• El suelo de piedra crujió bajo sus botas, rompiendo un silencio que parecía haber durado siglos y la vegetación devoraba los restos del antiguo templo, pero la majestuosidad de la entrada seguía intacta, coronada por un emblema dorado que resplandecía a pesar del moho. En el centro del camino, una katana clavada en la roca actuaba como una última y silenciosa advertencia.

    El aire se volvió denso de golpe, un frío sobrenatural comenzó a filtrarse desde las grietas de la madera vieja, trayendo consigo el olor a metal oxidado, ceniza y sangre antigua, los espíritus de los guerreros caídos no tardaron en manifestarse; el ambiente vibraba con el eco de susurros en un idioma olvidado.

    Antes de que Yue o 𝐒𝐎𝐋𝐃𝐈𝐄𝐑 pudieran avanzar un paso más, la realidad misma pareció distorsionarse.
    Dos colosales Oni, de piel roja como el fuego extinguido y ojos brillantes de ira ancestral, materializaron sus siluetas frente a las puertas de la forja.

    ── Bueno, esto mismo pasó la ultima vez que vine, pero estoy segura que es más justo un dos contra dos...──
    El suelo de piedra crujió bajo sus botas, rompiendo un silencio que parecía haber durado siglos y la vegetación devoraba los restos del antiguo templo, pero la majestuosidad de la entrada seguía intacta, coronada por un emblema dorado que resplandecía a pesar del moho. En el centro del camino, una katana clavada en la roca actuaba como una última y silenciosa advertencia. El aire se volvió denso de golpe, un frío sobrenatural comenzó a filtrarse desde las grietas de la madera vieja, trayendo consigo el olor a metal oxidado, ceniza y sangre antigua, los espíritus de los guerreros caídos no tardaron en manifestarse; el ambiente vibraba con el eco de susurros en un idioma olvidado. Antes de que Yue o [SOLDIER0] pudieran avanzar un paso más, la realidad misma pareció distorsionarse. Dos colosales Oni, de piel roja como el fuego extinguido y ojos brillantes de ira ancestral, materializaron sus siluetas frente a las puertas de la forja. ── Bueno, esto mismo pasó la ultima vez que vine, pero estoy segura que es más justo un dos contra dos...──
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  • #RolOn

    El bufón permanecía arrodillado ante su real alteza, inmóvil sobre el mármol frío del salón. Su traje tableado, dividido entre negro y rojo, resaltaba entre la sobriedad de la corte, mientras las pequeñas campanas de su gorro tintineaban apenas al respirar.

    Era nuevo en el reino. Aún no conocía del todo las reglas ni el temperamento de quienes ocupaban el castillo, pero esta vez deseaba cumplir correctamente con su deber. Hacer reír, aunque fuera una sola vez, a quien llevara el peso de la corona. Después de todo, ¿qué otro fin tendría un bufón? Sería inútil.
    #RolOn El bufón permanecía arrodillado ante su real alteza, inmóvil sobre el mármol frío del salón. Su traje tableado, dividido entre negro y rojo, resaltaba entre la sobriedad de la corte, mientras las pequeñas campanas de su gorro tintineaban apenas al respirar. Era nuevo en el reino. Aún no conocía del todo las reglas ni el temperamento de quienes ocupaban el castillo, pero esta vez deseaba cumplir correctamente con su deber. Hacer reír, aunque fuera una sola vez, a quien llevara el peso de la corona. Después de todo, ¿qué otro fin tendría un bufón? Sería inútil.
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  • -El estruendo de pasos hizo temblar toda la fortaleza subterranea, los Orcos rebeldes dejaron de hablar apenas escucharon aquello acercandose por los enormes tuneles de piedra. Algunos tomaron sus armas de inmediato. Otros comenzaron a gritar ordenes mientras el fuego de las antorchas iluminaba los rostros tensos de los guerreros. El aire dentro del enorme salon olia a humo, alcohol y hierro caliente... y entonces lo vieron, el ogro aparecio caminando lentamente entre las llamas, totalmente Solo. Su gigantesca figura azul casi rozaba el techo de piedra mientras avanzaba hacia el centro del salon, el fuego iluminaba las cicatrices que cubrian todo su cuerpo, sus enormes colmillos los cuernos negros curvados que salian de su cabeza. Su cabello largo y salvaje caia sobre sus hombros como una sombra oscura. No llevaba armadura, no llevaba armas, solo sus manos desnudas-

    -Y aun asi, nadie se movio, porque todos entendieron porque estaba alli, los habia encontrado , los desertores, los traidores, 700 orcos que abandonaron su ejercito creyendo que podrian esconderse en las montañas y formar su propia tribu lejos de el. Habian robado provisiones, armas y territorio. ALgunos incluso se habian atrevido a burlarse de su nombre despues de huir, y el Ogro habia venido personalmente a responderles, uno de los Lideres rebeldes dio un paso al frente levantando un enorme martillo de guerra, mientras rugia ordenes al resto-

    Lider Orco: "PREPARENSE CANALLAS! HOY ASESINAREMOS A LA BESTIA AZUL Y NOS CORONAREMOS COMO LOS REYES DE ESTAS TIERRAS! GLORIA A LA HORDA!"

    -Entonces comenzo, las primeras flechas impactaron directamente en el pecho del Ogro, otras atravezaron sus brazos y cuello, el no mostro dolor o miedo, solo continuo su caminar, las lanzas llegaron despues, clavandose en sus hombros y costados con violencia suficiente para atravesar armaduras normales. Varias espadas golpearon su cuerpo apenas alcanzo las primeras filas enemigas, pero el Monstruo Azul nunca se detuvo, ni siquiera intento cubrirse o esquivar esos ataques, sus ojos brillaban entre las sombras mientras avanzaba directamente hacia ellos, recibiendo todos los ataques de frente, como si el dolor simplemente no existiera para algo como el, y cuando finalmente llego hasta los primeros orcos.. la carniceria comenzo.-

    -Su mano atrapo la cabeza de uno de ellos y la aplasto como si fuese una fruta madura. Sangre y huesos explotaron sobre los guerreros cercanos antes de que el Ogro arrancara el brazo de otro rebelde de un tiron brutal. Los gritos llenaron el salon de inmediato, el monstruo reia a carcajadas, estaba disfrutando de ese banquete-

    "HAHAHAHAHAHAHA ES HORA DE APLASTAR ESCORIAS! HAHAHAHAHAHAHAHAHA!"

    -Una risa grave, salvaje y monstruosa que retumbaba por toda la fortaleza, una habilidad que anulaba los pensamientos de temor en sus enemigos y los obligaba a atacarlo, una habilidad de "Tanque" "Un Aggro", mientras destruia cuerpos a golpes, Orcos enormes eran levantados del suelo y partidos contra pilares de piedra. Algunos morian aplastados bajo sus propias tropas cuando el Ogro arrojaba cadaveres contra ellos. Otros intentaban escapar y terminaban atrapados entre sus manos gigantescas antes de ser despedazados vivos, hachas se hundian en su espalda, espadas atravezaban sus musculos, flechas cubrian su pecho, pero el seguia avanzando entre la multitud como una bestia imposible de detener. Cada vez que un arma se clavaba en su cuerpo, el ogro sonreia aun mas, porque para el.. aquello no era una batalla, era pura diversion-

    "HAHAHAHAHAHAHA! COMBATAN ESCORIAS! NO ALCANZARAN EL NIRVANA SI HUYEN DE MI! HAHAHAHAHA!"

    -Los Rebeldes dejaron de pelear organizadamente despues de los primeros minutos. El enorme salon se convirtio en un caos absoluto de sangre, fuego y cuerpos despedazados. Algunos orcos comenzaron a arrastrarse intentando a huir hacia los tuneles mientras otros gritaban aterrados viendo como el monstruos atravesaba filas enteras usando unicamente las manos desnudas, como tomaba del pecho a varios orcos y los estrellaba contra el techo, como los hundia contra la tierra, como los partia al medio, golpes poderosos, precisos repletos de daño explosivo de sus puñetazos, cabezas volando, brazos, piernas..sangre y caos, una autentica matanza, el ogro los persiguio igual, no dejo escapar a ninguno-

    "HAHAHAHAHAHAHAHAHA!"

    -Cuando todo termino, el silencio regreso lentamente al salon, el fuego seguia ardiendo alrededor de los cadaveres amontonados. Sangre negra descendia por las escaleras de piedra formando pequeños rios entre cuerpos mutilados. Craneos rotos cubrian el suelo junto a dientes, armas quebradas y restos irreconocibles de los guerreros rebeldes, y en medio de toda aquella masacre, el Ogro Seguia de pie, su cuerpo parecia un campo de batalla por si solo, espadas atravesaban sus hombros y espaldas. varias lanzas seguian incrustadas entre sus costillas. Flechas sobresalian de sus brazos, cuello y abdomen. Una enorme hacha permanecia enterrada profundamente cerca de su pecho mientras la sangre descendia lentamente por su piel azul, pero el respiraba tranquilo, sonriente-

    "Escoria apestosa.. ni una herida para recordar, sucias ratas desertoras."

    -Sus ojos observaban los cuerpos esparcidos alrededor suyo, mientras el fuego iluminaba las paredes cubiertas de cuerpos incrustados por lanzas, hundidos en impactos en las rocas, en el techo, en el suelo. Lentamente, el monstruo llevo una mano hacia una espada clavada en su costado y la arranco de un tiron rapido, la observo unos segundos y luego la lanzo hacia detras de el, clavandola directamente en la garganta del ultimo Orco vivo, el cual caeria de frente contra el trono destrozado de roca, este sonrio y volteo su cuerpo, dirigiendose hacia la salida del salon, perdiendose en la oscuridad del campo de batalla-
    -El estruendo de pasos hizo temblar toda la fortaleza subterranea, los Orcos rebeldes dejaron de hablar apenas escucharon aquello acercandose por los enormes tuneles de piedra. Algunos tomaron sus armas de inmediato. Otros comenzaron a gritar ordenes mientras el fuego de las antorchas iluminaba los rostros tensos de los guerreros. El aire dentro del enorme salon olia a humo, alcohol y hierro caliente... y entonces lo vieron, el ogro aparecio caminando lentamente entre las llamas, totalmente Solo. Su gigantesca figura azul casi rozaba el techo de piedra mientras avanzaba hacia el centro del salon, el fuego iluminaba las cicatrices que cubrian todo su cuerpo, sus enormes colmillos los cuernos negros curvados que salian de su cabeza. Su cabello largo y salvaje caia sobre sus hombros como una sombra oscura. No llevaba armadura, no llevaba armas, solo sus manos desnudas- -Y aun asi, nadie se movio, porque todos entendieron porque estaba alli, los habia encontrado , los desertores, los traidores, 700 orcos que abandonaron su ejercito creyendo que podrian esconderse en las montañas y formar su propia tribu lejos de el. Habian robado provisiones, armas y territorio. ALgunos incluso se habian atrevido a burlarse de su nombre despues de huir, y el Ogro habia venido personalmente a responderles, uno de los Lideres rebeldes dio un paso al frente levantando un enorme martillo de guerra, mientras rugia ordenes al resto- Lider Orco: "PREPARENSE CANALLAS! HOY ASESINAREMOS A LA BESTIA AZUL Y NOS CORONAREMOS COMO LOS REYES DE ESTAS TIERRAS! GLORIA A LA HORDA!" -Entonces comenzo, las primeras flechas impactaron directamente en el pecho del Ogro, otras atravezaron sus brazos y cuello, el no mostro dolor o miedo, solo continuo su caminar, las lanzas llegaron despues, clavandose en sus hombros y costados con violencia suficiente para atravesar armaduras normales. Varias espadas golpearon su cuerpo apenas alcanzo las primeras filas enemigas, pero el Monstruo Azul nunca se detuvo, ni siquiera intento cubrirse o esquivar esos ataques, sus ojos brillaban entre las sombras mientras avanzaba directamente hacia ellos, recibiendo todos los ataques de frente, como si el dolor simplemente no existiera para algo como el, y cuando finalmente llego hasta los primeros orcos.. la carniceria comenzo.- -Su mano atrapo la cabeza de uno de ellos y la aplasto como si fuese una fruta madura. Sangre y huesos explotaron sobre los guerreros cercanos antes de que el Ogro arrancara el brazo de otro rebelde de un tiron brutal. Los gritos llenaron el salon de inmediato, el monstruo reia a carcajadas, estaba disfrutando de ese banquete- "HAHAHAHAHAHAHA ES HORA DE APLASTAR ESCORIAS! HAHAHAHAHAHAHAHAHA!" -Una risa grave, salvaje y monstruosa que retumbaba por toda la fortaleza, una habilidad que anulaba los pensamientos de temor en sus enemigos y los obligaba a atacarlo, una habilidad de "Tanque" "Un Aggro", mientras destruia cuerpos a golpes, Orcos enormes eran levantados del suelo y partidos contra pilares de piedra. Algunos morian aplastados bajo sus propias tropas cuando el Ogro arrojaba cadaveres contra ellos. Otros intentaban escapar y terminaban atrapados entre sus manos gigantescas antes de ser despedazados vivos, hachas se hundian en su espalda, espadas atravezaban sus musculos, flechas cubrian su pecho, pero el seguia avanzando entre la multitud como una bestia imposible de detener. Cada vez que un arma se clavaba en su cuerpo, el ogro sonreia aun mas, porque para el.. aquello no era una batalla, era pura diversion- "HAHAHAHAHAHAHA! COMBATAN ESCORIAS! NO ALCANZARAN EL NIRVANA SI HUYEN DE MI! HAHAHAHAHA!" -Los Rebeldes dejaron de pelear organizadamente despues de los primeros minutos. El enorme salon se convirtio en un caos absoluto de sangre, fuego y cuerpos despedazados. Algunos orcos comenzaron a arrastrarse intentando a huir hacia los tuneles mientras otros gritaban aterrados viendo como el monstruos atravesaba filas enteras usando unicamente las manos desnudas, como tomaba del pecho a varios orcos y los estrellaba contra el techo, como los hundia contra la tierra, como los partia al medio, golpes poderosos, precisos repletos de daño explosivo de sus puñetazos, cabezas volando, brazos, piernas..sangre y caos, una autentica matanza, el ogro los persiguio igual, no dejo escapar a ninguno- "HAHAHAHAHAHAHAHAHA!" -Cuando todo termino, el silencio regreso lentamente al salon, el fuego seguia ardiendo alrededor de los cadaveres amontonados. Sangre negra descendia por las escaleras de piedra formando pequeños rios entre cuerpos mutilados. Craneos rotos cubrian el suelo junto a dientes, armas quebradas y restos irreconocibles de los guerreros rebeldes, y en medio de toda aquella masacre, el Ogro Seguia de pie, su cuerpo parecia un campo de batalla por si solo, espadas atravesaban sus hombros y espaldas. varias lanzas seguian incrustadas entre sus costillas. Flechas sobresalian de sus brazos, cuello y abdomen. Una enorme hacha permanecia enterrada profundamente cerca de su pecho mientras la sangre descendia lentamente por su piel azul, pero el respiraba tranquilo, sonriente- "Escoria apestosa.. ni una herida para recordar, sucias ratas desertoras." -Sus ojos observaban los cuerpos esparcidos alrededor suyo, mientras el fuego iluminaba las paredes cubiertas de cuerpos incrustados por lanzas, hundidos en impactos en las rocas, en el techo, en el suelo. Lentamente, el monstruo llevo una mano hacia una espada clavada en su costado y la arranco de un tiron rapido, la observo unos segundos y luego la lanzo hacia detras de el, clavandola directamente en la garganta del ultimo Orco vivo, el cual caeria de frente contra el trono destrozado de roca, este sonrio y volteo su cuerpo, dirigiendose hacia la salida del salon, perdiendose en la oscuridad del campo de batalla-
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  • ---

    En este crepúsculo sin sombra,
    en los que arden los deseos de un apremio que llega sin anunciación,
    reverencio a tu corazón entre enjambres sagrados,
    Virgen entre suspiros conocida.

    Un néctar fino emerge de tus labios.
    El carmín de tus maneras, como ondulas con el violáceo matiz de tu sonrisa,
    que es un embriagador licor de naranjas, ese como el que viertes sobre mí,
    y en los que apuras el borde de continentes de una locura sin tiempo,
    sobre la geografía de mi cuerpo.

    Si este hechizo tiene nombre, quisiera perderme en tus recuerdos,
    Que son castillos en el cielo.
    Oh, Eva extraviada entre tu Jardín que es el Edén de mis principios y mis fines.
    Si mis labios pudieran nombrarte, me desvanecería y nacería de nuevo.

    Mujer extraña, nocturna Dama, tú, que renuevas la sociedad de mis estrellas.
    ¿Puedes escucharme?
    ¿Me anhelas tanto como yo a tus tormentas de Coriolis?
    Aunque vistas el éxtasis del cielo con tus promesas conocidas,
    Serás la portadora de mis ayeres y mis días.
    Y yo en cambio te soñaría como la portadora de un manto, sagrada,
    en el que también eres la fiereza del corazón del mar.
    Que no perdona a quién ama con los colores de un mundo que no se ha visto.

    Saberte real o una ilusión no me importa,
    siempre que no apagues las lámparas que alumbran nuestras ingenuidades al soñar,
    Como una sagaz trilogía de cascadas y de nieve.
    En el invierno que derrite los cuerpos que se persiguen en un vals interminable.
    Y me pregunto por qué;
    Si esto es real o fantasía.
    Si vemos el mundo con lo que se toca, en un libro doloroso de amor y de incendios al imaginarte siendo mía.

    Como sólo las doncellas son rescatadas de las bocas de los lobos.

    Y yo soy más ilícito de todos los que han logrado dar con tu realidad,
    entre imperios y atardeceres de mañanas.
    Oh, tierra de gracias, dueña de mi vida, espejo de mis sueños.
    Sagrada niña mujer, mujer niña, tú con tu vestido de orquídeas ante perfiles de mi propia codicia.
    No hay retorno para mí, y, vuelo, en el paraíso encarnado que sólo eres tú, y tan sólo tú.
    Y me pierdo entre el lecho de tus abrazos,
    Siento que no hay vuelta atrás.
    Oh, amanecer de tardes de un no retorno,
    Nos mezclamos como cazadores el uno del otro.

    Y al correr detrás de las luces de los campos de todos tus conjuros,
    Oh, hechicera de la noche, nos hacemos uno, y entre entregas de sentires en los que me transformo en tu siervo,
    Amparo mi despertar en el trono de la entrega,
    Que se piensa, y es la más sagrada de todas las historias.

    Oh, ven a mí, dama de hipnosis en los labios, reparte tus marcas en mi cuerpo.
    Así reviviré de nuevo,
    Así viviré con una corona depuesta por ti,
    en este tiempo detenido.
    En el que podré ser tuyo,
    En tus paraísos que se mecen ya entre nosotros,
    Y así finalmente,
    recrearme en el encuentro con tu propia euforia.

    --- En este crepúsculo sin sombra, en los que arden los deseos de un apremio que llega sin anunciación, reverencio a tu corazón entre enjambres sagrados, Virgen entre suspiros conocida. Un néctar fino emerge de tus labios. El carmín de tus maneras, como ondulas con el violáceo matiz de tu sonrisa, que es un embriagador licor de naranjas, ese como el que viertes sobre mí, y en los que apuras el borde de continentes de una locura sin tiempo, sobre la geografía de mi cuerpo. Si este hechizo tiene nombre, quisiera perderme en tus recuerdos, Que son castillos en el cielo. Oh, Eva extraviada entre tu Jardín que es el Edén de mis principios y mis fines. Si mis labios pudieran nombrarte, me desvanecería y nacería de nuevo. Mujer extraña, nocturna Dama, tú, que renuevas la sociedad de mis estrellas. ¿Puedes escucharme? ¿Me anhelas tanto como yo a tus tormentas de Coriolis? Aunque vistas el éxtasis del cielo con tus promesas conocidas, Serás la portadora de mis ayeres y mis días. Y yo en cambio te soñaría como la portadora de un manto, sagrada, en el que también eres la fiereza del corazón del mar. Que no perdona a quién ama con los colores de un mundo que no se ha visto. Saberte real o una ilusión no me importa, siempre que no apagues las lámparas que alumbran nuestras ingenuidades al soñar, Como una sagaz trilogía de cascadas y de nieve. En el invierno que derrite los cuerpos que se persiguen en un vals interminable. Y me pregunto por qué; Si esto es real o fantasía. Si vemos el mundo con lo que se toca, en un libro doloroso de amor y de incendios al imaginarte siendo mía. Como sólo las doncellas son rescatadas de las bocas de los lobos. Y yo soy más ilícito de todos los que han logrado dar con tu realidad, entre imperios y atardeceres de mañanas. Oh, tierra de gracias, dueña de mi vida, espejo de mis sueños. Sagrada niña mujer, mujer niña, tú con tu vestido de orquídeas ante perfiles de mi propia codicia. No hay retorno para mí, y, vuelo, en el paraíso encarnado que sólo eres tú, y tan sólo tú. Y me pierdo entre el lecho de tus abrazos, Siento que no hay vuelta atrás. Oh, amanecer de tardes de un no retorno, Nos mezclamos como cazadores el uno del otro. Y al correr detrás de las luces de los campos de todos tus conjuros, Oh, hechicera de la noche, nos hacemos uno, y entre entregas de sentires en los que me transformo en tu siervo, Amparo mi despertar en el trono de la entrega, Que se piensa, y es la más sagrada de todas las historias. Oh, ven a mí, dama de hipnosis en los labios, reparte tus marcas en mi cuerpo. Así reviviré de nuevo, Así viviré con una corona depuesta por ti, en este tiempo detenido. En el que podré ser tuyo, En tus paraísos que se mecen ya entre nosotros, Y así finalmente, recrearme en el encuentro con tu propia euforia.
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  • ---

    En este tórrido deseo, enhebro una rosa en el augurio de tus puertas de piedra;
    Me someto al albor de tus sirenas,
    Sagrada encendida como una lámpara del este.

    Oh, destello de ruedas del tiempo, que no dejan de andar en el arriba y el abajo.
    Brindaré ante este silencio; de ingerible porte.
    Ayúdame a invadir las lumbres de tus terrenos malnacidos.
    En estos camposantos de príncipes, sin iris, sin sonrisa;
    Engarza tus indóciles siluetas cuando bailes para mí;
    En el umbral de mi cuello.
    Tú, dama de la noche,
    Oscura mañana,
    Negrura de Soles insolentes.

    Vivo entre estas tinieblas de tu amor; y espero y tan sólo espero, sumergirme entre las olas de tu tarde.
    Una tarde que compite por la venia ejecutada; en el umbral de las fauces de los lobos; vestidos de cordero.

    Oh, tu caperuza de sangre; oh tu estrechada canasta de manzanas de oro y leche de agrias cabras;
    Son mi aguamiel y paraíso.
    Para mí.

    Mi mariposa de añil color; con los ojos de un púrpureo poniente;
    Encalla una guirnalda de muérdagos a tu cuerpo de guitarra; y viveme ante el amparo de mis fauces.

    Y ya mi emperatriz sin corona; ahora que descansaré mi cabeza en tu lecho;
    ¿No será mejor amaestrar a otros soberanos?
    En la primavera de tu vientre, en el verano de las cicatrices de tu ombligo, en el invierno entre tus cosenos;
    Me verán despertar; como las agujas que cosen las tardes, despiertan del otoño entre tus cielos.

    Y la borgoña de mi corazón;
    El enjambre de mi amor;
    Rige las puertas de tus tinieblas;
    Y la negrura de tus cabellos serán crepúsculos;
    Y convertirán tu risa en maravillas.
    En el abrigo, de inmortal conquista; ante tu risa sideral.
    Como en los nunca.
    Como en los para siempre;
    De batallas y cobijos ancestrales.

    Como un batallar eterno entre los labios del Sol y de la Luna.
    --- En este tórrido deseo, enhebro una rosa en el augurio de tus puertas de piedra; Me someto al albor de tus sirenas, Sagrada encendida como una lámpara del este. Oh, destello de ruedas del tiempo, que no dejan de andar en el arriba y el abajo. Brindaré ante este silencio; de ingerible porte. Ayúdame a invadir las lumbres de tus terrenos malnacidos. En estos camposantos de príncipes, sin iris, sin sonrisa; Engarza tus indóciles siluetas cuando bailes para mí; En el umbral de mi cuello. Tú, dama de la noche, Oscura mañana, Negrura de Soles insolentes. Vivo entre estas tinieblas de tu amor; y espero y tan sólo espero, sumergirme entre las olas de tu tarde. Una tarde que compite por la venia ejecutada; en el umbral de las fauces de los lobos; vestidos de cordero. Oh, tu caperuza de sangre; oh tu estrechada canasta de manzanas de oro y leche de agrias cabras; Son mi aguamiel y paraíso. Para mí. Mi mariposa de añil color; con los ojos de un púrpureo poniente; Encalla una guirnalda de muérdagos a tu cuerpo de guitarra; y viveme ante el amparo de mis fauces. Y ya mi emperatriz sin corona; ahora que descansaré mi cabeza en tu lecho; ¿No será mejor amaestrar a otros soberanos? En la primavera de tu vientre, en el verano de las cicatrices de tu ombligo, en el invierno entre tus cosenos; Me verán despertar; como las agujas que cosen las tardes, despiertan del otoño entre tus cielos. Y la borgoña de mi corazón; El enjambre de mi amor; Rige las puertas de tus tinieblas; Y la negrura de tus cabellos serán crepúsculos; Y convertirán tu risa en maravillas. En el abrigo, de inmortal conquista; ante tu risa sideral. Como en los nunca. Como en los para siempre; De batallas y cobijos ancestrales. Como un batallar eterno entre los labios del Sol y de la Luna.
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  • ---

    Ella inspira incluso en el Silencio.

    En este tributo de maravillas, perdura una conquista;
    Ya consciente, la más amada;

    el terreno de mi corazón aún no ha sido tocado; por un beso tuyo;
    pero si la tarde que sangra; como un reflejo de mí mismo.

    Oh, me recreo en mí mismo para hallarte tan vestida;
    como una emperatriz de las estrellas;
    pero sin corona; más que con el grácil de tu sonrisa;
    tu matiz insalvable;
    ese que ha iluminado el aclarado de mis noches;
    en la que las que la Luna;
    me susurra promesas y candores ante un propio e inmortal amor.
    Que no comprendo.

    En el cosmos hemos sido uno;
    manos con manos;
    cuerpos entrelazados en la distancia;
    en los que se gobiernan la crisma de tus labios; sobre mí;
    Aunque no conozco el roce más que el de tus cabellos;
    sobre el génesis de mis mejillas.
    Mis rosas; mis más amargos sueños;
    quedan resquebrajados desde que existes en mis sueños;

    Ah, no existen suficientes confesiones;
    ante este cielo que sangra por tí;
    Y en el que he añorado el tributo de una majestad;
    en las que perdura tu rostro.
    Oh, sagradas son las cascadas de heraldos de invierno;
    que se derrite;
    en las que he imaginado amarte;

    Oh, como lo que debí medir y desmedir;
    Y ya no importa;
    mi propio eco, ese que proviene de la euforia;
    Más allá de marchar en la lontananza.
    de tanto en tanto se quebranta;
    En este; el amparo de una mañana que no llega.

    Pero tú; doncella de ébano y marfil;
    de sidéreo amar consagrado;
    me revistes con tus caricias;
    que como una;
    me vi raptar de tus mejillas;
    en el instante que te amé;
    sin conocerte.

    Un silencio que habla;
    tan solo por y para mí.

    --- Ella inspira incluso en el Silencio. En este tributo de maravillas, perdura una conquista; Ya consciente, la más amada; el terreno de mi corazón aún no ha sido tocado; por un beso tuyo; pero si la tarde que sangra; como un reflejo de mí mismo. Oh, me recreo en mí mismo para hallarte tan vestida; como una emperatriz de las estrellas; pero sin corona; más que con el grácil de tu sonrisa; tu matiz insalvable; ese que ha iluminado el aclarado de mis noches; en la que las que la Luna; me susurra promesas y candores ante un propio e inmortal amor. Que no comprendo. En el cosmos hemos sido uno; manos con manos; cuerpos entrelazados en la distancia; en los que se gobiernan la crisma de tus labios; sobre mí; Aunque no conozco el roce más que el de tus cabellos; sobre el génesis de mis mejillas. Mis rosas; mis más amargos sueños; quedan resquebrajados desde que existes en mis sueños; Ah, no existen suficientes confesiones; ante este cielo que sangra por tí; Y en el que he añorado el tributo de una majestad; en las que perdura tu rostro. Oh, sagradas son las cascadas de heraldos de invierno; que se derrite; en las que he imaginado amarte; Oh, como lo que debí medir y desmedir; Y ya no importa; mi propio eco, ese que proviene de la euforia; Más allá de marchar en la lontananza. de tanto en tanto se quebranta; En este; el amparo de una mañana que no llega. Pero tú; doncella de ébano y marfil; de sidéreo amar consagrado; me revistes con tus caricias; que como una; me vi raptar de tus mejillas; en el instante que te amé; sin conocerte. Un silencio que habla; tan solo por y para mí.
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  • ---

    Soy el dueño de tus sueños;
    lienzo de acústicas rupturas,
    me tiendes ante el templo como un anciano;
    un animal amaestrado.
    Verso siniestro; amada amante,
    dueña de mis temperas acusativas.
    Líricos abismos; cartas que se amaron;
    cuando la noche le forjó mariposas al día.

    Me tiendes sobre el arsénico de tus labios;
    hieres mis campañas; mis riesgos de regadíos a tus rosas.
    Soy temple de verbo diferente;
    un predicado entre verbos que se miran a los ojos.
    Inclina tu corona ante mí; hazme el amor con tu sonrisa.
    Tu liana; tus dianas de trigonometría.
    Una dimensión de la que bebo y en la que renazco.

    Es el néctar entre tus cosenos;
    tu torso de notoría majestad.
    Verme en este averno sin la capacidad de soñarte.
    Es mi pienso de epsilones;
    un agraciado lucero en el que pernoctan mis oraciones.

    Junto a ti; mi majestad.
    --- Soy el dueño de tus sueños; lienzo de acústicas rupturas, me tiendes ante el templo como un anciano; un animal amaestrado. Verso siniestro; amada amante, dueña de mis temperas acusativas. Líricos abismos; cartas que se amaron; cuando la noche le forjó mariposas al día. Me tiendes sobre el arsénico de tus labios; hieres mis campañas; mis riesgos de regadíos a tus rosas. Soy temple de verbo diferente; un predicado entre verbos que se miran a los ojos. Inclina tu corona ante mí; hazme el amor con tu sonrisa. Tu liana; tus dianas de trigonometría. Una dimensión de la que bebo y en la que renazco. Es el néctar entre tus cosenos; tu torso de notoría majestad. Verme en este averno sin la capacidad de soñarte. Es mi pienso de epsilones; un agraciado lucero en el que pernoctan mis oraciones. Junto a ti; mi majestad.
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  • Flashback: "𝙱𝙸𝙴𝙽𝚅𝙴𝙽𝙸𝙳𝙰 𝙰𝙻 𝙴𝚀𝚄𝙸𝙿𝙾"
    Fandom MENTES CRIMINALES
    Categoría Slice of Life
    𝚂𝚃𝙰𝚁𝚃𝙴𝚁 𝙿𝙰𝚁𝙰 Sean Wesson


    Hace cuatro años…

    Siendo sinceros, ¿cuántas personas tenían la suerte de enviar su solicitud para entrar en el FBI y ser aceptadas? No demasiadas, ¿verdad? Y ahora… ¿Cuántas personas conseguían entrar en la Unidad de Análisis de Conducta? Muchísimas menos. Las probabilidades de entrar en la Unidad de ciencias del comportamiento eran mucho menores que el que te tocase la lotería. Aquel departamento era la joya de la corona, la creme de la creme. Allí solo entraban los mejores.

    Y Lauren habia pasado la vida esforzándose para ser una de las mejores. Desde que era una niña habia trabajado el doble para llegar a donde habia llegado. Sus raíces puertorriqueñas no le habían hecho un favor en un país como Estados Unidos. Pero si lo habia hecho su tesón y su afán por superarse a sí misma. Su currículo era testigo de esto.

    Después de graduarse en Criminología Forense y terminar su postgrado sobre Análisis de Escenas del Crimen, el cual habia realizado a la vez que se preparaba en la Academia, Lauren habia pasado dos años trabajando para la división de Narcotráfico en la policía de DC. Logró ascenso a Homicidios y allí siguió formándose y realizando cursos del FBI. Pues desde que habia entrado en la universidad, Lauren tenía una meta clara.

    Supo que habia tenido suerte de que Aaron Hotchner y Martin Hammond la vieran en acción cuando la UAC acudió a ayudar con un caso de terrorismo en la ciudad. Y no era tan engreída como para pensarlo, pero cuando su teléfono habia sonado dos semanas atrás anunciándole que habia un puesto vacante para ella en el Equipo B de la UAC, la muchacha no cabía en sí. En un primer momento pensó que alguien le estaba gastando una broma. No creyó que era verdad hasta que, tras recoger sus credenciales, se reunió con Erin Strauss, la jefa del Departamento.

    Y mientras Strauss alababa su currículo y sus éxitos laborales, Lauren tenía la sensación de estar viviendo un sueño del que tenía miedo de despertar. La voz de la jefa del departamento parecía distorsionarse en sus oídos y solo cuando percibió como ella se ponía en pie, Lauren lo hizo también.

    Alargó una mano para estrechar la de la contraria.

    -Bienvenida al FBI, agente Smith -dijo la mujer estrechando su mano con firmeza- ¿Quiere que le presente al resto de la Unidad?

    >> Siquiera recordaría que habia asentido, estaba tan nerviosa que tenía un nudo en el estómago y la cabeza embotada. Y esa sensación de eco que la habia embargado toda la mañana se disipó cuando tuvo delante a su nuevo jefe y sus compañeros en el que sería su nuevo lugar de trabajo.

    Erin los dejó tras un par de palabras más y Lauren se quedó allí sola con…

    -Martin Hammond -un tipo alto de cabello rubio y ojos azules alargó su mano derecha, y Lauren la estrechó con firmeza- Bienvenida, agente Smith. Deje que le presente al resto del equipo…

    Hammond soltó la mano de la agente y con esta señaló a los dos hombres cerca de ellos.

    -El agente Jack Tessaro, JT para los compañeros y amigos…- mientras Hammond lo presentaba el hombre se adelantó para estrechar la mano de la fémina.

    “Es un placer, agente Smith”, dijo Tessaro.

    -Y el agente Sean Wesson -la presentación recayó en un hombre de ojos castaños y cabello oscuro, ligeramente entrecano cubierto de bucles.

    Lauren curvó una suave sonrisa y alargó su mano.

    -Agente Wesson. Encantada de conocerle…
    𝚂𝚃𝙰𝚁𝚃𝙴𝚁 𝙿𝙰𝚁𝙰 [WESS0N] Hace cuatro años… Siendo sinceros, ¿cuántas personas tenían la suerte de enviar su solicitud para entrar en el FBI y ser aceptadas? No demasiadas, ¿verdad? Y ahora… ¿Cuántas personas conseguían entrar en la Unidad de Análisis de Conducta? Muchísimas menos. Las probabilidades de entrar en la Unidad de ciencias del comportamiento eran mucho menores que el que te tocase la lotería. Aquel departamento era la joya de la corona, la creme de la creme. Allí solo entraban los mejores. Y Lauren habia pasado la vida esforzándose para ser una de las mejores. Desde que era una niña habia trabajado el doble para llegar a donde habia llegado. Sus raíces puertorriqueñas no le habían hecho un favor en un país como Estados Unidos. Pero si lo habia hecho su tesón y su afán por superarse a sí misma. Su currículo era testigo de esto. Después de graduarse en Criminología Forense y terminar su postgrado sobre Análisis de Escenas del Crimen, el cual habia realizado a la vez que se preparaba en la Academia, Lauren habia pasado dos años trabajando para la división de Narcotráfico en la policía de DC. Logró ascenso a Homicidios y allí siguió formándose y realizando cursos del FBI. Pues desde que habia entrado en la universidad, Lauren tenía una meta clara. Supo que habia tenido suerte de que Aaron Hotchner y Martin Hammond la vieran en acción cuando la UAC acudió a ayudar con un caso de terrorismo en la ciudad. Y no era tan engreída como para pensarlo, pero cuando su teléfono habia sonado dos semanas atrás anunciándole que habia un puesto vacante para ella en el Equipo B de la UAC, la muchacha no cabía en sí. En un primer momento pensó que alguien le estaba gastando una broma. No creyó que era verdad hasta que, tras recoger sus credenciales, se reunió con Erin Strauss, la jefa del Departamento. Y mientras Strauss alababa su currículo y sus éxitos laborales, Lauren tenía la sensación de estar viviendo un sueño del que tenía miedo de despertar. La voz de la jefa del departamento parecía distorsionarse en sus oídos y solo cuando percibió como ella se ponía en pie, Lauren lo hizo también. Alargó una mano para estrechar la de la contraria. -Bienvenida al FBI, agente Smith -dijo la mujer estrechando su mano con firmeza- ¿Quiere que le presente al resto de la Unidad? >> Siquiera recordaría que habia asentido, estaba tan nerviosa que tenía un nudo en el estómago y la cabeza embotada. Y esa sensación de eco que la habia embargado toda la mañana se disipó cuando tuvo delante a su nuevo jefe y sus compañeros en el que sería su nuevo lugar de trabajo. Erin los dejó tras un par de palabras más y Lauren se quedó allí sola con… -Martin Hammond -un tipo alto de cabello rubio y ojos azules alargó su mano derecha, y Lauren la estrechó con firmeza- Bienvenida, agente Smith. Deje que le presente al resto del equipo… Hammond soltó la mano de la agente y con esta señaló a los dos hombres cerca de ellos. -El agente Jack Tessaro, JT para los compañeros y amigos…- mientras Hammond lo presentaba el hombre se adelantó para estrechar la mano de la fémina. “Es un placer, agente Smith”, dijo Tessaro. -Y el agente Sean Wesson -la presentación recayó en un hombre de ojos castaños y cabello oscuro, ligeramente entrecano cubierto de bucles. Lauren curvó una suave sonrisa y alargó su mano. -Agente Wesson. Encantada de conocerle…
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  • 𝑨𝒃𝒓𝒆 𝒍𝒂 𝒑𝒖𝒆𝒓𝒕𝒂 𝒂𝒍 𝒅𝒆𝒔𝒕𝒊𝒏𝒐
    Fandom The Vampire Diaries // OC
    Categoría Aventura
    𝘚𝑡𝘢𝑟𝘵𝑒𝘳 𝘱𝑎𝘳𝑎: Pierre LeRoi


    El castillo se quedaba en un inquebrantable silencio cuando se iban.
    El jolgorio, las risas y las conversaciones entre hermanos se alejaban al tiempo que el resonar de los cascos de los caballos se perdía en el horizonte. No era la primera vez que los veía partir, desde aquella terraza, la más alta y cercana a sus aposentos, sin saber cuándo volverían.
    En aquella ocasión casi había caído el sol por completo sobre el horizonte cuando por fin decide dar la espalda al mundo exterior y volver dentro.

    Habían pasado varias semanas en las que por supuesto no había pasado el tiempo lamentándose y llorando por las esquinas la partida de su esposo. Ella tenía sus propios intereses, sus propios pasatiempos, en su mayor parte relacionados con su propia persona y su don.
    No eran pocas las horas que pasaba con Merlín, bebiendo de su sabiduría, aprendiendo de él a pesar de únicamente ser capaz de crear magia cuando la absorbía de una fuente, ya fuera humana o inanimada.
    Por supuesto también tenía deberes, en ausencia del Rey el mundo no se detenía, ni la vida en el reino tampoco, las tierras seguían necesitando una mano firme y justa a la vez que guiara sus pasos, y el pueblo profesaba un amor y respeto hacia su reina equiparable al que demostraban al hombre que se ceñía la corona.

    Como digo habían pasado varias semanas, y aquel día, el cual parecía que iba a discurrir como cualquier otro, le llega la noticia. Volvían. La noticia había llegado hasta ella, viajando por el aire en cuanto los jinetes habían llegado a la frontera del reino.
    Así para cuando la muralla se abre, todo el mundo allí está preparado para recibirles, o al menos eso piensan, pues nadie allí esperaba la sorpresa que llevaban con ellos.

    Era un muchacho, tenía un terrible aspecto, y perfectamente podría ser un cadáver si no se observaba con atención. El contraste de la palidez de su rostro con el bermellón brillante de la sangre distraía a los ojos, obligando a usar una atención más precisa para ver su pecho subir y bajar de forma casi imperceptible.

    Sus ojos claros tan solo se separan del muchacho cuando le bajar del caballo con agilidad, y llegar hasta ella para rodearla con sus brazos, como si fuera una necesidad, como si nada tuviera tanta prioridad al llegar a casa como aquella cercanía.

    — ¿Habéis tenido complicaciones? ¿Os encontráis todo bien? ¿Quién es él?
    𝘚𝑡𝘢𝑟𝘵𝑒𝘳 𝘱𝑎𝘳𝑎: [ALS0NAMEDARTHUR] El castillo se quedaba en un inquebrantable silencio cuando se iban. El jolgorio, las risas y las conversaciones entre hermanos se alejaban al tiempo que el resonar de los cascos de los caballos se perdía en el horizonte. No era la primera vez que los veía partir, desde aquella terraza, la más alta y cercana a sus aposentos, sin saber cuándo volverían. En aquella ocasión casi había caído el sol por completo sobre el horizonte cuando por fin decide dar la espalda al mundo exterior y volver dentro. Habían pasado varias semanas en las que por supuesto no había pasado el tiempo lamentándose y llorando por las esquinas la partida de su esposo. Ella tenía sus propios intereses, sus propios pasatiempos, en su mayor parte relacionados con su propia persona y su don. No eran pocas las horas que pasaba con Merlín, bebiendo de su sabiduría, aprendiendo de él a pesar de únicamente ser capaz de crear magia cuando la absorbía de una fuente, ya fuera humana o inanimada. Por supuesto también tenía deberes, en ausencia del Rey el mundo no se detenía, ni la vida en el reino tampoco, las tierras seguían necesitando una mano firme y justa a la vez que guiara sus pasos, y el pueblo profesaba un amor y respeto hacia su reina equiparable al que demostraban al hombre que se ceñía la corona. Como digo habían pasado varias semanas, y aquel día, el cual parecía que iba a discurrir como cualquier otro, le llega la noticia. Volvían. La noticia había llegado hasta ella, viajando por el aire en cuanto los jinetes habían llegado a la frontera del reino. Así para cuando la muralla se abre, todo el mundo allí está preparado para recibirles, o al menos eso piensan, pues nadie allí esperaba la sorpresa que llevaban con ellos. Era un muchacho, tenía un terrible aspecto, y perfectamente podría ser un cadáver si no se observaba con atención. El contraste de la palidez de su rostro con el bermellón brillante de la sangre distraía a los ojos, obligando a usar una atención más precisa para ver su pecho subir y bajar de forma casi imperceptible. Sus ojos claros tan solo se separan del muchacho cuando le bajar del caballo con agilidad, y llegar hasta ella para rodearla con sus brazos, como si fuera una necesidad, como si nada tuviera tanta prioridad al llegar a casa como aquella cercanía. — ¿Habéis tenido complicaciones? ¿Os encontráis todo bien? ¿Quién es él?
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  • Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
    Esto se ha publicado como Out Of Character.
    Tenlo en cuenta al responder.
    El aire en el salón principal de la mansión Romanov se sentía más pesado que de costumbre. El tintineo de la cucharilla de plata contra la porcelana era el único sonido que se atrevía a desafiar el silencio, hasta que Sasha dejó la taza sobre la mesa con una elegancia que Maral reconoció como el preludio de un interrogatorio.

    —La paciencia, Maral, es una virtud en nuestro mundo, pero incluso la mía tiene límites —sentenció Sasha, sin apartar sus ojos gélidos de su hija—. Los nombres han estado sobre la mesa durante semanas. Alianzas que podrían consolidar nuestro imperio o destruirlo. ¿A qué esperas?

    Maral respiró hondo, sintiendo el frío contacto del metal de su daga, la Habibi, oculta bajo la tela de su ropa. Era su ancla, el recordatorio de que, aunque su madre controlara los hilos de la familia, ella aún era dueña de su propio acero.

    —No es una decisión que deba tomarse entre el desayuno y el almuerzo, madre —respondió Maral con una calma estudiada, aunque por dentro sus nervios se tensaban como cuerdas de violín—. Un matrimonio en la Bratva no es un romance, es un contrato de sangre. Y no estoy dispuesta a firmar mi sentencia con alguien que no sepa distinguir la lealtad del miedo.
    Sasha se inclinó hacia adelante, su sombra proyectándose larga sobre la mesa de caoba.

    —Me hablas de lealtad, pero tu silencio parece más bien una rebelión —dijo la matriarca con voz suave, casi peligrosa—. He recibido llamadas de Moscú, de Chicago, incluso de los clanes del sur. Todos preguntan por la joya de los Romanov. Si no eliges tú, elegiré yo. Y te aseguro que mi criterio no tendrá en cuenta tus sentimientos, solo los intereses del apellido.

    Maral sintió el impulso de llevarse la mano a la empuñadura de su daga, pero se obligó a mantener las manos entrelazadas sobre la mesa. No podía mostrar debilidad, ni tampoco una agresividad que su madre usaría en su contra.

    —Entiendo perfectamente lo que está en juego —replicó Maral, sosteniendo la mirada de la mujer que la había criado para ser un arma—. Pero si quieres que esta alianza sea duradera, necesito un hombre que sea un pilar, no una carga. Dame una semana más. Estoy analizando los movimientos de cada candidato. No quiero un esposo, quiero un socio que no me apuñale por la espalda cuando tú ya no estés para protegerme.

    Sasha guardó silencio durante unos segundos que parecieron eternos. Finalmente, se reclinó en su silla y soltó un suspiro imperceptible.

    —Una semana, Maral. Ni un día más —concedió Sasha, levantándose de la mesa—. Pero recuerda: en esta familia, el destino se escribe con sangre, no con dudas.

    Cuando la matriarca abandonó la habitación, Maral soltó el aire que no sabía que estaba reteniendo. Sacó la Habibi por un momento, observando el reflejo de la luz en la hoja afilada. Su madre quería una boda; Maral, por ahora, solo quería sobrevivir a la próxima cena sin que el peso de la corona Romanov terminara por asfixiarla.
    El aire en el salón principal de la mansión Romanov se sentía más pesado que de costumbre. El tintineo de la cucharilla de plata contra la porcelana era el único sonido que se atrevía a desafiar el silencio, hasta que Sasha dejó la taza sobre la mesa con una elegancia que Maral reconoció como el preludio de un interrogatorio. —La paciencia, Maral, es una virtud en nuestro mundo, pero incluso la mía tiene límites —sentenció Sasha, sin apartar sus ojos gélidos de su hija—. Los nombres han estado sobre la mesa durante semanas. Alianzas que podrían consolidar nuestro imperio o destruirlo. ¿A qué esperas? Maral respiró hondo, sintiendo el frío contacto del metal de su daga, la Habibi, oculta bajo la tela de su ropa. Era su ancla, el recordatorio de que, aunque su madre controlara los hilos de la familia, ella aún era dueña de su propio acero. —No es una decisión que deba tomarse entre el desayuno y el almuerzo, madre —respondió Maral con una calma estudiada, aunque por dentro sus nervios se tensaban como cuerdas de violín—. Un matrimonio en la Bratva no es un romance, es un contrato de sangre. Y no estoy dispuesta a firmar mi sentencia con alguien que no sepa distinguir la lealtad del miedo. Sasha se inclinó hacia adelante, su sombra proyectándose larga sobre la mesa de caoba. —Me hablas de lealtad, pero tu silencio parece más bien una rebelión —dijo la matriarca con voz suave, casi peligrosa—. He recibido llamadas de Moscú, de Chicago, incluso de los clanes del sur. Todos preguntan por la joya de los Romanov. Si no eliges tú, elegiré yo. Y te aseguro que mi criterio no tendrá en cuenta tus sentimientos, solo los intereses del apellido. Maral sintió el impulso de llevarse la mano a la empuñadura de su daga, pero se obligó a mantener las manos entrelazadas sobre la mesa. No podía mostrar debilidad, ni tampoco una agresividad que su madre usaría en su contra. —Entiendo perfectamente lo que está en juego —replicó Maral, sosteniendo la mirada de la mujer que la había criado para ser un arma—. Pero si quieres que esta alianza sea duradera, necesito un hombre que sea un pilar, no una carga. Dame una semana más. Estoy analizando los movimientos de cada candidato. No quiero un esposo, quiero un socio que no me apuñale por la espalda cuando tú ya no estés para protegerme. Sasha guardó silencio durante unos segundos que parecieron eternos. Finalmente, se reclinó en su silla y soltó un suspiro imperceptible. —Una semana, Maral. Ni un día más —concedió Sasha, levantándose de la mesa—. Pero recuerda: en esta familia, el destino se escribe con sangre, no con dudas. Cuando la matriarca abandonó la habitación, Maral soltó el aire que no sabía que estaba reteniendo. Sacó la Habibi por un momento, observando el reflejo de la luz en la hoja afilada. Su madre quería una boda; Maral, por ahora, solo quería sobrevivir a la próxima cena sin que el peso de la corona Romanov terminara por asfixiarla.
    Me shockea
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