• Hoy estoy inspirada a luchar por la justicia. Pero no seré una chica mágica sin más, mi inspiración está en Mazinger Z, ¿lo conoces?

    *Poder demoniaco usado para transformar sus ropas en una especie de armadura.*
    Hoy estoy inspirada a luchar por la justicia. Pero no seré una chica mágica sin más, mi inspiración está en Mazinger Z, ¿lo conoces? *Poder demoniaco usado para transformar sus ropas en una especie de armadura.*
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  • Los preparativos del ritual están a punto de completarse, las barreras se alzarán más pronto de lo esperado, las almas desafortunadas de las personas comunes no gozarán de la protección de la anfitriona.

    No os dejéis consumir por las emociones, no habrá cuartel para ninguno de los participantes al inicio, mas la fuerza bruta no os llevará a ningún lado, sino ganarse el favor de la anfitriona.

    La justicia se funde en negro, la crueldad será recompensada, divertid a la anfitriona y ella os recompensará de forma abundante.

    El ritual trae consigo una recompensa, a elección del ganador, pedid cuanto deseéis, pues las personas humildes y sin convicción aburren a la anfitriona.

    Unas personas de formidable poder han sido elegidas como participantes.

    Las personas seleccionadas serán:
    1. Kalhi NigDurgae
    2. Grimmjow Jaegerjaquez
    3. 𝑻𝑬𝑵𝑬𝑩𝑹𝑶𝑼𝑺
    4. [nebula_emerald_zebra_687]
    5. Ophelia
    6. Sephtálon Feu
    7. [PROPHETESS.1]
    8. Leo
    9. 𝙀𝙧𝙞𝙣
    10. Nikto
    11. Vᴀʀᴋᴀ

    //Dentro de poco crearé un chat para ponernos todos de acuerdo, esto es para que sepáis que no está abandonado el rol grupal.
    Los preparativos del ritual están a punto de completarse, las barreras se alzarán más pronto de lo esperado, las almas desafortunadas de las personas comunes no gozarán de la protección de la anfitriona. No os dejéis consumir por las emociones, no habrá cuartel para ninguno de los participantes al inicio, mas la fuerza bruta no os llevará a ningún lado, sino ganarse el favor de la anfitriona. La justicia se funde en negro, la crueldad será recompensada, divertid a la anfitriona y ella os recompensará de forma abundante. El ritual trae consigo una recompensa, a elección del ganador, pedid cuanto deseéis, pues las personas humildes y sin convicción aburren a la anfitriona. Unas personas de formidable poder han sido elegidas como participantes. Las personas seleccionadas serán: 1. [kalh1] 2. [6espada] 3. [Tenebrous2] 4. [nebula_emerald_zebra_687] 5. [vortex_navy_bat_673] 6. [storm_pink_crow_361] 7. [PROPHETESS.1] 8. [Cursed_Bastard] 9. [Black.Rose] 10. [p0isonmaker] 11. [Knight.of.Boreas] //Dentro de poco crearé un chat para ponernos todos de acuerdo, esto es para que sepáis que no está abandonado el rol grupal.
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  • ʸⁱˡⁱⁿᵍ ˡᵃᵒᶻᵘ

    " A veces las almas son tímidas, perdidas, pero rencorosas. Con la mejor memoria que puedas conocer. A veces dan ternura, lástima y miedo, a veces quieres protegerlas más que nada y hacer justicia por ellas, pero otras veces.. sólo deseas destruirlas porque te consumen poco a poco.

    Las voces no cesan, sólo se distorsionan en mi mente; obligándome a escucharlas, a actuar en contra de mis principios... Pero, ¿Alguna vez tuve principios? No importa ahora. Ellas gobiernan sobre ésta vida que sólo busca placer en lo desconocido y adrenalina, para recuperar la relevancia de su existencia. "
    ʸⁱˡⁱⁿᵍ ˡᵃᵒᶻᵘ " A veces las almas son tímidas, perdidas, pero rencorosas. Con la mejor memoria que puedas conocer. A veces dan ternura, lástima y miedo, a veces quieres protegerlas más que nada y hacer justicia por ellas, pero otras veces.. sólo deseas destruirlas porque te consumen poco a poco. Las voces no cesan, sólo se distorsionan en mi mente; obligándome a escucharlas, a actuar en contra de mis principios... Pero, ¿Alguna vez tuve principios? No importa ahora. Ellas gobiernan sobre ésta vida que sólo busca placer en lo desconocido y adrenalina, para recuperar la relevancia de su existencia. "
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  • --Entiendo. En síntesis, fuiste víctima de una injusticia tal que tu voz en vida fue silenciada por la persona en la que mas confiabas… lamento mucho el acto tan repugnante perpetuado por tu padre, lo digo de corazón. En todo caso, tu presencia atada a mi sombra es temporal, puedes regresar al descanso eterno que mereces.

    Yo me encargo de lo demás.--

    La nigromancia era la mejor habilidad para alguien cuya labor se enfoca mas en lo policiaco. Un forense encargado de crímenes especialmente violentos… que en vida quizás no podrían tener justicia. Lo mas complicado era justificar legalmente las acusaciones venidas de la boca de un muerto.

    Pero….
    --Entiendo. En síntesis, fuiste víctima de una injusticia tal que tu voz en vida fue silenciada por la persona en la que mas confiabas… lamento mucho el acto tan repugnante perpetuado por tu padre, lo digo de corazón. En todo caso, tu presencia atada a mi sombra es temporal, puedes regresar al descanso eterno que mereces. Yo me encargo de lo demás.-- La nigromancia era la mejor habilidad para alguien cuya labor se enfoca mas en lo policiaco. Un forense encargado de crímenes especialmente violentos… que en vida quizás no podrían tener justicia. Lo mas complicado era justificar legalmente las acusaciones venidas de la boca de un muerto. Pero….
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  • ⸻Los terrores de aquello que llaman igualdad y justicia, que han visto mis ojos si no el más puro odio humano...
    ⸻Los terrores de aquello que llaman igualdad y justicia, que han visto mis ojos si no el más puro odio humano...
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  • Nuevo Sol
    Categoría Drama
    - 𝑆𝑐𝑎𝑟𝑙𝑒𝑡𝑡 𝐸𝑙𝑒𝑎𝑛𝑜𝑟 𝑀𝑜𝑟𝑒𝑡𝑡𝑖

    Las mañanas en Palermo tienen un filo particular, como una hoja de navaja que corta el aire y deja tras de sí un rastro de humedad y promesas rotas de los ciudadanos que llegan aqui con ilusiones falsas. Me detengo ante la ventana, observando cómo la bruma se disuelve sobre los tejados y los vendedores despliegan sus mercancías en la Vucciria, ese laberinto de olores y voces donde la frontera entre lo legal y lo prohibido es tan difusa como el humo de un cigarro.
    Paree haber paz, pero la paz, no existe en Palermo, mis enemigos, decir mis enemigos suena tan ambiguo, pero no hay mejor palabra para le gente que va en mi contra y me desean muerto, han aprendido a moverse en silencio. Antes, la amenaza era un rugido: balas en la noche, coches que explotaban en las esquinas, mensajes escritos con sangre en los muros de la ciudad. Ahora, el peligro se esconde en la quietud, en la ausencia de noticias, dicen que antes de la tormenta viene la calma, y eso lo se perfectamente, suelo ser la tormenta. Los viejos códigos de la Cosa Nostra dictan que el silencio es la antesala de la traición. Y yo, Roman Greco, he sobrevivido demasiado tiempo en este juego como para confiar en la paz. La lealtad se compra y se vende en Palermo como el mejor aceite de oliva; la traición, en cambio, se paga con la vida.

    Hoy tengo una reunión importante. No se trata de los negocios que han forjado mi nombre en la sombra, sino de algo más “limpio”, más aceptable a los ojos de la ley: la expansión de nuestra empresa de importación y distribución de productos gourmet. El dinero legítimo tiene un sabor distinto, menos intenso, pero más duradero. Es el escudo que me permite caminar entre jueces y banqueros sin que el hedor de la sangre me delate. Sin embargo, la costumbre es una segunda piel, y aunque hoy decido ir solo, sin la escolta habitual, no abandono la prudencia. Bajo la chaqueta de lino azul oscuro, llevo la Beretta compacta, fría y discreta contra mi costado. El traje, hecho a medida, es mi armadura: corte impecable, tela italiana, corbata de seda en un azul profundo que absorbe la luz. Los zapatos relucen, pero no tanto como para llamar la atención y por ultimo el reloj, un Patek Philippe.

    Salgo a la calle y el bullicio me envuelve. El aire huele a café recién hecho, a pan horneado, a mariscos que esperan su destino en los puestos del mercado. El sol, aún bajo, arranca destellos de las fachadas gastadas y de los charcos que la noche ha dejado en los adoquines. Camino entre la gente, invisible y presente, saludando con un leve gesto de cabeza a los conocidos, ignorando a los curiosos. En Palermo, la discreción es una forma de poder.
    En la esquina de Via Maqueda, el flujo de peatones se vuelve más denso. Un grupo de turistas se detiene a fotografiar una iglesia barroca, ajenos al peligro que acecha en cada sombra. Es entonces cuando ocurre: un tropiezo, un instante de caos contenido. Siento el contacto de un cuerpo contra el mío, ligero pero firme, y veo cómo una mujer pelirroja pierde el equilibrio. Sus cabellos, de un rojo intenso, parecen arder bajo la luz matinal. La sujeto por el brazo antes de que caiga, notando la suavidad de su piel y la tensión de sus músculos bajo la tela de un vestido verde esmeralda. Sus ojos, de un azul profundo, me miran con sorpresa y algo más: una chispa de desafío, quizás, o de miedo.

    —Attenta, signorina —murmuro, mi voz baja y controlada—. Palermo no perdona a los distraídos.

    Ella sonríe, apenas, y se libera de mi mano con una elegancia que no es común en las turistas, oh no las que suelo conocer, ella se muestra incluso se ve como si este fuera su hogar y yo el intruso, nos alejamos y cuando pasa a mi lado percibo el aroma de su perfume, una mezcla de cítricos y algo más oscuro. Por un instante, el tiempo se detiene. Podría girarme, seguirla con la mirada, dejar que la curiosidad me arrastre. Pero no lo hago. El autocontrol es mi mayor virtud y mi peor condena. Sigo mi camino, sintiendo el peso de su mirada en mi espalda, como una advertencia o una invitación.
    El bullicio de la ciudad me arrastra de nuevo. El sonido de los vendedores, el claxon de los scooters, el murmullo de las conversaciones en dialecto siciliano. Todo es familiar, todo es peligroso. Pero en mi mente, la imagen de la mujer pelirroja permanece, como una promesa de problemas.

    El edificio donde se celebra la reunión es un antiguo palazzo restaurado, con techos altos y frescos desvaídos que hablan de un pasado más noble y menos sangriento. La sala de juntas huele a cuero, a madera encerada, a café fuerte servido en tazas de porcelana. Los socios me esperan: hombres de negocios, abogados, un par de políticos locales que han aprendido a no hacer demasiadas preguntas. Sus trajes son caros, pero sus miradas delatan la inseguridad de quienes han visto de cerca el filo de la navaja.
    —Benvenuti —saludo, tomando asiento en la cabecera de la mesa. Mi voz es firme, sin concesiones—. Cominciamo.
    Las cifras aparecen en la pantalla: ingresos, proyecciones, oportunidades de expansión en el norte de Italia y más allá. Hablan de logística, de márgenes de beneficio, de alianzas estratégicas. El lenguaje es pulcro, casi aséptico, pero yo percibo las corrientes subterráneas: la ambición, el miedo, la sospecha de que todo puede venirse abajo con una sola llamada, con una sola traición. Escucho, asiento, hago preguntas precisas. Pero mi mente, por primera vez en mucho tiempo, no está del todo presente.
    La imagen de la mujer pelirroja se cuela entre los gráficos y las palabras. Recuerdo el tacto de su brazo, la intensidad de su mirada, el modo en que se apartó de mí sin mostrar debilidad. ¿Quién es? ¿Qué hace en Palermo? ¿Es una casualidad o una señal? En mi mundo, las coincidencias no existen. Todo tiene un propósito, una razón oculta que espera ser descubierta.

    Cuando todo termina, me levanto y recojo mi chaqueta. El murmullo de las conversaciones se apaga a mi paso. Salgo al pasillo, sintiendo el peso de las miradas en mi espalda. En el ascensor, el reflejo de mi rostro en el espejo me devuelve una imagen que reconozco del todo: los ojos oscuros, la mandíbula tensa, la sombra a mis hombros de la sangre que a pasado por mis manos, no soy alguien vanidoso por lo mismo no me visto para verme atractivo, solo busco, recato y decencia, pero verme al espejo suele ser algo que no soporto mucho hasta que aparto la mirada.

    El hambre es una excusa, una necesidad física que me permite retrasar el regreso a la soledad de mi despacho. Elijo un restaurante elegante en Via Principe di Belmonte, uno de esos lugares donde la luz para la hora del medio dia es tenue y el murmullo de las conversaciones se mezcla con el tintinear de las copas de cristal. El maître me reconoce y me conduce a una mesa junto a la ventana, desde donde puedo observar la calle y, si es necesario, la puerta de entrada, ya saben la mayoria de los restaurantes donde suele ser el lugar que busco.
    La seguridad es un hábito que no se pierde.
    El ambiente es refinado: manteles blancos, cubiertos de plata, camareros que se mueven con la precisión de bailarines. El aroma del vino tinto, del pan recién horneado, de la salsa de tomate y albahaca, llena el aire. El murmullo de la sala es un telón de fondo, una música suave que invita a la confidencia y al secreto.
    Me acomodo en la silla, pido un Brunello di Montalcino y dejo que el primer sorbo me limpie el paladar y la mente. Es entonces cuando la veo. Sentada en la mesa contigua, de espaldas a la pared, está la mujer pelirroja. Lleva un vestido negro esta vez, sencillo pero elegante, que resalta la palidez de su piel y el fuego de su cabello. A su lado, una amiga rubia, de rostro alegre y voz melodiosa. Hablan en voz baja, en un italiano con acento extranjero, quizás inglés o francés. Sus risas son suaves, contenidas, como si compartieran un secreto.
    No puedo evitar mirarlas de reojo. La pelirroja —Scarlett, pienso, porque ningún otro nombre le haría justicia a el aura y elegancia que ella mismo mostraba— percibe mi mirada y me dedica una sonrisa breve, cortés, cargada de una ironía que solo los que han conocido el peligro pueden entender. Le devuelvo la sonrisa, apenas un gesto, suficiente para marcar la distancia y la posibilidad.

    Minutos después, un bolígrafo cae al suelo, rodando hasta detenerse junto a mi zapato. Lo recojo. Es de metal, elegante, y lleva grabado un nombre: "Scarlett". Lo sostengo un instante entre los dedos, notando el peso, el frío del metal, el eco de su tacto.
    Me levanto y me acerco a su mesa. La amiga rubia me mira con curiosidad, pero es Scarlett quien sostiene mi mirada, sin rastro de temor.
    —Perdona, signorina —digo, tendiéndole el bolígrafo—. Creo que esto te pertenece.—
    👥 - [vision_fuchsia_rabbit_825] 🔥 Las mañanas en Palermo tienen un filo particular, como una hoja de navaja que corta el aire y deja tras de sí un rastro de humedad y promesas rotas de los ciudadanos que llegan aqui con ilusiones falsas. Me detengo ante la ventana, observando cómo la bruma se disuelve sobre los tejados y los vendedores despliegan sus mercancías en la Vucciria, ese laberinto de olores y voces donde la frontera entre lo legal y lo prohibido es tan difusa como el humo de un cigarro. Paree haber paz, pero la paz, no existe en Palermo, mis enemigos, decir mis enemigos suena tan ambiguo, pero no hay mejor palabra para le gente que va en mi contra y me desean muerto, han aprendido a moverse en silencio. Antes, la amenaza era un rugido: balas en la noche, coches que explotaban en las esquinas, mensajes escritos con sangre en los muros de la ciudad. Ahora, el peligro se esconde en la quietud, en la ausencia de noticias, dicen que antes de la tormenta viene la calma, y eso lo se perfectamente, suelo ser la tormenta. Los viejos códigos de la Cosa Nostra dictan que el silencio es la antesala de la traición. Y yo, Roman Greco, he sobrevivido demasiado tiempo en este juego como para confiar en la paz. La lealtad se compra y se vende en Palermo como el mejor aceite de oliva; la traición, en cambio, se paga con la vida. Hoy tengo una reunión importante. No se trata de los negocios que han forjado mi nombre en la sombra, sino de algo más “limpio”, más aceptable a los ojos de la ley: la expansión de nuestra empresa de importación y distribución de productos gourmet. El dinero legítimo tiene un sabor distinto, menos intenso, pero más duradero. Es el escudo que me permite caminar entre jueces y banqueros sin que el hedor de la sangre me delate. Sin embargo, la costumbre es una segunda piel, y aunque hoy decido ir solo, sin la escolta habitual, no abandono la prudencia. Bajo la chaqueta de lino azul oscuro, llevo la Beretta compacta, fría y discreta contra mi costado. El traje, hecho a medida, es mi armadura: corte impecable, tela italiana, corbata de seda en un azul profundo que absorbe la luz. Los zapatos relucen, pero no tanto como para llamar la atención y por ultimo el reloj, un Patek Philippe. Salgo a la calle y el bullicio me envuelve. El aire huele a café recién hecho, a pan horneado, a mariscos que esperan su destino en los puestos del mercado. El sol, aún bajo, arranca destellos de las fachadas gastadas y de los charcos que la noche ha dejado en los adoquines. Camino entre la gente, invisible y presente, saludando con un leve gesto de cabeza a los conocidos, ignorando a los curiosos. En Palermo, la discreción es una forma de poder. En la esquina de Via Maqueda, el flujo de peatones se vuelve más denso. Un grupo de turistas se detiene a fotografiar una iglesia barroca, ajenos al peligro que acecha en cada sombra. Es entonces cuando ocurre: un tropiezo, un instante de caos contenido. Siento el contacto de un cuerpo contra el mío, ligero pero firme, y veo cómo una mujer pelirroja pierde el equilibrio. Sus cabellos, de un rojo intenso, parecen arder bajo la luz matinal. La sujeto por el brazo antes de que caiga, notando la suavidad de su piel y la tensión de sus músculos bajo la tela de un vestido verde esmeralda. Sus ojos, de un azul profundo, me miran con sorpresa y algo más: una chispa de desafío, quizás, o de miedo. —Attenta, signorina —murmuro, mi voz baja y controlada—. Palermo no perdona a los distraídos. Ella sonríe, apenas, y se libera de mi mano con una elegancia que no es común en las turistas, oh no las que suelo conocer, ella se muestra incluso se ve como si este fuera su hogar y yo el intruso, nos alejamos y cuando pasa a mi lado percibo el aroma de su perfume, una mezcla de cítricos y algo más oscuro. Por un instante, el tiempo se detiene. Podría girarme, seguirla con la mirada, dejar que la curiosidad me arrastre. Pero no lo hago. El autocontrol es mi mayor virtud y mi peor condena. Sigo mi camino, sintiendo el peso de su mirada en mi espalda, como una advertencia o una invitación. El bullicio de la ciudad me arrastra de nuevo. El sonido de los vendedores, el claxon de los scooters, el murmullo de las conversaciones en dialecto siciliano. Todo es familiar, todo es peligroso. Pero en mi mente, la imagen de la mujer pelirroja permanece, como una promesa de problemas. El edificio donde se celebra la reunión es un antiguo palazzo restaurado, con techos altos y frescos desvaídos que hablan de un pasado más noble y menos sangriento. La sala de juntas huele a cuero, a madera encerada, a café fuerte servido en tazas de porcelana. Los socios me esperan: hombres de negocios, abogados, un par de políticos locales que han aprendido a no hacer demasiadas preguntas. Sus trajes son caros, pero sus miradas delatan la inseguridad de quienes han visto de cerca el filo de la navaja. —Benvenuti —saludo, tomando asiento en la cabecera de la mesa. Mi voz es firme, sin concesiones—. Cominciamo. Las cifras aparecen en la pantalla: ingresos, proyecciones, oportunidades de expansión en el norte de Italia y más allá. Hablan de logística, de márgenes de beneficio, de alianzas estratégicas. El lenguaje es pulcro, casi aséptico, pero yo percibo las corrientes subterráneas: la ambición, el miedo, la sospecha de que todo puede venirse abajo con una sola llamada, con una sola traición. Escucho, asiento, hago preguntas precisas. Pero mi mente, por primera vez en mucho tiempo, no está del todo presente. La imagen de la mujer pelirroja se cuela entre los gráficos y las palabras. Recuerdo el tacto de su brazo, la intensidad de su mirada, el modo en que se apartó de mí sin mostrar debilidad. ¿Quién es? ¿Qué hace en Palermo? ¿Es una casualidad o una señal? En mi mundo, las coincidencias no existen. Todo tiene un propósito, una razón oculta que espera ser descubierta. Cuando todo termina, me levanto y recojo mi chaqueta. El murmullo de las conversaciones se apaga a mi paso. Salgo al pasillo, sintiendo el peso de las miradas en mi espalda. En el ascensor, el reflejo de mi rostro en el espejo me devuelve una imagen que reconozco del todo: los ojos oscuros, la mandíbula tensa, la sombra a mis hombros de la sangre que a pasado por mis manos, no soy alguien vanidoso por lo mismo no me visto para verme atractivo, solo busco, recato y decencia, pero verme al espejo suele ser algo que no soporto mucho hasta que aparto la mirada. El hambre es una excusa, una necesidad física que me permite retrasar el regreso a la soledad de mi despacho. Elijo un restaurante elegante en Via Principe di Belmonte, uno de esos lugares donde la luz para la hora del medio dia es tenue y el murmullo de las conversaciones se mezcla con el tintinear de las copas de cristal. El maître me reconoce y me conduce a una mesa junto a la ventana, desde donde puedo observar la calle y, si es necesario, la puerta de entrada, ya saben la mayoria de los restaurantes donde suele ser el lugar que busco. La seguridad es un hábito que no se pierde. El ambiente es refinado: manteles blancos, cubiertos de plata, camareros que se mueven con la precisión de bailarines. El aroma del vino tinto, del pan recién horneado, de la salsa de tomate y albahaca, llena el aire. El murmullo de la sala es un telón de fondo, una música suave que invita a la confidencia y al secreto. Me acomodo en la silla, pido un Brunello di Montalcino y dejo que el primer sorbo me limpie el paladar y la mente. Es entonces cuando la veo. Sentada en la mesa contigua, de espaldas a la pared, está la mujer pelirroja. Lleva un vestido negro esta vez, sencillo pero elegante, que resalta la palidez de su piel y el fuego de su cabello. A su lado, una amiga rubia, de rostro alegre y voz melodiosa. Hablan en voz baja, en un italiano con acento extranjero, quizás inglés o francés. Sus risas son suaves, contenidas, como si compartieran un secreto. No puedo evitar mirarlas de reojo. La pelirroja —Scarlett, pienso, porque ningún otro nombre le haría justicia a el aura y elegancia que ella mismo mostraba— percibe mi mirada y me dedica una sonrisa breve, cortés, cargada de una ironía que solo los que han conocido el peligro pueden entender. Le devuelvo la sonrisa, apenas un gesto, suficiente para marcar la distancia y la posibilidad. Minutos después, un bolígrafo cae al suelo, rodando hasta detenerse junto a mi zapato. Lo recojo. Es de metal, elegante, y lleva grabado un nombre: "Scarlett". Lo sostengo un instante entre los dedos, notando el peso, el frío del metal, el eco de su tacto. Me levanto y me acerco a su mesa. La amiga rubia me mira con curiosidad, pero es Scarlett quien sostiene mi mirada, sin rastro de temor. —Perdona, signorina —digo, tendiéndole el bolígrafo—. Creo que esto te pertenece.—
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    Sueño de Selin — Parte I


    Anoche Selin volvió a visitarme.
    Pero no como otras veces.
    Esta vez no era la mujer que recuerdo, ni la sombra luminosa que camina entre futuros posibles.

    Era una niña con apariencia de 13 años.
    Pequeña, serena… y terriblemente firme.

    No habló con la boca.
    Sus labios no se movieron.
    Su voz nació dentro de mí, en la parte del alma donde no existe la mentira.

    Y me contó una historia que ya conocía…
    pero esta vez dolía distinto.

    Durante el reinado del Caos de Oz, dos facciones Elunai —enemigas irreconciliables, obsesionadas con el control del poder lunar— se unieron por un mismo temor.
    Lo sabes bien.

    Cientos de soldados fueron movilizados para eliminar a Selin.
    Estaba embarazada de Veythra…
    y ya habían visto lo que podía engendrar su sangre en Jennifer.
    No fue justicia.
    Fue miedo.
    La rodearon.
    La acorralaron.
    Y la asesinaron.

    Muchos atacaron.
    Pero solo una dio el golpe de gracia.
    Una elfa.
    Movida por el temor…
    y por las órdenes de sus superiores.
    Sueño de Selin — Parte I Anoche Selin volvió a visitarme. Pero no como otras veces. Esta vez no era la mujer que recuerdo, ni la sombra luminosa que camina entre futuros posibles. Era una niña con apariencia de 13 años. Pequeña, serena… y terriblemente firme. No habló con la boca. Sus labios no se movieron. Su voz nació dentro de mí, en la parte del alma donde no existe la mentira. Y me contó una historia que ya conocía… pero esta vez dolía distinto. Durante el reinado del Caos de Oz, dos facciones Elunai —enemigas irreconciliables, obsesionadas con el control del poder lunar— se unieron por un mismo temor. Lo sabes bien. Cientos de soldados fueron movilizados para eliminar a Selin. Estaba embarazada de Veythra… y ya habían visto lo que podía engendrar su sangre en Jennifer. No fue justicia. Fue miedo. La rodearon. La acorralaron. Y la asesinaron. Muchos atacaron. Pero solo una dio el golpe de gracia. Una elfa. Movida por el temor… y por las órdenes de sus superiores.
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  • Los recuerdos de una vida salvaje sin restricciones hacen acto de presencia, mezclando el pasado y el presente una chispa de justicia disfrazada de violencia ha despertado, aquel que fue desterrado sin derecho a redención ha encontrado por quienes despertar...

    Los recuerdos de una vida salvaje sin restricciones hacen acto de presencia, mezclando el pasado y el presente una chispa de justicia disfrazada de violencia ha despertado, aquel que fue desterrado sin derecho a redención ha encontrado por quienes despertar...
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  • Jadrin nacido del hielo
    Fandom Oc/ROR y SNV
    Categoría Crossover
    Lejos de asgard y de los otros 9 mundos en el frio bosque, pasando las montañas hedaras alli vivia sola dejo de los demas dioses del valhalla
    La joven hija del dios nortico de la luna y la diosa nortica de las nieves.
    Ella era el frio junto con una luz calida de amabilodad , en ese jadrin estaba YIva la joven diosa de la luna y del invieno tambien conosida como la diosa de la justicia por los mortales

    "Creo que estan , tan bien estas uvas para un buen vino y las peras para ser memerada estan en su punto"

    Era un jadrin bello en el medio de tanta soledad y su arededor cubierto de nieve pero alli solo habitaba la paz juntos con algunos animales .
    Lejos de asgard y de los otros 9 mundos en el frio bosque, pasando las montañas hedaras alli vivia sola dejo de los demas dioses del valhalla La joven hija del dios nortico de la luna y la diosa nortica de las nieves. Ella era el frio junto con una luz calida de amabilodad , en ese jadrin estaba YIva la joven diosa de la luna y del invieno tambien conosida como la diosa de la justicia por los mortales "Creo que estan , tan bien estas uvas para un buen vino y las peras para ser memerada estan en su punto" Era un jadrin bello en el medio de tanta soledad y su arededor cubierto de nieve pero alli solo habitaba la paz juntos con algunos animales .
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  • Comenzado Los Encargos proxy
    Fandom Zenless Zone Zero
    Categoría Otros
    [Únicamente personajes de Zenless Zone Zero]


    Un dia tranquilo, los hermanos proxy estaba en el negocio que usaba de fachada para ocultar a lo que se dedican.

    Aunque ellos aceptan encargos de la red proxy qué no involucra o daña a otras personas, solo daban su ayuda cuando es verdaderamente necesario. Había ayudado a muchas facciones, hasta ayudaron a llevar a la justicia a gente mala.

    Belle mientras su hermano estaba viendo las ganancias de hoy y las películas que fueron entregadas, ella estaba buscado algún encargo que cumplir, además de información sobre la caída de la antigua capital, pues su maestra había sido injustamente culpada por lo que había pasado.

    Suspira pesadamente, llevándose la mano al rostro, suspira pesadamente pues de tanto que se ha publicado no encontro nada de lo sucedido, solo le quedaba buscar algun encargo, por suerte la tienda estaba siendo cuidada por su hermano, para que su labor como Featon no sea cansado, los hermanos se turnaba en esa cuenta.

    Wise estando en la tienda atendiendo a los personas que llegaba a pedir recomendaciones o rentar alguna película... Hasta conversar con los amigos de cada una de las facciones que han hecho durante su recorrido proxy.
    [Únicamente personajes de Zenless Zone Zero] Un dia tranquilo, los hermanos proxy estaba en el negocio que usaba de fachada para ocultar a lo que se dedican. Aunque ellos aceptan encargos de la red proxy qué no involucra o daña a otras personas, solo daban su ayuda cuando es verdaderamente necesario. Había ayudado a muchas facciones, hasta ayudaron a llevar a la justicia a gente mala. Belle mientras su hermano estaba viendo las ganancias de hoy y las películas que fueron entregadas, ella estaba buscado algún encargo que cumplir, además de información sobre la caída de la antigua capital, pues su maestra había sido injustamente culpada por lo que había pasado. Suspira pesadamente, llevándose la mano al rostro, suspira pesadamente pues de tanto que se ha publicado no encontro nada de lo sucedido, solo le quedaba buscar algun encargo, por suerte la tienda estaba siendo cuidada por su hermano, para que su labor como Featon no sea cansado, los hermanos se turnaba en esa cuenta. Wise estando en la tienda atendiendo a los personas que llegaba a pedir recomendaciones o rentar alguna película... Hasta conversar con los amigos de cada una de las facciones que han hecho durante su recorrido proxy.
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    Grupal
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