• NUEVA CONQUISTA: 2/2

    —Al salir el sol por fin lo entendio, entendio que ya no estaba en eñ mundo que el reinaba si no que estaba en una realidad diferente a la suya—

    :(Un nuevo mundo...¡ESTO ES GENIAL!, pondre a este universo de rodillas al igual que el otro y pronto, todos me tendran miedo y-)

    —Un pensamiento cruzo por su mente repentinamente, giro su cabeza hacia el horizonte y puso un gesto de intriga—

    :(¿Me pregunto si ella..?)

    —Antes de causar caos y muerte para su deleite, tenia que encontrar a ese alguien especial para el en este universo—
    NUEVA CONQUISTA: 2/2 —Al salir el sol por fin lo entendio, entendio que ya no estaba en eñ mundo que el reinaba si no que estaba en una realidad diferente a la suya— —💭:(Un nuevo mundo...¡ESTO ES GENIAL!, pondre a este universo de rodillas al igual que el otro y pronto, todos me tendran miedo y-) —Un pensamiento cruzo por su mente repentinamente, giro su cabeza hacia el horizonte y puso un gesto de intriga— —💭:(¿Me pregunto si ella..?) —Antes de causar caos y muerte para su deleite, tenia que encontrar a ese alguien especial para el en este universo—
    Me gusta
    1
    0 turnos 0 maullidos
  • —Me resulta intrigante... ¿Cómo es que un ser de tu naturaleza ha sido capaz de percibir mi presencia? Generalmente, los de tu clase son incapaces de notar mi existencia, pero tú eres... diferente.
    Dime, ¿cuál es el propósito de tu constante escrutinio? He sentido tu mirada fija sobre mí durante un tiempo considerable y debo advertirte que no es de mi agrado ser observado de esa manera. Tu curiosidad empieza a resultar impertinente.—
    —Me resulta intrigante... ¿Cómo es que un ser de tu naturaleza ha sido capaz de percibir mi presencia? Generalmente, los de tu clase son incapaces de notar mi existencia, pero tú eres... diferente. Dime, ¿cuál es el propósito de tu constante escrutinio? He sentido tu mirada fija sobre mí durante un tiempo considerable y debo advertirte que no es de mi agrado ser observado de esa manera. Tu curiosidad empieza a resultar impertinente.—
    Me gusta
    Me encocora
    4
    5 turnos 0 maullidos
  • Había lamentado el hecho de no asistir a la ópera junto a aquella mujer que parecía ser una compañía interesante: Rowan Blackthorn , quien con cautiva presencia semejante al de una intrigante sirena había llamado su atención desde el primer contacto.

    Su resaltada belleza no era lo que le atraía en primer lugar, sino aquel particular aroma que había despertado el apetito en sus sentidos. La piel tersa y el cuerpo ejercitado propiciaban calidad de sabor, según sus propios estándares, y ella cumplía con ambos, por lo que su hambre se había visto desatado en aquel primer encuentro. Sin embargo, un poco de diversión previa no sería un problema, ¿cierto?

    Como había prometido en aquella segunda carta enviada: compensaría su ausencia con una cena. Por lo tanto, ya había terminado de arreglarse e iba con algo de tiempo de sobra, sellando su gracia magnética con la cantidad adecuada de perfume y acomodando su plateado reloj de muñeca. Con el paso elegante de un felino y dejando tras de sí el eco de su andar, ya se había aproximado al oscuro automóvil para ir a buscar a su cita.

    Puntual, no había de otra. Era un hombre puntual y comprometido, no fallaría en esta oportunidad única que la fémina le había otorgado con su afirmación. Salió del auto con el mismo porte de su andar, una presencia elegante y serena que resaltaba por sí sola. Su blanca piel contrastaba perfectamente con la oscuridad que lo adornaba: sus ojos, cabellos y traje tan negros como la propia noche. Cabe destacar que no es un hombre pretencioso, sino todo lo contrario, es sencillo aunque le guste disfrutar sin medida de los mejores placeres, mantenía un perfil calmado y muchas veces rebosaba simpatía y gracia, aunque fuesen habilidades adoptadas por su personalidad camaleónica.

    Finalmente, ante la puerta de la vivienda (previamente escaneada) llamó a esta tres veces, cada golpe entre una pausa breve, evitando ser estridente. Silencio y espera, se mantenía firme frente a la residencia con la paciencia intacta y la curiosidad gobernando su mirada.
    Había lamentado el hecho de no asistir a la ópera junto a aquella mujer que parecía ser una compañía interesante: [rowan_the_seer] , quien con cautiva presencia semejante al de una intrigante sirena había llamado su atención desde el primer contacto. Su resaltada belleza no era lo que le atraía en primer lugar, sino aquel particular aroma que había despertado el apetito en sus sentidos. La piel tersa y el cuerpo ejercitado propiciaban calidad de sabor, según sus propios estándares, y ella cumplía con ambos, por lo que su hambre se había visto desatado en aquel primer encuentro. Sin embargo, un poco de diversión previa no sería un problema, ¿cierto? Como había prometido en aquella segunda carta enviada: compensaría su ausencia con una cena. Por lo tanto, ya había terminado de arreglarse e iba con algo de tiempo de sobra, sellando su gracia magnética con la cantidad adecuada de perfume y acomodando su plateado reloj de muñeca. Con el paso elegante de un felino y dejando tras de sí el eco de su andar, ya se había aproximado al oscuro automóvil para ir a buscar a su cita. Puntual, no había de otra. Era un hombre puntual y comprometido, no fallaría en esta oportunidad única que la fémina le había otorgado con su afirmación. Salió del auto con el mismo porte de su andar, una presencia elegante y serena que resaltaba por sí sola. Su blanca piel contrastaba perfectamente con la oscuridad que lo adornaba: sus ojos, cabellos y traje tan negros como la propia noche. Cabe destacar que no es un hombre pretencioso, sino todo lo contrario, es sencillo aunque le guste disfrutar sin medida de los mejores placeres, mantenía un perfil calmado y muchas veces rebosaba simpatía y gracia, aunque fuesen habilidades adoptadas por su personalidad camaleónica. Finalmente, ante la puerta de la vivienda (previamente escaneada) llamó a esta tres veces, cada golpe entre una pausa breve, evitando ser estridente. Silencio y espera, se mantenía firme frente a la residencia con la paciencia intacta y la curiosidad gobernando su mirada.
    Me gusta
    Me encocora
    5
    3 turnos 0 maullidos
  • Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
    Esto se ha publicado como Out Of Character.
    Tenlo en cuenta al responder.
    Diario del Príncipe Dimitri

    Desde que he llegado a este lugar, me he topado con personas verdaderamente interesantes. Aún desconozco qué fuerza o designio me trajo hasta aquí, sin embargo, estoy decidido a dar todo de mí para regresar algún día a mis tierras. No importa cuánto deba soportar o aprender en el proceso, mi determinación permanecera intacta

    Por ahora, me complace admitir que no he estado solo. He encontrado camaradas dignos de confianza, posibles amigos e incluso he tenido uno que otro encuentro tan intrigante como revelador. El peligro aguarda, lo percibo en el ambiente…pero estaré listo

    El conocimiento que estoy adquiriendo aquí es invaluable. Las costumbres, las técnicas, las estrategias e incluso las distintas formas de pensar de quienes habitan este sitio amplían mi perspectiva más de lo que habría imaginado. Quizás, cuando llegue el día de volver a casa, pueda aplicar al menos la mitad de lo aprendido. Si así fuera, no habría sido en vano mi estancia

    A veces me pregunto si soy el único que ha sido arrastrado hasta aquí. ¿Habrá otros como yo? ¿Alguno de mis antiguos compañeros o maestros habrá corrido la misma suerte? La posibilidad no es descabellada. Hasta ahora, solo me he encontrado con un rostro conocido… y ese pequeño vínculo con mi pasado ha traído una calma inesperada a mi corazón

    Confieso que dudé antes de comenzar a escribir estas líneas. No estoy acostumbrado a volcar mis pensamientos en papel. Sin embargo, hacerlo me concede una extraña serenidad, como si al ordenar mis ideas también lograra ordenar mis emociones. Tal vez este diario se convierta en un refugio silencioso mientras atravieso lo desconocido.
    Diario del Príncipe Dimitri Desde que he llegado a este lugar, me he topado con personas verdaderamente interesantes. Aún desconozco qué fuerza o designio me trajo hasta aquí, sin embargo, estoy decidido a dar todo de mí para regresar algún día a mis tierras. No importa cuánto deba soportar o aprender en el proceso, mi determinación permanecera intacta Por ahora, me complace admitir que no he estado solo. He encontrado camaradas dignos de confianza, posibles amigos e incluso he tenido uno que otro encuentro tan intrigante como revelador. El peligro aguarda, lo percibo en el ambiente…pero estaré listo El conocimiento que estoy adquiriendo aquí es invaluable. Las costumbres, las técnicas, las estrategias e incluso las distintas formas de pensar de quienes habitan este sitio amplían mi perspectiva más de lo que habría imaginado. Quizás, cuando llegue el día de volver a casa, pueda aplicar al menos la mitad de lo aprendido. Si así fuera, no habría sido en vano mi estancia A veces me pregunto si soy el único que ha sido arrastrado hasta aquí. ¿Habrá otros como yo? ¿Alguno de mis antiguos compañeros o maestros habrá corrido la misma suerte? La posibilidad no es descabellada. Hasta ahora, solo me he encontrado con un rostro conocido… y ese pequeño vínculo con mi pasado ha traído una calma inesperada a mi corazón Confieso que dudé antes de comenzar a escribir estas líneas. No estoy acostumbrado a volcar mis pensamientos en papel. Sin embargo, hacerlo me concede una extraña serenidad, como si al ordenar mis ideas también lograra ordenar mis emociones. Tal vez este diario se convierta en un refugio silencioso mientras atravieso lo desconocido.
    Me gusta
    3
    0 comentarios 0 compartidos
  • Comienza a volverse una manía tuya el estar ahí abajo, no es que me disguste, solo me intriga lo mucho que te agrada el suelo...

    ¿O hay algo más que te interese ahí?
    Comienza a volverse una manía tuya el estar ahí abajo, no es que me disguste, solo me intriga lo mucho que te agrada el suelo... ¿O hay algo más que te interese ahí?
    Me gusta
    Me encocora
    2
    0 turnos 0 maullidos
  • I'll use you as a focal point, so I don't lose sight of what I want
    Fandom Harry Potter
    Categoría Fantasía
    STARTER

    La biblioteca siempre era el lugar seguro para Hermione, su refugio cuando necesitaba concentrarse o relajarse, y también cuando estaba furiosa y no quería soltar palabras mordaces que pocos solían entender como un insulto o un ataque, entonces necesitaba aislarse. El aroma a pergamino antiguo, de algún modo, le recordaba que mientras tuviera un libro frente a ella, el caos del mundo exterior —la nieve, los T.I.M.O. o, desde hacía unas horas, la insoportable idea de compartir un caldero con un compañero de clase tan prejuicioso como lo era Malfoy— podía quedar reducido a un ruido de fondo.

    Aún así, esa tarde nada parecía funcionar, y el silencio de la biblioteca la resultaba sofocante.

    Frente a ella descansaba el tomo de "𝑇𝑒𝑜𝑟𝜄́𝑎 𝑑𝑒 𝑀𝑎𝑔𝑖𝑎 𝐷𝑒𝑓𝑒𝑛𝑠𝑖𝑣𝑎", de Wilbert Slinkhard, libro que había leído en su totalidad dos veces antes del inicio de clases creyendo que ése año finalmente podría superar a su mejor amigo en la materia que mejor se le daba (a él, claramente). Eso no estaba ocurriendo. De hecho, esa misma mañana había vuelto a fallar al querer conjurar un hechizo durante la clase de Defensa Contra las Artes Oscuras. Mientras Harry lograba desviar un ataque con un movimiento fluido de muñeca, ella se había quedado allí, con la cara ligeramente ruborizada de la vergüenza tras que su varita emitiera un chispazo plateado en lugar de un escudo que la protegiera en su totalidad.

    La teoría la tenía dominada. ¿Pero la ejecución? Se sentía como intentar gritar bajo el agua.

    Ya vería cómo realizarlo. Ahora debía repasar otros encantamientos, como por ejemplo...

    ...el 𝐌𝐨𝐛𝐢𝐥𝐢𝐜𝐨𝐫𝐩𝐮𝐬. Sus dedos recorrieron las líneas gastadas del manual, deteniéndose en la descripción de los "hilos invisibles". El texto explicaba cómo el hechizo debía anclarse en tres puntos de presión específicos: las muñecas, el cuello y las rodillas. "𝑄𝑢𝑖𝑒𝑛 𝑙𝑜 𝑙𝑎𝑛𝑧𝑎 𝑝𝑢𝑒𝑑𝑒 𝑐𝑜𝑛𝑡𝑟𝑜𝑙𝑎𝑟 𝑎 𝑠𝑢 𝑜𝑏𝑗𝑒𝑡𝑖𝑣𝑜 𝑐𝑜𝑚𝑜 𝑠𝑖 𝑓𝑢𝑒𝑟𝑎 𝑢𝑛𝑎 𝑚𝑎𝑟𝑖𝑜𝑛𝑒𝑡𝑎", leyó frunciendo el ceño. No solo debía elevar el cuerpo, sino también sostenerlo.

    Cerró los ojos un instante, tratando de visualizar cómo debía verse el hechizo en acción. En la teoría, el Mobilicorpus era una extensión lógica de los encantamientos de levitación básicos que había aprendido en sus inicios en Hogwarts, pero éste requería una sintonía de su destreza física que aún no dominaba. Si todavía no podía crear un escudo de manera no verbal, ¿cómo esperaba manejar la complejidad de mover un cuerpo entero con la precisión que exigía el texto? Porque esa palabra, 𝐩𝐫𝐞𝐜𝐢𝐬𝐢𝐨́𝐧, se repetía varias veces a lo largo de la descripción.

    Al volver a abrir los ojos, las letras sobre las hojas parecieron bailar frente a ella mientras intentaba enfocarse. La frustración, que hasta entonces había mantenido controlada, se convirtió en una llama. Una que se reflejó inmediatamente en su mirada cuando la desvió inevitablemente hacia el pergamino que asomaba bajo su libro de defensa. Era la nota de Snape.

    Su profesor le había asignado una nueva tarea hacia el final de la clase de Pociones, cuando ya no quedaba nadie más que ella dentro del aula, con esa voz siseante y monótona que le recordaba lo poco que se agradaban mutuamente. Por "𝑜́𝑟𝑑𝑒𝑛𝑒𝑠 𝑑𝑖𝑟𝑒𝑐𝑡𝑎𝑠 𝑑𝑒𝑙 𝑑𝑖𝑟𝑒𝑐𝑡𝑜𝑟", se requería una provisión extra de Poción Matalobos ya que Snape estaría abocado a otras tareas para la Orden. Era una tarea extremadamente delicada cuyo margen de error debía ser nulo, y por eso se necesitaban dos de los mejores alumnos de quinto año. Después de todo, eran pocos los que conocían la existencia de la organización, y no podían arriesgarse a involucrar alumnos de otros años.

    Pero Snape no la había emparejado con alguno de sus amigos, ni siquiera con un Ravenclaw competente que podría estar a su altura — o al menos acercarse a ella. Su compañero era el Slytherin que la odiaba, y que casualmente era también el otro alumno destacado en Pociones.

    Cada vez que leía el nombre "Draco Malfoy" junto al suyo, sentía una punzada de indignación en el estómago. La poción era una de las más peligrosas y difíciles de elaborar; un solo error en el manejo del acónito y los efectos podrían ser catastróficos. Dumbledore confiaba en ella, eso estaba claro, ¿pero por qué obligarla a trabajar con alguien que pasaba la mitad del tiempo burlándose de sus amigos?

    Y al menos ella sabía porqué estaría haciéndola los siguientes meses, como le repitió su profesor antes de dejarla ir, y cuáles eran los beneficios. ¿Pero cómo lograría convencer al otro estudiante? A pesar de su enojo, le intrigaba saber qué había en juego para su, lamentablemente, nuevo compañero. Él no podía saber de la Orden, ni tampoco que estaría ayudando a Lupin, o de seguro se reiría y no aceptaría. ¿Entonces...?

    Luego trataría de averiguarlo.

    Tener que pasar horas en una habitación en el sótano más frío del castillo compartiendo espacio con Draco Malfoy era su idea personal del infierno. El solo pensar en sus comentarios sarcásticos sobre su linaje, acompañados por esa sonrisa estúpida con aires de superioridad, o en las instancias de pelea que generaría solo para hacerla enojar, le quitaban cualquier intención de calmar su enojo.

    La fémina cerró el libro de golpe con un sonido seco que resonó entree las paredes de la biblioteca. El eco pareció despertar a Madam Pince, quien asomó su rostro por encima de una estantería de libros de Transformaciones. Un leve “Lo siento” escapó en un murmullo de sus labios antes de recoger sus cosas.

    «Precisión», recordó mentalmente mientras guardaba el pergamino de Snape dentro de su túnica. Esa palabra aplicaba al hechizo de levitación, y también a la poción que aprendería esa noche.

    Mientras bajaba las escaleras hacia las mazmorras, cargando con una mochila más pesada de lo habitual debido a los tomos extra de consulta que había pedido prestados y a los elementos que Snape le había indicado debía llevar a la sesión, una sensación distinta comenzó a abrirse paso entre la indignación. Estaba enojada aún, más de lo que le gustaría admitir, pero cuanto más vueltas le daba a la idea, más fuerza iba ganando una pequeña chispa de ambición. Un orgullo que no podía ignorar porque había sido elegida, entre tantos alumnos de aquel colegio, por el mismísimo Dumbledore para una tarea que podía salvar vidas. Y era otra oportunidad más para demostrar su valor.

    𝙳𝚁𝙰𝙲𝙾 𝙼𝙰𝙻𝙵𝙾𝚈
    STARTER La biblioteca siempre era el lugar seguro para Hermione, su refugio cuando necesitaba concentrarse o relajarse, y también cuando estaba furiosa y no quería soltar palabras mordaces que pocos solían entender como un insulto o un ataque, entonces necesitaba aislarse. El aroma a pergamino antiguo, de algún modo, le recordaba que mientras tuviera un libro frente a ella, el caos del mundo exterior —la nieve, los T.I.M.O. o, desde hacía unas horas, la insoportable idea de compartir un caldero con un compañero de clase tan prejuicioso como lo era Malfoy— podía quedar reducido a un ruido de fondo. Aún así, esa tarde nada parecía funcionar, y el silencio de la biblioteca la resultaba sofocante. Frente a ella descansaba el tomo de "𝑇𝑒𝑜𝑟𝜄́𝑎 𝑑𝑒 𝑀𝑎𝑔𝑖𝑎 𝐷𝑒𝑓𝑒𝑛𝑠𝑖𝑣𝑎", de Wilbert Slinkhard, libro que había leído en su totalidad dos veces antes del inicio de clases creyendo que ése año finalmente podría superar a su mejor amigo en la materia que mejor se le daba (a él, claramente). Eso no estaba ocurriendo. De hecho, esa misma mañana había vuelto a fallar al querer conjurar un hechizo durante la clase de Defensa Contra las Artes Oscuras. Mientras Harry lograba desviar un ataque con un movimiento fluido de muñeca, ella se había quedado allí, con la cara ligeramente ruborizada de la vergüenza tras que su varita emitiera un chispazo plateado en lugar de un escudo que la protegiera en su totalidad. La teoría la tenía dominada. ¿Pero la ejecución? Se sentía como intentar gritar bajo el agua. Ya vería cómo realizarlo. Ahora debía repasar otros encantamientos, como por ejemplo... ...el 𝐌𝐨𝐛𝐢𝐥𝐢𝐜𝐨𝐫𝐩𝐮𝐬. Sus dedos recorrieron las líneas gastadas del manual, deteniéndose en la descripción de los "hilos invisibles". El texto explicaba cómo el hechizo debía anclarse en tres puntos de presión específicos: las muñecas, el cuello y las rodillas. "𝑄𝑢𝑖𝑒𝑛 𝑙𝑜 𝑙𝑎𝑛𝑧𝑎 𝑝𝑢𝑒𝑑𝑒 𝑐𝑜𝑛𝑡𝑟𝑜𝑙𝑎𝑟 𝑎 𝑠𝑢 𝑜𝑏𝑗𝑒𝑡𝑖𝑣𝑜 𝑐𝑜𝑚𝑜 𝑠𝑖 𝑓𝑢𝑒𝑟𝑎 𝑢𝑛𝑎 𝑚𝑎𝑟𝑖𝑜𝑛𝑒𝑡𝑎", leyó frunciendo el ceño. No solo debía elevar el cuerpo, sino también sostenerlo. Cerró los ojos un instante, tratando de visualizar cómo debía verse el hechizo en acción. En la teoría, el Mobilicorpus era una extensión lógica de los encantamientos de levitación básicos que había aprendido en sus inicios en Hogwarts, pero éste requería una sintonía de su destreza física que aún no dominaba. Si todavía no podía crear un escudo de manera no verbal, ¿cómo esperaba manejar la complejidad de mover un cuerpo entero con la precisión que exigía el texto? Porque esa palabra, 𝐩𝐫𝐞𝐜𝐢𝐬𝐢𝐨́𝐧, se repetía varias veces a lo largo de la descripción. Al volver a abrir los ojos, las letras sobre las hojas parecieron bailar frente a ella mientras intentaba enfocarse. La frustración, que hasta entonces había mantenido controlada, se convirtió en una llama. Una que se reflejó inmediatamente en su mirada cuando la desvió inevitablemente hacia el pergamino que asomaba bajo su libro de defensa. Era la nota de Snape. Su profesor le había asignado una nueva tarea hacia el final de la clase de Pociones, cuando ya no quedaba nadie más que ella dentro del aula, con esa voz siseante y monótona que le recordaba lo poco que se agradaban mutuamente. Por "𝑜́𝑟𝑑𝑒𝑛𝑒𝑠 𝑑𝑖𝑟𝑒𝑐𝑡𝑎𝑠 𝑑𝑒𝑙 𝑑𝑖𝑟𝑒𝑐𝑡𝑜𝑟", se requería una provisión extra de Poción Matalobos ya que Snape estaría abocado a otras tareas para la Orden. Era una tarea extremadamente delicada cuyo margen de error debía ser nulo, y por eso se necesitaban dos de los mejores alumnos de quinto año. Después de todo, eran pocos los que conocían la existencia de la organización, y no podían arriesgarse a involucrar alumnos de otros años. Pero Snape no la había emparejado con alguno de sus amigos, ni siquiera con un Ravenclaw competente que podría estar a su altura — o al menos acercarse a ella. Su compañero era el Slytherin que la odiaba, y que casualmente era también el otro alumno destacado en Pociones. Cada vez que leía el nombre "Draco Malfoy" junto al suyo, sentía una punzada de indignación en el estómago. La poción era una de las más peligrosas y difíciles de elaborar; un solo error en el manejo del acónito y los efectos podrían ser catastróficos. Dumbledore confiaba en ella, eso estaba claro, ¿pero por qué obligarla a trabajar con alguien que pasaba la mitad del tiempo burlándose de sus amigos? Y al menos ella sabía porqué estaría haciéndola los siguientes meses, como le repitió su profesor antes de dejarla ir, y cuáles eran los beneficios. ¿Pero cómo lograría convencer al otro estudiante? A pesar de su enojo, le intrigaba saber qué había en juego para su, lamentablemente, nuevo compañero. Él no podía saber de la Orden, ni tampoco que estaría ayudando a Lupin, o de seguro se reiría y no aceptaría. ¿Entonces...? Luego trataría de averiguarlo. Tener que pasar horas en una habitación en el sótano más frío del castillo compartiendo espacio con Draco Malfoy era su idea personal del infierno. El solo pensar en sus comentarios sarcásticos sobre su linaje, acompañados por esa sonrisa estúpida con aires de superioridad, o en las instancias de pelea que generaría solo para hacerla enojar, le quitaban cualquier intención de calmar su enojo. La fémina cerró el libro de golpe con un sonido seco que resonó entree las paredes de la biblioteca. El eco pareció despertar a Madam Pince, quien asomó su rostro por encima de una estantería de libros de Transformaciones. Un leve “Lo siento” escapó en un murmullo de sus labios antes de recoger sus cosas. «Precisión», recordó mentalmente mientras guardaba el pergamino de Snape dentro de su túnica. Esa palabra aplicaba al hechizo de levitación, y también a la poción que aprendería esa noche. Mientras bajaba las escaleras hacia las mazmorras, cargando con una mochila más pesada de lo habitual debido a los tomos extra de consulta que había pedido prestados y a los elementos que Snape le había indicado debía llevar a la sesión, una sensación distinta comenzó a abrirse paso entre la indignación. Estaba enojada aún, más de lo que le gustaría admitir, pero cuanto más vueltas le daba a la idea, más fuerza iba ganando una pequeña chispa de ambición. Un orgullo que no podía ignorar porque había sido elegida, entre tantos alumnos de aquel colegio, por el mismísimo Dumbledore para una tarea que podía salvar vidas. Y era otra oportunidad más para demostrar su valor. [PUREBL00D]
    Tipo
    Individual
    Líneas
    Cualquier línea
    Estado
    Disponible
    Me gusta
    2
    1 turno 0 maullidos
  • Joshua Dreemur
    tu... pensaste que te abandone, pequeño corderito, revisa tu mente, las imagenes de tormento son mis caricias de invierno.

    tu... pensaste que alguien te salvaria de mis garras, pequeño corderito, mis garras crecen y crecen cuando finges tener los ojos de frente en vez de costado.

    tu... al que le confie mi mayor secreto, y por consecuencia mi alma, AHORA quiere huir? huir de su destino, pues ambos sabemos muy bien, lo que tratas de hacer.

    tu.. quien posa su mirada al vacio cuenta hasta 3 y te encontrare, no... ya te encontre, quien te dio la oportunidad de escapar? QUIEN te dio la capacidad de vivir un dia mas?

    tu.. pensaste que te escaparias, TE di una oportunidad, la desaprovechaste sin mas, una pequeña puerta a otro mundo, a otro sitio especial, un sitio blanco en el que no podia estar, un sitio blanco en el que tu mente te permitiria desafiar, por mera curiosidad te he dejado ahi, y un simple pensamiento intrusivo... solo uno... por que tu... tu...

    tu... dime pequeña cabra negra, por que escapar de tu destino? el ser elegido es mas que una bendicion para tu alma, una bendicion que abandonaste, haz rechazado mi segunda oportunidad, me intriga saber como no lo sabes, como piensas que te salvaras, que los SALVARA?

    ahora dime pequeño sacrificio, cual es la verdadera pregunta? a tu respuesta sin fin.. la unica respuesta que ronda por la cabeza de ..JOSHUA..
    [shade_fuchsia_kangaroo_337] tu... pensaste que te abandone, pequeño corderito, revisa tu mente, las imagenes de tormento son mis caricias de invierno. tu... pensaste que alguien te salvaria de mis garras, pequeño corderito, mis garras crecen y crecen cuando finges tener los ojos de frente en vez de costado. tu... al que le confie mi mayor secreto, y por consecuencia mi alma, AHORA quiere huir? huir de su destino, pues ambos sabemos muy bien, lo que tratas de hacer. tu.. quien posa su mirada al vacio cuenta hasta 3 y te encontrare, no... ya te encontre, quien te dio la oportunidad de escapar? QUIEN te dio la capacidad de vivir un dia mas? tu.. pensaste que te escaparias, TE di una oportunidad, la desaprovechaste sin mas, una pequeña puerta a otro mundo, a otro sitio especial, un sitio blanco en el que no podia estar, un sitio blanco en el que tu mente te permitiria desafiar, por mera curiosidad te he dejado ahi, y un simple pensamiento intrusivo... solo uno... por que tu... tu... tu... dime pequeña cabra negra, por que escapar de tu destino? el ser elegido es mas que una bendicion para tu alma, una bendicion que abandonaste, haz rechazado mi segunda oportunidad, me intriga saber como no lo sabes, como piensas que te salvaras, que los SALVARA? ahora dime pequeño sacrificio, cual es la verdadera pregunta? a tu respuesta sin fin.. la unica respuesta que ronda por la cabeza de ..JOSHUA..
    1 turno 1 maullido
  • — ¡Vin! Dice Vale que si vamos por sushi hoy. —Marco, su compañero del departamento de finanzas, no dudó en abordarlo con emoción a la salida del trabajo.— Hace mucho tiempo que no vamos y, siendo realista, la verdad es que también me gustaría. ¿Qué dices, vamos?

    Vincent se le quedó mirando con duda e intriga. No es que no tuviese antojo de sushi o que no quisiera distraerse un rato de su monótona rutina en el trabajo pero, la verdad, detestaba la idea de tener que conducir por más tiempo para llevar a Valentina hasta su casa y después regresar a dejar a Marco, porque le quedaba de camino a su hogar, y así terminar retrasándose más tiempo. Además, entendía que era el único que tenía vehículo y por eso lo invitaban, porque nadie más se iba a tomar la molestia de llevarlos al otro extremo de la ciudad, regresarlos a sus hogares y no pedir un solo centavo para la gasolina. ¿Quién más iba a ser tan noble para dejar que se aprovecharan de él tan descaradamente?

    — No lo sé. Tengo que terminar un trabajo llegando a casa, también le dije al jefe de nómina que veríamos su tema cuando estuviese en casa y mañana tengo una reunión con el equipo de auditoria. No sé si realmente pueda...

    — Hoy hay promoción. Todos los rollos están al dos por uno.

    — ¿Todos? Pero no lo sé, realmente tengo trabajo que...

    — Los helados de yogur también están al tres por dos. —Marco agregó de inmediato. Como si quisiera interrumpirlo sin darle oportunidad de negarse una vez más ante su petición.— Esos son los que te gustan, ¿no? Además, no sé si lo habías notado, pero ya nos pagaron.

    Ya nos pagaron. Nos pagaron. Pagaron. Promoción. Dos por uno. Tres por dos.

    Por un momento Vincent se quedó pensando en aquellas palabras que resonaron con fuerza en su mente. Aunque las deudas del mes le pasaron por la cabeza, el hecho de entender que su salario había sido pagado era suficiente para cambiar su humor. Su rostro cambió, pasando de esa incomodidad por el aprovechamiento, a una expresión más relajada en la que enviaba todo al carajo.

    — Bueno. Por mí está bien, ya hablaré mañana con los demás. Vamos, pero ustedes dos deberán invitarme el helado esta vez. —Vincent asintió, confirmando sus palabras y estando satisfecho con su propia decisión. De verdad que ya comenzaba a saborearse el helado cubierto de chocolate y con trozos de fruta como decoración para mejorar el dulzor.— Ya me hacía falta salir de esa oficina.

    Del dinero gastado hoy, se preocupará el Vincent del mañana.
    — ¡Vin! Dice Vale que si vamos por sushi hoy. —Marco, su compañero del departamento de finanzas, no dudó en abordarlo con emoción a la salida del trabajo.— Hace mucho tiempo que no vamos y, siendo realista, la verdad es que también me gustaría. ¿Qué dices, vamos? Vincent se le quedó mirando con duda e intriga. No es que no tuviese antojo de sushi o que no quisiera distraerse un rato de su monótona rutina en el trabajo pero, la verdad, detestaba la idea de tener que conducir por más tiempo para llevar a Valentina hasta su casa y después regresar a dejar a Marco, porque le quedaba de camino a su hogar, y así terminar retrasándose más tiempo. Además, entendía que era el único que tenía vehículo y por eso lo invitaban, porque nadie más se iba a tomar la molestia de llevarlos al otro extremo de la ciudad, regresarlos a sus hogares y no pedir un solo centavo para la gasolina. ¿Quién más iba a ser tan noble para dejar que se aprovecharan de él tan descaradamente? — No lo sé. Tengo que terminar un trabajo llegando a casa, también le dije al jefe de nómina que veríamos su tema cuando estuviese en casa y mañana tengo una reunión con el equipo de auditoria. No sé si realmente pueda... — Hoy hay promoción. Todos los rollos están al dos por uno. — ¿Todos? Pero no lo sé, realmente tengo trabajo que... — Los helados de yogur también están al tres por dos. —Marco agregó de inmediato. Como si quisiera interrumpirlo sin darle oportunidad de negarse una vez más ante su petición.— Esos son los que te gustan, ¿no? Además, no sé si lo habías notado, pero ya nos pagaron. Ya nos pagaron. Nos pagaron. Pagaron. Promoción. Dos por uno. Tres por dos. Por un momento Vincent se quedó pensando en aquellas palabras que resonaron con fuerza en su mente. Aunque las deudas del mes le pasaron por la cabeza, el hecho de entender que su salario había sido pagado era suficiente para cambiar su humor. Su rostro cambió, pasando de esa incomodidad por el aprovechamiento, a una expresión más relajada en la que enviaba todo al carajo. — Bueno. Por mí está bien, ya hablaré mañana con los demás. Vamos, pero ustedes dos deberán invitarme el helado esta vez. —Vincent asintió, confirmando sus palabras y estando satisfecho con su propia decisión. De verdad que ya comenzaba a saborearse el helado cubierto de chocolate y con trozos de fruta como decoración para mejorar el dulzor.— Ya me hacía falta salir de esa oficina. Del dinero gastado hoy, se preocupará el Vincent del mañana.
    Me gusta
    Me encocora
    Me enjaja
    5
    0 turnos 0 maullidos
  • Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
    Esto se ha publicado como Out Of Character.
    Tenlo en cuenta al responder.
    no yo, buscando una historia gótica, de época, con un poquito de prosa y misterio. Pensando en grandes metrópolis y pueblos alejados, diversas culturas, y plagas... plagas por todos lados xp.
    Vengan al lado oscuro, tenemos drama, chismes, mas chismes, intriga política, social, y maquillajes de arsénico. <3
    no yo, buscando una historia gótica, de época, con un poquito de prosa y misterio. Pensando en grandes metrópolis y pueblos alejados, diversas culturas, y plagas... plagas por todos lados xp. Vengan al lado oscuro, tenemos drama, chismes, mas chismes, intriga política, social, y maquillajes de arsénico. <3
    Me gusta
    Me encocora
    Me shockea
    8
    0 comentarios 0 compartidos
  • Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
    Esto se ha publicado como Out Of Character.
    Tenlo en cuenta al responder.
    Parte 13 - La guardiana del bosque.

    La corriente había entregado a Akane a la orilla, pero fue una ogra quien la salvó. Grande y fuerte, con rasgos más finos que los de su especie, la joven ogra la cargó hasta su cabaña en el bosque. Allí, rodeada de hierbas colgadas en las paredes y frascos de cristal con líquidos de colores, comenzó el proceso de sanación.

    La ogra conocía la medicina de plantas y la alquimia de pociones.
    Había aprendido a mezclar ambos saberes, creando remedios más poderosos que los comunes. Sabía que podían sanar casi cualquier daño, salvo la pérdida de un miembro.
    Por eso confió en que una sola poción bastaría.

    Pero al ver la magnitud de las heridas de Akane, comprendió que no sería suficiente. Así que decidió administrarle pociones dos veces al día, durante cuatro días, con paciencia, con cuidado, con la fuerza de alguien que sabe que la vida es frágil.

    El segundo día, Akane abrió los ojos apenas un instante, la visión era borrosa, pero alcanzó a distinguir la figura de la ogra inclinada sobre ella, ofreciéndole una poción. Por un momento, la silueta se confundió con un recuerdo, el cabello, la postura, la firmeza en la mirada…
    Akane sonrió débilmente y murmuró: Abuela Jennifer…

    Antes de que la ogra pudiera responder, Akane volvió a caer en el sueño. La ogra se quedó quieta, arqueando una ceja.

    "¿Abuela? ¿Tan mayor me veo? A lo mucho podría confundirme con su madre… pero ¿abuela?"

    Sacudió la cabeza, divertida y un poco ofendida, mientras pensaba que aquella joven debía estar delirando por la fiebre.

    Parte 14 - El despertar y la aclaración.

    Pasaron unos mas días. Las pociones habían hecho efecto y Akane comenzó a recuperar fuerzas. Cuando despertó plenamente, la ogra se acercó para revisar sus heridas, Akane, aún medio dormida, dio un pequeño sobresalto y murmuró otra vez:

    -Jennifer…

    La ogra ladeó la cabeza, con una sonrisa irónica.
    -No soy tan mayor como crees. Y, para tu información, supongo que tenemos casi la misma edad. Así que no me confundas con una señora mayor.

    Akane se frotó los ojos, y al observar mejor notó el cabello rojo intenso de la ogra, tan distinto al negro verdoso de Jennifer. Se sonrojó y se disculpó: Lo siento… no es que te viera como alguien mayor. Es que mi abuela Jennifer se ve tan joven que parece tener no más de veinte años.

    La ogra parpadeó, confundida. -¿Tu abuela? ¿De veinte años? Eso no tiene sentido. Los ogros vivimos mucho tiempo, sí, pero una abuela que parece una jovencita… ¿qué clase de criatura es? ¿Acaso es un demonio?

    Akane suspiró, con una sonrisa cansada. -Peor... Demonio es una palabra que se queda corta.-
    Luego pensó un momento y agregó: Oh, ¿te refieres a su especie? No, no es un demonio. Ella… es complicado de explicar.

    La ogra ladeó la cabeza, intrigada.
    -¿Qué clase de abuela será esa tal Jennifer?" pensó, mientras seguía cuidando a Akane.
    Parte 13 - La guardiana del bosque. La corriente había entregado a Akane a la orilla, pero fue una ogra quien la salvó. Grande y fuerte, con rasgos más finos que los de su especie, la joven ogra la cargó hasta su cabaña en el bosque. Allí, rodeada de hierbas colgadas en las paredes y frascos de cristal con líquidos de colores, comenzó el proceso de sanación. La ogra conocía la medicina de plantas y la alquimia de pociones. Había aprendido a mezclar ambos saberes, creando remedios más poderosos que los comunes. Sabía que podían sanar casi cualquier daño, salvo la pérdida de un miembro. Por eso confió en que una sola poción bastaría. Pero al ver la magnitud de las heridas de Akane, comprendió que no sería suficiente. Así que decidió administrarle pociones dos veces al día, durante cuatro días, con paciencia, con cuidado, con la fuerza de alguien que sabe que la vida es frágil. El segundo día, Akane abrió los ojos apenas un instante, la visión era borrosa, pero alcanzó a distinguir la figura de la ogra inclinada sobre ella, ofreciéndole una poción. Por un momento, la silueta se confundió con un recuerdo, el cabello, la postura, la firmeza en la mirada… Akane sonrió débilmente y murmuró: Abuela Jennifer… Antes de que la ogra pudiera responder, Akane volvió a caer en el sueño. La ogra se quedó quieta, arqueando una ceja. "¿Abuela? ¿Tan mayor me veo? A lo mucho podría confundirme con su madre… pero ¿abuela?" Sacudió la cabeza, divertida y un poco ofendida, mientras pensaba que aquella joven debía estar delirando por la fiebre. Parte 14 - El despertar y la aclaración. Pasaron unos mas días. Las pociones habían hecho efecto y Akane comenzó a recuperar fuerzas. Cuando despertó plenamente, la ogra se acercó para revisar sus heridas, Akane, aún medio dormida, dio un pequeño sobresalto y murmuró otra vez: -Jennifer… La ogra ladeó la cabeza, con una sonrisa irónica. -No soy tan mayor como crees. Y, para tu información, supongo que tenemos casi la misma edad. Así que no me confundas con una señora mayor. Akane se frotó los ojos, y al observar mejor notó el cabello rojo intenso de la ogra, tan distinto al negro verdoso de Jennifer. Se sonrojó y se disculpó: Lo siento… no es que te viera como alguien mayor. Es que mi abuela Jennifer se ve tan joven que parece tener no más de veinte años. La ogra parpadeó, confundida. -¿Tu abuela? ¿De veinte años? Eso no tiene sentido. Los ogros vivimos mucho tiempo, sí, pero una abuela que parece una jovencita… ¿qué clase de criatura es? ¿Acaso es un demonio? Akane suspiró, con una sonrisa cansada. -Peor... Demonio es una palabra que se queda corta.- Luego pensó un momento y agregó: Oh, ¿te refieres a su especie? No, no es un demonio. Ella… es complicado de explicar. La ogra ladeó la cabeza, intrigada. -¿Qué clase de abuela será esa tal Jennifer?" pensó, mientras seguía cuidando a Akane.
    0 comentarios 1 compartido
Ver más resultados
Patrocinados