Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
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Tenlo en cuenta al responder.
—Rio suspiró por quinta vez en menos de diez minutos, sosteniendo la bolsa de plástico con una delicadeza que contrastaba con la mirada de pocos amigos que le lanzaba a la montaña de frutas. Ella, que siempre cuidaba cada detalle de su apariencia y movimientos, se sentía fuera de lugar debatiendo mentalmente si una mandarina estaba "demasiado blanda" para los estándares de [??].
— Tch, este hombre... ¿Por qué demonios no pudo venir a buscarlas él mismo? —murmuró para sí misma, asegurándose de que nadie en el pasillo la escuchara perder la compostura—.Seguro está en casa descansando mientras yo parezco su asistente personal...—
Se acomodó el bolso de cadena dorada sobre el hombro con un movimiento seco y elegante, mientras examinaba una mandarina como si fuera una pieza de joyería fina. El contraste era ridículo: una mujer vestida con un ceñido y sofisticado vestido gris, con el cabello perfectamente recogido, peleándose internamente con el precio de las naranjas.
— Si cree que voy a elegirle las mejores después de esto, está muy equivocado—pensó, aunque sus manos seguían buscando instintivamente las piezas con mejor color—. Le llevaré las más ácidas que encuentre, a ver si así la próxima vez se digna a mover un pie fuera de casa.—
Con un último bufido de indignación, se dio la vuelta para ir a la caja, tratando de recuperar su aire de superioridad a pesar de que la bolsa de plástico chirriaba de forma muy poco glamurosa con cada paso que daba.
— Tch, este hombre... ¿Por qué demonios no pudo venir a buscarlas él mismo? —murmuró para sí misma, asegurándose de que nadie en el pasillo la escuchara perder la compostura—.Seguro está en casa descansando mientras yo parezco su asistente personal...—
Se acomodó el bolso de cadena dorada sobre el hombro con un movimiento seco y elegante, mientras examinaba una mandarina como si fuera una pieza de joyería fina. El contraste era ridículo: una mujer vestida con un ceñido y sofisticado vestido gris, con el cabello perfectamente recogido, peleándose internamente con el precio de las naranjas.
— Si cree que voy a elegirle las mejores después de esto, está muy equivocado—pensó, aunque sus manos seguían buscando instintivamente las piezas con mejor color—. Le llevaré las más ácidas que encuentre, a ver si así la próxima vez se digna a mover un pie fuera de casa.—
Con un último bufido de indignación, se dio la vuelta para ir a la caja, tratando de recuperar su aire de superioridad a pesar de que la bolsa de plástico chirriaba de forma muy poco glamurosa con cada paso que daba.
—Rio suspiró por quinta vez en menos de diez minutos, sosteniendo la bolsa de plástico con una delicadeza que contrastaba con la mirada de pocos amigos que le lanzaba a la montaña de frutas. Ella, que siempre cuidaba cada detalle de su apariencia y movimientos, se sentía fuera de lugar debatiendo mentalmente si una mandarina estaba "demasiado blanda" para los estándares de [??].
— Tch, este hombre... ¿Por qué demonios no pudo venir a buscarlas él mismo? —murmuró para sí misma, asegurándose de que nadie en el pasillo la escuchara perder la compostura—.Seguro está en casa descansando mientras yo parezco su asistente personal...—
Se acomodó el bolso de cadena dorada sobre el hombro con un movimiento seco y elegante, mientras examinaba una mandarina como si fuera una pieza de joyería fina. El contraste era ridículo: una mujer vestida con un ceñido y sofisticado vestido gris, con el cabello perfectamente recogido, peleándose internamente con el precio de las naranjas.
— Si cree que voy a elegirle las mejores después de esto, está muy equivocado—pensó, aunque sus manos seguían buscando instintivamente las piezas con mejor color—. Le llevaré las más ácidas que encuentre, a ver si así la próxima vez se digna a mover un pie fuera de casa.—
Con un último bufido de indignación, se dio la vuelta para ir a la caja, tratando de recuperar su aire de superioridad a pesar de que la bolsa de plástico chirriaba de forma muy poco glamurosa con cada paso que daba.