• 𝔈𝔩 𝔐𝔦𝔰𝔱𝔢𝔯𝔦𝔬 𝔡𝔢 𝔩𝔞 𝔑𝔬𝔳𝔦𝔞 𝔡𝔢 𝔑𝔢𝔤𝔯𝔬

    Las luces son tenues y el aire es pesado. Ella siempre aparece sola, con un cigarrillo entre sus dedos enguantados y esa sonrisa críptica que promete gloria o perdición. El texto de los periódicos locales es claro: "¡Cuidado con la Dama!"

    Ha habido una serie de desapariciones y escándalos que involucran a las herederas más ricas y a las mujeres más influyentes de la alta sociedad. Todas ellas fueron vistas por última vez bailando con la mujer del vestido negro.

    "Ella era hermosa y viciosa... y buscaba mujeres."

    -------
    Intrigante, ¿Verdad?
    Espero que haya sido de su agrado. Estaré trayendo ideas espontáneas para un posible rol Si les interesa no duden en escribirme
    🌹 𝔈𝔩 𝔐𝔦𝔰𝔱𝔢𝔯𝔦𝔬 𝔡𝔢 𝔩𝔞 𝔑𝔬𝔳𝔦𝔞 𝔡𝔢 𝔑𝔢𝔤𝔯𝔬 🌹 Las luces son tenues y el aire es pesado. Ella siempre aparece sola, con un cigarrillo entre sus dedos enguantados y esa sonrisa críptica que promete gloria o perdición. El texto de los periódicos locales es claro: "¡Cuidado con la Dama!" Ha habido una serie de desapariciones y escándalos que involucran a las herederas más ricas y a las mujeres más influyentes de la alta sociedad. Todas ellas fueron vistas por última vez bailando con la mujer del vestido negro. "Ella era hermosa y viciosa... y buscaba mujeres." ------- Intrigante, ¿Verdad? Espero que haya sido de su agrado. :STK-4: Estaré trayendo ideas espontáneas para un posible rol :STK-5: Si les interesa no duden en escribirme :STK-3:
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  • Ciudad pentagrama se sintió más lúgubre de lo habitual. Aquella escalofriante sensación que producía la paranoia de sentirse observado aún si al darte la vuelta nada encontrabas, un escalofrío, un sentimiento, que cada alma putrefacta de aquel basurero que llamaban infierno sintió en aquel momento. Aunque no estaban equivocados. Pues mientras no eran observadas las sombras se movían, se reían y volvían a escabullirse entre oscuros callejones.
    La ciudad entera en la que todos los pecadores habitada se habían visto repentinamente invadidos por las sombras escurridizas, títeres de su amo que, calmadamente, aguantaba desde su morada por la obtención de Información que tanto buscaba. Una ubicación. Un lugar. Un ángel que hacía mucho había allí caído y ahora, sabedor de sus debilidades, tenía casi a su merced.

    Lucifer no podía estar muy lejos. No debía estario. No después de haberlo provocado de aquella forma hasta el punto de hacerlo arrastrarse como lombriz y es que, aunque le constaba que había usado sus alas para escapar, dudaba que tuviera la fuerza suficiente como para poder huir hasta algún otro anillo al cual él no podría acceder. Sin mencionar a Charlie y su hotel. Amaba demasiado a la absurdamente positiva de su hija como para dejarla atrás sólo porque él le había tocado el nervio.
    Aún se encontraba de pie frente al gran ventanal de su estación de radio, erguido, estoico. Con sus manos detrás de la espalda mientras esperaba novedades. Algo por lo que no debió esperar demasiado tiempo.

    Escurridizas, silenciosas y cautelosas. Tan discretas que más allá de la sensación de ser observados eran prácticamente imperceptibles, sus sombras volvieron a aparecer detrás de él

    —¿Y bien?— Cuestionó sin mirar, su vista aún perdida en la vasta ciudad que, ahora sabía, estaba destruida en comparación a sus inicios. Silencio, un silencio que, salvo él, nadie hubiese comprendido. Y es que él no necesitaba palabras para entender. Su sombra asomándose desde un costado suyo a lo que él desvió la mirada para observarle de reojo, aún sin moverse de su posición.

    La sombra sonrió victoriosa, tendiéndole con una mano una blanca pluma que tanto contrarrestaba con el ambiente oscuro y pesado que él mismo generaba. Una luz en medio de la oscuridad parecía simular aquella blanquecina plumilla. Extendió una mano, tomándola, llevándola a sus labios y apoyándola con satisfecha sonrisa.
    La penumbra desapareció tan de repente como él al escabullirse entre las sombras, fundiéndose en ellas y desapareciendo de la vista de cualquiera. Viajando por el infierno de una forma que nadie podría percatarse de su presencia a menos que así lo deseara, tan solo emergiendo por un momento, de pie, delante de un edificio. Un palacio. Una risa suave, grave, maliciosa, emanando desde lo profundo de su pecho.

    —Ni creas que terminé contigo, pequeño ángel — Se aseguró a sí mismo, volviendo a escabullirse entre las sombras mientras se colaba entre los muros del palacio, un hogar y de S𝖆𝖒𝖆𝖊𝖑 𝕸𝖔𝖗𝖓𝖎𝖓𝖌𝖘𝖙𝖆𝖗 ni más ni menos.
    Ahora habiendo conocido la manzana de la tentación, estaba negado a no probar su dulzura. A no morder el fruto y embriagarse con su sabor quién sabía si incluso más adictivo que la came humana que él por mucho había consumido. Pero no iba a quedarse con la intriga ni tampoco con los deseos de volver a someter a quien se decía intocable, de volverlo suyo de maneras que, hasta entonces, jamás imaginó. De romper aquel espíritu combativo, quebrar su orgullo, y, por la fuerza de ser necesario, quien por fin obtuviera el control de absolutamente todo.
    Ciudad pentagrama se sintió más lúgubre de lo habitual. Aquella escalofriante sensación que producía la paranoia de sentirse observado aún si al darte la vuelta nada encontrabas, un escalofrío, un sentimiento, que cada alma putrefacta de aquel basurero que llamaban infierno sintió en aquel momento. Aunque no estaban equivocados. Pues mientras no eran observadas las sombras se movían, se reían y volvían a escabullirse entre oscuros callejones. La ciudad entera en la que todos los pecadores habitada se habían visto repentinamente invadidos por las sombras escurridizas, títeres de su amo que, calmadamente, aguantaba desde su morada por la obtención de Información que tanto buscaba. Una ubicación. Un lugar. Un ángel que hacía mucho había allí caído y ahora, sabedor de sus debilidades, tenía casi a su merced. Lucifer no podía estar muy lejos. No debía estario. No después de haberlo provocado de aquella forma hasta el punto de hacerlo arrastrarse como lombriz y es que, aunque le constaba que había usado sus alas para escapar, dudaba que tuviera la fuerza suficiente como para poder huir hasta algún otro anillo al cual él no podría acceder. Sin mencionar a Charlie y su hotel. Amaba demasiado a la absurdamente positiva de su hija como para dejarla atrás sólo porque él le había tocado el nervio. Aún se encontraba de pie frente al gran ventanal de su estación de radio, erguido, estoico. Con sus manos detrás de la espalda mientras esperaba novedades. Algo por lo que no debió esperar demasiado tiempo. Escurridizas, silenciosas y cautelosas. Tan discretas que más allá de la sensación de ser observados eran prácticamente imperceptibles, sus sombras volvieron a aparecer detrás de él —¿Y bien?— Cuestionó sin mirar, su vista aún perdida en la vasta ciudad que, ahora sabía, estaba destruida en comparación a sus inicios. Silencio, un silencio que, salvo él, nadie hubiese comprendido. Y es que él no necesitaba palabras para entender. Su sombra asomándose desde un costado suyo a lo que él desvió la mirada para observarle de reojo, aún sin moverse de su posición. La sombra sonrió victoriosa, tendiéndole con una mano una blanca pluma que tanto contrarrestaba con el ambiente oscuro y pesado que él mismo generaba. Una luz en medio de la oscuridad parecía simular aquella blanquecina plumilla. Extendió una mano, tomándola, llevándola a sus labios y apoyándola con satisfecha sonrisa. La penumbra desapareció tan de repente como él al escabullirse entre las sombras, fundiéndose en ellas y desapareciendo de la vista de cualquiera. Viajando por el infierno de una forma que nadie podría percatarse de su presencia a menos que así lo deseara, tan solo emergiendo por un momento, de pie, delante de un edificio. Un palacio. Una risa suave, grave, maliciosa, emanando desde lo profundo de su pecho. —Ni creas que terminé contigo, pequeño ángel — Se aseguró a sí mismo, volviendo a escabullirse entre las sombras mientras se colaba entre los muros del palacio, un hogar y de [LuciHe11] ni más ni menos. Ahora habiendo conocido la manzana de la tentación, estaba negado a no probar su dulzura. A no morder el fruto y embriagarse con su sabor quién sabía si incluso más adictivo que la came humana que él por mucho había consumido. Pero no iba a quedarse con la intriga ni tampoco con los deseos de volver a someter a quien se decía intocable, de volverlo suyo de maneras que, hasta entonces, jamás imaginó. De romper aquel espíritu combativo, quebrar su orgullo, y, por la fuerza de ser necesario, quien por fin obtuviera el control de absolutamente todo.
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  • -Se hallaba inmerso en la composición de una sonata cuando los recuerdos lo transportaron a los días en que sus esposos estaban en casa. Sabía que sus misiones los mantenían lejos con frecuencia, pero ya no se sentía solo: el calor de sus crías y la vida que crecía en su interior le devolvían la alegría. De pronto, una misteriosa caja musical captó su atención. ¿Quién la habría puesto ahí? Buscó a su alrededor sin éxito; lo único que encontró fue un grabado con las siglas "STK". Intrigado, se quedó sumido en sus pensamientos mientras escuchaba la melodía.-

    https://music.youtube.com/watch?v=Vdi8c51e-ME&si=gGrDPo1rYFV2DVOC
    -Se hallaba inmerso en la composición de una sonata cuando los recuerdos lo transportaron a los días en que sus esposos estaban en casa. Sabía que sus misiones los mantenían lejos con frecuencia, pero ya no se sentía solo: el calor de sus crías y la vida que crecía en su interior le devolvían la alegría. De pronto, una misteriosa caja musical captó su atención. ¿Quién la habría puesto ahí? Buscó a su alrededor sin éxito; lo único que encontró fue un grabado con las siglas "STK". Intrigado, se quedó sumido en sus pensamientos mientras escuchaba la melodía.- https://music.youtube.com/watch?v=Vdi8c51e-ME&si=gGrDPo1rYFV2DVOC
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  • — Se habían quedado dormidos, cuando finalmente el trabajo les había dado un descanso, al instante se organizaron para pasar todo el día juntos. Salieron, cenaron, hicieron alguna tontería y terminaron en casa de Daniel, como ya se estaba haciendo casi costumbre. Como era de esperarse, una vez puertas adentro, la desesperación por el cuerpo del otro floreció en un instante, empujándolos a la acción sin tenerle el más mínimo cuidado a lo demás.
    Se les fue el tiempo, siempre les pasaba cuando estaban juntos haciendo cualquier cosa, a Daniel no le importaba, sentía que últimamente podría dedicarle cada instante de su tiempo sin ningún remordimiento, era perfecto.

    Eventualmente se quedaron dormidos, pretendieron ver una película, pero el cansancio de sus cuerpos los derrotó en minutos. Estaban cansados por el largo día, pero no parecían cansarse de estar juntos, por eso, al despertar después de un rato, ya con los brazos adormecidos por la posición incómoda en el sofá, el más jóven murmuró algo sobre que se quedara esa noche, mientras se ponía de pie —aún adormilado— y se dirigía a la habitación tomándolo torpemente se la mano.

    Una vez allí ocurrieron dos cosas, que por separado no hubieran tenido ningún efecto, pero que juntas podían desatar unas cuantas intrigas en el mayor y un problema para Daniel.
    Dejó la luz encendida, a veces lo hacia, una tenue luz fría que armonizaba la habitación y, aún entre su sueño, se quitó la camiseta que llevaba — probablemente por el calor, una costumbre que ya tenía al dormir — y así se acostó al lado de su novio, quedando dormido al instante.

    Daniel dormía profundamente, tenía el sueño muy pesado y había que sacudirlo un poco para despertarlo, se encontraba boca abajo, con sus brazos debajo de la cabeza y el cuerpo semi destapado. Fue en esa posición, bajo la luz débil, que en la espalda del modelo podía distinguirse algo peculiar: dos marcas perfectamente simétricas, arriba y al centro, a ambos lados de la columna, allí parecían hacerse espejo y no se veían como manchas en la piel, tenían un ligero relieve, como cicatrices.

    Al ver eso cualquiera podría conectar un par de cables y entender porque Daniel siempre ocultaba su espalda, lo hacía de forma sutil, pero lo hacía. Restricciones en la ropa que modelaba, rechazos a sesiones en la playa, evitar en encaje y las aberturas, en la intimidad la luz siempre apagada, jamás le daba la espalda a Eunwoo cuando lo tenía muy cerca. Todo eso parecian pequeños descuidos o coincidencias, pero bajo análisis tenía sentido y es que no era algo fácil de ignorar si se veía, sobre todo en un modelo.

    El jóven y su novio nunca habían dormido juntos hasta entonces, al menos no se habían quedado a dormir juntos por las noches, por lo que tal descuido no sería posible hasta entonces, donde el jóven dormía tranquilamente, sin advertir nada de lo que pasaba en el mundo real.—

    Eunwoo Kim
    — Se habían quedado dormidos, cuando finalmente el trabajo les había dado un descanso, al instante se organizaron para pasar todo el día juntos. Salieron, cenaron, hicieron alguna tontería y terminaron en casa de Daniel, como ya se estaba haciendo casi costumbre. Como era de esperarse, una vez puertas adentro, la desesperación por el cuerpo del otro floreció en un instante, empujándolos a la acción sin tenerle el más mínimo cuidado a lo demás. Se les fue el tiempo, siempre les pasaba cuando estaban juntos haciendo cualquier cosa, a Daniel no le importaba, sentía que últimamente podría dedicarle cada instante de su tiempo sin ningún remordimiento, era perfecto. Eventualmente se quedaron dormidos, pretendieron ver una película, pero el cansancio de sus cuerpos los derrotó en minutos. Estaban cansados por el largo día, pero no parecían cansarse de estar juntos, por eso, al despertar después de un rato, ya con los brazos adormecidos por la posición incómoda en el sofá, el más jóven murmuró algo sobre que se quedara esa noche, mientras se ponía de pie —aún adormilado— y se dirigía a la habitación tomándolo torpemente se la mano. Una vez allí ocurrieron dos cosas, que por separado no hubieran tenido ningún efecto, pero que juntas podían desatar unas cuantas intrigas en el mayor y un problema para Daniel. Dejó la luz encendida, a veces lo hacia, una tenue luz fría que armonizaba la habitación y, aún entre su sueño, se quitó la camiseta que llevaba — probablemente por el calor, una costumbre que ya tenía al dormir — y así se acostó al lado de su novio, quedando dormido al instante. Daniel dormía profundamente, tenía el sueño muy pesado y había que sacudirlo un poco para despertarlo, se encontraba boca abajo, con sus brazos debajo de la cabeza y el cuerpo semi destapado. Fue en esa posición, bajo la luz débil, que en la espalda del modelo podía distinguirse algo peculiar: dos marcas perfectamente simétricas, arriba y al centro, a ambos lados de la columna, allí parecían hacerse espejo y no se veían como manchas en la piel, tenían un ligero relieve, como cicatrices. Al ver eso cualquiera podría conectar un par de cables y entender porque Daniel siempre ocultaba su espalda, lo hacía de forma sutil, pero lo hacía. Restricciones en la ropa que modelaba, rechazos a sesiones en la playa, evitar en encaje y las aberturas, en la intimidad la luz siempre apagada, jamás le daba la espalda a Eunwoo cuando lo tenía muy cerca. Todo eso parecian pequeños descuidos o coincidencias, pero bajo análisis tenía sentido y es que no era algo fácil de ignorar si se veía, sobre todo en un modelo. El jóven y su novio nunca habían dormido juntos hasta entonces, al menos no se habían quedado a dormir juntos por las noches, por lo que tal descuido no sería posible hasta entonces, donde el jóven dormía tranquilamente, sin advertir nada de lo que pasaba en el mundo real.— [whisper_scarlet_hawk_977]
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  • -ser inmortal "todo poderoso" o ser omniciente era todo lo que fui en el mar de las brujas... sin embargo de alguna forma... tener una vida mortal es mil vece smas divertido e intrigante, antes pensaba que era tonto como mis hermanas adoraban tanto a los humanos, pero, ahora? me rio de mi misma, quien diria que terminaria protegiendolos... viviendo entre ellos, y disfrutando en el proceso- la bruja observaba las calles nocturnas de la ciudad desde las alturas de un edificio, ver cada auto, cada persona y animal caminando por las calles y parques le causaba un sentimiento de alegria que no podia describir

    https://youtu.be/qgdPAong8Zs?si=0-ThhZSZcjjgcErc
    -ser inmortal "todo poderoso" o ser omniciente era todo lo que fui en el mar de las brujas... sin embargo de alguna forma... tener una vida mortal es mil vece smas divertido e intrigante, antes pensaba que era tonto como mis hermanas adoraban tanto a los humanos, pero, ahora? me rio de mi misma, quien diria que terminaria protegiendolos... viviendo entre ellos, y disfrutando en el proceso- la bruja observaba las calles nocturnas de la ciudad desde las alturas de un edificio, ver cada auto, cada persona y animal caminando por las calles y parques le causaba un sentimiento de alegria que no podia describir https://youtu.be/qgdPAong8Zs?si=0-ThhZSZcjjgcErc
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  • 𝕂𝕆𝕂𝕌𝕊ℍ𝕀𝔹𝕆 上弦の壱
    Daki

    *Luego de haber reclutado a una peculiar demonio y escuchar su historia, se habia mostrado extremadamente historia en su relato de poderosos demonios como parte de un grupo. Y intrigada por esto deseaba conocer al numero uno. Por lo que pidio a su nueva acompañante que le guiara al lugar. Caminando a un lado de esta la pequeña figura de no mas de 1.40 de alto, grandes cuernos y mangas largas que cubren sus manos volteaba a ver a la demonio* Y este demonio Luna Superior 1 realmente es el mas fuerte de todos cierto? Ya quiero ver que es capaz de hacer

    *Lo decia con una sonrisa emocionada en el rostro ansiosa por verlo en combate, y ver con sus propios ojos que era capaz de hacer en una pelea* Es ahi? *Señalo un santuario de apariencia tradicional a la distancia. Con luces en las ventanas probablemente por alguna vela encendida*
    [Upper1] [daki_demon6] *Luego de haber reclutado a una peculiar demonio y escuchar su historia, se habia mostrado extremadamente historia en su relato de poderosos demonios como parte de un grupo. Y intrigada por esto deseaba conocer al numero uno. Por lo que pidio a su nueva acompañante que le guiara al lugar. Caminando a un lado de esta la pequeña figura de no mas de 1.40 de alto, grandes cuernos y mangas largas que cubren sus manos volteaba a ver a la demonio* Y este demonio Luna Superior 1 realmente es el mas fuerte de todos cierto? Ya quiero ver que es capaz de hacer *Lo decia con una sonrisa emocionada en el rostro ansiosa por verlo en combate, y ver con sus propios ojos que era capaz de hacer en una pelea* Es ahi? *Señalo un santuario de apariencia tradicional a la distancia. Con luces en las ventanas probablemente por alguna vela encendida*
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  • Cada día que pasa más... Me intrigan los humanos y son impredecibles.
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  • ılılı 𝄪  ♫ ﹒ lı ◠◠  ♩  ◠◠ ıl ﹒ ♫  𝄪 ılılı

    Uno pensaría que lo mejor del modelaje se resumía en la fama, en aparecer en portadas de revista o ser la cara de una marca reconocida. Si bien esas cosas sí representaban un beneficio, al menos en términos monetarios, las cosas favoritas de Ji-Hyun eran más sencillas.

    Le gustaba la oportunidad de viajar, de despertar en una ciudad distinta cada cierto tiempo y poder asomarse a su ventana para ver un paisaje nuevo. Había algo gratificante en recorrer calles desconocidas después de una larga sesión de fotos, buscar un pequeño restaurante local y probar platillos típicos que el equipo le recomendaba. En ocasiones terminaba compartiendo la comida con los fotógrafos o maquillistas, riendo entre conversaciones ligeras que hacían olvidar el cansancio del día.

    También disfrutaba los momentos posteriores a las presentaciones o eventos de marca, cuando les obsequiaban productos de la nueva línea. Perfumes, bufandas, relojes o incluso pequeños accesorios personalizados. Su importancia no era el valor material, sino la sensación de estar recibiendo un fragmento del esfuerzo de muchas manos detrás de aquellos proyectos.

    Entre las cosas que más le agradaban durante estos eventos era el vestir trajes. No por ostentación, sino por la textura de las telas, la forma en que se adaptaban al cuerpo con elegancia natural. Le gustaban especialmente aquellos confeccionados con materiales suaves al tacto y de apariencia etérea. A su vez, sabía que un buen traje no dependía solo del corte o que el material fuese de excelente calidad, sino de usar los accesorios correctos para enaltecer las prendas —un reloj discreto, un broche, una cartera— le gustaba jugar con el sin fin de posibilidades, era como si fuesen pinceladas de su propia personalidad.

    Aun así, lo que más le atraía de las sesiones de modelaje era la fotografía en sí. No solo el resultado, sino el proceso: la búsqueda de la iluminación perfecta, los diferentes enfoques que podrían lograrse con los diferentes lentes de la cámara y por último la forma en que una mirada podía contar una historia entera. A veces, en medio de una sesión, se encontraba observando al fotógrafo con más atención que al lente frente a él. Le intrigaba la composición, la intención detrás de cada toma, la posibilidad de capturar un instante que no volvería a repetirse. Quizá por eso disfrutaba tanto de estar frente a la cámara: era, al mismo tiempo, una parte del retrato y un espectador de su creación.



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    ılılı 𝄪  ♫ ﹒ lı ◠◠  ♩  ◠◠ ıl ﹒ ♫  𝄪 ılılı Uno pensaría que lo mejor del modelaje se resumía en la fama, en aparecer en portadas de revista o ser la cara de una marca reconocida. Si bien esas cosas sí representaban un beneficio, al menos en términos monetarios, las cosas favoritas de Ji-Hyun eran más sencillas. Le gustaba la oportunidad de viajar, de despertar en una ciudad distinta cada cierto tiempo y poder asomarse a su ventana para ver un paisaje nuevo. Había algo gratificante en recorrer calles desconocidas después de una larga sesión de fotos, buscar un pequeño restaurante local y probar platillos típicos que el equipo le recomendaba. En ocasiones terminaba compartiendo la comida con los fotógrafos o maquillistas, riendo entre conversaciones ligeras que hacían olvidar el cansancio del día. También disfrutaba los momentos posteriores a las presentaciones o eventos de marca, cuando les obsequiaban productos de la nueva línea. Perfumes, bufandas, relojes o incluso pequeños accesorios personalizados. Su importancia no era el valor material, sino la sensación de estar recibiendo un fragmento del esfuerzo de muchas manos detrás de aquellos proyectos. Entre las cosas que más le agradaban durante estos eventos era el vestir trajes. No por ostentación, sino por la textura de las telas, la forma en que se adaptaban al cuerpo con elegancia natural. Le gustaban especialmente aquellos confeccionados con materiales suaves al tacto y de apariencia etérea. A su vez, sabía que un buen traje no dependía solo del corte o que el material fuese de excelente calidad, sino de usar los accesorios correctos para enaltecer las prendas —un reloj discreto, un broche, una cartera— le gustaba jugar con el sin fin de posibilidades, era como si fuesen pinceladas de su propia personalidad. Aun así, lo que más le atraía de las sesiones de modelaje era la fotografía en sí. No solo el resultado, sino el proceso: la búsqueda de la iluminación perfecta, los diferentes enfoques que podrían lograrse con los diferentes lentes de la cámara y por último la forma en que una mirada podía contar una historia entera. A veces, en medio de una sesión, se encontraba observando al fotógrafo con más atención que al lente frente a él. Le intrigaba la composición, la intención detrás de cada toma, la posibilidad de capturar un instante que no volvería a repetirse. Quizá por eso disfrutaba tanto de estar frente a la cámara: era, al mismo tiempo, una parte del retrato y un espectador de su creación. 0:00 ───|────── 0:00     ↻ ◁ II ▷ ↺
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  • Desde mi azotea —si es que puedo llamar así a este borde entre mundos donde me siento— los veo caminar.
    Sus pasos son lentos, pesados, como si cada uno arrastrara cadenas invisibles. No son de hierro ni de destino, son de algo más denso: de sentimientos.

    Entre ellos se repite uno que me intriga, uno que no comprendo aunque lo he visto teñir el hilo de tantas vidas:
    ese hueco en el pecho que les susurra que no son amados.
    Es curioso… no es la muerte lo que los detiene, no es el final del hilo lo que les pesa, sino esa certeza —o ilusión— de que no bastan, de que son menos para aquellos a quienes dan su corazón.

    Los he visto temblar en la lluvia, buscando señales en los ojos ajenos, mendigando una palabra que los confirme. Y a veces —he podido verlo— la otra alma sí los ama, sí los piensa, sí los guarda en su sombra. Pero el vacío es más ruidoso que el amor, y ellos escuchan al vacío.

    Yo no entiendo por qué. Yo corto, yo mido, yo anoto. No dudo del hilo ni de su destino. Pero ellos… ellos dudan de su propio valor.
    Y en esa duda se marchitan antes de que yo llegue.

    Desde aquí arriba los veo caminar, tan pequeños, tan llenos de algo que nunca sabré sentir. Y me pregunto si ese dolor —ese que llaman no ser suficiente— es su forma más humana de morir un poco antes de que yo pase mis tijeras.
    Desde mi azotea —si es que puedo llamar así a este borde entre mundos donde me siento— los veo caminar. Sus pasos son lentos, pesados, como si cada uno arrastrara cadenas invisibles. No son de hierro ni de destino, son de algo más denso: de sentimientos. Entre ellos se repite uno que me intriga, uno que no comprendo aunque lo he visto teñir el hilo de tantas vidas: ese hueco en el pecho que les susurra que no son amados. Es curioso… no es la muerte lo que los detiene, no es el final del hilo lo que les pesa, sino esa certeza —o ilusión— de que no bastan, de que son menos para aquellos a quienes dan su corazón. Los he visto temblar en la lluvia, buscando señales en los ojos ajenos, mendigando una palabra que los confirme. Y a veces —he podido verlo— la otra alma sí los ama, sí los piensa, sí los guarda en su sombra. Pero el vacío es más ruidoso que el amor, y ellos escuchan al vacío. Yo no entiendo por qué. Yo corto, yo mido, yo anoto. No dudo del hilo ni de su destino. Pero ellos… ellos dudan de su propio valor. Y en esa duda se marchitan antes de que yo llegue. Desde aquí arriba los veo caminar, tan pequeños, tan llenos de algo que nunca sabré sentir. Y me pregunto si ese dolor —ese que llaman no ser suficiente— es su forma más humana de morir un poco antes de que yo pase mis tijeras.
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  • El teatro estaba casi vacío, y la luz del mediodía se filtraba suavemente a través de los ventanales altos, proyectando rayos dorados sobre los asientos de terciopelo y el escenario de madera pulida. Lián Xuefeng caminaba con calma por el pasillo central, cada paso medido, resonando apenas en el silencio reverente del lugar. Su traje oscuro contrastaba con la luz cálida que lo rodeaba, y aun así, su presencia imponía un respeto silencioso que se percibía incluso sin palabras.

    En el escenario, un joven pianista practicaba, sus dedos deslizándose sobre las teclas con una delicadeza que parecía desafiar el tiempo. Lián se detuvo a observar, inclinando levemente la cabeza, sintiendo cómo cada nota despertaba recuerdos que habían dormido siglos: salones de palacio, corredores de mármol, noches iluminadas por velas y música que envolvía todo a su alrededor. Durante un instante, su mirada se suavizó, y la máscara de emperador implacable dio paso a un hombre que había amado, perdido y sobrevivido a la eternidad.

    Se acercó a uno de los asientos más cercanos, sentándose con la elegancia de alguien acostumbrado a la realeza, dejando que las notas llenaran el silencio a su alrededor. No había intriga ni amenaza, solo la música fluyendo como un hilo que conectaba su presente con un pasado que aún vivía en su memoria. Cada acorde parecía resonar con algo profundo dentro de él, un placer inesperado que lo hacía sonreír apenas, con esa sutileza que pocos podían percibir.

    —Curioso… —murmuró para sí mismo, la voz apenas un susurro—. Nunca pensé que algo tan efímero como la música pudiera tocar lo eterno.

    Y allí permaneció, observando y escuchando, dejando que la armonía del piano despertara en él una parte olvidada de su alma: el emperador, el vampiro, y aquel fragmento secreto de su ser que aún ignoraba su verdadera naturaleza, todo entrelazado en un momento de calma, reflexión y redescubrimiento.
    El teatro estaba casi vacío, y la luz del mediodía se filtraba suavemente a través de los ventanales altos, proyectando rayos dorados sobre los asientos de terciopelo y el escenario de madera pulida. Lián Xuefeng caminaba con calma por el pasillo central, cada paso medido, resonando apenas en el silencio reverente del lugar. Su traje oscuro contrastaba con la luz cálida que lo rodeaba, y aun así, su presencia imponía un respeto silencioso que se percibía incluso sin palabras. En el escenario, un joven pianista practicaba, sus dedos deslizándose sobre las teclas con una delicadeza que parecía desafiar el tiempo. Lián se detuvo a observar, inclinando levemente la cabeza, sintiendo cómo cada nota despertaba recuerdos que habían dormido siglos: salones de palacio, corredores de mármol, noches iluminadas por velas y música que envolvía todo a su alrededor. Durante un instante, su mirada se suavizó, y la máscara de emperador implacable dio paso a un hombre que había amado, perdido y sobrevivido a la eternidad. Se acercó a uno de los asientos más cercanos, sentándose con la elegancia de alguien acostumbrado a la realeza, dejando que las notas llenaran el silencio a su alrededor. No había intriga ni amenaza, solo la música fluyendo como un hilo que conectaba su presente con un pasado que aún vivía en su memoria. Cada acorde parecía resonar con algo profundo dentro de él, un placer inesperado que lo hacía sonreír apenas, con esa sutileza que pocos podían percibir. —Curioso… —murmuró para sí mismo, la voz apenas un susurro—. Nunca pensé que algo tan efímero como la música pudiera tocar lo eterno. Y allí permaneció, observando y escuchando, dejando que la armonía del piano despertara en él una parte olvidada de su alma: el emperador, el vampiro, y aquel fragmento secreto de su ser que aún ignoraba su verdadera naturaleza, todo entrelazado en un momento de calma, reflexión y redescubrimiento.
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