El tintinear de la campanilla anunció el cierre de la tienda por última vez aquella tarde. Carmina giró el letrero hacia el "cerrado" y permaneció unos segundos observando el cristal de la puerta, como si estuviera reuniendo fuerzas antes de marcharse.

Había sido un día largo.

Y, sinceramente, ya no estaba segura de cuándo había dejado de serlo.

Con las manos en los bolsillos de su abrigo, caminó sin rumbo fijo hasta un pequeño parque no muy lejos de allí. El sol comenzaba a descender lentamente, tiñendo el cielo de tonos anaranjados y dorados. A esa hora, el lugar estaba tranquilo; apenas algunas personas dispersas aprovechaban los últimos momentos de luz.

Eligió una banca algo apartada y se dejó caer sobre ella con un suspiro pesado.

Después de unos instantes, sacó un cigarrillo. Lo encendió con movimientos automáticos, fruto de la costumbre más que del deseo. Observó cómo el humo se elevaba lentamente frente a ella antes de perderse en el aire.

—Solo necesito resolver una cosa a la vez... una sola cosa. —murmuró para sí.

Apoyó los codos sobre las rodillas y se pasó una mano por el rostro.

La tienda.

Las cuentas.

Su abuela.

El futuro.

Todo parecía mezclarse en una maraña imposible de desenredar.

Soltó una pequeña risa sin humor.

—Qué gracioso... Siempre encuentro una solución para los problemas de los demás, pero cuando se trata de los míos no tengo idea de qué hacer. —

Dio otra calada al cigarrillo.

Allí podía hablar sola si quería. Nadie la miraría extraño. Y, más importante aún, no tendría que fingir que todo estaba bien para evitar preocupaciones innecesarias.

—Quizá estoy cansada... —admitió en voz baja, observando el suelo bajo sus pies. — O quizá solo estoy fingiendo demasiado bien que puedo con todo. —

El viento movió suavemente algunas hojas cercanas.

Por primera vez en todo el día, el silencio parecía dispuesto a escucharla.
Zelkova Legasov
El tintinear de la campanilla anunció el cierre de la tienda por última vez aquella tarde. Carmina giró el letrero hacia el "cerrado" y permaneció unos segundos observando el cristal de la puerta, como si estuviera reuniendo fuerzas antes de marcharse. Había sido un día largo. Y, sinceramente, ya no estaba segura de cuándo había dejado de serlo. Con las manos en los bolsillos de su abrigo, caminó sin rumbo fijo hasta un pequeño parque no muy lejos de allí. El sol comenzaba a descender lentamente, tiñendo el cielo de tonos anaranjados y dorados. A esa hora, el lugar estaba tranquilo; apenas algunas personas dispersas aprovechaban los últimos momentos de luz. Eligió una banca algo apartada y se dejó caer sobre ella con un suspiro pesado. Después de unos instantes, sacó un cigarrillo. Lo encendió con movimientos automáticos, fruto de la costumbre más que del deseo. Observó cómo el humo se elevaba lentamente frente a ella antes de perderse en el aire. —Solo necesito resolver una cosa a la vez... una sola cosa. —murmuró para sí. Apoyó los codos sobre las rodillas y se pasó una mano por el rostro. La tienda. Las cuentas. Su abuela. El futuro. Todo parecía mezclarse en una maraña imposible de desenredar. Soltó una pequeña risa sin humor. —Qué gracioso... Siempre encuentro una solución para los problemas de los demás, pero cuando se trata de los míos no tengo idea de qué hacer. — Dio otra calada al cigarrillo. Allí podía hablar sola si quería. Nadie la miraría extraño. Y, más importante aún, no tendría que fingir que todo estaba bien para evitar preocupaciones innecesarias. —Quizá estoy cansada... —admitió en voz baja, observando el suelo bajo sus pies. — O quizá solo estoy fingiendo demasiado bien que puedo con todo. — El viento movió suavemente algunas hojas cercanas. Por primera vez en todo el día, el silencio parecía dispuesto a escucharla. [dream_silver_wolf_339]
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