Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
Esto se ha publicado como Out Of Character.
Tenlo en cuenta al responder.
Domingo 26 de enero, 2026.
Georgia State.

"Maté mi nombre antes de que el mundo terminara de hacerlo por mí. Lo dejé tirado junto con el parche, las promesas y la mentira de que pertenecer a algo te salva. No te salva. Solo te da una razón elegante para pudrirte despacio.

Aprendí más de la vida desarmando una motocicleta que escuchando a cualquier hombre hablar de honor. El metal no miente. Si está roto, está roto. Si fuerzas una pieza donde no va, todo revienta. La vida es igual: no perdona nostalgia ni ideales heredados.

Cuando armas una moto desde cero, aceptas una verdad incómoda: nada tiene sentido por sí mismo. El sentido es algo que le impones a golpes, con decisiones sucias y consecuencias reales. Cada tornillo es una elección. Cada error, una cicatriz que no se borra.

Yo también tuve que desmontarme. Quitar piezas que llevaban años oxidándome por dentro. Quemar lo que otros llamaban identidad. No quedó nada bonito. Solo silencio, rabia y la certeza de que nadie iba a venir a arreglarme.

El motor arrancó igual. No por destino. No por redención. Arrancó porque hice el trabajo. Porque acepté que no hay propósito esperando al final del camino, solo kilómetros y asfalto. Y si vas a rodar, más vale hacerlo rápido, solo y sin mirar atrás. El mundo no merece explicaciones. Solo el ruido del motor alejándose.”
Domingo 26 de enero, 2026. Georgia State. "Maté mi nombre antes de que el mundo terminara de hacerlo por mí. Lo dejé tirado junto con el parche, las promesas y la mentira de que pertenecer a algo te salva. No te salva. Solo te da una razón elegante para pudrirte despacio. Aprendí más de la vida desarmando una motocicleta que escuchando a cualquier hombre hablar de honor. El metal no miente. Si está roto, está roto. Si fuerzas una pieza donde no va, todo revienta. La vida es igual: no perdona nostalgia ni ideales heredados. Cuando armas una moto desde cero, aceptas una verdad incómoda: nada tiene sentido por sí mismo. El sentido es algo que le impones a golpes, con decisiones sucias y consecuencias reales. Cada tornillo es una elección. Cada error, una cicatriz que no se borra. Yo también tuve que desmontarme. Quitar piezas que llevaban años oxidándome por dentro. Quemar lo que otros llamaban identidad. No quedó nada bonito. Solo silencio, rabia y la certeza de que nadie iba a venir a arreglarme. El motor arrancó igual. No por destino. No por redención. Arrancó porque hice el trabajo. Porque acepté que no hay propósito esperando al final del camino, solo kilómetros y asfalto. Y si vas a rodar, más vale hacerlo rápido, solo y sin mirar atrás. El mundo no merece explicaciones. Solo el ruido del motor alejándose.”
0 comentarios 0 compartidos
Patrocinados
Patrocinados