• -En una pueblo abandonado, la androide caminaba de forma tranquila, las casas ahora desoladas, solo ecos de un pasado distante, la joven caminaba con arma en mano pues según sus superiores, se decto una señal, extraña, no se sabe si es de un aliado o un enemigo.

    Sin embargo eso no detuvo a la chica, caminaba con demasiada tranquilidad con todos sus sentidos en alerta, su respiración estaba en calma, pero eso si todo en ella, estaba agudizado, no sabe cuando sera qué se tope con algún enemigo, su vida desde que fue creada a sido, batalla tras batalla, mientras algunos de sus compañeros trabajaban en equipo, ella no tuvo nada mas que seguir sola, según la comandante, es mas fácil cuando las expediciones se hacen en solitario, aunque sea un modelo de batalla, es muy buena para investigar y recaudar información.-

    Supongo...

    -Comentó al detenerse cerca de la ubicación de esa señal -

    Tal parece que... Es aquí..

    -Comentó mientras el pod que la sigue le informa que aun falta que debe entrar en ese edificio, 12B Suspira, si no queda de otra, debe seguir con esa mision hasta el final. -
    -En una pueblo abandonado, la androide caminaba de forma tranquila, las casas ahora desoladas, solo ecos de un pasado distante, la joven caminaba con arma en mano pues según sus superiores, se decto una señal, extraña, no se sabe si es de un aliado o un enemigo. Sin embargo eso no detuvo a la chica, caminaba con demasiada tranquilidad con todos sus sentidos en alerta, su respiración estaba en calma, pero eso si todo en ella, estaba agudizado, no sabe cuando sera qué se tope con algún enemigo, su vida desde que fue creada a sido, batalla tras batalla, mientras algunos de sus compañeros trabajaban en equipo, ella no tuvo nada mas que seguir sola, según la comandante, es mas fácil cuando las expediciones se hacen en solitario, aunque sea un modelo de batalla, es muy buena para investigar y recaudar información.- Supongo... -Comentó al detenerse cerca de la ubicación de esa señal - Tal parece que... Es aquí.. -Comentó mientras el pod que la sigue le informa que aun falta que debe entrar en ese edificio, 12B Suspira, si no queda de otra, debe seguir con esa mision hasta el final. -
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  • "Nosotros"
    Fandom Oc
    Categoría Drama
    —Había vuelto a ocurrir luego de tanto... No me creí capaz, pero... Simplemente ocurrió.

    Me encontraba fuera de un hotel de cinco estrellas, mi investigación me había conducido hasta aquel edificio. Allí se encontraba el hombre que estaba buscando, el hombre que había investigado durante largos meses sin dormir. A veces incluso pasaba días sin acostarme en la cama, aquella investigación vació todo de mí, yo debía encontrarlo y debía atraparlo. Me esmeré como nunca y cuando finalmente di con el blanco, no dudé en actuar.
    Aquella noche el equipo especial rodeó el edificio, todas las salidas quedaron bloqueadas y a medida que revisabamos el hotel íbamos evacuando a los civiles. Todo estaba saliendo relativamente bien, digo... No tendría por qué haber algún inconveniente en todo eso...

    A medida que fuimos avanzando, las balas comenzaron a caer por los suelos de los pasillos. Hubieron muchos muertos, civiles incluso que no pudimos ayudar. Pero por sobre todas las cosas, criminales que conseguimos abatir, sin opción a captura.
    El hombre que buscaba se llamaba Max. Era un sujeto extremadamente estratégico y peligroso. Su conducta, su estilo, su manera de actuar, todo en él era impredecible, incluso aquella noche algo dentro de mí dudaba. Aunque todas las pistas habían dado a ese hotel, algo en mí dudaba... ¿Por qué dudaba? No tenía idea... Hasta que finalmente lo vi. Estaba parado frente al gran ventanal de una de las habitaciones, bebía una copa de whisky con tranquilidad. Lo rodeamos entre todos, pero él ni siquiera pareció molestarse o asustarse. Más bien, parecía como si lo tuviera todo bajo control.

    Había sido una emboscada: los pilares principales del edificio explotaron, el hotel comenzó a derrumbarse con todo el equipo dentro. Y fue cuestión de segundos hasta que todos quedamos bajo escombros. Cuando desperté, no era yo... Tenía ese pelaje de nuevo, esas garras... Ese hocico... Lo que pasó después fue simplemente masacre. Acabé asesinando al resto de mi escuadrón a sangre fría, sin control de mí mismo.

    *Haría una pequeña pausa, suspirando mientras recordaba los acontecimientos. Levantó la mirada y observó a Samantha a los ojos por unos segundos antes de continuar.*

    —Mi superior aceptó lo que sucedió. En consecuencia me pidió tomar estas terapias con usted: dicen que es la mejor en su trabajo —Comentaría desviando la mirada—. Es el motivo por el cual estoy aquí.

    Finalizó John, sentado sobre el diván con ambas manos sobre sus rodillas y la mirada perdida, intentando no pensar demasiado en los acontecimientos. Esperó respuesta de su contraria.
    —Había vuelto a ocurrir luego de tanto... No me creí capaz, pero... Simplemente ocurrió. Me encontraba fuera de un hotel de cinco estrellas, mi investigación me había conducido hasta aquel edificio. Allí se encontraba el hombre que estaba buscando, el hombre que había investigado durante largos meses sin dormir. A veces incluso pasaba días sin acostarme en la cama, aquella investigación vació todo de mí, yo debía encontrarlo y debía atraparlo. Me esmeré como nunca y cuando finalmente di con el blanco, no dudé en actuar. Aquella noche el equipo especial rodeó el edificio, todas las salidas quedaron bloqueadas y a medida que revisabamos el hotel íbamos evacuando a los civiles. Todo estaba saliendo relativamente bien, digo... No tendría por qué haber algún inconveniente en todo eso... A medida que fuimos avanzando, las balas comenzaron a caer por los suelos de los pasillos. Hubieron muchos muertos, civiles incluso que no pudimos ayudar. Pero por sobre todas las cosas, criminales que conseguimos abatir, sin opción a captura. El hombre que buscaba se llamaba Max. Era un sujeto extremadamente estratégico y peligroso. Su conducta, su estilo, su manera de actuar, todo en él era impredecible, incluso aquella noche algo dentro de mí dudaba. Aunque todas las pistas habían dado a ese hotel, algo en mí dudaba... ¿Por qué dudaba? No tenía idea... Hasta que finalmente lo vi. Estaba parado frente al gran ventanal de una de las habitaciones, bebía una copa de whisky con tranquilidad. Lo rodeamos entre todos, pero él ni siquiera pareció molestarse o asustarse. Más bien, parecía como si lo tuviera todo bajo control. Había sido una emboscada: los pilares principales del edificio explotaron, el hotel comenzó a derrumbarse con todo el equipo dentro. Y fue cuestión de segundos hasta que todos quedamos bajo escombros. Cuando desperté, no era yo... Tenía ese pelaje de nuevo, esas garras... Ese hocico... Lo que pasó después fue simplemente masacre. Acabé asesinando al resto de mi escuadrón a sangre fría, sin control de mí mismo. *Haría una pequeña pausa, suspirando mientras recordaba los acontecimientos. Levantó la mirada y observó a Samantha a los ojos por unos segundos antes de continuar.* —Mi superior aceptó lo que sucedió. En consecuencia me pidió tomar estas terapias con usted: dicen que es la mejor en su trabajo —Comentaría desviando la mirada—. Es el motivo por el cual estoy aquí. Finalizó John, sentado sobre el diván con ambas manos sobre sus rodillas y la mirada perdida, intentando no pensar demasiado en los acontecimientos. Esperó respuesta de su contraria.
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  • ─────  STARTER CALL .ᐟ
    ᅠᅠ                    ♡ Elijah Vítkov

    El vuelo privado despegó del aeropuerto de Haneda con un rugido sordo que hizo vibrar cada centímetro de la estructura, una sacudida que hizo que Mine frunciera el ceño. Se encontraba cómodamente instalado en su asiento de cuero beige, rodeado por la quietud absoluta de la cabina principal. Había dispuesto que el viaje fuera así, en total soledad, pues para un hombre como él, compartir un espacio tan reducido durante doce horas con otras personas representaba una forma de tortura que no estaba dispuesto a tolerar. Con un movimiento pausado, se ajustó el cinturón de seguridad sobre la cadera, y se permitió suspirar.
    Bajo la aeronave, Tokio comenzó a encogerse rápidamente hasta convertirse en un pequeño tablero de luces de neón en la penumbra de la madrugada. Mine observó por la ventanilla cómo la ciudad que lo había visto crecer se transformaba en un punto brillante antes de ser devorada por la nada. Pronto, el Mar de Japón se extendió ante él como una inmensa mancha negra que reflejaba la luna como si fuera un espejo sobre el agua.

    ❛...❜

    Mine guardó silencio, dejando que el peso de la situación se asentara, no había vuelta atrás. Cerró los ojos durante unos segundos, no con la intención de entregarse al sueño, sino para permitir que su mente recorriera una vez más el laberinto de planes que ya había memorizado. Las cifras, los nombres, los movimientos que debía ejecutar y aquellos que era imperativo evitar.
    Una vez que el avión se estabilizó en su altitud de crucero tras un suave cabeceo, Mine se desabrochó el cinturón y se puso en pie. En ese espacio suspendido, lo único que sabía hacer bien era procesar información. Caminó hacia la pequeña mesa que hacía las veces de escritorio en la parte trasera de la cabina. Sobre ella, una carpeta de cuero negro aguardaba, Mine la abrió.
    Los números se desplegaron ante sus ojos en columnas perfectas, allí estaban las transferencias a las cuentas en Luxemburgo, las participaciones en fondos de riesgo y las patentes farmacéuticas que se subastarían en Viena. Todo parecía estar en orden, pero Mine, impulsado por la paranoia, revisó cada línea una, dos y tres veces. Entendía mejor que nadie que la perfección no existía realmente; solo existía la ilusión de la misma, construida a base de repetición y de horas de trabajo que nadie más en su mundo estaba dispuesto a invertir.

    Sus pensamientos fueron interrumpidos por la llegada de la asistente de vuelo, una mujer joven y de uniforme impecable que se acercó con una bandeja. Le ofreció un té verde, específicamente Gyokuro. Mine no había tenido que pedirlo; sus subordinados conocían sus preferencias hasta el más mínimo detalle.
    ❛ Gracias ❜, dijo él, sin siquiera dirigirle la mirada.
    La mujer inclinó la cabeza y se retiró en un silencio sepulcral. Mine tomó la taza de porcelana, sintiendo el calor reconfortante en sus manos, y bebió un sorbo. El sabor herbáceo le llenó la boca y, por un brevísimo instante, se permitió sentirse en casa. Sin embargo, la realidad era complicada: estaba a treinta mil pies de altura, volando hacia una ciudad desconocida para enfrentar un negocio que podía salir terriblemente mal. Dejó la taza a un lado y volvió a sumergirse en los números.

    Pasaron las horas y el sol se levantó sobre algún punto de Siberia, pintando las nubes con matices rosa y naranja, pero Mine ni siquiera levantó la vista de la pantalla de su portátil. Había recibido una actualización crucial: el consorcio monegasco ya estaba en Viena, alojado en el Hotel Sacher. Mine, por su parte, había optado por el Palais Coburg por estrictas razones de seguridad. Analizó a los nueve miembros del grupo: tres empresarios legítimos, cuatro intermediarios expertos y dos figuras misteriosas que habían llegado en un vuelo privado bajo nombres falsos.
    ❛ Gente que sabe cómo pasar desapercibida ❜, murmuró Mine para sí mismo, frunciendo el ceño, ❛ eso no me gusta ❜.

    Cerró el portátil y regresó a la carpeta de cuero negro. Extrajo los documentos de la subasta, protegidos en bolsas selladas, y los extendió sobre la mesa como si fueran piezas de un artefacto explosivo que pudiera estallar al menor descuido. Novecientos millones de euros estaban en juego por un monopolio sobre tratamientos oncológicos. Si ganaba, el Clan Tojo tendría estabilidad por una década; si perdía, las consecuencias serían impensables. Pero Mine no se permitía pensar en la derrota.
    El avión cruzó la línea internacional de cambio de fecha y la luz exterior cambió, volviéndose de un azul pálido e infinito. Abajo, Europa comenzó a revelarse: los picos grises de los Urales, las luces parpadeantes de Moscú y las siluetas de Varsovia y Cracovia. ❛ Faltan tres horas ❜, anunció la voz metálica del piloto a través del altavoz, ❛ aterrizaremos en Viena a las 14:30 hora local ❜.

    Mine asintió para sus adentros. Tres horas eran suficientes para repasar los perfiles de seguridad una vez más. Abrió el compartimento trasero de su carpeta y sacó los expedientes del equipo de protección de Aegis Solutions. Nombres, fotografías y especialidades. Se preguntó brevemente qué clase de vida llevarían fuera de ese entorno, pero decidió que era mejor no saberlo.

    El aterrizaje en Viena-Schwechat fue tan suave que Mine solo supo que habían llegado por el leve chirrido de los neumáticos y el rugido de los motores invirtiendo su empuje. Por la ventanilla, Viena se mostraba bajo un cielo soleado, una ciudad de palacios preciosos y techos rojizos. Mine se ajustó la corbata y respiró hondo, sintiendo la vibración de su teléfono en el bolsillo. Era un mensaje de su secretaria.
    ❛ Patriarca. Bienvenido a Viena. Los documentos con los perfiles completos del equipo de seguridad han sido reenviados a su correo cifrado. Los seleccionados por Aegis Solutions le estarán esperando así podrán discutir los últimos detalles antes del traslado al hotel. ¿Necesita algo más? ❜

    Mine escribió la respuesta con sus propios dedos, pues jamás delegaba algo tan personal como sus palabras. ❛ Gracias. Los leeré en el coche. ¿El equipo sabe cómo identificarme? ❜

    La respuesta fue inmediata: ❛ Llevarán una señal acordada. No se preocupe, patriarca. Todo está bajo control ❜.

    Se levantó, ajustó los puños de su camisa, tomó su maletín y la carpeta de cuero negro. Caminó hacia la puerta de la aeronave, donde el sol de Viena acarició su piel bronceada. Viena es... preciosa, una joya del barrocco, una ciudad donde la historia se podía apreciar a simple vista, donde los jardines del Belvedere parecen sacados de un sueño y el aroma del café recién hecho invita a la contemplación. Es una verdadera lástima que para Mine toda esa belleza fuera una secundaria en este viaje.
    ─────  STARTER CALL .ᐟ ᅠᅠ                    ♡ [fusion_bronze_monkey_923] El vuelo privado despegó del aeropuerto de Haneda con un rugido sordo que hizo vibrar cada centímetro de la estructura, una sacudida que hizo que Mine frunciera el ceño. Se encontraba cómodamente instalado en su asiento de cuero beige, rodeado por la quietud absoluta de la cabina principal. Había dispuesto que el viaje fuera así, en total soledad, pues para un hombre como él, compartir un espacio tan reducido durante doce horas con otras personas representaba una forma de tortura que no estaba dispuesto a tolerar. Con un movimiento pausado, se ajustó el cinturón de seguridad sobre la cadera, y se permitió suspirar. Bajo la aeronave, Tokio comenzó a encogerse rápidamente hasta convertirse en un pequeño tablero de luces de neón en la penumbra de la madrugada. Mine observó por la ventanilla cómo la ciudad que lo había visto crecer se transformaba en un punto brillante antes de ser devorada por la nada. Pronto, el Mar de Japón se extendió ante él como una inmensa mancha negra que reflejaba la luna como si fuera un espejo sobre el agua. ❛...❜ Mine guardó silencio, dejando que el peso de la situación se asentara, no había vuelta atrás. Cerró los ojos durante unos segundos, no con la intención de entregarse al sueño, sino para permitir que su mente recorriera una vez más el laberinto de planes que ya había memorizado. Las cifras, los nombres, los movimientos que debía ejecutar y aquellos que era imperativo evitar. Una vez que el avión se estabilizó en su altitud de crucero tras un suave cabeceo, Mine se desabrochó el cinturón y se puso en pie. En ese espacio suspendido, lo único que sabía hacer bien era procesar información. Caminó hacia la pequeña mesa que hacía las veces de escritorio en la parte trasera de la cabina. Sobre ella, una carpeta de cuero negro aguardaba, Mine la abrió. Los números se desplegaron ante sus ojos en columnas perfectas, allí estaban las transferencias a las cuentas en Luxemburgo, las participaciones en fondos de riesgo y las patentes farmacéuticas que se subastarían en Viena. Todo parecía estar en orden, pero Mine, impulsado por la paranoia, revisó cada línea una, dos y tres veces. Entendía mejor que nadie que la perfección no existía realmente; solo existía la ilusión de la misma, construida a base de repetición y de horas de trabajo que nadie más en su mundo estaba dispuesto a invertir. Sus pensamientos fueron interrumpidos por la llegada de la asistente de vuelo, una mujer joven y de uniforme impecable que se acercó con una bandeja. Le ofreció un té verde, específicamente Gyokuro. Mine no había tenido que pedirlo; sus subordinados conocían sus preferencias hasta el más mínimo detalle. ❛ Gracias ❜, dijo él, sin siquiera dirigirle la mirada. La mujer inclinó la cabeza y se retiró en un silencio sepulcral. Mine tomó la taza de porcelana, sintiendo el calor reconfortante en sus manos, y bebió un sorbo. El sabor herbáceo le llenó la boca y, por un brevísimo instante, se permitió sentirse en casa. Sin embargo, la realidad era complicada: estaba a treinta mil pies de altura, volando hacia una ciudad desconocida para enfrentar un negocio que podía salir terriblemente mal. Dejó la taza a un lado y volvió a sumergirse en los números. Pasaron las horas y el sol se levantó sobre algún punto de Siberia, pintando las nubes con matices rosa y naranja, pero Mine ni siquiera levantó la vista de la pantalla de su portátil. Había recibido una actualización crucial: el consorcio monegasco ya estaba en Viena, alojado en el Hotel Sacher. Mine, por su parte, había optado por el Palais Coburg por estrictas razones de seguridad. Analizó a los nueve miembros del grupo: tres empresarios legítimos, cuatro intermediarios expertos y dos figuras misteriosas que habían llegado en un vuelo privado bajo nombres falsos. ❛ Gente que sabe cómo pasar desapercibida ❜, murmuró Mine para sí mismo, frunciendo el ceño, ❛ eso no me gusta ❜. Cerró el portátil y regresó a la carpeta de cuero negro. Extrajo los documentos de la subasta, protegidos en bolsas selladas, y los extendió sobre la mesa como si fueran piezas de un artefacto explosivo que pudiera estallar al menor descuido. Novecientos millones de euros estaban en juego por un monopolio sobre tratamientos oncológicos. Si ganaba, el Clan Tojo tendría estabilidad por una década; si perdía, las consecuencias serían impensables. Pero Mine no se permitía pensar en la derrota. El avión cruzó la línea internacional de cambio de fecha y la luz exterior cambió, volviéndose de un azul pálido e infinito. Abajo, Europa comenzó a revelarse: los picos grises de los Urales, las luces parpadeantes de Moscú y las siluetas de Varsovia y Cracovia. ❛ Faltan tres horas ❜, anunció la voz metálica del piloto a través del altavoz, ❛ aterrizaremos en Viena a las 14:30 hora local ❜. Mine asintió para sus adentros. Tres horas eran suficientes para repasar los perfiles de seguridad una vez más. Abrió el compartimento trasero de su carpeta y sacó los expedientes del equipo de protección de Aegis Solutions. Nombres, fotografías y especialidades. Se preguntó brevemente qué clase de vida llevarían fuera de ese entorno, pero decidió que era mejor no saberlo. El aterrizaje en Viena-Schwechat fue tan suave que Mine solo supo que habían llegado por el leve chirrido de los neumáticos y el rugido de los motores invirtiendo su empuje. Por la ventanilla, Viena se mostraba bajo un cielo soleado, una ciudad de palacios preciosos y techos rojizos. Mine se ajustó la corbata y respiró hondo, sintiendo la vibración de su teléfono en el bolsillo. Era un mensaje de su secretaria. ❛ Patriarca. Bienvenido a Viena. Los documentos con los perfiles completos del equipo de seguridad han sido reenviados a su correo cifrado. Los seleccionados por Aegis Solutions le estarán esperando así podrán discutir los últimos detalles antes del traslado al hotel. ¿Necesita algo más? ❜ Mine escribió la respuesta con sus propios dedos, pues jamás delegaba algo tan personal como sus palabras. ❛ Gracias. Los leeré en el coche. ¿El equipo sabe cómo identificarme? ❜ La respuesta fue inmediata: ❛ Llevarán una señal acordada. No se preocupe, patriarca. Todo está bajo control ❜. Se levantó, ajustó los puños de su camisa, tomó su maletín y la carpeta de cuero negro. Caminó hacia la puerta de la aeronave, donde el sol de Viena acarició su piel bronceada. Viena es... preciosa, una joya del barrocco, una ciudad donde la historia se podía apreciar a simple vista, donde los jardines del Belvedere parecen sacados de un sueño y el aroma del café recién hecho invita a la contemplación. Es una verdadera lástima que para Mine toda esa belleza fuera una secundaria en este viaje.
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  • Nuevos amigos. Viejas alianzas
    Fandom The Walking Dead
    Categoría Drama
    ㅤㅤㅤㅤ
    ㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤ𝚂𝚃𝙰𝚁𝚃𝙴𝚁 𝚙𝚊𝚛𝚊 𝗟𝗲𝗼𝗻 𝗠𝗮𝗱𝗱𝗼𝘅




    Muchas cosas habían cambiado desde la muerte de Rick. Pareció que con su sacrificio, el líder de Alexandria se llevó tambien aquello que habia unificado a las comunidades. Como si fuera el corazón del grupo, al explotar el puente Rick habia iniciado la escisión de la familia que él mismo habia unido.

    Tras lo sucedido con Jocelyn y los niños, Michonne habia decidido cerrar las puertas de Alexandria a todo el mundo, a todo aquel que no fuera de la comunidad. Habia cerrado las puertas a la familia que tanto trabajo le habia costado a Rick y a la hermandad entre los pueblos. Las pocas noticias que llegaban de Hilltop eran de extraperlo pues Aaron aún seguía reuniéndose con Jesús de tanto en tanto.

    Y la vida en Alexandria continuó, con sus vaivenes y qué haceres cotidianos. Como tambien la vida de Rosita Espinosa quien, tras la guerra con los Salvadores tenía muchas heridas propias que sanar. Habia comenzado una relacion con Siddiq, el medico por el que Carl dio su vida, aunque en realidad Rosita sabía que no duraría. Ninguna de sus relaciones duraba demasiado. Parecía condenada a la soledad. No llegaba a encontrar nunca aquello que queria realmente, a alguien que la hiciera sentir fuerte, que estaba en casa, que tenía un hogar. Puede que esas fueran las razones que, recientemente la habían separado de Siddiq y le habían hecho refugiarse en brazos de Gabriel, quien estaba empecinado en encontrar nuevas personas en el exterior. A pesar de las reticencias y las normas de Michonne.

    Y pareció que el rescate de un grupo por parte de la pequeña Judith reavivo esas esperanzas del buen pastor, quien volvio a desempolvar el equipo de radio que Eugene habia encontrado. Hablando de aquel equipo de radio, Eugene le habia trasladado a Gabriel su idea de colocar un amplificador para llegar más lejos con la señal de radio.

    Y puede que aquella excursión de Eugene y Rosita fuera un nuevo comienzo. Trajo consigo demasiados cambios y dio la vuelta a todo lo que los supervivientes creían conocer. Como el hecho de que cuando estaban intentando colocar aquel amplificador, Rosita y Eugene se vieran rodeados por una horda de caminantes que, en teoría deberían de haber continuado su rumbo y terminaron regresando al lugar donde ellos se encontraban y, no solo eso… Parecieron iniciar una cacería contra ambos. Y, puede que producto del cansancio o la deshidratación, pero… Rosita juraría haberlos escuchado hablar entre sí.

    No estaría segura de aquello, pero tenía una cosa muy clara. Poner a salvo a Eugene y buscar ayuda era lo primordial. Y eso sería todo lo que ocuparía su mente antes de perder el sentido. Y ese pensamiento la acompañó hasta que despertó, de pronto, en la enfermería de Hilltop. Tras contarle la noticia a Michonne y Siddiq (quienes habían llegado a Hilltop trasladando al grupo que Judith habia rescatado) y recibir la prohibición por parte del propio Siddiq de moverse de la cama. Aunque Rosita no era de las que se quedaban sentadas… Y, aunque no pudiera hacer demasiado por Eugene y por el grupo de búsqueda que habia ido tras él, Rosita necesitaba hacer algo. Lo que fuera… A pesar de las recomendaciones de Siddiq, Rosita salió al exterior, a pesar de sentirse algo mareada. Intentando ignorar su presentimiento, ese con el que habia lidiado las últimas semanas, salió de Barrington House y rápidamente fue recibida con la cálida sonrisa de Carol y su maternal abrazo.

    -Hola… ¿Cómo estás? Me he enterado de lo de Eugene… Daryl ha ido a buscarlo con Aaron y Jesús. Tranquila, lo encontrarán -le dijo Carol.

    Rosita negó con la cabeza.

    -No… Están en peligro… He visto… No sé, creo que fuera cosa del cansancio pero te prometo que los escuchamos hablar…- ante la mirada de incomprensión de Carol, Rosita se explicó mejor- A los caminantes… Hablaban entre sí. Nos estaban buscando…

    Carol frunció los labios, preocupada.

    -No te preocupes… Darán con Eugene. Daryl es el mejor rastreador del país… -apretó suavemente su brazo- Deberías descansar…

    Rosita negó con la cabeza y cambio el peso de su cuerpo de un pie a otro.

    -No puedo… Estoy nerviosa y preocupada… -se mordió el labio inferior- ¿Por qué has venido? ¿Estás sola?

    Carol sonrió.

    -He venido a traer a Henry. Quiere aprender a ser herrero para ayudar al Reino… Es un buen chico. Además nos ha acompañado Leon. Es… nuevo… Ezekiel lo encontró hace cuatro años… Lo ha convertido en uno de sus guardias de confianza. No queria dejarnos solos..

    -Ezekiel es genial…- sonrió Rosita mientras Carol hacia una seña a Leon con una mano para que se acercara hasta ellas.
    ㅤㅤㅤㅤ ㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤ𝚂𝚃𝙰𝚁𝚃𝙴𝚁 𝚙𝚊𝚛𝚊 [Z0MBIEKILLER] ㅤ ㅤ ㅤ Muchas cosas habían cambiado desde la muerte de Rick. Pareció que con su sacrificio, el líder de Alexandria se llevó tambien aquello que habia unificado a las comunidades. Como si fuera el corazón del grupo, al explotar el puente Rick habia iniciado la escisión de la familia que él mismo habia unido. Tras lo sucedido con Jocelyn y los niños, Michonne habia decidido cerrar las puertas de Alexandria a todo el mundo, a todo aquel que no fuera de la comunidad. Habia cerrado las puertas a la familia que tanto trabajo le habia costado a Rick y a la hermandad entre los pueblos. Las pocas noticias que llegaban de Hilltop eran de extraperlo pues Aaron aún seguía reuniéndose con Jesús de tanto en tanto. Y la vida en Alexandria continuó, con sus vaivenes y qué haceres cotidianos. Como tambien la vida de Rosita Espinosa quien, tras la guerra con los Salvadores tenía muchas heridas propias que sanar. Habia comenzado una relacion con Siddiq, el medico por el que Carl dio su vida, aunque en realidad Rosita sabía que no duraría. Ninguna de sus relaciones duraba demasiado. Parecía condenada a la soledad. No llegaba a encontrar nunca aquello que queria realmente, a alguien que la hiciera sentir fuerte, que estaba en casa, que tenía un hogar. Puede que esas fueran las razones que, recientemente la habían separado de Siddiq y le habían hecho refugiarse en brazos de Gabriel, quien estaba empecinado en encontrar nuevas personas en el exterior. A pesar de las reticencias y las normas de Michonne. Y pareció que el rescate de un grupo por parte de la pequeña Judith reavivo esas esperanzas del buen pastor, quien volvio a desempolvar el equipo de radio que Eugene habia encontrado. Hablando de aquel equipo de radio, Eugene le habia trasladado a Gabriel su idea de colocar un amplificador para llegar más lejos con la señal de radio. Y puede que aquella excursión de Eugene y Rosita fuera un nuevo comienzo. Trajo consigo demasiados cambios y dio la vuelta a todo lo que los supervivientes creían conocer. Como el hecho de que cuando estaban intentando colocar aquel amplificador, Rosita y Eugene se vieran rodeados por una horda de caminantes que, en teoría deberían de haber continuado su rumbo y terminaron regresando al lugar donde ellos se encontraban y, no solo eso… Parecieron iniciar una cacería contra ambos. Y, puede que producto del cansancio o la deshidratación, pero… Rosita juraría haberlos escuchado hablar entre sí. No estaría segura de aquello, pero tenía una cosa muy clara. Poner a salvo a Eugene y buscar ayuda era lo primordial. Y eso sería todo lo que ocuparía su mente antes de perder el sentido. Y ese pensamiento la acompañó hasta que despertó, de pronto, en la enfermería de Hilltop. Tras contarle la noticia a Michonne y Siddiq (quienes habían llegado a Hilltop trasladando al grupo que Judith habia rescatado) y recibir la prohibición por parte del propio Siddiq de moverse de la cama. Aunque Rosita no era de las que se quedaban sentadas… Y, aunque no pudiera hacer demasiado por Eugene y por el grupo de búsqueda que habia ido tras él, Rosita necesitaba hacer algo. Lo que fuera… A pesar de las recomendaciones de Siddiq, Rosita salió al exterior, a pesar de sentirse algo mareada. Intentando ignorar su presentimiento, ese con el que habia lidiado las últimas semanas, salió de Barrington House y rápidamente fue recibida con la cálida sonrisa de Carol y su maternal abrazo. -Hola… ¿Cómo estás? Me he enterado de lo de Eugene… Daryl ha ido a buscarlo con Aaron y Jesús. Tranquila, lo encontrarán -le dijo Carol. Rosita negó con la cabeza. -No… Están en peligro… He visto… No sé, creo que fuera cosa del cansancio pero te prometo que los escuchamos hablar…- ante la mirada de incomprensión de Carol, Rosita se explicó mejor- A los caminantes… Hablaban entre sí. Nos estaban buscando… Carol frunció los labios, preocupada. -No te preocupes… Darán con Eugene. Daryl es el mejor rastreador del país… -apretó suavemente su brazo- Deberías descansar… Rosita negó con la cabeza y cambio el peso de su cuerpo de un pie a otro. -No puedo… Estoy nerviosa y preocupada… -se mordió el labio inferior- ¿Por qué has venido? ¿Estás sola? Carol sonrió. -He venido a traer a Henry. Quiere aprender a ser herrero para ayudar al Reino… Es un buen chico. Además nos ha acompañado Leon. Es… nuevo… Ezekiel lo encontró hace cuatro años… Lo ha convertido en uno de sus guardias de confianza. No queria dejarnos solos.. -Ezekiel es genial…- sonrió Rosita mientras Carol hacia una seña a Leon con una mano para que se acercara hasta ellas.
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  • Había ido a casa de Mia y Oliver aunque ya le pedí de forma un poco chapuzas que fuera mi madrina de boda, le tenía algo mejor. Además de que no solo Eli y yo nos íbamos a casar aquí en el mundo no mágico, también sería en el mundo mágico. Así que estábamos en el salón y le entrego una caja.

    - Espero que me digas que si... Porque somos un equipo Mia Argent
    Había ido a casa de Mia y Oliver aunque ya le pedí de forma un poco chapuzas que fuera mi madrina de boda, le tenía algo mejor. Además de que no solo Eli y yo nos íbamos a casar aquí en el mundo no mágico, también sería en el mundo mágico. Así que estábamos en el salón y le entrego una caja. - Espero que me digas que si... Porque somos un equipo [Thxhacker13]
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  • - Y así me gané el liderazgo del equipo, nada que unas buenas trompadas que no puedan resolver.
    - Y así me gané el liderazgo del equipo, nada que unas buenas trompadas que no puedan resolver.
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  • El ático en el piso cincuenta y dos de Manhattan olía a una mezcla costosa y decadente de perfume francés, tabaco frío y el rastro metálico del champán derramado. Deianira Zhorkeas estaba desplomada sobre el sofá de terciopelo esmeralda, con una pierna colgando hacia el suelo y la otra flexionada, revelando la silueta infinita que le había ganado portadas en las tres ediciones principales de Vogue solo ese año.

    La luz de la luna se filtraba por los ventanales de suelo a techo, iluminando las facciones de una mujer que parecía esculpida en mármol, si el mármol pudiera sudar ansiedad. Sus ojos, de un azul tan pálido que resultaba inquietante, estaban fijos en el techo, dilatados por algo más que la oscuridad. A su lado, sobre la mesa de cristal, descansaba su teléfono —estallando con notificaciones de su equipo de relaciones públicas y propuestas de negocios millonarios— junto a una línea de polvo blanco a medio terminar y una botella de whisky que costaba más que el alquiler mensual de la mayoría de la gente.

    —Qué aburrimiento... —susurró, su voz era una caricia áspera, dañada por los excesos—. Todo este maldito mundo a mis pies y sigo sintiendo que me falta el aire.

    Se incorporó con una gracia felina y peligrosa, el tirante de su vestido de seda deslizándose por su hombro. Deianira no solo era la cara de la moda internacional y la mente tras un imperio de cosméticos; era un agujero negro que devoraba todo a su paso. Su deseo no conocía límites, su sed no tenía fin, y su paciencia para la sobriedad se había agotado hacía años.

    Dio un trago largo directamente de la botella, sintiendo el ardor bajar por su garganta mientras buscaba a ciegas su bolso en busca de "el siguiente nivel". Necesitaba a alguien. No importaba quién, pero necesitaba un cuerpo contra el suyo, una distracción, una nueva forma de autodestruirse o, quizás, alguien que tuviera el valor de intentar seguirle el ritmo.

    Se giró hacia la puerta al escuchar un sonido, con una sonrisa depredadora dibujándose en sus labios pintados de carmín oscuro.

    —Llegas tarde —dijo, sin saber siquiera quién estaba allí, pero dispuesta a convertir a quien fuera en su próximo vicio—. Espero que traigas algo interesante, porque tengo una noche entera que olvidar.
    El ático en el piso cincuenta y dos de Manhattan olía a una mezcla costosa y decadente de perfume francés, tabaco frío y el rastro metálico del champán derramado. Deianira Zhorkeas estaba desplomada sobre el sofá de terciopelo esmeralda, con una pierna colgando hacia el suelo y la otra flexionada, revelando la silueta infinita que le había ganado portadas en las tres ediciones principales de Vogue solo ese año. La luz de la luna se filtraba por los ventanales de suelo a techo, iluminando las facciones de una mujer que parecía esculpida en mármol, si el mármol pudiera sudar ansiedad. Sus ojos, de un azul tan pálido que resultaba inquietante, estaban fijos en el techo, dilatados por algo más que la oscuridad. A su lado, sobre la mesa de cristal, descansaba su teléfono —estallando con notificaciones de su equipo de relaciones públicas y propuestas de negocios millonarios— junto a una línea de polvo blanco a medio terminar y una botella de whisky que costaba más que el alquiler mensual de la mayoría de la gente. —Qué aburrimiento... —susurró, su voz era una caricia áspera, dañada por los excesos—. Todo este maldito mundo a mis pies y sigo sintiendo que me falta el aire. Se incorporó con una gracia felina y peligrosa, el tirante de su vestido de seda deslizándose por su hombro. Deianira no solo era la cara de la moda internacional y la mente tras un imperio de cosméticos; era un agujero negro que devoraba todo a su paso. Su deseo no conocía límites, su sed no tenía fin, y su paciencia para la sobriedad se había agotado hacía años. Dio un trago largo directamente de la botella, sintiendo el ardor bajar por su garganta mientras buscaba a ciegas su bolso en busca de "el siguiente nivel". Necesitaba a alguien. No importaba quién, pero necesitaba un cuerpo contra el suyo, una distracción, una nueva forma de autodestruirse o, quizás, alguien que tuviera el valor de intentar seguirle el ritmo. Se giró hacia la puerta al escuchar un sonido, con una sonrisa depredadora dibujándose en sus labios pintados de carmín oscuro. —Llegas tarde —dijo, sin saber siquiera quién estaba allí, pero dispuesta a convertir a quien fuera en su próximo vicio—. Espero que traigas algo interesante, porque tengo una noche entera que olvidar.
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  • — He decidido que mejor sacarlo a pasear todo el tiempo posible para que no siga rompiendo cosas las cuales no puedo reponer porque me he gastado lo que tenía ahorrado, hay que trabajar en equipo
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    INVITACIÓN A TRAMA: "EL SUSPIRO DE JOTUNHEIM"

    ¡Hola a todos!

    Se viene una dinámica lineal (nada de multiversos) centrada en Sigurd Lokison y un "pequeño" incidente climático en Manhattan, estamos en Abril de 2026, pero parece que el invierno se ha negado a irse y ha traído refuerzos del Reino de los Gigantes de Hielo.

    ¿De qué trata?

    Sigurd ha decidido que la primavera neoyorquina es aburrida y ha canalizado su herencia Jotun para reclamar la isla.

    No es un frente frío meteorológico; es una invasión de temperatura absoluta que recuerda al frío eterno de Jotunheim.

    ADVERTENCIA: COLAPSO TÉCNICO

    Este frío no es natural, es magia pura de un reino prohibido. Tengan en cuenta que:

    Adiós a los smartphones: Las baterías mueren en segundos y las pantallas se quiebran por la contracción térmica.

    Tecnología en jaque: Los sensores de Industrias Stark y el equipo de alta tecnología están fallando o dando lecturas imposibles.

    Comunicaciones muertas: La atmósfera está tan cargada de energía gélida que las señales de radio y Wi-Fi apenas atraviesan la neblina de escarcha.

    ¿Quiénes pueden participar?

    ¡Todos! Desde el Vengador más poderoso hasta el civil más común:

    Héroes: ¿Cómo van a proteger a la ciudad sin tecnología y luchando contra una hipotermia divina?.

    Villanos: ¿Es este el momento de saquear o es hora de preocuparse porque su escondite ahora es un congelador?.

    Curiosos: Si conoces al "chico del café" de rizos oscuros, quizás sea el momento de ir a pedirle explicaciones (si es que logras llegar a Central Park con vida).

    ¿Dónde?

    La acción arranca en la Terraza de Bethesda (Central Park), donde Sigurd está disfrutando de su nueva obra de arte.

    ¡El tablero está puesto y el hielo está servido!

    ¿Quién se anima a intentar que abril vuelva a ser primavera?
    📢 INVITACIÓN A TRAMA: "EL SUSPIRO DE JOTUNHEIM" ❄️ ¡Hola a todos! Se viene una dinámica lineal (nada de multiversos) centrada en Sigurd Lokison y un "pequeño" incidente climático en Manhattan, estamos en Abril de 2026, pero parece que el invierno se ha negado a irse y ha traído refuerzos del Reino de los Gigantes de Hielo. ¿De qué trata? Sigurd ha decidido que la primavera neoyorquina es aburrida y ha canalizado su herencia Jotun para reclamar la isla. No es un frente frío meteorológico; es una invasión de temperatura absoluta que recuerda al frío eterno de Jotunheim. ⚠️ ADVERTENCIA: COLAPSO TÉCNICO Este frío no es natural, es magia pura de un reino prohibido. Tengan en cuenta que: Adiós a los smartphones: Las baterías mueren en segundos y las pantallas se quiebran por la contracción térmica. Tecnología en jaque: Los sensores de Industrias Stark y el equipo de alta tecnología están fallando o dando lecturas imposibles. Comunicaciones muertas: La atmósfera está tan cargada de energía gélida que las señales de radio y Wi-Fi apenas atraviesan la neblina de escarcha. ¿Quiénes pueden participar? ¡Todos! Desde el Vengador más poderoso hasta el civil más común: 🛡️ Héroes: ¿Cómo van a proteger a la ciudad sin tecnología y luchando contra una hipotermia divina?. 🦹 Villanos: ¿Es este el momento de saquear o es hora de preocuparse porque su escondite ahora es un congelador?. ☕ Curiosos: Si conoces al "chico del café" de rizos oscuros, quizás sea el momento de ir a pedirle explicaciones (si es que logras llegar a Central Park con vida). ¿Dónde? La acción arranca en la Terraza de Bethesda (Central Park), donde Sigurd está disfrutando de su nueva obra de arte. ¡El tablero está puesto y el hielo está servido! ¿Quién se anima a intentar que abril vuelva a ser primavera?
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    //Que bien se siente jugar una ranked en el LOL y que nadie te banee tu OTP, para asi tener la caceria perfecta jsjs

    Pdt: Odio cuando hay una OTP Lux en el equipo enemigo y despues en el mio alguien que no sabe de nada...
    //Que bien se siente jugar una ranked en el LOL y que nadie te banee tu OTP, para asi tener la caceria perfecta jsjs Pdt: Odio cuando hay una OTP Lux en el equipo enemigo y despues en el mio alguien que no sabe de nada...
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