Fragmento extraído del rol con Elina Drakon.
https://ficrol.com/posts/386585
—Aahh...
El suspiro del anciano hizo temblar las montañas.
La roca crujió.
Los árboles nacidos sobre su cuerpo se mecieron lentamente.
—Estoy... tan cansado... vieja amiga...
Sus enormes ojos permanecieron sobre Elina.
—Cuánta guerra...
—Cuánta muerte...
—Cuántos nombres olvidados...
Su voz sonaba cada vez más lejana.
Como si hablara desde otro tiempo.
Desde otro mundo.
—Este viejo dragón ya no puede sostener más esta paz...
Un silencio pesado cayó sobre el valle.
—La paz...
Sus párpados descendieron lentamente.
—Es todo lo que anhelo...
Volvió a mirarme.
Sus pupilas antiguas reflejaban algo que jamás había visto.
Esperanza.
—Fuego...
—Escarcha...
Su respiración se volvió irregular.
—Puede ser...
—Pero no sola...
Sus ojos parecieron perderse entre recuerdos imposibles.
—Ellos creían en la unión...
Los creadores de mi huevo.
Los dos elementales que abandonaron la guerra.
—Lo demostraron...
Una pequeña carcajada escapó de su garganta.
—Ha... ha...
—Sí...
—Elementos convergentes...
Su cabeza descendió unos centímetros.
—Acércate, niña...
—Deja que estos viejos ojos puedan verte una última vez...
Tragué saliva.
Incluso para mí era difícil sostener aquella mirada.
Pero avancé.
Paso a paso.
Hasta quedar frente a él.
Su tamaño era tan inmenso que apenas podía abarcar una pequeña parte de su rostro.
Sin embargo, sus ojos me observaban como si yo fuera todo su mundo.
Durante unos segundos no dijo nada.
Simplemente me contempló.
Y sonrió.
—Ahora lo entiendo...
Sus palabras apenas fueron un susurro.
—No naciste para continuar nuestra guerra...
—Naciste para terminarla...
El brillo de sus ojos comenzó a apagarse.
Lentamente.
Sin dolor.
Sin miedo.
Como quien finalmente puede descansar.
Y entonces ocurrió.
A mi lado apareció una pequeña figura encapuchada.
Silenciosa.
Antigua.
Un diminuto shinigami.
No pronunció palabra alguna.
Ni parecía interesado en nosotros.
Simplemente caminó hasta el anciano dragón.
Extendió una pequeña mano.
Y tomó algo que no podía verse.
El alma de Terra.
Pero no se la llevó.
El pequeño ser observó el núcleo que latía en el pecho del dragón.
Una última vez.
Y lo separó cuidadosamente de su cuerpo.
El corazón mineral del anciano cayó frente a mí.
El suelo tembló.
La piedra comenzó a resquebrajarse.
Runas antiguas aparecieron sobre su superficie.
Lentamente.
Muy lentamente.
El núcleo empezó a transformarse.
La roca se alargó.
Se refinó.
Se condensó.
Hasta adoptar la forma de un bastón.
Un bastón de piedra primordial.
Nacido de la tierra más antigua.
De la voluntad del último dragón hadeico de ese elemento.
Lo tomé entre mis manos.
Y en cuanto mis dedos tocaron la piedra...
Sentí algo.
No poder.
No fuerza.
No dominio.
Sentí compañía.
Como si una montaña entera hubiera decidido caminar a mi lado.
Por primera vez.
Fuego.
Escarcha.
Y tierra.
Tres elementos.
No enfrentados.
No dominándose unos a otros.
Sino coexistiendo.
Terra cerró los ojos.
Y por primera vez en cuatro mil quinientos millones de años...
El último dragón de tierra descansó.
https://ficrol.com/posts/386585
—Aahh...
El suspiro del anciano hizo temblar las montañas.
La roca crujió.
Los árboles nacidos sobre su cuerpo se mecieron lentamente.
—Estoy... tan cansado... vieja amiga...
Sus enormes ojos permanecieron sobre Elina.
—Cuánta guerra...
—Cuánta muerte...
—Cuántos nombres olvidados...
Su voz sonaba cada vez más lejana.
Como si hablara desde otro tiempo.
Desde otro mundo.
—Este viejo dragón ya no puede sostener más esta paz...
Un silencio pesado cayó sobre el valle.
—La paz...
Sus párpados descendieron lentamente.
—Es todo lo que anhelo...
Volvió a mirarme.
Sus pupilas antiguas reflejaban algo que jamás había visto.
Esperanza.
—Fuego...
—Escarcha...
Su respiración se volvió irregular.
—Puede ser...
—Pero no sola...
Sus ojos parecieron perderse entre recuerdos imposibles.
—Ellos creían en la unión...
Los creadores de mi huevo.
Los dos elementales que abandonaron la guerra.
—Lo demostraron...
Una pequeña carcajada escapó de su garganta.
—Ha... ha...
—Sí...
—Elementos convergentes...
Su cabeza descendió unos centímetros.
—Acércate, niña...
—Deja que estos viejos ojos puedan verte una última vez...
Tragué saliva.
Incluso para mí era difícil sostener aquella mirada.
Pero avancé.
Paso a paso.
Hasta quedar frente a él.
Su tamaño era tan inmenso que apenas podía abarcar una pequeña parte de su rostro.
Sin embargo, sus ojos me observaban como si yo fuera todo su mundo.
Durante unos segundos no dijo nada.
Simplemente me contempló.
Y sonrió.
—Ahora lo entiendo...
Sus palabras apenas fueron un susurro.
—No naciste para continuar nuestra guerra...
—Naciste para terminarla...
El brillo de sus ojos comenzó a apagarse.
Lentamente.
Sin dolor.
Sin miedo.
Como quien finalmente puede descansar.
Y entonces ocurrió.
A mi lado apareció una pequeña figura encapuchada.
Silenciosa.
Antigua.
Un diminuto shinigami.
No pronunció palabra alguna.
Ni parecía interesado en nosotros.
Simplemente caminó hasta el anciano dragón.
Extendió una pequeña mano.
Y tomó algo que no podía verse.
El alma de Terra.
Pero no se la llevó.
El pequeño ser observó el núcleo que latía en el pecho del dragón.
Una última vez.
Y lo separó cuidadosamente de su cuerpo.
El corazón mineral del anciano cayó frente a mí.
El suelo tembló.
La piedra comenzó a resquebrajarse.
Runas antiguas aparecieron sobre su superficie.
Lentamente.
Muy lentamente.
El núcleo empezó a transformarse.
La roca se alargó.
Se refinó.
Se condensó.
Hasta adoptar la forma de un bastón.
Un bastón de piedra primordial.
Nacido de la tierra más antigua.
De la voluntad del último dragón hadeico de ese elemento.
Lo tomé entre mis manos.
Y en cuanto mis dedos tocaron la piedra...
Sentí algo.
No poder.
No fuerza.
No dominio.
Sentí compañía.
Como si una montaña entera hubiera decidido caminar a mi lado.
Por primera vez.
Fuego.
Escarcha.
Y tierra.
Tres elementos.
No enfrentados.
No dominándose unos a otros.
Sino coexistiendo.
Terra cerró los ojos.
Y por primera vez en cuatro mil quinientos millones de años...
El último dragón de tierra descansó.
Fragmento extraído del rol con [Elina_Drakon].
https://ficrol.com/posts/386585
—Aahh...
El suspiro del anciano hizo temblar las montañas.
La roca crujió.
Los árboles nacidos sobre su cuerpo se mecieron lentamente.
—Estoy... tan cansado... vieja amiga...
Sus enormes ojos permanecieron sobre Elina.
—Cuánta guerra...
—Cuánta muerte...
—Cuántos nombres olvidados...
Su voz sonaba cada vez más lejana.
Como si hablara desde otro tiempo.
Desde otro mundo.
—Este viejo dragón ya no puede sostener más esta paz...
Un silencio pesado cayó sobre el valle.
—La paz...
Sus párpados descendieron lentamente.
—Es todo lo que anhelo...
Volvió a mirarme.
Sus pupilas antiguas reflejaban algo que jamás había visto.
Esperanza.
—Fuego...
—Escarcha...
Su respiración se volvió irregular.
—Puede ser...
—Pero no sola...
Sus ojos parecieron perderse entre recuerdos imposibles.
—Ellos creían en la unión...
Los creadores de mi huevo.
Los dos elementales que abandonaron la guerra.
—Lo demostraron...
Una pequeña carcajada escapó de su garganta.
—Ha... ha...
—Sí...
—Elementos convergentes...
Su cabeza descendió unos centímetros.
—Acércate, niña...
—Deja que estos viejos ojos puedan verte una última vez...
Tragué saliva.
Incluso para mí era difícil sostener aquella mirada.
Pero avancé.
Paso a paso.
Hasta quedar frente a él.
Su tamaño era tan inmenso que apenas podía abarcar una pequeña parte de su rostro.
Sin embargo, sus ojos me observaban como si yo fuera todo su mundo.
Durante unos segundos no dijo nada.
Simplemente me contempló.
Y sonrió.
—Ahora lo entiendo...
Sus palabras apenas fueron un susurro.
—No naciste para continuar nuestra guerra...
—Naciste para terminarla...
El brillo de sus ojos comenzó a apagarse.
Lentamente.
Sin dolor.
Sin miedo.
Como quien finalmente puede descansar.
Y entonces ocurrió.
A mi lado apareció una pequeña figura encapuchada.
Silenciosa.
Antigua.
Un diminuto shinigami.
No pronunció palabra alguna.
Ni parecía interesado en nosotros.
Simplemente caminó hasta el anciano dragón.
Extendió una pequeña mano.
Y tomó algo que no podía verse.
El alma de Terra.
Pero no se la llevó.
El pequeño ser observó el núcleo que latía en el pecho del dragón.
Una última vez.
Y lo separó cuidadosamente de su cuerpo.
El corazón mineral del anciano cayó frente a mí.
El suelo tembló.
La piedra comenzó a resquebrajarse.
Runas antiguas aparecieron sobre su superficie.
Lentamente.
Muy lentamente.
El núcleo empezó a transformarse.
La roca se alargó.
Se refinó.
Se condensó.
Hasta adoptar la forma de un bastón.
Un bastón de piedra primordial.
Nacido de la tierra más antigua.
De la voluntad del último dragón hadeico de ese elemento.
Lo tomé entre mis manos.
Y en cuanto mis dedos tocaron la piedra...
Sentí algo.
No poder.
No fuerza.
No dominio.
Sentí compañía.
Como si una montaña entera hubiera decidido caminar a mi lado.
Por primera vez.
Fuego.
Escarcha.
Y tierra.
Tres elementos.
No enfrentados.
No dominándose unos a otros.
Sino coexistiendo.
Terra cerró los ojos.
Y por primera vez en cuatro mil quinientos millones de años...
El último dragón de tierra descansó.