• 𝑬𝒍 𝒄𝒂𝒛𝒂𝒅𝒐𝒓, 𝒍𝒂 𝒓𝒆𝒃𝒆𝒍𝒅𝒆 𝒚 𝒆𝒍 𝒃𝒖𝒏𝒌𝒆𝒓
    Fandom Supernatural
    Categoría Acción
    ⚆ 𝙎𝒕𝙖𝒓𝙩𝒆𝙧 𝙥𝒂𝙧𝒂: 𝐷𝘌𝐴𝘕 𝘞𝐼𝘕𝐶𝘏𝐸𝘚𝑇𝘌𝑅


    El mundo parecía ir realmente bien. Los hermanos, según le habían contado a Jody y después Jody a ellas, habían acabado con el puñetero Dios, ahora otra persona regia los cielos, el nefilim de Lucifer, un chaval llamado Jack, que según tenía entendido pretendía dejar el destino de las personas en manos de cada uno, cosa que debería ser una buena noticia, pero que a Claire en aquellos momentos no era algo que le entusiasmara en demasía, visto el giro que había tomado su vida.
    Por otro lado, los hermanos habían decidido abrir el bunker a cualquiera que necesitara información, protección, o simplemente un lugar donde recobrarse de las heridas de una cacería dura.
    También sabía que Castiel había muerto, y aunque su historia con el ángel no había sido la mejor, también debia admitir que había terminado por cogerle cariño, ya no le culpaba por la muerte de su padre, él había tomado sus propias decisiones. Y en secreto aún esperaba verle aparecer con su gabardina, la corbata mal puesta y su incapacidad de entender el mundo que le rodeaba.

    En general todo parecía estar cambiando para mejor. Todo menos, por supuesto su vida. Porque, ¿Cuándo le había salido algo bien a ella? Desde que su padre aceptó que un ángel se metiera en su cuerpo y se fue de casa, y luego su madre la dejara al cargo de su abuela para buscar al hombre que les había abandonado por una disposición divina… nunca.

    De modo que, ¿Por qué iba a cambiar ahora? Quizás había pensado erróneamente que podría ser, que ya le tocaba ser feliz, dejar de sufrir dejar de perder, pero aquella tarde en la que Kaia había quedado con ella en su lugar favorito del pueblo, el parque infantil, en los columpios, jamás se hubiera imaginado que fuera para terminar con su relación.
    No recordaba los motivos, ni si quiera sabía si había sido culpa suya, si había hecho, o dejado de hacer algo, no importaba. Se había terminado y ella volvía a estar perdida.
    Habían pasado semanas de aquello, no había dicho nada en casa, su mayor deseo en esos momentos no era responder preguntas de su hermana o Jody, ni explicar con lujo de detalles como había ido la conversación, o dejar que ellas se esforzaran por animarla. Ni si quiera había llorado, simplemente había vuelto a su estado de ánimo algo más taciturno de lo normal, hecho que a pesar de todo no llegaba a llamar demasiado la atención de nadie.

    Pero si seguía en aquella casa, al final tendría que dar explicaciones, ya le resultaba extraño que no hubieran preguntado por la morena, su presencia a cenar un par de veces por semana ya no se cuestionaba.

    >> Un día como otro cualquiera, sin mucho que hacer, mientras dibujaba de manera abstraída sobre un papel sus ojos recaen en un pequeño cuadrado en la parte inferior derecha del papel, el cual estaba cubierto de un plástico transparente y dejaba ver el interior de lo que ahora ve que es un sobre.
    Recordaba haberlo recibido, recordaba haberlo mandado directamente a un cajón.
    Tras ese recuadro estaba su nombre y la dirección de Sioux Falls de la casa de la Sheriff. La carta había llegado hacia un año, justo para su veintiún cumpleaños, su mayoría de edad.

    La citaban en un despacho de abogados, donde le darían las llaves de un pequeño trastero en el que se encontraba todo cuanto su abuela le había dejado al morir.
    Quizás…
    Aunque no sabe que es lo que va a encontrar allí, tras un año Claire decide aceptar abrir aquella puerta y usarla como huida como primer paso lejos de la casa de su madre adoptiva. El trastero como ya avisaba la carta no es muy grande, y en su mayor parte está repleto de cajas llenas de recuerdos.
    Después de varias horas allí, abriendo cajas al azar y de haber sacado, varios libros y un álbum de fotografías, Claire cierra el trastero y se guarda la llave sin llegar a saber si volvería a traspasar aquella puerta. No guardaba con demasiado cariño los recuerdos acerca de su infancia.

    La diferencia con cualquier otro día es que en aquella ocasión no vuelve a Sioux Falls, en el asiento del copiloto de su Subaru Loyale rojo está la bolsa que había llenado en el trastero, pero en el maletero guarda una bolsa más grande con toda su ropa y sus diarios.
    Si, se había ido de casa, pero había dejado una nota, y no tenía duda de que en cuanto pisara su lugar de destino Jody sabría dónde estaba. De modo que conduce durante toda la noche, llegando hasta aquel lugar cuando el sol pinta de rosa el cielo en un precioso amanecer que ella no disfruta, porque su mirada escanea el lugar al que nunca había ido todavía.

    No tarda en entrar y bajar el primer tramo de escaleras, y no duda de que en cuanto abre aquella pesada y ruidosa puerta de metal, todo el bunker sabe que alguien ha llegado, y efectivamente la figura de Dean Winchester no tarda más de un par de minutos en aparecer, con la mano derecha a la espalda y rostro precavido.

    — ¿Así recibes a las visitas? Pensaba que esto estaba abierto para todos los cazadores que lo necesitaran... ¿Hay hecho café? Necesito café.
    ⚆ 𝙎𝒕𝙖𝒓𝙩𝒆𝙧 𝙥𝒂𝙧𝒂: [BRINGMES0MEPIE] El mundo parecía ir realmente bien. Los hermanos, según le habían contado a Jody y después Jody a ellas, habían acabado con el puñetero Dios, ahora otra persona regia los cielos, el nefilim de Lucifer, un chaval llamado Jack, que según tenía entendido pretendía dejar el destino de las personas en manos de cada uno, cosa que debería ser una buena noticia, pero que a Claire en aquellos momentos no era algo que le entusiasmara en demasía, visto el giro que había tomado su vida. Por otro lado, los hermanos habían decidido abrir el bunker a cualquiera que necesitara información, protección, o simplemente un lugar donde recobrarse de las heridas de una cacería dura. También sabía que Castiel había muerto, y aunque su historia con el ángel no había sido la mejor, también debia admitir que había terminado por cogerle cariño, ya no le culpaba por la muerte de su padre, él había tomado sus propias decisiones. Y en secreto aún esperaba verle aparecer con su gabardina, la corbata mal puesta y su incapacidad de entender el mundo que le rodeaba. En general todo parecía estar cambiando para mejor. Todo menos, por supuesto su vida. Porque, ¿Cuándo le había salido algo bien a ella? Desde que su padre aceptó que un ángel se metiera en su cuerpo y se fue de casa, y luego su madre la dejara al cargo de su abuela para buscar al hombre que les había abandonado por una disposición divina… nunca. De modo que, ¿Por qué iba a cambiar ahora? Quizás había pensado erróneamente que podría ser, que ya le tocaba ser feliz, dejar de sufrir dejar de perder, pero aquella tarde en la que Kaia había quedado con ella en su lugar favorito del pueblo, el parque infantil, en los columpios, jamás se hubiera imaginado que fuera para terminar con su relación. No recordaba los motivos, ni si quiera sabía si había sido culpa suya, si había hecho, o dejado de hacer algo, no importaba. Se había terminado y ella volvía a estar perdida. Habían pasado semanas de aquello, no había dicho nada en casa, su mayor deseo en esos momentos no era responder preguntas de su hermana o Jody, ni explicar con lujo de detalles como había ido la conversación, o dejar que ellas se esforzaran por animarla. Ni si quiera había llorado, simplemente había vuelto a su estado de ánimo algo más taciturno de lo normal, hecho que a pesar de todo no llegaba a llamar demasiado la atención de nadie. Pero si seguía en aquella casa, al final tendría que dar explicaciones, ya le resultaba extraño que no hubieran preguntado por la morena, su presencia a cenar un par de veces por semana ya no se cuestionaba. >> Un día como otro cualquiera, sin mucho que hacer, mientras dibujaba de manera abstraída sobre un papel sus ojos recaen en un pequeño cuadrado en la parte inferior derecha del papel, el cual estaba cubierto de un plástico transparente y dejaba ver el interior de lo que ahora ve que es un sobre. Recordaba haberlo recibido, recordaba haberlo mandado directamente a un cajón. Tras ese recuadro estaba su nombre y la dirección de Sioux Falls de la casa de la Sheriff. La carta había llegado hacia un año, justo para su veintiún cumpleaños, su mayoría de edad. La citaban en un despacho de abogados, donde le darían las llaves de un pequeño trastero en el que se encontraba todo cuanto su abuela le había dejado al morir. Quizás… Aunque no sabe que es lo que va a encontrar allí, tras un año Claire decide aceptar abrir aquella puerta y usarla como huida como primer paso lejos de la casa de su madre adoptiva. El trastero como ya avisaba la carta no es muy grande, y en su mayor parte está repleto de cajas llenas de recuerdos. Después de varias horas allí, abriendo cajas al azar y de haber sacado, varios libros y un álbum de fotografías, Claire cierra el trastero y se guarda la llave sin llegar a saber si volvería a traspasar aquella puerta. No guardaba con demasiado cariño los recuerdos acerca de su infancia. La diferencia con cualquier otro día es que en aquella ocasión no vuelve a Sioux Falls, en el asiento del copiloto de su Subaru Loyale rojo está la bolsa que había llenado en el trastero, pero en el maletero guarda una bolsa más grande con toda su ropa y sus diarios. Si, se había ido de casa, pero había dejado una nota, y no tenía duda de que en cuanto pisara su lugar de destino Jody sabría dónde estaba. De modo que conduce durante toda la noche, llegando hasta aquel lugar cuando el sol pinta de rosa el cielo en un precioso amanecer que ella no disfruta, porque su mirada escanea el lugar al que nunca había ido todavía. No tarda en entrar y bajar el primer tramo de escaleras, y no duda de que en cuanto abre aquella pesada y ruidosa puerta de metal, todo el bunker sabe que alguien ha llegado, y efectivamente la figura de Dean Winchester no tarda más de un par de minutos en aparecer, con la mano derecha a la espalda y rostro precavido. — ¿Así recibes a las visitas? Pensaba que esto estaba abierto para todos los cazadores que lo necesitaran... ¿Hay hecho café? Necesito café.
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  • Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
    Esto se ha publicado como Out Of Character.
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    Domingo 26 de enero, 2026.
    Georgia State.

    "Maté mi nombre antes de que el mundo terminara de hacerlo por mí. Lo dejé tirado junto con el parche, las promesas y la mentira de que pertenecer a algo te salva. No te salva. Solo te da una razón elegante para pudrirte despacio.

    Aprendí más de la vida desarmando una motocicleta que escuchando a cualquier hombre hablar de honor. El metal no miente. Si está roto, está roto. Si fuerzas una pieza donde no va, todo revienta. La vida es igual: no perdona nostalgia ni ideales heredados.

    Cuando armas una moto desde cero, aceptas una verdad incómoda: nada tiene sentido por sí mismo. El sentido es algo que le impones a golpes, con decisiones sucias y consecuencias reales. Cada tornillo es una elección. Cada error, una cicatriz que no se borra.

    Yo también tuve que desmontarme. Quitar piezas que llevaban años oxidándome por dentro. Quemar lo que otros llamaban identidad. No quedó nada bonito. Solo silencio, rabia y la certeza de que nadie iba a venir a arreglarme.

    El motor arrancó igual. No por destino. No por redención. Arrancó porque hice el trabajo. Porque acepté que no hay propósito esperando al final del camino, solo kilómetros y asfalto. Y si vas a rodar, más vale hacerlo rápido, solo y sin mirar atrás. El mundo no merece explicaciones. Solo el ruido del motor alejándose.”
    Domingo 26 de enero, 2026. Georgia State. "Maté mi nombre antes de que el mundo terminara de hacerlo por mí. Lo dejé tirado junto con el parche, las promesas y la mentira de que pertenecer a algo te salva. No te salva. Solo te da una razón elegante para pudrirte despacio. Aprendí más de la vida desarmando una motocicleta que escuchando a cualquier hombre hablar de honor. El metal no miente. Si está roto, está roto. Si fuerzas una pieza donde no va, todo revienta. La vida es igual: no perdona nostalgia ni ideales heredados. Cuando armas una moto desde cero, aceptas una verdad incómoda: nada tiene sentido por sí mismo. El sentido es algo que le impones a golpes, con decisiones sucias y consecuencias reales. Cada tornillo es una elección. Cada error, una cicatriz que no se borra. Yo también tuve que desmontarme. Quitar piezas que llevaban años oxidándome por dentro. Quemar lo que otros llamaban identidad. No quedó nada bonito. Solo silencio, rabia y la certeza de que nadie iba a venir a arreglarme. El motor arrancó igual. No por destino. No por redención. Arrancó porque hice el trabajo. Porque acepté que no hay propósito esperando al final del camino, solo kilómetros y asfalto. Y si vas a rodar, más vale hacerlo rápido, solo y sin mirar atrás. El mundo no merece explicaciones. Solo el ruido del motor alejándose.”
    Me entristece
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  • El frío de las noches cala en el cuerpo con fuerza, y la necesidad de no pensar en ello hace que la mente comience a trabajar para distraerse con otras cosas. El calor del cigarrillo apenas es suficiente para dejar de temblar, pero es una de esas noches reflexivas en las que no puede simplemente regresar a su departamento y resguardarse. Pensar es necesario, rebuscar explicaciones y plantearse escenarios que pudieron ser es parte de la rutina diaria del fin de semana durante el tiempo destinado a divagar.

    "Tal vez debí hablarle con más calma." Es el primer pensamiento que cruza su mente cuando le da una calada al cigarrillo. Sabía que el trabajo a veces era difícil, que ya de por sí el estrés y los deadlines lo hacían complicado para todavía poner más peso en los hombros de sus subordinados. Pero si no eran ellos, sería él. Una torre siempre cae cuando sus cimientos se sacuden y flaquean; tal vez en ese sismo no caería, pero lo haría en el siguiente, o en el siguiente de ese, o en el siguiente del siguiente. Era un hecho que tarde o temprano alguien terminaría cayendo y ese no podía -ni debía- ser él. "Tal vez debí entenderlo y mirarlo con otros ojos".

    — No, le di demasiadas oportunidades y no las supo aprovechar. —Suspiró, aprovechó de hacerlo en el momento que soltó el humo del cigarrillo, como si con ello estuviese dejando que parte de sus preocupaciones se esfumaran lentamente. La tensión en los hombros era grande, llegaba a ser dolorosa incluso del lado derecho, pero el pesar del corazón le hacía creer que era un precio justo.— Quizá sí sea esta la mejor decisión, un ultimátum hace cambiar a las personas. ¡Argh! Dios.

    Vincent se desesperó. Arrojó la colilla del cigarro al suelo y la pisó para asegurarse de que lo había apagado y, poco después, comenzó a palparse los bolsillos para encontrar la cajetilla. Obtuvo uno más y se lo llevó a la boca pero, al no encontrar el encendedor, sólo lo mantuvo sujeto mientras que refunfuñaba.

    — ¿Qué debería hacer en este caso? ¿Por qué es tan difícil asumir la responsabilidad sobre los sentimientos de los demás? Odio esta parte del trabajo.
    El frío de las noches cala en el cuerpo con fuerza, y la necesidad de no pensar en ello hace que la mente comience a trabajar para distraerse con otras cosas. El calor del cigarrillo apenas es suficiente para dejar de temblar, pero es una de esas noches reflexivas en las que no puede simplemente regresar a su departamento y resguardarse. Pensar es necesario, rebuscar explicaciones y plantearse escenarios que pudieron ser es parte de la rutina diaria del fin de semana durante el tiempo destinado a divagar. "Tal vez debí hablarle con más calma." Es el primer pensamiento que cruza su mente cuando le da una calada al cigarrillo. Sabía que el trabajo a veces era difícil, que ya de por sí el estrés y los deadlines lo hacían complicado para todavía poner más peso en los hombros de sus subordinados. Pero si no eran ellos, sería él. Una torre siempre cae cuando sus cimientos se sacuden y flaquean; tal vez en ese sismo no caería, pero lo haría en el siguiente, o en el siguiente de ese, o en el siguiente del siguiente. Era un hecho que tarde o temprano alguien terminaría cayendo y ese no podía -ni debía- ser él. "Tal vez debí entenderlo y mirarlo con otros ojos". — No, le di demasiadas oportunidades y no las supo aprovechar. —Suspiró, aprovechó de hacerlo en el momento que soltó el humo del cigarrillo, como si con ello estuviese dejando que parte de sus preocupaciones se esfumaran lentamente. La tensión en los hombros era grande, llegaba a ser dolorosa incluso del lado derecho, pero el pesar del corazón le hacía creer que era un precio justo.— Quizá sí sea esta la mejor decisión, un ultimátum hace cambiar a las personas. ¡Argh! Dios. Vincent se desesperó. Arrojó la colilla del cigarro al suelo y la pisó para asegurarse de que lo había apagado y, poco después, comenzó a palparse los bolsillos para encontrar la cajetilla. Obtuvo uno más y se lo llevó a la boca pero, al no encontrar el encendedor, sólo lo mantuvo sujeto mientras que refunfuñaba. — ¿Qué debería hacer en este caso? ¿Por qué es tan difícil asumir la responsabilidad sobre los sentimientos de los demás? Odio esta parte del trabajo.
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  • Ryuリュウ・イシュタル・ヨキン Ishtar Yokin
    La lista de la compra empieza con pan
    y termina con algo que no sé nombrar.
    Entre medias, una canción escrita a lápiz,
    manchada de aceite,
    como si alguien hubiera comido tristeza
    apoyada sobre el papel.

    Hay ofertas que no quiero aprovechar:
    DOS, por UNO en silencio,
    rebajas en promesas de segunda mano,
    precio mínimo por aguantar un día más
    sin preguntar demasiado.

    El folio tiene huellas:
    grasa,
    tinta corrida,
    un borde mojado que no recuerdo haber llorado.
    Paso el dedo y no se borra.
    Nada importante se borra del todo.

    Tú miras el papel como si fuera solo eso,
    una lista,
    un desorden doméstico,
    y yo pienso que si lo pierdo
    se me cae la casa entera.

    El mar hoy está precioso.
    Azul limpio,
    tranquilo,
    como si no escondiera nada.
    A tu lado casi consigo olvidarlo:
    las pateras sin nombre,
    el agua ennegrecida,
    los cuerpos que el oleaje no devuelve.

    Casi.

    Pero el amor no tapa,
    el amor convive.
    Camina con lo terrible de la mano
    y aun así decide quedarse.

    Hay mensajes turbios que llegan a destiempo:
    noticias, recuerdos,
    frases que nadie pidió escuchar.
    Caen en medio del café,
    del beso rápido,
    del “luego hablamos”.
    No rompen nada,
    pero dejan marcas.

    Como las manchas del papel.
    Y aun así,
    cuando te quedas,
    cuando apoyas la cabeza sin pedir explicaciones,
    el mundo no mejora,
    no se vuelve justo,
    no se limpia.

    Se vuelve un poco más amable,
    más humano,
    menos raro...

    Porque tú... Te quedas a mí lado.
    [Ryu] La lista de la compra empieza con pan y termina con algo que no sé nombrar. Entre medias, una canción escrita a lápiz, manchada de aceite, como si alguien hubiera comido tristeza apoyada sobre el papel. Hay ofertas que no quiero aprovechar: DOS, por UNO en silencio, rebajas en promesas de segunda mano, precio mínimo por aguantar un día más sin preguntar demasiado. El folio tiene huellas: grasa, tinta corrida, un borde mojado que no recuerdo haber llorado. Paso el dedo y no se borra. Nada importante se borra del todo. Tú miras el papel como si fuera solo eso, una lista, un desorden doméstico, y yo pienso que si lo pierdo se me cae la casa entera. El mar hoy está precioso. Azul limpio, tranquilo, como si no escondiera nada. A tu lado casi consigo olvidarlo: las pateras sin nombre, el agua ennegrecida, los cuerpos que el oleaje no devuelve. Casi. Pero el amor no tapa, el amor convive. Camina con lo terrible de la mano y aun así decide quedarse. Hay mensajes turbios que llegan a destiempo: noticias, recuerdos, frases que nadie pidió escuchar. Caen en medio del café, del beso rápido, del “luego hablamos”. No rompen nada, pero dejan marcas. Como las manchas del papel. Y aun así, cuando te quedas, cuando apoyas la cabeza sin pedir explicaciones, el mundo no mejora, no se vuelve justo, no se limpia. Se vuelve un poco más amable, más humano, menos raro... Porque tú... Te quedas a mí lado.
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  • Aquí a quedado :

    He observado.
    No con sorpresa, sino con esa calma que precede a la renuncia.
    Tus ojos aprendieron a desviarse con naturalidad, tus dedos a otorgar atención como si no significara nada.
    Un gesto mínimo, dicen.
    Pero yo conozco el peso de los actos pequeños cuando se repiten.
    No sentí ira.
    Sentí algo más preciso: la certeza.
    Quien necesita mirar fuera
    ya ha dejado de estar dentro.
    No me dolieron ellas.
    Nunca fueron el problema.
    Fuiste tú, y la facilidad con la que fragmentaste lo que yo creía íntegro.
    No fui creada para competir,
    ni para mendigar exclusividad,
    ni para recordarle a alguien mi lugar.
    Mi presencia debía bastar por poco que fuera, y cuando deja de hacerlo,
    no queda nada que preservar.
    No levantaré la voz.
    No exigiré explicaciones.
    No reclamaré promesas rotas.
    El desapego no siempre nace del desinterés.
    A veces es la forma más limpia de conservar la dignidad.
    Obsérvame bien.
    No me voy por celos.
    Me voy porque he visto suficiente.
    Y cuando ya no esté,
    no será castigo.
    Será consecuencia.
    Aquí a quedado : He observado. No con sorpresa, sino con esa calma que precede a la renuncia. Tus ojos aprendieron a desviarse con naturalidad, tus dedos a otorgar atención como si no significara nada. Un gesto mínimo, dicen. Pero yo conozco el peso de los actos pequeños cuando se repiten. No sentí ira. Sentí algo más preciso: la certeza. Quien necesita mirar fuera ya ha dejado de estar dentro. No me dolieron ellas. Nunca fueron el problema. Fuiste tú, y la facilidad con la que fragmentaste lo que yo creía íntegro. No fui creada para competir, ni para mendigar exclusividad, ni para recordarle a alguien mi lugar. Mi presencia debía bastar por poco que fuera, y cuando deja de hacerlo, no queda nada que preservar. No levantaré la voz. No exigiré explicaciones. No reclamaré promesas rotas. El desapego no siempre nace del desinterés. A veces es la forma más limpia de conservar la dignidad. Obsérvame bien. No me voy por celos. Me voy porque he visto suficiente. Y cuando ya no esté, no será castigo. Será consecuencia.
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  • ¡Habemus mi verdadera forma! No busquen explicaciones científicas de cómo volví, solo disfruten el resultado. ʕ⁠ ⁠ꈍ⁠ᴥ⁠ꈍ⁠ʔ Y a los que entran a mi perfil a hacerme la inspección técnica sin saludar: ¡Manifiéstense! \ʕ⁠ ⁠º⁠ ⁠ᴥ⁠ ⁠º⁠ʔ/ No sean codos con los "buenos días". Solo muerdo a mis esposos (es nuestro lenguaje de amor, jxjxjx), pero como sigan de fantasmitas chismosos, voy a empezar a publicar la lista de mis visitantes distinguidos para que todo el mundo los conozca. ¡Guerra avisada no mata gente! ʕ⁠´⁠•⁠ᴥ⁠•⁠`⁠ʔ
    ¡Habemus mi verdadera forma! 🎶🎶🎶 No busquen explicaciones científicas de cómo volví, solo disfruten el resultado. ʕ⁠ ⁠ꈍ⁠ᴥ⁠ꈍ⁠ʔ Y a los que entran a mi perfil a hacerme la inspección técnica sin saludar: ¡Manifiéstense! \ʕ⁠ ⁠º⁠ ⁠ᴥ⁠ ⁠º⁠ʔ/ No sean codos con los "buenos días". Solo muerdo a mis esposos (es nuestro lenguaje de amor, jxjxjx), pero como sigan de fantasmitas chismosos, voy a empezar a publicar la lista de mis visitantes distinguidos para que todo el mundo los conozca. ¡Guerra avisada no mata gente! 💣✨ʕ⁠´⁠•⁠ᴥ⁠•⁠`⁠ʔ
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  • Si no existe el destino, ¿qué motiva a la vida? Si el destino puede cambiarse, ¿qué sentido tiene el orden?

    -Fueron aquellas preguntas las más concurrentes en los debates con sus discípulos. Una reflexión constante en aquellos que luchan por entender los motivos de su existencia y de aquellos cuya fe flaquea. No obstante, existió un discípulo que intentó indagar más en ello. Claramente, Dragoir no dudó en ofrecerle otro punto de vista de la vida que tal vez aclarase aquellas dudas que aquejaban el alma de su aprendiz. Ambos se encontraban en el suelo de una iglesia abandonada, meditando sobre cojines distintos, cuando Dragoir procedió a contestar su pregunta.-

    "Cierto es que podrían ajustarse nuestros pensamientos y lo que nos rodea a seres más allá de nuestra comprensión. De igual forma, podríamos argumentar que todo ello se trata de fuerzas de las que nunca podemos huir. Sin embargo, ¿y si la respuesta estuviera más cerca de lo que solemos pensar?"

    -Su discípulo claramente observaba a su maestro extrañado. Era la primera vez que escuchaba algo como eso. Algo tan... hereje. ¿Tantos años que su maestro dedicó a la fe y responde con esto?-

    ???: "Maestro. ¿A qué se refiere con eso?"

    -Fue entonces que Dragoir se levantó de aquel cojín. Con sus manos en su espalda, unidas una a la otra, caminó unos pasos por el lugar mientras recitaba unos versos que, por la forma en que se escuchaban, debía ser alguna filosofía del país asiático-

    "En el reino de tres, en la orilla de cuatro, sin deseo, la redención ya no existe."

    "Ya ha llegado el atardecer, que supera en peso a la luz del día y al Dao."

    "Te aferras al sentido y a la pasión en esta tierra inmunda."

    "Tienes miedo de cómo se siembra el karma."

    "Ya no hay ataduras"

    -Un silencio hizo eco entre aquel lugar, mientras Dragoir simplemente se detuvo frente a las puertas abiertas de par en par de aquel templo cristiano abandonado. Su discípulo trataba de entender aquellas palabras con la experiencia obtenida de las lecciones de su maestro. Lo que parecieron minutos de silencio, fueron simples segundos que fueron terminados una vez su discípulo, quien se rindió en su intento de comprender aquellas expresiones, habló.-

    ???: "Eso... ¿qué significa maestro?"

    -Fue entonces cuando el sacerdote sonrió y emitió una leve risa entre dientes. Era de esperarse que su discípulo no conociese tal filosofía, si de por sí era muy rechazada incluso en aquellas tierras.-

    "Es simple. Es una reflexión hacia nuestra propia voluntad. El primer verso, respecto a los tres reinos, se refiere al Cielo, a la Tierra y al Inframundo. Las 4 orillas son los 4 continentes. Claro, tomando en cuenta el tiempo en que se escribió dicho poema, se pensaba que el planeta solo tenía 4 masas de tierra gigantes.”

    “La explicación es, que en todo el mundo mortal no habita el afán, por lo tanto, no hay redención.”

    “El segundo verso explica que la larga noche ha caído, y ahora, lo que era bueno y lo que era malo están invertidos.”

    “El tercer verso hace alusión a que, el deseo del ser mortal, su amor, pasión, codicia, odio y afán, ahora se entrelazan.”

    “El cuarto verso es claro, el karma, las consecuencias de lo que ha venido, no podemos olvidarlo, debido a que son los rastros de nuestras acciones en nuestra vida.”

    “Y el último verso concluye afirmando que el deseo humano, es pues, el camino al cielo."

    "Los dioses que no existieron antes de que la misma existencia fuese siquiera concebida, surgieron debido a sus ambiciones. Incluso, aquellos que no creen en la existencia de tales seres, opinan que solo son las explicaciones del ser humano ante lo que no podían explicar tanto a su alrededor, como de aquello que surge del interior de cada uno de ellos. Muchos de esos dioses representan determinación, amor, tristeza, lujuria, ira, venganza, en fin, una gran parte de nuestras emociones."

    -Una suave brisa ingresó por aquellas puertas, sacudiendo levemente la brisa del sacerdote, mientras su vista se mantenía fija en algo que el discípulo no podía ver, o tal vez su maestro estaba soñando despierto.-

    "Si es así que muchos de esos dioses se convirtieron en lo que son hoy en día... ¿Qué fue lo que los impulsó? ¿El destino? No, para nada, fueron dichas emociones. El deseo de obtener, la ambición de alcanzar lo que sus almas o su carne anhelan. Si es así, los mortales realizan la misma dinámica, llegando a obtener lo que desean por medio de su voluntad. Sean estas buenas o malas, es el combustible que hace que sus vidas continúen."

    "Por tal razón, el apagar la voluntad de un mortal, lo destruye por completo. El brillo de sus ojos se pierde y deja de ver la vida como un regalo."

    -El discípulo entonces observó a su maestro extrañado. De cierta forma, lo que acababa de decir era contradictorio.-

    ???: "Pero... ¿Desear dejar de existir no es la voluntad de una persona?"

    "Pudiese ser, en el sentido simple de esta reflexión. Pero, ¿realmente es su voluntad, o la que le fue impuesta al destruir la que ya tenía?"

    -El discípulo abrió sus ojos con sorpresa como si hubiera obtenido una revelación. Dragoir no dejó de sonreír antes de continuar aquella reflexión. Observando ahora aquel paisaje que adornaba aquel edificio del cual incluso la naturaleza se apoderó con el pasar del tiempo.-

    "Pero siempre recuerda lo siguiente. Los dioses una vez obtuvieron lo que deseaban, dejaron de cumplir sus roles. Perdieron sus cabezas, su norte. Abandonaron a los mortales a su suerte y evitan, sin embargo, que los mortales asciendan. Fueron muy pocos los que continuaron sus funciones, encontrando nuevas formas de voluntad o la continuación de las ya tomadas. Por ello, aunque todo tipo de deseo puede impulsarte a continuar viviendo, no todos mantienen dicha llama encendida y puede llegar a ser una piedra de tropiezos para otros. Elije bien tu motivación para continuar adelante."

    -Una vez más el discípulo se encontraba sorprendido por aquellas palabras. Su maestro al parecer comprendía el ámbito de la divinidad, más de lo que cualquier persona, incluso con años de experiencia en dicho camino, pudiese conocer. Esto lo impulsó a realizar una última pregunta.-

    ???: "Maestro...lo que dice... ¿Acaso se refiere a que los dioses no sirven para nada?"

    -El hombre apretó levemente sus manos ante aquella pregunta. Era casi como si de alguna forma estuviera frustrado por algo relacionado a dicha interrogante, como si años de decepción recorrieran su mente. Sin embargo, su agarre se suavizó con el pasar de los segundos y luego de suspirar levemente, asintió.-

    "Esa es la segunda parte de esta reflexión. Desear ser inmortal, obtener todo lo que pueda el mundo ofrecer y mucho más, es una ruta meramente egoísta en muchos de los aspectos.”

    “¿Por qué razón la mayoría de dioses anhelan mantener su círculo de divinidad solo para ellos? ¿Orden? ¿Control? ¿Balance? Para nada, y ello se demuestra en sus acciones.”

    “Existen varios héroes mortales que han enfrentado a los dioses por las injusticias que han realizado o su falta de acción. Y en cuanto comienzan a olvidarlos o a perderles respeto, toman represalia, aunque nunca hubiese existido algún acto que justificase dicha acción."

    "Este poema es una crítica del hipócrita sistema de castas de las deidades, donde la "inmortalidad" es una farsa reservada para los poderosos, burlándose de aquellos que intentan ascender a través de buenas acciones, mientras que las masas siguen siendo meras almas para el consumo. Esta obra pues, destaca un espíritu humano profundo y rebelde contra las reglas cósmicas opresivas. Es por tal razón que debes reflexionar de cuál será la voluntad que impulsará tu vida.”

    “Si los mortales pueden realizar las acciones de los dioses y ascender, de igual forma un mortal, a pesar de haber alcanzado la inmortalidad, puede terminar como aquellos dioses que corrompen el verdadero significado de la divinidad."
    Si no existe el destino, ¿qué motiva a la vida? Si el destino puede cambiarse, ¿qué sentido tiene el orden? -Fueron aquellas preguntas las más concurrentes en los debates con sus discípulos. Una reflexión constante en aquellos que luchan por entender los motivos de su existencia y de aquellos cuya fe flaquea. No obstante, existió un discípulo que intentó indagar más en ello. Claramente, Dragoir no dudó en ofrecerle otro punto de vista de la vida que tal vez aclarase aquellas dudas que aquejaban el alma de su aprendiz. Ambos se encontraban en el suelo de una iglesia abandonada, meditando sobre cojines distintos, cuando Dragoir procedió a contestar su pregunta.- "Cierto es que podrían ajustarse nuestros pensamientos y lo que nos rodea a seres más allá de nuestra comprensión. De igual forma, podríamos argumentar que todo ello se trata de fuerzas de las que nunca podemos huir. Sin embargo, ¿y si la respuesta estuviera más cerca de lo que solemos pensar?" -Su discípulo claramente observaba a su maestro extrañado. Era la primera vez que escuchaba algo como eso. Algo tan... hereje. ¿Tantos años que su maestro dedicó a la fe y responde con esto?- ???: "Maestro. ¿A qué se refiere con eso?" -Fue entonces que Dragoir se levantó de aquel cojín. Con sus manos en su espalda, unidas una a la otra, caminó unos pasos por el lugar mientras recitaba unos versos que, por la forma en que se escuchaban, debía ser alguna filosofía del país asiático- "En el reino de tres, en la orilla de cuatro, sin deseo, la redención ya no existe." "Ya ha llegado el atardecer, que supera en peso a la luz del día y al Dao." "Te aferras al sentido y a la pasión en esta tierra inmunda." "Tienes miedo de cómo se siembra el karma." "Ya no hay ataduras" -Un silencio hizo eco entre aquel lugar, mientras Dragoir simplemente se detuvo frente a las puertas abiertas de par en par de aquel templo cristiano abandonado. Su discípulo trataba de entender aquellas palabras con la experiencia obtenida de las lecciones de su maestro. Lo que parecieron minutos de silencio, fueron simples segundos que fueron terminados una vez su discípulo, quien se rindió en su intento de comprender aquellas expresiones, habló.- ???: "Eso... ¿qué significa maestro?" -Fue entonces cuando el sacerdote sonrió y emitió una leve risa entre dientes. Era de esperarse que su discípulo no conociese tal filosofía, si de por sí era muy rechazada incluso en aquellas tierras.- "Es simple. Es una reflexión hacia nuestra propia voluntad. El primer verso, respecto a los tres reinos, se refiere al Cielo, a la Tierra y al Inframundo. Las 4 orillas son los 4 continentes. Claro, tomando en cuenta el tiempo en que se escribió dicho poema, se pensaba que el planeta solo tenía 4 masas de tierra gigantes.” “La explicación es, que en todo el mundo mortal no habita el afán, por lo tanto, no hay redención.” “El segundo verso explica que la larga noche ha caído, y ahora, lo que era bueno y lo que era malo están invertidos.” “El tercer verso hace alusión a que, el deseo del ser mortal, su amor, pasión, codicia, odio y afán, ahora se entrelazan.” “El cuarto verso es claro, el karma, las consecuencias de lo que ha venido, no podemos olvidarlo, debido a que son los rastros de nuestras acciones en nuestra vida.” “Y el último verso concluye afirmando que el deseo humano, es pues, el camino al cielo." "Los dioses que no existieron antes de que la misma existencia fuese siquiera concebida, surgieron debido a sus ambiciones. Incluso, aquellos que no creen en la existencia de tales seres, opinan que solo son las explicaciones del ser humano ante lo que no podían explicar tanto a su alrededor, como de aquello que surge del interior de cada uno de ellos. Muchos de esos dioses representan determinación, amor, tristeza, lujuria, ira, venganza, en fin, una gran parte de nuestras emociones." -Una suave brisa ingresó por aquellas puertas, sacudiendo levemente la brisa del sacerdote, mientras su vista se mantenía fija en algo que el discípulo no podía ver, o tal vez su maestro estaba soñando despierto.- "Si es así que muchos de esos dioses se convirtieron en lo que son hoy en día... ¿Qué fue lo que los impulsó? ¿El destino? No, para nada, fueron dichas emociones. El deseo de obtener, la ambición de alcanzar lo que sus almas o su carne anhelan. Si es así, los mortales realizan la misma dinámica, llegando a obtener lo que desean por medio de su voluntad. Sean estas buenas o malas, es el combustible que hace que sus vidas continúen." "Por tal razón, el apagar la voluntad de un mortal, lo destruye por completo. El brillo de sus ojos se pierde y deja de ver la vida como un regalo." -El discípulo entonces observó a su maestro extrañado. De cierta forma, lo que acababa de decir era contradictorio.- ???: "Pero... ¿Desear dejar de existir no es la voluntad de una persona?" "Pudiese ser, en el sentido simple de esta reflexión. Pero, ¿realmente es su voluntad, o la que le fue impuesta al destruir la que ya tenía?" -El discípulo abrió sus ojos con sorpresa como si hubiera obtenido una revelación. Dragoir no dejó de sonreír antes de continuar aquella reflexión. Observando ahora aquel paisaje que adornaba aquel edificio del cual incluso la naturaleza se apoderó con el pasar del tiempo.- "Pero siempre recuerda lo siguiente. Los dioses una vez obtuvieron lo que deseaban, dejaron de cumplir sus roles. Perdieron sus cabezas, su norte. Abandonaron a los mortales a su suerte y evitan, sin embargo, que los mortales asciendan. Fueron muy pocos los que continuaron sus funciones, encontrando nuevas formas de voluntad o la continuación de las ya tomadas. Por ello, aunque todo tipo de deseo puede impulsarte a continuar viviendo, no todos mantienen dicha llama encendida y puede llegar a ser una piedra de tropiezos para otros. Elije bien tu motivación para continuar adelante." -Una vez más el discípulo se encontraba sorprendido por aquellas palabras. Su maestro al parecer comprendía el ámbito de la divinidad, más de lo que cualquier persona, incluso con años de experiencia en dicho camino, pudiese conocer. Esto lo impulsó a realizar una última pregunta.- ???: "Maestro...lo que dice... ¿Acaso se refiere a que los dioses no sirven para nada?" -El hombre apretó levemente sus manos ante aquella pregunta. Era casi como si de alguna forma estuviera frustrado por algo relacionado a dicha interrogante, como si años de decepción recorrieran su mente. Sin embargo, su agarre se suavizó con el pasar de los segundos y luego de suspirar levemente, asintió.- "Esa es la segunda parte de esta reflexión. Desear ser inmortal, obtener todo lo que pueda el mundo ofrecer y mucho más, es una ruta meramente egoísta en muchos de los aspectos.” “¿Por qué razón la mayoría de dioses anhelan mantener su círculo de divinidad solo para ellos? ¿Orden? ¿Control? ¿Balance? Para nada, y ello se demuestra en sus acciones.” “Existen varios héroes mortales que han enfrentado a los dioses por las injusticias que han realizado o su falta de acción. Y en cuanto comienzan a olvidarlos o a perderles respeto, toman represalia, aunque nunca hubiese existido algún acto que justificase dicha acción." "Este poema es una crítica del hipócrita sistema de castas de las deidades, donde la "inmortalidad" es una farsa reservada para los poderosos, burlándose de aquellos que intentan ascender a través de buenas acciones, mientras que las masas siguen siendo meras almas para el consumo. Esta obra pues, destaca un espíritu humano profundo y rebelde contra las reglas cósmicas opresivas. Es por tal razón que debes reflexionar de cuál será la voluntad que impulsará tu vida.” “Si los mortales pueden realizar las acciones de los dioses y ascender, de igual forma un mortal, a pesar de haber alcanzado la inmortalidad, puede terminar como aquellos dioses que corrompen el verdadero significado de la divinidad."
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  • Cuando fue arrastrado, no puso resistencia, tampoco es que hubiera podido pues su cuerpo estaba débil, mucho más de lo que quisiera admitir al tener aquel aspecto humano.
    Fue llevado hasta donde la multitud se había juntado, en las calles donde resonaban gritos, aplausos, algarabía y júbilo desenfrenado, antes de la música acercándose cada vez más y el confeti volando por los alrededores.

    Curioso, miraba hacia arriba antes de abrirse paso un poco entre la gente junto al moreno, pues su estatura le impedía la visión hasta que pasó de la gente y se colocó hasta el frente, finalmente pudiendo ver aquel gran desfile y colorido, haciendo su expresión suavizar antes de la fascinación.

    —¿Pero... Qué es esto?

    Cuestionó apenas, maravillado con los colores, la vibra, era todo una fiesta que, en apenas minutos, se había montado cuando todo estaba tan tranquilo hacía apenas un momento.
    Volvió su mirada a aquel hombre, queriendo explicaciones a tantas preguntas no dichas pero, que seguro, él ya se imaginaba pasaban por su cabeza con tanta novedad junta.

    Alastor ¿Esto es normal aquí?
    Cuando fue arrastrado, no puso resistencia, tampoco es que hubiera podido pues su cuerpo estaba débil, mucho más de lo que quisiera admitir al tener aquel aspecto humano. Fue llevado hasta donde la multitud se había juntado, en las calles donde resonaban gritos, aplausos, algarabía y júbilo desenfrenado, antes de la música acercándose cada vez más y el confeti volando por los alrededores. Curioso, miraba hacia arriba antes de abrirse paso un poco entre la gente junto al moreno, pues su estatura le impedía la visión hasta que pasó de la gente y se colocó hasta el frente, finalmente pudiendo ver aquel gran desfile y colorido, haciendo su expresión suavizar antes de la fascinación. —¿Pero... Qué es esto? Cuestionó apenas, maravillado con los colores, la vibra, era todo una fiesta que, en apenas minutos, se había montado cuando todo estaba tan tranquilo hacía apenas un momento. Volvió su mirada a aquel hombre, queriendo explicaciones a tantas preguntas no dichas pero, que seguro, él ya se imaginaba pasaban por su cabeza con tanta novedad junta. —[4lastor] ¿Esto es normal aquí?
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  • ──── 𝑁𝑎𝑐ℎ𝑡 𝑖𝑛 𝐷𝑒𝑢𝑡𝑠𝑐ℎ𝑙𝑎𝑛𝑑 ──── 𝑃𝑟𝑒𝑠𝑒𝑛𝑡 𝐷𝑎𝑦 | 𝕮𝖍𝖆𝖕𝖙𝖊𝖗 [𝟏𝟔]

    [] 𝐵𝑒𝑟𝑙í𝑛, 𝐴𝑙𝑒𝑚𝑎𝑛𝑖𝑎 — 𝟶𝟷:𝟶𝟶 𝐴.𝑀

    Descendió del avión en el aeropuerto de Berlín-Brandeburgo con la calma de quien ha hecho ese trayecto demasiadas veces. El aire frío de enero le golpeó el rostro nada más salir de la pasarela, un recordatorio seco de que ya no estaba en Nueva York.

    Llevaba solo una maleta de mano negra, discreta, y un transportín acolchado colgado del hombro. Dentro, Francesco, su gato negro, maulló una sola vez, como reclamando atención o protestando por las horas de encierro.

    Aduanas fue un trámite rápido: pasaporte argentino, mirada neutra, respuestas cortas.

    Nadie preguntó por el gato más allá de revisar el certificado veterinario. Recogió la maleta facturada : Poco más que ropa y algunos objetos que nunca levantaban sospechas.

    Salió al vestíbulo de llegadas, donde el olor a café barato y pretzels se mezclaba con el humo de los taxis diésel.

    Tomó un taxi hacia Mitte sin dar muchas explicaciones al conductor. El hombre intentó entablar conversación sobre el tiempo y el tráfico; respondió con monosílabos hasta que el silencio se impuso.

    Desde el asiento trasero observó las luces de la ciudad deslizándose por las ventanas empañadas: la Torre de Televisión iluminada como una aguja lejana, los edificios reconstruidos que intentaban borrar cicatrices antiguas.

    Francesco se acomodó en el transportín sobre su regazo, ronroneando bajito ahora que el motor del taxi vibraba constante. Santiago pasó un dedo por la rejilla y el gato lo rozó con la nariz, un gesto breve pero familiar. Eran los únicos dos que sabían lo que venía después del check-in en el hotel.

    Veinte minutos más tarde, el taxi se detuvo frente a un hotel boutique en una calle tranquila cerca de Hackescher Markt.

    Pagó en efectivo, recogió sus cosas y entró al vestíbulo de techos altos y luz tenue. El recepcionista lo saludó en inglés; él respondió en un alemán correcto pero con acento que delataba otros lugares.

    ──── 𝘋𝘢𝘴 𝘡𝘪𝘮𝘮𝘦𝘳 𝘪𝘴𝘵 𝘢𝘶𝘧 𝘥𝘦𝘯 𝘕𝘢𝘮𝘦𝘯 𝘚𝘢𝘯𝘵𝘪𝘢𝘨𝘰 𝘳𝘦𝘴𝘦𝘳𝘷𝘪𝘦𝘳𝘵. 𝘋𝘶 𝘸𝘦𝘪ß𝘵 𝘨𝘢𝘯𝘻 𝘨𝘦𝘯𝘢𝘶, 𝘸𝘦𝘳 𝘪𝘤𝘩 𝘣𝘪𝘯. ──── (𝘏𝘢𝘣𝘪𝘵𝘢𝘤𝘪ó𝘯 𝘳𝘦𝘴𝘦𝘳𝘷𝘢𝘥𝘢 𝘢 𝘯𝘰𝘮𝘣𝘳𝘦 𝘥𝘦 𝘚𝘢𝘯𝘵𝘪𝘢𝘨𝘰. 𝘠𝘢 𝘴𝘢𝘣𝘦 𝘶𝘴𝘵𝘦𝘥 𝘱𝘦𝘳𝘧𝘦𝘤𝘵𝘢𝘮𝘦𝘯𝘵𝘦 𝘲𝘶𝘪é𝘯 𝘴𝘰𝘺. )

    Dijo, entregando el pasaporte. No le era necesario hacerse pasar por alguien más. Todos lo conocían allí mismo y no le importaba el anonimato; era un hotel que transcurría seguido cuándo se le solicitaba.

    Mientras firmaba el registro, Francesco volvió a maullar, esta vez más impaciente. Sonrió apenas, casi imperceptiblemente. Pronto estarían arriba, solos, y podría abrir el transportín.

    El gato saldría, exploraría la habitación con su elegancia felina, y él comenzaría a prepararse para el trabajo que lo había traído hasta Berlín.

    La noche apenas empezaba. Se quitó el saco de vestir y sentó unos momentos al borde de la cama; un tanto cansado por tantas horas de viaje y trabajo.

    ──── 𝘏𝘦𝘮𝘰𝘴 𝘭𝘭𝘦𝘨𝘢𝘥𝘰; 𝘍𝘳𝘢𝘯𝘤𝘦𝘴𝘤𝘰. 𝘌𝘯 é𝘴𝘵𝘰𝘴 𝘥í𝘢𝘴 𝘮𝘦 𝘵𝘰𝘤𝘢𝘳á 𝘵𝘳𝘢𝘣𝘢𝘫𝘢𝘳 𝘯𝘶𝘦𝘷𝘢𝘮𝘦𝘯𝘵𝘦; 𝘱𝘰𝘳 𝘭𝘰 𝘵𝘢𝘯𝘵𝘰 𝘢𝘱𝘳𝘰𝘷𝘦𝘤𝘩𝘢𝘳é 𝘦𝘭 𝘵𝘪𝘦𝘮𝘱𝘰 𝘲𝘶𝘦 𝘮𝘦 𝘲𝘶𝘦𝘥𝘢 𝘱𝘢𝘳𝘢 𝘳𝘦𝘤𝘰𝘳𝘳𝘦𝘳 𝘶𝘯 𝘱𝘰𝘤𝘰 𝘭𝘢 𝘤𝘢𝘱𝘪𝘵𝘢𝘭 𝘢𝘭𝘦𝘮𝘢𝘯𝘢. ────
    ──── 𝑁𝑎𝑐ℎ𝑡 𝑖𝑛 𝐷𝑒𝑢𝑡𝑠𝑐ℎ𝑙𝑎𝑛𝑑 ──── 𝑃𝑟𝑒𝑠𝑒𝑛𝑡 𝐷𝑎𝑦 | 𝕮𝖍𝖆𝖕𝖙𝖊𝖗 [𝟏𝟔] [🇩🇪] 𝐵𝑒𝑟𝑙í𝑛, 𝐴𝑙𝑒𝑚𝑎𝑛𝑖𝑎 — 𝟶𝟷:𝟶𝟶 𝐴.𝑀 Descendió del avión en el aeropuerto de Berlín-Brandeburgo con la calma de quien ha hecho ese trayecto demasiadas veces. El aire frío de enero le golpeó el rostro nada más salir de la pasarela, un recordatorio seco de que ya no estaba en Nueva York. Llevaba solo una maleta de mano negra, discreta, y un transportín acolchado colgado del hombro. Dentro, Francesco, su gato negro, maulló una sola vez, como reclamando atención o protestando por las horas de encierro. Aduanas fue un trámite rápido: pasaporte argentino, mirada neutra, respuestas cortas. Nadie preguntó por el gato más allá de revisar el certificado veterinario. Recogió la maleta facturada : Poco más que ropa y algunos objetos que nunca levantaban sospechas. Salió al vestíbulo de llegadas, donde el olor a café barato y pretzels se mezclaba con el humo de los taxis diésel. Tomó un taxi hacia Mitte sin dar muchas explicaciones al conductor. El hombre intentó entablar conversación sobre el tiempo y el tráfico; respondió con monosílabos hasta que el silencio se impuso. Desde el asiento trasero observó las luces de la ciudad deslizándose por las ventanas empañadas: la Torre de Televisión iluminada como una aguja lejana, los edificios reconstruidos que intentaban borrar cicatrices antiguas. Francesco se acomodó en el transportín sobre su regazo, ronroneando bajito ahora que el motor del taxi vibraba constante. Santiago pasó un dedo por la rejilla y el gato lo rozó con la nariz, un gesto breve pero familiar. Eran los únicos dos que sabían lo que venía después del check-in en el hotel. Veinte minutos más tarde, el taxi se detuvo frente a un hotel boutique en una calle tranquila cerca de Hackescher Markt. Pagó en efectivo, recogió sus cosas y entró al vestíbulo de techos altos y luz tenue. El recepcionista lo saludó en inglés; él respondió en un alemán correcto pero con acento que delataba otros lugares. ──── 𝘋𝘢𝘴 𝘡𝘪𝘮𝘮𝘦𝘳 𝘪𝘴𝘵 𝘢𝘶𝘧 𝘥𝘦𝘯 𝘕𝘢𝘮𝘦𝘯 𝘚𝘢𝘯𝘵𝘪𝘢𝘨𝘰 𝘳𝘦𝘴𝘦𝘳𝘷𝘪𝘦𝘳𝘵. 𝘋𝘶 𝘸𝘦𝘪ß𝘵 𝘨𝘢𝘯𝘻 𝘨𝘦𝘯𝘢𝘶, 𝘸𝘦𝘳 𝘪𝘤𝘩 𝘣𝘪𝘯. ──── (𝘏𝘢𝘣𝘪𝘵𝘢𝘤𝘪ó𝘯 𝘳𝘦𝘴𝘦𝘳𝘷𝘢𝘥𝘢 𝘢 𝘯𝘰𝘮𝘣𝘳𝘦 𝘥𝘦 𝘚𝘢𝘯𝘵𝘪𝘢𝘨𝘰. 𝘠𝘢 𝘴𝘢𝘣𝘦 𝘶𝘴𝘵𝘦𝘥 𝘱𝘦𝘳𝘧𝘦𝘤𝘵𝘢𝘮𝘦𝘯𝘵𝘦 𝘲𝘶𝘪é𝘯 𝘴𝘰𝘺. ) Dijo, entregando el pasaporte. No le era necesario hacerse pasar por alguien más. Todos lo conocían allí mismo y no le importaba el anonimato; era un hotel que transcurría seguido cuándo se le solicitaba. Mientras firmaba el registro, Francesco volvió a maullar, esta vez más impaciente. Sonrió apenas, casi imperceptiblemente. Pronto estarían arriba, solos, y podría abrir el transportín. El gato saldría, exploraría la habitación con su elegancia felina, y él comenzaría a prepararse para el trabajo que lo había traído hasta Berlín. La noche apenas empezaba. Se quitó el saco de vestir y sentó unos momentos al borde de la cama; un tanto cansado por tantas horas de viaje y trabajo. ──── 𝘏𝘦𝘮𝘰𝘴 𝘭𝘭𝘦𝘨𝘢𝘥𝘰; 𝘍𝘳𝘢𝘯𝘤𝘦𝘴𝘤𝘰. 𝘌𝘯 é𝘴𝘵𝘰𝘴 𝘥í𝘢𝘴 𝘮𝘦 𝘵𝘰𝘤𝘢𝘳á 𝘵𝘳𝘢𝘣𝘢𝘫𝘢𝘳 𝘯𝘶𝘦𝘷𝘢𝘮𝘦𝘯𝘵𝘦; 𝘱𝘰𝘳 𝘭𝘰 𝘵𝘢𝘯𝘵𝘰 𝘢𝘱𝘳𝘰𝘷𝘦𝘤𝘩𝘢𝘳é 𝘦𝘭 𝘵𝘪𝘦𝘮𝘱𝘰 𝘲𝘶𝘦 𝘮𝘦 𝘲𝘶𝘦𝘥𝘢 𝘱𝘢𝘳𝘢 𝘳𝘦𝘤𝘰𝘳𝘳𝘦𝘳 𝘶𝘯 𝘱𝘰𝘤𝘰 𝘭𝘢 𝘤𝘢𝘱𝘪𝘵𝘢𝘭 𝘢𝘭𝘦𝘮𝘢𝘯𝘢. ────
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  • He cargado con una tempestad dentro de mí toda mi vida. ¿Crees que voy a calmar mis vientos solo porque a ti te molesta el ruido? Soy el dueño de mi propio caos, y no le debo explicaciones a nadie.
    He cargado con una tempestad dentro de mí toda mi vida. ¿Crees que voy a calmar mis vientos solo porque a ti te molesta el ruido? Soy el dueño de mi propio caos, y no le debo explicaciones a nadie.
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