• Eppur si muove
    Fandom OC
    Categoría Suspenso
    "𝘋𝘪𝘮𝘦 𝘴𝘪, 𝘢𝘭 𝘧𝘪𝘯𝘢𝘭, 𝘢𝘩𝘪 𝘷𝘢𝘴 𝘢 𝘦𝘴𝘵𝘢𝘳,
    𝘰𝘩, 𝘔𝘢𝘥𝘳𝘦, 𝘦𝘴𝘱𝘦𝘳𝘢𝘯𝘥𝘰 𝘱𝘢𝘳𝘢 𝘮í.
    𝘘𝘶𝘦 𝘦𝘭 𝘥𝘰𝘭𝘰𝘳 𝘺 𝘭𝘢 𝘴𝘢𝘯𝘨𝘳𝘦,
    𝘉𝘪𝘦𝘯 𝘷𝘢𝘭𝘦𝘯 𝘭𝘢 𝘱𝘦𝘯𝘢
    𝘚𝘪 𝘩𝘢𝘯 𝘥𝘦 𝘴𝘦𝘳 𝘱𝘢𝘳𝘢 𝘵𝘪"

    "Y aún así, se mueve".

    La historia de un hombre que se plantó como un árbol de cara a un alud, con el mundo en su contra, vuelve a recordar. Y, con el relato, la última esfrofa de ese último vestigio de la tierra donde todo se ha perdido, una canción que sólo él recuerda.

    Pese a tener los dedos entumecidos por el frío de la tundra, no deja de dibujar. De su memoria evocando el níveo blanco de su cabello, sus finas facciones, la intensidad de su mirada...

    "Disculpe. ¿Ha visto a esta mujer?"

    Practica de nuevo, mirando el retrato que de su puño y pulso ha nacido. Practica, haciendo lo posible por enmascarar su acento, prueba fehaciente y vívida de que es un forastero, un extraño, un errante.

    De que está solo. Profunda, insondable, completamente solo.

    Un acento que suena como uñas sobre la pizarra que son esos campos de blanco infinito. Un acento que, según muchos, ya no debería existir. Una reliquia de tiempos peores, desechados. El residuo de un dialecto barbárico.

    "Na-gi. Ese es su nombre. Por favor, dígame si sabe algo sobre ella".

    Otro ensayo. Otro, mientras sus pasos, la evidencia que deja en la nieve tras de sí, conducen al más cercano poblado.

    ¿Y a quién es que busca?

    A nadie más que a una superviviente. Como él, a alguien que entiende, quizás mejor que nadie, lo que es el perderlo todo. El no tener un pasado ni un futuro. En ser menos que un pie de página en el libro de este mundo.

    A la única persona que puede tener pistas del Libro.
    "𝘋𝘪𝘮𝘦 𝘴𝘪, 𝘢𝘭 𝘧𝘪𝘯𝘢𝘭, 𝘢𝘩𝘪 𝘷𝘢𝘴 𝘢 𝘦𝘴𝘵𝘢𝘳, 𝘰𝘩, 𝘔𝘢𝘥𝘳𝘦, 𝘦𝘴𝘱𝘦𝘳𝘢𝘯𝘥𝘰 𝘱𝘢𝘳𝘢 𝘮í. 𝘘𝘶𝘦 𝘦𝘭 𝘥𝘰𝘭𝘰𝘳 𝘺 𝘭𝘢 𝘴𝘢𝘯𝘨𝘳𝘦, 𝘉𝘪𝘦𝘯 𝘷𝘢𝘭𝘦𝘯 𝘭𝘢 𝘱𝘦𝘯𝘢 𝘚𝘪 𝘩𝘢𝘯 𝘥𝘦 𝘴𝘦𝘳 𝘱𝘢𝘳𝘢 𝘵𝘪" "Y aún así, se mueve". La historia de un hombre que se plantó como un árbol de cara a un alud, con el mundo en su contra, vuelve a recordar. Y, con el relato, la última esfrofa de ese último vestigio de la tierra donde todo se ha perdido, una canción que sólo él recuerda. Pese a tener los dedos entumecidos por el frío de la tundra, no deja de dibujar. De su memoria evocando el níveo blanco de su cabello, sus finas facciones, la intensidad de su mirada... "Disculpe. ¿Ha visto a esta mujer?" Practica de nuevo, mirando el retrato que de su puño y pulso ha nacido. Practica, haciendo lo posible por enmascarar su acento, prueba fehaciente y vívida de que es un forastero, un extraño, un errante. De que está solo. Profunda, insondable, completamente solo. Un acento que suena como uñas sobre la pizarra que son esos campos de blanco infinito. Un acento que, según muchos, ya no debería existir. Una reliquia de tiempos peores, desechados. El residuo de un dialecto barbárico. "Na-gi. Ese es su nombre. Por favor, dígame si sabe algo sobre ella". Otro ensayo. Otro, mientras sus pasos, la evidencia que deja en la nieve tras de sí, conducen al más cercano poblado. ¿Y a quién es que busca? A nadie más que a una superviviente. Como él, a alguien que entiende, quizás mejor que nadie, lo que es el perderlo todo. El no tener un pasado ni un futuro. En ser menos que un pie de página en el libro de este mundo. A la única persona que puede tener pistas del Libro.
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  • X: Rol abierto para quien desee interacciones.

    Diásporas mutantes del tiempo y el espacio. Multiverso en conflicto.

    _______________

    La memoria se hace trizas cuando la resistencia del futuro decidió enviar a Bishop al pasado, un túnel multicolor donde se deformaba el tiempo y el espacio parecía gritar, altera la percepción del mutante con capacidades de absorción de energía. Pocos quedaban en su línea temporal original capaces de resistir los viajes en el tiempo sin afectar demasiado el futuro y el objetivo de aquel hombre de cabello con dreads significaba una sola cosa: guerra.

    Arribó al pasado, año 1997 de la línea 616. New York y una información fragmentada. Apareció en un callejón pero esa irrupción solo llamó la atención de un Centinela que fue capaz de detectarlo. Con asombro aquel hombre solo escucha los pasos de las máquinas que sometieron a los de su especie en el futuro, tragó saliva pero reconoció algo interesante, ese Centinela era una versión anticuada, lejos del temible Nimrod o Bastion, cualquier otro modelo Prime u Omega. Sostiene su rifle con ambas manos, sus ojos encendidos como llamas mientras una sonrisa se forma, ante el inigualable sonido del autómata de "amenaza mutante detectada" y la expulsión de un rayo de energía que captura con cierto malestar en su mano derecha. El rifle tomaba la energía que él absorvió, era un dispositivo más para canalizar, más sutil que la brutalidad que él es capaz de hacer con sus manos, así el mutante orgulloso respondió.

    - No seguirán destruyendo mi futuro. Esto es por todos los hermanos y hermanas que desde esta época sufrieron el flagelo de la discriminación e intolerancia. -

    Entonces atacó, bastó una descarga a la altura de la cabeza de ese robot para volar sus sistemas, fue demasiado sencillo, pensó, no podía ser tan fácil. Entonces se cubrió con una capa de pies a cabeza y emprendió huida sin llamar la atención más de lo que seguramente ya causó.

    - Debo encontrar a Xarles y los demás. -
    X: Rol abierto para quien desee interacciones. Diásporas mutantes del tiempo y el espacio. Multiverso en conflicto. _______________ La memoria se hace trizas cuando la resistencia del futuro decidió enviar a Bishop al pasado, un túnel multicolor donde se deformaba el tiempo y el espacio parecía gritar, altera la percepción del mutante con capacidades de absorción de energía. Pocos quedaban en su línea temporal original capaces de resistir los viajes en el tiempo sin afectar demasiado el futuro y el objetivo de aquel hombre de cabello con dreads significaba una sola cosa: guerra. Arribó al pasado, año 1997 de la línea 616. New York y una información fragmentada. Apareció en un callejón pero esa irrupción solo llamó la atención de un Centinela que fue capaz de detectarlo. Con asombro aquel hombre solo escucha los pasos de las máquinas que sometieron a los de su especie en el futuro, tragó saliva pero reconoció algo interesante, ese Centinela era una versión anticuada, lejos del temible Nimrod o Bastion, cualquier otro modelo Prime u Omega. Sostiene su rifle con ambas manos, sus ojos encendidos como llamas mientras una sonrisa se forma, ante el inigualable sonido del autómata de "amenaza mutante detectada" y la expulsión de un rayo de energía que captura con cierto malestar en su mano derecha. El rifle tomaba la energía que él absorvió, era un dispositivo más para canalizar, más sutil que la brutalidad que él es capaz de hacer con sus manos, así el mutante orgulloso respondió. - No seguirán destruyendo mi futuro. Esto es por todos los hermanos y hermanas que desde esta época sufrieron el flagelo de la discriminación e intolerancia. - Entonces atacó, bastó una descarga a la altura de la cabeza de ese robot para volar sus sistemas, fue demasiado sencillo, pensó, no podía ser tan fácil. Entonces se cubrió con una capa de pies a cabeza y emprendió huida sin llamar la atención más de lo que seguramente ya causó. - Debo encontrar a Xarles y los demás. -
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  • Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
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    Quería hacer una pequeña aclaración sobre cómo manejo el rol:

    Por mi tiempo no siempre puedo estar activo constantemente. o A veces me desaparezco.

    para mí la historia de mi personaje queda completamente en pausa. Es decir, no asumo que el tiempo sigue avanzando para él dentro del rol, ni que “desaparece” dentro de la narrativa.
    Entiendo que otros manejan un ritmo más dinámico donde todo sigue avanzando, pero mi forma de rolear es distinta: prefiero que las interacciones en las que estoy involucrado queden en espera hasta que pueda retomarlas, así se mantiene la coherencia de lo que estaba pasando.

    Por eso, cuando vuelvo y se interpreta como si mi personaje hubiera estado ausente dentro de la historia, se me hace raro, porque desde mi lado nunca dejó de estar en ese mismo punto.

    También entiendo que este estilo no siempre es compatible con todos. Si alguien necesita que la historia avance constantemente o depende de ese ritmo para seguir roleando, lo comprendo totalmente. En esos casos, probablemente no sea posible mantener el rol conmigo sin que termine frenando el progreso o sintiéndome fuera de lugar y prefiero ser honesto con eso.

    Gracias por leer
    Quería hacer una pequeña aclaración sobre cómo manejo el rol: Por mi tiempo no siempre puedo estar activo constantemente. o A veces me desaparezco. para mí la historia de mi personaje queda completamente en pausa. Es decir, no asumo que el tiempo sigue avanzando para él dentro del rol, ni que “desaparece” dentro de la narrativa. Entiendo que otros manejan un ritmo más dinámico donde todo sigue avanzando, pero mi forma de rolear es distinta: prefiero que las interacciones en las que estoy involucrado queden en espera hasta que pueda retomarlas, así se mantiene la coherencia de lo que estaba pasando. Por eso, cuando vuelvo y se interpreta como si mi personaje hubiera estado ausente dentro de la historia, se me hace raro, porque desde mi lado nunca dejó de estar en ese mismo punto. También entiendo que este estilo no siempre es compatible con todos. Si alguien necesita que la historia avance constantemente o depende de ese ritmo para seguir roleando, lo comprendo totalmente. En esos casos, probablemente no sea posible mantener el rol conmigo sin que termine frenando el progreso o sintiéndome fuera de lugar y prefiero ser honesto con eso. Gracias por leer
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  • -Nunca he sido muy buena con las palabras, solo me queda esperar que mis acciones sean suficientes para expresar todo lo que siento.
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  • Camino más liviana ahora. No porque el pasado haya dejado de existir, sino porque aprendí a soltar lo que ya no me pertenece. Hay recuerdos que todavía susurran, pero ya no dictan mis pasos. Los escucho, los reconozco… y sigo adelante.

    He entendido que no todo merece quedarse, y que crecer también es saber despedirse. De lugares, de personas, incluso de versiones de mí que ya no encajan con quien soy hoy. No hay rencor, solo distancia. Una necesaria, sana, elegida.

    A veces intento volver, tender puentes hacia amistades que alguna vez fueron hogar. Me acerco con cuidado, con una mezcla de esperanza y temor… pero hay algo dentro de mí que duda, que me susurra que quizás ya no soy digna de su cariño. Y aunque quisiera creer lo contrario, ese pensamiento pesa más de lo que me gustaría admitir.

    El futuro ya no me asusta como antes. Tiene algo distinto… como una promesa silenciosa que me invita a construir sin apuro, pero con intención. No necesito tener todas las respuestas, solo la certeza de que cada decisión que tomo ahora está alineada con lo que quiero ser.

    Hoy me concentro en lo que sí puedo tocar: mis acciones, mis palabras, mis límites. En lo pequeño que, sin darme cuenta, se vuelve grande. En cada paso firme, aunque a veces tiemble.

    No estoy huyendo del pasado. Estoy eligiendo el presente. Y desde aquí… todo empieza a tener sentido.
    Camino más liviana ahora. No porque el pasado haya dejado de existir, sino porque aprendí a soltar lo que ya no me pertenece. Hay recuerdos que todavía susurran, pero ya no dictan mis pasos. Los escucho, los reconozco… y sigo adelante. He entendido que no todo merece quedarse, y que crecer también es saber despedirse. De lugares, de personas, incluso de versiones de mí que ya no encajan con quien soy hoy. No hay rencor, solo distancia. Una necesaria, sana, elegida. A veces intento volver, tender puentes hacia amistades que alguna vez fueron hogar. Me acerco con cuidado, con una mezcla de esperanza y temor… pero hay algo dentro de mí que duda, que me susurra que quizás ya no soy digna de su cariño. Y aunque quisiera creer lo contrario, ese pensamiento pesa más de lo que me gustaría admitir. El futuro ya no me asusta como antes. Tiene algo distinto… como una promesa silenciosa que me invita a construir sin apuro, pero con intención. No necesito tener todas las respuestas, solo la certeza de que cada decisión que tomo ahora está alineada con lo que quiero ser. Hoy me concentro en lo que sí puedo tocar: mis acciones, mis palabras, mis límites. En lo pequeño que, sin darme cuenta, se vuelve grande. En cada paso firme, aunque a veces tiemble. No estoy huyendo del pasado. Estoy eligiendo el presente. Y desde aquí… todo empieza a tener sentido.
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  • —Es extraño. Normalmente llenas el espacio con tus saltos incesantes, pero hoy pareces haber encontrado una quietud que no te conocía. Resulta casi inquietante verte así.—

    *Mantenía mi mirada gélida fija en ella, acariciándola con suavidad, notando cómo sus orejas reaccionaban a mi presencia en un gesto casi imperceptible.*
    —Es extraño. Normalmente llenas el espacio con tus saltos incesantes, pero hoy pareces haber encontrado una quietud que no te conocía. Resulta casi inquietante verte así.— *Mantenía mi mirada gélida fija en ella, acariciándola con suavidad, notando cómo sus orejas reaccionaban a mi presencia en un gesto casi imperceptible.*
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    Off: Avisando a todos con quienes debo interacciones y roles que hoy, y posiblemente mañana, no podré estar,

    El trabajo se puso fuerte y estaré bien ocupado
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    ****Edad del Caos****
    -El eco de la sangre

    El mundo temblo pero no por la furia de Oz, fue algo más pequeño, más sutil, un pulso débil pero imposible de ignorar. Oz se detuvo en seco.

    Entre la tormenta de poder que recorría su cuerpo, sintió algo distinto. Algo que no pertenecía a los dioses, ni a los templo o al odio. Era familiar, era suyo... Los ojos de Oz se abrieron con una intensidad renovada; "Yen" estaba viva.

    Sin decir palabra, su cuerpo reaccionó antes que su mente, su presencia se volvió más pesada, más rápida, más peligrosa. El suelo se quebraba bajo cada paso mientras avanzaba sin mirar atrás, Onix intentó seguirlo, corrió., tropezó, se levantó y volvió a correr.

    Pero la distancia entre ambos crecía con cada segundo, Oz no se detuvo, al menos no al principio.

    Pero algo en su interior, algo que aún no había sido consumido por completo lo hizo girarse. Sus ojos se clavaron en la pequeña figura que luchaba por alcanzarlo y durante un instante… dudó.

    Luego regresó sobre sus pasos, la tomó sin decir nada y la cargó con una sola mano, apoyándola contra su cuerpo, no hubo palabras ni hubo consuelo pero fue suficiente. Quizás el último acto de empatía que le quedaba.

    El templo apareció ante ellos, Oz dejó a Onix entre las sombras, no necesitó explicarle mucho,
    la niña entendió. Entonces avanzó y la muerte caminó con él.

    La entrada del templo no resistió, los muros crujieron, las columnas vibraron, el aire mismo se volvió pesado, como si el mundo intentara huir de su presencia.

    El poder de Oz, sellado durante tanto tiempo, comenzaba a desbordarse. No era preciso ni mucho menos controlado, era destrucción pura.

    Pero por primera vez eso era un problema, porque en algún lugar dentro de ese templo… estaba su hija. Oz apretó los dientes, contuvo su poder, lo redujo a lo más básico a lo más primitivo, fuerza.

    Golpeó, avanzó, rompió todo a su paso sin liberar por completo aquello que podía borrar el lugar entero. Cada enemigo que se interponía era aplastado sin contemplación.

    No había gritos para él, no había rostros, solo obstáculos. Entonces lo sintió, débil para él…
    pero inconfundible, un rastro de maná, era pequeño, inestable... Vivo. Oz lo siguió sin dudar y finalmente la vio.

    Era su hija Yen. La niña lo miró y no vio al monstruo, no vio la deformación de su cuerpo, ni la oscuridad que lo envolvía, solo vio a su padre.

    Corrió hacia él sin miedo y lo abrazó, Oz se quedó inmóvil por un instante, luego la levantó y por primera vez desde la muerte de Selin sostuvo algo que no quería destruir.

    Sin decir nada emprendió la marcha, no cubrió sus ojos, no suavizó el camino. Los cadáveres quedaron esparcidos a su paso, marcando el sendero que había abierto. Sangre, cuerpos rotos… silencio. Yen se aferró a él temblando, Oz habló, con una voz grave, firme: "No debes temer Yen, los muertos no pueden lastimarte, yo me encargare que nadie vuelva hacerlo."

    La niña escuchó y entendió, en su mente, algo cambió. Si aquellos hombres no hubieran vivido…
    su madre seguiría viva, si ella los hubiera matado antes nada de eso habría pasado.

    El pensamiento no desapareció, se quedó profundo en su corazón, echando raíces.

    Cuando salieron del templo, el aire parecía más liviano pero el mundo, más oscuro, Onix seguía donde la había dejado, Oz la tomó sin esfuerzo, cargando ahora a ambas niñas, se alejó sin mirar atrás.

    Su destino no era el descanso, era la guerra. Los llevó hacia las tierras de los Nómadas, un lugar donde los dioses no eran venerados sino odiados, donde los Elunai no eran respetados…
    sino rechazados.

    Allí, Yen no sería vista como una aberración y Onix quizás encontraría algo que había perdido.

    Oz no pensaba quedarse, no aún. Había templos que destruir, había sangre que reclamar.

    Primero los santuarios, luego los Elunai y al final…

    Los dioses.
    ****Edad del Caos**** -El eco de la sangre El mundo temblo pero no por la furia de Oz, fue algo más pequeño, más sutil, un pulso débil pero imposible de ignorar. Oz se detuvo en seco. Entre la tormenta de poder que recorría su cuerpo, sintió algo distinto. Algo que no pertenecía a los dioses, ni a los templo o al odio. Era familiar, era suyo... Los ojos de Oz se abrieron con una intensidad renovada; "Yen" estaba viva. Sin decir palabra, su cuerpo reaccionó antes que su mente, su presencia se volvió más pesada, más rápida, más peligrosa. El suelo se quebraba bajo cada paso mientras avanzaba sin mirar atrás, Onix intentó seguirlo, corrió., tropezó, se levantó y volvió a correr. Pero la distancia entre ambos crecía con cada segundo, Oz no se detuvo, al menos no al principio. Pero algo en su interior, algo que aún no había sido consumido por completo lo hizo girarse. Sus ojos se clavaron en la pequeña figura que luchaba por alcanzarlo y durante un instante… dudó. Luego regresó sobre sus pasos, la tomó sin decir nada y la cargó con una sola mano, apoyándola contra su cuerpo, no hubo palabras ni hubo consuelo pero fue suficiente. Quizás el último acto de empatía que le quedaba. El templo apareció ante ellos, Oz dejó a Onix entre las sombras, no necesitó explicarle mucho, la niña entendió. Entonces avanzó y la muerte caminó con él. La entrada del templo no resistió, los muros crujieron, las columnas vibraron, el aire mismo se volvió pesado, como si el mundo intentara huir de su presencia. El poder de Oz, sellado durante tanto tiempo, comenzaba a desbordarse. No era preciso ni mucho menos controlado, era destrucción pura. Pero por primera vez eso era un problema, porque en algún lugar dentro de ese templo… estaba su hija. Oz apretó los dientes, contuvo su poder, lo redujo a lo más básico a lo más primitivo, fuerza. Golpeó, avanzó, rompió todo a su paso sin liberar por completo aquello que podía borrar el lugar entero. Cada enemigo que se interponía era aplastado sin contemplación. No había gritos para él, no había rostros, solo obstáculos. Entonces lo sintió, débil para él… pero inconfundible, un rastro de maná, era pequeño, inestable... Vivo. Oz lo siguió sin dudar y finalmente la vio. Era su hija Yen. La niña lo miró y no vio al monstruo, no vio la deformación de su cuerpo, ni la oscuridad que lo envolvía, solo vio a su padre. Corrió hacia él sin miedo y lo abrazó, Oz se quedó inmóvil por un instante, luego la levantó y por primera vez desde la muerte de Selin sostuvo algo que no quería destruir. Sin decir nada emprendió la marcha, no cubrió sus ojos, no suavizó el camino. Los cadáveres quedaron esparcidos a su paso, marcando el sendero que había abierto. Sangre, cuerpos rotos… silencio. Yen se aferró a él temblando, Oz habló, con una voz grave, firme: "No debes temer Yen, los muertos no pueden lastimarte, yo me encargare que nadie vuelva hacerlo." La niña escuchó y entendió, en su mente, algo cambió. Si aquellos hombres no hubieran vivido… su madre seguiría viva, si ella los hubiera matado antes nada de eso habría pasado. El pensamiento no desapareció, se quedó profundo en su corazón, echando raíces. Cuando salieron del templo, el aire parecía más liviano pero el mundo, más oscuro, Onix seguía donde la había dejado, Oz la tomó sin esfuerzo, cargando ahora a ambas niñas, se alejó sin mirar atrás. Su destino no era el descanso, era la guerra. Los llevó hacia las tierras de los Nómadas, un lugar donde los dioses no eran venerados sino odiados, donde los Elunai no eran respetados… sino rechazados. Allí, Yen no sería vista como una aberración y Onix quizás encontraría algo que había perdido. Oz no pensaba quedarse, no aún. Había templos que destruir, había sangre que reclamar. Primero los santuarios, luego los Elunai y al final… Los dioses.
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  • その感情を止めるには、世界を止めなければならないだろう。



    [ Ya no tengo más pendientes, denme más rolcito, llene de interacciones, no solo me den me gusta, prometo no morder.(?) ]
    その感情を止めるには、世界を止めなければならないだろう。 [ Ya no tengo más pendientes, denme más rolcito, llene de interacciones, no solo me den me gusta, prometo no morder.(?) ]
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  • █▓▒░█▓▒░█▓▒░█▓▒░█▓▒░█▓▒░█▓▒
    ░▌█░ El Sueñ̷o̷ de un M̷o̷n̷s̷t̷r̷u̷o̷ ░█▐░
    █▓▒░█▓▒░█▓▒░█▓▒░█▓▒░█▓▒░█▓░

    ╔════════════════════════════════════╗
    ║ “Hubo una vez un monstruo que soñó ser humano…
    ║ y en ese sueño fue feliz. Pero un día despertó.”
    ╚════════════════════════════════════╝

    La casa estaba en silencio, es tipo de silencio profundo que solo existe cuando el mundo duerme y todo parece en calma, hasta que no lo está.

    Un llanto suave, distante, rompió la quietud, Loki abrió los ojos con pesadez, aún envuelta en el calor de las sábanas y el cuerpo de Jason a su lado. Su mente tardó unos segundos en reaccionar… hasta que el sonido volvió a colarse por el monitor del bebé.

    Mh… Fenrir, ya voy… -murmuró, apenas consciente.-

    Con movimientos torpes se incorporó y salió de la habitación. El pasillo estaba oscuro, apenas iluminado por la tenue luz que entraba por la ventana, pero entonces… La vio,una luna roja.

    El mundo pareció detenerse, un mareo repentino la golpeó, obligándola a apoyarse contra la pared. Su respiración se volvió irregulary su mente se rompió en fragmentos, en visiones, ventanas, en recuerdos que no eran recuerdos.

    Habia una niña, Jennifer, apenas de unos cuatro años a lo mucho. Sus pequeños dientes apretados, sus ojos llenos de rabia, lanzándose contra soldados que la triplicaban en tamaño. Pero luego, un golpe, despues otro, su cuerpo pequeño estrellándose contra el suelo para quedar inmóvil.

    Noo!! -Susurró Loki, con la voz quebrándose, la escena cambió a Selin protegiéndola desesperada y sola, despues el brillo del acero, sangre y un silencio que provoca sudor frio.

    Selin… -Murmuro antes de sentir un dolor punzante le atravesó el pecho, como si algo intentara romperse desde dentro.

    La Elunia reacciono al notar que el llanto de Fenrir había desaparecido, sus Loki se abrieron de golpe, el miedo la consumió en un instante.

    Corrió sin pensar, sin respirar, solo corrió, empujó la puerta de la habitación y vio la cuna cuna vacía. El mundo se le cayó encima.

    No… no, no, no… -Su mirada se movió frenéticamente hasta detenerse en la ventana, y ahí estaba, de pie como si nada, una mujer de cabello rubio pálido, casi cenizo, brillando bajo la luz roja de la luna, ojos dorados y con la misma distorsión en su cuerpo, esos pequeños “glitches” en la realidad que parpadeaban como errores en la existencia.

    Loki lo supo al instante, era ella, la otra, esa con la que temía encontrarse de nuevo. La mujer inclinó ligeramente la cabeza y sonrió, la saludó con la mano como si fuera una visita cualquiera, como si no hubiera hecho nada.

    Hola, Loki… -El aire se volvió pesado, Loki buscó a Fenrir pero su presencia, su esencia, no habia nada, solo vacío. Eso rompió lo último que quedaba de su cordura en ese momento.

    El miedo se transformó en rabia y atacó, se lanzó contra ella sin dudarlo pero no pudo alcanzarla. Una mano la atrapó del cuello, el agarre fue firme, frio, Inamovible y al siguiente segundo el impacto contra el suelo sacudió la habitación.

    El aire abandonó sus pulmones, un dolor intenso era el el eco de algo familiar, demasiado familiar... Jennifer, la misma escena, el mismo resultado. Un cuerpo pequeño incapaz de hacer algo contra algo mucho más grande.

    La otra Loki caminó lentamente a su alrededor, como si inspeccionara algo roto.

    ¿Sabes…? -Le dijo con un tono casi aburrido, pero cargado de burla- Esto ya lo he visto antes.

    -Se detuvo a su lado, la miró desde arriba, sus ojos dorados reflejaban la luna roja.- ¿Cuánto tiempo más vas a fingir? -Hizo una pausa

    ¿Cuánto tiempo más vas a jugar a la familia feliz… a la paz… a ser “normal”?

    -Se inclinó un poco, acercándose a su rostro.- No perteneces aquí. -Una sonrisa torcida se formó en sus labios.- Nunca lo hiciste.

    -Su voz se volvió más baja, más fría, mas cruel.- Tu lugar… es con los monstruos.... con las bestias.

    -Sus ojos brillaron levemente.- Con lo que realmente eres.

    -Desde el suelo, Loki la observaba, su imagen se volvió borrosa por culpa de las lagrimas que inundaron su ojos.- Jason....

    Jason Jaegerjaquez Ishtar
    █▓▒░█▓▒░█▓▒░█▓▒░█▓▒░█▓▒░█▓▒ ░▌█░ El Sueñ̷o̷ de un M̷o̷n̷s̷t̷r̷u̷o̷ ░█▐░ █▓▒░█▓▒░█▓▒░█▓▒░█▓▒░█▓▒░█▓░ ╔════════════════════════════════════╗ ║ “Hubo una vez un monstruo que soñó ser humano… ║ y en ese sueño fue feliz. Pero un día despertó.” ╚════════════════════════════════════╝ La casa estaba en silencio, es tipo de silencio profundo que solo existe cuando el mundo duerme y todo parece en calma, hasta que no lo está. Un llanto suave, distante, rompió la quietud, Loki abrió los ojos con pesadez, aún envuelta en el calor de las sábanas y el cuerpo de Jason a su lado. Su mente tardó unos segundos en reaccionar… hasta que el sonido volvió a colarse por el monitor del bebé. Mh… Fenrir, ya voy… -murmuró, apenas consciente.- Con movimientos torpes se incorporó y salió de la habitación. El pasillo estaba oscuro, apenas iluminado por la tenue luz que entraba por la ventana, pero entonces… La vio,una luna roja. El mundo pareció detenerse, un mareo repentino la golpeó, obligándola a apoyarse contra la pared. Su respiración se volvió irregulary su mente se rompió en fragmentos, en visiones, ventanas, en recuerdos que no eran recuerdos. Habia una niña, Jennifer, apenas de unos cuatro años a lo mucho. Sus pequeños dientes apretados, sus ojos llenos de rabia, lanzándose contra soldados que la triplicaban en tamaño. Pero luego, un golpe, despues otro, su cuerpo pequeño estrellándose contra el suelo para quedar inmóvil. Noo!! -Susurró Loki, con la voz quebrándose, la escena cambió a Selin protegiéndola desesperada y sola, despues el brillo del acero, sangre y un silencio que provoca sudor frio. Selin… -Murmuro antes de sentir un dolor punzante le atravesó el pecho, como si algo intentara romperse desde dentro. La Elunia reacciono al notar que el llanto de Fenrir había desaparecido, sus Loki se abrieron de golpe, el miedo la consumió en un instante. Corrió sin pensar, sin respirar, solo corrió, empujó la puerta de la habitación y vio la cuna cuna vacía. El mundo se le cayó encima. No… no, no, no… -Su mirada se movió frenéticamente hasta detenerse en la ventana, y ahí estaba, de pie como si nada, una mujer de cabello rubio pálido, casi cenizo, brillando bajo la luz roja de la luna, ojos dorados y con la misma distorsión en su cuerpo, esos pequeños “glitches” en la realidad que parpadeaban como errores en la existencia. Loki lo supo al instante, era ella, la otra, esa con la que temía encontrarse de nuevo. La mujer inclinó ligeramente la cabeza y sonrió, la saludó con la mano como si fuera una visita cualquiera, como si no hubiera hecho nada. Hola, Loki… -El aire se volvió pesado, Loki buscó a Fenrir pero su presencia, su esencia, no habia nada, solo vacío. Eso rompió lo último que quedaba de su cordura en ese momento. El miedo se transformó en rabia y atacó, se lanzó contra ella sin dudarlo pero no pudo alcanzarla. Una mano la atrapó del cuello, el agarre fue firme, frio, Inamovible y al siguiente segundo el impacto contra el suelo sacudió la habitación. El aire abandonó sus pulmones, un dolor intenso era el el eco de algo familiar, demasiado familiar... Jennifer, la misma escena, el mismo resultado. Un cuerpo pequeño incapaz de hacer algo contra algo mucho más grande. La otra Loki caminó lentamente a su alrededor, como si inspeccionara algo roto. ¿Sabes…? -Le dijo con un tono casi aburrido, pero cargado de burla- Esto ya lo he visto antes. -Se detuvo a su lado, la miró desde arriba, sus ojos dorados reflejaban la luna roja.- ¿Cuánto tiempo más vas a fingir? -Hizo una pausa ¿Cuánto tiempo más vas a jugar a la familia feliz… a la paz… a ser “normal”? -Se inclinó un poco, acercándose a su rostro.- No perteneces aquí. -Una sonrisa torcida se formó en sus labios.- Nunca lo hiciste. -Su voz se volvió más baja, más fría, mas cruel.- Tu lugar… es con los monstruos.... con las bestias. -Sus ojos brillaron levemente.- Con lo que realmente eres. -Desde el suelo, Loki la observaba, su imagen se volvió borrosa por culpa de las lagrimas que inundaron su ojos.- Jason.... [Jason07]
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