La luna estaba alta, demasiado brillante para una noche tan silenciosa. Kuro permanecía sentado al borde del acantilado, inmóvil, con la mirada fija en ese círculo de luz que parecía observarlo de vuelta. El viento rozaba su rostro y agitaba su cabello oscuro, pero él no reaccionaba
Había algo en esa luz que siempre lo llevaba al mismo lugar
Sus dedos se cerraron lentamente sobre la tela de su pantalón. No dolía ninguna herida en particular, y aun así el pecho se sentía pesado. Recordó una risa suave, una presencia que alguna vez estuvo a su lado bajo un cielo parecido. No un recuerdo claro, sino fragmentos: una voz, un calor, la sensación de no estar solo
La luna estaba alta, demasiado brillante para una noche tan silenciosa. Kuro permanecía sentado al borde del acantilado, inmóvil, con la mirada fija en ese círculo de luz que parecía observarlo de vuelta. El viento rozaba su rostro y agitaba su cabello oscuro, pero él no reaccionaba Había algo en esa luz que siempre lo llevaba al mismo lugar Sus dedos se cerraron lentamente sobre la tela de su pantalón. No dolía ninguna herida en particular, y aun así el pecho se sentía pesado. Recordó una risa suave, una presencia que alguna vez estuvo a su lado bajo un cielo parecido. No un recuerdo claro, sino fragmentos: una voz, un calor, la sensación de no estar solo
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