• Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
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    Usuario: Gracias los que se han quedado como amigos aunque tenga mis ausencias y saben algo lo bueno de la ausencia es saber quien realmente se queda y quien realmente se va de tu vida porque esa persona que se queda viene por una buena amitad y paciencia porque sabe que un usuario también tiene sus cosas fuera del mundo virtual

    Gracias por estar ahí. Esta semana ya estaré respondiendo roles. Se les quiere
    Usuario: Gracias los que se han quedado como amigos aunque tenga mis ausencias y saben algo lo bueno de la ausencia es saber quien realmente se queda y quien realmente se va de tu vida porque esa persona que se queda viene por una buena amitad y paciencia porque sabe que un usuario también tiene sus cosas fuera del mundo virtual Gracias por estar ahí. Esta semana ya estaré respondiendo roles. Se les quiere :STK-9: :STK-13: :STK-69:
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  • Luana en la orilla

    Luana se encontraba tendida sobre la arena tibia, dejando que el sol se mezclara con las gotas saladas que aún resbalaban por su piel. Había llegado ahí después de una larga travesía, buscando un momento para respirar, para escucharse, para volver a sentir que el mundo no giraba demasiado rápido para ella.

    Sus ojos, claros y encendidos como un reflejo del mar, permanecían fijos en el horizonte mientras su respiración se estabilizaba poco a poco. Cada exhalación levantaba apenas un poco de arena, como si el propio viento respetara el cansancio que llevaba encima.
    Su cabello húmedo caía en mechones sobre su rostro, pegado por el agua y las pequeñas partículas doradas. No era exactamente una pose cómoda, pero a Luana no le importaba. Necesitaba sentir el peso del mundo aflojarse, aunque fuera por unos minutos.

    A su lado, los brazaletes dorados tintineaban suavemente con cada movimiento de sus dedos, recordándole quién era, de dónde venía y lo que había logrado resistir.

    Había sido un día duro, pero no uno que la derrumbara.
    Era más bien un punto de pausa… uno en el que el corazón se tranquilizaba lo suficiente para dejar que los pensamientos se ordenaran.
    Luana cerró los ojos un momento.
    El viento rozó su mejilla.

    Y por primera vez en mucho tiempo, se permitió simplemente estar.
    Sin obligaciones.
    Sin máscaras.
    Solo ella, el mar y la arena abrazándola como un refugio inesperado.
    Luana en la orilla Luana se encontraba tendida sobre la arena tibia, dejando que el sol se mezclara con las gotas saladas que aún resbalaban por su piel. Había llegado ahí después de una larga travesía, buscando un momento para respirar, para escucharse, para volver a sentir que el mundo no giraba demasiado rápido para ella. Sus ojos, claros y encendidos como un reflejo del mar, permanecían fijos en el horizonte mientras su respiración se estabilizaba poco a poco. Cada exhalación levantaba apenas un poco de arena, como si el propio viento respetara el cansancio que llevaba encima. Su cabello húmedo caía en mechones sobre su rostro, pegado por el agua y las pequeñas partículas doradas. No era exactamente una pose cómoda, pero a Luana no le importaba. Necesitaba sentir el peso del mundo aflojarse, aunque fuera por unos minutos. A su lado, los brazaletes dorados tintineaban suavemente con cada movimiento de sus dedos, recordándole quién era, de dónde venía y lo que había logrado resistir. Había sido un día duro, pero no uno que la derrumbara. Era más bien un punto de pausa… uno en el que el corazón se tranquilizaba lo suficiente para dejar que los pensamientos se ordenaran. Luana cerró los ojos un momento. El viento rozó su mejilla. Y por primera vez en mucho tiempo, se permitió simplemente estar. Sin obligaciones. Sin máscaras. Solo ella, el mar y la arena abrazándola como un refugio inesperado.
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  • Aferrarte a grandes esperanzas
    Párate de puntitas para llegar más lejos y alto
    Y hagamos todos nuestros deseos realidad
    Claro, este mundo no es tan fácil
    ¡El mañana brillará!
    Aferrarte a grandes esperanzas Párate de puntitas para llegar más lejos y alto Y hagamos todos nuestros deseos realidad Claro, este mundo no es tan fácil ¡El mañana brillará!
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  • ¿por que quiero viajar al espacio? los humanos no estan preparados para vivir con otras especies

    *se queda en silencio, como si estuviese apunto de confesar un secreto, mantuvo la seriedad por unos segundos y rompio en una risa corta, admitiendo con sinceridad*

    La verdad me gustaria ver un nuevo mundo, ser parte de algo distinto
    ¿por que quiero viajar al espacio? los humanos no estan preparados para vivir con otras especies *se queda en silencio, como si estuviese apunto de confesar un secreto, mantuvo la seriedad por unos segundos y rompio en una risa corta, admitiendo con sinceridad* La verdad me gustaria ver un nuevo mundo, ser parte de algo distinto
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  • “De vuelta al mundo…”
    Fandom Harry Potter
    Categoría Acción
    𝓙𝑒𝑠𝑠 𝓦𝑖𝑙𝑙𝑜𝑤𝑠

    Todavía sentía el vértigo en su estómago y las náuseas. Quería vomitar. Riley levantó la mirada del lavabo hacía su reflejo en el espejo de su cuarto de baño y una pálida muchacha de cabello oscuro y ojos marrones le devolvía la mirada. Hacía menos de 20 minutos que había echado a Balt de su apartamento.

    Cerró los ojos ante otra nueva náusea, y se concentró en respirar profundamente.

    “ — Uno,... dos,... tres,... –” Respiración profunda.

    – Estoy bien… Estoy bien… – se dijo, y apretó los bordes del mueble de lavabo como si fuera su ancla a ese estado de bienestar que estaba muy lejos de ser real.

    Volvió a respirar profundamente, y a contar hasta diez. Otra vez, y una vez más. Abrió los ojos, y la Riley que esta vez le devolvía la mirada no parecía estar a punto de perder el conocimiento o de echar hasta su primera papilla. La mujer que ahora le devolvía la mirada respiraba casi con normalidad y tenía un color menos… fantasmagórico.

    – Vale… Que no cunda el pánico… Vamos a analizar la situación y decidiré si mato a Balt… ¡Al idiota de Balthazar! Si se llama así, y no me ha mentido también en eso… – el pánico parecía que iba a volver a ganar la guerra — La idiota soy yo… Una idiota de los pies a la cabeza… Red Flags. Las malditas Red Flags, una tras otra, pero nooooo…. ¡NO! Yo como estúpida que soy, voy y decido ignorarlas toooodas… Un tío interesante, alto y guapo, con acento británico en Nueva York aparece por casualidad en mi biblioteca accediendo a una cita, que no era una cita, aun teniendo pareja… Y yo soy tan idiota de acceder a una amistad cuando siempre tomo distancia… Pero nooo, en esa ocasión decido… ¡Qué leches! Soy tan idiota que, aunque él me encanta y tengo cero oportunidades, dejarle entrar en mi vida… Y ¡Sorpresa! Todo lo hace porque soy la maldita hija de Alexander Barrow, no porque realmente hayamos conectado… No… solo era un jodido trabajo.. Y lo peor es que mi padre viene a por mí… Mi padre quien debería estar en Azkaban y tiene a todo el mundo engañado… Y yo en vez de estar aquí contándole mis dramas familiares y amoroso a un maldito espejo, debería estar denunciándolo en el Macusa…–.

    El discurso dicho en voz alta le robó las fuerzas en las piernas, sintiendo como le temblaban, y pudiendo caer al suelo sino fuera porque se mantenía bien sujeta al lavamanos. Decir en voz alta lo sucedido ayudaba. Era una táctica, no solo para poder sacar todos sus pensamientos de la cabeza y que no se convirtieran en un bucle de pensamientos recurrentes, también para tomar conciencia sobre sus siguientes pasos.

    Por el momento, y lo que Riley había sacado en claro de todo lo que Bob, apodo cariñoso por el que también se dirigía a él siendo la única que lo hacía, le había confesado era que, además de haberse acercado a ella por tema laboral, sin ahondar en cuestiones sentimentales (como era que Riley estaba enamorada de él), que la persona que estaba detrás de todo era Alexander Barrow, su padre. La estaba buscando, y eso implicaba que debía de hacer algo antes de que él la encontrase. En esos momentos no podía fiarse de nadie, y eso dejaba claro que si las cosas no habían funcionado, a su manera, tendría que utilizar otras formas; hacer una denuncia oficial.

    - Vale, vale, vale… Sé lo que tengo que hacer y… respira… uff, uno, dos, tres… mantengamos la calma… – Tomó aire, y agitó las manos intentando descargar tanta tensión. Se cuadró frente al espejo y se miró directamente. – Soy Anna… – dijo con inseguridad – Soy Anna Elise… Soy Anna Elise Barrow y vengo a denunciar la desaparición de Alexander Barrow… – Asintió con menos determinación de lo que su reflejo le devolvía.

    – Soy Anna Elise Barrow, y vengo a denunciar la desaparición de Alexander Barrow. Lo siento, papá, pero has ido demasiado lejos y es hora de volver al mundo –.

    Media hora después Riley, Anna, salía de su apartamento en Nueva York con la apariencia de cualquier muggle más. Llevaba su habitual vestimenta, y su chaquetón largo y un paraguas de mano. Además, de su bolso repleto de cosas muggles. Solo una cosa nueva; su varita. Un nuevo destino, el Macusa.

    El Macusa, un edificio subterráneo en el centro de Nueva York, mucho más monumental y señorial que el británico, al menos a ojos de Riley. Imponía estar allí. No solo por sus líneas rectas y el aspecto que daba la sensación de poder y control, también porque se sentía fuera de lugar. Se sentía extraña, como si ahora realmente fuera una farsante.

    Caminó por la amplia y majestuosa sala principal intentando disimular lo perdida que se sentía. Miró los diferentes carteles que derivan a salas que se distribuían por pasillos. “Archivos, juicios, cámaras de interrogatorios, Confiscación de artefactos…”. Continuó caminando por la sala en silencio leyendo los carteles que se encontraba y evitando los brujos y magos que se cruzaba con pasos apresurados.

    Parecía que no encontraría a dónde debía ir, y que aquel lugar donde no había siquiera ventanas y parecía que todo estaba hecho para sentirte pequeño, la devoraría sin tregua. Sus pasos se volvieron erráticos mirando a una u otra columnas hasta que se chocó de pronto contra alguien.

    – Lo siento… – se disculpó, encontrando a un hombre algo mayor que ella.

    – Tranquila… ¿Necesitas ayuda? –. preguntó mirando a la joven, claramente Riley daba la impresión de estar perdida.

    – Quería… quería ir al departamento de seguridad, pero estoy un poco pérdida… – se atrevió a confesar que no sabía a donde tenía que ir, tampoco es que estuviera haciendo nada malo, y en el Macusa no tenía nada que temer. Si Alexander la buscaba, allí no entraría.

    – No se preocupe, la acompaño… – dijo, señalando un pasillo que se perdía al fondo de la sala – Yo voy una planta más abajo, pero le indicaré cómo llegar –.

    Caminó junto al mago hacía el pasillo, y allí, en lo alto de la primera columna de granito oscuro que iba desde el suelo al techo, había un cartel que indicaba “Seguridad” encima de “Licencias”.

    – No te preocupes… La primera vez que entré en este edificio, bueno, digamos que terminé en una sala de juicios y me confundieron con el acusado… Fue un gran primer día –.

    Menos de cinco minutos después, Riley se encontraba en la recepción del departamento de seguridad.

    – Buenas tardes, soy Anna Elise Barrow y necesito hablar con un auror sobre Alexander Barrow… –
    [FIGHTERAUR0R] Todavía sentía el vértigo en su estómago y las náuseas. Quería vomitar. Riley levantó la mirada del lavabo hacía su reflejo en el espejo de su cuarto de baño y una pálida muchacha de cabello oscuro y ojos marrones le devolvía la mirada. Hacía menos de 20 minutos que había echado a Balt de su apartamento. Cerró los ojos ante otra nueva náusea, y se concentró en respirar profundamente. “ — Uno,... dos,... tres,... –” Respiración profunda. – Estoy bien… Estoy bien… – se dijo, y apretó los bordes del mueble de lavabo como si fuera su ancla a ese estado de bienestar que estaba muy lejos de ser real. Volvió a respirar profundamente, y a contar hasta diez. Otra vez, y una vez más. Abrió los ojos, y la Riley que esta vez le devolvía la mirada no parecía estar a punto de perder el conocimiento o de echar hasta su primera papilla. La mujer que ahora le devolvía la mirada respiraba casi con normalidad y tenía un color menos… fantasmagórico. – Vale… Que no cunda el pánico… Vamos a analizar la situación y decidiré si mato a Balt… ¡Al idiota de Balthazar! Si se llama así, y no me ha mentido también en eso… – el pánico parecía que iba a volver a ganar la guerra — La idiota soy yo… Una idiota de los pies a la cabeza… Red Flags. Las malditas Red Flags, una tras otra, pero nooooo…. ¡NO! Yo como estúpida que soy, voy y decido ignorarlas toooodas… Un tío interesante, alto y guapo, con acento británico en Nueva York aparece por casualidad en mi biblioteca accediendo a una cita, que no era una cita, aun teniendo pareja… Y yo soy tan idiota de acceder a una amistad cuando siempre tomo distancia… Pero nooo, en esa ocasión decido… ¡Qué leches! Soy tan idiota que, aunque él me encanta y tengo cero oportunidades, dejarle entrar en mi vida… Y ¡Sorpresa! Todo lo hace porque soy la maldita hija de Alexander Barrow, no porque realmente hayamos conectado… No… solo era un jodido trabajo.. Y lo peor es que mi padre viene a por mí… Mi padre quien debería estar en Azkaban y tiene a todo el mundo engañado… Y yo en vez de estar aquí contándole mis dramas familiares y amoroso a un maldito espejo, debería estar denunciándolo en el Macusa…–. El discurso dicho en voz alta le robó las fuerzas en las piernas, sintiendo como le temblaban, y pudiendo caer al suelo sino fuera porque se mantenía bien sujeta al lavamanos. Decir en voz alta lo sucedido ayudaba. Era una táctica, no solo para poder sacar todos sus pensamientos de la cabeza y que no se convirtieran en un bucle de pensamientos recurrentes, también para tomar conciencia sobre sus siguientes pasos. Por el momento, y lo que Riley había sacado en claro de todo lo que Bob, apodo cariñoso por el que también se dirigía a él siendo la única que lo hacía, le había confesado era que, además de haberse acercado a ella por tema laboral, sin ahondar en cuestiones sentimentales (como era que Riley estaba enamorada de él), que la persona que estaba detrás de todo era Alexander Barrow, su padre. La estaba buscando, y eso implicaba que debía de hacer algo antes de que él la encontrase. En esos momentos no podía fiarse de nadie, y eso dejaba claro que si las cosas no habían funcionado, a su manera, tendría que utilizar otras formas; hacer una denuncia oficial. - Vale, vale, vale… Sé lo que tengo que hacer y… respira… uff, uno, dos, tres… mantengamos la calma… – Tomó aire, y agitó las manos intentando descargar tanta tensión. Se cuadró frente al espejo y se miró directamente. – Soy Anna… – dijo con inseguridad – Soy Anna Elise… Soy Anna Elise Barrow y vengo a denunciar la desaparición de Alexander Barrow… – Asintió con menos determinación de lo que su reflejo le devolvía. – Soy Anna Elise Barrow, y vengo a denunciar la desaparición de Alexander Barrow. Lo siento, papá, pero has ido demasiado lejos y es hora de volver al mundo –. Media hora después Riley, Anna, salía de su apartamento en Nueva York con la apariencia de cualquier muggle más. Llevaba su habitual vestimenta, y su chaquetón largo y un paraguas de mano. Además, de su bolso repleto de cosas muggles. Solo una cosa nueva; su varita. Un nuevo destino, el Macusa. El Macusa, un edificio subterráneo en el centro de Nueva York, mucho más monumental y señorial que el británico, al menos a ojos de Riley. Imponía estar allí. No solo por sus líneas rectas y el aspecto que daba la sensación de poder y control, también porque se sentía fuera de lugar. Se sentía extraña, como si ahora realmente fuera una farsante. Caminó por la amplia y majestuosa sala principal intentando disimular lo perdida que se sentía. Miró los diferentes carteles que derivan a salas que se distribuían por pasillos. “Archivos, juicios, cámaras de interrogatorios, Confiscación de artefactos…”. Continuó caminando por la sala en silencio leyendo los carteles que se encontraba y evitando los brujos y magos que se cruzaba con pasos apresurados. Parecía que no encontraría a dónde debía ir, y que aquel lugar donde no había siquiera ventanas y parecía que todo estaba hecho para sentirte pequeño, la devoraría sin tregua. Sus pasos se volvieron erráticos mirando a una u otra columnas hasta que se chocó de pronto contra alguien. – Lo siento… – se disculpó, encontrando a un hombre algo mayor que ella. – Tranquila… ¿Necesitas ayuda? –. preguntó mirando a la joven, claramente Riley daba la impresión de estar perdida. – Quería… quería ir al departamento de seguridad, pero estoy un poco pérdida… – se atrevió a confesar que no sabía a donde tenía que ir, tampoco es que estuviera haciendo nada malo, y en el Macusa no tenía nada que temer. Si Alexander la buscaba, allí no entraría. – No se preocupe, la acompaño… – dijo, señalando un pasillo que se perdía al fondo de la sala – Yo voy una planta más abajo, pero le indicaré cómo llegar –. Caminó junto al mago hacía el pasillo, y allí, en lo alto de la primera columna de granito oscuro que iba desde el suelo al techo, había un cartel que indicaba “Seguridad” encima de “Licencias”. – No te preocupes… La primera vez que entré en este edificio, bueno, digamos que terminé en una sala de juicios y me confundieron con el acusado… Fue un gran primer día –. Menos de cinco minutos después, Riley se encontraba en la recepción del departamento de seguridad. – Buenas tardes, soy Anna Elise Barrow y necesito hablar con un auror sobre Alexander Barrow… –
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    Estado
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  • *En mi habitacion aprovechando la oportunidad de que todo el mundo estaba ocupado me mire el pecho, con la misma mano me atravesé el pecho para sacar mi alma que se representaba con un corazón y lo encerré en una jaula de pájaros que encontré hace tiempo, libre de las acciones de ese maldito ser camine para salir de mi habitación del hotel, caminaba casi como un zombie buscando un sitio bastante apartado siendo el último piso viendo una puerta decorada con patos amarillos, sonreí levemente asomándome para asegurarme de que no hubiera nadie y al entrar me posicione en el centro de la habitación.

    Hábilmente saque mi cuchillo de su funda que la tenía por la parte de atrás de mi cintura escondida, alce el cuchillo con la parte afilada apuntando hacia el suelo y lo clave con fuerza en el suelo, provocando que saliese un brillo hacia arriba para después salir una humareda negra… había creado una fuente oscura, antes de que toda la habitación se llenase de aquel humo negro salí de la habitación volviendo a la mía, evitando los pasillos los cuales había gente y una vez llegue a mi habitación me acerque a la jaula, la abrí y agarre el corazón con fuerza para nuevamente meterlo dentro de mi pecho, actuando como si nada hubiera pasado…*
    *En mi habitacion aprovechando la oportunidad de que todo el mundo estaba ocupado me mire el pecho, con la misma mano me atravesé el pecho para sacar mi alma que se representaba con un corazón y lo encerré en una jaula de pájaros que encontré hace tiempo, libre de las acciones de ese maldito ser camine para salir de mi habitación del hotel, caminaba casi como un zombie buscando un sitio bastante apartado siendo el último piso viendo una puerta decorada con patos amarillos, sonreí levemente asomándome para asegurarme de que no hubiera nadie y al entrar me posicione en el centro de la habitación. Hábilmente saque mi cuchillo de su funda que la tenía por la parte de atrás de mi cintura escondida, alce el cuchillo con la parte afilada apuntando hacia el suelo y lo clave con fuerza en el suelo, provocando que saliese un brillo hacia arriba para después salir una humareda negra… había creado una fuente oscura, antes de que toda la habitación se llenase de aquel humo negro salí de la habitación volviendo a la mía, evitando los pasillos los cuales había gente y una vez llegue a mi habitación me acerque a la jaula, la abrí y agarre el corazón con fuerza para nuevamente meterlo dentro de mi pecho, actuando como si nada hubiera pasado…*
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  • - Ylva habia deja de ser una.guerrera cuando la guerra con los gigamtes habia temindo cuando asgard estaba en paz ya todo era tranquilildas y asi volveria su dia normal mas alla de todos en su mundo helado, ya la guerra quedo atras -
    - Ylva habia deja de ser una.guerrera cuando la guerra con los gigamtes habia temindo cuando asgard estaba en paz ya todo era tranquilildas y asi volveria su dia normal mas alla de todos en su mundo helado, ya la guerra quedo atras -
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  • En un mundo completamente nuevo, decide explorarlo, intentando desbloquear nuevas habilidades, recibió varios consejos de su progenitora, decide tomárselo con calma, aunque claramente necesita entrenamiento.

    En un intento decidió volar, una habilidad que a ella le gustaría tener entonces decide practicar con la esperanza de que pueda salirle bien.
    En un mundo completamente nuevo, decide explorarlo, intentando desbloquear nuevas habilidades, recibió varios consejos de su progenitora, decide tomárselo con calma, aunque claramente necesita entrenamiento. En un intento decidió volar, una habilidad que a ella le gustaría tener entonces decide practicar con la esperanza de que pueda salirle bien.
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  • Recopilación de escrituras, tomo 7.
    "El Heredero de la Luna Violeta"

    Bajo un cielo inmóvil,
    donde las estrellas parecían contener la respiración,
    nació un niño que no lloró.

    No gritó.
    No reclamó nada.

    Abrió los ojos.
    Y la noche cambió de color.

    No fue la Luna Blanca.
    No fue la Carmesí.

    Fue la Luna Violeta.

    Un astro que no anuncia guerras.
    Un reflejo que no celebra conquistas.

    Solo aparece
    cuando el equilibrio está a punto de romperse.

    Jason Jaegerjaquez Ishtar.

    Hijo de Henry Grimmtael Jaegerjaquez Black,
    portador del juicio antiguo.

    Hijo de Hazuki Ishtar,
    sangre ardiente,
    voluntad indomable.

    De su padre heredó la templanza.
    El peso de decidir.
    El silencio del liderazgo.

    De su madre heredó la furia contenida.
    La determinación que no se arrodilla.
    La certeza de no retroceder.

    Pero la Luna Violeta le dio algo distinto.

    La capacidad de caminar
    entre la luz
    y la oscuridad.

    Sin perderse en ninguna.

    Jason no fue creado para gobernar.
    Tampoco para juzgar.

    Fue creado para observar.

    Para medir el pulso del mundo.
    Para notar la grieta
    antes de que se vuelva abismo.

    Cuando el equilibrio se rompe,
    él puede detenerlo.

    Cuando la anomalía surge,
    él puede retenerla.

    No con destrucción.
    Sino con contención.

    Pero su existencia tiene un precio.

    Un alma demoníaca
    nacida en carne humana.

    Un contrato sellado
    antes incluso de su renacimiento.

    Murió una vez.
    Y regresó.

    Cadenas invisibles
    que ni la muerte pudo romper.

    Por eso incomoda.
    Por eso su presencia pesa.

    Jason no debería existir.

    Y aun así, existe.

    El día que cruzó el umbral del Consejo,
    las lunas ya estaban allí.

    Azul.
    Blanca.
    Carmesí.
    Verde.

    Poder absoluto.
    Desmesurado.

    Incompleto.

    Cuando la Luna Violeta se alzó,
    el aire se volvió denso.

    El mundo recordó algo olvidado:

    Todo poder necesita un límite.

    Desde el suelo surgió un trono sin nombre.
    Encadenado.
    Prohibido.

    No hecho para gobernar.
    Sino para impedir el exceso.

    Jason se detuvo frente a él.

    No se sentó.

    No aún.

    No habló para imponerse.
    No levantó la voz.

    Solo dejó clara su razón de existir.

    No estaba allí para reinar.
    No estaba allí para juzgar.

    Estaba allí para decidir
    cuando todos los demás
    ya hubieran ido demasiado lejos.

    Dicen que cuando Jason alza la mirada,
    la luna responde.

    Su resplandor no anuncia destrucción.

    Anuncia decisión.

    Y mientras los clanes murmuran su nombre
    con respeto
    y con temor,
    una verdad permanece escrita en las estrellas:

    Cuando la Luna Violeta se alce por completo,
    Jason Jaegerjaquez Ishtar
    decidirá el destino de todos los linajes.
    Recopilación de escrituras, tomo 7. "El Heredero de la Luna Violeta" Bajo un cielo inmóvil, donde las estrellas parecían contener la respiración, nació un niño que no lloró. No gritó. No reclamó nada. Abrió los ojos. Y la noche cambió de color. No fue la Luna Blanca. No fue la Carmesí. Fue la Luna Violeta. Un astro que no anuncia guerras. Un reflejo que no celebra conquistas. Solo aparece cuando el equilibrio está a punto de romperse. Jason Jaegerjaquez Ishtar. Hijo de Henry Grimmtael Jaegerjaquez Black, portador del juicio antiguo. Hijo de Hazuki Ishtar, sangre ardiente, voluntad indomable. De su padre heredó la templanza. El peso de decidir. El silencio del liderazgo. De su madre heredó la furia contenida. La determinación que no se arrodilla. La certeza de no retroceder. Pero la Luna Violeta le dio algo distinto. La capacidad de caminar entre la luz y la oscuridad. Sin perderse en ninguna. Jason no fue creado para gobernar. Tampoco para juzgar. Fue creado para observar. Para medir el pulso del mundo. Para notar la grieta antes de que se vuelva abismo. Cuando el equilibrio se rompe, él puede detenerlo. Cuando la anomalía surge, él puede retenerla. No con destrucción. Sino con contención. Pero su existencia tiene un precio. Un alma demoníaca nacida en carne humana. Un contrato sellado antes incluso de su renacimiento. Murió una vez. Y regresó. Cadenas invisibles que ni la muerte pudo romper. Por eso incomoda. Por eso su presencia pesa. Jason no debería existir. Y aun así, existe. El día que cruzó el umbral del Consejo, las lunas ya estaban allí. Azul. Blanca. Carmesí. Verde. Poder absoluto. Desmesurado. Incompleto. Cuando la Luna Violeta se alzó, el aire se volvió denso. El mundo recordó algo olvidado: Todo poder necesita un límite. Desde el suelo surgió un trono sin nombre. Encadenado. Prohibido. No hecho para gobernar. Sino para impedir el exceso. Jason se detuvo frente a él. No se sentó. No aún. No habló para imponerse. No levantó la voz. Solo dejó clara su razón de existir. No estaba allí para reinar. No estaba allí para juzgar. Estaba allí para decidir cuando todos los demás ya hubieran ido demasiado lejos. Dicen que cuando Jason alza la mirada, la luna responde. Su resplandor no anuncia destrucción. Anuncia decisión. Y mientras los clanes murmuran su nombre con respeto y con temor, una verdad permanece escrita en las estrellas: Cuando la Luna Violeta se alce por completo, Jason Jaegerjaquez Ishtar decidirá el destino de todos los linajes.
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  • Mi rosa negra... Mi tesoro más preciado desde hace un siglo, se que a veces es difícil lidiar con un hombre como yo, que no le gusta mucho presumir pero me apetecía subir ese ego tuyo que me vuelve loco. Eres única y sobre todo lo que más quiero en este mundo, sin ti sería un vampiro que le quitan el alma y no volvería a amar a alguien.

    Gracias por estar conmigo en esta vida y quiero que sigamos hasta el siguiente siglo, tuyo siempre Morgana Negrescu
    Mi rosa negra... Mi tesoro más preciado desde hace un siglo, se que a veces es difícil lidiar con un hombre como yo, que no le gusta mucho presumir pero me apetecía subir ese ego tuyo que me vuelve loco. Eres única y sobre todo lo que más quiero en este mundo, sin ti sería un vampiro que le quitan el alma y no volvería a amar a alguien. Gracias por estar conmigo en esta vida y quiero que sigamos hasta el siguiente siglo, tuyo siempre [CxVampiresa13]
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