• ohh pequeño.. por que te vas? al igual que me ves, deberias deleitarte, mas no, veo una reaccion, no la esperada, una huida? una duda surge, una duda que milenios antes seria opacada, el ¿por que? el por que de tus acciones, te he estado vigilando muy de cerca antes, por que evitarlo? pues heme aqui, contemplo tu caminar a kilometros, mas mi esencia impregnada en tu aroma.. te causa una sensacion extraña en tu nariz, es tu piel, contagiada por mi, bendicion? o maldicion? simplemente, una marca. Joshua Dreemur
    ohh pequeño.. por que te vas? al igual que me ves, deberias deleitarte, mas no, veo una reaccion, no la esperada, una huida? una duda surge, una duda que milenios antes seria opacada, el ¿por que? el por que de tus acciones, te he estado vigilando muy de cerca antes, por que evitarlo? pues heme aqui, contemplo tu caminar a kilometros, mas mi esencia impregnada en tu aroma.. te causa una sensacion extraña en tu nariz, es tu piel, contagiada por mi, bendicion? o maldicion? simplemente, una marca. [shade_fuchsia_kangaroo_337]
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  • La rueda del destino comenzó a girar, la nigromante había hecho los preparativos para su ritual.
    Las barreras estaban listas para alzarse como catástrofes inevitables, ya que no hay vista que estas no alcancen, su autoridad iba más allá de lo que cualquier mortal podría pensar.

    Los participantes serían traídos a la fuerza por un poder misterioso, digno de su naturaleza. Una puerta sería el origen de cada silueta, los participantes caminarían al epicentro del lugar, desolado, antiguo, parecía que no ha habido un alma allí en milenios. Nombres grabados en placas desgastadas, irreconocibles ya sea por lengua o rigidez, un mundo en el que ni siquiera los pájaros cantaban.
    Ante la estatua de un ángel corroído por el tiempo y la maleza, es donde se reunían una sensación de calidez extraña, la agresión no tenía lugar aquí. Pues era la víspera para algo mucho peor que se avecinaba.

    Las dudas seguro invadirán a los inquilinos, ¿dónde estaban?¿por qué... o por quién? Todo tendría su resolución pronto, pero el silencio mutuo solo extendería la discordia, la desconfianzas y las falsedades, pero motivaría a los hablantes.
    Todos podían verse claramente entre sí, todos frente a frente, el disfraz, la cautela y la mentira no tenían hogar, la extensión del terreno era pobre, y salir era imposible. La realidad misma se doblaba para evitar que salieran de su tan peculiar prisión.

    A los pies del monumento, un escrito...

    "Nada escapa de la mirada de la anfitriona
    Habéis sido elegidos, almas fuertes.
    Demostrad vuestro poder, alzaos encima del resto.
    Cuando el momento llegue..."

    Lo único que compartían todos los presentes, es la sensación de ser observados. El cielo era un gran ojo que buscaba devorar todo conocimiento o información, eran parte de un juego tétrico, quien hizo los preparativos muy adecuadamente para este momento.

    Serían testigos y participantes del próximo escalón de la humanidad.

    Kalhi NigDurgaeGrimmjow Jaegerjaquez 𝑻𝑬𝑵𝑬𝑩𝑹𝑶𝑼𝑺 [nebula_emerald_zebra_687]Ophelia Sephtálon Feu[PROPHETESS.1]Leo 𝙀𝙧𝙞𝙣 Nikto

    //El orden de turnos será por orden de llegada
    La rueda del destino comenzó a girar, la nigromante había hecho los preparativos para su ritual. Las barreras estaban listas para alzarse como catástrofes inevitables, ya que no hay vista que estas no alcancen, su autoridad iba más allá de lo que cualquier mortal podría pensar. Los participantes serían traídos a la fuerza por un poder misterioso, digno de su naturaleza. Una puerta sería el origen de cada silueta, los participantes caminarían al epicentro del lugar, desolado, antiguo, parecía que no ha habido un alma allí en milenios. Nombres grabados en placas desgastadas, irreconocibles ya sea por lengua o rigidez, un mundo en el que ni siquiera los pájaros cantaban. Ante la estatua de un ángel corroído por el tiempo y la maleza, es donde se reunían una sensación de calidez extraña, la agresión no tenía lugar aquí. Pues era la víspera para algo mucho peor que se avecinaba. Las dudas seguro invadirán a los inquilinos, ¿dónde estaban?¿por qué... o por quién? Todo tendría su resolución pronto, pero el silencio mutuo solo extendería la discordia, la desconfianzas y las falsedades, pero motivaría a los hablantes. Todos podían verse claramente entre sí, todos frente a frente, el disfraz, la cautela y la mentira no tenían hogar, la extensión del terreno era pobre, y salir era imposible. La realidad misma se doblaba para evitar que salieran de su tan peculiar prisión. A los pies del monumento, un escrito... "Nada escapa de la mirada de la anfitriona Habéis sido elegidos, almas fuertes. Demostrad vuestro poder, alzaos encima del resto. Cuando el momento llegue..." Lo único que compartían todos los presentes, es la sensación de ser observados. El cielo era un gran ojo que buscaba devorar todo conocimiento o información, eran parte de un juego tétrico, quien hizo los preparativos muy adecuadamente para este momento. Serían testigos y participantes del próximo escalón de la humanidad. [kalh1][6espada] [Tenebrous2][nebula_emerald_zebra_687][vortex_navy_bat_673][storm_pink_crow_361][PROPHETESS.1][Cursed_Bastard][Black.Rose][p0isonmaker] //El orden de turnos será por orden de llegada
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  • ❝ El grupo tenía razon, habían escapado y la Terminal estaba perdida, pero… ¿acaso aquellos malnacidos no llevaban haciendo esas barbaridades a todo el que se habia cruzado con ellos?

    Pero, cualquier duda en la mente de Daryl se esfumó cuando escuchó unos pasos en el bosque, a su espalda. Y los ojos azules del arquero se encontraron directamente con la figura de Carol Peletier. Allí. De pie. Armada con mas armas de las que un ser humano podía cargar. Cansada y con el rostro aun manchado de barro que no habia logrado limpiar del todo. Pero era ella. Carol. A la que Rick habia echado de la prisión semanas atrás tras enterarse de lo que ella habia hecho con Karen y David para tratar de evitar el brote de gripe. Daryl no lo dudó. Siquiera pensó. Y, aunque hubiera deseado ver a Kate allí, era Carol. Y la queria. Era su mejor amiga. Y la habia dado por perdida… Y ahora estaba allí. Cubrió la distancia entre los dos en una corta carrera y la estrechó rápidamente entre los brazos, enterrando su rostro en el hombro de la mujer porque no era demasiado dado a que nadie viera su parte mas emocional. Esa que solo habia logrado sacar con las tres mujeres que habían marcado su vida: Kate, Carol y Beth.

    Se resistía a soltarla ni a dejarla ir, como si soltarla en ese momento fuera a hacerla desaparecer de nuevo. Y no podía arriesgarse a aquello. No otra vez.

    Tan solo se apartó cuando escuchó las pisadas de Rick a su espalda y buscó un espacio donde poder recomponerse.

    -¿Has sido tu? -preguntó Rick.

    Carol asintió imperceptiblemente.

    -Y Kate…

    Daryl la miró rápidamente mientras la mujer abrazaba al líder del grupo y luego miró a su alrededor, buscando a Kate con la mirada.

    -¿Dónde…? ¿Dónde está? -preguntó sintiendo que su corazón estaba a punto de escapársele del pecho.

    Y entonces… la vio. Allí. De pie. Agotada tambien. Con evidentes signos de haberlo pasado bastante mal a juzgar por la postura de su cuerpo. Demasiado pequeña y demasiado grande al mismo tiempo. Se quedó clavado en el sitio dando gracias mentalmente a quien todavia quedara observando aquel mundo podrido. Y cuando vio como Kate caminaba hacia él con evidentes signos de un dolor físico que Daryl no pudo apreciar a simple vista, fue él quien llegó hasta ella y tomó su rostro entre sus manos sin poder contener la emoción por verla, dándole igual que ella lo viera llorar.

    -Sabia que eras tú -dijo viendo el fusil de francotirador a la espalda de ella- Tenías que ser tu…

    Apoyó su frente contra la de Kate, solo para respirar el mismo aire que ella. Su aliento, su respiración entrecortada y jadeante, emocionada como la de él. Porque solo asi sintió que él podía volver a respirar de nuevo. Desde que la prisión habia caído habia sentido que una parte de si mismo nunca regresaría. Y volver a ver a Kate y a Carol habia reconstruido aquel vacío a una velocidad tan grande que daba vértigo.

    -Tenías que ser tú…- repitió como un mantra antes de buscar un beso en los labios de la mujer de su vida. Rodeó la cintura de Kate con sus brazos estrechándola contra sí. Y fue entonces cuando se dio cuenta del vendaje a su espalda, asi que se esforzó por tratar de no hacerle daño. Pero aun asi se meció con ella levemente. Y solo cuando Carol avisó de que tenían que acompañarla fue capaz de soltar a Kate para dejar que los demás la abrazaran también.❞


    ⸻ 𝑒𝑥𝑡𝑟𝑎𝑐𝑡𝑜 𝑑𝑒 𝑚𝑖 𝑟𝑜𝑙 𝑐𝑜𝑛 Kate Blake
    ❝ El grupo tenía razon, habían escapado y la Terminal estaba perdida, pero… ¿acaso aquellos malnacidos no llevaban haciendo esas barbaridades a todo el que se habia cruzado con ellos? Pero, cualquier duda en la mente de Daryl se esfumó cuando escuchó unos pasos en el bosque, a su espalda. Y los ojos azules del arquero se encontraron directamente con la figura de Carol Peletier. Allí. De pie. Armada con mas armas de las que un ser humano podía cargar. Cansada y con el rostro aun manchado de barro que no habia logrado limpiar del todo. Pero era ella. Carol. A la que Rick habia echado de la prisión semanas atrás tras enterarse de lo que ella habia hecho con Karen y David para tratar de evitar el brote de gripe. Daryl no lo dudó. Siquiera pensó. Y, aunque hubiera deseado ver a Kate allí, era Carol. Y la queria. Era su mejor amiga. Y la habia dado por perdida… Y ahora estaba allí. Cubrió la distancia entre los dos en una corta carrera y la estrechó rápidamente entre los brazos, enterrando su rostro en el hombro de la mujer porque no era demasiado dado a que nadie viera su parte mas emocional. Esa que solo habia logrado sacar con las tres mujeres que habían marcado su vida: Kate, Carol y Beth. Se resistía a soltarla ni a dejarla ir, como si soltarla en ese momento fuera a hacerla desaparecer de nuevo. Y no podía arriesgarse a aquello. No otra vez. Tan solo se apartó cuando escuchó las pisadas de Rick a su espalda y buscó un espacio donde poder recomponerse. -¿Has sido tu? -preguntó Rick. Carol asintió imperceptiblemente. -Y Kate… Daryl la miró rápidamente mientras la mujer abrazaba al líder del grupo y luego miró a su alrededor, buscando a Kate con la mirada. -¿Dónde…? ¿Dónde está? -preguntó sintiendo que su corazón estaba a punto de escapársele del pecho. Y entonces… la vio. Allí. De pie. Agotada tambien. Con evidentes signos de haberlo pasado bastante mal a juzgar por la postura de su cuerpo. Demasiado pequeña y demasiado grande al mismo tiempo. Se quedó clavado en el sitio dando gracias mentalmente a quien todavia quedara observando aquel mundo podrido. Y cuando vio como Kate caminaba hacia él con evidentes signos de un dolor físico que Daryl no pudo apreciar a simple vista, fue él quien llegó hasta ella y tomó su rostro entre sus manos sin poder contener la emoción por verla, dándole igual que ella lo viera llorar. -Sabia que eras tú -dijo viendo el fusil de francotirador a la espalda de ella- Tenías que ser tu… Apoyó su frente contra la de Kate, solo para respirar el mismo aire que ella. Su aliento, su respiración entrecortada y jadeante, emocionada como la de él. Porque solo asi sintió que él podía volver a respirar de nuevo. Desde que la prisión habia caído habia sentido que una parte de si mismo nunca regresaría. Y volver a ver a Kate y a Carol habia reconstruido aquel vacío a una velocidad tan grande que daba vértigo. -Tenías que ser tú…- repitió como un mantra antes de buscar un beso en los labios de la mujer de su vida. Rodeó la cintura de Kate con sus brazos estrechándola contra sí. Y fue entonces cuando se dio cuenta del vendaje a su espalda, asi que se esforzó por tratar de no hacerle daño. Pero aun asi se meció con ella levemente. Y solo cuando Carol avisó de que tenían que acompañarla fue capaz de soltar a Kate para dejar que los demás la abrazaran también.❞ ⸻ 𝑒𝑥𝑡𝑟𝑎𝑐𝑡𝑜 𝑑𝑒 𝑚𝑖 𝑟𝑜𝑙 𝑐𝑜𝑛 [KateBlake] ⸻
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  • Los ojos de Chantle
    Fandom Linaje Queen
    Categoría Acción
    Akane Qᵘᵉᵉⁿ Ishtar Akane
    Hannah Queen Queen Hannah
    Ryu リュウ・イシュタル・ヨキン Ryu
    Chantle Queen Ishtar Chantle
    Jenny Queen Orc Jenny
    𝐀yane 𝐈𝐬𝐡𝐭𝐚𝐫 Ayane
    Jason Jaegerjaquez Ishtar Jason

    RESUMEN DETALLADO — VIAJE AL TEMPLO DE YUE

    1. Contexto inicial

    El grupo se reúne tras el despertar prematuro del ojo de Chantle.

    El chico ha activado una manifestación cromática del Ojo del Caos: inestable, reactiva a las emociones y fuera de su control. Lili, como madre, está visiblemente afectada, intentando mantener la calma mientras protege a Chantle y cuida también de Hannah.

    Jennifer Queen ha sido llamada. Su presencia impone silencio y gravedad: no es un viaje ordinario, es un asunto de linaje, de Caos y de memoria antigua.

    2. Advertencia de Jennifer

    Jennifer toma el liderazgo absoluto.

    Explica con voz firme que el destino no es solo peligroso, sino que pone en duda la propia realidad. Allí:
    El sentido común se quiebra.

    Los recuerdos y los sellos antiguos siguen vivos.

    Nadie debe separarse de ella ni de Ayane.

    Ayane acompaña a Jennifer. Aunque normalmente es cálida y protectora, aquí se muestra solemne, casi intimidante. Su silencio deja claro que el riesgo es real.

    3. Revelación del destino

    Jennifer revela el lugar exacto:
    Las ruinas del templo de Yue, antiguo santuario lunar.

    El lugar donde residió Arc, oráculo de Yue y maestra de Selin.

    El mismo espacio que oculta el Jardín del Edén, donde Jennifer selló a Ozma.

    Lili reconoce el nombre de inmediato. El peso emocional es evidente: no solo es un sitio histórico, es un punto de quiebre del linaje Queen.

    4. Apertura del portal

    Jennifer activa su poder.
    El aire vibra, los sellos antiguos responden y el portal se abre.
    Pero al cruzar… no hay ruinas.

    El templo aparece intacto, majestuoso, como si el tiempo nunca lo hubiera tocado:
    Columnas completas.
    Muros sin desgaste.
    Un aura pura, casi imposible de conciliar con la historia del Caos.

    Queda claro que no es el mundo actual, sino un reflejo preservado, una realidad sellada fuera del tiempo.

    El grupo entiende que no solo han viajado en espacio, sino en memoria viva.

    5. Reacciones del grupo

    Lili y Ryu se mantienen cerca de Chantle, protegiéndolo instintivamente.

    Akane sostiene a Hannah, percibiendo que el lugar despierta recuerdos dolorosos de su propio pasado.

    El ambiente es denso, reverente, casi sagrado.

    Chantle se muestra inquieto. Su ojo vendado reacciona al nombre de Ozma y al entorno, como si reconociera el lugar.

    6. Llegada de Jason

    Mientras el grupo asimila el lugar, Jason Jaegerjaquez Ishtar se aproxima.

    Se presenta como hijo de Henry y guardián de la Luna Violeta.

    Reconoce que ha sido invitado a un asunto familiar Queen.

    Mantiene un tono respetuoso, consciente de que pisa terreno sagrado.

    El grupo guarda silencio, evaluándolo.

    7. Reacción de Chantle

    Chantle, al percibir a Jason, activa involuntariamente un escaneo mágico desde su ojo vendado. Una onda de energía se expande, analizando el entorno.

    Conclusión de Chantle:
    Jason no es hostil.
    Está ligado a la familia, aunque no directamente.

    Esto confirma que el ojo de Chantle no solo ve, sino que interpreta y clasifica presencias… algo demasiado avanzado para su edad.

    8. Perspectiva de Akane

    Akane reflexiona internamente:
    La solemnidad de Jennifer le resulta difícil, pero reconoce que es parte de su esencia.

    Ayane le provoca inquietud por su autoridad silenciosa.

    El templo despierta recuerdos de su propio cautiverio en otro mundo.

    Abraza a Hannah, consciente de que este viaje puede marcar a todos, no solo a Chantle.

    9. Turno de Veythra / Lili

    Lili (Veythra en este rol) toma la palabra cuando el grupo ya está reunido.
    Declara que ya están todos.
    Su vestimenta cambia: sus mallas de combate rojas emergen mediante simbiosis con los restos del parásito de Yue que forman parte de su piel.

    El templo reacciona a ella.

    Con ironía defensiva, se dirige a Jennifer, llamándola “Jenn-chan”, pero el tono cambia rápidamente al notar:
    Que el templo está despierto.
    Que el ojo de Chantle responde demasiado fuerte al entorno.

    Lili deja claro que no han venido solo a investigar: Han venido a evitar que la historia se repita.

    Finalmente, reconoce a Jennifer no solo como Reina, sino como madre y hermana, y le cede el liderazgo sobre el siguiente paso.
    [akane_qi] Akane [stellar_white_bear_102] Hannah [Ryu] Ryu [frost_platinum_hare_393] Chantle [queen_0] Jenny [Ayane_Ishtar] Ayane [Jason07] Jason RESUMEN DETALLADO — VIAJE AL TEMPLO DE YUE 1. Contexto inicial El grupo se reúne tras el despertar prematuro del ojo de Chantle. El chico ha activado una manifestación cromática del Ojo del Caos: inestable, reactiva a las emociones y fuera de su control. Lili, como madre, está visiblemente afectada, intentando mantener la calma mientras protege a Chantle y cuida también de Hannah. Jennifer Queen ha sido llamada. Su presencia impone silencio y gravedad: no es un viaje ordinario, es un asunto de linaje, de Caos y de memoria antigua. 2. Advertencia de Jennifer Jennifer toma el liderazgo absoluto. Explica con voz firme que el destino no es solo peligroso, sino que pone en duda la propia realidad. Allí: El sentido común se quiebra. Los recuerdos y los sellos antiguos siguen vivos. Nadie debe separarse de ella ni de Ayane. Ayane acompaña a Jennifer. Aunque normalmente es cálida y protectora, aquí se muestra solemne, casi intimidante. Su silencio deja claro que el riesgo es real. 3. Revelación del destino Jennifer revela el lugar exacto: Las ruinas del templo de Yue, antiguo santuario lunar. El lugar donde residió Arc, oráculo de Yue y maestra de Selin. El mismo espacio que oculta el Jardín del Edén, donde Jennifer selló a Ozma. Lili reconoce el nombre de inmediato. El peso emocional es evidente: no solo es un sitio histórico, es un punto de quiebre del linaje Queen. 4. Apertura del portal Jennifer activa su poder. El aire vibra, los sellos antiguos responden y el portal se abre. Pero al cruzar… no hay ruinas. El templo aparece intacto, majestuoso, como si el tiempo nunca lo hubiera tocado: Columnas completas. Muros sin desgaste. Un aura pura, casi imposible de conciliar con la historia del Caos. Queda claro que no es el mundo actual, sino un reflejo preservado, una realidad sellada fuera del tiempo. El grupo entiende que no solo han viajado en espacio, sino en memoria viva. 5. Reacciones del grupo Lili y Ryu se mantienen cerca de Chantle, protegiéndolo instintivamente. Akane sostiene a Hannah, percibiendo que el lugar despierta recuerdos dolorosos de su propio pasado. El ambiente es denso, reverente, casi sagrado. Chantle se muestra inquieto. Su ojo vendado reacciona al nombre de Ozma y al entorno, como si reconociera el lugar. 6. Llegada de Jason Mientras el grupo asimila el lugar, Jason Jaegerjaquez Ishtar se aproxima. Se presenta como hijo de Henry y guardián de la Luna Violeta. Reconoce que ha sido invitado a un asunto familiar Queen. Mantiene un tono respetuoso, consciente de que pisa terreno sagrado. El grupo guarda silencio, evaluándolo. 7. Reacción de Chantle Chantle, al percibir a Jason, activa involuntariamente un escaneo mágico desde su ojo vendado. Una onda de energía se expande, analizando el entorno. Conclusión de Chantle: Jason no es hostil. Está ligado a la familia, aunque no directamente. Esto confirma que el ojo de Chantle no solo ve, sino que interpreta y clasifica presencias… algo demasiado avanzado para su edad. 8. Perspectiva de Akane Akane reflexiona internamente: La solemnidad de Jennifer le resulta difícil, pero reconoce que es parte de su esencia. Ayane le provoca inquietud por su autoridad silenciosa. El templo despierta recuerdos de su propio cautiverio en otro mundo. Abraza a Hannah, consciente de que este viaje puede marcar a todos, no solo a Chantle. 9. Turno de Veythra / Lili Lili (Veythra en este rol) toma la palabra cuando el grupo ya está reunido. Declara que ya están todos. Su vestimenta cambia: sus mallas de combate rojas emergen mediante simbiosis con los restos del parásito de Yue que forman parte de su piel. El templo reacciona a ella. Con ironía defensiva, se dirige a Jennifer, llamándola “Jenn-chan”, pero el tono cambia rápidamente al notar: Que el templo está despierto. Que el ojo de Chantle responde demasiado fuerte al entorno. Lili deja claro que no han venido solo a investigar: Han venido a evitar que la historia se repita. Finalmente, reconoce a Jennifer no solo como Reina, sino como madre y hermana, y le cede el liderazgo sobre el siguiente paso.
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  • Nuevo Sol
    Categoría Drama
    - 𝑆𝑐𝑎𝑟𝑙𝑒𝑡𝑡 𝐸𝑙𝑒𝑎𝑛𝑜𝑟 𝑀𝑜𝑟𝑒𝑡𝑡𝑖

    Las mañanas en Palermo tienen un filo particular, como una hoja de navaja que corta el aire y deja tras de sí un rastro de humedad y promesas rotas de los ciudadanos que llegan aqui con ilusiones falsas. Me detengo ante la ventana, observando cómo la bruma se disuelve sobre los tejados y los vendedores despliegan sus mercancías en la Vucciria, ese laberinto de olores y voces donde la frontera entre lo legal y lo prohibido es tan difusa como el humo de un cigarro.
    Paree haber paz, pero la paz, no existe en Palermo, mis enemigos, decir mis enemigos suena tan ambiguo, pero no hay mejor palabra para le gente que va en mi contra y me desean muerto, han aprendido a moverse en silencio. Antes, la amenaza era un rugido: balas en la noche, coches que explotaban en las esquinas, mensajes escritos con sangre en los muros de la ciudad. Ahora, el peligro se esconde en la quietud, en la ausencia de noticias, dicen que antes de la tormenta viene la calma, y eso lo se perfectamente, suelo ser la tormenta. Los viejos códigos de la Cosa Nostra dictan que el silencio es la antesala de la traición. Y yo, Roman Greco, he sobrevivido demasiado tiempo en este juego como para confiar en la paz. La lealtad se compra y se vende en Palermo como el mejor aceite de oliva; la traición, en cambio, se paga con la vida.

    Hoy tengo una reunión importante. No se trata de los negocios que han forjado mi nombre en la sombra, sino de algo más “limpio”, más aceptable a los ojos de la ley: la expansión de nuestra empresa de importación y distribución de productos gourmet. El dinero legítimo tiene un sabor distinto, menos intenso, pero más duradero. Es el escudo que me permite caminar entre jueces y banqueros sin que el hedor de la sangre me delate. Sin embargo, la costumbre es una segunda piel, y aunque hoy decido ir solo, sin la escolta habitual, no abandono la prudencia. Bajo la chaqueta de lino azul oscuro, llevo la Beretta compacta, fría y discreta contra mi costado. El traje, hecho a medida, es mi armadura: corte impecable, tela italiana, corbata de seda en un azul profundo que absorbe la luz. Los zapatos relucen, pero no tanto como para llamar la atención y por ultimo el reloj, un Patek Philippe.

    Salgo a la calle y el bullicio me envuelve. El aire huele a café recién hecho, a pan horneado, a mariscos que esperan su destino en los puestos del mercado. El sol, aún bajo, arranca destellos de las fachadas gastadas y de los charcos que la noche ha dejado en los adoquines. Camino entre la gente, invisible y presente, saludando con un leve gesto de cabeza a los conocidos, ignorando a los curiosos. En Palermo, la discreción es una forma de poder.
    En la esquina de Via Maqueda, el flujo de peatones se vuelve más denso. Un grupo de turistas se detiene a fotografiar una iglesia barroca, ajenos al peligro que acecha en cada sombra. Es entonces cuando ocurre: un tropiezo, un instante de caos contenido. Siento el contacto de un cuerpo contra el mío, ligero pero firme, y veo cómo una mujer pelirroja pierde el equilibrio. Sus cabellos, de un rojo intenso, parecen arder bajo la luz matinal. La sujeto por el brazo antes de que caiga, notando la suavidad de su piel y la tensión de sus músculos bajo la tela de un vestido verde esmeralda. Sus ojos, de un azul profundo, me miran con sorpresa y algo más: una chispa de desafío, quizás, o de miedo.

    —Attenta, signorina —murmuro, mi voz baja y controlada—. Palermo no perdona a los distraídos.

    Ella sonríe, apenas, y se libera de mi mano con una elegancia que no es común en las turistas, oh no las que suelo conocer, ella se muestra incluso se ve como si este fuera su hogar y yo el intruso, nos alejamos y cuando pasa a mi lado percibo el aroma de su perfume, una mezcla de cítricos y algo más oscuro. Por un instante, el tiempo se detiene. Podría girarme, seguirla con la mirada, dejar que la curiosidad me arrastre. Pero no lo hago. El autocontrol es mi mayor virtud y mi peor condena. Sigo mi camino, sintiendo el peso de su mirada en mi espalda, como una advertencia o una invitación.
    El bullicio de la ciudad me arrastra de nuevo. El sonido de los vendedores, el claxon de los scooters, el murmullo de las conversaciones en dialecto siciliano. Todo es familiar, todo es peligroso. Pero en mi mente, la imagen de la mujer pelirroja permanece, como una promesa de problemas.

    El edificio donde se celebra la reunión es un antiguo palazzo restaurado, con techos altos y frescos desvaídos que hablan de un pasado más noble y menos sangriento. La sala de juntas huele a cuero, a madera encerada, a café fuerte servido en tazas de porcelana. Los socios me esperan: hombres de negocios, abogados, un par de políticos locales que han aprendido a no hacer demasiadas preguntas. Sus trajes son caros, pero sus miradas delatan la inseguridad de quienes han visto de cerca el filo de la navaja.
    —Benvenuti —saludo, tomando asiento en la cabecera de la mesa. Mi voz es firme, sin concesiones—. Cominciamo.
    Las cifras aparecen en la pantalla: ingresos, proyecciones, oportunidades de expansión en el norte de Italia y más allá. Hablan de logística, de márgenes de beneficio, de alianzas estratégicas. El lenguaje es pulcro, casi aséptico, pero yo percibo las corrientes subterráneas: la ambición, el miedo, la sospecha de que todo puede venirse abajo con una sola llamada, con una sola traición. Escucho, asiento, hago preguntas precisas. Pero mi mente, por primera vez en mucho tiempo, no está del todo presente.
    La imagen de la mujer pelirroja se cuela entre los gráficos y las palabras. Recuerdo el tacto de su brazo, la intensidad de su mirada, el modo en que se apartó de mí sin mostrar debilidad. ¿Quién es? ¿Qué hace en Palermo? ¿Es una casualidad o una señal? En mi mundo, las coincidencias no existen. Todo tiene un propósito, una razón oculta que espera ser descubierta.

    Cuando todo termina, me levanto y recojo mi chaqueta. El murmullo de las conversaciones se apaga a mi paso. Salgo al pasillo, sintiendo el peso de las miradas en mi espalda. En el ascensor, el reflejo de mi rostro en el espejo me devuelve una imagen que reconozco del todo: los ojos oscuros, la mandíbula tensa, la sombra a mis hombros de la sangre que a pasado por mis manos, no soy alguien vanidoso por lo mismo no me visto para verme atractivo, solo busco, recato y decencia, pero verme al espejo suele ser algo que no soporto mucho hasta que aparto la mirada.

    El hambre es una excusa, una necesidad física que me permite retrasar el regreso a la soledad de mi despacho. Elijo un restaurante elegante en Via Principe di Belmonte, uno de esos lugares donde la luz para la hora del medio dia es tenue y el murmullo de las conversaciones se mezcla con el tintinear de las copas de cristal. El maître me reconoce y me conduce a una mesa junto a la ventana, desde donde puedo observar la calle y, si es necesario, la puerta de entrada, ya saben la mayoria de los restaurantes donde suele ser el lugar que busco.
    La seguridad es un hábito que no se pierde.
    El ambiente es refinado: manteles blancos, cubiertos de plata, camareros que se mueven con la precisión de bailarines. El aroma del vino tinto, del pan recién horneado, de la salsa de tomate y albahaca, llena el aire. El murmullo de la sala es un telón de fondo, una música suave que invita a la confidencia y al secreto.
    Me acomodo en la silla, pido un Brunello di Montalcino y dejo que el primer sorbo me limpie el paladar y la mente. Es entonces cuando la veo. Sentada en la mesa contigua, de espaldas a la pared, está la mujer pelirroja. Lleva un vestido negro esta vez, sencillo pero elegante, que resalta la palidez de su piel y el fuego de su cabello. A su lado, una amiga rubia, de rostro alegre y voz melodiosa. Hablan en voz baja, en un italiano con acento extranjero, quizás inglés o francés. Sus risas son suaves, contenidas, como si compartieran un secreto.
    No puedo evitar mirarlas de reojo. La pelirroja —Scarlett, pienso, porque ningún otro nombre le haría justicia a el aura y elegancia que ella mismo mostraba— percibe mi mirada y me dedica una sonrisa breve, cortés, cargada de una ironía que solo los que han conocido el peligro pueden entender. Le devuelvo la sonrisa, apenas un gesto, suficiente para marcar la distancia y la posibilidad.

    Minutos después, un bolígrafo cae al suelo, rodando hasta detenerse junto a mi zapato. Lo recojo. Es de metal, elegante, y lleva grabado un nombre: "Scarlett". Lo sostengo un instante entre los dedos, notando el peso, el frío del metal, el eco de su tacto.
    Me levanto y me acerco a su mesa. La amiga rubia me mira con curiosidad, pero es Scarlett quien sostiene mi mirada, sin rastro de temor.
    —Perdona, signorina —digo, tendiéndole el bolígrafo—. Creo que esto te pertenece.—
    👥 - [vision_fuchsia_rabbit_825] 🔥 Las mañanas en Palermo tienen un filo particular, como una hoja de navaja que corta el aire y deja tras de sí un rastro de humedad y promesas rotas de los ciudadanos que llegan aqui con ilusiones falsas. Me detengo ante la ventana, observando cómo la bruma se disuelve sobre los tejados y los vendedores despliegan sus mercancías en la Vucciria, ese laberinto de olores y voces donde la frontera entre lo legal y lo prohibido es tan difusa como el humo de un cigarro. Paree haber paz, pero la paz, no existe en Palermo, mis enemigos, decir mis enemigos suena tan ambiguo, pero no hay mejor palabra para le gente que va en mi contra y me desean muerto, han aprendido a moverse en silencio. Antes, la amenaza era un rugido: balas en la noche, coches que explotaban en las esquinas, mensajes escritos con sangre en los muros de la ciudad. Ahora, el peligro se esconde en la quietud, en la ausencia de noticias, dicen que antes de la tormenta viene la calma, y eso lo se perfectamente, suelo ser la tormenta. Los viejos códigos de la Cosa Nostra dictan que el silencio es la antesala de la traición. Y yo, Roman Greco, he sobrevivido demasiado tiempo en este juego como para confiar en la paz. La lealtad se compra y se vende en Palermo como el mejor aceite de oliva; la traición, en cambio, se paga con la vida. Hoy tengo una reunión importante. No se trata de los negocios que han forjado mi nombre en la sombra, sino de algo más “limpio”, más aceptable a los ojos de la ley: la expansión de nuestra empresa de importación y distribución de productos gourmet. El dinero legítimo tiene un sabor distinto, menos intenso, pero más duradero. Es el escudo que me permite caminar entre jueces y banqueros sin que el hedor de la sangre me delate. Sin embargo, la costumbre es una segunda piel, y aunque hoy decido ir solo, sin la escolta habitual, no abandono la prudencia. Bajo la chaqueta de lino azul oscuro, llevo la Beretta compacta, fría y discreta contra mi costado. El traje, hecho a medida, es mi armadura: corte impecable, tela italiana, corbata de seda en un azul profundo que absorbe la luz. Los zapatos relucen, pero no tanto como para llamar la atención y por ultimo el reloj, un Patek Philippe. Salgo a la calle y el bullicio me envuelve. El aire huele a café recién hecho, a pan horneado, a mariscos que esperan su destino en los puestos del mercado. El sol, aún bajo, arranca destellos de las fachadas gastadas y de los charcos que la noche ha dejado en los adoquines. Camino entre la gente, invisible y presente, saludando con un leve gesto de cabeza a los conocidos, ignorando a los curiosos. En Palermo, la discreción es una forma de poder. En la esquina de Via Maqueda, el flujo de peatones se vuelve más denso. Un grupo de turistas se detiene a fotografiar una iglesia barroca, ajenos al peligro que acecha en cada sombra. Es entonces cuando ocurre: un tropiezo, un instante de caos contenido. Siento el contacto de un cuerpo contra el mío, ligero pero firme, y veo cómo una mujer pelirroja pierde el equilibrio. Sus cabellos, de un rojo intenso, parecen arder bajo la luz matinal. La sujeto por el brazo antes de que caiga, notando la suavidad de su piel y la tensión de sus músculos bajo la tela de un vestido verde esmeralda. Sus ojos, de un azul profundo, me miran con sorpresa y algo más: una chispa de desafío, quizás, o de miedo. —Attenta, signorina —murmuro, mi voz baja y controlada—. Palermo no perdona a los distraídos. Ella sonríe, apenas, y se libera de mi mano con una elegancia que no es común en las turistas, oh no las que suelo conocer, ella se muestra incluso se ve como si este fuera su hogar y yo el intruso, nos alejamos y cuando pasa a mi lado percibo el aroma de su perfume, una mezcla de cítricos y algo más oscuro. Por un instante, el tiempo se detiene. Podría girarme, seguirla con la mirada, dejar que la curiosidad me arrastre. Pero no lo hago. El autocontrol es mi mayor virtud y mi peor condena. Sigo mi camino, sintiendo el peso de su mirada en mi espalda, como una advertencia o una invitación. El bullicio de la ciudad me arrastra de nuevo. El sonido de los vendedores, el claxon de los scooters, el murmullo de las conversaciones en dialecto siciliano. Todo es familiar, todo es peligroso. Pero en mi mente, la imagen de la mujer pelirroja permanece, como una promesa de problemas. El edificio donde se celebra la reunión es un antiguo palazzo restaurado, con techos altos y frescos desvaídos que hablan de un pasado más noble y menos sangriento. La sala de juntas huele a cuero, a madera encerada, a café fuerte servido en tazas de porcelana. Los socios me esperan: hombres de negocios, abogados, un par de políticos locales que han aprendido a no hacer demasiadas preguntas. Sus trajes son caros, pero sus miradas delatan la inseguridad de quienes han visto de cerca el filo de la navaja. —Benvenuti —saludo, tomando asiento en la cabecera de la mesa. Mi voz es firme, sin concesiones—. Cominciamo. Las cifras aparecen en la pantalla: ingresos, proyecciones, oportunidades de expansión en el norte de Italia y más allá. Hablan de logística, de márgenes de beneficio, de alianzas estratégicas. El lenguaje es pulcro, casi aséptico, pero yo percibo las corrientes subterráneas: la ambición, el miedo, la sospecha de que todo puede venirse abajo con una sola llamada, con una sola traición. Escucho, asiento, hago preguntas precisas. Pero mi mente, por primera vez en mucho tiempo, no está del todo presente. La imagen de la mujer pelirroja se cuela entre los gráficos y las palabras. Recuerdo el tacto de su brazo, la intensidad de su mirada, el modo en que se apartó de mí sin mostrar debilidad. ¿Quién es? ¿Qué hace en Palermo? ¿Es una casualidad o una señal? En mi mundo, las coincidencias no existen. Todo tiene un propósito, una razón oculta que espera ser descubierta. Cuando todo termina, me levanto y recojo mi chaqueta. El murmullo de las conversaciones se apaga a mi paso. Salgo al pasillo, sintiendo el peso de las miradas en mi espalda. En el ascensor, el reflejo de mi rostro en el espejo me devuelve una imagen que reconozco del todo: los ojos oscuros, la mandíbula tensa, la sombra a mis hombros de la sangre que a pasado por mis manos, no soy alguien vanidoso por lo mismo no me visto para verme atractivo, solo busco, recato y decencia, pero verme al espejo suele ser algo que no soporto mucho hasta que aparto la mirada. El hambre es una excusa, una necesidad física que me permite retrasar el regreso a la soledad de mi despacho. Elijo un restaurante elegante en Via Principe di Belmonte, uno de esos lugares donde la luz para la hora del medio dia es tenue y el murmullo de las conversaciones se mezcla con el tintinear de las copas de cristal. El maître me reconoce y me conduce a una mesa junto a la ventana, desde donde puedo observar la calle y, si es necesario, la puerta de entrada, ya saben la mayoria de los restaurantes donde suele ser el lugar que busco. La seguridad es un hábito que no se pierde. El ambiente es refinado: manteles blancos, cubiertos de plata, camareros que se mueven con la precisión de bailarines. El aroma del vino tinto, del pan recién horneado, de la salsa de tomate y albahaca, llena el aire. El murmullo de la sala es un telón de fondo, una música suave que invita a la confidencia y al secreto. Me acomodo en la silla, pido un Brunello di Montalcino y dejo que el primer sorbo me limpie el paladar y la mente. Es entonces cuando la veo. Sentada en la mesa contigua, de espaldas a la pared, está la mujer pelirroja. Lleva un vestido negro esta vez, sencillo pero elegante, que resalta la palidez de su piel y el fuego de su cabello. A su lado, una amiga rubia, de rostro alegre y voz melodiosa. Hablan en voz baja, en un italiano con acento extranjero, quizás inglés o francés. Sus risas son suaves, contenidas, como si compartieran un secreto. No puedo evitar mirarlas de reojo. La pelirroja —Scarlett, pienso, porque ningún otro nombre le haría justicia a el aura y elegancia que ella mismo mostraba— percibe mi mirada y me dedica una sonrisa breve, cortés, cargada de una ironía que solo los que han conocido el peligro pueden entender. Le devuelvo la sonrisa, apenas un gesto, suficiente para marcar la distancia y la posibilidad. Minutos después, un bolígrafo cae al suelo, rodando hasta detenerse junto a mi zapato. Lo recojo. Es de metal, elegante, y lleva grabado un nombre: "Scarlett". Lo sostengo un instante entre los dedos, notando el peso, el frío del metal, el eco de su tacto. Me levanto y me acerco a su mesa. La amiga rubia me mira con curiosidad, pero es Scarlett quien sostiene mi mirada, sin rastro de temor. —Perdona, signorina —digo, tendiéndole el bolígrafo—. Creo que esto te pertenece.—
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  • —¡Está nevando! -exclamó la tríbrida mientras el chevrolet impala se acercaba al búnker de Los Hombres de Letras- Para, para. Para el coche... Hay algo que quiero hacer...

    Dean Winchester, no demasiado seguro de lo que se planteaba hacer la joven, terminó por detener el coche antes de la entrada del garaje.

    —Espero que valga la pena... -comentó mientras Hope ya abría la puerta del coche.

    —Para mi si... -rio ella saliendo del vehículo y saliendo al frio invernal sin poder evitar una sonrisa al tiempo que alzaba el rostro sintiendo la nieve caer sobre su tez.

    Dean llegó hasta ella, pelado de frio ya que ninguno llevaba chaqueta.

    -¿Y bien? -preguntó él— ¿qué querías?

    —Esto...

    La tríbrida lo miró y le quitó un par de copos de nieve del pelo antes de besarle con ternura.
    —¡Está nevando! -exclamó la tríbrida mientras el chevrolet impala se acercaba al búnker de Los Hombres de Letras- Para, para. Para el coche... Hay algo que quiero hacer... [BxbyDriver], no demasiado seguro de lo que se planteaba hacer la joven, terminó por detener el coche antes de la entrada del garaje. —Espero que valga la pena... -comentó mientras Hope ya abría la puerta del coche. —Para mi si... -rio ella saliendo del vehículo y saliendo al frio invernal sin poder evitar una sonrisa al tiempo que alzaba el rostro sintiendo la nieve caer sobre su tez. Dean llegó hasta ella, pelado de frio ya que ninguno llevaba chaqueta. -¿Y bien? -preguntó él— ¿qué querías? —Esto... La tríbrida lo miró y le quitó un par de copos de nieve del pelo antes de besarle con ternura.
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  • "Aubrey Hall"
    Fandom 𝘉𝑟𝘪𝑑𝘨𝑒𝘳𝑡𝘰𝑛
    Categoría Slice of Life
    ‎ㅤㅤ
    ㅤㅤㅤㅤ♡✧ s𝐭a𝐫t𝐞r p𝐚r𝐚 𝑯𝙚𝒏𝙧𝒚 𝑬𝙙𝒘𝙖𝒓𝙙 𝙃𝒂𝙧𝒓𝙞𝒏𝙜𝒕𝙤𝒏 ✧♡

    ㅤㅤ
    ㅤㅤㅤㅤㅤSu respiración era pausada, su rostro serio. Se evaluaba en el espejo y no veia lo que, se supone, debía ver una jovencita recién comprometida. Su expresión era triste, apagada, como la de alguien que no tiene elección ni voz ni voto en las elecciones de su propia vida. Habia sido criada de la forma más minuciosa y concienzuda y habia sabido desde siempre cuál era su destino. Ser una muchacha casadera y encontrar un buen esposo antes de cumplir los veintidós. Pero, siempre habia pensado que tendría elección, que su opinión importaría. No fue asi. A pesar de la oleada de pretendientes que la cortejaron durante la temporada, ninguno fue lo bastante bueno para ella, según dijo su padre apoyado en la poderosa opinión de su hijo mayor, Jeffrey.

    Ellos dos se habían encontrado de ocupar el marido perfecto. El Conde de Ashcroft era la opción más segura y lo mejor a lo que Bella podría aspirar. El compromiso se habia anunciado hacia tan solo unos dias y su familia ya estaba llena de quebraderos de cabeza y preparativos de boda. Para Bella todo aquello era solo una firme correa que sentía cada vez más prieta en torno a su cuello.

    -¿Señorita Pembroke? -la voz de Betty, su doncella, la sacó de su ensimismamiento.

    Bella la miró en el reflejo del espejo mientras esta mostraba el vestido que tenía que ponerse ese día. Habia finalizado la temporada y casi todas las familias de la alta aristocracia habían recibido una invitación para reunirse en Aubrey Hall, la casa de campo de la familia Bridgerton para celebrar el compromiso del Vizconde con la señorita Kate Sharma.

    -Es perfecto, Betty -asintió la joven.

    >> El trayecto en coche de caballos desde la residencia de los Pembroke hasta Aubrey Hall duraba casi dos horas y normalmente Bella estaría entusiasmada con aquel evento. Su familia era muy cercana a los Bridgerton y le hizo mucha ilusión recibir la noticia del compromiso, pero… no se sentía con ánimos de celebrar nada. A pesar de que Aubrey Hall estaba decorada con un gusto exquisito, como siempre, y de que fue muy bien recibida por Lady Bridgerton, Bella no podía evitar sentirse fuera de lugar.

    Aun asi, bastantes damas de la aristocracia a las que no habia tenido ocasión de ver desde su “feliz” noticia, se acercaron a saludarla y darle la enhorabuena. Algo que no logró hacer que Arabella se sintiera más comoda.

    Aprovechando un momento de despiste de su padre y su hermano, Bella encontró su escapada perfecta. Se deslizó entre los invitados y, buscando un lugar tranquilo deambuló por los pasillos hasta dar con la biblioteca de la familia. Una estancia abierta que provocó que, por una vez, Arabella esbozara una sonrisa.

    Dejó su copa de limonada sobre una de las repisas y comenzó a pasear delante de la estantería buscando algo que leer.
    ‎ㅤㅤ ㅤㅤㅤㅤ♡✧ s𝐭a𝐫t𝐞r p𝐚r𝐚 [L0RDHARRINGTON] ✧♡ ㅤㅤ ㅤㅤㅤㅤㅤSu respiración era pausada, su rostro serio. Se evaluaba en el espejo y no veia lo que, se supone, debía ver una jovencita recién comprometida. Su expresión era triste, apagada, como la de alguien que no tiene elección ni voz ni voto en las elecciones de su propia vida. Habia sido criada de la forma más minuciosa y concienzuda y habia sabido desde siempre cuál era su destino. Ser una muchacha casadera y encontrar un buen esposo antes de cumplir los veintidós. Pero, siempre habia pensado que tendría elección, que su opinión importaría. No fue asi. A pesar de la oleada de pretendientes que la cortejaron durante la temporada, ninguno fue lo bastante bueno para ella, según dijo su padre apoyado en la poderosa opinión de su hijo mayor, Jeffrey. Ellos dos se habían encontrado de ocupar el marido perfecto. El Conde de Ashcroft era la opción más segura y lo mejor a lo que Bella podría aspirar. El compromiso se habia anunciado hacia tan solo unos dias y su familia ya estaba llena de quebraderos de cabeza y preparativos de boda. Para Bella todo aquello era solo una firme correa que sentía cada vez más prieta en torno a su cuello. -¿Señorita Pembroke? -la voz de Betty, su doncella, la sacó de su ensimismamiento. Bella la miró en el reflejo del espejo mientras esta mostraba el vestido que tenía que ponerse ese día. Habia finalizado la temporada y casi todas las familias de la alta aristocracia habían recibido una invitación para reunirse en Aubrey Hall, la casa de campo de la familia Bridgerton para celebrar el compromiso del Vizconde con la señorita Kate Sharma. -Es perfecto, Betty -asintió la joven. >> El trayecto en coche de caballos desde la residencia de los Pembroke hasta Aubrey Hall duraba casi dos horas y normalmente Bella estaría entusiasmada con aquel evento. Su familia era muy cercana a los Bridgerton y le hizo mucha ilusión recibir la noticia del compromiso, pero… no se sentía con ánimos de celebrar nada. A pesar de que Aubrey Hall estaba decorada con un gusto exquisito, como siempre, y de que fue muy bien recibida por Lady Bridgerton, Bella no podía evitar sentirse fuera de lugar. Aun asi, bastantes damas de la aristocracia a las que no habia tenido ocasión de ver desde su “feliz” noticia, se acercaron a saludarla y darle la enhorabuena. Algo que no logró hacer que Arabella se sintiera más comoda. Aprovechando un momento de despiste de su padre y su hermano, Bella encontró su escapada perfecta. Se deslizó entre los invitados y, buscando un lugar tranquilo deambuló por los pasillos hasta dar con la biblioteca de la familia. Una estancia abierta que provocó que, por una vez, Arabella esbozara una sonrisa. Dejó su copa de limonada sobre una de las repisas y comenzó a pasear delante de la estantería buscando algo que leer.
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  • Las flores estaban tan bonitas y huelen tan rico que no pude evitar recostarme un rato aquí, es relajante...
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  • Es la misma situación todas las semanas. Siempre vuelve tarde, casi al último, a la sede de los caballeros para redactar los informes de sus actividades y de los temas que debe solucionar. El problema es que siempre deja todo al último, cuando no siempre está fresco el recuerdo en su memoria o cuando debe revisar entre un montón de papeles para encontrar lo que necesita. Testimonios, pistas, resumenes de investigación y una que otra queja para archivar están sobre su escritorio hasta el último minuto de la noche.

    — Quizá debería cambiar mi método de trabajo para la siguiente semana. —Es la misma frase, la misma sugerencia, la misma posibilidad que el capitán desecha cuando otras activifades terminan ocupando su tiempo.— Ah, también debo pensar la siguiente prueba para Noelle y evitar que se meta en algún problema. Le prometí a Klee que la llevaría a jugar Invocación de los sabios y necesito un trago. —Carraspeó, porque sentía que la abstinencia de vino de diente de león estaba acabando con él y sus energías.— Barbatos iluminame o eliminame.
    Es la misma situación todas las semanas. Siempre vuelve tarde, casi al último, a la sede de los caballeros para redactar los informes de sus actividades y de los temas que debe solucionar. El problema es que siempre deja todo al último, cuando no siempre está fresco el recuerdo en su memoria o cuando debe revisar entre un montón de papeles para encontrar lo que necesita. Testimonios, pistas, resumenes de investigación y una que otra queja para archivar están sobre su escritorio hasta el último minuto de la noche. — Quizá debería cambiar mi método de trabajo para la siguiente semana. —Es la misma frase, la misma sugerencia, la misma posibilidad que el capitán desecha cuando otras activifades terminan ocupando su tiempo.— Ah, también debo pensar la siguiente prueba para Noelle y evitar que se meta en algún problema. Le prometí a Klee que la llevaría a jugar Invocación de los sabios y necesito un trago. —Carraspeó, porque sentía que la abstinencia de vino de diente de león estaba acabando con él y sus energías.— Barbatos iluminame o eliminame.
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  • Mañana Astapor... después, ¿quién sabe?
    Fandom Game of Thrones
    Categoría Slice of Life
    ㅤㅤㅤ
    ㅤㅤㅤㅤ ⧽ 𝐒𝐓𝐀𝐑𝐓𝐄𝐑
    ㅤㅤㅤㅤ˹ 『 𝑺𝑬𝑹 𝑱𝑂𝑅𝐴𝐻 𝑴𝐎𝐑𝐌𝐎𝐍𝐓


    ㅤㅤ
    ㅤㅤㅤㅤㅤㅤLa noche, como todos los días, finalmente había caído sobre el campamento con un silencio algo tenso que solo era roto por el murmullo lejano de hombres de guardia y el crepitar ocasional del fuego de algunas hogueras encendidas para mantener el calor en medio de la fría noche del desierto. La Targaryen tenía la sensación de llevar horas dando vueltas en su lecho sin lograr conciliar el sueño. Astapor la esperaba al amanecer… y con ella, una decisión que no tendría vuelta atrás. Sabia lo que tenía que hacer y sabia que estaba bien. Pero, no podía evitar sentirse nerviosa. No gustaba demostrarlo, por supuesto, pero el fuero interno de la heredera de Aerys era un insondable abismo de misterios al cual no permitía que nadie asomara. Necesitaba un ejército. Necesitaba esos soldados Inmaculados. Cada vez que se habia enfrentado a la liberación de una ciudad. No gustaba de tratar con indeseables como Kraznys mo Nakloz quien parecía creer que su puesto de poder le daba derecho a insultar, vejar y maltratar.

    Finalmente, dándose por vencida, se incorporó en el catre y apartó las cobijas. Drogon gorjeó dentro de su jaula en medio de un sueño y la reina de cabellos plateados lo miró un instante recordando el desagradable trato al que habia llegado con el esclavista. Por supuesto, no entregaría un solo dragón. La sola idea de deshacerse de cualquiera de ellos le provocaba náuseas en la boca del estómago. Descalza, se cubrió con una capa ligera y salió de la tienda sin hacer ruido con una ligereza innata, pero como si realmente temiera despertar no a sus hombres, sino a sus propios pensamientos.

    La brisa de la noche de Astapor era fresca, cargada de arena y sal. Caminó despacio entre las sombras, meditando sobre los hechos que habia vivido en las horas recientes. hasta que el resplandor anaranjado de una hoguera llamó su atención. Reconoció aquella figura. La del hombre que la habia acompañado desde que partió en la comitiva con Drogo hacia Vaes Dothrak.

    Sir Jorah Mormont permanecía sentado, totalmente solo, con la mirada fija en las llamas como si pareciera buscar respuestas en ellas. La armadura descansaba a su lado; aquella imagen -el guerrero sin hierro, vulnerable bajo la luz del fuego- la hizo detenerse un instante antes de avanzar. Lo habia visto antes sin armadura, claro. Pero aquella noche, después del trato que habia hecho con el tal Kraznys y el encuentro tenso que habia tenido con él y con Sir Barristan cuando habia ofrecido a uno de sus dragones a cambio de los Inmaculados, aquella escena vulnerable parecía hablar de las dudas del guerrero acerca del devenir de los acontecimientos.

    -Por lo que veo, no soy la única a la que el sueño le rehúye esta noche -dijo por fin, con voz baja pero firme, rompiendo el silencio mientras caminaba hacia él al cobijo de las llamas..

    Se acercó lo suficiente para sentir el calor de la hoguera y se detuvo frente a su consejero, sosteniendo la capa sobre los hombros. Sus ojos lilas reflejaban el crepitar lento de las llamas, cargados de cansancio… pero también de determinación. Porque Yunkai, Astapor… La bahía de los Esclavos era solo un medio para un fin… Nada más.

    -Mañana Astapor cambiará para siempre -continuó, sin apartar la mirada de Sir Jorah- Y, en cambio, ahora mismo… todo me parece terriblemente frágil.

    Guardó un breve silencio.

    —¿Os preocupa lo que está por venir, ser Jorah… o confiáis en que vuestra reina esté tomando la decisión correcta?


    #Personajes3D #3D #Comunidad3D #NuevoStarter #GameOfThrones
    ㅤㅤㅤ ㅤㅤㅤㅤ ⧽ 𝐒𝐓𝐀𝐑𝐓𝐄𝐑 ㅤㅤㅤㅤ˹ [THEM0RMONTBEAR] ㅤ ㅤ ㅤㅤ ㅤㅤㅤㅤㅤㅤLa noche, como todos los días, finalmente había caído sobre el campamento con un silencio algo tenso que solo era roto por el murmullo lejano de hombres de guardia y el crepitar ocasional del fuego de algunas hogueras encendidas para mantener el calor en medio de la fría noche del desierto. La Targaryen tenía la sensación de llevar horas dando vueltas en su lecho sin lograr conciliar el sueño. Astapor la esperaba al amanecer… y con ella, una decisión que no tendría vuelta atrás. Sabia lo que tenía que hacer y sabia que estaba bien. Pero, no podía evitar sentirse nerviosa. No gustaba demostrarlo, por supuesto, pero el fuero interno de la heredera de Aerys era un insondable abismo de misterios al cual no permitía que nadie asomara. Necesitaba un ejército. Necesitaba esos soldados Inmaculados. Cada vez que se habia enfrentado a la liberación de una ciudad. No gustaba de tratar con indeseables como Kraznys mo Nakloz quien parecía creer que su puesto de poder le daba derecho a insultar, vejar y maltratar. Finalmente, dándose por vencida, se incorporó en el catre y apartó las cobijas. Drogon gorjeó dentro de su jaula en medio de un sueño y la reina de cabellos plateados lo miró un instante recordando el desagradable trato al que habia llegado con el esclavista. Por supuesto, no entregaría un solo dragón. La sola idea de deshacerse de cualquiera de ellos le provocaba náuseas en la boca del estómago. Descalza, se cubrió con una capa ligera y salió de la tienda sin hacer ruido con una ligereza innata, pero como si realmente temiera despertar no a sus hombres, sino a sus propios pensamientos. La brisa de la noche de Astapor era fresca, cargada de arena y sal. Caminó despacio entre las sombras, meditando sobre los hechos que habia vivido en las horas recientes. hasta que el resplandor anaranjado de una hoguera llamó su atención. Reconoció aquella figura. La del hombre que la habia acompañado desde que partió en la comitiva con Drogo hacia Vaes Dothrak. Sir Jorah Mormont permanecía sentado, totalmente solo, con la mirada fija en las llamas como si pareciera buscar respuestas en ellas. La armadura descansaba a su lado; aquella imagen -el guerrero sin hierro, vulnerable bajo la luz del fuego- la hizo detenerse un instante antes de avanzar. Lo habia visto antes sin armadura, claro. Pero aquella noche, después del trato que habia hecho con el tal Kraznys y el encuentro tenso que habia tenido con él y con Sir Barristan cuando habia ofrecido a uno de sus dragones a cambio de los Inmaculados, aquella escena vulnerable parecía hablar de las dudas del guerrero acerca del devenir de los acontecimientos. -Por lo que veo, no soy la única a la que el sueño le rehúye esta noche -dijo por fin, con voz baja pero firme, rompiendo el silencio mientras caminaba hacia él al cobijo de las llamas.. Se acercó lo suficiente para sentir el calor de la hoguera y se detuvo frente a su consejero, sosteniendo la capa sobre los hombros. Sus ojos lilas reflejaban el crepitar lento de las llamas, cargados de cansancio… pero también de determinación. Porque Yunkai, Astapor… La bahía de los Esclavos era solo un medio para un fin… Nada más. -Mañana Astapor cambiará para siempre -continuó, sin apartar la mirada de Sir Jorah- Y, en cambio, ahora mismo… todo me parece terriblemente frágil. Guardó un breve silencio. —¿Os preocupa lo que está por venir, ser Jorah… o confiáis en que vuestra reina esté tomando la decisión correcta? #Personajes3D #3D #Comunidad3D #NuevoStarter #GameOfThrones ㅤ
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