Desde que llegué a este mundo, siempre me ha fascinado la pesca. No practicarla. Pero hay algo en ella que me resulta bastante familiar.
Lanzar el anzuelo con precisión, fundiéndose en el agua con una maestría primaria.
Rozar apenas el sedal con la yema de los dedos hasta que...el pez pica. Y una vez que pica, empieza el baile.
Hay que tirar con suavidad, despacio, no es una tarea que requiera de prisa, más bien requiere de la más absoluta paciencia. Hay que tirar con sumo cuidado, procurando que el pez apenas sienta que está siendo arrastrado a la más tortuosa muerte. Una vez cerca, ya no hay vuelta atrás; es tuyo.
Y esto no tiene nada que ver con los peces, realmente.
Desde que llegué a este mundo, siempre me ha fascinado la pesca. No practicarla. Pero hay algo en ella que me resulta bastante familiar. Lanzar el anzuelo con precisión, fundiéndose en el agua con una maestría primaria. Rozar apenas el sedal con la yema de los dedos hasta que...el pez pica. Y una vez que pica, empieza el baile. Hay que tirar con suavidad, despacio, no es una tarea que requiera de prisa, más bien requiere de la más absoluta paciencia. Hay que tirar con sumo cuidado, procurando que el pez apenas sienta que está siendo arrastrado a la más tortuosa muerte. Una vez cerca, ya no hay vuelta atrás; es tuyo. Y esto no tiene nada que ver con los peces, realmente.
Me gusta
Me encocora
4
2 turnos 0 maullidos
Patrocinados
Patrocinados