• ℂ𝖑𝖆𝖚𝖉𝖊 ♱

    Era una noche como cualquier otra, una donde el club estaba lleno de vida y donde todo tipo de transacciones ocurrían: algunas a voluntad propia, otras a la fuerza. Pero todo era lo "normal" ahí dentro.

    Había una mezcla de aromas que, las primeras veces, hicieron que Oriana quisiera vomitar de inmediato. Alcohol, perfumes demasiado dulces, cigarro, incluso algo más primitivo y desagradable: olores que debían permanecer en la intimidad y no mezclarse con el aire de un salón abarrotado. Pero, hoy en día, ella ya no reaccionaba. Había logrado el entumecer sensaciones con el pasar de los años, aunque casi siempre con ayuda.

    Estaba sentada junto a quien solían llamar Niko, uno de los hombres importantes de la organización, y estos estaban haciendo lo que querían aprovechando que el jefe no estaba presente en esa ocasión.

    Los ojos violeta de la chica permanecían perdidos entre las luces de colores que parpadeaban de forma intermitente sobre el salón. La música que retumbaba por todas partes había dejado de tener sentido hacía rato, la escuchaba distante, sin mencionar las voces de los sujetos alrededor de la mesa que parecían estar festejando mientras también se discutían ciertos negocios. El tráfico de armas, drogas, personas... todo lo que hizo que Oriana cayera en ese infierno por un descuido.

    Pero, entre conversaciones, también se escapaban nombres, no siempre completos, a veces alias. En ocasiones podía recordarlos bien, otras esos recuerdos eran muy difusos, pero siempre tenía que fingir que no escuchaba nada si quería mantenerse con vida.

    Mientras tanto, sostenía una copa en su mano izquierda. Ni siquiera dio un sorbo al líquido, el efecto de otras sustancias había empezado a actuar en su sistema y la hundía lentamente en la sensación de desconexión qje tanto necesitaba para soportar noches difíciles. Movía apenas la copa, ya sin sentir sus dedos.

    -¿Pero no será un problema si se da cuenta de que ese adelanto será sustraído de la cuenta? -preguntó uno de los hombres, a lo que una carcajada siguió por parte del que estaba al lado de la pelinegra.

    -Nah, tendrá otras cosas que hacer y de todos modos se verá reflejado demasiado tarde. El jefe dijo que para cuando lo note nosotros ya habremos cambiado de ubicación. Mientras, nos hizo el trabajo gratis. -volvió a reír antes de descansar la mano en el muslo de la joven. Ella la sintió pesada y más como si fueran garras que dedos, clavándose en su carne.

    Bajó la vista de a poco, fijándose en los rostros que conocía, pero ya se veían borrosos, algunos más que otros. Y, aunque no entendió demasiado, supo identificar que algo no andaba bien. Había una tensión e incomodidad entre ellos que se le podría pegar a ella si no fuera porque estaba más bien ida.

    Antes de que la conversación cambiara ocurrió algo raro: la radio que otro de ellos tenía sonó. Pareció que alguien intentaría hablar del otro lado, pero después se escuchó una estática que, si bien duró pocos segundos, fue suficiente para dejar a todos callados.

    -¿Qué mierda fue eso?

    -Nada, seguro uno de estos tarados apretó sin querer el comunicador. Da igual... -pero no daba igual, en realidad. Pronto descubrirían que el tiro les había salido por la culata.
    [SclopetariusNox.txt] Era una noche como cualquier otra, una donde el club estaba lleno de vida y donde todo tipo de transacciones ocurrían: algunas a voluntad propia, otras a la fuerza. Pero todo era lo "normal" ahí dentro. Había una mezcla de aromas que, las primeras veces, hicieron que Oriana quisiera vomitar de inmediato. Alcohol, perfumes demasiado dulces, cigarro, incluso algo más primitivo y desagradable: olores que debían permanecer en la intimidad y no mezclarse con el aire de un salón abarrotado. Pero, hoy en día, ella ya no reaccionaba. Había logrado el entumecer sensaciones con el pasar de los años, aunque casi siempre con ayuda. Estaba sentada junto a quien solían llamar Niko, uno de los hombres importantes de la organización, y estos estaban haciendo lo que querían aprovechando que el jefe no estaba presente en esa ocasión. Los ojos violeta de la chica permanecían perdidos entre las luces de colores que parpadeaban de forma intermitente sobre el salón. La música que retumbaba por todas partes había dejado de tener sentido hacía rato, la escuchaba distante, sin mencionar las voces de los sujetos alrededor de la mesa que parecían estar festejando mientras también se discutían ciertos negocios. El tráfico de armas, drogas, personas... todo lo que hizo que Oriana cayera en ese infierno por un descuido. Pero, entre conversaciones, también se escapaban nombres, no siempre completos, a veces alias. En ocasiones podía recordarlos bien, otras esos recuerdos eran muy difusos, pero siempre tenía que fingir que no escuchaba nada si quería mantenerse con vida. Mientras tanto, sostenía una copa en su mano izquierda. Ni siquiera dio un sorbo al líquido, el efecto de otras sustancias había empezado a actuar en su sistema y la hundía lentamente en la sensación de desconexión qje tanto necesitaba para soportar noches difíciles. Movía apenas la copa, ya sin sentir sus dedos. -¿Pero no será un problema si se da cuenta de que ese adelanto será sustraído de la cuenta? -preguntó uno de los hombres, a lo que una carcajada siguió por parte del que estaba al lado de la pelinegra. -Nah, tendrá otras cosas que hacer y de todos modos se verá reflejado demasiado tarde. El jefe dijo que para cuando lo note nosotros ya habremos cambiado de ubicación. Mientras, nos hizo el trabajo gratis. -volvió a reír antes de descansar la mano en el muslo de la joven. Ella la sintió pesada y más como si fueran garras que dedos, clavándose en su carne. Bajó la vista de a poco, fijándose en los rostros que conocía, pero ya se veían borrosos, algunos más que otros. Y, aunque no entendió demasiado, supo identificar que algo no andaba bien. Había una tensión e incomodidad entre ellos que se le podría pegar a ella si no fuera porque estaba más bien ida. Antes de que la conversación cambiara ocurrió algo raro: la radio que otro de ellos tenía sonó. Pareció que alguien intentaría hablar del otro lado, pero después se escuchó una estática que, si bien duró pocos segundos, fue suficiente para dejar a todos callados. -¿Qué mierda fue eso? -Nada, seguro uno de estos tarados apretó sin querer el comunicador. Da igual... -pero no daba igual, en realidad. Pronto descubrirían que el tiro les había salido por la culata.
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  • "En la intimidad de mi habitación, todavía conservaba las huellas de mi encuentro con León. Aunque ya había pasado tiempo y las marcas seguían presentes en mi piel, no pude evitar sonreír con picardía al recordarlo. Mientras me arreglaba frente al espejo para este día tan especial, pensé para mis adentros: "

    «Vaya, oficial, sí que te esmeraste».
    "En la intimidad de mi habitación, todavía conservaba las huellas de mi encuentro con León. Aunque ya había pasado tiempo y las marcas seguían presentes en mi piel, no pude evitar sonreír con picardía al recordarlo. Mientras me arreglaba frente al espejo para este día tan especial, pensé para mis adentros: " «Vaya, oficial, sí que te esmeraste».
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  • -La calle estaba casi vacía, iluminada apenas por las lámparas cálidas que colgaban de los viejos postes. El aire de la noche era pesado, como si incluso la ciudad supiera que algo estaba a punto de romper la calma. Avanzó unos pasos, lento, con la tranquilidad de alguien que no tenía prisa. Su mirada roja no se movía de la figura frente a él, pero sabía perfectamente que no estaban solos. Había otro más atrás… podía sentirlo-

    …Qué fastidio.

    -murmuró con una media sonrisa, como si la situación lo hubiera decepcionado más que preocupado. La hoja de su primera katana ya estaba desnuda, su brillo rojo dibujando una línea ardiente en el aire. Durante unos segundos parecía que esa sería la única arma que usaría, como siempre. Pero entonces su mirada se levantó apenas… hacia la silueta que esperaba en el fondo de la calle, un suspiro escapó de sus labios-

    Sabía que hoy iba a ser una de esas noches.

    -Con un movimiento lento, casi perezoso, su mano libre fue hacia la segunda empuñadura en su cintura. El metal susurró al salir de la saya, y ahora dos hojas carmesíes respiraban en la oscuridad, eso casi nunca pasaba y cuando pasaba… normalmente alguien no volvía a casa. Inclinó apenas la cabeza, como si estuviera estirando el cuello antes de una pelea aburrida-

    Déjenme adivinar…

    -Su voz era calmada, pero había algo pesado detrás de ella, el aburrimiento de un combate inesperado, algo que no tenía planeado en esa noche. La punta de su Katana de su mano derecha apuntó al entrecejo del que tenía frente a él, como amenazando por un instante con el filo de la misma-

    Tú viniste a matarme.
    La punta de la espada señaló ahora en dirección a la garganta del hombre frente a él. Luego, sin girarse, levantó ligeramente la segunda hacia la sombra que esperaba al fondo de la calle, haciéndole saber que ya lo había descubierto, mas al aquel enemigo mas lejos, su atención se mantenía viendo al de en frente-

    …y tú estás esperando el momento para atacarme por la espalda, ¿no?

    -Una sonrisa torcida apareció en su rostro, una sonrisa ligeramente burlesca, como si no fuese la primera vez que estaba en esa situación, y bien sabía que, la mejor técnica era mostrar el rostro del oni, una técnica que para muchos sería ineficaz, pero con el era una muestra de su experiencia en combate-

    Qué clásico.

    -Las dos hojas se movieron apenas, como si el aire mismo temiera tocarlas, incluso un sutil silbido se escuchó al momento en que las hojas cortaron el aire-

    Voy a ser honesto con ustedes… Normalmente solo necesito una espada.
    Sus ojos brillaron un poco más en aquel color rojo intenso, como si la sangre que recorría dentro de estos brillase en un tono fulminante, decidido a no perecer en esa emboscada. Su sonrisa se volvió un poco más tétrica, como si con solo sonreír fuese necesario para intimidad hasta el mismo satanás-

    Pero cuando saco las dos…es porque ya decidí que ninguno de ustedes va a salir caminando de aquí. Así que vamos, muéstrenme cuál de los dos quiere morir primero.
    -La calle estaba casi vacía, iluminada apenas por las lámparas cálidas que colgaban de los viejos postes. El aire de la noche era pesado, como si incluso la ciudad supiera que algo estaba a punto de romper la calma. Avanzó unos pasos, lento, con la tranquilidad de alguien que no tenía prisa. Su mirada roja no se movía de la figura frente a él, pero sabía perfectamente que no estaban solos. Había otro más atrás… podía sentirlo- …Qué fastidio. -murmuró con una media sonrisa, como si la situación lo hubiera decepcionado más que preocupado. La hoja de su primera katana ya estaba desnuda, su brillo rojo dibujando una línea ardiente en el aire. Durante unos segundos parecía que esa sería la única arma que usaría, como siempre. Pero entonces su mirada se levantó apenas… hacia la silueta que esperaba en el fondo de la calle, un suspiro escapó de sus labios- Sabía que hoy iba a ser una de esas noches. -Con un movimiento lento, casi perezoso, su mano libre fue hacia la segunda empuñadura en su cintura. El metal susurró al salir de la saya, y ahora dos hojas carmesíes respiraban en la oscuridad, eso casi nunca pasaba y cuando pasaba… normalmente alguien no volvía a casa. Inclinó apenas la cabeza, como si estuviera estirando el cuello antes de una pelea aburrida- Déjenme adivinar… -Su voz era calmada, pero había algo pesado detrás de ella, el aburrimiento de un combate inesperado, algo que no tenía planeado en esa noche. La punta de su Katana de su mano derecha apuntó al entrecejo del que tenía frente a él, como amenazando por un instante con el filo de la misma- Tú viniste a matarme. La punta de la espada señaló ahora en dirección a la garganta del hombre frente a él. Luego, sin girarse, levantó ligeramente la segunda hacia la sombra que esperaba al fondo de la calle, haciéndole saber que ya lo había descubierto, mas al aquel enemigo mas lejos, su atención se mantenía viendo al de en frente- …y tú estás esperando el momento para atacarme por la espalda, ¿no? -Una sonrisa torcida apareció en su rostro, una sonrisa ligeramente burlesca, como si no fuese la primera vez que estaba en esa situación, y bien sabía que, la mejor técnica era mostrar el rostro del oni, una técnica que para muchos sería ineficaz, pero con el era una muestra de su experiencia en combate- Qué clásico. -Las dos hojas se movieron apenas, como si el aire mismo temiera tocarlas, incluso un sutil silbido se escuchó al momento en que las hojas cortaron el aire- Voy a ser honesto con ustedes… Normalmente solo necesito una espada. Sus ojos brillaron un poco más en aquel color rojo intenso, como si la sangre que recorría dentro de estos brillase en un tono fulminante, decidido a no perecer en esa emboscada. Su sonrisa se volvió un poco más tétrica, como si con solo sonreír fuese necesario para intimidad hasta el mismo satanás- Pero cuando saco las dos…es porque ya decidí que ninguno de ustedes va a salir caminando de aquí. Así que vamos, muéstrenme cuál de los dos quiere morir primero.
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  • Un momento de intimidad con su esposa, nada más y nada menos porque ella sabe como tratarlo... como un niño a veces.
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  • — Se habían quedado dormidos, cuando finalmente el trabajo les había dado un descanso, al instante se organizaron para pasar todo el día juntos. Salieron, cenaron, hicieron alguna tontería y terminaron en casa de Daniel, como ya se estaba haciendo casi costumbre. Como era de esperarse, una vez puertas adentro, la desesperación por el cuerpo del otro floreció en un instante, empujándolos a la acción sin tenerle el más mínimo cuidado a lo demás.
    Se les fue el tiempo, siempre les pasaba cuando estaban juntos haciendo cualquier cosa, a Daniel no le importaba, sentía que últimamente podría dedicarle cada instante de su tiempo sin ningún remordimiento, era perfecto.

    Eventualmente se quedaron dormidos, pretendieron ver una película, pero el cansancio de sus cuerpos los derrotó en minutos. Estaban cansados por el largo día, pero no parecían cansarse de estar juntos, por eso, al despertar después de un rato, ya con los brazos adormecidos por la posición incómoda en el sofá, el más jóven murmuró algo sobre que se quedara esa noche, mientras se ponía de pie —aún adormilado— y se dirigía a la habitación tomándolo torpemente se la mano.

    Una vez allí ocurrieron dos cosas, que por separado no hubieran tenido ningún efecto, pero que juntas podían desatar unas cuantas intrigas en el mayor y un problema para Daniel.
    Dejó la luz encendida, a veces lo hacia, una tenue luz fría que armonizaba la habitación y, aún entre su sueño, se quitó la camiseta que llevaba — probablemente por el calor, una costumbre que ya tenía al dormir — y así se acostó al lado de su novio, quedando dormido al instante.

    Daniel dormía profundamente, tenía el sueño muy pesado y había que sacudirlo un poco para despertarlo, se encontraba boca abajo, con sus brazos debajo de la cabeza y el cuerpo semi destapado. Fue en esa posición, bajo la luz débil, que en la espalda del modelo podía distinguirse algo peculiar: dos marcas perfectamente simétricas, arriba y al centro, a ambos lados de la columna, allí parecían hacerse espejo y no se veían como manchas en la piel, tenían un ligero relieve, como cicatrices.

    Al ver eso cualquiera podría conectar un par de cables y entender porque Daniel siempre ocultaba su espalda, lo hacía de forma sutil, pero lo hacía. Restricciones en la ropa que modelaba, rechazos a sesiones en la playa, evitar en encaje y las aberturas, en la intimidad la luz siempre apagada, jamás le daba la espalda a Eunwoo cuando lo tenía muy cerca. Todo eso parecian pequeños descuidos o coincidencias, pero bajo análisis tenía sentido y es que no era algo fácil de ignorar si se veía, sobre todo en un modelo.

    El jóven y su novio nunca habían dormido juntos hasta entonces, al menos no se habían quedado a dormir juntos por las noches, por lo que tal descuido no sería posible hasta entonces, donde el jóven dormía tranquilamente, sin advertir nada de lo que pasaba en el mundo real.—

    Eunwoo Kim
    — Se habían quedado dormidos, cuando finalmente el trabajo les había dado un descanso, al instante se organizaron para pasar todo el día juntos. Salieron, cenaron, hicieron alguna tontería y terminaron en casa de Daniel, como ya se estaba haciendo casi costumbre. Como era de esperarse, una vez puertas adentro, la desesperación por el cuerpo del otro floreció en un instante, empujándolos a la acción sin tenerle el más mínimo cuidado a lo demás. Se les fue el tiempo, siempre les pasaba cuando estaban juntos haciendo cualquier cosa, a Daniel no le importaba, sentía que últimamente podría dedicarle cada instante de su tiempo sin ningún remordimiento, era perfecto. Eventualmente se quedaron dormidos, pretendieron ver una película, pero el cansancio de sus cuerpos los derrotó en minutos. Estaban cansados por el largo día, pero no parecían cansarse de estar juntos, por eso, al despertar después de un rato, ya con los brazos adormecidos por la posición incómoda en el sofá, el más jóven murmuró algo sobre que se quedara esa noche, mientras se ponía de pie —aún adormilado— y se dirigía a la habitación tomándolo torpemente se la mano. Una vez allí ocurrieron dos cosas, que por separado no hubieran tenido ningún efecto, pero que juntas podían desatar unas cuantas intrigas en el mayor y un problema para Daniel. Dejó la luz encendida, a veces lo hacia, una tenue luz fría que armonizaba la habitación y, aún entre su sueño, se quitó la camiseta que llevaba — probablemente por el calor, una costumbre que ya tenía al dormir — y así se acostó al lado de su novio, quedando dormido al instante. Daniel dormía profundamente, tenía el sueño muy pesado y había que sacudirlo un poco para despertarlo, se encontraba boca abajo, con sus brazos debajo de la cabeza y el cuerpo semi destapado. Fue en esa posición, bajo la luz débil, que en la espalda del modelo podía distinguirse algo peculiar: dos marcas perfectamente simétricas, arriba y al centro, a ambos lados de la columna, allí parecían hacerse espejo y no se veían como manchas en la piel, tenían un ligero relieve, como cicatrices. Al ver eso cualquiera podría conectar un par de cables y entender porque Daniel siempre ocultaba su espalda, lo hacía de forma sutil, pero lo hacía. Restricciones en la ropa que modelaba, rechazos a sesiones en la playa, evitar en encaje y las aberturas, en la intimidad la luz siempre apagada, jamás le daba la espalda a Eunwoo cuando lo tenía muy cerca. Todo eso parecian pequeños descuidos o coincidencias, pero bajo análisis tenía sentido y es que no era algo fácil de ignorar si se veía, sobre todo en un modelo. El jóven y su novio nunca habían dormido juntos hasta entonces, al menos no se habían quedado a dormir juntos por las noches, por lo que tal descuido no sería posible hasta entonces, donde el jóven dormía tranquilamente, sin advertir nada de lo que pasaba en el mundo real.— [whisper_scarlet_hawk_977]
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  • Como si no hubiera sido suficiente ser intimidado, golpeado, insultado, casi asesinado y probablemente abusado, el joven no sabía como pedirle a su madre que alejara a aquel hombre, que más que un guardián, era su boleto directo al inframundo.

    Negaba, tratando de idear un plan, algo creíble y, a la vez, que lo dejara bien parado, algo más allá de sólo seguir entrenando y tratando de ser más fuerte, donde se le vino la idea.

    —El reino vecino...

    Murmuró para sus adentros, recordando sobre una posible alianza, una labor democrática que su padre y madre deberían hacer pero, dadas las circunstancias, podría encargarse él y, de paso, alejarse de Antínoo, aunque el pensar en dejar a su madre sola le hacía retractarse.

    —No, no puedo...
    Como si no hubiera sido suficiente ser intimidado, golpeado, insultado, casi asesinado y probablemente abusado, el joven no sabía como pedirle a su madre que alejara a aquel hombre, que más que un guardián, era su boleto directo al inframundo. Negaba, tratando de idear un plan, algo creíble y, a la vez, que lo dejara bien parado, algo más allá de sólo seguir entrenando y tratando de ser más fuerte, donde se le vino la idea. —El reino vecino... Murmuró para sus adentros, recordando sobre una posible alianza, una labor democrática que su padre y madre deberían hacer pero, dadas las circunstancias, podría encargarse él y, de paso, alejarse de Antínoo, aunque el pensar en dejar a su madre sola le hacía retractarse. —No, no puedo...
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  • Nunca pensé que este momento se aferrara a mi cabeza... a mis ideas y a mi piel como una marca permanente, y simplemente no quiero sacarle de mi mente, un momento dónde dos almas se unen en cuerpo y alma por voluntad entregándose sin ningún miedo... Sin ningún arrepentimiento

    *respiraria profundo, mirando el techo de esa recamara vacía, o mas bien donde solo Krono permanecía, recordando cada segundo, cada caricia... cada beso y cada palabra dicha en la intimidad, eso le llegaba a molestar un poco por mas que no sintiera arrepentimiento*

    Los dragones solo nos entregamos una vez... Vaya manera de hacerlo... Como sea ya estoy unido a alguien
    Nunca pensé que este momento se aferrara a mi cabeza... a mis ideas y a mi piel como una marca permanente, y simplemente no quiero sacarle de mi mente, un momento dónde dos almas se unen en cuerpo y alma por voluntad entregándose sin ningún miedo... Sin ningún arrepentimiento *respiraria profundo, mirando el techo de esa recamara vacía, o mas bien donde solo Krono permanecía, recordando cada segundo, cada caricia... cada beso y cada palabra dicha en la intimidad, eso le llegaba a molestar un poco por mas que no sintiera arrepentimiento* Los dragones solo nos entregamos una vez... Vaya manera de hacerlo... Como sea ya estoy unido a alguien
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  • -El atardecer pintaba el cielo de tonos rojizos cuando un grupo de adolescentes con actitud altanera rodeó al adulto y pequeño Oso Hormiguero en la plaza. Habían oído rumores de sus madres de un meta-animal hormiguero médico que está trabajando en la salud pública y este las habian atendido. Los adolescentes lo tomaron cómo una oportunidad para burlarse.

    —¿Tú, Hobbit Nerd?. ¿Peleas?. Apenas tienes tamaño para alcanzar la mesa de un bar. —Rió uno de ellos, cruzando los brazos al retirarse la chaqueta que traía.

    El Vermilinguo, sin perder su calma, se quitó lentamente su camisa, sacudiéndola con una mano antes de colgarla sobre su bolso. Al hacerlo, todos se quedaron en silencio.

    Lo que observaron fijamente. A pesar de su baja estatura y su porte educado, el médico tenía su cuerpo cubierto de pelaje celeste cómo su rostro, sus brazos levemente endurecidos y largas garras filudas debido a su raza, la postura relajada, pero firme, transmitían algo que los adolescentes no esperaban: seguridad, determinación, seriedad e intimidación.

    —Por favor, les pido que no me molesten... Si quieren pelear… Está bien. Pero lo van a lamentar, bravucones descerebrados. —dijo, el Hormiguero con un brillo firme en los ojos, cierra su mano en puño dándo un puñetazo al líder de los bravucones, luego toma uno de sus bolígrafos y cuál cuchillo lo entierra brutalmente en el dorso de la mano del adolescente líder del grupo. Su expresión no era molesta sino fría, seria y carente de emoción.

    Uno de los adolescentes dio un paso atrás sin pensarlo. Otro tragó saliva. El líder de grupo pide a gritos que se detenga que el Hormiguero retira el bolígrafo con violencia y con un movimiento adrede para que se produzca hemorragía debido a sus conocimientos médicos. Le quita el jockey a uno de los jóvenes de la banda, colocandoselo en su propia cabeza adoptando una postura de adolescente rebelde a modo de burla haciendo que los bravucones escapen intimidados.-

    Hiro
    -El atardecer pintaba el cielo de tonos rojizos cuando un grupo de adolescentes con actitud altanera rodeó al adulto y pequeño Oso Hormiguero en la plaza. Habían oído rumores de sus madres de un meta-animal hormiguero médico que está trabajando en la salud pública y este las habian atendido. Los adolescentes lo tomaron cómo una oportunidad para burlarse. —¿Tú, Hobbit Nerd?. ¿Peleas?. Apenas tienes tamaño para alcanzar la mesa de un bar. —Rió uno de ellos, cruzando los brazos al retirarse la chaqueta que traía. El Vermilinguo, sin perder su calma, se quitó lentamente su camisa, sacudiéndola con una mano antes de colgarla sobre su bolso. Al hacerlo, todos se quedaron en silencio. Lo que observaron fijamente. A pesar de su baja estatura y su porte educado, el médico tenía su cuerpo cubierto de pelaje celeste cómo su rostro, sus brazos levemente endurecidos y largas garras filudas debido a su raza, la postura relajada, pero firme, transmitían algo que los adolescentes no esperaban: seguridad, determinación, seriedad e intimidación. —Por favor, les pido que no me molesten... Si quieren pelear… Está bien. Pero lo van a lamentar, bravucones descerebrados. —dijo, el Hormiguero con un brillo firme en los ojos, cierra su mano en puño dándo un puñetazo al líder de los bravucones, luego toma uno de sus bolígrafos y cuál cuchillo lo entierra brutalmente en el dorso de la mano del adolescente líder del grupo. Su expresión no era molesta sino fría, seria y carente de emoción. Uno de los adolescentes dio un paso atrás sin pensarlo. Otro tragó saliva. El líder de grupo pide a gritos que se detenga que el Hormiguero retira el bolígrafo con violencia y con un movimiento adrede para que se produzca hemorragía debido a sus conocimientos médicos. Le quita el jockey a uno de los jóvenes de la banda, colocandoselo en su propia cabeza adoptando una postura de adolescente rebelde a modo de burla haciendo que los bravucones escapen intimidados.- [Hiritox3]
    Me enjaja
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  • -Me parece que los baños nocturnos en las termas se terminan por una larga temporada. Últimamente, cada vez que voy, tengo visita... Soy bastante pudoroso aunque no lo parezca, manías que he adquirido de los humanos, supongo.

    Así que no queda otra que usar la pequeña tina del templo. Así al menos tendré algo de intimidad...-
    -Me parece que los baños nocturnos en las termas se terminan por una larga temporada. Últimamente, cada vez que voy, tengo visita... Soy bastante pudoroso aunque no lo parezca, manías que he adquirido de los humanos, supongo. Así que no queda otra que usar la pequeña tina del templo. Así al menos tendré algo de intimidad...-
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  • Ah, vamos Voxy~ sabes que no puedes enfadarte conmigo, tú que eres tan sexy y atractivo... ¿De verdad te vas a sentir intimidado por qué voy a cenar con un angelito? [myth_turquoise_shark_797]
    Ah, vamos Voxy~ sabes que no puedes enfadarte conmigo, tú que eres tan sexy y atractivo... ¿De verdad te vas a sentir intimidado por qué voy a cenar con un angelito? [myth_turquoise_shark_797]
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