un gran festival habia dado inicio en la ciudad, las calles estaban llenas de personas y pokemon haciendo shows, podias observar a gente patinando sobre caminos hechos por pokemon tipo hielo, peleas pokemon en medio de las calles acompañadas de musica y canto junto a pokemon demostrando sus habilidades de baile en el escenario.
-los festivales de mi cudad son cuando menos caoticos no es verdad?- solto nas risillas antes de unirse al caos junto a su gothittelle que uso psiquico para elevarlos en el aire y bailar junto a los pokemon tipo volador
un gran festival habia dado inicio en la ciudad, las calles estaban llenas de personas y pokemon haciendo shows, podias observar a gente patinando sobre caminos hechos por pokemon tipo hielo, peleas pokemon en medio de las calles acompañadas de musica y canto junto a pokemon demostrando sus habilidades de baile en el escenario.
-los festivales de mi cudad son cuando menos caoticos no es verdad?- solto nas risillas antes de unirse al caos junto a su gothittelle que uso psiquico para elevarlos en el aire y bailar junto a los pokemon tipo volador
https://music.youtube.com/watch?v=6l_puYLTZ-8&si=cNJDb7yPcOIiGJIn
Desde que llegué a este mundo, siempre me ha fascinado la pesca. No practicarla. Pero hay algo en ella que me resulta bastante familiar.
Lanzar el anzuelo con precisión, fundiéndose en el agua con una maestría primaria.
Rozar apenas el sedal con la yema de los dedos hasta que...el pez pica. Y una vez que pica, empieza el baile.
Hay que tirar con suavidad, despacio, no es una tarea que requiera de prisa, más bien requiere de la más absoluta paciencia. Hay que tirar con sumo cuidado, procurando que el pez apenas sienta que está siendo arrastrado a la más tortuosa muerte. Una vez cerca, ya no hay vuelta atrás; es tuyo.
Y esto no tiene nada que ver con los peces, realmente.
Desde que llegué a este mundo, siempre me ha fascinado la pesca. No practicarla. Pero hay algo en ella que me resulta bastante familiar.
Lanzar el anzuelo con precisión, fundiéndose en el agua con una maestría primaria.
Rozar apenas el sedal con la yema de los dedos hasta que...el pez pica. Y una vez que pica, empieza el baile.
Hay que tirar con suavidad, despacio, no es una tarea que requiera de prisa, más bien requiere de la más absoluta paciencia. Hay que tirar con sumo cuidado, procurando que el pez apenas sienta que está siendo arrastrado a la más tortuosa muerte. Una vez cerca, ya no hay vuelta atrás; es tuyo.
Y esto no tiene nada que ver con los peces, realmente.
Me encontraba moviendo con la misma gracia y encantó que siempre, sacudiendo cócteles como si fueran parte de un baile. Te miraba siempre de reojo, con una sonrisa imposible de cambiar.
— ¿Por qué esa cara tan larga? Este trago no solo viene con alcohol, además trae un fuerte sabor a cariño y afecto —
Cada gesto resultaba exagerado, teatral, como si el bar fuera su escenario personal para los pocos clientes que habían.
Me encontraba moviendo con la misma gracia y encantó que siempre, sacudiendo cócteles como si fueran parte de un baile. Te miraba siempre de reojo, con una sonrisa imposible de cambiar.
— ¿Por qué esa cara tan larga? Este trago no solo viene con alcohol, además trae un fuerte sabor a cariño y afecto —
Cada gesto resultaba exagerado, teatral, como si el bar fuera su escenario personal para los pocos clientes que habían.
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Edad: 25 años
Profesión: Historiadora (especializada en archivos civiles y correspondencia privada del siglo XIX)
Residencia: Un apartamento modesto en las afueras, a dos horas de la ciudad; suficiente distancia para que el ruido se vuelva recuerdo y el aire tenga la ausencia de orina y gasolina que es tan maravillosa de inspirar desde el pecho.
✧ Apariencia
No es llamativa en el sentido inmediato, pueden llegar a encontrarse indicios de dinero generacional, pero meramente es admiración por el estilo pasado y ojo clínico a la hora de ir a mercados de segunda mano.
Cabello oscuro que suele recoger con descuido práctico; mechones sueltos que sobreviven al intento de orden y a grandes rasgos no llegan a ser contraproducentes a la hora de enterrar el rostro en un libro. Piel clara que acusa las horas frente a documentos y lámparas amarillas. Ojos que parecen más viejos de lo que deberían, como si hubieran leído demasiado pronto ciertas cosas.
Viste prendas sencillas: faldas de tonos apagados, suéteres gruesos, blusas heredadas o encontradas en ventas de garaje. Siempre lleva una cadena fina con un pequeño símbolo religioso, casi escondido bajo la tela.
✧ Personalidad
Doméstica sin ser sumisa.
Reservada sin ser fría.
Sofía tiene una manera suave de habitar el espacio, como si pidiera permiso incluso cuando nadie se lo exige. Habla bajo, pero con precisión. El tipo de conversación que se encuentra en profesores de universidad con tintes de maestra de kinder, reverencia al conocimiento y amor a algo que se le debe la ternura que nunca le fue otorgada. No soporta las afirmaciones vacías ni la grandilocuencia sin sustancia, meses de estar acurrucada entre palabras firmes y transparencia escondida en los lugares que deben ser ganados le dejó una pequeña tara a la hora de enfrentar el baile social moderno.
Su delicadeza no es dramática, es mutismo selectivo:
— Su mente se pierde felizmente en la espiral descendente de la introspección o la fantasía.
— Acuna una tendencia patológica a acumular información de cualquier sea el tipo para acurrucarse en ella.
— Su corazón late con más fuerza y calidez cuando se mantiene dentro de su mundo interno.
Pero hay algo en ella que no se ha quebrado: una fe pequeña, casi infantil, que no se apoya en dogmas sino en la esperanza obstinada de que la verdad importa, de que la memoria dignifica, de que las cosas pueden repararse aunque nadie lo vea.
A veces reza, no siempre por sí misma, y definitivamente nunca al mismo ente.
✧ Vida cotidiana
Su apartamento es humilde igual que el resto de los asalariados, aunque profundamente provisto de tonterías, decoraciones, instrumentos del siglo pasado y una vivencia héctica.
Una mesa de escritura desplegable edwardiana junto a la ventana donde trabaja.
Tazas de porcelana real, distintos dibujos y una miriada de orígenes.
Una planta que lucha por sobrevivir al invierno, nadie dijo que las suculentas fueran tan demandantes.
Estanterías con libros marcados con notas al margen, rebosantes de marca hojas y con cuadernos junto que detallan la investigación a la que asistieron o las aventuras que llegaron a subsidiar.
Una radio antigua que solo sintoniza bien por las noches.
La distancia con la ciudad es deliberada. Dos horas de tren o carretera que funcionan como frontera emocional. Allí trabaja, investiga, consulta archivos. Aquí vive.
Su realidad culinaria es deplorable, pero sin recaer a la miseria absoluta, comidas congeladas, platillos en contenedores de papel y algunos contenedores de vidrio que su madre insiste en dejarle. Encuentra una calma casi sagrada en doblar la ropa o limpiar los platos con cuidado, uno de los peligros de poseer vajilla de relevancia histórica nula pero amplio significado emocional.
✧ Conflictos internos
Se siente atraída por historias trágicas del pasado; hay algo en el sufrimiento antiguo que la consuela.
Tiene miedo de volverse indiferente.
A veces confunde soledad con vocación.
No es ingenua, pero conserva una ternura peligrosa: todavía cree en la bondad inesperada. Todavía se sorprende cuando alguien miente.
✧ Creencias
No milita activamente en ninguna institución religiosa, pero guarda fe.
Enciende velas pequeñas en fechas que nadie más recuerda.
Cree en la memoria como acto moral.
Cree que el amor —aunque no haya tenido uno grande todavía— es algo serio, casi sagrado.
Sofía Callahan
Edad: 25 años
Profesión: Historiadora (especializada en archivos civiles y correspondencia privada del siglo XIX)
Residencia: Un apartamento modesto en las afueras, a dos horas de la ciudad; suficiente distancia para que el ruido se vuelva recuerdo y el aire tenga la ausencia de orina y gasolina que es tan maravillosa de inspirar desde el pecho.
✧ Apariencia
No es llamativa en el sentido inmediato, pueden llegar a encontrarse indicios de dinero generacional, pero meramente es admiración por el estilo pasado y ojo clínico a la hora de ir a mercados de segunda mano.
Cabello oscuro que suele recoger con descuido práctico; mechones sueltos que sobreviven al intento de orden y a grandes rasgos no llegan a ser contraproducentes a la hora de enterrar el rostro en un libro. Piel clara que acusa las horas frente a documentos y lámparas amarillas. Ojos que parecen más viejos de lo que deberían, como si hubieran leído demasiado pronto ciertas cosas.
Viste prendas sencillas: faldas de tonos apagados, suéteres gruesos, blusas heredadas o encontradas en ventas de garaje. Siempre lleva una cadena fina con un pequeño símbolo religioso, casi escondido bajo la tela.
✧ Personalidad
Doméstica sin ser sumisa.
Reservada sin ser fría.
Sofía tiene una manera suave de habitar el espacio, como si pidiera permiso incluso cuando nadie se lo exige. Habla bajo, pero con precisión. El tipo de conversación que se encuentra en profesores de universidad con tintes de maestra de kinder, reverencia al conocimiento y amor a algo que se le debe la ternura que nunca le fue otorgada. No soporta las afirmaciones vacías ni la grandilocuencia sin sustancia, meses de estar acurrucada entre palabras firmes y transparencia escondida en los lugares que deben ser ganados le dejó una pequeña tara a la hora de enfrentar el baile social moderno.
Su delicadeza no es dramática, es mutismo selectivo:
— Su mente se pierde felizmente en la espiral descendente de la introspección o la fantasía.
— Acuna una tendencia patológica a acumular información de cualquier sea el tipo para acurrucarse en ella.
— Su corazón late con más fuerza y calidez cuando se mantiene dentro de su mundo interno.
Pero hay algo en ella que no se ha quebrado: una fe pequeña, casi infantil, que no se apoya en dogmas sino en la esperanza obstinada de que la verdad importa, de que la memoria dignifica, de que las cosas pueden repararse aunque nadie lo vea.
A veces reza, no siempre por sí misma, y definitivamente nunca al mismo ente.
✧ Vida cotidiana
Su apartamento es humilde igual que el resto de los asalariados, aunque profundamente provisto de tonterías, decoraciones, instrumentos del siglo pasado y una vivencia héctica.
Una mesa de escritura desplegable edwardiana junto a la ventana donde trabaja.
Tazas de porcelana real, distintos dibujos y una miriada de orígenes.
Una planta que lucha por sobrevivir al invierno, nadie dijo que las suculentas fueran tan demandantes.
Estanterías con libros marcados con notas al margen, rebosantes de marca hojas y con cuadernos junto que detallan la investigación a la que asistieron o las aventuras que llegaron a subsidiar.
Una radio antigua que solo sintoniza bien por las noches.
La distancia con la ciudad es deliberada. Dos horas de tren o carretera que funcionan como frontera emocional. Allí trabaja, investiga, consulta archivos. Aquí vive.
Su realidad culinaria es deplorable, pero sin recaer a la miseria absoluta, comidas congeladas, platillos en contenedores de papel y algunos contenedores de vidrio que su madre insiste en dejarle. Encuentra una calma casi sagrada en doblar la ropa o limpiar los platos con cuidado, uno de los peligros de poseer vajilla de relevancia histórica nula pero amplio significado emocional.
✧ Conflictos internos
Se siente atraída por historias trágicas del pasado; hay algo en el sufrimiento antiguo que la consuela.
Tiene miedo de volverse indiferente.
A veces confunde soledad con vocación.
No es ingenua, pero conserva una ternura peligrosa: todavía cree en la bondad inesperada. Todavía se sorprende cuando alguien miente.
✧ Creencias
No milita activamente en ninguna institución religiosa, pero guarda fe.
Enciende velas pequeñas en fechas que nadie más recuerda.
Cree en la memoria como acto moral.
Cree que el amor —aunque no haya tenido uno grande todavía— es algo serio, casi sagrado.
-es san valentin asi que toca cantar algo mas romantico- el Summer sonrio con alegria mientras la musica empezaba -aunque espero no cagarla mi frances esta un poco mal- por hablar casi peirde el inicio de la cancion rapidamente se incorporo y empezo a cantar
-Toi mon amour, mon ami
Quand je rêve c'est de toi
Mon amour, mon ami
Quand je chante c'est pour toi
Mon amour, mon ami
Je ne peux vivre sans toi
Mon amour, mon ami
Et je ne sais pas pourquoi- hacía un baile lento mientras cantaba para el publico frente a el
-es san valentin asi que toca cantar algo mas romantico- el Summer sonrio con alegria mientras la musica empezaba -aunque espero no cagarla mi frances esta un poco mal- por hablar casi peirde el inicio de la cancion rapidamente se incorporo y empezo a cantar
-Toi mon amour, mon ami
Quand je rêve c'est de toi
Mon amour, mon ami
Quand je chante c'est pour toi
Mon amour, mon ami
Je ne peux vivre sans toi
Mon amour, mon ami
Et je ne sais pas pourquoi- hacía un baile lento mientras cantaba para el publico frente a el
https://music.youtube.com/watch?v=L2vy0CgPlus&si=uFi3qK8cJXdVmTE5
El aire en la habitación parecía haberse espesado, cargado con ese silencio eléctrico que solo existe cuando dos personas han dejado de hablar porque las palabras ya no alcanzan. No había prisa; el tiempo fuera de esas cuatro paredes había dejado de existir, quedando reducido únicamente al ritmo acompasado de sus respiraciones.
La luz tenue (quizás el reflejo de la luna o una lámpara olvidada en un rincón) dibujaba sombras suaves sobre la piel de Alberto, quien acortó la distancia mínima que aún los separaba. Sus dedos, con una lentitud casi agónica, trazaron una línea invisible que comenzaba en la base del cuello del otro, bajando con la delicadeza de quien toca algo sagrado y, a la vez, terriblemente prohibido.
Se detuvo justo donde el pulso late con fuerza, sintiendo la vibración bajo la yema de sus dedos. Era una invitación muda, un desafío envuelto en ternura. Se inclinó un poco más, lo suficiente para que el calor que irradiaban sus cuerpos se fusionase, permitiendo que el aroma del otro lo invadiera por completo.
— No digas nada —susurró, su voz apenas un roce contra el oído ajeno, cargada de una ronquera profunda—. Quédate así. Solo... deja que te sienta.—
Sus ojos buscaban los del otro, claros y brillantes, cargados de una promesa que no necesita ser pronunciada. Había una vulnerabilidad compartida en la forma en que sus rodillas se rozaban, en cómo sus manos buscaban instintivamente un punto de apoyo en la cadera o el hombro del compañero. Era un baile de piel contra piel, donde cada centímetro ganado era una pequeña victoria sobre el autocontrol. Zetch Stamenkovich
El aire en la habitación parecía haberse espesado, cargado con ese silencio eléctrico que solo existe cuando dos personas han dejado de hablar porque las palabras ya no alcanzan. No había prisa; el tiempo fuera de esas cuatro paredes había dejado de existir, quedando reducido únicamente al ritmo acompasado de sus respiraciones.
La luz tenue (quizás el reflejo de la luna o una lámpara olvidada en un rincón) dibujaba sombras suaves sobre la piel de Alberto, quien acortó la distancia mínima que aún los separaba. Sus dedos, con una lentitud casi agónica, trazaron una línea invisible que comenzaba en la base del cuello del otro, bajando con la delicadeza de quien toca algo sagrado y, a la vez, terriblemente prohibido.
Se detuvo justo donde el pulso late con fuerza, sintiendo la vibración bajo la yema de sus dedos. Era una invitación muda, un desafío envuelto en ternura. Se inclinó un poco más, lo suficiente para que el calor que irradiaban sus cuerpos se fusionase, permitiendo que el aroma del otro lo invadiera por completo.
— No digas nada —susurró, su voz apenas un roce contra el oído ajeno, cargada de una ronquera profunda—. Quédate así. Solo... deja que te sienta.—
Sus ojos buscaban los del otro, claros y brillantes, cargados de una promesa que no necesita ser pronunciada. Había una vulnerabilidad compartida en la forma en que sus rodillas se rozaban, en cómo sus manos buscaban instintivamente un punto de apoyo en la cadera o el hombro del compañero. Era un baile de piel contra piel, donde cada centímetro ganado era una pequeña victoria sobre el autocontrol.
[storm_yellow_lizard_274]
Voy, caminando como la feriante
Cerca de su baile bajo las estrellas
Desde Barcelona hasta las Américas
Cantan sirenas canciones rebeldes
Llevo los tambores de un mar en ruinas
Soy pastora al borde de todo un circo
Siempre a punto de robar la luna
Yo soy escritora de carretera
De tu paso soy titiritera
Dejo la alegría en el limbo
Para cuando quieras parar el tiempo
Soy hija del mar que desespera
Llevo en la sangre su veneno
Sobre la piel el sol nos quema
Si estamos juntas, arde la noche
Aunque camino sin ninguna casa
Soy el refugio de tus besos
Vengo a encender fuego en la plaza
Desde los valles hasta las dunas
Tu cuerpo bajo la luna
Me atrapó cuando cae la noche
Y por la mañana aunque me aparte
Y no esté para despertarte
Me gustó amarte ayer.🩷
Voy, caminando como la feriante
Cerca de su baile bajo las estrellas
Desde Barcelona hasta las Américas
Cantan sirenas canciones rebeldes
Llevo los tambores de un mar en ruinas
Soy pastora al borde de todo un circo
Siempre a punto de robar la luna
Yo soy escritora de carretera
De tu paso soy titiritera
Dejo la alegría en el limbo
Para cuando quieras parar el tiempo
Soy hija del mar que desespera
Llevo en la sangre su veneno
Sobre la piel el sol nos quema
Si estamos juntas, arde la noche
Aunque camino sin ninguna casa
Soy el refugio de tus besos
Vengo a encender fuego en la plaza
Desde los valles hasta las dunas
Tu cuerpo bajo la luna
Me atrapó cuando cae la noche
Y por la mañana aunque me aparte
Y no esté para despertarte
Me gustó amarte ayer.🩷
────Cultivar el arte y la belleza no está separado de la guerrera. Una estrategia impecable y una técnica marcial bien ejecutada también son formas de arte. Nos obligan a mirar los detalles, a movernos con precisión y soltura, y a blandir nuestras armas como si estuviéramos en medio de un baile, uno que sabemos que puede ser letal. Al final, incluso en los escenarios más hostiles, seguimos siendo capaces de crear belleza y armonía. Y eso es lo verdaderamente peligroso de nosotros; la tercera legión.
────Cultivar el arte y la belleza no está separado de la guerrera. Una estrategia impecable y una técnica marcial bien ejecutada también son formas de arte. Nos obligan a mirar los detalles, a movernos con precisión y soltura, y a blandir nuestras armas como si estuviéramos en medio de un baile, uno que sabemos que puede ser letal. Al final, incluso en los escenarios más hostiles, seguimos siendo capaces de crear belleza y armonía. Y eso es lo verdaderamente peligroso de nosotros; la tercera legión.
Y yo te voy a esperar
Y no me voy a pintar
Yo sé que te gusto mucho
Cuando me ves natural
Y llegaré tan puntual
No quiero perder más tiempo
Cada segundo que tardas
Es un beso que te resto
Me pondré el vestido azul
Que sé que te gusta más
Dejaré mi pelo suelto
Para que baile en el viento
Y en nuestra esquina de siempre
El aire se ha perfumado
Porque en todas las ventanas
El amor se está asomando
Pero no vino nunca, no llegó
Y mi vestido azul se me arrugó
Y esta esquina, no es mi esquina
Y este amor, ya no es mi amor
Pero no vino nunca, no llegó
Y yo jamás sabre lo que pasó
Me fui llorando despacio
Me fui dejando el corazón
Y yo te voy a esperar
Y no me voy a pintar
Yo sé que te gusto mucho
Cuando me ves natural
Y llegaré tan puntual
No quiero perder más tiempo
Cada segundo que tardas
Es un beso que te resto
Me pondré el vestido azul
Que sé que te gusta más
Dejaré mi pelo suelto
Para que baile en el viento
Y en nuestra esquina de siempre
El aire se ha perfumado
Porque en todas las ventanas
El amor se está asomando
Pero no vino nunca, no llegó
Y mi vestido azul se me arrugó
Y esta esquina, no es mi esquina
Y este amor, ya no es mi amor
Pero no vino nunca, no llegó
Y yo jamás sabre lo que pasó
Me fui llorando despacio
Me fui dejando el corazón