Luego de la pequeña reunión que todos tuvieron en la casa de Anyel, era hora de pasar a la acción nuevamente; su parte favorita aunque no lo pareciera por su actitud perezosa.
Por más caos que hubiera, tenía que mantener la discreción, por lo que se colocó una sudadera azul con capucha para que pudiera cubrirle el cabello, también agregó unos lentes que parcialmente cubrirían sus ojos. Todo eso lo hacía por el cambio físico que surgía cuando usaba los poderes de su Vairant. —Muy bien, estoy listo.— Se lo dijo a si mismo, pero también sabía que sería escuchado por Xíon: el Vairant.
A los minutos, salió en dirección a la cuidad, de lejos podía observar todo el caos y de hecho, también observó la evacuación que la U.D.H. realizaba para tratar de salvar a todos los humanos posibles.
—Yo ya estoy aquí, iré avanzando, no demores mucho.— Había sacado el celular y escrito rápidamente a su amigo Keirot Korezu . Se suponía que ambos irían juntos, era lo acordado con los demás: dividirse en grupos.
Sus demás amigos ya estaban en acción, atacando y socorriendo a las personas en distintos puntos de la ciudad, no debía perder mucho tiempo pero tampoco estaba tan apurado.
En eso, varias de esas criaturas aparecieron, atacando de inmediato sin mediar palabra o cualquier truco.
Eran bastante grotescos, enormes y se podía notar que ya habían luchado antes con alguien, pues sus cuerpos mostraban pequeñas heridas.
Rápidamente, y dibujando una sonrisa en los labios, creó finas estacas de hielo que saldrían en muchas direcciones sobre esos seres, cortando y atravesando sus pieles.
Por más caos que hubiera, tenía que mantener la discreción, por lo que se colocó una sudadera azul con capucha para que pudiera cubrirle el cabello, también agregó unos lentes que parcialmente cubrirían sus ojos. Todo eso lo hacía por el cambio físico que surgía cuando usaba los poderes de su Vairant. —Muy bien, estoy listo.— Se lo dijo a si mismo, pero también sabía que sería escuchado por Xíon: el Vairant.
A los minutos, salió en dirección a la cuidad, de lejos podía observar todo el caos y de hecho, también observó la evacuación que la U.D.H. realizaba para tratar de salvar a todos los humanos posibles.
—Yo ya estoy aquí, iré avanzando, no demores mucho.— Había sacado el celular y escrito rápidamente a su amigo Keirot Korezu . Se suponía que ambos irían juntos, era lo acordado con los demás: dividirse en grupos.
Sus demás amigos ya estaban en acción, atacando y socorriendo a las personas en distintos puntos de la ciudad, no debía perder mucho tiempo pero tampoco estaba tan apurado.
En eso, varias de esas criaturas aparecieron, atacando de inmediato sin mediar palabra o cualquier truco.
Eran bastante grotescos, enormes y se podía notar que ya habían luchado antes con alguien, pues sus cuerpos mostraban pequeñas heridas.
Rápidamente, y dibujando una sonrisa en los labios, creó finas estacas de hielo que saldrían en muchas direcciones sobre esos seres, cortando y atravesando sus pieles.
Luego de la pequeña reunión que todos tuvieron en la casa de Anyel, era hora de pasar a la acción nuevamente; su parte favorita aunque no lo pareciera por su actitud perezosa.
Por más caos que hubiera, tenía que mantener la discreción, por lo que se colocó una sudadera azul con capucha para que pudiera cubrirle el cabello, también agregó unos lentes que parcialmente cubrirían sus ojos. Todo eso lo hacía por el cambio físico que surgía cuando usaba los poderes de su Vairant. —Muy bien, estoy listo.— Se lo dijo a si mismo, pero también sabía que sería escuchado por Xíon: el Vairant.
A los minutos, salió en dirección a la cuidad, de lejos podía observar todo el caos y de hecho, también observó la evacuación que la U.D.H. realizaba para tratar de salvar a todos los humanos posibles.
—Yo ya estoy aquí, iré avanzando, no demores mucho.— Había sacado el celular y escrito rápidamente a su amigo [Keirot_Korezu] . Se suponía que ambos irían juntos, era lo acordado con los demás: dividirse en grupos.
Sus demás amigos ya estaban en acción, atacando y socorriendo a las personas en distintos puntos de la ciudad, no debía perder mucho tiempo pero tampoco estaba tan apurado.
En eso, varias de esas criaturas aparecieron, atacando de inmediato sin mediar palabra o cualquier truco.
Eran bastante grotescos, enormes y se podía notar que ya habían luchado antes con alguien, pues sus cuerpos mostraban pequeñas heridas.
Rápidamente, y dibujando una sonrisa en los labios, creó finas estacas de hielo que saldrían en muchas direcciones sobre esos seres, cortando y atravesando sus pieles.