• Renací entre ceniza.
    Durante mucho tiempo fui bruja por herencia.
    Creí que la oscuridad se dominaba desde fuera.
    Me equivoqué. La oscuridad no se observa, se abraza. Y yo decidí caer.
    El descenso no fue limpio. Fue lento, obsceno, enfermo. No hubo belleza en el proceso, solo ruptura.

    Dejar atrás la piel antigua dolió más de lo que pensé, pero entendí pronto que el dolor afila.

    En los brazos de él, el rey sin nombre, el que no necesita ser llamado, encontré algo más profundo que el deseo.

    Fue elección.

    Donde otros habrían suplicado huir, yo me quedé. Crucé límites que antes me daban miedo y descubrí que la sumisión, cuando es voluntad propia, no humilla, corona.

    Cada paso hacia lo prohibido me hizo más consciente y más peligrosa.
    La oscuridad dejó de rodearme. Empezó a latir dentro de mí.

    El camino correcto era aquel del que no se vuelve, y yo lo había recorrido entero. Ya no era solo bruja. Era hija del abismo. Sierva por decisión. Forjada en aquello que otros no soportan mirar de frente.

    Mi renacer es tu obra. Mi lealtad, tuya para siempre.
    Renací entre ceniza. Durante mucho tiempo fui bruja por herencia. Creí que la oscuridad se dominaba desde fuera. Me equivoqué. La oscuridad no se observa, se abraza. Y yo decidí caer. El descenso no fue limpio. Fue lento, obsceno, enfermo. No hubo belleza en el proceso, solo ruptura. Dejar atrás la piel antigua dolió más de lo que pensé, pero entendí pronto que el dolor afila. En los brazos de él, el rey sin nombre, el que no necesita ser llamado, encontré algo más profundo que el deseo. Fue elección. Donde otros habrían suplicado huir, yo me quedé. Crucé límites que antes me daban miedo y descubrí que la sumisión, cuando es voluntad propia, no humilla, corona. Cada paso hacia lo prohibido me hizo más consciente y más peligrosa. La oscuridad dejó de rodearme. Empezó a latir dentro de mí. El camino correcto era aquel del que no se vuelve, y yo lo había recorrido entero. Ya no era solo bruja. Era hija del abismo. Sierva por decisión. Forjada en aquello que otros no soportan mirar de frente. Mi renacer es tu obra. Mi lealtad, tuya para siempre.🌹
    Me gusta
    Me encocora
    5
    0 turnos 0 maullidos
  • #Notas: №7.

    "Creí que la enormidad y complejidad de las instalaciones estaba atrofiando mi estabilidad mental, pero los pasillos alargados y la aparición de áreas no ilustradas en los mapas son una realidad palpable. Estas anomalías aún carecen de un origen claro, pero creo que tiene relación directa con la nave nodriza en los niveles inferiores".

    -El papel es plegado bajo la frialdad y firmeza de los guantes de su oscura armadura. Él continúa descendiendo las escaleras, directo a la oscuridad que amenaza con consumir a aquellos que retan al abismo.


    ||POV: Black Ops.
    ||Mission: Recover and clean.
    ||Status: Alone and injured.
    #Notas: №7. "Creí que la enormidad y complejidad de las instalaciones estaba atrofiando mi estabilidad mental, pero los pasillos alargados y la aparición de áreas no ilustradas en los mapas son una realidad palpable. Estas anomalías aún carecen de un origen claro, pero creo que tiene relación directa con la nave nodriza en los niveles inferiores". -El papel es plegado bajo la frialdad y firmeza de los guantes de su oscura armadura. Él continúa descendiendo las escaleras, directo a la oscuridad que amenaza con consumir a aquellos que retan al abismo. ||POV: Black Ops. ||Mission: Recover and clean. ||Status: Alone and injured.
    Me gusta
    1
    1 turno 0 maullidos
  • "¿Sigues en la superficie? ¿O ya perdiste el miedo a sumergirte en el mar de fragmentos de vidrio y recuerdos, abismo inmisericorde que te hace encarar a tu propia obsolescencia?

    Le llaman loco al que entra, pero héroe al que logra salir".
    "¿Sigues en la superficie? ¿O ya perdiste el miedo a sumergirte en el mar de fragmentos de vidrio y recuerdos, abismo inmisericorde que te hace encarar a tu propia obsolescencia? Le llaman loco al que entra, pero héroe al que logra salir".
    Me gusta
    Me encocora
    Me shockea
    11
    0 turnos 0 maullidos
  • El campo de entrenamiento ya no fue un lugar al que pudiera volver, pues no hubo maniquí que no acabara como peluche destrozado. Tan solo pequeños pedazos de lo que alguna vez fueron muñecos de entrenamiento ¿Y sus compañeras exorcistas? Adán las habría echado de una patada aunque ella no se contuvo de casi agarrarlas de las greñas. Ni una sola competente ¿Cómo era que se habían vuelto tan débiles? Se suponía que ellas eran el batallón de defensa del cielo, la única arma capaz de evitar una rebelión de parte del infierno... Ahora reducido a un patético grupo de niñitas que jugaban a ser soldados, pues sólo requería de un fuerte golpe a cada una para derrotarlas; un hecho que sucedió en la tarde. Ninguna fue un reto, no uno verdadero.

    ¿Y en las calles celestiales? Su humor no mejoró. Todos estaban tan tranquilos y alegres como de costumbre ¿Es que a nadie le importaba lo que sucedía? ¿Ni siquiera a Sera?

    — Tsk... —

    Chasqueó la lengua. Por supuesto que a Sera no le importaba ¿Cómo podía esperar que lo hiciera si había puesto al más patético de los ángeles como líder de las exterminadoras? Probablemente allí estaba la respuesta a la decadencia de eficacia en lo que alguna vez fueron sus compañeras.
    En su habitación, los pensamientos se entremezclaron con sus sentimientos, con su alma rota y con su ira convertida en un fuego que era imposible de extinguir. La frustración creció mientras más pensaba; la decadencia en las exterminadoras, la indiferencia del cielo, los cambios en Adán....

    — ¡Agh! — Y finalmente explotó, su puño metálico golpeando la pared de su cuarto hasta agrietarlo en todas direcciones.
    Sus dos manos se cerraron como puños contra el muro, su frente apoyándose en la pared resquebrajada.

    "¿Otra vez histérica? ¿Es que acaso siempre te baja la regla?"

    Escuchó aquella voz, una que reconoció perfectamente. Se apartó del muro, levantando la mirada antes de voltear para ver a quien ya imaginaba; Adán. De brazos cruzados y recargado sobre un mueble.
    Parpadeó varias veces con los ojos bien abiertos a punto de preguntarle cuándo había llegado... Hasta que se dió cuenta. No era Adán, no al menos con el que se había encontrado. No con el vivo, no... Ese era el Adán que ella recordaba. No era la primera vez que se le parecía, la única ilusión que parecía consolarla.

    — Nadie me escucha. ¡Cada vez están más cegados, caen en tentación por las palabras de ellos! ¿¡Puedes creerlo!? ¡Prohibieron los exterminios! —

    En su voz latente la frustración mientras el fantasma alzaba una ceja tras oírle, incluso sobresaltandose al oírla. Rápidamente acercándose con alerta.

    "¿Estás de puta broma? ¿En qué puto momento?"

    — Y eso no es lo peor... Cambiaste. ¡Te cambiaron! Ni siquiera eres tú... Te ves igual, pareces igual.... — Las lágrimas de nuevo se habían acumulado en sus ojos, alejándose algunos pasos de aquella ilusión mientras se dirigía hacia la ventana que daba al exterior. Observando sin ver el paisaje que le revelaba. — ¡¡Quieres a Abel!! Lo... ¡Lo defiendes! —

    Soltó como si aquella hubiera sido la más grandes de las señales de su cambio. Como si aquel detalle le hubiera encendido las alarmas pues en lo otro sólo podía encontrar justificación a que se contenía porque eran órdenes de Sera... Aunque también le extrañó haberle visto tan tranquilo en ese aspecto. Adán habría puesto el grito en el cielo, más después de que casi lo habían asesinado, si tan sólo prohibieran los exterminios como si nada.
    El fantasma de su Adán se sobresaltó tras lo que escuchó, incluso llevándose una mano al pecho.

    "¿Defender? ¿¡A ese mocoso!? ¡Es como un grano en los huevos! Carajo. Me lavaron el puto cerebro, dime que al menos me consta que todavía soy la primera puta polla de la humanidad"

    Inhaló, profundo, en silencio y lentamente fue exhalando en lo que, observando el paisaje, pasó a observar su reflejo en el cristal. Otro reflejo, aunque en realidad no estaba, cerniendose sobre ella desde su espalda; Adán que se le había acercado.

    "No pensarás dejar que me quede como un retrasado ¿Verdad? Ya me dejaste atrás una vez"

    Apretó los labios. Ni una sola lágrima había salido de sus ojos a pesar de que antes de habían acumulado en ellos, sus manos cerrandose fuertemente en puños a sus lados mientras su mirada no se apartaba del reflejo de Adán.

    — No, señor. Voy a recuperarlo y lo llevaré a su antigua gloria —

    "¿Y qué hay de las escorias? ¿De los traidores? ¿De todos los que se cagaron en mi casi puta muerte?"

    — Pagarán. Todos lo harán... Acabaré hasta con el último de esos demonios. Limpiaré la podredumbre del infierno y abriré los ojos de todos en el cielo o los haré caer al abismo. Así deba hacerlo sola —

    Juro con su mirada oscurecida en lo que, son un gruñido de furia de tan solo pensar en todos ellos, en la forma en la que los ángeles ignoraban deliberadamente para su comodidad los cambios en la personalidad de Adán, daba un nuevo puñetazo al vidrio de su ventana hasta quebrarlo, agrietarlo, al ounto de que tal vez hasta una pequeña brisa podría hacerlo estallar.
    El campo de entrenamiento ya no fue un lugar al que pudiera volver, pues no hubo maniquí que no acabara como peluche destrozado. Tan solo pequeños pedazos de lo que alguna vez fueron muñecos de entrenamiento ¿Y sus compañeras exorcistas? Adán las habría echado de una patada aunque ella no se contuvo de casi agarrarlas de las greñas. Ni una sola competente ¿Cómo era que se habían vuelto tan débiles? Se suponía que ellas eran el batallón de defensa del cielo, la única arma capaz de evitar una rebelión de parte del infierno... Ahora reducido a un patético grupo de niñitas que jugaban a ser soldados, pues sólo requería de un fuerte golpe a cada una para derrotarlas; un hecho que sucedió en la tarde. Ninguna fue un reto, no uno verdadero. ¿Y en las calles celestiales? Su humor no mejoró. Todos estaban tan tranquilos y alegres como de costumbre ¿Es que a nadie le importaba lo que sucedía? ¿Ni siquiera a Sera? — Tsk... — Chasqueó la lengua. Por supuesto que a Sera no le importaba ¿Cómo podía esperar que lo hiciera si había puesto al más patético de los ángeles como líder de las exterminadoras? Probablemente allí estaba la respuesta a la decadencia de eficacia en lo que alguna vez fueron sus compañeras. En su habitación, los pensamientos se entremezclaron con sus sentimientos, con su alma rota y con su ira convertida en un fuego que era imposible de extinguir. La frustración creció mientras más pensaba; la decadencia en las exterminadoras, la indiferencia del cielo, los cambios en Adán.... — ¡Agh! — Y finalmente explotó, su puño metálico golpeando la pared de su cuarto hasta agrietarlo en todas direcciones. Sus dos manos se cerraron como puños contra el muro, su frente apoyándose en la pared resquebrajada. "¿Otra vez histérica? ¿Es que acaso siempre te baja la regla?" Escuchó aquella voz, una que reconoció perfectamente. Se apartó del muro, levantando la mirada antes de voltear para ver a quien ya imaginaba; Adán. De brazos cruzados y recargado sobre un mueble. Parpadeó varias veces con los ojos bien abiertos a punto de preguntarle cuándo había llegado... Hasta que se dió cuenta. No era Adán, no al menos con el que se había encontrado. No con el vivo, no... Ese era el Adán que ella recordaba. No era la primera vez que se le parecía, la única ilusión que parecía consolarla. — Nadie me escucha. ¡Cada vez están más cegados, caen en tentación por las palabras de ellos! ¿¡Puedes creerlo!? ¡Prohibieron los exterminios! — En su voz latente la frustración mientras el fantasma alzaba una ceja tras oírle, incluso sobresaltandose al oírla. Rápidamente acercándose con alerta. "¿Estás de puta broma? ¿En qué puto momento?" — Y eso no es lo peor... Cambiaste. ¡Te cambiaron! Ni siquiera eres tú... Te ves igual, pareces igual.... — Las lágrimas de nuevo se habían acumulado en sus ojos, alejándose algunos pasos de aquella ilusión mientras se dirigía hacia la ventana que daba al exterior. Observando sin ver el paisaje que le revelaba. — ¡¡Quieres a Abel!! Lo... ¡Lo defiendes! — Soltó como si aquella hubiera sido la más grandes de las señales de su cambio. Como si aquel detalle le hubiera encendido las alarmas pues en lo otro sólo podía encontrar justificación a que se contenía porque eran órdenes de Sera... Aunque también le extrañó haberle visto tan tranquilo en ese aspecto. Adán habría puesto el grito en el cielo, más después de que casi lo habían asesinado, si tan sólo prohibieran los exterminios como si nada. El fantasma de su Adán se sobresaltó tras lo que escuchó, incluso llevándose una mano al pecho. "¿Defender? ¿¡A ese mocoso!? ¡Es como un grano en los huevos! Carajo. Me lavaron el puto cerebro, dime que al menos me consta que todavía soy la primera puta polla de la humanidad" Inhaló, profundo, en silencio y lentamente fue exhalando en lo que, observando el paisaje, pasó a observar su reflejo en el cristal. Otro reflejo, aunque en realidad no estaba, cerniendose sobre ella desde su espalda; Adán que se le había acercado. "No pensarás dejar que me quede como un retrasado ¿Verdad? Ya me dejaste atrás una vez" Apretó los labios. Ni una sola lágrima había salido de sus ojos a pesar de que antes de habían acumulado en ellos, sus manos cerrandose fuertemente en puños a sus lados mientras su mirada no se apartaba del reflejo de Adán. — No, señor. Voy a recuperarlo y lo llevaré a su antigua gloria — "¿Y qué hay de las escorias? ¿De los traidores? ¿De todos los que se cagaron en mi casi puta muerte?" — Pagarán. Todos lo harán... Acabaré hasta con el último de esos demonios. Limpiaré la podredumbre del infierno y abriré los ojos de todos en el cielo o los haré caer al abismo. Así deba hacerlo sola — Juro con su mirada oscurecida en lo que, son un gruñido de furia de tan solo pensar en todos ellos, en la forma en la que los ángeles ignoraban deliberadamente para su comodidad los cambios en la personalidad de Adán, daba un nuevo puñetazo al vidrio de su ventana hasta quebrarlo, agrietarlo, al ounto de que tal vez hasta una pequeña brisa podría hacerlo estallar.
    Me gusta
    Me shockea
    2
    6 turnos 0 maullidos
  • -Las montañas se alzaban como colosos silenciosos bajo un cielo pálido. Nubes delgadas serpenteaban entre picos afilados mientras el viento arrastraba el olor del incienso y la nieve vieja.
    Durante semanas ,quizá meses,Vergil había permanecido allí, en un templo olvidado encaramado sobre un abismo, entrenando su mente y su espada en absoluta soledad.
    No había demonios que vencer.
    No había rival que superar.
    Solo respiración, equilibrio… y la voz del viento.
    Cada amanecer, desenvainaba a Yamato con un movimiento lento y preciso, cortando el aire como si estuviera dividiendo el mundo mismo. No buscaba furia ni dominio, sino claridad. Cada tajo era una meditación. Cada paso, una aceptación de lo que era.
    Por primera vez en mucho tiempo, Vergil no sentía el peso de su pasado oprimiéndole el pecho.
    Cuando finalmente descendió de las montañas, su presencia era distinta. No había perdido su filo… pero algo se había asentado en su interior. Su mirada seguía siendo fría, aunque ahora tenía una quietud peligrosa, como un lago profundo antes de una tormenta.
    Días después, una figura azul apareció entre la neblina de Red Grave City.
    Vergil caminaba por las calles como si regresara de un largo sueño. El ruido del mundo ya no lo irritaba. Los murmullos humanos no le parecían tan insignificantes como antes. Había aprendido algo entre esas montañas: el poder sin control era ruido… pero el poder con propósito era armonía.
    Se detuvo frente a un edificio en ruinas, sintiendo una energía familiar en el aire.
    Sus labios se curvaron apenas, en algo que casi parecía una sonrisa.-

    …Veamos qué ha cambiado mientras no estaba.

    La noche parecía contener la respiración.
    -Las montañas se alzaban como colosos silenciosos bajo un cielo pálido. Nubes delgadas serpenteaban entre picos afilados mientras el viento arrastraba el olor del incienso y la nieve vieja. Durante semanas ,quizá meses,Vergil había permanecido allí, en un templo olvidado encaramado sobre un abismo, entrenando su mente y su espada en absoluta soledad. No había demonios que vencer. No había rival que superar. Solo respiración, equilibrio… y la voz del viento. Cada amanecer, desenvainaba a Yamato con un movimiento lento y preciso, cortando el aire como si estuviera dividiendo el mundo mismo. No buscaba furia ni dominio, sino claridad. Cada tajo era una meditación. Cada paso, una aceptación de lo que era. Por primera vez en mucho tiempo, Vergil no sentía el peso de su pasado oprimiéndole el pecho. Cuando finalmente descendió de las montañas, su presencia era distinta. No había perdido su filo… pero algo se había asentado en su interior. Su mirada seguía siendo fría, aunque ahora tenía una quietud peligrosa, como un lago profundo antes de una tormenta. Días después, una figura azul apareció entre la neblina de Red Grave City. Vergil caminaba por las calles como si regresara de un largo sueño. El ruido del mundo ya no lo irritaba. Los murmullos humanos no le parecían tan insignificantes como antes. Había aprendido algo entre esas montañas: el poder sin control era ruido… pero el poder con propósito era armonía. Se detuvo frente a un edificio en ruinas, sintiendo una energía familiar en el aire. Sus labios se curvaron apenas, en algo que casi parecía una sonrisa.- …Veamos qué ha cambiado mientras no estaba. La noche parecía contener la respiración.
    Me gusta
    Me encocora
    4
    0 turnos 0 maullidos
  • Un bar infernal en los límites de Red Grave City. Humo espeso, luces rojas, demonios apostando almas, armas y reliquias. En una mesa apartada, Dante juega cartas contra un demonio de alto rango.

    El demonio frente a Dante tenía la piel negra como obsidiana y ojos amarillos que ardían con rabia contenida. Sobre la mesa ya había una pequeña montaña de fichas demoníacas… casi todas del lado de Dante.
    El demonio gruñó, mostrando colmillos..

    —No es posible…

    dijo apretando sus cartas

    —. Ningún humano gana tantas manos seguidas.

    Dante, recostado en su silla con las botas sobre la mesa, barajó tranquilamente una nueva mano.

    —¿Humano? Vamos, colega, eso duele.

    sonrió ladeado

    —. Además, no es mi culpa que tengas cara de mal jugador profesional.

    Las cartas cayeron una a una sobre la mesa.

    ♠ As infernal
    ♥ Reina carmesí
    ♦ Joker del abismo
    Una mano perfecta.

    El bar entero quedó en silencio.

    —Ups…

    Dante se encogió de hombros

    —. Creo que eso significa que ahora tu espada maldita… es mía.

    El demonio golpeó la mesa con furia, haciendo temblar las copas.

    —¡Estás haciendo trampa!

    Dante alzó una ceja, divertido.

    —Si pudiera hacer trampa tan bien, no estaría endeudado con el diablo cada dos semanas.

    Se inclinó hacia él, con una sonrisa peligrosa.

    —¿Quieres retirarte… o prefieres perder algo más interesante?
    Un bar infernal en los límites de Red Grave City. Humo espeso, luces rojas, demonios apostando almas, armas y reliquias. En una mesa apartada, Dante juega cartas contra un demonio de alto rango. El demonio frente a Dante tenía la piel negra como obsidiana y ojos amarillos que ardían con rabia contenida. Sobre la mesa ya había una pequeña montaña de fichas demoníacas… casi todas del lado de Dante. El demonio gruñó, mostrando colmillos.. —No es posible… dijo apretando sus cartas —. Ningún humano gana tantas manos seguidas. Dante, recostado en su silla con las botas sobre la mesa, barajó tranquilamente una nueva mano. —¿Humano? Vamos, colega, eso duele. sonrió ladeado —. Además, no es mi culpa que tengas cara de mal jugador profesional. Las cartas cayeron una a una sobre la mesa. ♠ As infernal ♥ Reina carmesí ♦ Joker del abismo Una mano perfecta. El bar entero quedó en silencio. —Ups… Dante se encogió de hombros —. Creo que eso significa que ahora tu espada maldita… es mía. El demonio golpeó la mesa con furia, haciendo temblar las copas. —¡Estás haciendo trampa! Dante alzó una ceja, divertido. —Si pudiera hacer trampa tan bien, no estaría endeudado con el diablo cada dos semanas. Se inclinó hacia él, con una sonrisa peligrosa. —¿Quieres retirarte… o prefieres perder algo más interesante?
    Me gusta
    Me encocora
    Me shockea
    Me emputece
    6
    14 turnos 0 maullidos
  • Las sombras rugen, la luz se extingue,
    El viento cálido muere en la noche,
    Dejando un terrible y sepultural frío
    Amigo cansado, tu esperanza se rompe.

    La vida huye y la sombra la devora,
    Suplico al cielo, mas mi voz no sale.

    En el abismo nunca se cierra, los sobrevivientes del sacrificio caminan entre nosotros.
    Las sombras rugen, la luz se extingue, El viento cálido muere en la noche, Dejando un terrible y sepultural frío Amigo cansado, tu esperanza se rompe. La vida huye y la sombra la devora, Suplico al cielo, mas mi voz no sale. En el abismo nunca se cierra, los sobrevivientes del sacrificio caminan entre nosotros.
    Me gusta
    Me encocora
    5
    0 turnos 0 maullidos
  • Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
    Esto se ha publicado como Out Of Character.
    Tenlo en cuenta al responder.
    —•L̶a̶ ̶E̶u̶c̶a̶r̶i̶s̶t̶í̶a̶ ̶d̶e̶ ̶H̶i̶e̶r̶r̶o̶ ̶y̶ ̶P̶l̶o̶m̶o̶.

    El traqueteo del tren era un metrónomo marcando el final de sus insignificantes vidas. Sentada, con la espalda expuesta como un cebo deliberado, escuché el amartillar de sus armas. El metal desgarró mi cráneo desde atrás con una violencia deliciosa.

    La oscuridad no fue un vacío, fue un velo negro que me envolvió con suavidad. Mientras mi cuerpo se desplomaba y la sangre comenzaba a alimentar las grietas del suelo, me quedé allí, suspendida en ese zumbido eléctrico que lo borraba todo. Mis asesinos celebraban con el aliento agitado; podía oler su miedo disfrazado de triunfo, un aroma rancio que solo servía para abrirme el apetito.

    Me puse en pie sin que un solo músculo de mi rostro traicionara la paz de mi muerte ficticia. Sentí el calor de la hemorragia deslizándose por mis mejillas, encontrando el camino hacia las comisuras de mi boca. Saboreé ese licor ferroso, espeso y sucio, y dejé que se mezclara con mi aliento. Pero lo que realmente me cautivó fueron las punzadas. La bala, incrustada como un parásito en mi cerebro, enviaba latigazos de una agonía exquisita que hacían vibrar cada nervio de mi columna. Era un dolor purificador, una confirmación de que su odio era tan real como mi superioridad. Me encantaba. Disfrutaba de la caricia del plomo caliente fundiéndose con mi propia carne mientras mis tejidos, obedientes, comenzaban a devorar el proyectil.

    Me giré. Sus gritos fueron música para mis oídos. El horror en sus ojos era la única oración que sabían rezar. Vaciaron sus cargadores contra mí en un espasmo de desesperación absoluta. Las balas golpeaban mi cuerpo, pero yo solo veía fragmentos de metal intentando herir a un abismo. Con una lentitud depredadora, levanté mi mano derecha. Los miré no como a enemigos, sino como a ganado que ha olvidado su lugar en el matadero. El vagón se volvió frío, un frío sepulcral que detuvo el tiempo. Coloqué mi dedo índice frente a sus corazones desbocados y dejé que el silencio se prolongara lo suficiente para que el terror los consumiera por dentro.

    — Bang. —

    No hubo eco, solo el sonido de la realidad rompiéndose. La presión invisible los golpeó no desde fuera, sino desde su propio núcleo, obligando a sus cuerpos a estallar de adentro hacia afuera. En un parpadeo, el vagón se convirtió en una pesadilla de vísceras; el impacto proyectó fragmentos de hueso, trozos de órganos y una lluvia densa de sesos contra las paredes y el techo. El espacio quedó perdido entre un rojo absoluto y un olor a muerte tan pesado que se podía palpar.
    Me quedé allí, en medio de la carnicería, respirando el vaho caliente que emanaba de los restos. La punzada en mi cráneo finalmente cesó cuando mi cuerpo expulsó el trozo de plomo deformado, que cayó al suelo con un tintineo metálico sobre el charco de carne. Con una tranquilidad absoluta, saqué un pañuelo y limpié el desorden de mi rostro. Cuando el tren frenó y las puertas se abrieron, salí con paso firme, dejando atrás aquel matadero sagrado sin dedicarle una sola mirada a los restos de lo que alguna vez se atrevió a atacarme.
    —•L̶a̶ ̶E̶u̶c̶a̶r̶i̶s̶t̶í̶a̶ ̶d̶e̶ ̶H̶i̶e̶r̶r̶o̶ ̶y̶ ̶P̶l̶o̶m̶o̶. El traqueteo del tren era un metrónomo marcando el final de sus insignificantes vidas. Sentada, con la espalda expuesta como un cebo deliberado, escuché el amartillar de sus armas. El metal desgarró mi cráneo desde atrás con una violencia deliciosa. La oscuridad no fue un vacío, fue un velo negro que me envolvió con suavidad. Mientras mi cuerpo se desplomaba y la sangre comenzaba a alimentar las grietas del suelo, me quedé allí, suspendida en ese zumbido eléctrico que lo borraba todo. Mis asesinos celebraban con el aliento agitado; podía oler su miedo disfrazado de triunfo, un aroma rancio que solo servía para abrirme el apetito. Me puse en pie sin que un solo músculo de mi rostro traicionara la paz de mi muerte ficticia. Sentí el calor de la hemorragia deslizándose por mis mejillas, encontrando el camino hacia las comisuras de mi boca. Saboreé ese licor ferroso, espeso y sucio, y dejé que se mezclara con mi aliento. Pero lo que realmente me cautivó fueron las punzadas. La bala, incrustada como un parásito en mi cerebro, enviaba latigazos de una agonía exquisita que hacían vibrar cada nervio de mi columna. Era un dolor purificador, una confirmación de que su odio era tan real como mi superioridad. Me encantaba. Disfrutaba de la caricia del plomo caliente fundiéndose con mi propia carne mientras mis tejidos, obedientes, comenzaban a devorar el proyectil. Me giré. Sus gritos fueron música para mis oídos. El horror en sus ojos era la única oración que sabían rezar. Vaciaron sus cargadores contra mí en un espasmo de desesperación absoluta. Las balas golpeaban mi cuerpo, pero yo solo veía fragmentos de metal intentando herir a un abismo. Con una lentitud depredadora, levanté mi mano derecha. Los miré no como a enemigos, sino como a ganado que ha olvidado su lugar en el matadero. El vagón se volvió frío, un frío sepulcral que detuvo el tiempo. Coloqué mi dedo índice frente a sus corazones desbocados y dejé que el silencio se prolongara lo suficiente para que el terror los consumiera por dentro. — Bang. — No hubo eco, solo el sonido de la realidad rompiéndose. La presión invisible los golpeó no desde fuera, sino desde su propio núcleo, obligando a sus cuerpos a estallar de adentro hacia afuera. En un parpadeo, el vagón se convirtió en una pesadilla de vísceras; el impacto proyectó fragmentos de hueso, trozos de órganos y una lluvia densa de sesos contra las paredes y el techo. El espacio quedó perdido entre un rojo absoluto y un olor a muerte tan pesado que se podía palpar. Me quedé allí, en medio de la carnicería, respirando el vaho caliente que emanaba de los restos. La punzada en mi cráneo finalmente cesó cuando mi cuerpo expulsó el trozo de plomo deformado, que cayó al suelo con un tintineo metálico sobre el charco de carne. Con una tranquilidad absoluta, saqué un pañuelo y limpié el desorden de mi rostro. Cuando el tren frenó y las puertas se abrieron, salí con paso firme, dejando atrás aquel matadero sagrado sin dedicarle una sola mirada a los restos de lo que alguna vez se atrevió a atacarme.
    Me gusta
    Me encocora
    2
    0 comentarios 0 compartidos
  • -Me encontraba en mi estudio, entregado a una melodía que nacía del caos que albergaba mi alma más mis propios pasos eran interrumpidos. Esos ojos que parecen querer devorarme me producen una sensación exquisita, una urgencia que roza lo excitante. Lejos de detenerme, incrementé la intensidad de mi interpretación elevando mi voz ; cada acorde era un mensaje de poder transmitido a través del abismo, asegurándome de que mi música resonara con autoridad en todo los anillos del infierno-.


    https://youtu.be/ZjFTQUN2CW4?si=sw-r27_-iXFh3gKY
    -Me encontraba en mi estudio, entregado a una melodía que nacía del caos que albergaba mi alma más mis propios pasos eran interrumpidos. Esos ojos que parecen querer devorarme me producen una sensación exquisita, una urgencia que roza lo excitante. Lejos de detenerme, incrementé la intensidad de mi interpretación elevando mi voz ; cada acorde era un mensaje de poder transmitido a través del abismo, asegurándome de que mi música resonara con autoridad en todo los anillos del infierno-. https://youtu.be/ZjFTQUN2CW4?si=sw-r27_-iXFh3gKY
    Me encocora
    Me gusta
    7
    1 turno 0 maullidos
  • Habitar el abismo, sentir cómo va agarrando tu carne, cómo se enreda entre tus cabellos, cómo te va erizando la piel a su paso...
    Habitar el abismo, sentir cómo va agarrando tu carne, cómo se enreda entre tus cabellos, cómo te va erizando la piel a su paso...
    Me endiabla
    Me shockea
    3
    0 turnos 0 maullidos
Ver más resultados
Patrocinados