• Encajar es una forma lenta de domesticación.
    La amabilidad fingida te mantiene dócil, y el silencio “correcto” acaba haciendo lo que una sonrisa nunca se atreve.


    ☽⛧✶✦⸸✠☽⛧✶✦⸸✠☽⛧✶✦⸸✠☽⛧✶✦⸸✠



    A la mierda. En un rato se me ha olvidado.
    Encajar es una forma lenta de domesticación. La amabilidad fingida te mantiene dócil, y el silencio “correcto” acaba haciendo lo que una sonrisa nunca se atreve. ☽⛧✶✦⸸✠☽⛧✶✦⸸✠☽⛧✶✦⸸✠☽⛧✶✦⸸✠ A la mierda. En un rato se me ha olvidado.
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  • Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
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    —​Rio suspiró por quinta vez en menos de diez minutos, sosteniendo la bolsa de plástico con una delicadeza que contrastaba con la mirada de pocos amigos que le lanzaba a la montaña de frutas. Ella, que siempre cuidaba cada detalle de su apariencia y movimientos, se sentía fuera de lugar debatiendo mentalmente si una mandarina estaba "demasiado blanda" para los estándares de [??].

    ​— Tch, este hombre... ¿Por qué demonios no pudo venir a buscarlas él mismo? —murmuró para sí misma, asegurándose de que nadie en el pasillo la escuchara perder la compostura—.Seguro está en casa descansando mientras yo parezco su asistente personal...—

    ​Se acomodó el bolso de cadena dorada sobre el hombro con un movimiento seco y elegante, mientras examinaba una mandarina como si fuera una pieza de joyería fina. El contraste era ridículo: una mujer vestida con un ceñido y sofisticado vestido gris, con el cabello perfectamente recogido, peleándose internamente con el precio de las naranjas.

    ​— Si cree que voy a elegirle las mejores después de esto, está muy equivocado—pensó, aunque sus manos seguían buscando instintivamente las piezas con mejor color—. Le llevaré las más ácidas que encuentre, a ver si así la próxima vez se digna a mover un pie fuera de casa.—

    ​Con un último bufido de indignación, se dio la vuelta para ir a la caja, tratando de recuperar su aire de superioridad a pesar de que la bolsa de plástico chirriaba de forma muy poco glamurosa con cada paso que daba.
    —​Rio suspiró por quinta vez en menos de diez minutos, sosteniendo la bolsa de plástico con una delicadeza que contrastaba con la mirada de pocos amigos que le lanzaba a la montaña de frutas. Ella, que siempre cuidaba cada detalle de su apariencia y movimientos, se sentía fuera de lugar debatiendo mentalmente si una mandarina estaba "demasiado blanda" para los estándares de [??]. ​— Tch, este hombre... ¿Por qué demonios no pudo venir a buscarlas él mismo? —murmuró para sí misma, asegurándose de que nadie en el pasillo la escuchara perder la compostura—.Seguro está en casa descansando mientras yo parezco su asistente personal...— ​Se acomodó el bolso de cadena dorada sobre el hombro con un movimiento seco y elegante, mientras examinaba una mandarina como si fuera una pieza de joyería fina. El contraste era ridículo: una mujer vestida con un ceñido y sofisticado vestido gris, con el cabello perfectamente recogido, peleándose internamente con el precio de las naranjas. ​— Si cree que voy a elegirle las mejores después de esto, está muy equivocado—pensó, aunque sus manos seguían buscando instintivamente las piezas con mejor color—. Le llevaré las más ácidas que encuentre, a ver si así la próxima vez se digna a mover un pie fuera de casa.— ​Con un último bufido de indignación, se dio la vuelta para ir a la caja, tratando de recuperar su aire de superioridad a pesar de que la bolsa de plástico chirriaba de forma muy poco glamurosa con cada paso que daba.
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  • El rugido de los motores llena el desierto del Outer Ring como un trueno rodante. Lighter va al frente, bufanda roja ondeando como bandera de guerra, gafas de sol reflejando el sol implacable.
    Caesar a su derecha, riendo a carcajadas mientras acelera para alcanzarlo, la moto rugiendo como si tuviera vida propia.
    Lucy y Piper detrás, Lucy gritando algo sobre "¡no me dejen atrás, idiotas!" mientras Piper solo sonríe tranquila, el viento revolviéndole el pelo.
    Lighter levanta una mano sin mirar atrás, señalando la ruta que se pierde entre dunas y rocas. Grita por encima del ruido:
    -¡Vamos, Sons! ¡El que llegue último paga la siguiente ronda en el bar de Big Daddy!
    El rugido de los motores llena el desierto del Outer Ring como un trueno rodante. Lighter va al frente, bufanda roja ondeando como bandera de guerra, gafas de sol reflejando el sol implacable. Caesar a su derecha, riendo a carcajadas mientras acelera para alcanzarlo, la moto rugiendo como si tuviera vida propia. Lucy y Piper detrás, Lucy gritando algo sobre "¡no me dejen atrás, idiotas!" mientras Piper solo sonríe tranquila, el viento revolviéndole el pelo. Lighter levanta una mano sin mirar atrás, señalando la ruta que se pierde entre dunas y rocas. Grita por encima del ruido: -¡Vamos, Sons! ¡El que llegue último paga la siguiente ronda en el bar de Big Daddy!
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  • Como escritora empedernida desde los doce años, siempre quiso ser parte de algo que cambiara su vida por completo. Con el paso del tiempo, la oportunidad de alcanzar la magia que relataba en sus libros, cada vez se alejaba más... Hasta que se fue a vivir con su abuela; una mujer loca según sus padres, Pero una caja repleta de fantasías y secretos para la pequeña de catorce años en ese entonces.

    Siempre adoró a su abuela, creía que ella era la puerta hacia el mundo que le gustaría explorar a través de sus novelas.

    Sin embargo, la misma persona que adoró durante años también se convirtió en la causante de su maldición.


    ~Baram una noche se fue a dormir y al día siguiente despertó con un cigarro entre los labios y los pies colgando desde el borde de una azotea.

    Nunca había fumado en sus veintiséis años de mísera existencia.

    Y odiaba las alturas.

    Dió la casualidad de que en ciertos periodos de tiempo perdía la consciencia y otro ser tomaba el control de su cuerpo.

    ¿Era personalidad múltiple o un demonio que había sido sellado dentro de su cuerpo? Era la palabra del psiquiatra contra la de su abuela.



    Como escritora empedernida desde los doce años, siempre quiso ser parte de algo que cambiara su vida por completo. Con el paso del tiempo, la oportunidad de alcanzar la magia que relataba en sus libros, cada vez se alejaba más... Hasta que se fue a vivir con su abuela; una mujer loca según sus padres, Pero una caja repleta de fantasías y secretos para la pequeña de catorce años en ese entonces. Siempre adoró a su abuela, creía que ella era la puerta hacia el mundo que le gustaría explorar a través de sus novelas. Sin embargo, la misma persona que adoró durante años también se convirtió en la causante de su maldición. ~Baram una noche se fue a dormir y al día siguiente despertó con un cigarro entre los labios y los pies colgando desde el borde de una azotea. Nunca había fumado en sus veintiséis años de mísera existencia. Y odiaba las alturas. Dió la casualidad de que en ciertos periodos de tiempo perdía la consciencia y otro ser tomaba el control de su cuerpo. ¿Era personalidad múltiple o un demonio que había sido sellado dentro de su cuerpo? Era la palabra del psiquiatra contra la de su abuela.
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  • El cuartel de Devil May Cry estaba envuelto en una calma extraña, casi sospechosa.

    En el sofá, con las piernas cruzadas y una caja de pizza apoyada sobre varios pergaminos demoníacos antiguos, estaba Dante… chaqueta roja abierta, botas sobre la mesa, cabello desordenado y mirada afilada, aunque en ese momento estaba más concentrada en no manchar los textos arcanos con grasa.

    —Mmh…

    murmuró mientras mordía una rebanada de pizza

    —. Pepperoni. Clásico infernal.

    Con la otra mano sostenía un pergamino cubierto de símbolos demoníacos que brillaban tenuemente.

    —“El Devoraalmas puede poseer cuerpos vacíos si el ritual se ejecuta bajo una luna sangrante…”

    leyó en voz baja

    —. Wow. Qué intenso. Ni yo cuando no me han dado de comer.

    Una gota de queso cayó peligrosamente sobre un sello de invocación.

    —¡Ey, no!

    la limpió rápido con una servilleta

    —. Esto vale más que la pizza… bueno… casi.

    Dante siguió leyendo, sorprendentemente enfocada.

    —“…los demonios abisales reaccionan a frecuencias sonoras específicas.”

    alzó una ceja

    —. ¿Entonces si les pongo heavy metal los puedo desintegrar? Huh. Lo anoto.

    Escribió con letra ordenada en una hoja llena de notas tácticas, a pesar de estar rodeada de cajas de pizza, libros malditos y migas.

    —Si combino este sello con un círculo de sangre…

    murmuró pensativa

    —. Podría atrapar a un archidemonio sin que destruya la ciudad…

    Miró su pizza.

    —…pero también podría pedirme otra de cuatro quesos.

    Se recostó en el sofá con un suspiro dramático.

    —Ser una cazademonios genial es duro, ¿sabes?

    Le dio otro mordisco a la pizza y siguió estudiando magia prohibida como si fuera lo más normal del mundo.
    El cuartel de Devil May Cry estaba envuelto en una calma extraña, casi sospechosa. En el sofá, con las piernas cruzadas y una caja de pizza apoyada sobre varios pergaminos demoníacos antiguos, estaba Dante… chaqueta roja abierta, botas sobre la mesa, cabello desordenado y mirada afilada, aunque en ese momento estaba más concentrada en no manchar los textos arcanos con grasa. —Mmh… murmuró mientras mordía una rebanada de pizza —. Pepperoni. Clásico infernal. Con la otra mano sostenía un pergamino cubierto de símbolos demoníacos que brillaban tenuemente. —“El Devoraalmas puede poseer cuerpos vacíos si el ritual se ejecuta bajo una luna sangrante…” leyó en voz baja —. Wow. Qué intenso. Ni yo cuando no me han dado de comer. Una gota de queso cayó peligrosamente sobre un sello de invocación. —¡Ey, no! la limpió rápido con una servilleta —. Esto vale más que la pizza… bueno… casi. Dante siguió leyendo, sorprendentemente enfocada. —“…los demonios abisales reaccionan a frecuencias sonoras específicas.” alzó una ceja —. ¿Entonces si les pongo heavy metal los puedo desintegrar? Huh. Lo anoto. Escribió con letra ordenada en una hoja llena de notas tácticas, a pesar de estar rodeada de cajas de pizza, libros malditos y migas. —Si combino este sello con un círculo de sangre… murmuró pensativa —. Podría atrapar a un archidemonio sin que destruya la ciudad… Miró su pizza. —…pero también podría pedirme otra de cuatro quesos. Se recostó en el sofá con un suspiro dramático. —Ser una cazademonios genial es duro, ¿sabes? Le dio otro mordisco a la pizza y siguió estudiando magia prohibida como si fuera lo más normal del mundo.
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  • —A decir verdad, eres espantosamente lindo~

    Riendo mientras jugaba con el pequeño minino, se quedó en su escritorio, intentando tomarlo en brazos para dejarlo en una repisa, aunque terminó soltando la carcajada al verlo cual fideo colgando de sus manos.

    —Definitivamente no eres normal~
    —A decir verdad, eres espantosamente lindo~ Riendo mientras jugaba con el pequeño minino, se quedó en su escritorio, intentando tomarlo en brazos para dejarlo en una repisa, aunque terminó soltando la carcajada al verlo cual fideo colgando de sus manos. —Definitivamente no eres normal~
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  • Hacía tiempo que no soltaba una carcajada tan genuina a costa de la ignorancia ajena. Resulta casi adorable que piensen que ese gramo de relevancia los hace blanco de envidias. Si este es el estándar de las nuevas generaciones, prefiero seguir observando desde la comodidad de las sombras.
    Hacía tiempo que no soltaba una carcajada tan genuina a costa de la ignorancia ajena. Resulta casi adorable que piensen que ese gramo de relevancia los hace blanco de envidias. Si este es el estándar de las nuevas generaciones, prefiero seguir observando desde la comodidad de las sombras.
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  • Navidad, año nuevo, las festividades habían llegado a su final ambos se entregaron obsequios bajo las luces del árbol que habían armado con tanto cariño.

    El tiempo, que no se detiene y perdona los favorece demasiado. Kensuke con más seguridad ha tomado una decisión y aunque el rechazo podría sentirse palpable a la vuelta de la esquina como una bala perdida, lo hizo.

    Visito una joyería y compro un anillo, sin decirle a sus padres, sin comentarle a su hermano, sin contarle a sus amigos sin que nadie supiera más que él y el vendedor.

    Nervioso, efectivamente, pero estaba seguro de una cosa 𝑴𝒊𝒌𝒂 大沢 era con quien quería estar y este era un paso muy serio en su relación.

    Preparo un escenario, una cita antes de volver a sus actividades diarias pues el trabajo y la universidad lo tendrían del cuello al igual que a su novia en el departamento donde trabaja, era entendible son adultos que necesitan resolver, pero juntos jamás separados.

    Llegaron a una pequeña festividad de inicio de año, bajo las farolas de la gran ciudad, se dirigieron al templo y rezaron.

    — Para que podamos estar siempre juntos. — Agregó él.

    Cuando Mika se viera desprevenida, bajo las luces, bajo e beso de la Luna, Kensuke tenía una caja abierta en dirección a ella y solo a ella con una sonrisa, con seguridad pero el corazón latiendo con fuerza en su pecho.

    — Mika. ¿Quieres casarte conmigo?.

    https://x.com/i/status/1998388160212996114
    Navidad, año nuevo, las festividades habían llegado a su final ambos se entregaron obsequios bajo las luces del árbol que habían armado con tanto cariño. El tiempo, que no se detiene y perdona los favorece demasiado. Kensuke con más seguridad ha tomado una decisión y aunque el rechazo podría sentirse palpable a la vuelta de la esquina como una bala perdida, lo hizo. Visito una joyería y compro un anillo, sin decirle a sus padres, sin comentarle a su hermano, sin contarle a sus amigos sin que nadie supiera más que él y el vendedor. Nervioso, efectivamente, pero estaba seguro de una cosa [Mika.O] era con quien quería estar y este era un paso muy serio en su relación. Preparo un escenario, una cita antes de volver a sus actividades diarias pues el trabajo y la universidad lo tendrían del cuello al igual que a su novia en el departamento donde trabaja, era entendible son adultos que necesitan resolver, pero juntos jamás separados. Llegaron a una pequeña festividad de inicio de año, bajo las farolas de la gran ciudad, se dirigieron al templo y rezaron. — Para que podamos estar siempre juntos. — Agregó él. Cuando Mika se viera desprevenida, bajo las luces, bajo e beso de la Luna, Kensuke tenía una caja abierta en dirección a ella y solo a ella con una sonrisa, con seguridad pero el corazón latiendo con fuerza en su pecho. — Mika. ¿Quieres casarte conmigo?. https://x.com/i/status/1998388160212996114
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  • Desde lo alto de la azotea, Lyra había dejado que la ciudad se desdibujara ante sus ojos. Donde ahora se alzaban edificios fríos y luces constantes, su memoria insistía en devolverle otras formas, calles estrechas, piedra húmeda, sombras profundas donde la noche parecía respirar. Lugares que ya no existían, pero que para ella seguían intactos. Allí había corrido cuando apenas tenía nueve años.

    Huía de los Varkhûn, vampiros sanguinarios para quienes la sangre noble era ofrenda y destino. Incluso siendo una niña, Lyra lo sabía. Sabía que su linaje la marcaba, que por sus padres su sangre tenía valor. Aquella noche no corría solo para escapar...corría porque iba a ser sacrificada. Porque debía morir junto a ellos.

    La lluvia había caído sin piedad, empapándole el cabello, cegándole los ojos. Sus rodillas y brazos estaban cubiertos de raspones, la piel ardiendo con cada tropiezo, pero no se había detenido. El miedo era más fuerte que el dolor. Solo pensaba en esconderse, en seguir adelante, en no desobedecer la última voz que había escuchado.
    Su madre se había arrodillado frente a ella, con una calma rota que no encajaba con el horror de la noche. Con manos temblorosas le había colocado el collar alrededor del cuello, ajustándolo con cuidado, como si ese gesto pudiera protegerla del mundo.

    ♧ Corre, Lyra -le había susurrado -No mires atrás. Pase lo que pase… yo siempre estaré en tu corazón -Entonces corrió...corrió aferrándose a esas palabras. No miró atrás. No vio cómo sus padres se quedaban. No vio cómo la noche los reclamaba. Solo apretó el collar contra su pecho, creyendo que aquel objeto era lo único que la mantenía con vida. Lo único que le quedaba de ellos.

    No murió esa noche. No como estaba escrito. Vivió gracias al sacrificio de sus padres, y esa verdad se había convertido en una herida silenciosa que el tiempo nunca cerró. Ahora, siglos después, Lyra suspiró despacio. El sonido se perdió en el aire nocturno. Sus dedos rozaron el collar con un gesto cansado, nostálgico.

    ♧ Suficiente -se dijo a sí misma -Los lamentos no traen a los muertos de vuelta -su mente, traicionera, insinuó otra posibilidad -A menos que… no - Se obligó a apartar ese pensamiento. Comunicarse con ellos, buscar sus voces más allá del velo, era demasiado arriesgado. Ya lo había intentado una vez. Recordaba demasiado bien cómo había terminado. Nada había salido como esperaba… y las consecuencias aún la perseguían.

    Cerró los ojos un instante, dejando que la nostalgia se drenara de su mente. Cuando volvió a abrirlos, la ciudad seguía allí, viva e indiferente. Ella permanecía inmóvil, con el peso del pasado colgando de su cuello, que parecía recordarle los estragos de su yo de la niñez.
    Desde lo alto de la azotea, Lyra había dejado que la ciudad se desdibujara ante sus ojos. Donde ahora se alzaban edificios fríos y luces constantes, su memoria insistía en devolverle otras formas, calles estrechas, piedra húmeda, sombras profundas donde la noche parecía respirar. Lugares que ya no existían, pero que para ella seguían intactos. Allí había corrido cuando apenas tenía nueve años. Huía de los Varkhûn, vampiros sanguinarios para quienes la sangre noble era ofrenda y destino. Incluso siendo una niña, Lyra lo sabía. Sabía que su linaje la marcaba, que por sus padres su sangre tenía valor. Aquella noche no corría solo para escapar...corría porque iba a ser sacrificada. Porque debía morir junto a ellos. La lluvia había caído sin piedad, empapándole el cabello, cegándole los ojos. Sus rodillas y brazos estaban cubiertos de raspones, la piel ardiendo con cada tropiezo, pero no se había detenido. El miedo era más fuerte que el dolor. Solo pensaba en esconderse, en seguir adelante, en no desobedecer la última voz que había escuchado. Su madre se había arrodillado frente a ella, con una calma rota que no encajaba con el horror de la noche. Con manos temblorosas le había colocado el collar alrededor del cuello, ajustándolo con cuidado, como si ese gesto pudiera protegerla del mundo. ♧ Corre, Lyra -le había susurrado -No mires atrás. Pase lo que pase… yo siempre estaré en tu corazón -Entonces corrió...corrió aferrándose a esas palabras. No miró atrás. No vio cómo sus padres se quedaban. No vio cómo la noche los reclamaba. Solo apretó el collar contra su pecho, creyendo que aquel objeto era lo único que la mantenía con vida. Lo único que le quedaba de ellos. No murió esa noche. No como estaba escrito. Vivió gracias al sacrificio de sus padres, y esa verdad se había convertido en una herida silenciosa que el tiempo nunca cerró. Ahora, siglos después, Lyra suspiró despacio. El sonido se perdió en el aire nocturno. Sus dedos rozaron el collar con un gesto cansado, nostálgico. ♧ Suficiente -se dijo a sí misma -Los lamentos no traen a los muertos de vuelta -su mente, traicionera, insinuó otra posibilidad -A menos que… no - Se obligó a apartar ese pensamiento. Comunicarse con ellos, buscar sus voces más allá del velo, era demasiado arriesgado. Ya lo había intentado una vez. Recordaba demasiado bien cómo había terminado. Nada había salido como esperaba… y las consecuencias aún la perseguían. Cerró los ojos un instante, dejando que la nostalgia se drenara de su mente. Cuando volvió a abrirlos, la ciudad seguía allí, viva e indiferente. Ella permanecía inmóvil, con el peso del pasado colgando de su cuello, que parecía recordarle los estragos de su yo de la niñez.
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  • ᴬʳᵃⁿᵗⁱʳ ᴺ A̶e̶n̶s̶l̶a̶n̶d̶ creo que encontré un personaje que encaja bien con usted .
    [storm_copper_giraffe_951] creo que encontré un personaje que encaja bien con usted .
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