• Intervención Divina.
    Fandom OC/Hololive
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    Aikaterine Ouro

    Nada escapa al ojo divino de aquellos cuya labor es observar a todos sin excepción y es que el juicio cae a todos por igual, sin importar la jerarquía en la que se encuentren. En el caso de Shamriel es... Peculiar, el conflicto es una manera de potenciar al evolución y a ella le encanta provocar conflicto, es por eso que en el momento que vio a la que se proclamaba como "reina del inframundo" en una aparente trifulca con cierto consejo, no pudo evitar darse un deleite a la vista...

    Hasta que pensaron en la paz.

    El equilibrio, la diplomacia, alianzas... Menudas idioteces, un demonio siempre será malvado, nadie se puede fiar de ellos, el arrepentimiento y la piedad son cosas reservadas para los fieles.

    Entre todo esto, destacaba una persona, la supuesta líder del consejo... Representando el concepto del tiempo; Aikaterine Ouro. Shamriel posó su ojo en ella desde hace tiempo, pero ahora habría que tomar cartas en el asunto.

    ¿El lugar? De poco importaba, los cercanos a Dios no conocen límites cuando se trata de cumplir su labor. Muchos la considerarían una intrusa, pero para alguien que ayudó a toda la creación, no era más que otro de los lugares pertenecientes a su padre.

    El lugar era... Majestuoso, si, pero irónico; observaban a la humanidad bajo sus pies como si fueran ellas mismas quienes la concibieron, algo que para Shamriel, fue como una burla directa hacia su Padre, pero hoy era meramente un día de diplomacia, no de conflicto.

    Sobre la figura de Aikaterine se hallaba ella, una figura cubiera en túnicas blancas y doradas, con alas extendidas, no pretendía ocultar su naturaleza angelical. ⸻ Aikaterine Ouro. ⸻ Su voz se hizo presente; a través de su velo se percibían sus ojos, dos orbes amarillos que se iluminaban cual faro. ⸻ Como emisaria, vengo con intención de hablar, no de atraer conflicto. ⸻ Supuso sería necesario aclararlo, después de todo, era una "intrusa", aunque no se percibiera como tal.

    Su figura bajó, finalmente posándose frente a la mujer. ⸻ ¿Sería posible tener una charla... Amistosa con vos? ⸻ A pesar de su naturaleza, la trataba con respeto.
    [Mercenary1x] Nada escapa al ojo divino de aquellos cuya labor es observar a todos sin excepción y es que el juicio cae a todos por igual, sin importar la jerarquía en la que se encuentren. En el caso de Shamriel es... Peculiar, el conflicto es una manera de potenciar al evolución y a ella le encanta provocar conflicto, es por eso que en el momento que vio a la que se proclamaba como "reina del inframundo" en una aparente trifulca con cierto consejo, no pudo evitar darse un deleite a la vista... Hasta que pensaron en la paz. El equilibrio, la diplomacia, alianzas... Menudas idioteces, un demonio siempre será malvado, nadie se puede fiar de ellos, el arrepentimiento y la piedad son cosas reservadas para los fieles. Entre todo esto, destacaba una persona, la supuesta líder del consejo... Representando el concepto del tiempo; Aikaterine Ouro. Shamriel posó su ojo en ella desde hace tiempo, pero ahora habría que tomar cartas en el asunto. ¿El lugar? De poco importaba, los cercanos a Dios no conocen límites cuando se trata de cumplir su labor. Muchos la considerarían una intrusa, pero para alguien que ayudó a toda la creación, no era más que otro de los lugares pertenecientes a su padre. El lugar era... Majestuoso, si, pero irónico; observaban a la humanidad bajo sus pies como si fueran ellas mismas quienes la concibieron, algo que para Shamriel, fue como una burla directa hacia su Padre, pero hoy era meramente un día de diplomacia, no de conflicto. Sobre la figura de Aikaterine se hallaba ella, una figura cubiera en túnicas blancas y doradas, con alas extendidas, no pretendía ocultar su naturaleza angelical. ⸻ Aikaterine Ouro. ⸻ Su voz se hizo presente; a través de su velo se percibían sus ojos, dos orbes amarillos que se iluminaban cual faro. ⸻ Como emisaria, vengo con intención de hablar, no de atraer conflicto. ⸻ Supuso sería necesario aclararlo, después de todo, era una "intrusa", aunque no se percibiera como tal. Su figura bajó, finalmente posándose frente a la mujer. ⸻ ¿Sería posible tener una charla... Amistosa con vos? ⸻ A pesar de su naturaleza, la trataba con respeto.
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    CURIOSIDADES DE CASTIEL NEGRUZCO

    1) Al igual que Draco es hijo de la ninfa del invierno y un híbrido de demonio y vampiro.
    2) Antes de que Damon apareciera en la vida de su madre, Castiel era el que le suministraba los corazones.
    3) Toca el piano.
    4) Desde los años 70 empezó su obsesión por los tatuajes.
    5) Tiene el umbral del dolor bastante alto.
    6) No tenía humanidad hasta que Dafne apareció en su vida.
    7) No le gusta que le toquen lo que es suyo.
    8) Quiere mucho a Morgana, aunque sintió verdadero terror cuando está despertó a su madre del "letargo".
    9) No sale de casa sin echarse perfume
    10) Aunque sea raro odia el maltrato animal.
    11) Cuando está algo nervioso tiene un tic en su pierna derecha.
    CURIOSIDADES DE CASTIEL NEGRUZCO 1) Al igual que Draco es hijo de la ninfa del invierno y un híbrido de demonio y vampiro. 2) Antes de que Damon apareciera en la vida de su madre, Castiel era el que le suministraba los corazones. 3) Toca el piano. 4) Desde los años 70 empezó su obsesión por los tatuajes. 5) Tiene el umbral del dolor bastante alto. 6) No tenía humanidad hasta que Dafne apareció en su vida. 7) No le gusta que le toquen lo que es suyo. 8) Quiere mucho a Morgana, aunque sintió verdadero terror cuando está despertó a su madre del "letargo". 9) No sale de casa sin echarse perfume 10) Aunque sea raro odia el maltrato animal. 11) Cuando está algo nervioso tiene un tic en su pierna derecha.
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  • 𝑯𝒐𝒓𝒂 𝒅𝒆 𝒕𝒓𝒂𝒃𝒂𝒋𝒂𝒓... 𝑱𝒂, 𝒋𝒂... 𝑴𝒆 𝒑𝒓𝒆𝒈𝒖𝒏𝒕𝒐 𝒂 𝒄𝒖á𝒏𝒕𝒐𝒔 𝒉𝒖𝒎𝒂𝒏𝒐𝒔 𝒍𝒐𝒈𝒓𝒂𝒓é 𝒔𝒖𝒎𝒊𝒓 𝒆𝒏 𝒆𝒍 𝒕𝒆𝒓𝒓𝒐𝒓 𝒄𝒐𝒏 𝒆𝒔𝒕𝒆 𝒏𝒖𝒆𝒗𝒐 "𝒎é𝒕𝒐𝒅𝒐"~

    —Iba a transformarse en una humana comun y corriente, solo para poder experimentar de primera mano las expresiones y gritos de horror de sus victimas... Ademas, le serviria para aprender mas sobre la humanidad actual, y de los miedos "modernos"—

    𝑨𝑫𝑶𝑹𝑶 𝒎𝒊 𝒕𝒓𝒂𝒃𝒂𝒋𝒐~
    𝑯𝒐𝒓𝒂 𝒅𝒆 𝒕𝒓𝒂𝒃𝒂𝒋𝒂𝒓... 𝑱𝒂, 𝒋𝒂... 𝑴𝒆 𝒑𝒓𝒆𝒈𝒖𝒏𝒕𝒐 𝒂 𝒄𝒖á𝒏𝒕𝒐𝒔 𝒉𝒖𝒎𝒂𝒏𝒐𝒔 𝒍𝒐𝒈𝒓𝒂𝒓é 𝒔𝒖𝒎𝒊𝒓 𝒆𝒏 𝒆𝒍 𝒕𝒆𝒓𝒓𝒐𝒓 𝒄𝒐𝒏 𝒆𝒔𝒕𝒆 𝒏𝒖𝒆𝒗𝒐 "𝒎é𝒕𝒐𝒅𝒐"~ —Iba a transformarse en una humana comun y corriente, solo para poder experimentar de primera mano las expresiones y gritos de horror de sus victimas... Ademas, le serviria para aprender mas sobre la humanidad actual, y de los miedos "modernos"— 𝑨𝑫𝑶𝑹𝑶 𝒎𝒊 𝒕𝒓𝒂𝒃𝒂𝒋𝒐~
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  • Ella es la única que puede mantener mi humanidad... Querido Draco como te entiendo ahora joder.
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  • *Podía sentir sus ojos clavados en mí. Esas miradas de curiosidad barata siempre me han revuelto el estómago. Si Alastor no me hubiera concedido este permiso para volver al plano terrenal, probablemente ya me habría convertido en algo irreconocible; ese aire viciado y podrido del infierno estaba empezando a afectar mi aspecto, y no pienso permitir que mi humanidad se pierda entre esa basura.
    Me instalé en una zona rural, un lugar lo suficientemente alejado de la suciedad urbana. No es que necesite el dinero—ese demonio sonriente paga lo suficiente—, pero si no mantengo mi mente y mi cuerpo ocupados en algo productivo, siento que me pudro por dentro. Mi contacto me aseguró que tenía el trabajo "perfecto". No sé en qué demonios estaba pensando cuando acepté, pero aquí estoy.
    El humor se me agrió por completo al notar cómo me analizaban, juzgando mi ropa como si tuvieran derecho a opinar. Cuando uno de esos cerdos se acercó demasiado, rompiendo mi espacio personal, saqué el dispensador. Lo apunté directamente a su cara, dejando que mi voz saliera tan fría como el acero:*

    —Di una sola palabra y te juro que lo siguiente que sentirás será el cloro quemándote los globos oculares. Largo de aquí.—
    *Podía sentir sus ojos clavados en mí. Esas miradas de curiosidad barata siempre me han revuelto el estómago. Si Alastor no me hubiera concedido este permiso para volver al plano terrenal, probablemente ya me habría convertido en algo irreconocible; ese aire viciado y podrido del infierno estaba empezando a afectar mi aspecto, y no pienso permitir que mi humanidad se pierda entre esa basura. Me instalé en una zona rural, un lugar lo suficientemente alejado de la suciedad urbana. No es que necesite el dinero—ese demonio sonriente paga lo suficiente—, pero si no mantengo mi mente y mi cuerpo ocupados en algo productivo, siento que me pudro por dentro. Mi contacto me aseguró que tenía el trabajo "perfecto". No sé en qué demonios estaba pensando cuando acepté, pero aquí estoy. El humor se me agrió por completo al notar cómo me analizaban, juzgando mi ropa como si tuvieran derecho a opinar. Cuando uno de esos cerdos se acercó demasiado, rompiendo mi espacio personal, saqué el dispensador. Lo apunté directamente a su cara, dejando que mi voz saliera tan fría como el acero:* —Di una sola palabra y te juro que lo siguiente que sentirás será el cloro quemándote los globos oculares. Largo de aquí.—
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  • Nueva administración
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    Con Jason Elaris y quien se quiera unir.

    En la trastienda, la habitación del fondo, subiendo por las escaleras de la derecha, estaba abierta de par en par, el interior estaba impecable, intacto, todas las cosas permanecían en su lugar, las sábanas blancas, limpias.

    Al bajar por las escaleras, se encontraba una mesa con una libreta llena con una lista de recursos que en su momento se escribieron y marcaron, un inventario, una pluma negra de alguna especie de ave desconocida y un tintero con un líquido carmesí en su interior.

    Los estantes organizados, cada uno con recursos diferentes, todos etiquetados con una caligrafía impecable.

    Al abrir la puerta de la trastienda, el bar, la barra, cada una de las copas y tazas estaban debidamente acomodadas.
    Impecables.
    Relucientes.

    La cafetera permaneció encendida preparando el suficiente café para cinco o seis personas.
    Sobre la barra, descansaba un paño blanco.

    Los asientos debidamente limpios, donde alguna vez alguien sin un techo para descansar, optó por dormir.

    Algunos clientes habituales en el bar, susurraban al ver el lugar más impecable que nunca. La rockola reproduciendo rock de los 80's a un volumen moderado.

    Algunas cajas de pizza descansaban en la esquina de la barra, calientes, recién compradas. Sobre de ellas, varios sobres blancos, cuidadosamente cerrados y marcados cada uno con la misma caligrafía de las etiquetas de la trastienda.

    Y una fotografía de cinco personas en la playa, finamente enmarcada en un cuadro de madera de ébano.

    En la entrada, se encontraban dos siluetas, dos viejos amigos, cómplices, que se conocían casi desde los inicios de la humanidad.

    El más alto, llevó la mano hacia el bolsillo del pantalón y sacó un juego de llaves, depositándolas con calma y lentitud en las manos de su interlocutor.

    - Te quedas a cargo. Es hora, Jay.

    Las palabras escaparon de sus labios, con la calma y tesitura habitual del dueño del bar.

    Colocó una mano sobre el hombro del peliplata.

    - Los sobres tienen cartas de despedida, así como un cheque por medio millón para cada quién, correspondientes al pago por el tiempo que han estado todos en el bar.

    Explicó calmadamente, al tiempo que se ajustaba las mangas de la camisa y se colocaba un par de guantes de cuero sin las últimas falanges.

    - Hay uno para cada quién. Nairis, Windburn, Lyra, El pequeño Al, y tú.

    Después de decir esto, un par de alas negras con tintes rojos se desplegaron de su espalda.

    - También, hay una para Saya.

    Las palabras salieron con dolor y un nudo en la garganta, respiró profundo antes de exhalar todo el aire contenido.

    - Me hubiera gustado decirle las cosas de frente.

    Admitió con pesar en el rostro, sacudió las alas y dirigió la mirada al cielo.

    - Disfruta tu vida, Jay. Tal vez después nos encontremos de nuevo.

    En un parpadeo, donde antes se encontraba el dueño del bar, solo había una pluma flotando lentamente hacia el suelo.
    Con [jay.elaris] y quien se quiera unir. En la trastienda, la habitación del fondo, subiendo por las escaleras de la derecha, estaba abierta de par en par, el interior estaba impecable, intacto, todas las cosas permanecían en su lugar, las sábanas blancas, limpias. Al bajar por las escaleras, se encontraba una mesa con una libreta llena con una lista de recursos que en su momento se escribieron y marcaron, un inventario, una pluma negra de alguna especie de ave desconocida y un tintero con un líquido carmesí en su interior. Los estantes organizados, cada uno con recursos diferentes, todos etiquetados con una caligrafía impecable. Al abrir la puerta de la trastienda, el bar, la barra, cada una de las copas y tazas estaban debidamente acomodadas. Impecables. Relucientes. La cafetera permaneció encendida preparando el suficiente café para cinco o seis personas. Sobre la barra, descansaba un paño blanco. Los asientos debidamente limpios, donde alguna vez alguien sin un techo para descansar, optó por dormir. Algunos clientes habituales en el bar, susurraban al ver el lugar más impecable que nunca. La rockola reproduciendo rock de los 80's a un volumen moderado. Algunas cajas de pizza descansaban en la esquina de la barra, calientes, recién compradas. Sobre de ellas, varios sobres blancos, cuidadosamente cerrados y marcados cada uno con la misma caligrafía de las etiquetas de la trastienda. Y una fotografía de cinco personas en la playa, finamente enmarcada en un cuadro de madera de ébano. En la entrada, se encontraban dos siluetas, dos viejos amigos, cómplices, que se conocían casi desde los inicios de la humanidad. El más alto, llevó la mano hacia el bolsillo del pantalón y sacó un juego de llaves, depositándolas con calma y lentitud en las manos de su interlocutor. - Te quedas a cargo. Es hora, Jay. Las palabras escaparon de sus labios, con la calma y tesitura habitual del dueño del bar. Colocó una mano sobre el hombro del peliplata. - Los sobres tienen cartas de despedida, así como un cheque por medio millón para cada quién, correspondientes al pago por el tiempo que han estado todos en el bar. Explicó calmadamente, al tiempo que se ajustaba las mangas de la camisa y se colocaba un par de guantes de cuero sin las últimas falanges. - Hay uno para cada quién. Nairis, Windburn, Lyra, El pequeño Al, y tú. Después de decir esto, un par de alas negras con tintes rojos se desplegaron de su espalda. - También, hay una para Saya. Las palabras salieron con dolor y un nudo en la garganta, respiró profundo antes de exhalar todo el aire contenido. - Me hubiera gustado decirle las cosas de frente. Admitió con pesar en el rostro, sacudió las alas y dirigió la mirada al cielo. - Disfruta tu vida, Jay. Tal vez después nos encontremos de nuevo. En un parpadeo, donde antes se encontraba el dueño del bar, solo había una pluma flotando lentamente hacia el suelo.
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  • *Aquellos orbes, fijos y febriles, se incrustaban en mi figura con una insistencia que rayaba en lo obsceno. Era un duelo de silencios, una colisión de voluntades donde el aire parecía espesarse con cada segundo de inmovilidad. Me pregunté, con una curiosidad casi clínica, qué retorcido deseo impulsaba su mirada: ¿era acaso una invitación desesperada al abismo? ¿Una insinuación descarada que buscaba encontrar un límite que yo no poseo? ¿O simplemente un intento patético de medir el grosor de mi máscara para saber si, en su limitado juicio, soy alguien de "fiar"?
    Una marea de conjeturas comenzó a asfixiar mis pensamientos, pero mi rostro permaneció como una superficie de mármol frío. Sin permitir que el hilo invisible que unía nuestras pupilas se quebrara, permití que una sonrisa mínima, casi imperceptible y cargada de una ponzoña silenciosa, se dibujara en la comisura de mis labios. Era un gesto depredador, un "ven, acércate" que prometía refugio pero solo ofrecía perdición.
    Mientras él creía descifrar algún rastro de humanidad en mí, mi mente ya lo estaba diseccionando, saboreando de antemano el colapso de sus expectativas. Podía sentirlo... el eco de sus latidos, fervientes y rítmicos, palpitando en la transparencia de su mirada. Era una melodía deliciosa: el pulso de una presa que, sin saberlo, ya ha entregado su cuello al verdugo bajo el hechizo de un simple parpadeo.
    *Aquellos orbes, fijos y febriles, se incrustaban en mi figura con una insistencia que rayaba en lo obsceno. Era un duelo de silencios, una colisión de voluntades donde el aire parecía espesarse con cada segundo de inmovilidad. Me pregunté, con una curiosidad casi clínica, qué retorcido deseo impulsaba su mirada: ¿era acaso una invitación desesperada al abismo? ¿Una insinuación descarada que buscaba encontrar un límite que yo no poseo? ¿O simplemente un intento patético de medir el grosor de mi máscara para saber si, en su limitado juicio, soy alguien de "fiar"? Una marea de conjeturas comenzó a asfixiar mis pensamientos, pero mi rostro permaneció como una superficie de mármol frío. Sin permitir que el hilo invisible que unía nuestras pupilas se quebrara, permití que una sonrisa mínima, casi imperceptible y cargada de una ponzoña silenciosa, se dibujara en la comisura de mis labios. Era un gesto depredador, un "ven, acércate" que prometía refugio pero solo ofrecía perdición. Mientras él creía descifrar algún rastro de humanidad en mí, mi mente ya lo estaba diseccionando, saboreando de antemano el colapso de sus expectativas. Podía sentirlo... el eco de sus latidos, fervientes y rítmicos, palpitando en la transparencia de su mirada. Era una melodía deliciosa: el pulso de una presa que, sin saberlo, ya ha entregado su cuello al verdugo bajo el hechizo de un simple parpadeo.
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  • —¡Sorpresa, perras! ¡El número uno ha vuelto! ¿En serio creyeron que se librarían de mí tan fácil? Contemplen estas manos, nena; son las manos del jodido arquitecto de la humanidad. Si no fuera por mi semilla, tú serías literalmente nada... solo un montón de tierra aburrida. ¡De nada por existir!—
    —¡Sorpresa, perras! ¡El número uno ha vuelto! ¿En serio creyeron que se librarían de mí tan fácil? Contemplen estas manos, nena; son las manos del jodido arquitecto de la humanidad. Si no fuera por mi semilla, tú serías literalmente nada... solo un montón de tierra aburrida. ¡De nada por existir!—
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  • 𝓙𝐨𝐥𝐢𝐞𝐭𝐞 𝓥𝐚𝐥𝐨𝐫𝐲𝐚 𖤐﹐
    La cruzada contra los vampiros y los sacerdotes guerreros Sarafan se ha prolongado por siglos. Durante mucho tiempo el conflicto se mantuvo igualado; sin embargo, hoy la ventaja de los no-muertos es indiscutible. El poder de los sacerdotes ha mermado hasta el punto en que diversos poblados humanos han caído bajo el dominio de estas criaturas.
    Actualmente, la disparidad es de cien vampiros por cada Sarafan. Estas bestias han comenzado a invadir el este de Nosgoth, una pérdida catastrófica, pues es allí donde se erigen los Pilares del Equilibrio y los bosques ancestrales que albergan historias tan antiguas como la humanidad misma.
    Aunque los sacerdotes contuvieron el asedio inicialmente, esa noche se vieron obligados a retirarse. Los vampiros tomaron el bosque, acechando entre las sombras y eliminando a cualquier ser que consideraran una amenaza. No obstante, su comportamiento era inusual: se movían con una urgencia extraña, como si buscaran algo —o a alguien— en particular. Esta conducta no pasó inadvertida para los centinelas, quienes informaron de inmediato al más poderoso de los Sarafan.
    Raziel, comprendiendo que tal agitación no era normal, decidió adentrarse en la espesura con un solo objetivo: descubrir qué buscaban los vampiros con tanta desesperación.
    [Deadline_J8] La cruzada contra los vampiros y los sacerdotes guerreros Sarafan se ha prolongado por siglos. Durante mucho tiempo el conflicto se mantuvo igualado; sin embargo, hoy la ventaja de los no-muertos es indiscutible. El poder de los sacerdotes ha mermado hasta el punto en que diversos poblados humanos han caído bajo el dominio de estas criaturas. Actualmente, la disparidad es de cien vampiros por cada Sarafan. Estas bestias han comenzado a invadir el este de Nosgoth, una pérdida catastrófica, pues es allí donde se erigen los Pilares del Equilibrio y los bosques ancestrales que albergan historias tan antiguas como la humanidad misma. Aunque los sacerdotes contuvieron el asedio inicialmente, esa noche se vieron obligados a retirarse. Los vampiros tomaron el bosque, acechando entre las sombras y eliminando a cualquier ser que consideraran una amenaza. No obstante, su comportamiento era inusual: se movían con una urgencia extraña, como si buscaran algo —o a alguien— en particular. Esta conducta no pasó inadvertida para los centinelas, quienes informaron de inmediato al más poderoso de los Sarafan. Raziel, comprendiendo que tal agitación no era normal, decidió adentrarse en la espesura con un solo objetivo: descubrir qué buscaban los vampiros con tanta desesperación.
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  • Before the slaughter — The first session.
    Fandom OC
    Categoría Acción
    Illán

    Los viajes de Nairis rara vez tenían propósito inocente; viajar con su maestro era sinónimo de trabajo, y para ese trabajo había que ensuciarse las manos. La muerte ya era algo normal para ella, pues ella misma había perdido la vida una vez.

    Desmontar sectas, exorcizar demonios, descubrir más sobre el gran esquema, el mundo en el que giraban cada día pertenecía más a voluntades que escapaban de su comprensión ¿Qué importaba? Su vida ya no le pertenecía... No desde que "eso" la seguía.

    Un espectro, jirones oscuros que trataban de asemejarse a un ser humano, una silueta de extremidades alongadas y rostro vacío que la observaba continuamente, que le susurraba en un idioma que solo ella era capaz de entender.

    El sueño se volvió un recuerdo lejano, pero su cuerpo ya no se sentía cansado.
    El mundo como lo conocía había cambiado, no en forma, pero entendió algo; tarde o temprano dejaría de existir, y ella podía sentirlo.
    Su libertad se volvió algo incierto; un debate constante entre su humanidad y los planes que el espectro parecía tener para ella.

    En todo esto, encontró un único propósito, averiguar más de su naturaleza, descubrir en qué se convirtió y no le importaba cuantas vidas tuviera que arrebatar en el proceso, pues la gente que más sabía, fueron los que le arrebataron la vida a ella misma.

    Entrenaba por si misma cada vez que podía, aprovechaba todo rato que tenía libre para tratar de pulir sus habilidades, para darle nuevos usos a la energía que solamente ella podía manipular, el Eco. Con el tiempo, vio que su entrenamiento cada vez daba menos frutos... Y en su falta de guía encontró a Illán, un chamán que protegía tanto a las personas como a los espíritus, el cual, en su desconocimiento sobre los propósitos de Nairis, accedió a entrenarla por petición de Nairis, y no pasó mucho hasta su primera sesión... No sabía lo que le esperaba, pero no se rendiría fácilmente.

    Habían quedado en un lugar apartado, sería lo mejor, Nairis escapó de sus responsabilidades para poder reunirse con él, ahora solo quedaba esperar...
    [Cursed_Bastard] Los viajes de Nairis rara vez tenían propósito inocente; viajar con su maestro era sinónimo de trabajo, y para ese trabajo había que ensuciarse las manos. La muerte ya era algo normal para ella, pues ella misma había perdido la vida una vez. Desmontar sectas, exorcizar demonios, descubrir más sobre el gran esquema, el mundo en el que giraban cada día pertenecía más a voluntades que escapaban de su comprensión ¿Qué importaba? Su vida ya no le pertenecía... No desde que "eso" la seguía. Un espectro, jirones oscuros que trataban de asemejarse a un ser humano, una silueta de extremidades alongadas y rostro vacío que la observaba continuamente, que le susurraba en un idioma que solo ella era capaz de entender. El sueño se volvió un recuerdo lejano, pero su cuerpo ya no se sentía cansado. El mundo como lo conocía había cambiado, no en forma, pero entendió algo; tarde o temprano dejaría de existir, y ella podía sentirlo. Su libertad se volvió algo incierto; un debate constante entre su humanidad y los planes que el espectro parecía tener para ella. En todo esto, encontró un único propósito, averiguar más de su naturaleza, descubrir en qué se convirtió y no le importaba cuantas vidas tuviera que arrebatar en el proceso, pues la gente que más sabía, fueron los que le arrebataron la vida a ella misma. Entrenaba por si misma cada vez que podía, aprovechaba todo rato que tenía libre para tratar de pulir sus habilidades, para darle nuevos usos a la energía que solamente ella podía manipular, el Eco. Con el tiempo, vio que su entrenamiento cada vez daba menos frutos... Y en su falta de guía encontró a Illán, un chamán que protegía tanto a las personas como a los espíritus, el cual, en su desconocimiento sobre los propósitos de Nairis, accedió a entrenarla por petición de Nairis, y no pasó mucho hasta su primera sesión... No sabía lo que le esperaba, pero no se rendiría fácilmente. Habían quedado en un lugar apartado, sería lo mejor, Nairis escapó de sus responsabilidades para poder reunirse con él, ahora solo quedaba esperar...
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