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    Parte 13 - La guardiana del bosque.

    La corriente había entregado a Akane a la orilla, pero fue una ogra quien la salvó. Grande y fuerte, con rasgos más finos que los de su especie, la joven ogra la cargó hasta su cabaña en el bosque. Allí, rodeada de hierbas colgadas en las paredes y frascos de cristal con líquidos de colores, comenzó el proceso de sanación.

    La ogra conocía la medicina de plantas y la alquimia de pociones.
    Había aprendido a mezclar ambos saberes, creando remedios más poderosos que los comunes. Sabía que podían sanar casi cualquier daño, salvo la pérdida de un miembro.
    Por eso confió en que una sola poción bastaría.

    Pero al ver la magnitud de las heridas de Akane, comprendió que no sería suficiente. Así que decidió administrarle pociones dos veces al día, durante cuatro días, con paciencia, con cuidado, con la fuerza de alguien que sabe que la vida es frágil.

    El segundo día, Akane abrió los ojos apenas un instante, la visión era borrosa, pero alcanzó a distinguir la figura de la ogra inclinada sobre ella, ofreciéndole una poción. Por un momento, la silueta se confundió con un recuerdo, el cabello, la postura, la firmeza en la mirada…
    Akane sonrió débilmente y murmuró: Abuela Jennifer…

    Antes de que la ogra pudiera responder, Akane volvió a caer en el sueño. La ogra se quedó quieta, arqueando una ceja.

    "¿Abuela? ¿Tan mayor me veo? A lo mucho podría confundirme con su madre… pero ¿abuela?"

    Sacudió la cabeza, divertida y un poco ofendida, mientras pensaba que aquella joven debía estar delirando por la fiebre.

    Parte 14 - El despertar y la aclaración.

    Pasaron unos mas días. Las pociones habían hecho efecto y Akane comenzó a recuperar fuerzas. Cuando despertó plenamente, la ogra se acercó para revisar sus heridas, Akane, aún medio dormida, dio un pequeño sobresalto y murmuró otra vez:

    -Jennifer…

    La ogra ladeó la cabeza, con una sonrisa irónica.
    -No soy tan mayor como crees. Y, para tu información, supongo que tenemos casi la misma edad. Así que no me confundas con una señora mayor.

    Akane se frotó los ojos, y al observar mejor notó el cabello rojo intenso de la ogra, tan distinto al negro verdoso de Jennifer. Se sonrojó y se disculpó: Lo siento… no es que te viera como alguien mayor. Es que mi abuela Jennifer se ve tan joven que parece tener no más de veinte años.

    La ogra parpadeó, confundida. -¿Tu abuela? ¿De veinte años? Eso no tiene sentido. Los ogros vivimos mucho tiempo, sí, pero una abuela que parece una jovencita… ¿qué clase de criatura es? ¿Acaso es un demonio?

    Akane suspiró, con una sonrisa cansada. -Peor... Demonio es una palabra que se queda corta.-
    Luego pensó un momento y agregó: Oh, ¿te refieres a su especie? No, no es un demonio. Ella… es complicado de explicar.

    La ogra ladeó la cabeza, intrigada.
    -¿Qué clase de abuela será esa tal Jennifer?" pensó, mientras seguía cuidando a Akane.
    Parte 13 - La guardiana del bosque. La corriente había entregado a Akane a la orilla, pero fue una ogra quien la salvó. Grande y fuerte, con rasgos más finos que los de su especie, la joven ogra la cargó hasta su cabaña en el bosque. Allí, rodeada de hierbas colgadas en las paredes y frascos de cristal con líquidos de colores, comenzó el proceso de sanación. La ogra conocía la medicina de plantas y la alquimia de pociones. Había aprendido a mezclar ambos saberes, creando remedios más poderosos que los comunes. Sabía que podían sanar casi cualquier daño, salvo la pérdida de un miembro. Por eso confió en que una sola poción bastaría. Pero al ver la magnitud de las heridas de Akane, comprendió que no sería suficiente. Así que decidió administrarle pociones dos veces al día, durante cuatro días, con paciencia, con cuidado, con la fuerza de alguien que sabe que la vida es frágil. El segundo día, Akane abrió los ojos apenas un instante, la visión era borrosa, pero alcanzó a distinguir la figura de la ogra inclinada sobre ella, ofreciéndole una poción. Por un momento, la silueta se confundió con un recuerdo, el cabello, la postura, la firmeza en la mirada… Akane sonrió débilmente y murmuró: Abuela Jennifer… Antes de que la ogra pudiera responder, Akane volvió a caer en el sueño. La ogra se quedó quieta, arqueando una ceja. "¿Abuela? ¿Tan mayor me veo? A lo mucho podría confundirme con su madre… pero ¿abuela?" Sacudió la cabeza, divertida y un poco ofendida, mientras pensaba que aquella joven debía estar delirando por la fiebre. Parte 14 - El despertar y la aclaración. Pasaron unos mas días. Las pociones habían hecho efecto y Akane comenzó a recuperar fuerzas. Cuando despertó plenamente, la ogra se acercó para revisar sus heridas, Akane, aún medio dormida, dio un pequeño sobresalto y murmuró otra vez: -Jennifer… La ogra ladeó la cabeza, con una sonrisa irónica. -No soy tan mayor como crees. Y, para tu información, supongo que tenemos casi la misma edad. Así que no me confundas con una señora mayor. Akane se frotó los ojos, y al observar mejor notó el cabello rojo intenso de la ogra, tan distinto al negro verdoso de Jennifer. Se sonrojó y se disculpó: Lo siento… no es que te viera como alguien mayor. Es que mi abuela Jennifer se ve tan joven que parece tener no más de veinte años. La ogra parpadeó, confundida. -¿Tu abuela? ¿De veinte años? Eso no tiene sentido. Los ogros vivimos mucho tiempo, sí, pero una abuela que parece una jovencita… ¿qué clase de criatura es? ¿Acaso es un demonio? Akane suspiró, con una sonrisa cansada. -Peor... Demonio es una palabra que se queda corta.- Luego pensó un momento y agregó: Oh, ¿te refieres a su especie? No, no es un demonio. Ella… es complicado de explicar. La ogra ladeó la cabeza, intrigada. -¿Qué clase de abuela será esa tal Jennifer?" pensó, mientras seguía cuidando a Akane.
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  • Aquella tarde, cuando el sol estaba a minutos de desvanecerse tras las vastas montañas cercanas al Gran Santuario Narukami, los vientos fríos comenzaron a descender suavemente. Las hojas danzaban al compás de su paso, los árboles se mecían en armonía y, juntos, creaban una melodía serena que envolvía el lugar. El aire estaba impregnado de un aroma fresco: el murmullo del manantial cercano y la tierra húmeda que reposaba después de la lluvia.
    Resultaba reconfortante saber que el pueblo celebraba la llegada de un nuevo año. Las familias se reunían, compartiendo risas y recuerdos, honrando sin saberlo la labor silenciosa de aquella guardiana de antiguas historias, quien preservaba la memoria del ayer y acompañaba el presente de sus vidas.

    Yae permanecía allí, serena. Vestía su elegante atuendo ceremonial: un kimono corto en tonos rosados y carmesí, adornado con delicados motivos florales y detalles Electro. El obi, finamente decorado en dorado, se ajustaba a su cintura, mientras los ornamentos brillaban suavemente con la luz del ocaso. Cada pliegue de su vestimenta reflejaba la dignidad y el misterio propios de una kitsune ancestral.

    A su lado, la presencia de aquella compañía especial le recordaba el valor de la humanidad: la calidez de una mano amiga, el aprecio sincero y el significado de compartir el momento, más allá del tiempo y de los siglos.

    Finalmente, cuando la última luz del día se extinguió y los faroles comenzaron a encenderse a lo lejos, Yae cerró los ojos por un instante, dejando que la brisa nocturna rozara su piel. Sonrió con calma. El mundo seguía avanzando, y ella, como siempre, permanecería allí… observando, protegiendo y recordando.
    Aquella tarde, cuando el sol estaba a minutos de desvanecerse tras las vastas montañas cercanas al Gran Santuario Narukami, los vientos fríos comenzaron a descender suavemente. Las hojas danzaban al compás de su paso, los árboles se mecían en armonía y, juntos, creaban una melodía serena que envolvía el lugar. El aire estaba impregnado de un aroma fresco: el murmullo del manantial cercano y la tierra húmeda que reposaba después de la lluvia. Resultaba reconfortante saber que el pueblo celebraba la llegada de un nuevo año. Las familias se reunían, compartiendo risas y recuerdos, honrando sin saberlo la labor silenciosa de aquella guardiana de antiguas historias, quien preservaba la memoria del ayer y acompañaba el presente de sus vidas. Yae permanecía allí, serena. Vestía su elegante atuendo ceremonial: un kimono corto en tonos rosados y carmesí, adornado con delicados motivos florales y detalles Electro. El obi, finamente decorado en dorado, se ajustaba a su cintura, mientras los ornamentos brillaban suavemente con la luz del ocaso. Cada pliegue de su vestimenta reflejaba la dignidad y el misterio propios de una kitsune ancestral. A su lado, la presencia de aquella compañía especial le recordaba el valor de la humanidad: la calidez de una mano amiga, el aprecio sincero y el significado de compartir el momento, más allá del tiempo y de los siglos. Finalmente, cuando la última luz del día se extinguió y los faroles comenzaron a encenderse a lo lejos, Yae cerró los ojos por un instante, dejando que la brisa nocturna rozara su piel. Sonrió con calma. El mundo seguía avanzando, y ella, como siempre, permanecería allí… observando, protegiendo y recordando.
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  • Emboscada
    Fandom Cualquiera
    Categoría Acción
    Fauna

    Judith ya había esperado mucho, esta vez atacaría ella, pero se adentró en el bosque en búsqueda de una fuente de poder para su energía espiritual, o al menos, eso es lo que haría creer, estaba claramente en territorio de una de las Miembros del Consejo, Fauna la Guardiana de la Naturaleza.
    Tuvo la artimaña de entrar al bosque con esperanzas de cruzarla, entonces optó por empezar a hacer destrozos en el bosque, usando su poder para destruir árboles, levantar un poco la tierra del lugar, poniendo en riesgo la vida de varios animales. Judith actúa con crueldad para atraer a Fauna y hará lo que tenga qué hacer para tenerla en frente suyo.
    [Fauna_Nature] Judith ya había esperado mucho, esta vez atacaría ella, pero se adentró en el bosque en búsqueda de una fuente de poder para su energía espiritual, o al menos, eso es lo que haría creer, estaba claramente en territorio de una de las Miembros del Consejo, Fauna la Guardiana de la Naturaleza. Tuvo la artimaña de entrar al bosque con esperanzas de cruzarla, entonces optó por empezar a hacer destrozos en el bosque, usando su poder para destruir árboles, levantar un poco la tierra del lugar, poniendo en riesgo la vida de varios animales. Judith actúa con crueldad para atraer a Fauna y hará lo que tenga qué hacer para tenerla en frente suyo.
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  • Vida vs Pestilencia
    Fandom Cualquiera
    Categoría Acción
    Alak–il
    Morgana Blight

    Fauna llegaba a un lugar con un césped verde y hermoso, representando la vida que emanaba el mismo, sin embargo, se ha cruzado con partes del mismo en dónde se ha mostrado de un color desagradable, y con una fuerte energía negativa, amén de acompañado de un olor putrefacto. Un jóven que se hallaba por el área, le informó que tuvo que enfrentarse a un ser que cada vez que pisaba el césped, el mismo se pudría, le dejó en claro que volvería a atacarlo. Sin embargo, Fauna, La Guardiana de la Naturaleza, iba a ser la encargada de restaurar lo que ese ser representante de la Pestilencia provocó, pero no sería fácil.
    [Absolute_Annihilation] [pulse_pink_fox_501] Fauna llegaba a un lugar con un césped verde y hermoso, representando la vida que emanaba el mismo, sin embargo, se ha cruzado con partes del mismo en dónde se ha mostrado de un color desagradable, y con una fuerte energía negativa, amén de acompañado de un olor putrefacto. Un jóven que se hallaba por el área, le informó que tuvo que enfrentarse a un ser que cada vez que pisaba el césped, el mismo se pudría, le dejó en claro que volvería a atacarlo. Sin embargo, Fauna, La Guardiana de la Naturaleza, iba a ser la encargada de restaurar lo que ese ser representante de la Pestilencia provocó, pero no sería fácil.
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    Grupal
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    ╔══════════════════════════════════════
    ISHTAR’S DEMONIC DÈESSE
    Infernal Glamour╝
    ╚══════════════════════════════════════
    ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━
    Poder · Fuego · Ambición · Música
    ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━

    La sesión “Ishtar’s Demonic Dèesse – Infernal Glamour” encarna la unión perfecta entre el lujo corporativo, la estética infernal y el mito ancestral del poder absoluto. Esta portada no muestra simples ejecutivos: revela arquitectos del destino musical, respaldados por una fuerza divina y demoníaca.

    El glamour no es belleza: es dominio.

    En lo alto de la ciudad, dos líderes sellan un pacto eterno .
    Detrás de ellos, emergiendo entre fuego y sombras, Ishtar se manifiesta como un dragón infernal, guardiana del acuerdo.

    No observa… vigila.
    No amenaza… posee.

    El cielo arde, la ciudad obedece.

    ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━
    ✦ Estilo: Infernal Glamour · Dark Luxury · Mythic Power
    ✦ Inspiración: Dioses antiguos, élites musicales, moda editorial de alto impacto
    ✦ Atmósfera: Seductora, dominante, peligrosa, triunfal

    Cada elemento está diseñado para imponer respeto y fascinación.
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    ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━
    🕴 Sastrería de poder

    ✦ Trajes negros de corte impecable
    ✦ Líneas limpias que transmiten control y autoridad

    Detalles simbólicos
    ✦ Corbatas rojas: sangre, pasión y ambición
    ✦ Pañuelos carmesí: lujo y jerarquía
    ✦ Gafas oscuras: misterio y superioridad
    ✦ Las telas absorben la luz del fuego y la devuelven como prestigio.
    ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━
    ✦ MAQUILLAJE & LOOK ✦
    ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━
    Piel pulida, perfecta, casi divina
    Sonrisas calculadas, seguras
    👁 Miradas que no piden permiso

    Un resplandor cálido envuelve los rostros, como si el fuego naciera desde el alma.

    ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━
    ✦ ILUMINACIÓN ✦
    ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━
    Luz principal tipo atardecer infernal
    Sombras profundas que esculpen el poder
    Reflejos ardientes que envuelven la escena

    La luz no ilumina… corona.

    ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━
    ✦ ESCENOGRAFÍA ✦
    ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━
    🏙 Oficina de lujo en un rascacielos
    Ciudad al fondo: el mundo bajo su control
    Dragón colosal: Ishtar, diosa del deseo y la destrucción creativa

    Todo comunica supremacía.

    ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━
    ✦ SIMBOLOGÍA ✦
    ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━
    Apretón de manos: pacto irreversible
    Fuego: creación, ambición, sacrificio
    Ishtar: poder absoluto, protección, tentación
    Ciudad: el imperio musical conquistado

    ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━
    ✦ MENSAJE EDITORIAL ✦
    ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━
    “El verdadero poder no se firma… se invoca.”

    ISHTARMUSICY revela que la música moderna se gobierna desde el fuego, el mito y la voluntad inquebrantable.

    ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━
    ✦ IMPACTO DE MARCA ✦
    ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━
    Posiciona a ISHTARMUSICY como revista dominante y visionaria
    Eleva la industria musical a nivel divino
    Convierte el glamour en un acto de poder
    ╔══════════════════════════════════════ ╗🔥 ISHTAR’S DEMONIC DÈESSE 🔥 Infernal Glamour╝ ╚══════════════════════════════════════ ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━ Poder · Fuego · Ambición · Música ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━ La sesión “Ishtar’s Demonic Dèesse – Infernal Glamour” encarna la unión perfecta entre el lujo corporativo, la estética infernal y el mito ancestral del poder absoluto. Esta portada no muestra simples ejecutivos: revela arquitectos del destino musical, respaldados por una fuerza divina y demoníaca. El glamour no es belleza: es dominio. En lo alto de la ciudad, dos líderes sellan un pacto eterno 🤝. Detrás de ellos, emergiendo entre fuego y sombras, Ishtar se manifiesta como un dragón infernal, guardiana del acuerdo. No observa… vigila. No amenaza… posee. El cielo arde, la ciudad obedece. ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━ ✦ Estilo: Infernal Glamour · Dark Luxury · Mythic Power ✦ Inspiración: Dioses antiguos, élites musicales, moda editorial de alto impacto ✦ Atmósfera: Seductora, dominante, peligrosa, triunfal Cada elemento está diseñado para imponer respeto y fascinación. ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━ ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━ 🕴 Sastrería de poder ✦ Trajes negros de corte impecable ✦ Líneas limpias que transmiten control y autoridad 🔥 Detalles simbólicos ✦ Corbatas rojas: sangre, pasión y ambición ✦ Pañuelos carmesí: lujo y jerarquía ✦ Gafas oscuras: misterio y superioridad ✦ Las telas absorben la luz del fuego y la devuelven como prestigio. ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━ ✦ MAQUILLAJE & LOOK ✦ ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━ 💄 Piel pulida, perfecta, casi divina 😈 Sonrisas calculadas, seguras 👁 Miradas que no piden permiso Un resplandor cálido envuelve los rostros, como si el fuego naciera desde el alma. ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━ ✦ ILUMINACIÓN ✦ ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━ 🔥 Luz principal tipo atardecer infernal 🌑 Sombras profundas que esculpen el poder ✨ Reflejos ardientes que envuelven la escena La luz no ilumina… corona. ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━ ✦ ESCENOGRAFÍA ✦ ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━ 🏙 Oficina de lujo en un rascacielos 🌆 Ciudad al fondo: el mundo bajo su control 🐉 Dragón colosal: Ishtar, diosa del deseo y la destrucción creativa Todo comunica supremacía. ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━ ✦ SIMBOLOGÍA ✦ ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━ 🤝 Apretón de manos: pacto irreversible 🔥 Fuego: creación, ambición, sacrificio 🐉 Ishtar: poder absoluto, protección, tentación 🌇 Ciudad: el imperio musical conquistado ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━ ✦ MENSAJE EDITORIAL ✦ ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━ 🩸 “El verdadero poder no se firma… se invoca.” ISHTARMUSICY revela que la música moderna se gobierna desde el fuego, el mito y la voluntad inquebrantable. ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━ ✦ IMPACTO DE MARCA ✦ ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━ 👑 Posiciona a ISHTARMUSICY como revista dominante y visionaria 🔥 Eleva la industria musical a nivel divino 🖤 Convierte el glamour en un acto de poder
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    Maximiliano permaneció en silencio unos instantes antes de hablar. La luz de las velas dibujaba sombras antiguas en su rostro, y el bosque parecía escuchar.

    —Gracias.

    No fue una palabra ligera.

    —Gracias a mi familia… porque incluso en la oscuridad más profunda, han sido mi ancla. Mi fuerza. Mi verdad. Nada de lo que soy existiría sin ustedes.

    Su mirada recorrió a cada uno, sin prisa.

    —Gracias a mi aquelarre. No por seguirme, sino por caminar conmigo. Por sostener el equilibrio cuando el peso fue demasiado. Esta noche no celebramos poder. Celebramos permanencia.

    Alzó levemente el rostro, sin alzar la voz.

    —Gracias a Hécate, guardiana de los umbrales, por enseñarme cuándo avanzar… y cuándo detenerme. Por proteger el linaje y recordar que todo camino tiene un precio.

    Luego, con la misma calma:

    —Y gracias a Lucifer, por el conocimiento, por la voluntad y por la verdad que no se esconde. Por recordarme que la elección siempre importa más que la obediencia.

    Volvió la mirada al círculo.

    —Esta noche, en este solsticio, no pido más poder. No pido más años.
    Solo agradezco seguir aquí. Con ustedes. Entero.

    Hizo una pausa final.

    —Que la oscuridad nos acompañe… mientras sepamos sostenerla.

    Y el bosque, una vez más, guardó silencio.
    El mejor cumpleaños de toda mi existencia.
    David Darkness [drift_amethyst_frog_495]
    Maximiliano permaneció en silencio unos instantes antes de hablar. La luz de las velas dibujaba sombras antiguas en su rostro, y el bosque parecía escuchar. —Gracias. No fue una palabra ligera. —Gracias a mi familia… porque incluso en la oscuridad más profunda, han sido mi ancla. Mi fuerza. Mi verdad. Nada de lo que soy existiría sin ustedes. Su mirada recorrió a cada uno, sin prisa. —Gracias a mi aquelarre. No por seguirme, sino por caminar conmigo. Por sostener el equilibrio cuando el peso fue demasiado. Esta noche no celebramos poder. Celebramos permanencia. Alzó levemente el rostro, sin alzar la voz. —Gracias a Hécate, guardiana de los umbrales, por enseñarme cuándo avanzar… y cuándo detenerme. Por proteger el linaje y recordar que todo camino tiene un precio. Luego, con la misma calma: —Y gracias a Lucifer, por el conocimiento, por la voluntad y por la verdad que no se esconde. Por recordarme que la elección siempre importa más que la obediencia. Volvió la mirada al círculo. —Esta noche, en este solsticio, no pido más poder. No pido más años. Solo agradezco seguir aquí. Con ustedes. Entero. Hizo una pausa final. —Que la oscuridad nos acompañe… mientras sepamos sostenerla. Y el bosque, una vez más, guardó silencio. El mejor cumpleaños de toda mi existencia. [eclipse_pearl_ape_668] [drift_amethyst_frog_495]
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  • Resumen del Lore de Lili y el Legado Queen
    Origen de Lili
    Lili nace de dos linajes mayores:
    El linaje del Caos “Queen”, por parte de Jennifer Queen, Reina del Caos.
    El linaje súcubo Ishtar, por parte de Ayane Ishtar.
    Su existencia es el cruce entre Caos primordial, herencia demoníaca y destino cósmico.
    El Legado Queen y el Origen del Caos
    El origen del linaje Queen comienza con Oz (Ozma), entidad del Caos, y Selin, una Custodio Elunai, guardiana creada para proteger a la diosa Elune.
    Los Elunai fueron entrenados durante un “sueño” de una noche cuya duración real fue de mil años.
    Su creadora y maestra fue Yue, una antigua parásita de la raza enemiga de Elune, que traicionó a los suyos al enamorarse de la diosa y jurar protegerla.
    Tras la gran guerra:
    Yue se suicida en un ataque final que aniquila a su propia raza.
    Su alma se fragmenta en dos reliquias vivientes:
    El Escudo de Elune → reclama a Yuna Queen (el más poderoso).
    La Espada de Elune → destinada a Veythra.
    La Muerte de Selin y el Alma Errante
    Tras nacer Jennifer, Selin queda embarazada de su segunda hija: Veythra.
    Los Elunai, corrompidos por el miedo y la guerra civil, asesinan a Selin antes del parto.
    Antes de morir:
    Selin consagra su propia alma.
    Protege el alma no nata de Veythra, que queda sin cuerpo, vagando por el universo.
    Esa alma errante encuentra refugio en el momento del nacimiento de Lili.
    Un cuerpo. Dos almas.
    Lili y Veythra: Conflicto Interno
    Durante años:
    Lili ignora la presencia de Veythra.
    Ambas luchan constantemente por el control del cuerpo.
    Cada conflicto termina en desastre.
    En una ocasión, el alma de Veythra se manifiesta como una katana viva, la Espada de Elune, capaz de cortar el tejido del espacio-tiempo, pero imposible de obedecer.
    La Ruptura del Tiempo y el Lienzo del Caos
    En una batalla crucial:
    Lili usa la espada.
    El espacio-tiempo se rompe.
    Lili cae al pasado y luego intenta repetir el corte creyendo haber aprendido a controlar a Veythra.
    Fracasa.
    El segundo corte es aún más devastador.
    Lili cae en un sueño fuera del tiempo, en el Lienzo del Caos.
    El Nacimiento de Veythra
    Mientras Lili duerme:
    Veythra despierta en otro tiempo, con un cuerpo propio por primera vez.
    Su mera existencia desgarra la realidad.
    Pide ayuda a la familia Ishtar.
    En ese viaje:
    Se enfrenta a Jennifer Queen, su hermana.
    Jennifer la derrota brutalmente.
    Por lástima (y vínculo de sangre), le entrega la mitad de su corazón Caos–Elunai.
    El Sacrificio de Veythra
    Gracias a ese corazón:
    Veythra revive.
    Recorre el mundo junto a Ryu del pasado, intentando cerrar las brechas temporales.
    No lo logra. Su cuerpo se desintegra poco a poco.
    Al final:
    Solo queda medio corazón, que Veythra entrega a Ryu y a su familia.
    El corazón se fragmenta en millones de piezas.
    Esos fragmentos cruzan el cielo una vez al año:
    las Perseidas de agosto, las mismas que iluminaban el cielo la noche en que Lili nació.
    La Unión Final
    Tras esto:
    Lili despierta en la batalla original.
    La espada se destruye.
    Veythra deja de ser un alma separada.
    Así nace Veythra Lili:
    no dos entidades en conflicto, sino una unión consciente y estable.
    Estado Actual
    Lili y Veythra existen juntas.
    Comparten propósito, poder y memoria.
    Veythra mantiene su ambición:
    convertirse en la verdadera Reina del Caos, reuniendo su propio ejército del Caos.

    [n.a.a.m.a.h] Agrat Eisheth Zenunim
    Resumen del Lore de Lili y el Legado Queen Origen de Lili Lili nace de dos linajes mayores: El linaje del Caos “Queen”, por parte de Jennifer Queen, Reina del Caos. El linaje súcubo Ishtar, por parte de Ayane Ishtar. Su existencia es el cruce entre Caos primordial, herencia demoníaca y destino cósmico. El Legado Queen y el Origen del Caos El origen del linaje Queen comienza con Oz (Ozma), entidad del Caos, y Selin, una Custodio Elunai, guardiana creada para proteger a la diosa Elune. Los Elunai fueron entrenados durante un “sueño” de una noche cuya duración real fue de mil años. Su creadora y maestra fue Yue, una antigua parásita de la raza enemiga de Elune, que traicionó a los suyos al enamorarse de la diosa y jurar protegerla. Tras la gran guerra: Yue se suicida en un ataque final que aniquila a su propia raza. Su alma se fragmenta en dos reliquias vivientes: El Escudo de Elune → reclama a Yuna Queen (el más poderoso). La Espada de Elune → destinada a Veythra. La Muerte de Selin y el Alma Errante Tras nacer Jennifer, Selin queda embarazada de su segunda hija: Veythra. Los Elunai, corrompidos por el miedo y la guerra civil, asesinan a Selin antes del parto. Antes de morir: Selin consagra su propia alma. Protege el alma no nata de Veythra, que queda sin cuerpo, vagando por el universo. Esa alma errante encuentra refugio en el momento del nacimiento de Lili. Un cuerpo. Dos almas. Lili y Veythra: Conflicto Interno Durante años: Lili ignora la presencia de Veythra. Ambas luchan constantemente por el control del cuerpo. Cada conflicto termina en desastre. En una ocasión, el alma de Veythra se manifiesta como una katana viva, la Espada de Elune, capaz de cortar el tejido del espacio-tiempo, pero imposible de obedecer. La Ruptura del Tiempo y el Lienzo del Caos En una batalla crucial: Lili usa la espada. El espacio-tiempo se rompe. Lili cae al pasado y luego intenta repetir el corte creyendo haber aprendido a controlar a Veythra. Fracasa. El segundo corte es aún más devastador. Lili cae en un sueño fuera del tiempo, en el Lienzo del Caos. El Nacimiento de Veythra Mientras Lili duerme: Veythra despierta en otro tiempo, con un cuerpo propio por primera vez. Su mera existencia desgarra la realidad. Pide ayuda a la familia Ishtar. En ese viaje: Se enfrenta a Jennifer Queen, su hermana. Jennifer la derrota brutalmente. Por lástima (y vínculo de sangre), le entrega la mitad de su corazón Caos–Elunai. El Sacrificio de Veythra Gracias a ese corazón: Veythra revive. Recorre el mundo junto a Ryu del pasado, intentando cerrar las brechas temporales. No lo logra. Su cuerpo se desintegra poco a poco. Al final: Solo queda medio corazón, que Veythra entrega a Ryu y a su familia. El corazón se fragmenta en millones de piezas. Esos fragmentos cruzan el cielo una vez al año: las Perseidas de agosto, las mismas que iluminaban el cielo la noche en que Lili nació. La Unión Final Tras esto: Lili despierta en la batalla original. La espada se destruye. Veythra deja de ser un alma separada. Así nace Veythra Lili: no dos entidades en conflicto, sino una unión consciente y estable. Estado Actual Lili y Veythra existen juntas. Comparten propósito, poder y memoria. Veythra mantiene su ambición: convertirse en la verdadera Reina del Caos, reuniendo su propio ejército del Caos. [n.a.a.m.a.h] [f_off_bih] [demonsmile01]
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    Parte VII - Donde arde el corazón.

    Akane salió de entre los escombros con el cuerpo temblando y la sangre aún tibia en su abdomen. El cielo estaba cubierto de humo, y la aldea que había sido su refugio ardía como un recuerdo que se niega a morir, Akane caminó entre las llamas, con los ojos nublados por el polvo y el miedo. Pensó lo peor, que todos habían muerto, que estaba sola otra vez.

    Pero entonces escuchó voces, voces familiares, gritos, esfuerzo. Corrió por las calles polvosas, tropezando con madera quemada y piedras sueltas, hasta encontrar a un grupo de aldeanos tratando de apagar el fuego con cubos de agua y mantas húmedas. Sin pensarlo, Akane alzó las manos y canalizó su magia, pequeñas explosiones controladas comenzaron a sofocar las llamas, disipando el oxígeno justo en los puntos críticos, era una técnica que nunca había usado así pero funcionaba.

    La gente la miró con asombro.
    -¡Akane! ¡Estás viva!
    -¡Gracias al cielos!

    Ella no respondió, solo siguió ayudando hasta que el último fuego se apagó. y entonces cayó sentada en el suelo, exhausta, con el vestido manchado de sangre y ceniza.

    Mientras recuperaba el aliento, Akane pensó que su magia no era así de débil antes, y si este mundo tenía tanto maná en el aire… ¿por qué se sentía limitada? La respuesta llegó como un susurro interno: El sello, no solo había sellado su forma licántropa, había sellado su poder.

    Sus amigos se acercaron, la rodearon con alivio.
    Uno de ellos, el cazador de cabello rojizo, le preguntó: ¿Cómo sobreviviste? Pensamos que…

    Akane sonrió con tristeza. -Mi madre es una maga blanca. Tengo algo de su magia. Me ayuda a sanar… aunque es débil. Me salvó, pero tardó mucho.-

    Los demás asintieron, impresionados pero cuando Akane preguntó por el abuelo, las miradas bajaron.
    -No sobrevivió.- Dijo uno de ellos. -Cuando escuchó lo que pasó… su corazón no lo resistió.-

    Akane sintió que el mundo se detenía, quiso culparse pero sus amigos la detuvieron.
    -No fue tu culpa. Él te amaba... Y tú le diste alegría en sus últimos días.

    Dos días después, enterraron a los muertos,
    el aire estaba lleno de ceniza y silencio, la gente habló, la aldea ya no pertenecía al reino de Estris y los señores feudales la habían abandonado, Gardarian no había enviado ayuda y los bandidos volverían.

    Todos decidieron pedir refugio en la ciudad de Gargan. Todos… menos Akane.

    -No iré con ustedes.- Dijo, firme.
    -¡No digas locuras!- Le respondió uno de sus amigos. -¡Ven con nosotros!-
    -No.- Repitió Akane. -Si me voy, el abuelo estará solo. Quiero acompañarlo un poco más.-

    Sus amigos comprendieron, Akane queria guardar luto por el anciano que la adopto como su niega y aunque sabia que era peligroso quedarse, tambien sabían que la chica era capaz, que lo que pasó en la posada fue una sorpresa y que si ese hombre regresaba… esta vez, Akane estaría lista.

    Unos días después, todos partieron, la aldea quedó vacía, solo Akane permanecía.
    Caminaba entre las casas quemadas, reparando lo que podía, no por nostalgia,
    sino por respeto.

    Sabía que si iba con ellos, podría ponerlos en peligro, ese hombre… Ese poder… Volvería.

    Pero esta vez, Akane no sería una víctima, sería la guardiana, la loba que había despertado, la llama que no se extingue.
    Parte VII - Donde arde el corazón. Akane salió de entre los escombros con el cuerpo temblando y la sangre aún tibia en su abdomen. El cielo estaba cubierto de humo, y la aldea que había sido su refugio ardía como un recuerdo que se niega a morir, Akane caminó entre las llamas, con los ojos nublados por el polvo y el miedo. Pensó lo peor, que todos habían muerto, que estaba sola otra vez. Pero entonces escuchó voces, voces familiares, gritos, esfuerzo. Corrió por las calles polvosas, tropezando con madera quemada y piedras sueltas, hasta encontrar a un grupo de aldeanos tratando de apagar el fuego con cubos de agua y mantas húmedas. Sin pensarlo, Akane alzó las manos y canalizó su magia, pequeñas explosiones controladas comenzaron a sofocar las llamas, disipando el oxígeno justo en los puntos críticos, era una técnica que nunca había usado así pero funcionaba. La gente la miró con asombro. -¡Akane! ¡Estás viva! -¡Gracias al cielos! Ella no respondió, solo siguió ayudando hasta que el último fuego se apagó. y entonces cayó sentada en el suelo, exhausta, con el vestido manchado de sangre y ceniza. Mientras recuperaba el aliento, Akane pensó que su magia no era así de débil antes, y si este mundo tenía tanto maná en el aire… ¿por qué se sentía limitada? La respuesta llegó como un susurro interno: El sello, no solo había sellado su forma licántropa, había sellado su poder. Sus amigos se acercaron, la rodearon con alivio. Uno de ellos, el cazador de cabello rojizo, le preguntó: ¿Cómo sobreviviste? Pensamos que… Akane sonrió con tristeza. -Mi madre es una maga blanca. Tengo algo de su magia. Me ayuda a sanar… aunque es débil. Me salvó, pero tardó mucho.- Los demás asintieron, impresionados pero cuando Akane preguntó por el abuelo, las miradas bajaron. -No sobrevivió.- Dijo uno de ellos. -Cuando escuchó lo que pasó… su corazón no lo resistió.- Akane sintió que el mundo se detenía, quiso culparse pero sus amigos la detuvieron. -No fue tu culpa. Él te amaba... Y tú le diste alegría en sus últimos días. Dos días después, enterraron a los muertos, el aire estaba lleno de ceniza y silencio, la gente habló, la aldea ya no pertenecía al reino de Estris y los señores feudales la habían abandonado, Gardarian no había enviado ayuda y los bandidos volverían. Todos decidieron pedir refugio en la ciudad de Gargan. Todos… menos Akane. -No iré con ustedes.- Dijo, firme. -¡No digas locuras!- Le respondió uno de sus amigos. -¡Ven con nosotros!- -No.- Repitió Akane. -Si me voy, el abuelo estará solo. Quiero acompañarlo un poco más.- Sus amigos comprendieron, Akane queria guardar luto por el anciano que la adopto como su niega y aunque sabia que era peligroso quedarse, tambien sabían que la chica era capaz, que lo que pasó en la posada fue una sorpresa y que si ese hombre regresaba… esta vez, Akane estaría lista. Unos días después, todos partieron, la aldea quedó vacía, solo Akane permanecía. Caminaba entre las casas quemadas, reparando lo que podía, no por nostalgia, sino por respeto. Sabía que si iba con ellos, podría ponerlos en peligro, ese hombre… Ese poder… Volvería. Pero esta vez, Akane no sería una víctima, sería la guardiana, la loba que había despertado, la llama que no se extingue.
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  • 𝐄𝐋 𝐔𝐋𝐓𝐈𝐌𝐎 𝐇𝐄𝐑𝐎𝐄 - 𝐈
    𝐄𝐧 𝐥𝐚 𝐞𝐫𝐚 𝐝𝐞 𝐥𝐨𝐬 𝐡é𝐫𝐨𝐞𝐬 𝐲 𝐦𝐨𝐧𝐬𝐭𝐫𝐮𝐨𝐬

    Los cielos sangraban por debajo. El humo se elevaba en ondas continuas, manchando las nubes de rojo y gris, las cenizas encendidas ascendían hasta perderse en la noche, mientras los gritos de guerra resonaban como ecos que rasgaban la oscuridad. Fuego y noche fusionados en uno solo. Victoria y muerte.

    Entre las ruinas, un carro de guerra se abría paso entre los escombros, atravesando los límites de una ciudad que estaba condenada y que pronto, lo único que quedaría de ella era un nombre y un recuerdo distante. El suelo temblaba bajo sus ruedas, que esquivaban espadas, cuerpos y piedras que caían a su alrededor.

    Las llamas recortaron la silueta de un jinete que se abalanzó por el costado del carro. Su espada descendió con furia contra el escudo del héroe abordo, haciéndolo vibrar como un trueno cruzando en el cielo tormentoso al absorber el impacto. El héroe apretó la mandíbula y gruñó. Entonces, Eneas, príncipe de Dardania, empujó con fuerza su antebrazo hacia arriba, elevando el escudo que llevaba atado al brazo junto a la espada de su adversario, y dejando el espacio suficiente para que el filo de Rompeviento abriera el abdomen desprotegido del jinete, hueso y carne crujieron alrededor del metal, y el jinete cayó desplomado de su montura.

    ────¡Rápido! –dijo a Pándaro, que sujetaba las riendas– Tenemos que salir de aquí.

    Crispó los dedos en el borde del carro y soltó una maldición por debajo al inspeccionar el estado de su pantorrilla; la herida de flecha que había recibido previamente volvió a abrirse. Intentó balancear su peso para mantenerse estable, pero con cada minuto que pasaba se volvía una labor difícil. La sangre caliente escurrió hasta su pie, y la lesión en su cadera que aún no terminaba de curarse del todo, le produjo un dolor lacerante debajo del peto.

    ────No falta mucho para que lleguemos. Acates nos está esperando del otro lado. ¿Te encuentras bien?

    ────He estado en peores situaciones –masculló al incorporarse–, no es nada. Vámonos…

    Eneas se limpió el sudor de la frente con el dorso de la mano, los ojos le escocían a casusa del humo. A lo lejos, rodeándolos, la muralla se erigió sobre la ciudad de Ilión. Un gigante imperturbable a la masacre que se suscitó en el interior de sus muros. La muralla había sido construida hacia tanto tiempo para proteger a la población de las amenazas del exterior, era tan alta y ancha en la parte superior que las patrullas que montaban guardia día y noche se veían reducidas por la distancia al tamaño de una hormiga. Y, sin embargo, sus paredes inmensas y sus torres de vigilancia fueron incapaces de resguardar desde dentro. Su principal protector, se había convertido en una prisión de muerte.

    Ese pensamiento sombrío bastó para amargar cualquier atisbo de consuelo en Eneas.

    No había podido salvar a su gente. Ellos, los helenos, los habían abordado durante la noche, arrancándoles la vida en medio de sus sueños. El ejercito dárdano, aliado de sus vecinos teucros, apenas consiguió reaccionar a tiempo para crear una distracción y movilizar a tantos ciudadanos como les fue posible para que huyeran de ahí. Y, sin embargo, sus esfuerzos no fueron suficientes para evitar el derramamiento de sangre esa noche. Familias enteras destruidas… inocentes desvaneciéndose en las calles… y las hermanas de su amigo Héctor, maldición, no encontró rastro alguno de ellas.

    La sangre le hirvió de impotencia. Habían sido demasiado ingenuos al creer que, después de diez años de guerra, sus enemigos finalmente aceptarían su derrota así sin más. No. Ellos lucharían hasta que el último de los aqueos muriera de pie.

    «Huye y no mires atrás», resonaron en sus pensamientos las palabras de su amigo, de quién consideraba un hermano. «Mi brazo habría podido defender la ciudad, juntos lo habríamos hecho. Pero yo caí antes. Ahora solo quedas tú. Quizás no puedas salvar a toda la ciudad, llévate contigo a tantos como puedas. Nuestra gente depende de ti».

    El dolor punzante en su pierna lo atravesó.

    «Más rápido».

    Las enormes puertas del oeste estaban abiertas de par en par. Al forzar la vista, Eneas alcanzó a divisar a los últimos ciudadanos que consiguieron rescatar siendo movilizados en carretas. Detrás de ellos, los carros de guerra del ejercito dárdano marchaban levantando nubes de polvo, cubriéndoles las espaldas en su huida. Frunció los labios en una línea recta, lo más cercano a una sonrisa que consiguió dibujar para decir: «Bien, bien».

    ────Algunos consiguieron escapar por las aguas de Escamandro –informó Pándaro. Las ruedas saltaron sobre los escombros–. No tardaran mucho en reunirse con los demás, si todo sale bien, entonces…

    El aire silbó. Un destello de hierro.

    Los ojos del color del cielo del amanecer de Eneas se abrieron y una galaxia de diminutas gotas rojas salpicó su campo de visión. Palideció. Su compañero de armas no pudo terminar de hablar. Una lanza afilada atravesó su pecho. Armadura, carne y hueso crujieron y su grito se quebró en los hilos de sangre que le brotaron por las comisuras de los labios. El cuerpo de Pándaro trastabilló hacia atrás y rodó sin vida fuera del carro.

    «No. No, no…»

    Los caballos relincharon y se encabritaron por la ausencia de su auriga. El carro tembló sobre los escombros. Eneas se lanzó sobre las riendas, pero la flecha incrustada en su pantorrilla y la situación de su cadera no le permitieron el equilibrio que necesitaba para tirar de estas con la fuerza suficiente para evitar que el carro se estrellara contra un enorme bloque de piedra que se derrumbaba sobre él. Las ruedas no respondieron a tiempo, madera y piedra impactaron.

    El mundo giró. El carro volcó y Eneas fue arrojado a un lado. Su cabeza dio contra una piedra y la luz desapareció del mundo por un instante, dejándolo desorientado, tembloroso.

    En el borde de la plaza central, una figura gloriosa se alzó entre las sombras y el fuego. El rey Diomedes, contemplaba la escena, erguido sobre un bloque de muralla destruida, con una calma cruel, mortal. En la piel le brillaba un patrón enraizado de angulosas líneas cristalinas, surcado por destellos de color iridiscentes, como los reflejos de rayos de luz bailando sobre el agua.

    De haberlo visto, Eneas habría sabido de inmediato de qué se trataba; una bendición. Su protectora, la diosa de ojos brillantes, la doncella indomable, le había concedido su favor, y ahora Diomedes era una fuerza imparable. Su capa roja ondeaba detrás de sus poderosos hombros; un agila majestuosa extendiendo sus alas, vigilando desde lo alto, aguardando el momento preciso para descender sobre su presa.

    ────Ustedes vayan por los demás –ordenó a sus hombres, sin apartar la mirada de Eneas –. El chico es mío.

    Diomedes se inclinó y arrancó una lanza enemiga del suelo, con un movimiento elegante, solemne. La sostuvo como si fuera el cetro de un heraldo de la muerte y sus labios se curvaron en una sonrisa fría, letal.

    ────¡Ah! No temas príncipe –dijo con falsa dulzura, cada palabra destilando burla–. No sufrirás mucho. Pronto te reunirás con tu pobre amigo en el mundo de los muertos.

    La lanza voló de su mano. Diomedes la arrojó con precisión quirúrgica, sus ojos brillaron con deleite depredador mientras observaba al príncipe que luchaba por incorporarse en el suelo.

    Un zumbido ensordecedor perforó los oídos de Eneas. Abrió un ojo, jadeó y luchó contra el dolor en su cabeza. Sus dedos, manchados de lodo y barro, se crisparon en la tierra y los escombros, esforzándose por arrastrarse debajo del carro volcado, pero era incapaz de conectar con sus propias fuerzas. Algo caliente y liquido le acarició la sien y el costado de su rostro… sangre.

    Maldición, maldición…

    ────¡Eneas!

    Una voz dulce como la miel tibia lo llamó desde más allá de la niebla densa. Al principio, le costó reconocerla, sus oídos no dejaban de zumbar y, tal vez, también se le escapaba su capacidad de razonamiento, olvidó cómo usar sus extremidades, olvidó cómo reconocer su alrededor. La voz insistió, le pareció tan imposible que algo tan dulce y puro pudiera resonar en ese campo de muerte.

    El corazón de Eneas latió con fuerza.

    La lanza cortó el aire, su punta afilada de bronce reflejó la legendaria ciudad de Ilión sangrando en ruinas. Nada la detenía. La lanza estaba destinada a llegar a su objetivo.

    ────¡Eneas!

    Eneas alzó la mirada. Entre la bruma espesa y las partículas ardientes de cenizas, una figura avanzaba hacia él. La habría reconocido incluso en la más densa oscuridad, entre esa niebla naranja de muerte y desgracia.

    ¿Cómo no podría hacerlo?

    Pequeña, grácil, delicada. Con su cabello color vino flotando con cada paso, y ese par de ojos que eran una copia exacta de los suyos. Siempre con esa manía suya de aparecer en el momento menos esperado, como un espíritu travieso del viento que, de repente, decide materializarse para jugar y reconfortar con su presencia a quién lo necesita.

    Era ella.

    Aquella mujer que lo crío bajo el disfraz de una dulce nodriza. Su nodriza. La que lo escuchó en sus noches más oscuras. La que sostuvo su mano cuando nadie más lo hizo y lo acompañó; a veces con palabras que esa mente afilada suya lograba estructurar para hacerlo reír, otras, bastaba con su presencia para hacer que el sol iluminara el día más gris. La mujer que siempre creyó en él.

    Su confidente. Su guardiana. Su protectora.

    ────Afro...

    Ahora ella corría hacia él sin pensar en el peligro, su rostro celestial estaba pálido del terror y él, en su estado, fue consciente del impulso irrefrenable de querer alcanzarla, de tomar su mano para tranquilizarla. Lo agitaba verla así. Odió a cualquier cosa y a todo lo que se atreviera a provocar en ella esa mirada.

    El perfil herido de Eneas apareció en el bronce de la punta de la lanza.

    Entre el espacio de los dedos de Afro, un tejido de energía azul, matizado con tonos rosas, comenzó a resplandecer.

    Su madre, la diosa del amor, había llegado para salvarlo.
    𝐄𝐋 𝐔𝐋𝐓𝐈𝐌𝐎 𝐇𝐄𝐑𝐎𝐄 - 𝐈 𝐄𝐧 𝐥𝐚 𝐞𝐫𝐚 𝐝𝐞 𝐥𝐨𝐬 𝐡é𝐫𝐨𝐞𝐬 𝐲 𝐦𝐨𝐧𝐬𝐭𝐫𝐮𝐨𝐬 Los cielos sangraban por debajo. El humo se elevaba en ondas continuas, manchando las nubes de rojo y gris, las cenizas encendidas ascendían hasta perderse en la noche, mientras los gritos de guerra resonaban como ecos que rasgaban la oscuridad. Fuego y noche fusionados en uno solo. Victoria y muerte. Entre las ruinas, un carro de guerra se abría paso entre los escombros, atravesando los límites de una ciudad que estaba condenada y que pronto, lo único que quedaría de ella era un nombre y un recuerdo distante. El suelo temblaba bajo sus ruedas, que esquivaban espadas, cuerpos y piedras que caían a su alrededor. Las llamas recortaron la silueta de un jinete que se abalanzó por el costado del carro. Su espada descendió con furia contra el escudo del héroe abordo, haciéndolo vibrar como un trueno cruzando en el cielo tormentoso al absorber el impacto. El héroe apretó la mandíbula y gruñó. Entonces, Eneas, príncipe de Dardania, empujó con fuerza su antebrazo hacia arriba, elevando el escudo que llevaba atado al brazo junto a la espada de su adversario, y dejando el espacio suficiente para que el filo de Rompeviento abriera el abdomen desprotegido del jinete, hueso y carne crujieron alrededor del metal, y el jinete cayó desplomado de su montura. ────¡Rápido! –dijo a Pándaro, que sujetaba las riendas– Tenemos que salir de aquí. Crispó los dedos en el borde del carro y soltó una maldición por debajo al inspeccionar el estado de su pantorrilla; la herida de flecha que había recibido previamente volvió a abrirse. Intentó balancear su peso para mantenerse estable, pero con cada minuto que pasaba se volvía una labor difícil. La sangre caliente escurrió hasta su pie, y la lesión en su cadera que aún no terminaba de curarse del todo, le produjo un dolor lacerante debajo del peto. ────No falta mucho para que lleguemos. Acates nos está esperando del otro lado. ¿Te encuentras bien? ────He estado en peores situaciones –masculló al incorporarse–, no es nada. Vámonos… Eneas se limpió el sudor de la frente con el dorso de la mano, los ojos le escocían a casusa del humo. A lo lejos, rodeándolos, la muralla se erigió sobre la ciudad de Ilión. Un gigante imperturbable a la masacre que se suscitó en el interior de sus muros. La muralla había sido construida hacia tanto tiempo para proteger a la población de las amenazas del exterior, era tan alta y ancha en la parte superior que las patrullas que montaban guardia día y noche se veían reducidas por la distancia al tamaño de una hormiga. Y, sin embargo, sus paredes inmensas y sus torres de vigilancia fueron incapaces de resguardar desde dentro. Su principal protector, se había convertido en una prisión de muerte. Ese pensamiento sombrío bastó para amargar cualquier atisbo de consuelo en Eneas. No había podido salvar a su gente. Ellos, los helenos, los habían abordado durante la noche, arrancándoles la vida en medio de sus sueños. El ejercito dárdano, aliado de sus vecinos teucros, apenas consiguió reaccionar a tiempo para crear una distracción y movilizar a tantos ciudadanos como les fue posible para que huyeran de ahí. Y, sin embargo, sus esfuerzos no fueron suficientes para evitar el derramamiento de sangre esa noche. Familias enteras destruidas… inocentes desvaneciéndose en las calles… y las hermanas de su amigo Héctor, maldición, no encontró rastro alguno de ellas. La sangre le hirvió de impotencia. Habían sido demasiado ingenuos al creer que, después de diez años de guerra, sus enemigos finalmente aceptarían su derrota así sin más. No. Ellos lucharían hasta que el último de los aqueos muriera de pie. «Huye y no mires atrás», resonaron en sus pensamientos las palabras de su amigo, de quién consideraba un hermano. «Mi brazo habría podido defender la ciudad, juntos lo habríamos hecho. Pero yo caí antes. Ahora solo quedas tú. Quizás no puedas salvar a toda la ciudad, llévate contigo a tantos como puedas. Nuestra gente depende de ti». El dolor punzante en su pierna lo atravesó. «Más rápido». Las enormes puertas del oeste estaban abiertas de par en par. Al forzar la vista, Eneas alcanzó a divisar a los últimos ciudadanos que consiguieron rescatar siendo movilizados en carretas. Detrás de ellos, los carros de guerra del ejercito dárdano marchaban levantando nubes de polvo, cubriéndoles las espaldas en su huida. Frunció los labios en una línea recta, lo más cercano a una sonrisa que consiguió dibujar para decir: «Bien, bien». ────Algunos consiguieron escapar por las aguas de Escamandro –informó Pándaro. Las ruedas saltaron sobre los escombros–. No tardaran mucho en reunirse con los demás, si todo sale bien, entonces… El aire silbó. Un destello de hierro. Los ojos del color del cielo del amanecer de Eneas se abrieron y una galaxia de diminutas gotas rojas salpicó su campo de visión. Palideció. Su compañero de armas no pudo terminar de hablar. Una lanza afilada atravesó su pecho. Armadura, carne y hueso crujieron y su grito se quebró en los hilos de sangre que le brotaron por las comisuras de los labios. El cuerpo de Pándaro trastabilló hacia atrás y rodó sin vida fuera del carro. «No. No, no…» Los caballos relincharon y se encabritaron por la ausencia de su auriga. El carro tembló sobre los escombros. Eneas se lanzó sobre las riendas, pero la flecha incrustada en su pantorrilla y la situación de su cadera no le permitieron el equilibrio que necesitaba para tirar de estas con la fuerza suficiente para evitar que el carro se estrellara contra un enorme bloque de piedra que se derrumbaba sobre él. Las ruedas no respondieron a tiempo, madera y piedra impactaron. El mundo giró. El carro volcó y Eneas fue arrojado a un lado. Su cabeza dio contra una piedra y la luz desapareció del mundo por un instante, dejándolo desorientado, tembloroso. En el borde de la plaza central, una figura gloriosa se alzó entre las sombras y el fuego. El rey Diomedes, contemplaba la escena, erguido sobre un bloque de muralla destruida, con una calma cruel, mortal. En la piel le brillaba un patrón enraizado de angulosas líneas cristalinas, surcado por destellos de color iridiscentes, como los reflejos de rayos de luz bailando sobre el agua. De haberlo visto, Eneas habría sabido de inmediato de qué se trataba; una bendición. Su protectora, la diosa de ojos brillantes, la doncella indomable, le había concedido su favor, y ahora Diomedes era una fuerza imparable. Su capa roja ondeaba detrás de sus poderosos hombros; un agila majestuosa extendiendo sus alas, vigilando desde lo alto, aguardando el momento preciso para descender sobre su presa. ────Ustedes vayan por los demás –ordenó a sus hombres, sin apartar la mirada de Eneas –. El chico es mío. Diomedes se inclinó y arrancó una lanza enemiga del suelo, con un movimiento elegante, solemne. La sostuvo como si fuera el cetro de un heraldo de la muerte y sus labios se curvaron en una sonrisa fría, letal. ────¡Ah! No temas príncipe –dijo con falsa dulzura, cada palabra destilando burla–. No sufrirás mucho. Pronto te reunirás con tu pobre amigo en el mundo de los muertos. La lanza voló de su mano. Diomedes la arrojó con precisión quirúrgica, sus ojos brillaron con deleite depredador mientras observaba al príncipe que luchaba por incorporarse en el suelo. Un zumbido ensordecedor perforó los oídos de Eneas. Abrió un ojo, jadeó y luchó contra el dolor en su cabeza. Sus dedos, manchados de lodo y barro, se crisparon en la tierra y los escombros, esforzándose por arrastrarse debajo del carro volcado, pero era incapaz de conectar con sus propias fuerzas. Algo caliente y liquido le acarició la sien y el costado de su rostro… sangre. Maldición, maldición… ────¡Eneas! Una voz dulce como la miel tibia lo llamó desde más allá de la niebla densa. Al principio, le costó reconocerla, sus oídos no dejaban de zumbar y, tal vez, también se le escapaba su capacidad de razonamiento, olvidó cómo usar sus extremidades, olvidó cómo reconocer su alrededor. La voz insistió, le pareció tan imposible que algo tan dulce y puro pudiera resonar en ese campo de muerte. El corazón de Eneas latió con fuerza. La lanza cortó el aire, su punta afilada de bronce reflejó la legendaria ciudad de Ilión sangrando en ruinas. Nada la detenía. La lanza estaba destinada a llegar a su objetivo. ────¡Eneas! Eneas alzó la mirada. Entre la bruma espesa y las partículas ardientes de cenizas, una figura avanzaba hacia él. La habría reconocido incluso en la más densa oscuridad, entre esa niebla naranja de muerte y desgracia. ¿Cómo no podría hacerlo? Pequeña, grácil, delicada. Con su cabello color vino flotando con cada paso, y ese par de ojos que eran una copia exacta de los suyos. Siempre con esa manía suya de aparecer en el momento menos esperado, como un espíritu travieso del viento que, de repente, decide materializarse para jugar y reconfortar con su presencia a quién lo necesita. Era ella. Aquella mujer que lo crío bajo el disfraz de una dulce nodriza. Su nodriza. La que lo escuchó en sus noches más oscuras. La que sostuvo su mano cuando nadie más lo hizo y lo acompañó; a veces con palabras que esa mente afilada suya lograba estructurar para hacerlo reír, otras, bastaba con su presencia para hacer que el sol iluminara el día más gris. La mujer que siempre creyó en él. Su confidente. Su guardiana. Su protectora. ────Afro... Ahora ella corría hacia él sin pensar en el peligro, su rostro celestial estaba pálido del terror y él, en su estado, fue consciente del impulso irrefrenable de querer alcanzarla, de tomar su mano para tranquilizarla. Lo agitaba verla así. Odió a cualquier cosa y a todo lo que se atreviera a provocar en ella esa mirada. El perfil herido de Eneas apareció en el bronce de la punta de la lanza. Entre el espacio de los dedos de Afro, un tejido de energía azul, matizado con tonos rosas, comenzó a resplandecer. Su madre, la diosa del amor, había llegado para salvarlo.
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