El cuartel de Devil May Cry estaba envuelto en una calma extraña, casi sospechosa.

En el sofá, con las piernas cruzadas y una caja de pizza apoyada sobre varios pergaminos demoníacos antiguos, estaba Dante… chaqueta roja abierta, botas sobre la mesa, cabello desordenado y mirada afilada, aunque en ese momento estaba más concentrada en no manchar los textos arcanos con grasa.

—Mmh…

murmuró mientras mordía una rebanada de pizza

—. Pepperoni. Clásico infernal.

Con la otra mano sostenía un pergamino cubierto de símbolos demoníacos que brillaban tenuemente.

—“El Devoraalmas puede poseer cuerpos vacíos si el ritual se ejecuta bajo una luna sangrante…”

leyó en voz baja

—. Wow. Qué intenso. Ni yo cuando no me han dado de comer.

Una gota de queso cayó peligrosamente sobre un sello de invocación.

—¡Ey, no!

la limpió rápido con una servilleta

—. Esto vale más que la pizza… bueno… casi.

Dante siguió leyendo, sorprendentemente enfocada.

—“…los demonios abisales reaccionan a frecuencias sonoras específicas.”

alzó una ceja

—. ¿Entonces si les pongo heavy metal los puedo desintegrar? Huh. Lo anoto.

Escribió con letra ordenada en una hoja llena de notas tácticas, a pesar de estar rodeada de cajas de pizza, libros malditos y migas.

—Si combino este sello con un círculo de sangre…

murmuró pensativa

—. Podría atrapar a un archidemonio sin que destruya la ciudad…

Miró su pizza.

—…pero también podría pedirme otra de cuatro quesos.

Se recostó en el sofá con un suspiro dramático.

—Ser una cazademonios genial es duro, ¿sabes?

Le dio otro mordisco a la pizza y siguió estudiando magia prohibida como si fuera lo más normal del mundo.
El cuartel de Devil May Cry estaba envuelto en una calma extraña, casi sospechosa. En el sofá, con las piernas cruzadas y una caja de pizza apoyada sobre varios pergaminos demoníacos antiguos, estaba Dante… chaqueta roja abierta, botas sobre la mesa, cabello desordenado y mirada afilada, aunque en ese momento estaba más concentrada en no manchar los textos arcanos con grasa. —Mmh… murmuró mientras mordía una rebanada de pizza —. Pepperoni. Clásico infernal. Con la otra mano sostenía un pergamino cubierto de símbolos demoníacos que brillaban tenuemente. —“El Devoraalmas puede poseer cuerpos vacíos si el ritual se ejecuta bajo una luna sangrante…” leyó en voz baja —. Wow. Qué intenso. Ni yo cuando no me han dado de comer. Una gota de queso cayó peligrosamente sobre un sello de invocación. —¡Ey, no! la limpió rápido con una servilleta —. Esto vale más que la pizza… bueno… casi. Dante siguió leyendo, sorprendentemente enfocada. —“…los demonios abisales reaccionan a frecuencias sonoras específicas.” alzó una ceja —. ¿Entonces si les pongo heavy metal los puedo desintegrar? Huh. Lo anoto. Escribió con letra ordenada en una hoja llena de notas tácticas, a pesar de estar rodeada de cajas de pizza, libros malditos y migas. —Si combino este sello con un círculo de sangre… murmuró pensativa —. Podría atrapar a un archidemonio sin que destruya la ciudad… Miró su pizza. —…pero también podría pedirme otra de cuatro quesos. Se recostó en el sofá con un suspiro dramático. —Ser una cazademonios genial es duro, ¿sabes? Le dio otro mordisco a la pizza y siguió estudiando magia prohibida como si fuera lo más normal del mundo.
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