• En una región cuyo nombre había sido borrado de los mapas y de la memoria de los hombres, una multitud de sacerdotes y sacerdotisas permanecía arrodillada. Sus vestiduras ceremoniales estaban empapadas de sangre consagrada, formando un mar carmesí bajo la tenue luz de centenares de cirios.

    En lo alto de una escalinata de piedra negra se hallaba el patriarca del clan rival de la Flor Imperial.

    Su semblante reflejaba una preocupación poco habitual.

    Frente a él permanecía su mejor guerrero, inmóvil como una estatua.

    ○No podemos continuar así

    Declaró el patriarca.

    ○Necesitamos recuperar el control de la narrativa. Nuestros aliados comienzan a dudar y nuestros enemigos ganan influencia con cada día que pasa.

    Descendió un escalón.

    ○Debemos romper el pacto de paz y declarar la guerra de inmediato.

    La multitud guardó silencio.

    ○Tengo a Mister M respirándome en la nuca. Si seguimos esperando, terminará exigiendo resultados que no podremos ofrecer.

    El guerrero cruzó los brazos.

    ¤¿Creéis que podemos vencer?

    El patriarca sostuvo su mirada.

    ○Esa es precisamente la pregunta que te hago.

    El campeón sonrió apenas.

    ¤Puedo matar a Retsudo.

    Las palabras resonaron por el santuario como una blasfemia.

    ¤Pero necesitaré un equipo.

    Los murmullos comenzaron a extenderse entre los presentes.

    Retsudo Ogami. Aun entre sus enemigos aquel nombre poseía peso suficiente para sembrar inquietud.

    El patriarca cerró los ojos durante unos segundos.

    ○Entonces te daré el mejor equipo que podamos reunir.

    Muy lejos de allí, los protagonistas Unknown Nami y Zelkova disfrutaban de una calma relativa, ignorantes de lo que estaba ocurriendo en las sombras.

    No sabían que alianzas centenarias comenzaban a resquebrajarse. No sabían que antiguos juramentos estaban a punto de ser quebrantados. Y, sobre todo, no sabían que una auténtica guerra se estaba gestando. Una guerra que pronto arrastraría a clanes, cultos, corporaciones y monstruos hacia una misma conflagración. Las primeras piezas ya habían comenzado a moverse. Y cuando el primer disparo fuese efectuado, nadie podría detener lo que vendría después.
    En una región cuyo nombre había sido borrado de los mapas y de la memoria de los hombres, una multitud de sacerdotes y sacerdotisas permanecía arrodillada. Sus vestiduras ceremoniales estaban empapadas de sangre consagrada, formando un mar carmesí bajo la tenue luz de centenares de cirios. En lo alto de una escalinata de piedra negra se hallaba el patriarca del clan rival de la Flor Imperial. Su semblante reflejaba una preocupación poco habitual. Frente a él permanecía su mejor guerrero, inmóvil como una estatua. ○No podemos continuar así Declaró el patriarca. ○Necesitamos recuperar el control de la narrativa. Nuestros aliados comienzan a dudar y nuestros enemigos ganan influencia con cada día que pasa. Descendió un escalón. ○Debemos romper el pacto de paz y declarar la guerra de inmediato. La multitud guardó silencio. ○Tengo a Mister M respirándome en la nuca. Si seguimos esperando, terminará exigiendo resultados que no podremos ofrecer. El guerrero cruzó los brazos. ¤¿Creéis que podemos vencer? El patriarca sostuvo su mirada. ○Esa es precisamente la pregunta que te hago. El campeón sonrió apenas. ¤Puedo matar a Retsudo. Las palabras resonaron por el santuario como una blasfemia. ¤Pero necesitaré un equipo. Los murmullos comenzaron a extenderse entre los presentes. Retsudo Ogami. Aun entre sus enemigos aquel nombre poseía peso suficiente para sembrar inquietud. El patriarca cerró los ojos durante unos segundos. ○Entonces te daré el mejor equipo que podamos reunir. Muy lejos de allí, los protagonistas [Uni_Darkness_Softspot] [legend_opal_hare_231] y Zelkova disfrutaban de una calma relativa, ignorantes de lo que estaba ocurriendo en las sombras. No sabían que alianzas centenarias comenzaban a resquebrajarse. No sabían que antiguos juramentos estaban a punto de ser quebrantados. Y, sobre todo, no sabían que una auténtica guerra se estaba gestando. Una guerra que pronto arrastraría a clanes, cultos, corporaciones y monstruos hacia una misma conflagración. Las primeras piezas ya habían comenzado a moverse. Y cuando el primer disparo fuese efectuado, nadie podría detener lo que vendría después.
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  • {La lluvia golpeaba con fuerza los tejados de la aldea mientras el viento arrastraba el olor a humo y ceniza desde tierras lejanas. Tras semanas de viaje, Ivandore de Ebonhart había recorrido caminos olvidados, cruzado bosques oscuros y dejado atrás los ecos de una guerra que parecía no tener fin.}

    {Las puertas de la posada se abrieron lentamente, dejando entrar una ráfaga de aire frío. Las conversaciones cesaron por un instante cuando la figura del caballero apareció bajo la tenue luz de las velas. Su armadura mostraba las marcas de incontables batallas, y sobre su capa desgastada aún podía distinguirse la cruz roja de su orden.}

    {Sin pronunciar palabra, avanzó hasta el mostrador. El tintineo metálico de sus espuelas resonó en toda la sala. Sacó una pequeña bolsa de cuero y la dejó caer frente a la tabernera. El sonido de las monedas de oro chocando entre sí fue suficiente para captar toda su atención.}

    —Busco una habitación, comida caliente y un establo para mi montura.

    {La mujer observó la pesada bolsa antes de alzar la vista hacia el misterioso viajero.}

    —Parece que habéis recorrido un largo camino, mi señor.

    {Ivandore permaneció inmóvil unos segundos tras el visor de su yelmo.}

    —Más largo de lo que hubiese deseado.

    {Por primera vez en muchas jornadas, el caballero se encontraba bajo un techo seguro. Sin embargo, incluso allí, entre el calor de la chimenea y el aroma de la cerveza recién servida, las sombras del pasado seguían caminando a su lado.}
    {La lluvia golpeaba con fuerza los tejados de la aldea mientras el viento arrastraba el olor a humo y ceniza desde tierras lejanas. Tras semanas de viaje, Ivandore de Ebonhart había recorrido caminos olvidados, cruzado bosques oscuros y dejado atrás los ecos de una guerra que parecía no tener fin.} {Las puertas de la posada se abrieron lentamente, dejando entrar una ráfaga de aire frío. Las conversaciones cesaron por un instante cuando la figura del caballero apareció bajo la tenue luz de las velas. Su armadura mostraba las marcas de incontables batallas, y sobre su capa desgastada aún podía distinguirse la cruz roja de su orden.} {Sin pronunciar palabra, avanzó hasta el mostrador. El tintineo metálico de sus espuelas resonó en toda la sala. Sacó una pequeña bolsa de cuero y la dejó caer frente a la tabernera. El sonido de las monedas de oro chocando entre sí fue suficiente para captar toda su atención.} —Busco una habitación, comida caliente y un establo para mi montura. {La mujer observó la pesada bolsa antes de alzar la vista hacia el misterioso viajero.} —Parece que habéis recorrido un largo camino, mi señor. {Ivandore permaneció inmóvil unos segundos tras el visor de su yelmo.} —Más largo de lo que hubiese deseado. {Por primera vez en muchas jornadas, el caballero se encontraba bajo un techo seguro. Sin embargo, incluso allí, entre el calor de la chimenea y el aroma de la cerveza recién servida, las sombras del pasado seguían caminando a su lado.}
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  • Jean se había tomado un tiempo libre fuera de su oficina, sin embargo, no salió a caminar ni a estirarse. Aprovechó para ir a la arena de entrenamiento con los Caballeros de Favonius. Miró el entrenamiento de ellos detenidamente miró errores, fallas casi de inmediato.

    -Deberé regañar a Kaeya. Los está consintiendo demasiado...

    Al escuchar a la Gran Maestra, los caballeros se tensaron, se pusieron en posición de firmes y saludaron en coro a la maestra. Ella, no sonrió, por primera vez, pudo haber respondido con aquella sonrisa amable con la que siempre saludaba, pero era preocupante lo que vio. Caminó por las escaleras bajando a la arena dejando que su paso firme resonara sobre el suelo de piedra.

    -Agradezco su disposición y su esfuerzo para mejorar enormemente. Sin embargo, no están siendo óptimos. ¿Dónde está Kaeya? -Dijo mientras buscaba al peli azul con la mirada-.

    +E-el Capitán Ka-Kaeya... dijo: "Consideren esto una prueba de iniciativa. Si necesitan que esté aquí para entrenar, entonces ya van retrasados".

    -.....

    Jean puso sus dedos en el puente de su nariz cerrando los ojos emitiendo un profundo suspiro "Me las va a pagar", pensó de inmediato, el caballero se puso nervioso y tragó seco.

    -No están en problemas. Pero vamos a organizar algunas cosas. Los movimientos que están usando carecen de funcionalidad, son movimientos muertos, eso al final cansa al cuerpo, para cuando necesitan responder ya hicieron seis o siente movimientos entre estocada, dejan mucho espacio, no hay una buena guardia.

    Después de irlos corrigiendo e indicando los movimientos que deberían hacer. Jean los puso a prueba. Tomó a siete caballeros en el centro de la arena. La Gran Maestra se enfrentó a todos al mismo tiempo, movimientos fluidos, elegantes, casi automáticos, instinto desarrollado y entrenamiento pulido juntos, esquivaba, bloqueaba, aprovechaba la fuerza de ellos y sus errores para usar el mínimo de fuerza necesario. Todos terminaron derrotados en el suelo, agotados, Jean, en el centro con a penas dos gotas de sudor en su frente por el sol.

    +N-no puede ser...no puede haber tanta diferente...
    Dijeron algunos. Los caballeros expectantes fuera de la arena murmuraban, otros silbaban por ver en acción a la Maestra porque casi nunca pasaba ello.

    -¿Ven lo que les dije?...Tienen "programado" la mala rutina que estuvieron haciendo. Comiencen desde cero con los ejercicios que les puse hasta que se les haga un hábito. Los errores que comentan aquí serán su sentencia en el campo de batalla. No quiero que ninguno de mis caballeros caiga.

    Los Caballeros se miraron entre ellos entendiendo una cosa, no los estaba maltratando, no los estaba humillando, les estaba enseñando, los estaba reconociendo, no como un número en las filas, como personas.

    -No quiero poner un valor a sus vidas, pero si debo hacerlo. Ninguno de ustedes puede morir en un campo de batalla hasta matar a 200 enemigos, uno menos a ello, le diré a Babara que los sane lo antes posible y los mataré yo misma. ¿Queda claro?

    Los caballeros terminaron sonriendo y riendo por el comentario, de alguna forma se habían motivado y entre risas y aplausos hubo un grito de guerra.

    -Bien. Entonces sigan con lo que les enseñé. 10 vueltas a los muros exteriores de Mondstadt, 100 estocadas y 100 bloqueos. ¡Coman, descansen, hidrátense, vayan con Sara al Gran Cazador! ¡La cuenta corre por Kaeya!.

    Jean guardó su espada mientras hablaba y llevó sus manos a la altura de su pecho dando dos aplausos fuertes para romper filas. Los caballeros gritaron, silbaron y rieron por la cuenta de Kaeya mientras se fueron a cumplir el entrenamiento. Jean ahora si sonrió y con aquella sonrisa, sacudió su ropa y caminó por la ciudad.
    Jean se había tomado un tiempo libre fuera de su oficina, sin embargo, no salió a caminar ni a estirarse. Aprovechó para ir a la arena de entrenamiento con los Caballeros de Favonius. Miró el entrenamiento de ellos detenidamente miró errores, fallas casi de inmediato. -Deberé regañar a Kaeya. Los está consintiendo demasiado... Al escuchar a la Gran Maestra, los caballeros se tensaron, se pusieron en posición de firmes y saludaron en coro a la maestra. Ella, no sonrió, por primera vez, pudo haber respondido con aquella sonrisa amable con la que siempre saludaba, pero era preocupante lo que vio. Caminó por las escaleras bajando a la arena dejando que su paso firme resonara sobre el suelo de piedra. -Agradezco su disposición y su esfuerzo para mejorar enormemente. Sin embargo, no están siendo óptimos. ¿Dónde está Kaeya? -Dijo mientras buscaba al peli azul con la mirada-. +E-el Capitán Ka-Kaeya... dijo: "Consideren esto una prueba de iniciativa. Si necesitan que esté aquí para entrenar, entonces ya van retrasados". -..... Jean puso sus dedos en el puente de su nariz cerrando los ojos emitiendo un profundo suspiro "Me las va a pagar", pensó de inmediato, el caballero se puso nervioso y tragó seco. -No están en problemas. Pero vamos a organizar algunas cosas. Los movimientos que están usando carecen de funcionalidad, son movimientos muertos, eso al final cansa al cuerpo, para cuando necesitan responder ya hicieron seis o siente movimientos entre estocada, dejan mucho espacio, no hay una buena guardia. Después de irlos corrigiendo e indicando los movimientos que deberían hacer. Jean los puso a prueba. Tomó a siete caballeros en el centro de la arena. La Gran Maestra se enfrentó a todos al mismo tiempo, movimientos fluidos, elegantes, casi automáticos, instinto desarrollado y entrenamiento pulido juntos, esquivaba, bloqueaba, aprovechaba la fuerza de ellos y sus errores para usar el mínimo de fuerza necesario. Todos terminaron derrotados en el suelo, agotados, Jean, en el centro con a penas dos gotas de sudor en su frente por el sol. +N-no puede ser...no puede haber tanta diferente... Dijeron algunos. Los caballeros expectantes fuera de la arena murmuraban, otros silbaban por ver en acción a la Maestra porque casi nunca pasaba ello. -¿Ven lo que les dije?...Tienen "programado" la mala rutina que estuvieron haciendo. Comiencen desde cero con los ejercicios que les puse hasta que se les haga un hábito. Los errores que comentan aquí serán su sentencia en el campo de batalla. No quiero que ninguno de mis caballeros caiga. Los Caballeros se miraron entre ellos entendiendo una cosa, no los estaba maltratando, no los estaba humillando, les estaba enseñando, los estaba reconociendo, no como un número en las filas, como personas. -No quiero poner un valor a sus vidas, pero si debo hacerlo. Ninguno de ustedes puede morir en un campo de batalla hasta matar a 200 enemigos, uno menos a ello, le diré a Babara que los sane lo antes posible y los mataré yo misma. ¿Queda claro? Los caballeros terminaron sonriendo y riendo por el comentario, de alguna forma se habían motivado y entre risas y aplausos hubo un grito de guerra. -Bien. Entonces sigan con lo que les enseñé. 10 vueltas a los muros exteriores de Mondstadt, 100 estocadas y 100 bloqueos. ¡Coman, descansen, hidrátense, vayan con Sara al Gran Cazador! ¡La cuenta corre por Kaeya!. Jean guardó su espada mientras hablaba y llevó sus manos a la altura de su pecho dando dos aplausos fuertes para romper filas. Los caballeros gritaron, silbaron y rieron por la cuenta de Kaeya mientras se fueron a cumplir el entrenamiento. Jean ahora si sonrió y con aquella sonrisa, sacudió su ropa y caminó por la ciudad.
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  • alguna vez fui un hombre fingiendo tener dominio de las sombras pero desde el dia que logre modificar mis genes todo fue diferente, aquellos todo ellos se creen superiores, ven hacia abajo y ven a un pobre humano

    ridículo , llevo días esperando las sombras en mi mano quieren actuar, dioses, demonios, ángeles todos ellos gozan de su poder pero yo, yo quiero bajarlos de su nube que sepan cuán insignificantes son sin poderes, pero ellos pueden estar tranquilos aún no busco una guerra por ahora solo quiero una presa a la cual cazar

    pero mejor duerman con un ojo abierto no valla ser que alguien les jale un pie desde las sombras
    alguna vez fui un hombre fingiendo tener dominio de las sombras pero desde el dia que logre modificar mis genes todo fue diferente, aquellos todo ellos se creen superiores, ven hacia abajo y ven a un pobre humano ridículo , llevo días esperando las sombras en mi mano quieren actuar, dioses, demonios, ángeles todos ellos gozan de su poder pero yo, yo quiero bajarlos de su nube que sepan cuán insignificantes son sin poderes, pero ellos pueden estar tranquilos aún no busco una guerra por ahora solo quiero una presa a la cual cazar pero mejor duerman con un ojo abierto no valla ser que alguien les jale un pie desde las sombras
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  • Quienes hemos crecido bajo el humo y las cenizas somos los que más evitamos la guerra. Pero es esa misma fragilidad la que nos obliga a estar listos para ella.
    Quienes hemos crecido bajo el humo y las cenizas somos los que más evitamos la guerra. Pero es esa misma fragilidad la que nos obliga a estar listos para ella.
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  • No lo cuestionaba, mucho menos lo peleaba.
    Para él, era obvio que su hermano era el digno heredero y el mayor, así fuese por minutos.
    Pero en donde todos creerían que existiría el rencor, la rivalidad o intento de un asesinato; solo reinó la paz.

    Valerius no buscaba reconocimiento, mucho menos un trono, sus manos ya estaban bastante llenas de sangre, sus ojos habían visto tanto sufrimiento que se tiñeron de ese rojo escarlata por toda la eternidad.

    ¿Qué deseaba ahora?
    Paz.
    Ayudar a otros.
    No volver a pensar en guerras, en sufrimiento, en días de oscuridad.
    No lo cuestionaba, mucho menos lo peleaba. Para él, era obvio que su hermano era el digno heredero y el mayor, así fuese por minutos. Pero en donde todos creerían que existiría el rencor, la rivalidad o intento de un asesinato; solo reinó la paz. Valerius no buscaba reconocimiento, mucho menos un trono, sus manos ya estaban bastante llenas de sangre, sus ojos habían visto tanto sufrimiento que se tiñeron de ese rojo escarlata por toda la eternidad. ¿Qué deseaba ahora? Paz. Ayudar a otros. No volver a pensar en guerras, en sufrimiento, en días de oscuridad.
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  • Fragmento extraído del rol con Elina Drakon.

    https://ficrol.com/posts/386585

    —Aahh...

    El suspiro del anciano hizo temblar las montañas.

    La roca crujió.

    Los árboles nacidos sobre su cuerpo se mecieron lentamente.

    —Estoy... tan cansado... vieja amiga...

    Sus enormes ojos permanecieron sobre Elina.

    —Cuánta guerra...

    —Cuánta muerte...

    —Cuántos nombres olvidados...

    Su voz sonaba cada vez más lejana.

    Como si hablara desde otro tiempo.

    Desde otro mundo.

    —Este viejo dragón ya no puede sostener más esta paz...

    Un silencio pesado cayó sobre el valle.

    —La paz...

    Sus párpados descendieron lentamente.

    —Es todo lo que anhelo...

    Volvió a mirarme.

    Sus pupilas antiguas reflejaban algo que jamás había visto.

    Esperanza.

    —Fuego...

    —Escarcha...

    Su respiración se volvió irregular.

    —Puede ser...

    —Pero no sola...

    Sus ojos parecieron perderse entre recuerdos imposibles.

    —Ellos creían en la unión...

    Los creadores de mi huevo.

    Los dos elementales que abandonaron la guerra.

    —Lo demostraron...

    Una pequeña carcajada escapó de su garganta.

    —Ha... ha...

    —Sí...

    —Elementos convergentes...

    Su cabeza descendió unos centímetros.

    —Acércate, niña...

    —Deja que estos viejos ojos puedan verte una última vez...

    Tragué saliva.

    Incluso para mí era difícil sostener aquella mirada.

    Pero avancé.

    Paso a paso.

    Hasta quedar frente a él.

    Su tamaño era tan inmenso que apenas podía abarcar una pequeña parte de su rostro.

    Sin embargo, sus ojos me observaban como si yo fuera todo su mundo.

    Durante unos segundos no dijo nada.

    Simplemente me contempló.

    Y sonrió.

    —Ahora lo entiendo...

    Sus palabras apenas fueron un susurro.

    —No naciste para continuar nuestra guerra...

    —Naciste para terminarla...

    El brillo de sus ojos comenzó a apagarse.

    Lentamente.

    Sin dolor.

    Sin miedo.

    Como quien finalmente puede descansar.

    Y entonces ocurrió.

    A mi lado apareció una pequeña figura encapuchada.

    Silenciosa.

    Antigua.

    Un diminuto shinigami.

    No pronunció palabra alguna.

    Ni parecía interesado en nosotros.

    Simplemente caminó hasta el anciano dragón.

    Extendió una pequeña mano.

    Y tomó algo que no podía verse.

    El alma de Terra.

    Pero no se la llevó.

    El pequeño ser observó el núcleo que latía en el pecho del dragón.

    Una última vez.

    Y lo separó cuidadosamente de su cuerpo.

    El corazón mineral del anciano cayó frente a mí.

    El suelo tembló.

    La piedra comenzó a resquebrajarse.

    Runas antiguas aparecieron sobre su superficie.

    Lentamente.

    Muy lentamente.

    El núcleo empezó a transformarse.

    La roca se alargó.

    Se refinó.

    Se condensó.

    Hasta adoptar la forma de un bastón.

    Un bastón de piedra primordial.

    Nacido de la tierra más antigua.

    De la voluntad del último dragón hadeico de ese elemento.

    Lo tomé entre mis manos.

    Y en cuanto mis dedos tocaron la piedra...

    Sentí algo.

    No poder.

    No fuerza.

    No dominio.

    Sentí compañía.

    Como si una montaña entera hubiera decidido caminar a mi lado.

    Por primera vez.

    Fuego.

    Escarcha.

    Y tierra.

    Tres elementos.

    No enfrentados.

    No dominándose unos a otros.

    Sino coexistiendo.

    Terra cerró los ojos.

    Y por primera vez en cuatro mil quinientos millones de años...

    El último dragón de tierra descansó.
    Fragmento extraído del rol con [Elina_Drakon]. https://ficrol.com/posts/386585 —Aahh... El suspiro del anciano hizo temblar las montañas. La roca crujió. Los árboles nacidos sobre su cuerpo se mecieron lentamente. —Estoy... tan cansado... vieja amiga... Sus enormes ojos permanecieron sobre Elina. —Cuánta guerra... —Cuánta muerte... —Cuántos nombres olvidados... Su voz sonaba cada vez más lejana. Como si hablara desde otro tiempo. Desde otro mundo. —Este viejo dragón ya no puede sostener más esta paz... Un silencio pesado cayó sobre el valle. —La paz... Sus párpados descendieron lentamente. —Es todo lo que anhelo... Volvió a mirarme. Sus pupilas antiguas reflejaban algo que jamás había visto. Esperanza. —Fuego... —Escarcha... Su respiración se volvió irregular. —Puede ser... —Pero no sola... Sus ojos parecieron perderse entre recuerdos imposibles. —Ellos creían en la unión... Los creadores de mi huevo. Los dos elementales que abandonaron la guerra. —Lo demostraron... Una pequeña carcajada escapó de su garganta. —Ha... ha... —Sí... —Elementos convergentes... Su cabeza descendió unos centímetros. —Acércate, niña... —Deja que estos viejos ojos puedan verte una última vez... Tragué saliva. Incluso para mí era difícil sostener aquella mirada. Pero avancé. Paso a paso. Hasta quedar frente a él. Su tamaño era tan inmenso que apenas podía abarcar una pequeña parte de su rostro. Sin embargo, sus ojos me observaban como si yo fuera todo su mundo. Durante unos segundos no dijo nada. Simplemente me contempló. Y sonrió. —Ahora lo entiendo... Sus palabras apenas fueron un susurro. —No naciste para continuar nuestra guerra... —Naciste para terminarla... El brillo de sus ojos comenzó a apagarse. Lentamente. Sin dolor. Sin miedo. Como quien finalmente puede descansar. Y entonces ocurrió. A mi lado apareció una pequeña figura encapuchada. Silenciosa. Antigua. Un diminuto shinigami. No pronunció palabra alguna. Ni parecía interesado en nosotros. Simplemente caminó hasta el anciano dragón. Extendió una pequeña mano. Y tomó algo que no podía verse. El alma de Terra. Pero no se la llevó. El pequeño ser observó el núcleo que latía en el pecho del dragón. Una última vez. Y lo separó cuidadosamente de su cuerpo. El corazón mineral del anciano cayó frente a mí. El suelo tembló. La piedra comenzó a resquebrajarse. Runas antiguas aparecieron sobre su superficie. Lentamente. Muy lentamente. El núcleo empezó a transformarse. La roca se alargó. Se refinó. Se condensó. Hasta adoptar la forma de un bastón. Un bastón de piedra primordial. Nacido de la tierra más antigua. De la voluntad del último dragón hadeico de ese elemento. Lo tomé entre mis manos. Y en cuanto mis dedos tocaron la piedra... Sentí algo. No poder. No fuerza. No dominio. Sentí compañía. Como si una montaña entera hubiera decidido caminar a mi lado. Por primera vez. Fuego. Escarcha. Y tierra. Tres elementos. No enfrentados. No dominándose unos a otros. Sino coexistiendo. Terra cerró los ojos. Y por primera vez en cuatro mil quinientos millones de años... El último dragón de tierra descansó.
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  • -Sentado en silencio, apoyó el rostro sobre una mano mientras la noche avanzaba sin que le importara. Sus ojos permanecieron perdidos en aquel recuerdo lejano-

    Qué extraño

    -Había sobrevivido a guerras, derrotado enemigos imposibles y recorrido caminos que pocos podían imaginar. Sin embargo, al recordar aquellos días bajo los árboles, con las manos cubiertas de polvo y el cuerpo agotado por el entrenamiento, algo en su pecho se volvía más pesado
    No era tristeza-

    -Era la sensación de mirar un lugar al que ya no podía regresar
    El tiempo había seguido avanzando sin pedir permiso, llevándose consigo a aquel muchacho que corría entre las sombras persiguiendo sueños demasiado grandes para él
    Y por primera vez en mucho tiempo, se preguntó si aquel joven estaría orgulloso de lo que había llegado a ser-
    -Sentado en silencio, apoyó el rostro sobre una mano mientras la noche avanzaba sin que le importara. Sus ojos permanecieron perdidos en aquel recuerdo lejano- Qué extraño -Había sobrevivido a guerras, derrotado enemigos imposibles y recorrido caminos que pocos podían imaginar. Sin embargo, al recordar aquellos días bajo los árboles, con las manos cubiertas de polvo y el cuerpo agotado por el entrenamiento, algo en su pecho se volvía más pesado No era tristeza- -Era la sensación de mirar un lugar al que ya no podía regresar El tiempo había seguido avanzando sin pedir permiso, llevándose consigo a aquel muchacho que corría entre las sombras persiguiendo sueños demasiado grandes para él Y por primera vez en mucho tiempo, se preguntó si aquel joven estaría orgulloso de lo que había llegado a ser-
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  • *En uno de los pocos multiversos donde existe la dragón de acero, después de la guerra en Undión, el reino de los dragones pereció, solo quedaron cadáveres en todo el lugar, algunos con heridas de espadas, calcinados, aplastados...

    Después de aquella devastación, los ambiciosos alquimistas fueron hacia aquel reino muerto en búsqueda de materiales que le puedan servir en sus inventos e investigaciónes, como lo eran la dragónita, orbes de mana concentrado, cualquier propiedad elemental que les pudiera dar el cuerpo de un dragón era valioso, sin embargo, estos dieron con el cuerpo de la reina y pensaron, "Si usamos esto nada nos detendrá", así que de entre algunos restos que se llevaron también tenían consigo el cuerpo de, Elina.

    En alguno de sus laboratorios comenzaron a desprender quirúrgicamente parte por parte dañada hasta que solo quedó una dragón sin brazos ni piernas... Estás mismas fueron reemplazadas por piezas que parecían ser mecánicas, incluso su cola sufrió cambios por estos mismos alquimistas, ya estando completa, procedieron a reconstruir su cerebro con un control mental integrado... Dando inicio al despertar de Elina en esta vida después de morir.

    Aunque está sirvió a las órdenes de los alquimistas por un tiempo, su conciencia comenzó a despertar: "Está no eres tú". Su cabeza dolía como si fuera a explotar, una lucha entre su propia conciencia y el control mental se estaba librando en ella, pero la voluntad de un dragón es inquebrantable, así que se libero de aquello que la ataba a seguir órdenes para luego desatar su irá contra dichos alquimistas. De hecho, se dice que en este multiverso, Elina Drakon reina en el territorio de los dragones una vez más que ella misma ayudo a levantar a pesar de su nueva apariencia*

    NOTA: (Esto originalmente tiene mucho más contexto, por eso se siente que faltan cosas, pero no quería abrumar con la lectura)
    *En uno de los pocos multiversos donde existe la dragón de acero, después de la guerra en Undión, el reino de los dragones pereció, solo quedaron cadáveres en todo el lugar, algunos con heridas de espadas, calcinados, aplastados... Después de aquella devastación, los ambiciosos alquimistas fueron hacia aquel reino muerto en búsqueda de materiales que le puedan servir en sus inventos e investigaciónes, como lo eran la dragónita, orbes de mana concentrado, cualquier propiedad elemental que les pudiera dar el cuerpo de un dragón era valioso, sin embargo, estos dieron con el cuerpo de la reina y pensaron, "Si usamos esto nada nos detendrá", así que de entre algunos restos que se llevaron también tenían consigo el cuerpo de, Elina. En alguno de sus laboratorios comenzaron a desprender quirúrgicamente parte por parte dañada hasta que solo quedó una dragón sin brazos ni piernas... Estás mismas fueron reemplazadas por piezas que parecían ser mecánicas, incluso su cola sufrió cambios por estos mismos alquimistas, ya estando completa, procedieron a reconstruir su cerebro con un control mental integrado... Dando inicio al despertar de Elina en esta vida después de morir. Aunque está sirvió a las órdenes de los alquimistas por un tiempo, su conciencia comenzó a despertar: "Está no eres tú". Su cabeza dolía como si fuera a explotar, una lucha entre su propia conciencia y el control mental se estaba librando en ella, pero la voluntad de un dragón es inquebrantable, así que se libero de aquello que la ataba a seguir órdenes para luego desatar su irá contra dichos alquimistas. De hecho, se dice que en este multiverso, Elina Drakon reina en el territorio de los dragones una vez más que ella misma ayudo a levantar a pesar de su nueva apariencia* NOTA: (Esto originalmente tiene mucho más contexto, por eso se siente que faltan cosas, pero no quería abrumar con la lectura)
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  • Dragón anciano
    Categoría Acción
    Desde mi eclosión he escuchado muchas historias.

    Historias sobre dragones, sobre mundos lejanos y sobre criaturas que jamás llegaron a existir en la Tierra que recuerdo en mis sueños.

    Pero hay una historia que no deja de regresar una y otra vez.

    La de un anciano dragón de tierra.

    Un superviviente.

    Uno que, según las leyendas, nació antes de que la guerra terminara.

    Antes del Gran Impacto.

    Antes de que el cielo ardiera.

    Aquella idea parecía imposible. La Dra. Luna insistía en que no existían pruebas concluyentes, mientras que yo ni siquiera sabía si aquellos recuerdos eran realmente míos o simples fragmentos heredados de algo mucho más antiguo.

    Sin embargo, había alguien que podía responder esa pregunta.

    Elina Drakon.

    La única dragona que conocía que podía comprender el peso de una historia semejante.

    Por eso acepté acompañarla.

    El portal se abrió frente a nosotros con un rugido de energía desconocida.

    Al otro lado no estaba Umbra Corp.

    No estaba Absalon.

    No estaba la Tierra.

    Era otro mundo.

    Y quizá, en algún lugar de él, aguardaba el último dragón hadeico del elemento tierra.

    Uno que había sobrevivido cuatro mil quinientos millones de años para contar una historia que nadie más recordaba.

    Di un paso al frente, observando el horizonte.

    Elina Drakon...

    Mi cola se agitó lentamente detrás de mí.

    — Muéstrame dónde vive.
    Desde mi eclosión he escuchado muchas historias. Historias sobre dragones, sobre mundos lejanos y sobre criaturas que jamás llegaron a existir en la Tierra que recuerdo en mis sueños. Pero hay una historia que no deja de regresar una y otra vez. La de un anciano dragón de tierra. Un superviviente. Uno que, según las leyendas, nació antes de que la guerra terminara. Antes del Gran Impacto. Antes de que el cielo ardiera. Aquella idea parecía imposible. La Dra. Luna insistía en que no existían pruebas concluyentes, mientras que yo ni siquiera sabía si aquellos recuerdos eran realmente míos o simples fragmentos heredados de algo mucho más antiguo. Sin embargo, había alguien que podía responder esa pregunta. Elina Drakon. La única dragona que conocía que podía comprender el peso de una historia semejante. Por eso acepté acompañarla. El portal se abrió frente a nosotros con un rugido de energía desconocida. Al otro lado no estaba Umbra Corp. No estaba Absalon. No estaba la Tierra. Era otro mundo. Y quizá, en algún lugar de él, aguardaba el último dragón hadeico del elemento tierra. Uno que había sobrevivido cuatro mil quinientos millones de años para contar una historia que nadie más recordaba. Di un paso al frente, observando el horizonte. — [Elina_Drakon]... Mi cola se agitó lentamente detrás de mí. — Muéstrame dónde vive.
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