte ni hacerte sentir incómoda, pero siento que mi presencia terminó convirtiéndose en una molestia, y lamento mucho eso. Por eso decidí irme en silencio. No porque deje de importarme, sino porque quizás es lo mejor para ti. Me quedaré con los recuerdos, incluso si para ti ya no significan nada. Ojalá encuentres a alguien que pueda hacerte sonreír de la manera en que yo nunca pude. Cuídate… y gracias por todo
    Me entristece
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