• ─ ─ Se supone que debería estar investigando, sin embargo primero necesito adaptarme a este planeta, su Sol, sobre todo, controlar mi calor.
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  • ”Las consecuencias de adaptarme a las personas y tener una vida más diurna que nocturna es que me dan ganas de comer a medianoche. Normalmente es cuando comería pero ahora lo veo como algo raro. Y claro solo tengo sobras.”
    ”Las consecuencias de adaptarme a las personas y tener una vida más diurna que nocturna es que me dan ganas de comer a medianoche. Normalmente es cuando comería pero ahora lo veo como algo raro. Y claro solo tengo sobras.”
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    Actualmente nos encontramos en búsqueda de usuarios interesados en interpretar algunos personajes importantes dentro de nuestra trama principal.

    ✦ Maredy (Ocupada)

    Impulsiva, ruidosa y absolutamente incapaz de quedarse callada cuando tiene algo que decir.

    Maredy es una persona extremadamente sociable, confianzuda y con una preocupante facilidad para poner apodos a cualquiera que se cruce en su camino. Tiene poca tolerancia a la frustración, suele reaccionar antes de pensar y rara vez deja pasar una oportunidad para meterse en problemas.

    A pesar de su actitud despreocupada, es ferozmente leal a quienes considera parte de su círculo cercano, especialmente a Anyel y Enthon. Cuando alguien toca a los suyos, deja de ser divertida muy rápido.

    ✦ Erison

    El corazón del grupo.

    Responsable, disciplinado y siempre dispuesto a tender una mano, Erison suele actuar como una figura de apoyo para quienes lo rodean. Es constante, comprometido y alguien en quien se puede confiar incluso en los momentos más complicados.

    Le apasiona el entrenamiento físico y el cuidado personal, por lo que suele motivar al resto a mantenerse activos y saludables. Posee una gran fortaleza tanto física como emocional, aunque rara vez la utiliza para imponerse sobre los demás.

    ✦ Joahnna (Ocupada)

    La organizadora. La responsable. El dolor de cabeza colectivo.

    Mientras los demás improvisan, Joahnna ya tiene un plan preparado. Es meticulosa, observadora y extremadamente previsora, hasta el punto de que dentro del grupo existe el chiste recurrente de amenazar con "acusarlos con Joahnna".

    Prefiere los libros a las personas, la lógica a las emociones y la preparación a la improvisación. Aunque no suele recurrir a insultos o gritos, posee una honestidad brutal que puede resultar mucho más hiriente.

    ✦ Enthon

    Problemático es quedarse corto.

    Enthon es agresivo, conflictivo, rencoroso y posee un talento especial para convertir cualquier situación en una pelea. Guarda resentimientos durante años y rara vez olvida una ofensa.

    Su relación con Anyel es especialmente complicada, marcada por rivalidades, conflictos y cuentas pendientes que todavía no han sido saldadas.

    Sin embargo, quienes logran atravesar todas esas capas de hostilidad descubren que existe una pequeña excepción a sus propias reglas. Con Maredy muestra una faceta completamente distinta, una que muy pocas personas tienen el privilegio de conocer.

    Ofrecemos lore desarrollado, tramas activas y apoyo para integrarse a la historia. Las imágenes utilizadas son únicamente una referencia visual y pueden adaptarse siempre que se conserve la esencia del personaje.

    Si alguno de ellos llama tu atención o deseas conocer más detalles sobre el mundo, la historia o los personajes disponibles, puedes comunicarte por mensaje privado.
    Actualmente nos encontramos en búsqueda de usuarios interesados en interpretar algunos personajes importantes dentro de nuestra trama principal. ✦ Maredy (Ocupada) Impulsiva, ruidosa y absolutamente incapaz de quedarse callada cuando tiene algo que decir. Maredy es una persona extremadamente sociable, confianzuda y con una preocupante facilidad para poner apodos a cualquiera que se cruce en su camino. Tiene poca tolerancia a la frustración, suele reaccionar antes de pensar y rara vez deja pasar una oportunidad para meterse en problemas. A pesar de su actitud despreocupada, es ferozmente leal a quienes considera parte de su círculo cercano, especialmente a Anyel y Enthon. Cuando alguien toca a los suyos, deja de ser divertida muy rápido. ✦ Erison El corazón del grupo. Responsable, disciplinado y siempre dispuesto a tender una mano, Erison suele actuar como una figura de apoyo para quienes lo rodean. Es constante, comprometido y alguien en quien se puede confiar incluso en los momentos más complicados. Le apasiona el entrenamiento físico y el cuidado personal, por lo que suele motivar al resto a mantenerse activos y saludables. Posee una gran fortaleza tanto física como emocional, aunque rara vez la utiliza para imponerse sobre los demás. ✦ Joahnna (Ocupada) La organizadora. La responsable. El dolor de cabeza colectivo. Mientras los demás improvisan, Joahnna ya tiene un plan preparado. Es meticulosa, observadora y extremadamente previsora, hasta el punto de que dentro del grupo existe el chiste recurrente de amenazar con "acusarlos con Joahnna". Prefiere los libros a las personas, la lógica a las emociones y la preparación a la improvisación. Aunque no suele recurrir a insultos o gritos, posee una honestidad brutal que puede resultar mucho más hiriente. ✦ Enthon Problemático es quedarse corto. Enthon es agresivo, conflictivo, rencoroso y posee un talento especial para convertir cualquier situación en una pelea. Guarda resentimientos durante años y rara vez olvida una ofensa. Su relación con Anyel es especialmente complicada, marcada por rivalidades, conflictos y cuentas pendientes que todavía no han sido saldadas. Sin embargo, quienes logran atravesar todas esas capas de hostilidad descubren que existe una pequeña excepción a sus propias reglas. Con Maredy muestra una faceta completamente distinta, una que muy pocas personas tienen el privilegio de conocer. Ofrecemos lore desarrollado, tramas activas y apoyo para integrarse a la historia. Las imágenes utilizadas son únicamente una referencia visual y pueden adaptarse siempre que se conserve la esencia del personaje. Si alguno de ellos llama tu atención o deseas conocer más detalles sobre el mundo, la historia o los personajes disponibles, puedes comunicarte por mensaje privado.
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  • Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
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    ANUNCIO:

    Para todas aquellas personas que deseen entablar una historia con un servidor, bien pueden etiquetarme, mandarme mensaje privado si desean crear una historia de época moderna, (puedo adaptarme) o para aquellos que saben mi personaje un poco (de Mo Dao Zu Shi/Untamed) también tengo disponible unos inicios (starter) en mi biografía los cuales estan basados un poco en la historia de mi personaje. (Xiao Xingchen).

    Pueden comentarme si asi lo desean en mis publicaciones, normalmente son abiertas al público.

    Muchas gracias!
    ANUNCIO: Para todas aquellas personas que deseen entablar una historia con un servidor, bien pueden etiquetarme, mandarme mensaje privado si desean crear una historia de época moderna, (puedo adaptarme) o para aquellos que saben mi personaje un poco (de Mo Dao Zu Shi/Untamed) también tengo disponible unos inicios (starter) en mi biografía los cuales estan basados un poco en la historia de mi personaje. (Xiao Xingchen). Pueden comentarme si asi lo desean en mis publicaciones, normalmente son abiertas al público. Muchas gracias! :STK-1:
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  • ────Tarde lluviosa con olor a palomitas de maíz. Eso solo puede significar una cosa: el show de magia de Afro está a punto de comenzar. Mientras esos asientos se van llenando y se me va pasando el calambre de la pierna izquierda, les contaré la historia de cómo esta encantadora maga aprendió sus trucos. Siempre he sido una incomprendida. Cuando era más joven, mi cabeza estaba llena de preguntas que los demás consideraban una perdida de tiempo. Y las respuestas que recibía no lograban satisfacer mi curiosidad, algunas me dejaban un nudo de nervios en el estómago y también estaban las que me hacían sentir como una boba por haber preguntado.

    Me molestaba conmigo misma por no poder ser como los demás. ¿Por qué tenía que ser precisamente yo, la hija del tirano del cielo, quién se hiciera esa clase de cuestionamientos? ¿por qué simplemente no podía limitarme a beber una copa de néctar y quedarme quieta, como lo hacían el resto de los habitantes dentro de los muros grises del palacio de Océano?

    Como pude, logré adaptarme a ese lugar lleno de deidades con cabellos trenzados con algas, y moluscos que colgaban de barbas ancianas y túnicas azules. Aprendí a hacer las preguntas y las conversaciones correctas a las deidades correctas. A sonreír en el momento adecuado. A no incomodar demasiado. Desde el primer momento fui una decepción: yo no era lo que todos esperaban de mí. No contaba con la impresionante fuerza de mi progenitor, y en esos días, tampoco parecía que hubiera heredado ningún poder impresionante. No me convertía en bruma, ni en un pez, ni en espuma. No podía manipular las olas, ni el viento, ni hacer crecer las flores a mi paso.

    Todo lo que tenía era este bonito rostro. Así que lo utilice como mi escudo y mi armadura eran mi sonrisa, mi lengua afilada y mi sentido del humor. Suena como una exageración, lo sé, pero era una cuestión de supervivencia. De ello dependía qué tan bien iba a ser mi existencia en ese lugar. A pesar de mis esfuerzos, no pude evitar los comentarios que se hacían sobre mí:

    «¿Porqué tenemos que cuidar de la bastarda del tirano? No tiene sangre del mar, ¿qué hace ella aquí?».

    En otra ocasión, escuché murmurar a alguien en la ala de la Espuma.

    «¿Sabes qué me preguntó el otro día? me preguntó adónde van las deidades al morir. ¿Quién se esta encargado de educarla que le está metiendo semejantes tonterías en la cabeza? Deberías mirar a los otros dos que se escaparon del Señor de la Hoz; la muchacha es extraordinaria con la lanza y el otro tiene fuerza suficiente para hacer temblar montañas. A ellos deberíamos apoyarlos. ¿Y nosotros qué estamos haciendo? Ocultando y alimentando a una diosa que ni siquiera tiene poderes. Cuando la rebelión termine, llegará la repartición de dominios, ¿qué crees que nos quedará a nosotros si se empieza a decirse que nuestra casa se unió hasta el final de la guerra? Escuché que la casa de Nereo ya está negociando una alianza matrimonial. Si seguimos retrasándonos, terminarán pasándonos por encima. Cierto, es la última hija del Padre del Cielo, pero su reinado terminó hace demasiado tiempo. Su linaje ya no tiene el mismo peso que en antaño. No pertenece a nuestra familia; no ganamos ni perdemos nada con ella. Con suerte encontrará con quién unirse y alguien más se encargará de sacarla de aquí».

    Esas palabras vinieron de una deidad de los ríos a quién yo le había contado lo triste que a veces me hacía sentía ser una huérfana, y aquella pregunta sobre la muerte se me escapó en un momento de vulnerabilidad emocional.

    No me quise quedar a seguir escuchando.

    Aunque, si sirve de consuelo, antes de moverme de mi escondite escuché cómo aquel dios comenzaba a ahogarse con un pedazo de cangrejo hervido que se le atoró en la garganta por hablar con la boca abierta. Creo que alguien comenzó a gritar: «¡Alza los brazos! ¡Pégale en la espalda! ¡Así no, idiota!» —Afro hizo una pausa y se llevó un dedo a los labios, intentando recuperar ese momento de sus recuerdos–. Tardó bastante en escupirlo, pero sobrevivió, y eso es lo importante. Supongo. Bueno, en fin...

    Esa experiencia me obligó a endurecerme. Aprendí que no debía entregar mi confianza con tanta facilidad. Me repetí una y otra vez que debía convertirme en una rosa como las que le traían a mi anfitriona: hermosa y radiante por fuera, pero cubierta de espinas bajo los pétalos para cualquiera que intentara marchitarme.

    Mis comentarios se volvieron mordaces. Enterré mi curiosidad debajo de bromas y sonrisas, aunque las preguntas seguían latiendo en mi cabeza como un ruido imposible de ignorar. Recorrí riachuelos y exploré docenas de veces los jardines acuáticos del palacio para matar el aburrimiento, y descubrir, de pura casualidad, si mis poderes finalmente despertarían. No podía salir a la superficie. Si lo hacía, pondría en riesgo la conspiración que ya estaba en marcha para usurpar el trono que una vez perteneció a mi padre.

    Y entonces, un día, me recosté sobre los peldaños que conducían al exterior y una frustración insoportable estalló en más preguntas... y en una gota de agua que se estrelló contra mi nariz.

    ¿Es que eso era todo lo que me esperaba? ¿Pasaría el resto de mi existencia inmortal encerrada en ese palacio? ¿De qué servía la inmortalidad si no podía hacerse nada con ella? ¿Cuándo conocería el mundo de la superficie? ¿Cómo era? Y si moría ¿mi alma por fin sería libre de vagar allá arriba? ¿Las almas podían sentir los rayos del sol? ¿Qué hacían las almas con toda la eternidad?

    Sí, lo sé. Son preguntas muy ruidosas. Pero, como dije, era joven y nadie estaba dispuesto a darme una respuesta que realmente significara algo.

    Me levanté y decidí buscar una forma de salir de allí. Le robaría una capa a alguien o me la jugaría a escapar a hurtadillas si era necesario. Pero iba a subir a la superficie de un modo u otro.

    Hay un defecto mío que suele pasar desapercibido: tengo una imaginación absurdamente activa. En esos días soñaba despierta con poder hacer ilusiones. Hacía gestos con las manos y murmuraba palabras mágicas esperando que un cíclope rosa apareciera enfrente de mí. Nunca ocurría nada.

    Hasta que un día cerré los ojos y me concentré en una planta que estaba frente a mí. Me concentré exactamente en lo que quería que cambiara de ella. La vi con claridad en la oscuridad de mi mente: sus pétalos abriéndose con delicadeza, teñidos de un color azul profundo. Imaginé también su aroma, dulce e inteso, tanto que parecía llegarme realmente a la nariz. El palacio de Océano siempre estaba cubierto de humedad, así que añadí pequeñas gotas de rocío resbalando por los pétalos. Gotas frescas. Podía sentirlas deslizándose por las yemas de mis dedos. Y entonces sentí el agua de verdad. Supuse que alguna gota habría caído del techo. Pero en ese momento ya no importaba. Estaba tan concentrada en la flor que tejía en mi cabeza que había dejado de sentir mi cuerpo y el único sonido que escuchaba era el de mi respiración, lenta y constante. Ni recordaba la mano que había levantado hacia la planta, ni la posición rígida en la que mis dedos habían quedado suspendidos. Pasó un tiempo antes de que el aroma comenzara a molestarme. Entonces abrí los ojos.

    La flor estaba ahí. Exactamente como la imaginé. Y entre mis dedos danzaba un resplandor de color azul atravesado por luces púrpuras –ella sacudió la mano, ese mismo tejido energético, vivo, precioso y ondulante, brilló como una aurora boreal. Sonrió, incluso ahora, el recuerdo seguía emocionándola igual que aquel día–. Esa fue mi primera ilusión y el despertar de mis dones. No era perfecta. A simple vista había detalles que hacían evidente que se trataba de un truco. Uno mal hecho. Pero para mí... eso bastaba.

    No tenía idea de como lo había hecho y en aquel instante sentí la sensación de que era capaz de hacer cualquier cosa. Quería más de ese poder. Quería que mis ilusiones fueran tan realistas que fueran capaces de moldear la realidad a mi gusto. Me obsesioné con perfeccionarlas que me la pasé noches enteras practicando mis ilusiones sin dormir. La cabeza me daba vueltas todos los días, me picaban los ojos, y una vez incluso me desplomé del agotamiento en uno de los pasillos. Era la única manera de hacerlo sin que nadie me descubiera. Porque esas eran mis ilusiones. Era mi poder. Mi llave al exterior, y no iba a permitir que nadie me la arrebatara. Sí... quizá, si les mostraba a los demás lo que podía hacer, finalmente empezarían a tomarme en serio. Pero me había costando trabajo levantarlas como para aceptar que alguien más pudiera decidir hasta dónde era capaz de llegar y cuando usarlas.

    Mejoré y... salí al exterior. Debo admitir que mi truco favorito sigue siendo desaparecer. Es increíblemente útil para adelantarme en la fila de las hamburguesas y convertirme en ser la primera en ordenar. O para escuchar conversaciones que suenan bastante interesantes. Oh, no se molesten en ponerse paranoicos, su privacidad está segura conmigo. Pero si escucho frases como: «Vamos a cerrar el contrato» o «llegó la hora de depositar el aguinaldo», no duden ni un segundo en que ya tengo el ojo puesto en esa dirección. No tengo palabras para describir... lo maravillada que me sentí cuando los rayos del sol tocaron mi piel. Ni el aroma del pasto. Ni la sensación de correr entre las raíces cubiertas de musgo verde bajo los árboles del bosque. Ni lo hermoso que resultó el canto de las aves. Atravesé praderas enteras envuelta en mis ilusiones; para los ojos ajenos, yo simplemente no estaba allí. Crucé ríos, me resbalé con las piedras húmedas y terminé golpeándome contra una roca. Me dolió horrible, pero aquel dolor sabía a libertad. Recuerdo que me eché a reír. Mientras me limpiaba el barro de las piernas, una ranita apareció entre los juncos y se acercó dando saltitos. Le dije:

    «¿No te parece que todo esto es hermoso? Los árboles, el sol, el viento, el agua, la vida. Me pregunto cuántas cosas habrás visto aquí arriba. Cuántos amaneceres conocerás tú y yo me habré perdido haya abajo». La rana respondió lanzando la lengua contra un mosquito que pasaba zumbando. Sonreí y le respondí: «Bueno, supongo que eso es un sí. ¿Sabes? Si existiera una manera de conocer todas las imágenes que guarda esa cabecita verde, sería maravilloso. Podría conocer el mundo entero a través de tus ojos. Todo lo que tú has visto y yo todavía no».

    Y así comenzó el descubrimiento de mi segunda habilidad. Pero eso ya es una historia para otra ocasión. Para la función de esta noche traje conmigo a la ranita del río –Afro extendió ambas manos con las palmas hacia arriba. La rana emergió dando un pequeño salto desde su mano derecha hacia la izquierda y luego se sumergió en su piel como si hubiera atravesado la superficie de un estanque invisible. Ondas azuladas y púrpuras recorrieron sus palmas durante un instante antes de desaparecer–. Así que díganme, ¿están listos para el espectáculo de magia?
    ────Tarde lluviosa con olor a palomitas de maíz. Eso solo puede significar una cosa: el show de magia de Afro está a punto de comenzar. Mientras esos asientos se van llenando y se me va pasando el calambre de la pierna izquierda, les contaré la historia de cómo esta encantadora maga aprendió sus trucos. Siempre he sido una incomprendida. Cuando era más joven, mi cabeza estaba llena de preguntas que los demás consideraban una perdida de tiempo. Y las respuestas que recibía no lograban satisfacer mi curiosidad, algunas me dejaban un nudo de nervios en el estómago y también estaban las que me hacían sentir como una boba por haber preguntado. Me molestaba conmigo misma por no poder ser como los demás. ¿Por qué tenía que ser precisamente yo, la hija del tirano del cielo, quién se hiciera esa clase de cuestionamientos? ¿por qué simplemente no podía limitarme a beber una copa de néctar y quedarme quieta, como lo hacían el resto de los habitantes dentro de los muros grises del palacio de Océano? Como pude, logré adaptarme a ese lugar lleno de deidades con cabellos trenzados con algas, y moluscos que colgaban de barbas ancianas y túnicas azules. Aprendí a hacer las preguntas y las conversaciones correctas a las deidades correctas. A sonreír en el momento adecuado. A no incomodar demasiado. Desde el primer momento fui una decepción: yo no era lo que todos esperaban de mí. No contaba con la impresionante fuerza de mi progenitor, y en esos días, tampoco parecía que hubiera heredado ningún poder impresionante. No me convertía en bruma, ni en un pez, ni en espuma. No podía manipular las olas, ni el viento, ni hacer crecer las flores a mi paso. Todo lo que tenía era este bonito rostro. Así que lo utilice como mi escudo y mi armadura eran mi sonrisa, mi lengua afilada y mi sentido del humor. Suena como una exageración, lo sé, pero era una cuestión de supervivencia. De ello dependía qué tan bien iba a ser mi existencia en ese lugar. A pesar de mis esfuerzos, no pude evitar los comentarios que se hacían sobre mí: «¿Porqué tenemos que cuidar de la bastarda del tirano? No tiene sangre del mar, ¿qué hace ella aquí?». En otra ocasión, escuché murmurar a alguien en la ala de la Espuma. «¿Sabes qué me preguntó el otro día? me preguntó adónde van las deidades al morir. ¿Quién se esta encargado de educarla que le está metiendo semejantes tonterías en la cabeza? Deberías mirar a los otros dos que se escaparon del Señor de la Hoz; la muchacha es extraordinaria con la lanza y el otro tiene fuerza suficiente para hacer temblar montañas. A ellos deberíamos apoyarlos. ¿Y nosotros qué estamos haciendo? Ocultando y alimentando a una diosa que ni siquiera tiene poderes. Cuando la rebelión termine, llegará la repartición de dominios, ¿qué crees que nos quedará a nosotros si se empieza a decirse que nuestra casa se unió hasta el final de la guerra? Escuché que la casa de Nereo ya está negociando una alianza matrimonial. Si seguimos retrasándonos, terminarán pasándonos por encima. Cierto, es la última hija del Padre del Cielo, pero su reinado terminó hace demasiado tiempo. Su linaje ya no tiene el mismo peso que en antaño. No pertenece a nuestra familia; no ganamos ni perdemos nada con ella. Con suerte encontrará con quién unirse y alguien más se encargará de sacarla de aquí». Esas palabras vinieron de una deidad de los ríos a quién yo le había contado lo triste que a veces me hacía sentía ser una huérfana, y aquella pregunta sobre la muerte se me escapó en un momento de vulnerabilidad emocional. No me quise quedar a seguir escuchando. Aunque, si sirve de consuelo, antes de moverme de mi escondite escuché cómo aquel dios comenzaba a ahogarse con un pedazo de cangrejo hervido que se le atoró en la garganta por hablar con la boca abierta. Creo que alguien comenzó a gritar: «¡Alza los brazos! ¡Pégale en la espalda! ¡Así no, idiota!» —Afro hizo una pausa y se llevó un dedo a los labios, intentando recuperar ese momento de sus recuerdos–. Tardó bastante en escupirlo, pero sobrevivió, y eso es lo importante. Supongo. Bueno, en fin... Esa experiencia me obligó a endurecerme. Aprendí que no debía entregar mi confianza con tanta facilidad. Me repetí una y otra vez que debía convertirme en una rosa como las que le traían a mi anfitriona: hermosa y radiante por fuera, pero cubierta de espinas bajo los pétalos para cualquiera que intentara marchitarme. Mis comentarios se volvieron mordaces. Enterré mi curiosidad debajo de bromas y sonrisas, aunque las preguntas seguían latiendo en mi cabeza como un ruido imposible de ignorar. Recorrí riachuelos y exploré docenas de veces los jardines acuáticos del palacio para matar el aburrimiento, y descubrir, de pura casualidad, si mis poderes finalmente despertarían. No podía salir a la superficie. Si lo hacía, pondría en riesgo la conspiración que ya estaba en marcha para usurpar el trono que una vez perteneció a mi padre. Y entonces, un día, me recosté sobre los peldaños que conducían al exterior y una frustración insoportable estalló en más preguntas... y en una gota de agua que se estrelló contra mi nariz. ¿Es que eso era todo lo que me esperaba? ¿Pasaría el resto de mi existencia inmortal encerrada en ese palacio? ¿De qué servía la inmortalidad si no podía hacerse nada con ella? ¿Cuándo conocería el mundo de la superficie? ¿Cómo era? Y si moría ¿mi alma por fin sería libre de vagar allá arriba? ¿Las almas podían sentir los rayos del sol? ¿Qué hacían las almas con toda la eternidad? Sí, lo sé. Son preguntas muy ruidosas. Pero, como dije, era joven y nadie estaba dispuesto a darme una respuesta que realmente significara algo. Me levanté y decidí buscar una forma de salir de allí. Le robaría una capa a alguien o me la jugaría a escapar a hurtadillas si era necesario. Pero iba a subir a la superficie de un modo u otro. Hay un defecto mío que suele pasar desapercibido: tengo una imaginación absurdamente activa. En esos días soñaba despierta con poder hacer ilusiones. Hacía gestos con las manos y murmuraba palabras mágicas esperando que un cíclope rosa apareciera enfrente de mí. Nunca ocurría nada. Hasta que un día cerré los ojos y me concentré en una planta que estaba frente a mí. Me concentré exactamente en lo que quería que cambiara de ella. La vi con claridad en la oscuridad de mi mente: sus pétalos abriéndose con delicadeza, teñidos de un color azul profundo. Imaginé también su aroma, dulce e inteso, tanto que parecía llegarme realmente a la nariz. El palacio de Océano siempre estaba cubierto de humedad, así que añadí pequeñas gotas de rocío resbalando por los pétalos. Gotas frescas. Podía sentirlas deslizándose por las yemas de mis dedos. Y entonces sentí el agua de verdad. Supuse que alguna gota habría caído del techo. Pero en ese momento ya no importaba. Estaba tan concentrada en la flor que tejía en mi cabeza que había dejado de sentir mi cuerpo y el único sonido que escuchaba era el de mi respiración, lenta y constante. Ni recordaba la mano que había levantado hacia la planta, ni la posición rígida en la que mis dedos habían quedado suspendidos. Pasó un tiempo antes de que el aroma comenzara a molestarme. Entonces abrí los ojos. La flor estaba ahí. Exactamente como la imaginé. Y entre mis dedos danzaba un resplandor de color azul atravesado por luces púrpuras –ella sacudió la mano, ese mismo tejido energético, vivo, precioso y ondulante, brilló como una aurora boreal. Sonrió, incluso ahora, el recuerdo seguía emocionándola igual que aquel día–. Esa fue mi primera ilusión y el despertar de mis dones. No era perfecta. A simple vista había detalles que hacían evidente que se trataba de un truco. Uno mal hecho. Pero para mí... eso bastaba. No tenía idea de como lo había hecho y en aquel instante sentí la sensación de que era capaz de hacer cualquier cosa. Quería más de ese poder. Quería que mis ilusiones fueran tan realistas que fueran capaces de moldear la realidad a mi gusto. Me obsesioné con perfeccionarlas que me la pasé noches enteras practicando mis ilusiones sin dormir. La cabeza me daba vueltas todos los días, me picaban los ojos, y una vez incluso me desplomé del agotamiento en uno de los pasillos. Era la única manera de hacerlo sin que nadie me descubiera. Porque esas eran mis ilusiones. Era mi poder. Mi llave al exterior, y no iba a permitir que nadie me la arrebatara. Sí... quizá, si les mostraba a los demás lo que podía hacer, finalmente empezarían a tomarme en serio. Pero me había costando trabajo levantarlas como para aceptar que alguien más pudiera decidir hasta dónde era capaz de llegar y cuando usarlas. Mejoré y... salí al exterior. Debo admitir que mi truco favorito sigue siendo desaparecer. Es increíblemente útil para adelantarme en la fila de las hamburguesas y convertirme en ser la primera en ordenar. O para escuchar conversaciones que suenan bastante interesantes. Oh, no se molesten en ponerse paranoicos, su privacidad está segura conmigo. Pero si escucho frases como: «Vamos a cerrar el contrato» o «llegó la hora de depositar el aguinaldo», no duden ni un segundo en que ya tengo el ojo puesto en esa dirección. No tengo palabras para describir... lo maravillada que me sentí cuando los rayos del sol tocaron mi piel. Ni el aroma del pasto. Ni la sensación de correr entre las raíces cubiertas de musgo verde bajo los árboles del bosque. Ni lo hermoso que resultó el canto de las aves. Atravesé praderas enteras envuelta en mis ilusiones; para los ojos ajenos, yo simplemente no estaba allí. Crucé ríos, me resbalé con las piedras húmedas y terminé golpeándome contra una roca. Me dolió horrible, pero aquel dolor sabía a libertad. Recuerdo que me eché a reír. Mientras me limpiaba el barro de las piernas, una ranita apareció entre los juncos y se acercó dando saltitos. Le dije: «¿No te parece que todo esto es hermoso? Los árboles, el sol, el viento, el agua, la vida. Me pregunto cuántas cosas habrás visto aquí arriba. Cuántos amaneceres conocerás tú y yo me habré perdido haya abajo». La rana respondió lanzando la lengua contra un mosquito que pasaba zumbando. Sonreí y le respondí: «Bueno, supongo que eso es un sí. ¿Sabes? Si existiera una manera de conocer todas las imágenes que guarda esa cabecita verde, sería maravilloso. Podría conocer el mundo entero a través de tus ojos. Todo lo que tú has visto y yo todavía no». Y así comenzó el descubrimiento de mi segunda habilidad. Pero eso ya es una historia para otra ocasión. Para la función de esta noche traje conmigo a la ranita del río –Afro extendió ambas manos con las palmas hacia arriba. La rana emergió dando un pequeño salto desde su mano derecha hacia la izquierda y luego se sumergió en su piel como si hubiera atravesado la superficie de un estanque invisible. Ondas azuladas y púrpuras recorrieron sus palmas durante un instante antes de desaparecer–. Así que díganme, ¿están listos para el espectáculo de magia?
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  • Hacía un poco de calor en Teyvat.
    Razor, el Chico Lobo ya había hecho casi todas sus actividades del día a día, jugó por horas con su manada de lobos, pescó, se bañó en el lago detrás de Mondstadt, había ido a la Biblioteca a sus clases con su maestra Lisa.

    Al salir de la biblioteca y de la sede de los caballeros de Favonius el sol pegó en su rostro haciéndolo cerrar ligeramente sus ojos hasta adaptarse de nuevo a la luz.

    -Nhg...sol...enojado... -Así conocía él "calor" y luego, sonrió. Siempre buscaba cualquier pretexto para que Sara, la dueña y cocinera de El Gran Cazador le hiciera un batido bien frío con ganchos de lobo y miel-

    Con aquella idea y pretexto perfecto fue corriendo al restaurante cerca de la plaza de Mondstadt.

    -¡Sara...Sara...Sara!... -Demandó entrando al lugar mientras señalaba indignado hacia arriba y hacia afuera "indignado"-...Sol...molesto...

    +¡Razor! ¡Que sorpresa verte por aquí!... ¿Hu? Con que sol "molesto" ¿Eh?

    -¡Uhum! ¡Mucho!...

    +¿No será que...?...Ay ya, ya sé lo que quieres...Siéntate, ya te traigo uno.

    Razor sonrió victorioso. Tomó asiento como siempre y movió sus piernas de lado a lado esperando. Minutos después Sara llegó con su "arma contra el sol", su batido helado.

    +No lo bebas muy rápido...siempre se te congela el cerebro~.

    Razor tomó el vaso con los ojos resplandecientes e ignorando como siempre la advertencia su primer sorbo fue, grande, sus ojos se cerraron y se quejó levemente, paladar y cerebro congelado, pero rió, era un dolor "bueno".

    +¡Te dije que con cuidado!
    -Heh...Batido...bueno.... -Dejó un par de Moras pagando el batido y se fue victorioso con bebida en manos. La puerta del restaurante se abrió de nuevo-...Gracias...Sara...buena...

    Se le había olvidado agradecer como le enseñaron Jean y Lisa, después de ello, se fue contento bebiendo.
    Hacía un poco de calor en Teyvat. Razor, el Chico Lobo ya había hecho casi todas sus actividades del día a día, jugó por horas con su manada de lobos, pescó, se bañó en el lago detrás de Mondstadt, había ido a la Biblioteca a sus clases con su maestra Lisa. Al salir de la biblioteca y de la sede de los caballeros de Favonius el sol pegó en su rostro haciéndolo cerrar ligeramente sus ojos hasta adaptarse de nuevo a la luz. -Nhg...sol...enojado... -Así conocía él "calor" y luego, sonrió. Siempre buscaba cualquier pretexto para que Sara, la dueña y cocinera de El Gran Cazador le hiciera un batido bien frío con ganchos de lobo y miel- Con aquella idea y pretexto perfecto fue corriendo al restaurante cerca de la plaza de Mondstadt. -¡Sara...Sara...Sara!... -Demandó entrando al lugar mientras señalaba indignado hacia arriba y hacia afuera "indignado"-...Sol...molesto... +¡Razor! ¡Que sorpresa verte por aquí!... ¿Hu? Con que sol "molesto" ¿Eh? -¡Uhum! ¡Mucho!... +¿No será que...?...Ay ya, ya sé lo que quieres...Siéntate, ya te traigo uno. Razor sonrió victorioso. Tomó asiento como siempre y movió sus piernas de lado a lado esperando. Minutos después Sara llegó con su "arma contra el sol", su batido helado. +No lo bebas muy rápido...siempre se te congela el cerebro~. Razor tomó el vaso con los ojos resplandecientes e ignorando como siempre la advertencia su primer sorbo fue, grande, sus ojos se cerraron y se quejó levemente, paladar y cerebro congelado, pero rió, era un dolor "bueno". +¡Te dije que con cuidado! -Heh...Batido...bueno.... -Dejó un par de Moras pagando el batido y se fue victorioso con bebida en manos. La puerta del restaurante se abrió de nuevo-...Gracias...Sara...buena... Se le había olvidado agradecer como le enseñaron Jean y Lisa, después de ello, se fue contento bebiendo.
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  • Ahora que estoy obligado a tener esta vida ocultando lo que en verdad soy tendré que adaptarme poco a poco.

    Lo primero que hice fue conseguir un departamento lo cual no fue tan difícil solo tuve que pagarles usando algunas joyas, aunque ahora que lo pienso quizás eso no fue buena idea.

    Pero en fin ahora que ya me instale tendré que conseguir eso a lo que los humanos llaman "trabajo"
    Ahora que estoy obligado a tener esta vida ocultando lo que en verdad soy tendré que adaptarme poco a poco. Lo primero que hice fue conseguir un departamento lo cual no fue tan difícil solo tuve que pagarles usando algunas joyas, aunque ahora que lo pienso quizás eso no fue buena idea. Pero en fin ahora que ya me instale tendré que conseguir eso a lo que los humanos llaman "trabajo"
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  • El comienzo del viaje
    Fandom Original
    Categoría Fantasía
    La reina de los dragones había llegado a tierras desconocidas por ella, allí se encontraría con seres de distintas especies tanto aliados como enemigos, sabía que un nuevo camino había empezado para ella, a través de un portal propia iba a su reino día tras día para mantenerlo en orden mientras usaba el mismo portal para regresar aquí, ¿Que tipo de seres conocerá y que será lo que espera en su camino?.

    *Por ahora la reina camina por la ciudad observando para adaptarse, no obstante ya tenía un departamento propio que compro con el oro que se tajo de sus tierras*

    — Espero el destino ponga buenas personas frente a mi —
    La reina de los dragones había llegado a tierras desconocidas por ella, allí se encontraría con seres de distintas especies tanto aliados como enemigos, sabía que un nuevo camino había empezado para ella, a través de un portal propia iba a su reino día tras día para mantenerlo en orden mientras usaba el mismo portal para regresar aquí, ¿Que tipo de seres conocerá y que será lo que espera en su camino?. *Por ahora la reina camina por la ciudad observando para adaptarse, no obstante ya tenía un departamento propio que compro con el oro que se tajo de sus tierras* — Espero el destino ponga buenas personas frente a mi —
    Tipo
    Grupal
    Líneas
    3
    Estado
    Disponible
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  • Es maravillosa la capacidad que tenemos de adaptarnos a lo nuevo. Para bien o para mal, sólo es supervivencia.
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  • Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
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    ***Edad del Caos****
    “El Precio de la Luna”

    Los años habían endurecido al mundo y también a Yen. La que alguna vez fue una niña perdida ahora marchaba al frente de ejércitos. Su nombre ya no se susurraba con duda, sino con respeto entre los Kijin, aquellos que alguna vez fueron nómadas y que ahora habían elegido su propio destino, su propia identidad.

    Yen peleaba a su lado como igual, las campañas contra los Elunai continuaban sin descanso. Ciudad tras ciudad caía, cadenas eran rotas y pueblos enteros recuperaban su libertad. Sin embargo, la libertad no traía siempre valentía. Muchos de los liberados elegían no empuñar armas, y ni Ozma ni Yen los obligaban. No todos nacían para la guerra y ellos lo entendían.

    Pero hubo un lugar distinto, un antiguo centro de investigación. El aire ahí estaba cargado como si la tierra misma recordara el dolor.

    Cuando el asalto comenzó, los Elunai no huyeron de inmediato, activaron su último recurso... Una aberración. De entre los restos del laboratorio emergió algo que alguna vez fue un Nómada. Su cuerpo estaba deformado, cubierto de músculos grotescos, con colmillos que sobresalían como cuchillas y cuernos retorcidos. Su largo cabello blanco caía hasta la cintura como una sombra. En sus manos, un hacha de guerra descomunal.

    No era un soldado, era un experimento. Yen avanzó, por primera vez, el ejército era suyo y no iba a fallar. La batalla fue brutal, cada golpe del monstruo sacudía la tierra. Yen respondía con velocidad y precisión, moviéndose como una sombra bajo la luna invisible del día. Pero aquella cosa no sentía dolor, solo destrucción.

    Porque mientras ella luchaba con técnica, aquella cosa luchaba con puro instinto desatado. Pero entonces... El error llegó en un instante, un movimiento mal calculado, un poder mal canalizado y el castigo fue brutal.

    Su brazo fue arrancado, el dolor indescriptible, sus soldados Kijin dudaron, creyeron su que princesa guerrera iba caer, pero aun así, Yen no retrocedió.

    Algo dentro de ella, ese impulso que siempre la empujaba hacia adelante tomó el control. Junto a Onix, que se mantuvo firme incluso ante el horror, lograron derribar a la criatura y librarla del sufrimiento.

    Pero la victoria no se sintió como tal, los Kijin la llevaron ante Ozma, él percibió algo que lo hizo detenerse. El poder de Yen era grande, demasiado grande para alguien que aún no comprendía lo que tenía.

    Para él, aquello solo significaba una cosa: su hija había crecido y si había crecido, entonces debía ser capaz. Sanó sus heridas pero no su brazo, no fue crueldad, fue convicción.

    Desde su perspectiva, Yen ya tenía todo lo necesario. Si no podía regenerarse era porque aún no lo intentaba de verdad. Porque no había sido llevada al límite correcto.

    Ozma no conocía la verdad, no sabía que el poder de Yen no había crecido de forma natural. Que la bendición lunar, heredada de Selin, había abierto puertas antes de tiempo.

    Le había dado acceso a algo sin enseñarle a usarlo, era como darle a un niño un libro imposible de leer y esperar que entendiera las palabras.

    Yen aceptó la desicion de su padre porque confiaba en él, siempre lo había hecho. Pasaron varios dias para que Yen recuperara su poder agotado, ella sabia lo que tenia hacer, esa noche era la indicada... Pero cuando llegó la luna llena y trató de repetir aquello que una vez mas no hubo respuesta.

    Yen entrenó, intentó, insistió, pero nada. No entendía qué había hecho aquella noche ni cómo volver a hacerlo.

    Por primera vez, su poder no respondía a su voluntad y eso la frustraba más que cualquier herida. Los Kijin, que habían aprendido a observar y adaptarse, comprendieron algo distinto. Ellos no veían a una guerrera fallando veían un problema práctico y lo resolvieron.

    Le dieron un brazo artificial, tosco, hecho con conocimiento robado a los Elunai. No era elegante ni mucho menos perfecto pero funcionaba.

    Cuando Yen lo colocó, sintió el peso, no solo era físico, era la prueba de algo que nunca había enfrentado antes: No bastaba con ser fuerte.

    Había partes de sí misma que aún no entendía y que, por primera vez su crecimiento se había detenido. No por falta de poder sino por falta de guía.
    ***Edad del Caos**** “El Precio de la Luna” Los años habían endurecido al mundo y también a Yen. La que alguna vez fue una niña perdida ahora marchaba al frente de ejércitos. Su nombre ya no se susurraba con duda, sino con respeto entre los Kijin, aquellos que alguna vez fueron nómadas y que ahora habían elegido su propio destino, su propia identidad. Yen peleaba a su lado como igual, las campañas contra los Elunai continuaban sin descanso. Ciudad tras ciudad caía, cadenas eran rotas y pueblos enteros recuperaban su libertad. Sin embargo, la libertad no traía siempre valentía. Muchos de los liberados elegían no empuñar armas, y ni Ozma ni Yen los obligaban. No todos nacían para la guerra y ellos lo entendían. Pero hubo un lugar distinto, un antiguo centro de investigación. El aire ahí estaba cargado como si la tierra misma recordara el dolor. Cuando el asalto comenzó, los Elunai no huyeron de inmediato, activaron su último recurso... Una aberración. De entre los restos del laboratorio emergió algo que alguna vez fue un Nómada. Su cuerpo estaba deformado, cubierto de músculos grotescos, con colmillos que sobresalían como cuchillas y cuernos retorcidos. Su largo cabello blanco caía hasta la cintura como una sombra. En sus manos, un hacha de guerra descomunal. No era un soldado, era un experimento. Yen avanzó, por primera vez, el ejército era suyo y no iba a fallar. La batalla fue brutal, cada golpe del monstruo sacudía la tierra. Yen respondía con velocidad y precisión, moviéndose como una sombra bajo la luna invisible del día. Pero aquella cosa no sentía dolor, solo destrucción. Porque mientras ella luchaba con técnica, aquella cosa luchaba con puro instinto desatado. Pero entonces... El error llegó en un instante, un movimiento mal calculado, un poder mal canalizado y el castigo fue brutal. Su brazo fue arrancado, el dolor indescriptible, sus soldados Kijin dudaron, creyeron su que princesa guerrera iba caer, pero aun así, Yen no retrocedió. Algo dentro de ella, ese impulso que siempre la empujaba hacia adelante tomó el control. Junto a Onix, que se mantuvo firme incluso ante el horror, lograron derribar a la criatura y librarla del sufrimiento. Pero la victoria no se sintió como tal, los Kijin la llevaron ante Ozma, él percibió algo que lo hizo detenerse. El poder de Yen era grande, demasiado grande para alguien que aún no comprendía lo que tenía. Para él, aquello solo significaba una cosa: su hija había crecido y si había crecido, entonces debía ser capaz. Sanó sus heridas pero no su brazo, no fue crueldad, fue convicción. Desde su perspectiva, Yen ya tenía todo lo necesario. Si no podía regenerarse era porque aún no lo intentaba de verdad. Porque no había sido llevada al límite correcto. Ozma no conocía la verdad, no sabía que el poder de Yen no había crecido de forma natural. Que la bendición lunar, heredada de Selin, había abierto puertas antes de tiempo. Le había dado acceso a algo sin enseñarle a usarlo, era como darle a un niño un libro imposible de leer y esperar que entendiera las palabras. Yen aceptó la desicion de su padre porque confiaba en él, siempre lo había hecho. Pasaron varios dias para que Yen recuperara su poder agotado, ella sabia lo que tenia hacer, esa noche era la indicada... Pero cuando llegó la luna llena y trató de repetir aquello que una vez mas no hubo respuesta. Yen entrenó, intentó, insistió, pero nada. No entendía qué había hecho aquella noche ni cómo volver a hacerlo. Por primera vez, su poder no respondía a su voluntad y eso la frustraba más que cualquier herida. Los Kijin, que habían aprendido a observar y adaptarse, comprendieron algo distinto. Ellos no veían a una guerrera fallando veían un problema práctico y lo resolvieron. Le dieron un brazo artificial, tosco, hecho con conocimiento robado a los Elunai. No era elegante ni mucho menos perfecto pero funcionaba. Cuando Yen lo colocó, sintió el peso, no solo era físico, era la prueba de algo que nunca había enfrentado antes: No bastaba con ser fuerte. Había partes de sí misma que aún no entendía y que, por primera vez su crecimiento se había detenido. No por falta de poder sino por falta de guía.
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