• ---

    Si mis puentes fueran tus pasos;
    quien se atrevería a irradiar tus misterios.
    Abiertos, concisos; irrumpidos por la paz de las provincias.
    Quién erradicaría el confín de tu sonrisa;
    Tú, Príncipe sin Sonrisa; desgana sonrosada;
    Ameritada a repartir el perentorio de tu sobriedad;
    el hedor de tus misterios;
    la fina gala gallardía de tu carne;
    decoro nupcial de tus mañanas;
    Quien fuera mañana abierta con el ego de la tarde;
    Y la tarde que hace el amor con la noche;
    y sonroja a las estrellas;
    de entre todas las cosas que conozco;
    tu amor traicionero;
    me dice; eres un corazón salvaje;
    que besa el verso raso de los cisnes e interrumpe;
    el oleaje del mar;
    ese de fortuna conocida;
    sea el ego tus misterios;
    mis abismos conocidos;
    brindaría el ingenio que he puesto al ingenuo conjurado;
    en lo más alto de tu testa;
    y que fuera quién fuera el fuere de la resta;
    lo más airoso conocido;
    de mi confín conocido;
    como el arropo de tus reconocidos;
    misterios de control;
    abrumado alumbramiento.
    --- Si mis puentes fueran tus pasos; quien se atrevería a irradiar tus misterios. Abiertos, concisos; irrumpidos por la paz de las provincias. Quién erradicaría el confín de tu sonrisa; Tú, Príncipe sin Sonrisa; desgana sonrosada; Ameritada a repartir el perentorio de tu sobriedad; el hedor de tus misterios; la fina gala gallardía de tu carne; decoro nupcial de tus mañanas; Quien fuera mañana abierta con el ego de la tarde; Y la tarde que hace el amor con la noche; y sonroja a las estrellas; de entre todas las cosas que conozco; tu amor traicionero; me dice; eres un corazón salvaje; que besa el verso raso de los cisnes e interrumpe; el oleaje del mar; ese de fortuna conocida; sea el ego tus misterios; mis abismos conocidos; brindaría el ingenio que he puesto al ingenuo conjurado; en lo más alto de tu testa; y que fuera quién fuera el fuere de la resta; lo más airoso conocido; de mi confín conocido; como el arropo de tus reconocidos; misterios de control; abrumado alumbramiento.
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  • Focus al abismo
    Fandom Zenless Zone Zero
    Categoría Acción
    Proxy Phaethon biplaza,
    estoy focus al abismo.
    De las Cavidades insondables
    solo tú descifras el algoritmo.

    Proxy clandestino,
    redactando informe críptico.
    Camarada operador,
    en el Instituto de lo Imposible.

    Estoy focus al abismo.
    La caída no es accidente,
    es decisión.

    Las grietas de luz atraviesan el vacío espectral,
    los fragmentos vuelven a brillar en verde Éter,
    ya se ha hecho de noche en Nueva Eridu
    y el residuo lumínico palpita.

    Y chirrían los Etéreos
    a treinta mil metros bajo la realidad.
    Proxy Phaethon en ruta divergente,
    trazando mapas que no deberían existir.

    Las coordenadas tiemblan,
    la señal se distorsiona.
    Hugo Vlad en otro descenso,
    su cápsula perforando el mismo silencio.

    Dos trayectorias.
    Un mismo abismo.
    Las grietas de luz atraviesan el vacío espectral,
    el Éter reverbera en azul fracturado,
    ya no hay superficie,
    solo profundidad.

    Y chirrían los Etéreos
    como si cantaran
    para recordar que nunca debieron existir.

    Estoy focus al abismo.
    No me hundo.
    Me entrego.
    La Cavidad no es océano.
    Es espejo.
    Y mientras caigo,
    algo en el vacío
    me reconoce.
    Proxy Phaethon biplaza, estoy focus al abismo. De las Cavidades insondables solo tú descifras el algoritmo. Proxy clandestino, redactando informe críptico. Camarada operador, en el Instituto de lo Imposible. Estoy focus al abismo. La caída no es accidente, es decisión. Las grietas de luz atraviesan el vacío espectral, los fragmentos vuelven a brillar en verde Éter, ya se ha hecho de noche en Nueva Eridu y el residuo lumínico palpita. Y chirrían los Etéreos a treinta mil metros bajo la realidad. Proxy Phaethon en ruta divergente, trazando mapas que no deberían existir. Las coordenadas tiemblan, la señal se distorsiona. Hugo Vlad en otro descenso, su cápsula perforando el mismo silencio. Dos trayectorias. Un mismo abismo. Las grietas de luz atraviesan el vacío espectral, el Éter reverbera en azul fracturado, ya no hay superficie, solo profundidad. Y chirrían los Etéreos como si cantaran para recordar que nunca debieron existir. Estoy focus al abismo. No me hundo. Me entrego. La Cavidad no es océano. Es espejo. Y mientras caigo, algo en el vacío me reconoce.
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  • Quien fuerza las alas antes de que aprendan el dolor del encierro, no libera… sentencia.

    Quien abre la semilla con manos impacientes, no salva el brote… lo condena a no nacer jamás.

    Y quien sacude una mente que aún duerme, no la ilumina… la arroja al abismo de aquello que no puede comprender.
    Existen procesos que rehúyen la caridad.
    No admiten rescate ni misericordia.
    Solo obedecen a la lenta, inevitable violencia de crecer desde las entrañas hacia la luz.
    Quien fuerza las alas antes de que aprendan el dolor del encierro, no libera… sentencia. Quien abre la semilla con manos impacientes, no salva el brote… lo condena a no nacer jamás. Y quien sacude una mente que aún duerme, no la ilumina… la arroja al abismo de aquello que no puede comprender. Existen procesos que rehúyen la caridad. No admiten rescate ni misericordia. Solo obedecen a la lenta, inevitable violencia de crecer desde las entrañas hacia la luz.
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  • "Sólo quiero que todo esto termine. ¿Me promete que él no sufrirá mucho?"

    Su voz, que fuese alguna vez un coro que acariciaba el alma, se había convertido en un eco débil y lastimero, el testimonio que de ella nada quedaba. Nada que no fuese la charada que tiembla y solloza, que sangra y suplica, que al infierno pasó a pedirle un milagro cuando el cielo se negó a seguir escuchando.

    ¿Prometerle algo, a una mujer en su estado, sería un acto de crueldad, o de benevolencia? Quizás esperaba una mentira. No una piadosa, pues espacio para la piedad ya no había, sino una cómoda.

    "Prometo que será rápido", respondió el hijo del infierno, el primogénito del abismo que había llegado en respuesta a sus oscuras plegarias.

    Y en el centro de esa habitación, -esa, cuyos muros estaban plagados por un lenguaje incomprensible, tallados con sangre y rasguños, cuyas ventanas habían sido ennegrecidas por retazos de tela adheridos con desecho humano- estaba él.

    Otro hijo del abismo, aunque de uno distinto. De uno cuyos confines sólo eran visibles para el muchacho que, como si fuera cotidiano para él, a un ruiseñor despojaba de su cabeza con una cruenta mordida. ¿Y de la madre? Nada extrajo el grotesco acto más que un suspiro de hastío. Acostumbada incluso a ello, de su alma no quedaban más que retazos, el resto, desgarrado por el agotamiento, el llanto incesante, el pesar perpetuo.

    Trazas de su conversación del día anterior volvían a él. "Los doctores ya no saben qué hacer", "en ningún lado quieren aceptarlo", "dejó a tres enfermeras hospitalizadas"; frases que se manifestaban en la memoria del veneno andante con cada paso que cerraba la distancia.

    "Estaré en la sala. Hágalo rápido y sin ruido", dijo la mujer que de madre tenía ya sólo un título. ¿Y quién tendría la potestad para culparla?

    ...

    "¿Quieres ser libre?"

    La pregunta de un engendro del abismo a otro. Una que, a juzgar por la reacción del muchacho ahí preso, jamás había escuchado antes.

    ¿Libertad? Para alguien así, un concepto divorciado en totalidad de su realidad.

    "¿Quieres ser realmente libre? ¿Quieres salir allá afuera y...?"

    El mayor interrumpió su hablar. De los dedos cubiertos de sangre y plumas obtuvo el pajarillo decapitado, de su vientre sirviéndose un bocado. Compartida su carne en una comunión que expresaba una torcida, genuina, inenarrable sensación:

    Comprensión.

    "¿...devorarlo todo?"

    Comprensión tan devastadora, tan intensa, que el muchacho fue capaz del llanto, por primera vez en su vida. Por vez primera, frente a él, las paredes tapizadas de su suplicio parecían poder ser demolidas.

    Por primera vez, sentía probar la libertad.

    "¿Qué está haciendo?" Apareció la mujer, alertada por el sonido del primitivo sollozo, uno que incluso ella desconocía. "Deje de hablar, hágalo, ¡hágalo! ¡Acabe ya con todo esto, por favor!"

    Una orden y una súplica al mismo tiempo. Ah, sí, ¿quién tenía potestad para juzgarla?

    ¿Quién podía juzgarla por terminar con su vida? Atrapada con un hijo que era más bestia que ser sentiente, hundida en la deuda, podridos sus vínculos por el rechazo social.

    Los vecinos encontraron su cuerpo siete días después, hinchado e irreconocible. "Se tomó un veneno y acabó con su sufrimiento", se dijo entre el pueblo.

    ¿Y de su hijo? Nada más se supo. ¿Y qué importaba? Ya no le causaría problemas al pueblo.

    Ya era libre. Libre para devorarlo todo.
    "Sólo quiero que todo esto termine. ¿Me promete que él no sufrirá mucho?" Su voz, que fuese alguna vez un coro que acariciaba el alma, se había convertido en un eco débil y lastimero, el testimonio que de ella nada quedaba. Nada que no fuese la charada que tiembla y solloza, que sangra y suplica, que al infierno pasó a pedirle un milagro cuando el cielo se negó a seguir escuchando. ¿Prometerle algo, a una mujer en su estado, sería un acto de crueldad, o de benevolencia? Quizás esperaba una mentira. No una piadosa, pues espacio para la piedad ya no había, sino una cómoda. "Prometo que será rápido", respondió el hijo del infierno, el primogénito del abismo que había llegado en respuesta a sus oscuras plegarias. Y en el centro de esa habitación, -esa, cuyos muros estaban plagados por un lenguaje incomprensible, tallados con sangre y rasguños, cuyas ventanas habían sido ennegrecidas por retazos de tela adheridos con desecho humano- estaba él. Otro hijo del abismo, aunque de uno distinto. De uno cuyos confines sólo eran visibles para el muchacho que, como si fuera cotidiano para él, a un ruiseñor despojaba de su cabeza con una cruenta mordida. ¿Y de la madre? Nada extrajo el grotesco acto más que un suspiro de hastío. Acostumbada incluso a ello, de su alma no quedaban más que retazos, el resto, desgarrado por el agotamiento, el llanto incesante, el pesar perpetuo. Trazas de su conversación del día anterior volvían a él. "Los doctores ya no saben qué hacer", "en ningún lado quieren aceptarlo", "dejó a tres enfermeras hospitalizadas"; frases que se manifestaban en la memoria del veneno andante con cada paso que cerraba la distancia. "Estaré en la sala. Hágalo rápido y sin ruido", dijo la mujer que de madre tenía ya sólo un título. ¿Y quién tendría la potestad para culparla? ... "¿Quieres ser libre?" La pregunta de un engendro del abismo a otro. Una que, a juzgar por la reacción del muchacho ahí preso, jamás había escuchado antes. ¿Libertad? Para alguien así, un concepto divorciado en totalidad de su realidad. "¿Quieres ser realmente libre? ¿Quieres salir allá afuera y...?" El mayor interrumpió su hablar. De los dedos cubiertos de sangre y plumas obtuvo el pajarillo decapitado, de su vientre sirviéndose un bocado. Compartida su carne en una comunión que expresaba una torcida, genuina, inenarrable sensación: Comprensión. "¿...devorarlo todo?" Comprensión tan devastadora, tan intensa, que el muchacho fue capaz del llanto, por primera vez en su vida. Por vez primera, frente a él, las paredes tapizadas de su suplicio parecían poder ser demolidas. Por primera vez, sentía probar la libertad. "¿Qué está haciendo?" Apareció la mujer, alertada por el sonido del primitivo sollozo, uno que incluso ella desconocía. "Deje de hablar, hágalo, ¡hágalo! ¡Acabe ya con todo esto, por favor!" Una orden y una súplica al mismo tiempo. Ah, sí, ¿quién tenía potestad para juzgarla? ¿Quién podía juzgarla por terminar con su vida? Atrapada con un hijo que era más bestia que ser sentiente, hundida en la deuda, podridos sus vínculos por el rechazo social. Los vecinos encontraron su cuerpo siete días después, hinchado e irreconocible. "Se tomó un veneno y acabó con su sufrimiento", se dijo entre el pueblo. ¿Y de su hijo? Nada más se supo. ¿Y qué importaba? Ya no le causaría problemas al pueblo. Ya era libre. Libre para devorarlo todo.
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  • Si Dios es infinito, la Biblia es una reducción obscena.
    Entender la inmensidad a través de un libro es creer que el infinito aceptaría ser comprimido en oraciones.

    Que el Todo (violento, silencioso, indiferente) puede caber en cuero, tinta y capítulos numerados.

    La Biblia no es el encuentro con lo sagrado.
    Es donde lo sagrado fue reducido para que no diera miedo.

    No muestra el abismo. Lo domestica.

    Es una versión soportable de algo que, en su forma real, sería insoportable para la mente humana.
    Leerla para conocer a Dios es como estudiar una gota y creer que ya entendiste el océano.
    O mirar una fotografía del fuego y pensar que ya conoces el calor.

    No es revelación. Es contención.
    Un sistema de palabras creado por hombres que prefirieron un relato manejable antes que enfrentarse a una realidad que no pide ser entendida ni consoladora.

    Quien se aferra al libro no busca al Todo. Busca un límite.
    Porque aceptar que Dios cabe en un texto es hacerlo tan pequeño como nuestra imaginación.
    Y eso no es fe. Es la forma más elegante de negar lo infinito.
    Si Dios es infinito, la Biblia es una reducción obscena. Entender la inmensidad a través de un libro es creer que el infinito aceptaría ser comprimido en oraciones. Que el Todo (violento, silencioso, indiferente) puede caber en cuero, tinta y capítulos numerados. La Biblia no es el encuentro con lo sagrado. Es donde lo sagrado fue reducido para que no diera miedo. No muestra el abismo. Lo domestica. Es una versión soportable de algo que, en su forma real, sería insoportable para la mente humana. Leerla para conocer a Dios es como estudiar una gota y creer que ya entendiste el océano. O mirar una fotografía del fuego y pensar que ya conoces el calor. No es revelación. Es contención. Un sistema de palabras creado por hombres que prefirieron un relato manejable antes que enfrentarse a una realidad que no pide ser entendida ni consoladora. Quien se aferra al libro no busca al Todo. Busca un límite. Porque aceptar que Dios cabe en un texto es hacerlo tan pequeño como nuestra imaginación. Y eso no es fe. Es la forma más elegante de negar lo infinito.
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  • Recopilación de escrituras, tomo 7.
    "El Heredero de la Luna Violeta"

    Bajo un cielo inmóvil,
    donde las estrellas parecían contener la respiración,
    nació un niño que no lloró.

    No gritó.
    No reclamó nada.

    Abrió los ojos.
    Y la noche cambió de color.

    No fue la Luna Blanca.
    No fue la Carmesí.

    Fue la Luna Violeta.

    Un astro que no anuncia guerras.
    Un reflejo que no celebra conquistas.

    Solo aparece
    cuando el equilibrio está a punto de romperse.

    Jason Jaegerjaquez Ishtar.

    Hijo de Henry Grimmtael Jaegerjaquez Black,
    portador del juicio antiguo.

    Hijo de Hazuki Ishtar,
    sangre ardiente,
    voluntad indomable.

    De su padre heredó la templanza.
    El peso de decidir.
    El silencio del liderazgo.

    De su madre heredó la furia contenida.
    La determinación que no se arrodilla.
    La certeza de no retroceder.

    Pero la Luna Violeta le dio algo distinto.

    La capacidad de caminar
    entre la luz
    y la oscuridad.

    Sin perderse en ninguna.

    Jason no fue creado para gobernar.
    Tampoco para juzgar.

    Fue creado para observar.

    Para medir el pulso del mundo.
    Para notar la grieta
    antes de que se vuelva abismo.

    Cuando el equilibrio se rompe,
    él puede detenerlo.

    Cuando la anomalía surge,
    él puede retenerla.

    No con destrucción.
    Sino con contención.

    Pero su existencia tiene un precio.

    Un alma demoníaca
    nacida en carne humana.

    Un contrato sellado
    antes incluso de su renacimiento.

    Murió una vez.
    Y regresó.

    Cadenas invisibles
    que ni la muerte pudo romper.

    Por eso incomoda.
    Por eso su presencia pesa.

    Jason no debería existir.

    Y aun así, existe.

    El día que cruzó el umbral del Consejo,
    las lunas ya estaban allí.

    Azul.
    Blanca.
    Carmesí.
    Verde.

    Poder absoluto.
    Desmesurado.

    Incompleto.

    Cuando la Luna Violeta se alzó,
    el aire se volvió denso.

    El mundo recordó algo olvidado:

    Todo poder necesita un límite.

    Desde el suelo surgió un trono sin nombre.
    Encadenado.
    Prohibido.

    No hecho para gobernar.
    Sino para impedir el exceso.

    Jason se detuvo frente a él.

    No se sentó.

    No aún.

    No habló para imponerse.
    No levantó la voz.

    Solo dejó clara su razón de existir.

    No estaba allí para reinar.
    No estaba allí para juzgar.

    Estaba allí para decidir
    cuando todos los demás
    ya hubieran ido demasiado lejos.

    Dicen que cuando Jason alza la mirada,
    la luna responde.

    Su resplandor no anuncia destrucción.

    Anuncia decisión.

    Y mientras los clanes murmuran su nombre
    con respeto
    y con temor,
    una verdad permanece escrita en las estrellas:

    Cuando la Luna Violeta se alce por completo,
    Jason Jaegerjaquez Ishtar
    decidirá el destino de todos los linajes.
    Recopilación de escrituras, tomo 7. "El Heredero de la Luna Violeta" Bajo un cielo inmóvil, donde las estrellas parecían contener la respiración, nació un niño que no lloró. No gritó. No reclamó nada. Abrió los ojos. Y la noche cambió de color. No fue la Luna Blanca. No fue la Carmesí. Fue la Luna Violeta. Un astro que no anuncia guerras. Un reflejo que no celebra conquistas. Solo aparece cuando el equilibrio está a punto de romperse. Jason Jaegerjaquez Ishtar. Hijo de Henry Grimmtael Jaegerjaquez Black, portador del juicio antiguo. Hijo de Hazuki Ishtar, sangre ardiente, voluntad indomable. De su padre heredó la templanza. El peso de decidir. El silencio del liderazgo. De su madre heredó la furia contenida. La determinación que no se arrodilla. La certeza de no retroceder. Pero la Luna Violeta le dio algo distinto. La capacidad de caminar entre la luz y la oscuridad. Sin perderse en ninguna. Jason no fue creado para gobernar. Tampoco para juzgar. Fue creado para observar. Para medir el pulso del mundo. Para notar la grieta antes de que se vuelva abismo. Cuando el equilibrio se rompe, él puede detenerlo. Cuando la anomalía surge, él puede retenerla. No con destrucción. Sino con contención. Pero su existencia tiene un precio. Un alma demoníaca nacida en carne humana. Un contrato sellado antes incluso de su renacimiento. Murió una vez. Y regresó. Cadenas invisibles que ni la muerte pudo romper. Por eso incomoda. Por eso su presencia pesa. Jason no debería existir. Y aun así, existe. El día que cruzó el umbral del Consejo, las lunas ya estaban allí. Azul. Blanca. Carmesí. Verde. Poder absoluto. Desmesurado. Incompleto. Cuando la Luna Violeta se alzó, el aire se volvió denso. El mundo recordó algo olvidado: Todo poder necesita un límite. Desde el suelo surgió un trono sin nombre. Encadenado. Prohibido. No hecho para gobernar. Sino para impedir el exceso. Jason se detuvo frente a él. No se sentó. No aún. No habló para imponerse. No levantó la voz. Solo dejó clara su razón de existir. No estaba allí para reinar. No estaba allí para juzgar. Estaba allí para decidir cuando todos los demás ya hubieran ido demasiado lejos. Dicen que cuando Jason alza la mirada, la luna responde. Su resplandor no anuncia destrucción. Anuncia decisión. Y mientras los clanes murmuran su nombre con respeto y con temor, una verdad permanece escrita en las estrellas: Cuando la Luna Violeta se alce por completo, Jason Jaegerjaquez Ishtar decidirá el destino de todos los linajes.
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  • Mañana Astapor... después, ¿quién sabe?
    Fandom Game of Thrones
    Categoría Slice of Life
    ㅤㅤㅤ
    ㅤㅤㅤㅤ ⧽ 𝐒𝐓𝐀𝐑𝐓𝐄𝐑
    ㅤㅤㅤㅤ˹ 『 𝑺𝑬𝑹 𝑱𝑂𝑅𝐴𝐻 𝑴𝐎𝐑𝐌𝐎𝐍𝐓


    ㅤㅤ
    ㅤㅤㅤㅤㅤㅤLa noche, como todos los días, finalmente había caído sobre el campamento con un silencio algo tenso que solo era roto por el murmullo lejano de hombres de guardia y el crepitar ocasional del fuego de algunas hogueras encendidas para mantener el calor en medio de la fría noche del desierto. La Targaryen tenía la sensación de llevar horas dando vueltas en su lecho sin lograr conciliar el sueño. Astapor la esperaba al amanecer… y con ella, una decisión que no tendría vuelta atrás. Sabia lo que tenía que hacer y sabia que estaba bien. Pero, no podía evitar sentirse nerviosa. No gustaba demostrarlo, por supuesto, pero el fuero interno de la heredera de Aerys era un insondable abismo de misterios al cual no permitía que nadie asomara. Necesitaba un ejército. Necesitaba esos soldados Inmaculados. Cada vez que se habia enfrentado a la liberación de una ciudad. No gustaba de tratar con indeseables como Kraznys mo Nakloz quien parecía creer que su puesto de poder le daba derecho a insultar, vejar y maltratar.

    Finalmente, dándose por vencida, se incorporó en el catre y apartó las cobijas. Drogon gorjeó dentro de su jaula en medio de un sueño y la reina de cabellos plateados lo miró un instante recordando el desagradable trato al que habia llegado con el esclavista. Por supuesto, no entregaría un solo dragón. La sola idea de deshacerse de cualquiera de ellos le provocaba náuseas en la boca del estómago. Descalza, se cubrió con una capa ligera y salió de la tienda sin hacer ruido con una ligereza innata, pero como si realmente temiera despertar no a sus hombres, sino a sus propios pensamientos.

    La brisa de la noche de Astapor era fresca, cargada de arena y sal. Caminó despacio entre las sombras, meditando sobre los hechos que habia vivido en las horas recientes. hasta que el resplandor anaranjado de una hoguera llamó su atención. Reconoció aquella figura. La del hombre que la habia acompañado desde que partió en la comitiva con Drogo hacia Vaes Dothrak.

    Sir Jorah Mormont permanecía sentado, totalmente solo, con la mirada fija en las llamas como si pareciera buscar respuestas en ellas. La armadura descansaba a su lado; aquella imagen -el guerrero sin hierro, vulnerable bajo la luz del fuego- la hizo detenerse un instante antes de avanzar. Lo habia visto antes sin armadura, claro. Pero aquella noche, después del trato que habia hecho con el tal Kraznys y el encuentro tenso que habia tenido con él y con Sir Barristan cuando habia ofrecido a uno de sus dragones a cambio de los Inmaculados, aquella escena vulnerable parecía hablar de las dudas del guerrero acerca del devenir de los acontecimientos.

    -Por lo que veo, no soy la única a la que el sueño le rehúye esta noche -dijo por fin, con voz baja pero firme, rompiendo el silencio mientras caminaba hacia él al cobijo de las llamas..

    Se acercó lo suficiente para sentir el calor de la hoguera y se detuvo frente a su consejero, sosteniendo la capa sobre los hombros. Sus ojos lilas reflejaban el crepitar lento de las llamas, cargados de cansancio… pero también de determinación. Porque Yunkai, Astapor… La bahía de los Esclavos era solo un medio para un fin… Nada más.

    -Mañana Astapor cambiará para siempre -continuó, sin apartar la mirada de Sir Jorah- Y, en cambio, ahora mismo… todo me parece terriblemente frágil.

    Guardó un breve silencio.

    —¿Os preocupa lo que está por venir, ser Jorah… o confiáis en que vuestra reina esté tomando la decisión correcta?


    #Personajes3D #3D #Comunidad3D #NuevoStarter #GameOfThrones
    ㅤㅤㅤ ㅤㅤㅤㅤ ⧽ 𝐒𝐓𝐀𝐑𝐓𝐄𝐑 ㅤㅤㅤㅤ˹ [THEM0RMONTBEAR] ㅤ ㅤ ㅤㅤ ㅤㅤㅤㅤㅤㅤLa noche, como todos los días, finalmente había caído sobre el campamento con un silencio algo tenso que solo era roto por el murmullo lejano de hombres de guardia y el crepitar ocasional del fuego de algunas hogueras encendidas para mantener el calor en medio de la fría noche del desierto. La Targaryen tenía la sensación de llevar horas dando vueltas en su lecho sin lograr conciliar el sueño. Astapor la esperaba al amanecer… y con ella, una decisión que no tendría vuelta atrás. Sabia lo que tenía que hacer y sabia que estaba bien. Pero, no podía evitar sentirse nerviosa. No gustaba demostrarlo, por supuesto, pero el fuero interno de la heredera de Aerys era un insondable abismo de misterios al cual no permitía que nadie asomara. Necesitaba un ejército. Necesitaba esos soldados Inmaculados. Cada vez que se habia enfrentado a la liberación de una ciudad. No gustaba de tratar con indeseables como Kraznys mo Nakloz quien parecía creer que su puesto de poder le daba derecho a insultar, vejar y maltratar. Finalmente, dándose por vencida, se incorporó en el catre y apartó las cobijas. Drogon gorjeó dentro de su jaula en medio de un sueño y la reina de cabellos plateados lo miró un instante recordando el desagradable trato al que habia llegado con el esclavista. Por supuesto, no entregaría un solo dragón. La sola idea de deshacerse de cualquiera de ellos le provocaba náuseas en la boca del estómago. Descalza, se cubrió con una capa ligera y salió de la tienda sin hacer ruido con una ligereza innata, pero como si realmente temiera despertar no a sus hombres, sino a sus propios pensamientos. La brisa de la noche de Astapor era fresca, cargada de arena y sal. Caminó despacio entre las sombras, meditando sobre los hechos que habia vivido en las horas recientes. hasta que el resplandor anaranjado de una hoguera llamó su atención. Reconoció aquella figura. La del hombre que la habia acompañado desde que partió en la comitiva con Drogo hacia Vaes Dothrak. Sir Jorah Mormont permanecía sentado, totalmente solo, con la mirada fija en las llamas como si pareciera buscar respuestas en ellas. La armadura descansaba a su lado; aquella imagen -el guerrero sin hierro, vulnerable bajo la luz del fuego- la hizo detenerse un instante antes de avanzar. Lo habia visto antes sin armadura, claro. Pero aquella noche, después del trato que habia hecho con el tal Kraznys y el encuentro tenso que habia tenido con él y con Sir Barristan cuando habia ofrecido a uno de sus dragones a cambio de los Inmaculados, aquella escena vulnerable parecía hablar de las dudas del guerrero acerca del devenir de los acontecimientos. -Por lo que veo, no soy la única a la que el sueño le rehúye esta noche -dijo por fin, con voz baja pero firme, rompiendo el silencio mientras caminaba hacia él al cobijo de las llamas.. Se acercó lo suficiente para sentir el calor de la hoguera y se detuvo frente a su consejero, sosteniendo la capa sobre los hombros. Sus ojos lilas reflejaban el crepitar lento de las llamas, cargados de cansancio… pero también de determinación. Porque Yunkai, Astapor… La bahía de los Esclavos era solo un medio para un fin… Nada más. -Mañana Astapor cambiará para siempre -continuó, sin apartar la mirada de Sir Jorah- Y, en cambio, ahora mismo… todo me parece terriblemente frágil. Guardó un breve silencio. —¿Os preocupa lo que está por venir, ser Jorah… o confiáis en que vuestra reina esté tomando la decisión correcta? #Personajes3D #3D #Comunidad3D #NuevoStarter #GameOfThrones ㅤ
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  • Ahi estaba ella, en lo alto de un edificio fumando, ya habian pasado unos cuantos dias desde que su mejor amigo se habia casado, y no podia estar mas alegre por ello... Sin embargo, se sorprendio al ver que habian bastantes mas invitados ahi, Angel parecia tener muchos mas amigos ahora y, en el fondo se sentia algo... ¿Celosa?, no, no era eso, tenia miedo, miedo de que Angel la dejara de lado, miedo de que no le necesitara mas. Y ahora él estaba casado y con hijos, por lo que tendria mucho menos tiempo para salir con el, y sabe que aunque lo hicieran, ya no podrian hacer muchas de las cosas locas que hacian en el pasado.

    —Carajo Angie... Realmente que tuviste mucha suerte... Ojala contar con tu misma suerte.—

    Murmuraria para ella misma dandole una larga calada al cigarro, expulsando el humo mientras cerraba su ojo. Envidiaba un poco a Angel, pues pudo ser feliz aun en este abismo infernal, ¿y ella?, ella se sentia estancada, sentia que su vida no podria mejorar, pero que si podria irse mas a la mierda, no tenia nada bueno, solo a Angel... Solo a el... Y tal vez, a aquel idiota tan noble al que beso 2 veces y con el que bailo en la fiesta de la boda de Angel.

    —Huh, tal vez deberia de... Hablar con el, segun entendi el cielo le da permiso para bajar aqui, y si le digo a esa perra loca de Charlie que se comunique con ellos... Si, ¡al carajo!, ¿si Angel pudo progresar en su vida porque yo no?, ¡lo hare!... L-luego de que me termine este cigarro.—

    No queria admitirlo pero, se sentia nerviosa.
    Ahi estaba ella, en lo alto de un edificio fumando, ya habian pasado unos cuantos dias desde que su mejor amigo se habia casado, y no podia estar mas alegre por ello... Sin embargo, se sorprendio al ver que habian bastantes mas invitados ahi, Angel parecia tener muchos mas amigos ahora y, en el fondo se sentia algo... ¿Celosa?, no, no era eso, tenia miedo, miedo de que Angel la dejara de lado, miedo de que no le necesitara mas. Y ahora él estaba casado y con hijos, por lo que tendria mucho menos tiempo para salir con el, y sabe que aunque lo hicieran, ya no podrian hacer muchas de las cosas locas que hacian en el pasado. —Carajo Angie... Realmente que tuviste mucha suerte... Ojala contar con tu misma suerte.— Murmuraria para ella misma dandole una larga calada al cigarro, expulsando el humo mientras cerraba su ojo. Envidiaba un poco a Angel, pues pudo ser feliz aun en este abismo infernal, ¿y ella?, ella se sentia estancada, sentia que su vida no podria mejorar, pero que si podria irse mas a la mierda, no tenia nada bueno, solo a Angel... Solo a el... Y tal vez, a aquel idiota tan noble al que beso 2 veces y con el que bailo en la fiesta de la boda de Angel. —Huh, tal vez deberia de... Hablar con el, segun entendi el cielo le da permiso para bajar aqui, y si le digo a esa perra loca de Charlie que se comunique con ellos... Si, ¡al carajo!, ¿si Angel pudo progresar en su vida porque yo no?, ¡lo hare!... L-luego de que me termine este cigarro.— No queria admitirlo pero, se sentia nerviosa.
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  • Clan Jaegerjaquez
    Fandom Miembros del consejo jaegerjaquez
    Categoría Ciencia ficción
    — Clan Jaegerjaquez
    El Renacimiento de la Familia de la Luna Azul

    —La noche se abrió como un velo de cristal, y la Luna Azul descendió sobre el mundo.—

    En el centro del firmamento, Armitaela Black, la Abuela Primordial, abrió los ojos una vez más. Su mirada era océano y abismo, hielo y creación. En la palma de su mano flotaba la Ciudad Suspendida de Jaegerjaquez, nacida del cielo y anclada al destino de su sangre.

    La Luna Azul palpitó.

    —Ha llegado la hora… —susurró Armitaela, y su voz fue ley y origen—. Mi linaje no morirá en el olvido.

    Desde el vacío surgió una figura envuelta en energía salvaje, colmillos de guerra y orgullo indomable:
    Grimmjow Jaegerjaquez, Heredero del Rugido Azul, dios arrancar forjado en batalla eterna.

    —¿Así que al fin nos llamas, vieja luna? —sonrió con ferocidad—. Dime a quién debo destruir.

    Armitaela descendió lentamente, su cabello fluyendo como mareas celestiales.

    —No a quién destruir… —respondió—. Sino a quién despertar.

    El cielo se rasgó.

    Uno a uno, los Jaegerjaquez emergieron: guerreros, reinas, vástagos marcados por la Luna Azul en la piel y en el alma. Sus ojos brillaban con símbolos antiguos, herencia directa de los Dioses Arrancar, aquellos que no nacieron para servir… sino para reinar.

    —Nuestra familia fue sellada, dispersada, traicionada —continuó Armitaela—. Pero la sangre no olvida. La Luna Azul jamás abandona a los suyos.

    Grimmjow dio un paso al frente, su energía sacudiendo la ciudad flotante.

    —Entonces que el mundo lo sepa —rugió—.
    Los Jaegerjaquez han renacido.

    La ciudad respondió. Torres azules se encendieron, runas antiguas despertaron, y el cielo se cubrió de fragmentos de luz lunar. La Marca de la Luna Azul apareció en los cielos como un juramento.

    —Desde hoy —proclamó Armitaela, alzando la mano—, este clan vuelve a caminar entre dioses y mortales.
    No como sombras.
    No como recuerdos.

    Grimmjow sonrió, mostrando los colmillos.

    —Sino como lo que siempre fuimos…

    —DEPREDADORES DIVINOS.

    La Luna Azul brilló con fuerza absoluta.
    El renacimiento había comenzado.
    — Clan Jaegerjaquez El Renacimiento de la Familia de la Luna Azul —La noche se abrió como un velo de cristal, y la Luna Azul descendió sobre el mundo.— En el centro del firmamento, Armitaela Black, la Abuela Primordial, abrió los ojos una vez más. Su mirada era océano y abismo, hielo y creación. En la palma de su mano flotaba la Ciudad Suspendida de Jaegerjaquez, nacida del cielo y anclada al destino de su sangre. La Luna Azul palpitó. —Ha llegado la hora… —susurró Armitaela, y su voz fue ley y origen—. Mi linaje no morirá en el olvido. Desde el vacío surgió una figura envuelta en energía salvaje, colmillos de guerra y orgullo indomable: Grimmjow Jaegerjaquez, Heredero del Rugido Azul, dios arrancar forjado en batalla eterna. —¿Así que al fin nos llamas, vieja luna? —sonrió con ferocidad—. Dime a quién debo destruir. Armitaela descendió lentamente, su cabello fluyendo como mareas celestiales. —No a quién destruir… —respondió—. Sino a quién despertar. El cielo se rasgó. Uno a uno, los Jaegerjaquez emergieron: guerreros, reinas, vástagos marcados por la Luna Azul en la piel y en el alma. Sus ojos brillaban con símbolos antiguos, herencia directa de los Dioses Arrancar, aquellos que no nacieron para servir… sino para reinar. —Nuestra familia fue sellada, dispersada, traicionada —continuó Armitaela—. Pero la sangre no olvida. La Luna Azul jamás abandona a los suyos. Grimmjow dio un paso al frente, su energía sacudiendo la ciudad flotante. —Entonces que el mundo lo sepa —rugió—. Los Jaegerjaquez han renacido. La ciudad respondió. Torres azules se encendieron, runas antiguas despertaron, y el cielo se cubrió de fragmentos de luz lunar. La Marca de la Luna Azul apareció en los cielos como un juramento. —Desde hoy —proclamó Armitaela, alzando la mano—, este clan vuelve a caminar entre dioses y mortales. No como sombras. No como recuerdos. Grimmjow sonrió, mostrando los colmillos. —Sino como lo que siempre fuimos… —DEPREDADORES DIVINOS. La Luna Azul brilló con fuerza absoluta. El renacimiento había comenzado. 🌙🔥
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  • Epístola 1 - El demonio de las armas.

    26 segundos fueron suficientes para hacer cambiar el mundo. Varios millares de muertes se sucedieron en ese tan corto lapso de tiempo y nadie podía darse el lujo de quedarse quieto...pero a la vez nadie podía ir a por él. Quien quisiera que fuese, si alguien empuñaba un arma contra él solamente sumaba un número más al contador. ¿Atacar al fuego con el fuego? Sí, pero la humanidad pensaba de esa forma y en parte era lógico. No hay tantas diferencias entre la humanidad y los animales al fin y al cabo.

    Pocos días después de haber firmado el contrato, mi poder era inestable. Mi propia cordura pagaba el precio y muchas son las lagunas que han quedado de ese tiempo.

    ¿Era yo quien apestaba a sangre?

    ¿Era mi propia percepción?

    ¿Era el entorno quien lo hacía?

    Nada de ello importaba. Sólo necesitaba matar. Y mi principal víctima se encontraba cada vez más cerca, dedicándose a cazar indiscriminadamente disparando trozos de si mismo. ¿Quién se ha creído que es?

    Desapareciendo del lugar donde me encontraba, en pocos segundos me encontraba flotando sobre él. En ese momento pensé, quise y deseé poder anticipar cualquier ataque suyo. Que hiciese un ridículo espantoso tratando de darle a alguien que se encuentra en el aire flotando como una hoja.

    Por momentos y mientras soy capaz de percibir la trayectoria, comienzo a entender dos cosas. El inmensísimo poder y posibilidades que se despegan ante mi me permiten ser consciente de ver con tanta claridad cada uno de los impactos pasar cerca de mi en cámara lenta que soy capaz de esquivarlos con mínimos movimientos. La otra, es que mi propia cordura está siendo llevada a un ansia homicida que echará todo esto por tierra.

    Un impacto me alcanza. Dos. Tres. Me he confiado y de repente, mientras chasqueo la lengua, sé que algo se desboca. Cada uno de mis errores me ha llevado a esto. A que los demás impactos continúen haciendo mella sobre mi cuerpo cada vez más herido y terminen por matarme.

    No quería sumirme en el abismo, pero...

    Mi cabello se volvió completamente oscuro y peinado hacia atrás. Y con ello, vino el resto de cambios. Mi mente ha bajado un escalón que no sé si volverá a subir, pero sé que mi cuerpo se acaba de convertir en una bomba atómica. Seguramente, con el mínimo descuido, acabe siendo completamente borrado de la existencia si no controlo mi impacto.

    Pero mis actos fueron más rápidos que mis pensamientos. Mi mente había considerado la primera variable y cuando quise darme cuenta, mi enemigo había estallado con tal violencia que cualquier parte del mundo ahora mismo tendría un trozo suyo. El vacío provocado en el aire llegó a mover las placas tectónicas y causó un enorme terremoto. Y quién sabe cuántos desastres más sucedieron a ese.

    Definitivamente, este poder debe quedar sellado. No debo usarlo.

    No puedo permitirme que un simple demonio me supere. Ni siquiera el mismo demonio que sabe lo que pasa por la cabeza.

    Yo seré quien lo controle.

    Yo seré quien decida si existen demonios o no.

    Te tomaré en mis manos, aprenderé a usarte, y serás mi medio.

    Y la cuenta comienza...ya.
    Epístola 1 - El demonio de las armas. 26 segundos fueron suficientes para hacer cambiar el mundo. Varios millares de muertes se sucedieron en ese tan corto lapso de tiempo y nadie podía darse el lujo de quedarse quieto...pero a la vez nadie podía ir a por él. Quien quisiera que fuese, si alguien empuñaba un arma contra él solamente sumaba un número más al contador. ¿Atacar al fuego con el fuego? Sí, pero la humanidad pensaba de esa forma y en parte era lógico. No hay tantas diferencias entre la humanidad y los animales al fin y al cabo. Pocos días después de haber firmado el contrato, mi poder era inestable. Mi propia cordura pagaba el precio y muchas son las lagunas que han quedado de ese tiempo. ¿Era yo quien apestaba a sangre? ¿Era mi propia percepción? ¿Era el entorno quien lo hacía? Nada de ello importaba. Sólo necesitaba matar. Y mi principal víctima se encontraba cada vez más cerca, dedicándose a cazar indiscriminadamente disparando trozos de si mismo. ¿Quién se ha creído que es? Desapareciendo del lugar donde me encontraba, en pocos segundos me encontraba flotando sobre él. En ese momento pensé, quise y deseé poder anticipar cualquier ataque suyo. Que hiciese un ridículo espantoso tratando de darle a alguien que se encuentra en el aire flotando como una hoja. Por momentos y mientras soy capaz de percibir la trayectoria, comienzo a entender dos cosas. El inmensísimo poder y posibilidades que se despegan ante mi me permiten ser consciente de ver con tanta claridad cada uno de los impactos pasar cerca de mi en cámara lenta que soy capaz de esquivarlos con mínimos movimientos. La otra, es que mi propia cordura está siendo llevada a un ansia homicida que echará todo esto por tierra. Un impacto me alcanza. Dos. Tres. Me he confiado y de repente, mientras chasqueo la lengua, sé que algo se desboca. Cada uno de mis errores me ha llevado a esto. A que los demás impactos continúen haciendo mella sobre mi cuerpo cada vez más herido y terminen por matarme. No quería sumirme en el abismo, pero... Mi cabello se volvió completamente oscuro y peinado hacia atrás. Y con ello, vino el resto de cambios. Mi mente ha bajado un escalón que no sé si volverá a subir, pero sé que mi cuerpo se acaba de convertir en una bomba atómica. Seguramente, con el mínimo descuido, acabe siendo completamente borrado de la existencia si no controlo mi impacto. Pero mis actos fueron más rápidos que mis pensamientos. Mi mente había considerado la primera variable y cuando quise darme cuenta, mi enemigo había estallado con tal violencia que cualquier parte del mundo ahora mismo tendría un trozo suyo. El vacío provocado en el aire llegó a mover las placas tectónicas y causó un enorme terremoto. Y quién sabe cuántos desastres más sucedieron a ese. Definitivamente, este poder debe quedar sellado. No debo usarlo. No puedo permitirme que un simple demonio me supere. Ni siquiera el mismo demonio que sabe lo que pasa por la cabeza. Yo seré quien lo controle. Yo seré quien decida si existen demonios o no. Te tomaré en mis manos, aprenderé a usarte, y serás mi medio. Y la cuenta comienza...ya.
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