• Oye , oye sabes que me paso hoy!
    Hice una bomba , pegajosa en el gran salonde los dioses deviste verlo Hasta la cara de maestro loki de carcajada

    -cuenta emocionada-
    Oye , oye sabes que me paso hoy! Hice una bomba , pegajosa en el gran salonde los dioses deviste verlo Hasta la cara de maestro loki de carcajada -cuenta emocionada-
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  • Dicen que el amor no entiende de edad ni polo opuesto, realmente mi vida no ha sido de color de rosa como bien sabes. Me anularon los sentimientos para que fuera eficaz en un maldito experimento y aquí estoy desafiando a ello, mientras tú eres calmado en tu trabajo, yo soy él caos de este. Mientras tú creas el perfil que puede encajar conmigo, yo busco pistas para dar con esa persona. Mientras tú sueles decir palabrotas en momentos puntuales, lo mio es algo común.

    Pero también a veces me da por ser cariñosa y demostrar que puedo amar, no me arrepiento de estar contigo y nunca dudaré de nuestro amor. Te amo mi agente Oliver Williams
    Dicen que el amor no entiende de edad ni polo opuesto, realmente mi vida no ha sido de color de rosa como bien sabes. Me anularon los sentimientos para que fuera eficaz en un maldito experimento y aquí estoy desafiando a ello, mientras tú eres calmado en tu trabajo, yo soy él caos de este. Mientras tú creas el perfil que puede encajar conmigo, yo busco pistas para dar con esa persona. Mientras tú sueles decir palabrotas en momentos puntuales, lo mio es algo común. Pero también a veces me da por ser cariñosa y demostrar que puedo amar, no me arrepiento de estar contigo y nunca dudaré de nuestro amor. Te amo mi agente [Th_xSnow]
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  • Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
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    Sueño de Selin — Parte II

    Parte I: https://ficrol.com/posts/345777


    Despierto tranquila.
    Demasiado.

    La noche se ha retirado sin resistencia y, al abrir los ojos, veo a Akane durmiendo junto a mí. Su respiración es lenta, profunda. Real.
    Durante un instante pienso que todo ha sido solo un sueño más.
    Entonces lo siento.
    Un pulso.
    Suave, constante.

    Un poder que viene de ella, pero que no es suyo.
    Mi mano se mueve sola.

    La yema de mis dedos roza su vientre y, en cuanto lo hago, el mundo encaja de golpe.
    No hay visiones.
    No hay palabras.
    Solo certeza.

    —¿Selin…?—
    No responde.
    No hace falta.

    Entonces lo sé.
    Con una claridad que no admite duda.
    Akane está en cinta.
    Y algo —alguien— acaba de encontrar el camino de regreso.
    Sueño de Selin — Parte II Parte I: https://ficrol.com/posts/345777 Despierto tranquila. Demasiado. La noche se ha retirado sin resistencia y, al abrir los ojos, veo a Akane durmiendo junto a mí. Su respiración es lenta, profunda. Real. Durante un instante pienso que todo ha sido solo un sueño más. Entonces lo siento. Un pulso. Suave, constante. Un poder que viene de ella, pero que no es suyo. Mi mano se mueve sola. La yema de mis dedos roza su vientre y, en cuanto lo hago, el mundo encaja de golpe. No hay visiones. No hay palabras. Solo certeza. —¿Selin…?— No responde. No hace falta. Entonces lo sé. Con una claridad que no admite duda. Akane está en cinta. Y algo —alguien— acaba de encontrar el camino de regreso.
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  • ─── Supongo que tendré que aprender a estar sola otra vez...

    Dijo aquello mientras caminaba tranquilamente, no volvería a la cabaña donde vivía con Rian. Llevaba solo una caja con las cosas que iba a conservar.

    ─── Por lo menos podré volver a casa de mis padres está vez.
    ─── Supongo que tendré que aprender a estar sola otra vez... Dijo aquello mientras caminaba tranquilamente, no volvería a la cabaña donde vivía con Rian. Llevaba solo una caja con las cosas que iba a conservar. ─── Por lo menos podré volver a casa de mis padres está vez.
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  • ──── 𝐿𝑙𝑒𝑔𝑎𝑑𝑎 𝑎 𝑡𝑖𝑒𝑟𝑟𝑎𝑠 𝑚𝑒𝑥𝑖𝑐𝑎𝑛𝑎𝑠. ────

    [ #𝑆𝑎𝑛𝑡𝑖𝑋𝐸𝑙𝑀𝑢𝑛𝑑𝑜 ]

    [] 𝐶𝑖𝑢𝑑𝑎𝑑 𝑑𝑒 𝑀é𝑥𝑖𝑐𝑜 (𝙲𝙳𝙼𝚇 | 𝙼é𝚡𝚒𝚌𝚘 𝙳.𝙵), 𝑀é𝑥𝑖𝑐𝑜 — 𝟷𝟶:𝟶𝟶 𝐴.𝑀

    Luego de su travesía por Berlín, Alemania, el argentino se dispuso a dedicarse a viajar a su próximo destino : México.

    Con el pasar de las horas preparo todo, se dirigió al aeropuerto, tomó el avión desde Berlín hasta Ciudad de México. Varias horas de vuelo en cierto caso; pero que valían la pena para esta ocasión.

    Bajó del avión en el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México poco después del atardecer, con el cuerpo aún cargado de la fatiga placentera de once horas de vuelo en primera clase.

    Llevaba solo una maleta mínima que un asistente del hotel ya había recogido para llevarla directamente a la suite.

    Por primera vez en su vida, no había chofer esperándolo con un cartel ni helicóptero contratado; quería sentir la ciudad desde abajo, sin filtros.

    Tomó un taxi común y corriente en la terminal. El conductor, un hombre de unos cincuenta años con bigote recortado, lo miró por el retrovisor y le preguntó con naturalidad:

    𝘛𝘢𝘹𝘪𝘴𝘵𝘢 : ❝ ¿𝘈 𝘥ó𝘯𝘥𝘦, 𝘫𝘦𝘧𝘦? ❞

    Santiago giró su cabeza un momento y dejó ver una sonrisa ladina

    ──── 𝘈𝘭 𝘤𝘦𝘯𝘵𝘳𝘰. 𝘈𝘭 𝘡ó𝘤𝘢𝘭𝘰. ───

    Respondió, y se recargó en el asiento trasero mientras la ciudad comenzaba a desplegarse ante él como un mosaico de luces y caos ordenado.

    Media hora después, el taxi lo dejó en la esquina de 5 de Mayo y Madero.

    Pagó en efectivo con un billete grande y dejó una propina que hizo que el taxista sonriera de oreja a oreja. Santiago se quedó parado un momento en la acera, respirando el aire que olía a tortilla recién hecha, gasolina, perfume barato y algo indefiniblemente vivo.

    Caminó hacia el Zócalo sin prisa.

    La plaza inmensa se abrió ante él como un mar quieto de piedra. En el centro, la bandera mexicana ondeaba lentamente bajo focos potentes.

    A su izquierda, la Catedral Metropolitana se alzaba imponente, con sus torres desiguales recortadas contra el cielo ya oscuro.

    Se detuvo frente a la catedral y alzó la vista. Nunca había visto una fachada tan sobrecargada de historia y ambición: siglos de barroco, terremotos, reconstrucciones y sin embargo seguía allí, firme, presidiendo la plaza como si nada hubiera cambiado desde la colonia.

    Giró sobre sus talones y comenzó a caminar por la calle Madero, la peatonal que vibraba de vida. Vendedores ambulantes ofrecían pulseras de obsidiana, elotes asados, globos luminosos y réplicas baratas de la Piedra del Sol.

    Grupos de jóvenes reían a carcajadas, una pareja de ancianos bailaba un danzón improvisado al ritmo de un trío de mariachis callejeros, y un niño pasó corriendo con un globo en forma de corazón.

    Él, con su traje un tanto arrugado; varias personas a su alrededor, hacían que se sintiera extrañamente invisible.

    Nadie lo reconocía. Nadie esperaba nada de él. Era solo un hombre más caminando entre la multitud, y eso le producía una euforia silenciosa.

    Pasó frente al Palacio de Bellas Artes, cuya cúpula blanca y mármol brillaban bajo la iluminación nocturna.

    Se detuvo un instante a observar el movimiento: turistas sacando fotos, locales apresurados camino a casa, un vendedor de tamales que gritaba

    𝘝𝘦𝘯𝘥𝘦𝘥𝘰𝘳 : ❝ "¡𝘖𝘢𝘹𝘢𝘲𝘶𝘦ñ𝘰𝘴 𝘤𝘢𝘭𝘪𝘦𝘯𝘵𝘪𝘵𝘰𝘴!” ❞

    Con una voz que parecía entrenada para atravesar paredes.

    Más adelante, al doblar hacia el Templo Mayor, el bullicio cedió paso a una quietud diferente. Las ruinas aztecas aparecían iluminadas con focos tenues entre los edificios modernos.

    Piedras milenarias, serpientes talladas, restos de un mundo que había sido destruido y reconstruido encima una y otra vez.

    Se acercó a la reja, apoyó las manos en el metal frío y miró las pirámides truncadas. Por un momento pensó en su propia vida:

    Fortunas construidas y perdidas en mercados lejanos, aviones privados, reuniones en áticos de cristal y sin embargo, aquí estaba, sintiendo por primera vez en mucho tiempo que el suelo bajo sus pies era real.

    ──── 𝘔𝘪𝘦𝘳𝘥𝘢 ¿𝘗𝘰𝘳𝘲𝘶𝘦 𝘯𝘰 𝘷𝘪𝘯𝘦 𝘢𝘲𝘶í 𝘥𝘦𝘴𝘥𝘦 𝘮𝘶𝘤𝘩𝘰 𝘢𝘯𝘵𝘦𝘴? 𝘌𝘴𝘵𝘰 𝘦𝘴 𝘫𝘰𝘥𝘪𝘥𝘢𝘮𝘦𝘯𝘵𝘦 𝘩𝘦𝘳𝘮𝘰𝘴𝘰. ────

    Sonrió para sí mismo, una sonrisa pequeña y privada.

    Luego siguió caminando, sin rumbo fijo, dejando que la ciudad lo llevara.

    El centro histórico de México, con su mezcla imposible de grandiosidad y desorden, acababa de adoptarlo aunque fuera solo por esa noche.

    Y él, el hombre que lo tenía casi todo, le pareció el mejor lugar del mundo para no tener nada planeado.

    De un momento a otro, decidió adentrarse a conocer y probar; por primera vez, la buena gastronomía que se manejaban en las calles. Una degustación única a su paladar.
    ──── 𝐿𝑙𝑒𝑔𝑎𝑑𝑎 𝑎 𝑡𝑖𝑒𝑟𝑟𝑎𝑠 𝑚𝑒𝑥𝑖𝑐𝑎𝑛𝑎𝑠. ──── [ #𝑆𝑎𝑛𝑡𝑖𝑋𝐸𝑙𝑀𝑢𝑛𝑑𝑜 ] [🇲🇽] 𝐶𝑖𝑢𝑑𝑎𝑑 𝑑𝑒 𝑀é𝑥𝑖𝑐𝑜 (𝙲𝙳𝙼𝚇 | 𝙼é𝚡𝚒𝚌𝚘 𝙳.𝙵), 𝑀é𝑥𝑖𝑐𝑜 — 𝟷𝟶:𝟶𝟶 𝐴.𝑀 Luego de su travesía por Berlín, Alemania, el argentino se dispuso a dedicarse a viajar a su próximo destino : México. Con el pasar de las horas preparo todo, se dirigió al aeropuerto, tomó el avión desde Berlín hasta Ciudad de México. Varias horas de vuelo en cierto caso; pero que valían la pena para esta ocasión. Bajó del avión en el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México poco después del atardecer, con el cuerpo aún cargado de la fatiga placentera de once horas de vuelo en primera clase. Llevaba solo una maleta mínima que un asistente del hotel ya había recogido para llevarla directamente a la suite. Por primera vez en su vida, no había chofer esperándolo con un cartel ni helicóptero contratado; quería sentir la ciudad desde abajo, sin filtros. Tomó un taxi común y corriente en la terminal. El conductor, un hombre de unos cincuenta años con bigote recortado, lo miró por el retrovisor y le preguntó con naturalidad: 𝘛𝘢𝘹𝘪𝘴𝘵𝘢 : ❝ ¿𝘈 𝘥ó𝘯𝘥𝘦, 𝘫𝘦𝘧𝘦? ❞ Santiago giró su cabeza un momento y dejó ver una sonrisa ladina ──── 𝘈𝘭 𝘤𝘦𝘯𝘵𝘳𝘰. 𝘈𝘭 𝘡ó𝘤𝘢𝘭𝘰. ─── Respondió, y se recargó en el asiento trasero mientras la ciudad comenzaba a desplegarse ante él como un mosaico de luces y caos ordenado. Media hora después, el taxi lo dejó en la esquina de 5 de Mayo y Madero. Pagó en efectivo con un billete grande y dejó una propina que hizo que el taxista sonriera de oreja a oreja. Santiago se quedó parado un momento en la acera, respirando el aire que olía a tortilla recién hecha, gasolina, perfume barato y algo indefiniblemente vivo. Caminó hacia el Zócalo sin prisa. La plaza inmensa se abrió ante él como un mar quieto de piedra. En el centro, la bandera mexicana ondeaba lentamente bajo focos potentes. A su izquierda, la Catedral Metropolitana se alzaba imponente, con sus torres desiguales recortadas contra el cielo ya oscuro. Se detuvo frente a la catedral y alzó la vista. Nunca había visto una fachada tan sobrecargada de historia y ambición: siglos de barroco, terremotos, reconstrucciones y sin embargo seguía allí, firme, presidiendo la plaza como si nada hubiera cambiado desde la colonia. Giró sobre sus talones y comenzó a caminar por la calle Madero, la peatonal que vibraba de vida. Vendedores ambulantes ofrecían pulseras de obsidiana, elotes asados, globos luminosos y réplicas baratas de la Piedra del Sol. Grupos de jóvenes reían a carcajadas, una pareja de ancianos bailaba un danzón improvisado al ritmo de un trío de mariachis callejeros, y un niño pasó corriendo con un globo en forma de corazón. Él, con su traje un tanto arrugado; varias personas a su alrededor, hacían que se sintiera extrañamente invisible. Nadie lo reconocía. Nadie esperaba nada de él. Era solo un hombre más caminando entre la multitud, y eso le producía una euforia silenciosa. Pasó frente al Palacio de Bellas Artes, cuya cúpula blanca y mármol brillaban bajo la iluminación nocturna. Se detuvo un instante a observar el movimiento: turistas sacando fotos, locales apresurados camino a casa, un vendedor de tamales que gritaba 𝘝𝘦𝘯𝘥𝘦𝘥𝘰𝘳 : ❝ "¡𝘖𝘢𝘹𝘢𝘲𝘶𝘦ñ𝘰𝘴 𝘤𝘢𝘭𝘪𝘦𝘯𝘵𝘪𝘵𝘰𝘴!” ❞ Con una voz que parecía entrenada para atravesar paredes. Más adelante, al doblar hacia el Templo Mayor, el bullicio cedió paso a una quietud diferente. Las ruinas aztecas aparecían iluminadas con focos tenues entre los edificios modernos. Piedras milenarias, serpientes talladas, restos de un mundo que había sido destruido y reconstruido encima una y otra vez. Se acercó a la reja, apoyó las manos en el metal frío y miró las pirámides truncadas. Por un momento pensó en su propia vida: Fortunas construidas y perdidas en mercados lejanos, aviones privados, reuniones en áticos de cristal y sin embargo, aquí estaba, sintiendo por primera vez en mucho tiempo que el suelo bajo sus pies era real. ──── 𝘔𝘪𝘦𝘳𝘥𝘢 ¿𝘗𝘰𝘳𝘲𝘶𝘦 𝘯𝘰 𝘷𝘪𝘯𝘦 𝘢𝘲𝘶í 𝘥𝘦𝘴𝘥𝘦 𝘮𝘶𝘤𝘩𝘰 𝘢𝘯𝘵𝘦𝘴? 𝘌𝘴𝘵𝘰 𝘦𝘴 𝘫𝘰𝘥𝘪𝘥𝘢𝘮𝘦𝘯𝘵𝘦 𝘩𝘦𝘳𝘮𝘰𝘴𝘰. ──── Sonrió para sí mismo, una sonrisa pequeña y privada. Luego siguió caminando, sin rumbo fijo, dejando que la ciudad lo llevara. El centro histórico de México, con su mezcla imposible de grandiosidad y desorden, acababa de adoptarlo aunque fuera solo por esa noche. Y él, el hombre que lo tenía casi todo, le pareció el mejor lugar del mundo para no tener nada planeado. De un momento a otro, decidió adentrarse a conocer y probar; por primera vez, la buena gastronomía que se manejaban en las calles. Una degustación única a su paladar.
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  • 𝑬𝒍 𝒄𝒂𝒛𝒂𝒅𝒐𝒓, 𝒍𝒂 𝒓𝒆𝒃𝒆𝒍𝒅𝒆 𝒚 𝒆𝒍 𝒃𝒖𝒏𝒌𝒆𝒓
    Fandom Supernatural
    Categoría Acción
    ⚆ 𝙎𝒕𝙖𝒓𝙩𝒆𝙧 𝙥𝒂𝙧𝒂: 𝐷𝘌𝐴𝘕 𝘞𝐼𝘕𝐶𝘏𝐸𝘚𝑇𝘌𝑅


    El mundo parecía ir realmente bien. Los hermanos, según le habían contado a Jody y después Jody a ellas, habían acabado con el puñetero Dios, ahora otra persona regia los cielos, el nefilim de Lucifer, un chaval llamado Jack, que según tenía entendido pretendía dejar el destino de las personas en manos de cada uno, cosa que debería ser una buena noticia, pero que a Claire en aquellos momentos no era algo que le entusiasmara en demasía, visto el giro que había tomado su vida.
    Por otro lado, los hermanos habían decidido abrir el bunker a cualquiera que necesitara información, protección, o simplemente un lugar donde recobrarse de las heridas de una cacería dura.
    También sabía que Castiel había muerto, y aunque su historia con el ángel no había sido la mejor, también debia admitir que había terminado por cogerle cariño, ya no le culpaba por la muerte de su padre, él había tomado sus propias decisiones. Y en secreto aún esperaba verle aparecer con su gabardina, la corbata mal puesta y su incapacidad de entender el mundo que le rodeaba.

    En general todo parecía estar cambiando para mejor. Todo menos, por supuesto su vida. Porque, ¿Cuándo le había salido algo bien a ella? Desde que su padre aceptó que un ángel se metiera en su cuerpo y se fue de casa, y luego su madre la dejara al cargo de su abuela para buscar al hombre que les había abandonado por una disposición divina… nunca.

    De modo que, ¿Por qué iba a cambiar ahora? Quizás había pensado erróneamente que podría ser, que ya le tocaba ser feliz, dejar de sufrir dejar de perder, pero aquella tarde en la que Kaia había quedado con ella en su lugar favorito del pueblo, el parque infantil, en los columpios, jamás se hubiera imaginado que fuera para terminar con su relación.
    No recordaba los motivos, ni si quiera sabía si había sido culpa suya, si había hecho, o dejado de hacer algo, no importaba. Se había terminado y ella volvía a estar perdida.
    Habían pasado semanas de aquello, no había dicho nada en casa, su mayor deseo en esos momentos no era responder preguntas de su hermana o Jody, ni explicar con lujo de detalles como había ido la conversación, o dejar que ellas se esforzaran por animarla. Ni si quiera había llorado, simplemente había vuelto a su estado de ánimo algo más taciturno de lo normal, hecho que a pesar de todo no llegaba a llamar demasiado la atención de nadie.

    Pero si seguía en aquella casa, al final tendría que dar explicaciones, ya le resultaba extraño que no hubieran preguntado por la morena, su presencia a cenar un par de veces por semana ya no se cuestionaba.

    >> Un día como otro cualquiera, sin mucho que hacer, mientras dibujaba de manera abstraída sobre un papel sus ojos recaen en un pequeño cuadrado en la parte inferior derecha del papel, el cual estaba cubierto de un plástico transparente y dejaba ver el interior de lo que ahora ve que es un sobre.
    Recordaba haberlo recibido, recordaba haberlo mandado directamente a un cajón.
    Tras ese recuadro estaba su nombre y la dirección de Sioux Falls de la casa de la Sheriff. La carta había llegado hacia un año, justo para su veintiún cumpleaños, su mayoría de edad.

    La citaban en un despacho de abogados, donde le darían las llaves de un pequeño trastero en el que se encontraba todo cuanto su abuela le había dejado al morir.
    Quizás…
    Aunque no sabe que es lo que va a encontrar allí, tras un año Claire decide aceptar abrir aquella puerta y usarla como huida como primer paso lejos de la casa de su madre adoptiva. El trastero como ya avisaba la carta no es muy grande, y en su mayor parte está repleto de cajas llenas de recuerdos.
    Después de varias horas allí, abriendo cajas al azar y de haber sacado, varios libros y un álbum de fotografías, Claire cierra el trastero y se guarda la llave sin llegar a saber si volvería a traspasar aquella puerta. No guardaba con demasiado cariño los recuerdos acerca de su infancia.

    La diferencia con cualquier otro día es que en aquella ocasión no vuelve a Sioux Falls, en el asiento del copiloto de su Subaru Loyale rojo está la bolsa que había llenado en el trastero, pero en el maletero guarda una bolsa más grande con toda su ropa y sus diarios.
    Si, se había ido de casa, pero había dejado una nota, y no tenía duda de que en cuanto pisara su lugar de destino Jody sabría dónde estaba. De modo que conduce durante toda la noche, llegando hasta aquel lugar cuando el sol pinta de rosa el cielo en un precioso amanecer que ella no disfruta, porque su mirada escanea el lugar al que nunca había ido todavía.

    No tarda en entrar y bajar el primer tramo de escaleras, y no duda de que en cuanto abre aquella pesada y ruidosa puerta de metal, todo el bunker sabe que alguien ha llegado, y efectivamente la figura de Dean Winchester no tarda más de un par de minutos en aparecer, con la mano derecha a la espalda y rostro precavido.

    — ¿Así recibes a las visitas? Pensaba que esto estaba abierto para todos los cazadores que lo necesitaran... ¿Hay hecho café? Necesito café.
    ⚆ 𝙎𝒕𝙖𝒓𝙩𝒆𝙧 𝙥𝒂𝙧𝒂: [BRINGMES0MEPIE] El mundo parecía ir realmente bien. Los hermanos, según le habían contado a Jody y después Jody a ellas, habían acabado con el puñetero Dios, ahora otra persona regia los cielos, el nefilim de Lucifer, un chaval llamado Jack, que según tenía entendido pretendía dejar el destino de las personas en manos de cada uno, cosa que debería ser una buena noticia, pero que a Claire en aquellos momentos no era algo que le entusiasmara en demasía, visto el giro que había tomado su vida. Por otro lado, los hermanos habían decidido abrir el bunker a cualquiera que necesitara información, protección, o simplemente un lugar donde recobrarse de las heridas de una cacería dura. También sabía que Castiel había muerto, y aunque su historia con el ángel no había sido la mejor, también debia admitir que había terminado por cogerle cariño, ya no le culpaba por la muerte de su padre, él había tomado sus propias decisiones. Y en secreto aún esperaba verle aparecer con su gabardina, la corbata mal puesta y su incapacidad de entender el mundo que le rodeaba. En general todo parecía estar cambiando para mejor. Todo menos, por supuesto su vida. Porque, ¿Cuándo le había salido algo bien a ella? Desde que su padre aceptó que un ángel se metiera en su cuerpo y se fue de casa, y luego su madre la dejara al cargo de su abuela para buscar al hombre que les había abandonado por una disposición divina… nunca. De modo que, ¿Por qué iba a cambiar ahora? Quizás había pensado erróneamente que podría ser, que ya le tocaba ser feliz, dejar de sufrir dejar de perder, pero aquella tarde en la que Kaia había quedado con ella en su lugar favorito del pueblo, el parque infantil, en los columpios, jamás se hubiera imaginado que fuera para terminar con su relación. No recordaba los motivos, ni si quiera sabía si había sido culpa suya, si había hecho, o dejado de hacer algo, no importaba. Se había terminado y ella volvía a estar perdida. Habían pasado semanas de aquello, no había dicho nada en casa, su mayor deseo en esos momentos no era responder preguntas de su hermana o Jody, ni explicar con lujo de detalles como había ido la conversación, o dejar que ellas se esforzaran por animarla. Ni si quiera había llorado, simplemente había vuelto a su estado de ánimo algo más taciturno de lo normal, hecho que a pesar de todo no llegaba a llamar demasiado la atención de nadie. Pero si seguía en aquella casa, al final tendría que dar explicaciones, ya le resultaba extraño que no hubieran preguntado por la morena, su presencia a cenar un par de veces por semana ya no se cuestionaba. >> Un día como otro cualquiera, sin mucho que hacer, mientras dibujaba de manera abstraída sobre un papel sus ojos recaen en un pequeño cuadrado en la parte inferior derecha del papel, el cual estaba cubierto de un plástico transparente y dejaba ver el interior de lo que ahora ve que es un sobre. Recordaba haberlo recibido, recordaba haberlo mandado directamente a un cajón. Tras ese recuadro estaba su nombre y la dirección de Sioux Falls de la casa de la Sheriff. La carta había llegado hacia un año, justo para su veintiún cumpleaños, su mayoría de edad. La citaban en un despacho de abogados, donde le darían las llaves de un pequeño trastero en el que se encontraba todo cuanto su abuela le había dejado al morir. Quizás… Aunque no sabe que es lo que va a encontrar allí, tras un año Claire decide aceptar abrir aquella puerta y usarla como huida como primer paso lejos de la casa de su madre adoptiva. El trastero como ya avisaba la carta no es muy grande, y en su mayor parte está repleto de cajas llenas de recuerdos. Después de varias horas allí, abriendo cajas al azar y de haber sacado, varios libros y un álbum de fotografías, Claire cierra el trastero y se guarda la llave sin llegar a saber si volvería a traspasar aquella puerta. No guardaba con demasiado cariño los recuerdos acerca de su infancia. La diferencia con cualquier otro día es que en aquella ocasión no vuelve a Sioux Falls, en el asiento del copiloto de su Subaru Loyale rojo está la bolsa que había llenado en el trastero, pero en el maletero guarda una bolsa más grande con toda su ropa y sus diarios. Si, se había ido de casa, pero había dejado una nota, y no tenía duda de que en cuanto pisara su lugar de destino Jody sabría dónde estaba. De modo que conduce durante toda la noche, llegando hasta aquel lugar cuando el sol pinta de rosa el cielo en un precioso amanecer que ella no disfruta, porque su mirada escanea el lugar al que nunca había ido todavía. No tarda en entrar y bajar el primer tramo de escaleras, y no duda de que en cuanto abre aquella pesada y ruidosa puerta de metal, todo el bunker sabe que alguien ha llegado, y efectivamente la figura de Dean Winchester no tarda más de un par de minutos en aparecer, con la mano derecha a la espalda y rostro precavido. — ¿Así recibes a las visitas? Pensaba que esto estaba abierto para todos los cazadores que lo necesitaran... ¿Hay hecho café? Necesito café.
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  • Ren empujó la puerta de la cafetería con un suspiro suave, cerrándola con cuidado antes de girar el cartel del vidrio a “Cerrado por descanso”. Dentro quedaban las mesas ordenadas, la máquina aún tibia y, justo al lado de la caja, el aviso escrito a mano que había puesto esa mañana: “Se busca personal”. Lo miró un segundo más de lo necesario, como si esperara que la respuesta apareciera sola. Llevar la cafetería era un sueño que amaba… pero también uno que empezaba a pesarle cuando lo hacía en soledad.

    Como cada día después del almuerzo, caminó hacia el parque cercano. El aire era fresco, agradable, y Ren se permitió ir despacio, disfrutando del sonido de sus propios pasos y del canto de las aves que revoloteaban entre los árboles. Se sentó en su banca favorita, aquella desde donde podía ver a los gorriones pelear por migas y a las palomas caminar con aire importante. Sonrió, relajándose poco a poco; siempre encontraba algo romántico en ese momento, como si la calma también fuera una forma de cariño.

    Sacó su teléfono solo para volver a guardar la pantalla apagada, levantando la vista cuando notó que no estaba completamente solo. Observó con curiosidad a la persona cercana, dudando un instante antes de hablar, con esa timidez amable que le era tan natural.

    —Vengo aquí todos los días… me ayuda a pensar. —Hizo una pausa, señalando distraídamente en dirección a la cafetería—. Estoy buscando gente para trabajar conmigo. Alguien que no solo sirva café, sino que también disfrute el ambiente…

    Sonrió un poco más, ladeando la cabeza mientras las aves alzaban vuelo detrás de ellos.

    —Tal vez suene extraño, pero creo que los lugares se sienten distintos dependiendo de quién los acompaña. ¿Te gusta el café… o los paseos tranquilos?


    Ren empujó la puerta de la cafetería con un suspiro suave, cerrándola con cuidado antes de girar el cartel del vidrio a “Cerrado por descanso”. Dentro quedaban las mesas ordenadas, la máquina aún tibia y, justo al lado de la caja, el aviso escrito a mano que había puesto esa mañana: “Se busca personal”. Lo miró un segundo más de lo necesario, como si esperara que la respuesta apareciera sola. Llevar la cafetería era un sueño que amaba… pero también uno que empezaba a pesarle cuando lo hacía en soledad. Como cada día después del almuerzo, caminó hacia el parque cercano. El aire era fresco, agradable, y Ren se permitió ir despacio, disfrutando del sonido de sus propios pasos y del canto de las aves que revoloteaban entre los árboles. Se sentó en su banca favorita, aquella desde donde podía ver a los gorriones pelear por migas y a las palomas caminar con aire importante. Sonrió, relajándose poco a poco; siempre encontraba algo romántico en ese momento, como si la calma también fuera una forma de cariño. Sacó su teléfono solo para volver a guardar la pantalla apagada, levantando la vista cuando notó que no estaba completamente solo. Observó con curiosidad a la persona cercana, dudando un instante antes de hablar, con esa timidez amable que le era tan natural. —Vengo aquí todos los días… me ayuda a pensar. —Hizo una pausa, señalando distraídamente en dirección a la cafetería—. Estoy buscando gente para trabajar conmigo. Alguien que no solo sirva café, sino que también disfrute el ambiente… Sonrió un poco más, ladeando la cabeza mientras las aves alzaban vuelo detrás de ellos. —Tal vez suene extraño, pero creo que los lugares se sienten distintos dependiendo de quién los acompaña. ¿Te gusta el café… o los paseos tranquilos?
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  • El chico lobo se encontraba en la biblioteca de su maestra y hermana adoptiva Lisa, ya había tenido un tiempo considerable desde su última visita por lo que al llegar miró algo que le llamó mucho la atención, al parecer alguien había puesto una pecera ¿Lisa? ¿Jean? ¿Kaeya? de momento poco importaba quién. Sus ojos brillaban con curiosidad acercándose a la pecera, cristal grueso lleno de agua, piedras, arena, plantas marinas naturales, peces, muchos y coloridos peces.

    -...Caja...de...cristal....llena de...agua....con...peces....muchos...peces...pero...pequeños....no...ser....buenos....para...comer...
    El chico lobo se encontraba en la biblioteca de su maestra y hermana adoptiva Lisa, ya había tenido un tiempo considerable desde su última visita por lo que al llegar miró algo que le llamó mucho la atención, al parecer alguien había puesto una pecera ¿Lisa? ¿Jean? ¿Kaeya? de momento poco importaba quién. Sus ojos brillaban con curiosidad acercándose a la pecera, cristal grueso lleno de agua, piedras, arena, plantas marinas naturales, peces, muchos y coloridos peces. -...Caja...de...cristal....llena de...agua....con...peces....muchos...peces...pero...pequeños....no...ser....buenos....para...comer...
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  • -puede que se pasará de travieso y en unas de sus escapadas de su hogar tratara de conocer a los llamados "seres celestiales" con un poder digno de dioses . Su error ?
    Ser solo una simple mascota ante sus ojos, algo que ensucia su sagrado espacio con su presencia
    Y aunque trato de imitar la apariencia humanoide para no desencajar tanto, aún así los rasgos de su cuerpo lo delataron
    Termino preso más preocupado por el regaño y castigo que le dará el ser llamado madre que por el juicio a muerte al que lo están sentenciando. Por suerte o desgracia aún no conoce el significado de la palabra muerte -
    -puede que se pasará de travieso y en unas de sus escapadas de su hogar tratara de conocer a los llamados "seres celestiales" con un poder digno de dioses . Su error ? Ser solo una simple mascota ante sus ojos, algo que ensucia su sagrado espacio con su presencia Y aunque trato de imitar la apariencia humanoide para no desencajar tanto, aún así los rasgos de su cuerpo lo delataron Termino preso más preocupado por el regaño y castigo que le dará el ser llamado madre que por el juicio a muerte al que lo están sentenciando. Por suerte o desgracia aún no conoce el significado de la palabra muerte -
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  • Se acerca hasta Dean Winchester desde su espalda con un par de cajas envueltas en papel de regalo dorado y las deja delante de él en la mesa de la biblioteca.

    —Feliz cumpleañooooooos —canturrea con una sonrisita en los labios y se inclina sobre el cazador para rodear su cuello con los brazos y dejar una lluvia de besos en su mejilla. Después rodea el cuerpo del cazador y termina por sentarse en la silla a su lado.

    —Uno de ellos lo he hecho yo misma... ¿Adivina cual...? —por supuesto, se refiere a la pulsera, una que ella lleva a juego.
    Se acerca hasta [Jerkwinchester] desde su espalda con un par de cajas envueltas en papel de regalo dorado y las deja delante de él en la mesa de la biblioteca. —Feliz cumpleañooooooos —canturrea con una sonrisita en los labios y se inclina sobre el cazador para rodear su cuello con los brazos y dejar una lluvia de besos en su mejilla. Después rodea el cuerpo del cazador y termina por sentarse en la silla a su lado. —Uno de ellos lo he hecho yo misma... ¿Adivina cual...? —por supuesto, se refiere a la pulsera, una que ella lleva a juego.
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