{La lluvia golpeaba con fuerza los tejados de la aldea mientras el viento arrastraba el olor a humo y ceniza desde tierras lejanas. Tras semanas de viaje, Ivandore de Ebonhart había recorrido caminos olvidados, cruzado bosques oscuros y dejado atrás los ecos de una guerra que parecía no tener fin.}
{Las puertas de la posada se abrieron lentamente, dejando entrar una ráfaga de aire frío. Las conversaciones cesaron por un instante cuando la figura del caballero apareció bajo la tenue luz de las velas. Su armadura mostraba las marcas de incontables batallas, y sobre su capa desgastada aún podía distinguirse la cruz roja de su orden.}
{Sin pronunciar palabra, avanzó hasta el mostrador. El tintineo metálico de sus espuelas resonó en toda la sala. Sacó una pequeña bolsa de cuero y la dejó caer frente a la tabernera. El sonido de las monedas de oro chocando entre sí fue suficiente para captar toda su atención.}
—Busco una habitación, comida caliente y un establo para mi montura.
{La mujer observó la pesada bolsa antes de alzar la vista hacia el misterioso viajero.}
—Parece que habéis recorrido un largo camino, mi señor.
{Ivandore permaneció inmóvil unos segundos tras el visor de su yelmo.}
—Más largo de lo que hubiese deseado.
{Por primera vez en muchas jornadas, el caballero se encontraba bajo un techo seguro. Sin embargo, incluso allí, entre el calor de la chimenea y el aroma de la cerveza recién servida, las sombras del pasado seguían caminando a su lado.}
{Las puertas de la posada se abrieron lentamente, dejando entrar una ráfaga de aire frío. Las conversaciones cesaron por un instante cuando la figura del caballero apareció bajo la tenue luz de las velas. Su armadura mostraba las marcas de incontables batallas, y sobre su capa desgastada aún podía distinguirse la cruz roja de su orden.}
{Sin pronunciar palabra, avanzó hasta el mostrador. El tintineo metálico de sus espuelas resonó en toda la sala. Sacó una pequeña bolsa de cuero y la dejó caer frente a la tabernera. El sonido de las monedas de oro chocando entre sí fue suficiente para captar toda su atención.}
—Busco una habitación, comida caliente y un establo para mi montura.
{La mujer observó la pesada bolsa antes de alzar la vista hacia el misterioso viajero.}
—Parece que habéis recorrido un largo camino, mi señor.
{Ivandore permaneció inmóvil unos segundos tras el visor de su yelmo.}
—Más largo de lo que hubiese deseado.
{Por primera vez en muchas jornadas, el caballero se encontraba bajo un techo seguro. Sin embargo, incluso allí, entre el calor de la chimenea y el aroma de la cerveza recién servida, las sombras del pasado seguían caminando a su lado.}
{La lluvia golpeaba con fuerza los tejados de la aldea mientras el viento arrastraba el olor a humo y ceniza desde tierras lejanas. Tras semanas de viaje, Ivandore de Ebonhart había recorrido caminos olvidados, cruzado bosques oscuros y dejado atrás los ecos de una guerra que parecía no tener fin.}
{Las puertas de la posada se abrieron lentamente, dejando entrar una ráfaga de aire frío. Las conversaciones cesaron por un instante cuando la figura del caballero apareció bajo la tenue luz de las velas. Su armadura mostraba las marcas de incontables batallas, y sobre su capa desgastada aún podía distinguirse la cruz roja de su orden.}
{Sin pronunciar palabra, avanzó hasta el mostrador. El tintineo metálico de sus espuelas resonó en toda la sala. Sacó una pequeña bolsa de cuero y la dejó caer frente a la tabernera. El sonido de las monedas de oro chocando entre sí fue suficiente para captar toda su atención.}
—Busco una habitación, comida caliente y un establo para mi montura.
{La mujer observó la pesada bolsa antes de alzar la vista hacia el misterioso viajero.}
—Parece que habéis recorrido un largo camino, mi señor.
{Ivandore permaneció inmóvil unos segundos tras el visor de su yelmo.}
—Más largo de lo que hubiese deseado.
{Por primera vez en muchas jornadas, el caballero se encontraba bajo un techo seguro. Sin embargo, incluso allí, entre el calor de la chimenea y el aroma de la cerveza recién servida, las sombras del pasado seguían caminando a su lado.}