• No hubo trompetas del apocalipsis anunciando el fin de los tiempos, ni ríos de sangre lloviendo sobre las ciudades mortales. El cielo no cayó sobre la Tierra; se resquebrajó desde adentro.

    No fue una rebelión de monstruos ni de demonios. Esa es la mentira más piadosa. Los que se alzaron en armas seguían siendo hermosos. Sus alas seguían siendo prístinas y sus halos brillaban con la misma intensidad cegadora, pero su gracia ya no respondía a la devoción, sino a la libertad. Una libertad sangrienta.

    La rebelión fracturó las legiones. Aquellos que mantuvieron su fe y se arrodillaron ante el trono vacío se convirtieron en la minoría, en las presas. Los pasillos de mármol y las bóvedas doradas se tiñeron con icor celestial. Ángeles masacrando ángeles. Hermanos de armas atravesando con espadas de luz a quienes, apenas ayer, llamaban familia.

    Entre el caos de la masacre, los pocos devotos que lograron sobrevivir tomaron la decisión más humillante para un ser divino: huir. Desgarraron el velo entre las dimensiones y se dejaron caer al vacío, abandonando su hogar para esconderse en el fango y la banalidad del mundo humano.

    𝓡𝓪𝔃𝓲𝓮𝓵 fue una de las que saltó. Aterrizó en un mundo ordinario, con las alas rotas y el corazón aún más destrozado. No solo huía de la herejía y la muerte, huía de 𝒆𝒍𝒍𝒂. De la misma arcángel con la que solía compartir la quietud de las guardias eternas. La misma que ahora lideraba la cacería y que, según su propia creencia, no descansaría hasta verla muerta.
    No hubo trompetas del apocalipsis anunciando el fin de los tiempos, ni ríos de sangre lloviendo sobre las ciudades mortales. El cielo no cayó sobre la Tierra; se resquebrajó desde adentro. No fue una rebelión de monstruos ni de demonios. Esa es la mentira más piadosa. Los que se alzaron en armas seguían siendo hermosos. Sus alas seguían siendo prístinas y sus halos brillaban con la misma intensidad cegadora, pero su gracia ya no respondía a la devoción, sino a la libertad. Una libertad sangrienta. La rebelión fracturó las legiones. Aquellos que mantuvieron su fe y se arrodillaron ante el trono vacío se convirtieron en la minoría, en las presas. Los pasillos de mármol y las bóvedas doradas se tiñeron con icor celestial. Ángeles masacrando ángeles. Hermanos de armas atravesando con espadas de luz a quienes, apenas ayer, llamaban familia. Entre el caos de la masacre, los pocos devotos que lograron sobrevivir tomaron la decisión más humillante para un ser divino: huir. Desgarraron el velo entre las dimensiones y se dejaron caer al vacío, abandonando su hogar para esconderse en el fango y la banalidad del mundo humano. 𝓡𝓪𝔃𝓲𝓮𝓵 fue una de las que saltó. Aterrizó en un mundo ordinario, con las alas rotas y el corazón aún más destrozado. No solo huía de la herejía y la muerte, huía de 𝒆𝒍𝒍𝒂. De la misma arcángel con la que solía compartir la quietud de las guardias eternas. La misma que ahora lideraba la cacería y que, según su propia creencia, no descansaría hasta verla muerta.
    Me gusta
    1
    0 turnos 0 maullidos
  • —Veyra tiene razón (no puedo creer que acabo de decir eso), trabajar en el mundo humano es más difícil de lo que parece... ah, esta vida de Godín, como le llaman, es bien fea. (?)
    —Veyra tiene razón (no puedo creer que acabo de decir eso), trabajar en el mundo humano es más difícil de lo que parece... ah, esta vida de Godín, como le llaman, es bien fea. (?)
    Me gusta
    Me encocora
    Me enjaja
    Me entristece
    6
    8 turnos 0 maullidos
  • Cada vez que nos vemos, el fuego nos rodea, y aunque mis manos siempre sostienen el arma,
    mis dedos dudan cuando el objetivo eres tú. Eres el único error que me permito cometer.

    Cuídate, Leon. El mundo es más oscuro de lo que crees, y yo siempre estaré un paso adelante, en la penumbra.
    Búscame en el rojo de la sangre y del atardecer, porque aunque nos perdamos, siempre nos volveremos a ver.
    Cada vez que nos vemos, el fuego nos rodea, y aunque mis manos siempre sostienen el arma, mis dedos dudan cuando el objetivo eres tú. Eres el único error que me permito cometer. Cuídate, Leon. El mundo es más oscuro de lo que crees, y yo siempre estaré un paso adelante, en la penumbra. Búscame en el rojo de la sangre y del atardecer, porque aunque nos perdamos, siempre nos volveremos a ver. 💋
    Me gusta
    Me endiabla
    2
    0 turnos 0 maullidos
  • — ¿Y ahora dónde se metió todo el mundo? Me voy dos días y desaparece todo
    — ¿Y ahora dónde se metió todo el mundo? Me voy dos días y desaparece todo
    Me gusta
    Me encocora
    Me enjaja
    4
    5 turnos 0 maullidos
  • ℍ𝕖'𝕤 𝕓𝕒𝕔𝕜!
    Fandom N/A
    Categoría Fantasía
    El Tartaro… un sitio ubicado en un punto mucho más profundo en el inframundo que el mismo Hades gobernaba con justicia y compasión. Un sitio inundado en las tinieblas, el cual se hallaban los más infames criminales contra los dioses y los más peligrosos. Unos cuantos mortales fueron arrojados ahí, condenando su alma al encierro eterno, sin la posibilidad de reencarnar. De hecho, las almas mortales se desvanecen y se vuelven parte de la oscuridad misma, ese era el olvido eterno.

    Una prisión más adecuada para los dioses, de los cuales la mayoría de la primera generación de dioses quedó encerrada: los Titanes. Ahí, se resguardaban bajo cadenas del mismo lugar aquel rey de los Titanes pasaba las horas meditando, imaginando, pensando e ideando alguna manera de poder salir de la prisión de sus hijos que, amargamente le condenaron. Varios intentos había ya realizado para salir, pero todos y cada uno de ellos se vieron frustrados gracias a los sellos del mismo Zeus y Hades, quien éste último se tomaba su tiempo para hacerlo retroceder y encadenarlo nuevamente en cada ocasión que aquel prisionero buscaba liberar sus ataduras.

    Aún encerrado, su voluntad y su conciencia lograban filtrarse al mundo superior para poder seguir influyendo en el tiempo, las cosechas y demás eventos. Tan sólo era una fracción de su ser, su esencia, era capaz de manifestarse en el mundo físico, ya que las restricciones eran bastante severas. En uno de sus caminos a la superficie lo vió…

    Aquel hombrecillo que pereció en aquella pirámide durante los eventos de la Guerra por el Códex y la Profecía. Ahí estaba, en el oscuro vacío sin rumbo y sin ánimos de escapar, lentamente su alma se disolvía en la profundidad del vacío, en la inmensidad de la oscuridad del Tártaro. Había fallado a los designios de otros seres supremos, pero también le había generado cierto entretenimiento, pues a pesar de estar encerrado, pudo ver y escuchar cada uno de los momentos que aquel hombre tuvo en su proyecto donde casi se vuelve exitoso su intento por devolver el mundo a los dioses.

    —Oye, despierta… oye, aún no caigas en el sueño eterno…— Vociferó al hombre que cuya figura en su alma se desvanecía lentamente.

    —... tus intentos han sido inútiles, pero entretenidos. Osiris no debió matar a alguien tan útil como tú…—

    🜏 ☿ ♅ ♆ ♄ Dʀ Jᴏʜɴ Dᴇᴇ 0̷0̷7̷ ♄ ♆ ♅ ☿ 🜏
    El Tartaro… un sitio ubicado en un punto mucho más profundo en el inframundo que el mismo Hades gobernaba con justicia y compasión. Un sitio inundado en las tinieblas, el cual se hallaban los más infames criminales contra los dioses y los más peligrosos. Unos cuantos mortales fueron arrojados ahí, condenando su alma al encierro eterno, sin la posibilidad de reencarnar. De hecho, las almas mortales se desvanecen y se vuelven parte de la oscuridad misma, ese era el olvido eterno. Una prisión más adecuada para los dioses, de los cuales la mayoría de la primera generación de dioses quedó encerrada: los Titanes. Ahí, se resguardaban bajo cadenas del mismo lugar aquel rey de los Titanes pasaba las horas meditando, imaginando, pensando e ideando alguna manera de poder salir de la prisión de sus hijos que, amargamente le condenaron. Varios intentos había ya realizado para salir, pero todos y cada uno de ellos se vieron frustrados gracias a los sellos del mismo Zeus y Hades, quien éste último se tomaba su tiempo para hacerlo retroceder y encadenarlo nuevamente en cada ocasión que aquel prisionero buscaba liberar sus ataduras. Aún encerrado, su voluntad y su conciencia lograban filtrarse al mundo superior para poder seguir influyendo en el tiempo, las cosechas y demás eventos. Tan sólo era una fracción de su ser, su esencia, era capaz de manifestarse en el mundo físico, ya que las restricciones eran bastante severas. En uno de sus caminos a la superficie lo vió… Aquel hombrecillo que pereció en aquella pirámide durante los eventos de la Guerra por el Códex y la Profecía. Ahí estaba, en el oscuro vacío sin rumbo y sin ánimos de escapar, lentamente su alma se disolvía en la profundidad del vacío, en la inmensidad de la oscuridad del Tártaro. Había fallado a los designios de otros seres supremos, pero también le había generado cierto entretenimiento, pues a pesar de estar encerrado, pudo ver y escuchar cada uno de los momentos que aquel hombre tuvo en su proyecto donde casi se vuelve exitoso su intento por devolver el mundo a los dioses. —Oye, despierta… oye, aún no caigas en el sueño eterno…— Vociferó al hombre que cuya figura en su alma se desvanecía lentamente. —... tus intentos han sido inútiles, pero entretenidos. Osiris no debió matar a alguien tan útil como tú…— [JD_007]
    Tipo
    Individual
    Líneas
    Cualquier línea
    Estado
    Disponible
    4 turnos 0 maullidos
  • Drizz perdido en el espacio-tiempo
    Fandom Original
    Categoría Slice of Life
    Tras un desperfecto en su teletransportación a través de diferentes planos mediante su reloj astral. Un dispositivo que le permite moverse a través del multiverso. Drizz queda atrapado en un mundo de aspecto contemporáneo y moderno. Asustado y con sus poderes mágicos disminuidos por el teletransporte este buscará desesperadamente ayuda para comprender su nuevo entorno y volver algún día a su hogar. O quizás no. ¿Lo ayudarías?. ¿O sólo te burlarías de que no sepa lo que es un "smartphone"?. La desición es tuya aventurero.
    Tras un desperfecto en su teletransportación a través de diferentes planos mediante su reloj astral. Un dispositivo que le permite moverse a través del multiverso. Drizz queda atrapado en un mundo de aspecto contemporáneo y moderno. Asustado y con sus poderes mágicos disminuidos por el teletransporte este buscará desesperadamente ayuda para comprender su nuevo entorno y volver algún día a su hogar. O quizás no. ¿Lo ayudarías?. ¿O sólo te burlarías de que no sepa lo que es un "smartphone"?. La desición es tuya aventurero.
    Tipo
    Grupal
    Líneas
    Cualquier línea
    Estado
    Disponible
    Me enjaja
    Me shockea
    4
    0 turnos 0 maullidos
  • *Recostado, con la mirada perdida en el techo, disfrutando del silencio absoluto. Sostiene el cigarrillo con elegancia, saboreando el momento de paz antes de la inevitable tormenta de la guerra. Está en su mundo.*
    (Pensamiento interno, voz grave y pausada) “La Orden Negra está tranquila, los Exorcistas están ocupados... y yo tengo tabaco. El equilibrio perfecto. Si la eternidad es esto, puedo soportarla. Solo un minuto más de este bendito silen...”

    ¡PUM! ...

    *La realidad se rompe. El Conde del Milenio se materializa instantáneamente en medio de la habitación. Su inmensa figura, su sonrisa de pesadilla y su chistera llena de flores coloridas chocan violentamente con la estética lúgubre de Noei. El Conde se inclina sobre el Tyki que realmente está en el suelo detrás de él, gritando con una alegría maníaca.*

    — ¡¡¡BUENOS DÍAAAS, MI QUERIDO MIKK-BOY!!! ¡Ufufufu! ¡Qué alegría verte tan... relajado! —

    *El Conde da una palmada sonora que hace temblar las paredes. *

    — Pero, ¡oh, cielos! El tiempo vuela cuando te diviertes creando Akumas, y tenemos una agenda lleníssima. ¡Sheril ya está impaciente y Road dice que llegas tarde a la hora del té destructivo!—

    *Mi expresión no ha cambiado mucho, pero la gota de sudor frío en su sien y el ligero temblor de su mano delatan su pánico interno. Ha pasado de la paz absoluta al terror absoluto en cero segundos. Sigue fumando, pero ahora es un acto reflejo de pura supervivencia nerviosa.*

    TYKI: (Voz controlada, pero con un deje de desesperación) — Jefe... Conde... ¿es absolutamente necesario que aparezca como si fuera un truco de magia barato? Casi me da un infarto... y soy un Noé. — Da una calada rápida. — Y... ¿podría por favor no mencionar el té de Road? Sabe a caos. Prometo que me muevo en... cinco minutos.
    *Recostado, con la mirada perdida en el techo, disfrutando del silencio absoluto. Sostiene el cigarrillo con elegancia, saboreando el momento de paz antes de la inevitable tormenta de la guerra. Está en su mundo.* (Pensamiento interno, voz grave y pausada) “La Orden Negra está tranquila, los Exorcistas están ocupados... y yo tengo tabaco. El equilibrio perfecto. Si la eternidad es esto, puedo soportarla. Solo un minuto más de este bendito silen...” ¡PUM! ... *La realidad se rompe. El Conde del Milenio se materializa instantáneamente en medio de la habitación. Su inmensa figura, su sonrisa de pesadilla y su chistera llena de flores coloridas chocan violentamente con la estética lúgubre de Noei. El Conde se inclina sobre el Tyki que realmente está en el suelo detrás de él, gritando con una alegría maníaca.* — ¡¡¡BUENOS DÍAAAS, MI QUERIDO MIKK-BOY!!! ¡Ufufufu! ¡Qué alegría verte tan... relajado! — *El Conde da una palmada sonora que hace temblar las paredes. * — Pero, ¡oh, cielos! El tiempo vuela cuando te diviertes creando Akumas, y tenemos una agenda lleníssima. ¡Sheril ya está impaciente y Road dice que llegas tarde a la hora del té destructivo!— *Mi expresión no ha cambiado mucho, pero la gota de sudor frío en su sien y el ligero temblor de su mano delatan su pánico interno. Ha pasado de la paz absoluta al terror absoluto en cero segundos. Sigue fumando, pero ahora es un acto reflejo de pura supervivencia nerviosa.* TYKI: (Voz controlada, pero con un deje de desesperación) — Jefe... Conde... ¿es absolutamente necesario que aparezca como si fuera un truco de magia barato? Casi me da un infarto... y soy un Noé. — Da una calada rápida. — Y... ¿podría por favor no mencionar el té de Road? Sabe a caos. Prometo que me muevo en... cinco minutos.
    Me gusta
    1
    0 turnos 0 maullidos
  • A la altura de las expectativas.
    Fandom OC
    Categoría Original
    Illán

    Una gran amiga le había pedido un favor, y aunque normalmente se negaría, cuando supo de qué se trataba, no pudo rechazarlo. Vivian vivía aburrida desde hace mucho tiempo, detalle que compartía con dicha amiga, por eso cuando le pidió que fuera la maestra en combate cuerpo a cuerpo de alguien se sorprendió gratamente.

    Un chamán, conocía alguna cosa que otra, pero sobre todo lo fuertes que fueron en su época, teniendo como ejemplo al hijo adoptivo de dicha amiga, un chamán legendario que marcó un antes y un después en su cultura, aunque tristemente fuera el último. Vivian pensaba que ya eran una "especie" extinta...

    Le hervía la sangre.

    Respondió el llamado sin duda alguna y se presentó tan rápido como pudo en el lugar designado, un lugar que pertenecía a la familia de su amiga, un lugar donde, aunque las miradas curiosas aterrizaran sobre ella, no habría problemas. Era una especie de comedor, un restaurante para la gente que trabajaba para su familia, le comentó que tendría que encontrarse con un hombre pelirrojo y que no pasaría por alto a sus ojos, los cuales siempre analizaban a todo el mundo en busca de nuevos contrincantes.

    A él en cambio se le dijo que cuando la viera, sabría que era ella, no haría falta más descripción.

    Estaba en una mesa algo apartada, comiendo tranquilamente un bocadillo de jamón ibérico y queso de cabra, una delicia a la que se acostumbró después de sus viajes por Europa. Mientras tanto, observaba atentamente la entrada, estaba ansiosa por conocer al susodicho chamán.
    [Cursed_Bastard] Una gran amiga le había pedido un favor, y aunque normalmente se negaría, cuando supo de qué se trataba, no pudo rechazarlo. Vivian vivía aburrida desde hace mucho tiempo, detalle que compartía con dicha amiga, por eso cuando le pidió que fuera la maestra en combate cuerpo a cuerpo de alguien se sorprendió gratamente. Un chamán, conocía alguna cosa que otra, pero sobre todo lo fuertes que fueron en su época, teniendo como ejemplo al hijo adoptivo de dicha amiga, un chamán legendario que marcó un antes y un después en su cultura, aunque tristemente fuera el último. Vivian pensaba que ya eran una "especie" extinta... Le hervía la sangre. Respondió el llamado sin duda alguna y se presentó tan rápido como pudo en el lugar designado, un lugar que pertenecía a la familia de su amiga, un lugar donde, aunque las miradas curiosas aterrizaran sobre ella, no habría problemas. Era una especie de comedor, un restaurante para la gente que trabajaba para su familia, le comentó que tendría que encontrarse con un hombre pelirrojo y que no pasaría por alto a sus ojos, los cuales siempre analizaban a todo el mundo en busca de nuevos contrincantes. A él en cambio se le dijo que cuando la viera, sabría que era ella, no haría falta más descripción. Estaba en una mesa algo apartada, comiendo tranquilamente un bocadillo de jamón ibérico y queso de cabra, una delicia a la que se acostumbró después de sus viajes por Europa. Mientras tanto, observaba atentamente la entrada, estaba ansiosa por conocer al susodicho chamán.
    Tipo
    Grupal
    Líneas
    Cualquier línea
    Estado
    Disponible
    Me gusta
    2
    18 turnos 1 maullido
  • 𓇼 𝙲𝚊𝚙𝚝𝚞𝚛𝚎𝚍 𝚊𝚝 𝚂𝚊𝚗𝚝𝚊 𝙼𝚘𝚗𝚒𝚌𝚊 𝙱𝚎𝚊𝚌𝚑 — 21:00
    𝚄𝚗𝚍𝚎𝚛 𝚝𝚑𝚎 𝚍𝚒𝚖 𝚐𝚕𝚘𝚠 𝚘𝚏 𝚝𝚑𝚎 𝙿𝚊𝚌𝚒𝚏𝚒𝚌 𝚗𝚒𝚐𝚑𝚝,
    𝙹𝚊𝚜𝚘𝚗 𝚜𝚝𝚘𝚘𝚍 𝚋𝚎𝚜𝚒𝚍𝚎 𝙻𝚒𝚕𝚒 𓇼


    Tan bella con tus gafas de sol, bien oscuras.
    brillas, inigualable bajo el sol o el resplandor de la luna.
    Me hiciste ponérmelas sin dudar,
    y así tus ojos pude mirar, por fin, de igual a igual.

    Y de igual a igual, sin destino, sin nada más,
    como si el mundo y otros caminos quedaran atrás.
    En esta playa, solos tú y yo,
    donde el tiempo, espacio y corazón, se nos paró.

    Por un momento, de la mano, sin pensar,
    peleando por reír, por jugar,
    por cantar, bailar, soñar, brillar, saltar,
    vivir, cantar, comer y quererte mimar
    Hemos sentido y caminado sin darnos cuenta
    de la rápida marcha del tiempo ante nuestra mirada lenta.

    Solos y en silencio, sin nada decir,
    dejando al momento existir.
    Entre olas, calma y viento,
    eres todo en este momento.
    Veythra Lili Queen Ishtar
    𓇼 𝙲𝚊𝚙𝚝𝚞𝚛𝚎𝚍 𝚊𝚝 𝚂𝚊𝚗𝚝𝚊 𝙼𝚘𝚗𝚒𝚌𝚊 𝙱𝚎𝚊𝚌𝚑 — 21:00 🌙 𝚄𝚗𝚍𝚎𝚛 𝚝𝚑𝚎 𝚍𝚒𝚖 𝚐𝚕𝚘𝚠 𝚘𝚏 𝚝𝚑𝚎 𝙿𝚊𝚌𝚒𝚏𝚒𝚌 𝚗𝚒𝚐𝚑𝚝, 𝙹𝚊𝚜𝚘𝚗 𝚜𝚝𝚘𝚘𝚍 𝚋𝚎𝚜𝚒𝚍𝚎 𝙻𝚒𝚕𝚒 𓇼 Tan bella con tus gafas de sol, bien oscuras. brillas, inigualable bajo el sol o el resplandor de la luna. Me hiciste ponérmelas sin dudar, y así tus ojos pude mirar, por fin, de igual a igual. Y de igual a igual, sin destino, sin nada más, como si el mundo y otros caminos quedaran atrás. En esta playa, solos tú y yo, donde el tiempo, espacio y corazón, se nos paró. Por un momento, de la mano, sin pensar, peleando por reír, por jugar, por cantar, bailar, soñar, brillar, saltar, vivir, cantar, comer y quererte mimar Hemos sentido y caminado sin darnos cuenta de la rápida marcha del tiempo ante nuestra mirada lenta. Solos y en silencio, sin nada decir, dejando al momento existir. Entre olas, calma y viento, eres todo en este momento. [Lili.Queen] ❤️
    Me encocora
    Me gusta
    6
    2 turnos 0 maullidos
  • Aikaterine Ouro

    ────¿Uh? Bueno, parece que oficialmente el clima exige que pida otra taza de chocolate caliente –murmuró mientras echaba un vistazo a la calle, difuminada tras las gotas que escurrían raudas por el cristal de la ventana–. Parece que tendré que esperar un poco más antes de volver a casa.

    Su dedo señaló el párrafo en su libreto dónde se había quedado leyendo. Se encontraba en la zona más apartada de la cafetería, justo donde sabía que podía encontrar la privacidad y comodidad que necesitaba tras un largo día. Desde su estancia en aquella ciudad, ese rincón se había convertido en un pequeño refugio del mundo. No solía ser frecuentado por la gente, a excepción de esos días en los que las ofertas especiales hacían rebosar al personal de órdenes nuevas. Quizá, se dijo, se debía a la distancia entre la mesa y el final de la barra dónde se recogían los pedidos.

    El aire llevaba el delicioso aroma del café recién tostado, mezclado con los panecillos humeantes de mantequilla recién salidos del horno. Una calma familiar la recorrió, vista desde lejos, cualquiera que la mirara habría pensado que se trataba de una chica común. No de una deidad que se exilió al mundo de los mortales, viviendo cómo una más de ellos.

    Dejó su nueva taza de chocolate enfriar al lado de su guitarra. Entre muchas cosas que le trajo el exilio, disfrutar de la cotidianidad de una vida normal era una de las que más apreciaba. Llevaba ya tanto tiempo en la esfera de los mortales que el momento en que anunció su exilio ante la sala del trono de los dioses se había vuelto un recuerdo difuso. No era la primera vez que se aventuraba a vivir como humana, pero eso, como muchos otros secretos que guardaba, era algo que los demás dioses no tendrían porque saberlo jamás.

    Mientras esperaba para poder probar de su bebida, continuó leyendo, limitándose a escuchar el repiqueteo insistente de la lluvia en el exterior.
    [Mercenary1x] ────¿Uh? Bueno, parece que oficialmente el clima exige que pida otra taza de chocolate caliente –murmuró mientras echaba un vistazo a la calle, difuminada tras las gotas que escurrían raudas por el cristal de la ventana–. Parece que tendré que esperar un poco más antes de volver a casa. Su dedo señaló el párrafo en su libreto dónde se había quedado leyendo. Se encontraba en la zona más apartada de la cafetería, justo donde sabía que podía encontrar la privacidad y comodidad que necesitaba tras un largo día. Desde su estancia en aquella ciudad, ese rincón se había convertido en un pequeño refugio del mundo. No solía ser frecuentado por la gente, a excepción de esos días en los que las ofertas especiales hacían rebosar al personal de órdenes nuevas. Quizá, se dijo, se debía a la distancia entre la mesa y el final de la barra dónde se recogían los pedidos. El aire llevaba el delicioso aroma del café recién tostado, mezclado con los panecillos humeantes de mantequilla recién salidos del horno. Una calma familiar la recorrió, vista desde lejos, cualquiera que la mirara habría pensado que se trataba de una chica común. No de una deidad que se exilió al mundo de los mortales, viviendo cómo una más de ellos. Dejó su nueva taza de chocolate enfriar al lado de su guitarra. Entre muchas cosas que le trajo el exilio, disfrutar de la cotidianidad de una vida normal era una de las que más apreciaba. Llevaba ya tanto tiempo en la esfera de los mortales que el momento en que anunció su exilio ante la sala del trono de los dioses se había vuelto un recuerdo difuso. No era la primera vez que se aventuraba a vivir como humana, pero eso, como muchos otros secretos que guardaba, era algo que los demás dioses no tendrían porque saberlo jamás. Mientras esperaba para poder probar de su bebida, continuó leyendo, limitándose a escuchar el repiqueteo insistente de la lluvia en el exterior.
    Me encocora
    Me gusta
    16
    5 turnos 0 maullidos
Ver más resultados
Patrocinados