• Ryuリュウ・イシュタル・ヨキン Ishtar Yokin
    La lista de la compra empieza con pan
    y termina con algo que no sé nombrar.
    Entre medias, una canción escrita a lápiz,
    manchada de aceite,
    como si alguien hubiera comido tristeza
    apoyada sobre el papel.

    Hay ofertas que no quiero aprovechar:
    DOS, por UNO en silencio,
    rebajas en promesas de segunda mano,
    precio mínimo por aguantar un día más
    sin preguntar demasiado.

    El folio tiene huellas:
    grasa,
    tinta corrida,
    un borde mojado que no recuerdo haber llorado.
    Paso el dedo y no se borra.
    Nada importante se borra del todo.

    Tú miras el papel como si fuera solo eso,
    una lista,
    un desorden doméstico,
    y yo pienso que si lo pierdo
    se me cae la casa entera.

    El mar hoy está precioso.
    Azul limpio,
    tranquilo,
    como si no escondiera nada.
    A tu lado casi consigo olvidarlo:
    las pateras sin nombre,
    el agua ennegrecida,
    los cuerpos que el oleaje no devuelve.

    Casi.

    Pero el amor no tapa,
    el amor convive.
    Camina con lo terrible de la mano
    y aun así decide quedarse.

    Hay mensajes turbios que llegan a destiempo:
    noticias, recuerdos,
    frases que nadie pidió escuchar.
    Caen en medio del café,
    del beso rápido,
    del “luego hablamos”.
    No rompen nada,
    pero dejan marcas.

    Como las manchas del papel.
    Y aun así,
    cuando te quedas,
    cuando apoyas la cabeza sin pedir explicaciones,
    el mundo no mejora,
    no se vuelve justo,
    no se limpia.

    Se vuelve un poco más amable,
    más humano,
    menos raro...

    Porque tú... Te quedas a mí lado.
    [Ryu] La lista de la compra empieza con pan y termina con algo que no sé nombrar. Entre medias, una canción escrita a lápiz, manchada de aceite, como si alguien hubiera comido tristeza apoyada sobre el papel. Hay ofertas que no quiero aprovechar: DOS, por UNO en silencio, rebajas en promesas de segunda mano, precio mínimo por aguantar un día más sin preguntar demasiado. El folio tiene huellas: grasa, tinta corrida, un borde mojado que no recuerdo haber llorado. Paso el dedo y no se borra. Nada importante se borra del todo. Tú miras el papel como si fuera solo eso, una lista, un desorden doméstico, y yo pienso que si lo pierdo se me cae la casa entera. El mar hoy está precioso. Azul limpio, tranquilo, como si no escondiera nada. A tu lado casi consigo olvidarlo: las pateras sin nombre, el agua ennegrecida, los cuerpos que el oleaje no devuelve. Casi. Pero el amor no tapa, el amor convive. Camina con lo terrible de la mano y aun así decide quedarse. Hay mensajes turbios que llegan a destiempo: noticias, recuerdos, frases que nadie pidió escuchar. Caen en medio del café, del beso rápido, del “luego hablamos”. No rompen nada, pero dejan marcas. Como las manchas del papel. Y aun así, cuando te quedas, cuando apoyas la cabeza sin pedir explicaciones, el mundo no mejora, no se vuelve justo, no se limpia. Se vuelve un poco más amable, más humano, menos raro... Porque tú... Te quedas a mí lado.
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  • Si no existe el destino, ¿qué motiva a la vida? Si el destino puede cambiarse, ¿qué sentido tiene el orden?

    -Fueron aquellas preguntas las más concurrentes en los debates con sus discípulos. Una reflexión constante en aquellos que luchan por entender los motivos de su existencia y de aquellos cuya fe flaquea. No obstante, existió un discípulo que intentó indagar más en ello. Claramente, Dragoir no dudó en ofrecerle otro punto de vista de la vida que tal vez aclarase aquellas dudas que aquejaban el alma de su aprendiz. Ambos se encontraban en el suelo de una iglesia abandonada, meditando sobre cojines distintos, cuando Dragoir procedió a contestar su pregunta.-

    "Cierto es que podrían ajustarse nuestros pensamientos y lo que nos rodea a seres más allá de nuestra comprensión. De igual forma, podríamos argumentar que todo ello se trata de fuerzas de las que nunca podemos huir. Sin embargo, ¿y si la respuesta estuviera más cerca de lo que solemos pensar?"

    -Su discípulo claramente observaba a su maestro extrañado. Era la primera vez que escuchaba algo como eso. Algo tan... hereje. ¿Tantos años que su maestro dedicó a la fe y responde con esto?-

    ???: "Maestro. ¿A qué se refiere con eso?"

    -Fue entonces que Dragoir se levantó de aquel cojín. Con sus manos en su espalda, unidas una a la otra, caminó unos pasos por el lugar mientras recitaba unos versos que, por la forma en que se escuchaban, debía ser alguna filosofía del país asiático-

    "En el reino de tres, en la orilla de cuatro, sin deseo, la redención ya no existe."

    "Ya ha llegado el atardecer, que supera en peso a la luz del día y al Dao."

    "Te aferras al sentido y a la pasión en esta tierra inmunda."

    "Tienes miedo de cómo se siembra el karma."

    "Ya no hay ataduras"

    -Un silencio hizo eco entre aquel lugar, mientras Dragoir simplemente se detuvo frente a las puertas abiertas de par en par de aquel templo cristiano abandonado. Su discípulo trataba de entender aquellas palabras con la experiencia obtenida de las lecciones de su maestro. Lo que parecieron minutos de silencio, fueron simples segundos que fueron terminados una vez su discípulo, quien se rindió en su intento de comprender aquellas expresiones, habló.-

    ???: "Eso... ¿qué significa maestro?"

    -Fue entonces cuando el sacerdote sonrió y emitió una leve risa entre dientes. Era de esperarse que su discípulo no conociese tal filosofía, si de por sí era muy rechazada incluso en aquellas tierras.-

    "Es simple. Es una reflexión hacia nuestra propia voluntad. El primer verso, respecto a los tres reinos, se refiere al Cielo, a la Tierra y al Inframundo. Las 4 orillas son los 4 continentes. Claro, tomando en cuenta el tiempo en que se escribió dicho poema, se pensaba que el planeta solo tenía 4 masas de tierra gigantes.”

    “La explicación es, que en todo el mundo mortal no habita el afán, por lo tanto, no hay redención.”

    “El segundo verso explica que la larga noche ha caído, y ahora, lo que era bueno y lo que era malo están invertidos.”

    “El tercer verso hace alusión a que, el deseo del ser mortal, su amor, pasión, codicia, odio y afán, ahora se entrelazan.”

    “El cuarto verso es claro, el karma, las consecuencias de lo que ha venido, no podemos olvidarlo, debido a que son los rastros de nuestras acciones en nuestra vida.”

    “Y el último verso concluye afirmando que el deseo humano, es pues, el camino al cielo."

    "Los dioses que no existieron antes de que la misma existencia fuese siquiera concebida, surgieron debido a sus ambiciones. Incluso, aquellos que no creen en la existencia de tales seres, opinan que solo son las explicaciones del ser humano ante lo que no podían explicar tanto a su alrededor, como de aquello que surge del interior de cada uno de ellos. Muchos de esos dioses representan determinación, amor, tristeza, lujuria, ira, venganza, en fin, una gran parte de nuestras emociones."

    -Una suave brisa ingresó por aquellas puertas, sacudiendo levemente la brisa del sacerdote, mientras su vista se mantenía fija en algo que el discípulo no podía ver, o tal vez su maestro estaba soñando despierto.-

    "Si es así que muchos de esos dioses se convirtieron en lo que son hoy en día... ¿Qué fue lo que los impulsó? ¿El destino? No, para nada, fueron dichas emociones. El deseo de obtener, la ambición de alcanzar lo que sus almas o su carne anhelan. Si es así, los mortales realizan la misma dinámica, llegando a obtener lo que desean por medio de su voluntad. Sean estas buenas o malas, es el combustible que hace que sus vidas continúen."

    "Por tal razón, el apagar la voluntad de un mortal, lo destruye por completo. El brillo de sus ojos se pierde y deja de ver la vida como un regalo."

    -El discípulo entonces observó a su maestro extrañado. De cierta forma, lo que acababa de decir era contradictorio.-

    ???: "Pero... ¿Desear dejar de existir no es la voluntad de una persona?"

    "Pudiese ser, en el sentido simple de esta reflexión. Pero, ¿realmente es su voluntad, o la que le fue impuesta al destruir la que ya tenía?"

    -El discípulo abrió sus ojos con sorpresa como si hubiera obtenido una revelación. Dragoir no dejó de sonreír antes de continuar aquella reflexión. Observando ahora aquel paisaje que adornaba aquel edificio del cual incluso la naturaleza se apoderó con el pasar del tiempo.-

    "Pero siempre recuerda lo siguiente. Los dioses una vez obtuvieron lo que deseaban, dejaron de cumplir sus roles. Perdieron sus cabezas, su norte. Abandonaron a los mortales a su suerte y evitan, sin embargo, que los mortales asciendan. Fueron muy pocos los que continuaron sus funciones, encontrando nuevas formas de voluntad o la continuación de las ya tomadas. Por ello, aunque todo tipo de deseo puede impulsarte a continuar viviendo, no todos mantienen dicha llama encendida y puede llegar a ser una piedra de tropiezos para otros. Elije bien tu motivación para continuar adelante."

    -Una vez más el discípulo se encontraba sorprendido por aquellas palabras. Su maestro al parecer comprendía el ámbito de la divinidad, más de lo que cualquier persona, incluso con años de experiencia en dicho camino, pudiese conocer. Esto lo impulsó a realizar una última pregunta.-

    ???: "Maestro...lo que dice... ¿Acaso se refiere a que los dioses no sirven para nada?"

    -El hombre apretó levemente sus manos ante aquella pregunta. Era casi como si de alguna forma estuviera frustrado por algo relacionado a dicha interrogante, como si años de decepción recorrieran su mente. Sin embargo, su agarre se suavizó con el pasar de los segundos y luego de suspirar levemente, asintió.-

    "Esa es la segunda parte de esta reflexión. Desear ser inmortal, obtener todo lo que pueda el mundo ofrecer y mucho más, es una ruta meramente egoísta en muchos de los aspectos.”

    “¿Por qué razón la mayoría de dioses anhelan mantener su círculo de divinidad solo para ellos? ¿Orden? ¿Control? ¿Balance? Para nada, y ello se demuestra en sus acciones.”

    “Existen varios héroes mortales que han enfrentado a los dioses por las injusticias que han realizado o su falta de acción. Y en cuanto comienzan a olvidarlos o a perderles respeto, toman represalia, aunque nunca hubiese existido algún acto que justificase dicha acción."

    "Este poema es una crítica del hipócrita sistema de castas de las deidades, donde la "inmortalidad" es una farsa reservada para los poderosos, burlándose de aquellos que intentan ascender a través de buenas acciones, mientras que las masas siguen siendo meras almas para el consumo. Esta obra pues, destaca un espíritu humano profundo y rebelde contra las reglas cósmicas opresivas. Es por tal razón que debes reflexionar de cuál será la voluntad que impulsará tu vida.”

    “Si los mortales pueden realizar las acciones de los dioses y ascender, de igual forma un mortal, a pesar de haber alcanzado la inmortalidad, puede terminar como aquellos dioses que corrompen el verdadero significado de la divinidad."
    Si no existe el destino, ¿qué motiva a la vida? Si el destino puede cambiarse, ¿qué sentido tiene el orden? -Fueron aquellas preguntas las más concurrentes en los debates con sus discípulos. Una reflexión constante en aquellos que luchan por entender los motivos de su existencia y de aquellos cuya fe flaquea. No obstante, existió un discípulo que intentó indagar más en ello. Claramente, Dragoir no dudó en ofrecerle otro punto de vista de la vida que tal vez aclarase aquellas dudas que aquejaban el alma de su aprendiz. Ambos se encontraban en el suelo de una iglesia abandonada, meditando sobre cojines distintos, cuando Dragoir procedió a contestar su pregunta.- "Cierto es que podrían ajustarse nuestros pensamientos y lo que nos rodea a seres más allá de nuestra comprensión. De igual forma, podríamos argumentar que todo ello se trata de fuerzas de las que nunca podemos huir. Sin embargo, ¿y si la respuesta estuviera más cerca de lo que solemos pensar?" -Su discípulo claramente observaba a su maestro extrañado. Era la primera vez que escuchaba algo como eso. Algo tan... hereje. ¿Tantos años que su maestro dedicó a la fe y responde con esto?- ???: "Maestro. ¿A qué se refiere con eso?" -Fue entonces que Dragoir se levantó de aquel cojín. Con sus manos en su espalda, unidas una a la otra, caminó unos pasos por el lugar mientras recitaba unos versos que, por la forma en que se escuchaban, debía ser alguna filosofía del país asiático- "En el reino de tres, en la orilla de cuatro, sin deseo, la redención ya no existe." "Ya ha llegado el atardecer, que supera en peso a la luz del día y al Dao." "Te aferras al sentido y a la pasión en esta tierra inmunda." "Tienes miedo de cómo se siembra el karma." "Ya no hay ataduras" -Un silencio hizo eco entre aquel lugar, mientras Dragoir simplemente se detuvo frente a las puertas abiertas de par en par de aquel templo cristiano abandonado. Su discípulo trataba de entender aquellas palabras con la experiencia obtenida de las lecciones de su maestro. Lo que parecieron minutos de silencio, fueron simples segundos que fueron terminados una vez su discípulo, quien se rindió en su intento de comprender aquellas expresiones, habló.- ???: "Eso... ¿qué significa maestro?" -Fue entonces cuando el sacerdote sonrió y emitió una leve risa entre dientes. Era de esperarse que su discípulo no conociese tal filosofía, si de por sí era muy rechazada incluso en aquellas tierras.- "Es simple. Es una reflexión hacia nuestra propia voluntad. El primer verso, respecto a los tres reinos, se refiere al Cielo, a la Tierra y al Inframundo. Las 4 orillas son los 4 continentes. Claro, tomando en cuenta el tiempo en que se escribió dicho poema, se pensaba que el planeta solo tenía 4 masas de tierra gigantes.” “La explicación es, que en todo el mundo mortal no habita el afán, por lo tanto, no hay redención.” “El segundo verso explica que la larga noche ha caído, y ahora, lo que era bueno y lo que era malo están invertidos.” “El tercer verso hace alusión a que, el deseo del ser mortal, su amor, pasión, codicia, odio y afán, ahora se entrelazan.” “El cuarto verso es claro, el karma, las consecuencias de lo que ha venido, no podemos olvidarlo, debido a que son los rastros de nuestras acciones en nuestra vida.” “Y el último verso concluye afirmando que el deseo humano, es pues, el camino al cielo." "Los dioses que no existieron antes de que la misma existencia fuese siquiera concebida, surgieron debido a sus ambiciones. Incluso, aquellos que no creen en la existencia de tales seres, opinan que solo son las explicaciones del ser humano ante lo que no podían explicar tanto a su alrededor, como de aquello que surge del interior de cada uno de ellos. Muchos de esos dioses representan determinación, amor, tristeza, lujuria, ira, venganza, en fin, una gran parte de nuestras emociones." -Una suave brisa ingresó por aquellas puertas, sacudiendo levemente la brisa del sacerdote, mientras su vista se mantenía fija en algo que el discípulo no podía ver, o tal vez su maestro estaba soñando despierto.- "Si es así que muchos de esos dioses se convirtieron en lo que son hoy en día... ¿Qué fue lo que los impulsó? ¿El destino? No, para nada, fueron dichas emociones. El deseo de obtener, la ambición de alcanzar lo que sus almas o su carne anhelan. Si es así, los mortales realizan la misma dinámica, llegando a obtener lo que desean por medio de su voluntad. Sean estas buenas o malas, es el combustible que hace que sus vidas continúen." "Por tal razón, el apagar la voluntad de un mortal, lo destruye por completo. El brillo de sus ojos se pierde y deja de ver la vida como un regalo." -El discípulo entonces observó a su maestro extrañado. De cierta forma, lo que acababa de decir era contradictorio.- ???: "Pero... ¿Desear dejar de existir no es la voluntad de una persona?" "Pudiese ser, en el sentido simple de esta reflexión. Pero, ¿realmente es su voluntad, o la que le fue impuesta al destruir la que ya tenía?" -El discípulo abrió sus ojos con sorpresa como si hubiera obtenido una revelación. Dragoir no dejó de sonreír antes de continuar aquella reflexión. Observando ahora aquel paisaje que adornaba aquel edificio del cual incluso la naturaleza se apoderó con el pasar del tiempo.- "Pero siempre recuerda lo siguiente. Los dioses una vez obtuvieron lo que deseaban, dejaron de cumplir sus roles. Perdieron sus cabezas, su norte. Abandonaron a los mortales a su suerte y evitan, sin embargo, que los mortales asciendan. Fueron muy pocos los que continuaron sus funciones, encontrando nuevas formas de voluntad o la continuación de las ya tomadas. Por ello, aunque todo tipo de deseo puede impulsarte a continuar viviendo, no todos mantienen dicha llama encendida y puede llegar a ser una piedra de tropiezos para otros. Elije bien tu motivación para continuar adelante." -Una vez más el discípulo se encontraba sorprendido por aquellas palabras. Su maestro al parecer comprendía el ámbito de la divinidad, más de lo que cualquier persona, incluso con años de experiencia en dicho camino, pudiese conocer. Esto lo impulsó a realizar una última pregunta.- ???: "Maestro...lo que dice... ¿Acaso se refiere a que los dioses no sirven para nada?" -El hombre apretó levemente sus manos ante aquella pregunta. Era casi como si de alguna forma estuviera frustrado por algo relacionado a dicha interrogante, como si años de decepción recorrieran su mente. Sin embargo, su agarre se suavizó con el pasar de los segundos y luego de suspirar levemente, asintió.- "Esa es la segunda parte de esta reflexión. Desear ser inmortal, obtener todo lo que pueda el mundo ofrecer y mucho más, es una ruta meramente egoísta en muchos de los aspectos.” “¿Por qué razón la mayoría de dioses anhelan mantener su círculo de divinidad solo para ellos? ¿Orden? ¿Control? ¿Balance? Para nada, y ello se demuestra en sus acciones.” “Existen varios héroes mortales que han enfrentado a los dioses por las injusticias que han realizado o su falta de acción. Y en cuanto comienzan a olvidarlos o a perderles respeto, toman represalia, aunque nunca hubiese existido algún acto que justificase dicha acción." "Este poema es una crítica del hipócrita sistema de castas de las deidades, donde la "inmortalidad" es una farsa reservada para los poderosos, burlándose de aquellos que intentan ascender a través de buenas acciones, mientras que las masas siguen siendo meras almas para el consumo. Esta obra pues, destaca un espíritu humano profundo y rebelde contra las reglas cósmicas opresivas. Es por tal razón que debes reflexionar de cuál será la voluntad que impulsará tu vida.” “Si los mortales pueden realizar las acciones de los dioses y ascender, de igual forma un mortal, a pesar de haber alcanzado la inmortalidad, puede terminar como aquellos dioses que corrompen el verdadero significado de la divinidad."
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  • — ¿Alguna vez pensaste que tus decisiones te llevarían a este lugar, a este momento? A un pueblo pequeño de la zona rural de Japón. A este mirador, con las estrellas pintando el cielo nocturno, escuchando un búho contando historias que no comprendemos.

    ¿No te da cierta sensación de seguridad, saber que estás tan lejos de todo lo que te provocó miedo, duda y tristeza? Que, por un momento, puedes sentir que has escapado incluso de ti mismo. —
    — ¿Alguna vez pensaste que tus decisiones te llevarían a este lugar, a este momento? A un pueblo pequeño de la zona rural de Japón. A este mirador, con las estrellas pintando el cielo nocturno, escuchando un búho contando historias que no comprendemos. ¿No te da cierta sensación de seguridad, saber que estás tan lejos de todo lo que te provocó miedo, duda y tristeza? Que, por un momento, puedes sentir que has escapado incluso de ti mismo. —
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  • he perdido mi brillo, mi perfecto rubí no saben el dolor que siento tan adentro que quema desde mis entrañas hasta mi corazón cómo arde mi corazón de madre .. . .. . .


    El tiempo no puede borrar el dolor y la tristeza que siento,
    ni puede mejorar las cosas
    ni obligar a mi corazón a sanar

    he perdido mi brillo, mi perfecto rubí no saben el dolor que siento tan adentro que quema desde mis entrañas hasta mi corazón cómo arde mi corazón de madre .. . .. . . El tiempo no puede borrar el dolor y la tristeza que siento, ni puede mejorar las cosas ni obligar a mi corazón a sanar
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  • 𝄫 "𝑰 𝒄𝒂𝒏 𝒔𝒆𝒆 𝒚𝒐𝒖'𝒓𝒆 𝒔𝒂𝒅, 𝒆𝒗𝒆𝒏 𝒘𝒉𝒆𝒏 𝒚𝒐𝒖 𝒔𝒎𝒊𝒍𝒆, 𝒆𝒗𝒆𝒏 𝒘𝒉𝒆𝒏 𝒚𝒐𝒖 𝒍𝒂𝒖𝒈𝒉"

    Lo sabía notar, incluso en los días en que Sarah sonreía un poco más de la cuenta. Todo parecía ensayado. Fingía, y lo hacía con una delicadeza que casi dolía más que la tristeza abierta.

    No quería estar todo el tiempo tras ella, no quería cuidarla como cuando era una niña y él vigilaba cada detalle, cada silencio. Sabía que insistir ahora sería invadirla. Sarah necesitaba esa soledad para recomponerse. Ya no era tan sencillo como secar sus lágrimas, alzarla, prometer que todo iba a estar bien y esperar a que su llanto se desvanezca para comprarle algo dulce que alivie su dolor.

    Cada día la veía subir a su habitación, paso a paso, refugiándose en el trabajo, como si mantenerse ocupada pudiera contener la tristeza. Él se quedaba abajo, sin moverse, respetando esa distancia que le dolía aceptar, pero que sabía —era necesaria—

    Desde el pie de la escalera, sin subir, dio un paso atrás. No la siguió.

    ──── ¿Podemos hablar un momento, cuando estés lista? —su voz era firme pero suave—. Quiero ayudarte. Si tan solo me dijeras qué pasa...

    Luego guardó silencio, dejándole el espacio que necesitaba, aun cuando cada parte de él quisiera hacer lo contrario. —Esto no se mencionaba en el manual de ser padre—. No existen manuales. Cada uno debe ir aprendiendo y actuar correctamente.
    𝄫 "𝑰 𝒄𝒂𝒏 𝒔𝒆𝒆 𝒚𝒐𝒖'𝒓𝒆 𝒔𝒂𝒅, 𝒆𝒗𝒆𝒏 𝒘𝒉𝒆𝒏 𝒚𝒐𝒖 𝒔𝒎𝒊𝒍𝒆, 𝒆𝒗𝒆𝒏 𝒘𝒉𝒆𝒏 𝒚𝒐𝒖 𝒍𝒂𝒖𝒈𝒉" Lo sabía notar, incluso en los días en que Sarah sonreía un poco más de la cuenta. Todo parecía ensayado. Fingía, y lo hacía con una delicadeza que casi dolía más que la tristeza abierta. No quería estar todo el tiempo tras ella, no quería cuidarla como cuando era una niña y él vigilaba cada detalle, cada silencio. Sabía que insistir ahora sería invadirla. Sarah necesitaba esa soledad para recomponerse. Ya no era tan sencillo como secar sus lágrimas, alzarla, prometer que todo iba a estar bien y esperar a que su llanto se desvanezca para comprarle algo dulce que alivie su dolor. Cada día la veía subir a su habitación, paso a paso, refugiándose en el trabajo, como si mantenerse ocupada pudiera contener la tristeza. Él se quedaba abajo, sin moverse, respetando esa distancia que le dolía aceptar, pero que sabía —era necesaria— Desde el pie de la escalera, sin subir, dio un paso atrás. No la siguió. ──── ¿Podemos hablar un momento, cuando estés lista? —su voz era firme pero suave—. Quiero ayudarte. Si tan solo me dijeras qué pasa... Luego guardó silencio, dejándole el espacio que necesitaba, aun cuando cada parte de él quisiera hacer lo contrario. —Esto no se mencionaba en el manual de ser padre—. No existen manuales. Cada uno debe ir aprendiendo y actuar correctamente.
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  • •despues de mucho tiempo, por fin me pude quitar ese aparato de la pierna, me podía mover mejor, lentamente me levanté mirándome en el espejo, y con mi magia al tocarlo, el vidrio se volvió como agua entrando en el, quería que esté nuevo comienzo no estuviera atado a nadie, entre cada recuerdo lentamente con mi magia los oscurecia, borrando los lentamente borrando cualquier cosa que ya no quisiera recordar, y a personas que ya quería olvidar de mi vida, al terminar sali del espejo con una leve sonrisa, mi mirada se veía más iluminada ya sin tristezas o amarguras en el fondo, ya sentía el corazón liviano de nuevo•

    Ah.....de nuevo a empezar
    •despues de mucho tiempo, por fin me pude quitar ese aparato de la pierna, me podía mover mejor, lentamente me levanté mirándome en el espejo, y con mi magia al tocarlo, el vidrio se volvió como agua entrando en el, quería que esté nuevo comienzo no estuviera atado a nadie, entre cada recuerdo lentamente con mi magia los oscurecia, borrando los lentamente borrando cualquier cosa que ya no quisiera recordar, y a personas que ya quería olvidar de mi vida, al terminar sali del espejo con una leve sonrisa, mi mirada se veía más iluminada ya sin tristezas o amarguras en el fondo, ya sentía el corazón liviano de nuevo• Ah.....de nuevo a empezar
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  • —El trabajo es lo único que la mantiene distraída de caer en la tristeza.—
    —El trabajo es lo único que la mantiene distraída de caer en la tristeza.—
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  • -solamente lleva 1/3 de su embarazo y ya se quiere morir por las náuseas descontroladas que le dan. Hoy no amaneció con ánimos de nada, quizás demasiado hormonal no puede evitar mirar con recelo y tristeza a las parejas animales siendo una familia para cuidar a sus crías en cambio ella...
    Apretó la mano contra su vientre con fuerza, si quiera está en condiciones para ser madre/padre solter@? Serán ellos contra un mundo cruel e injusto que desprecia a los seres que tiene que hacer el trabajo sucio por los demás -
    -solamente lleva 1/3 de su embarazo y ya se quiere morir por las náuseas descontroladas que le dan. Hoy no amaneció con ánimos de nada, quizás demasiado hormonal no puede evitar mirar con recelo y tristeza a las parejas animales siendo una familia para cuidar a sus crías en cambio ella... Apretó la mano contra su vientre con fuerza, si quiera está en condiciones para ser madre/padre solter@? Serán ellos contra un mundo cruel e injusto que desprecia a los seres que tiene que hacer el trabajo sucio por los demás -
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  • ¿Qué gesto pequeño podrías hacer esta semana que te cuide a ti,
    aunque te dé un poquito de tristeza?
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  • Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
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    La salida de Veythra del castillo y el combate con Jennifer

    —Sin mirar atrás, camino hacia el balcón del salón del trono.
    El aire huele a magia lunar y a expectación rota.

    En el jardín, Ayane permanece quieta, mirando el horizonte.
    Su silueta, quieta como un presagio, está orientada justo hacia donde yo siento el tirón invisible de Jennifer.
    Entonces lo veo:

    El hilo rojo.
    Un hilo que une almas condenadas a encontrarse.
    El suyo y el mío.
    Sonrío, fascinada.

    Me dejo caer del balcón en caída libre.
    El viento corta mi piel y mis huesos vibran.
    Mis escápulas se abren como heridas antiguas… y de ellas emergen dos alas negras, con fragmentos de luna incrustados como astillas brillantes.
    Un solo aleteo —un latigazo de caos— hace temblar la tierra.

    En un suspiro estoy frente a ella.
    A miles de decenas de kilómetros del castillo, de todo… menos del destino.

    Jennifer ya sabía.
    Claro que sabía.
    La Reina del Caos siente antes que piensa; adivina antes que preguntar; devora antes que entender.
    Antes de que pronuncie palabra alguna, su mente intenta hundirse en la mía.

    Pero solo escucha una frase en Tharésh’Kael, un golpe seco de significado primordial:

    “Buscas en el lugar equivocado.”

    Elevo la cabeza, dejo que mis colmillos asomen, y le hablo por primera vez en la lengua maldita:

    —Jennifer… Mi reina…

    Mis labios se abren en una carcajada que parece romper el aire.

    —¿Qué sería de mí con tu cuerpo?
    Yo sé lo que buscas. Lo he visto.
    Tú y yo… somos iguales.
    Incompletas. Vacías por dentro.
    Mitades rotas del mismo eclipse.

    Podríamos completarnos…
    Si entregáramos nuestra vida.

    —Pero eso no sucederá.
    El Caos reclama.
    Y no devuelve.

    Por eso… hermana…
    Debes morir.

    No le doy tiempo a respirar.

    Mi primer golpe la toma desprevenida, justo cuando asimila la verdad:
    soy la hija no nacida de Selin y Oz, Veythra, el eco imposible que jamás llegó al mundo… y aun así llegó.

    Mi patada atraviesa su esencia.
    Siento su alma separarse de su cuerpo durante un instante, un caparazón vacío que casi me pertenece.
    Casi.

    Pero Jennifer vuelve a entrar en su cuerpo como un relámpago de voluntad pura.
    Demasiado rápida.
    Demasiado fuerte.
    Demasiado Reina.

    Mi cuerpo, que no es del todo mío, empieza a fallar.

    Entonces comienza la batalla.
    La verdadera.


    ---


    Jennifer se lanza sobre mí con una velocidad que desarma al tiempo.
    Su sombra se divide en cuatro, cada una con un gesto distinto: juicio, furia, misericordia, hambre.

    Una de sus manos me agarra del cuello.
    Otra atraviesa mi costado.
    La tercera desgarra mis alas.
    La cuarta me acaricia el rostro… como si lamentara lo que debe hacer.

    Mi cuerpo chisporrotea, desgarrándose en pétalos oscuros.
    Mis piernas se hunden en la tierra como raíces muertas.
    Cada movimiento mío es más lento, más torpe, más roto.

    Intento devolverle un golpe:
    Lunas estallan a mi alrededor, fragmentos plateados se clavan en su piel…
    pero ella solo sonríe.

    Jennifer retrocede un paso
    y con un simple gesto
    me deshace las costillas como si fueran polvo estelar.

    Caigo al suelo.
    Ya no tengo cuerpo.
    Solo… un contenedor fallido.

    La humedad del mundo se siente lejana.
    El olor de la magia, aún más.

    De pie junto a mí, dos figuras emergen de un vórtice:

    Aikaterine, con su mirada de tiempo afilado.
    Tsukumo Sana, gigante, maternal, con tristeza en los ojos.

    Vienen a reclamar lo que es suyo:
    mi cuerpo,
    mi tiempo,
    mi existencia prestada.

    Y allí, medio oculta detrás de un cometa de energía,
    Hakos Baelz, la Ratona del Caos,
    tiembla, llorando,
    sabedora de que este final no la complace…
    pero tampoco puede detenerlo.


    ---



    Jennifer me mira.
    Me estudia.
    Me reconoce.

    Ella sabe qué soy.
    Sabe de quién soy.
    Y sabe que no debería existir.

    Aun así, la Reina del Caos —la devoradora, la temida, la indomable—
    hace algo que jamás ha hecho.

    Se rompe.

    Arranca un fragmento de su propio ser.
    Un pedazo de corazón, palpitante y prohibido.
    La primera división real de su amor.

    Y lo coloca en mi pecho.
    En el cuerpo marchito que ya no debería moverse.

    —Vive —susurra.
    —Pero no para mí.
    Para lo que aún no has sido.
    Para lo que tendrás que ser.

    El caos se agita.
    La luna tiembla.
    Mis grietas se llenan de luz.

    Jennifer, por primera vez, entrega algo sin exigir nada.

    Por su hermana no nacida.
    Por mí.
    Por Veythra.

    Mi cuerpo de restablece y mi tiempo también, sin pedir permiso. Tsukumo y Aikaterine desaparecen con un gesto de aprobación casi a regañadientes. Hakos Baelz simplemente observa a sus hijas, las flores, las herederas del Caos y el Vacío.

    Jennifer me da la espalda antes de que pueda recomponerme y levantarme, desapareciendo en la niebla.

    Tsukumo Sana Espacio Aikaterine Ouro [flare_white_mouse_589] Jenny Queen Orc
    Relato en Post y comentario de la imagen 🩷 La salida de Veythra del castillo y el combate con Jennifer —Sin mirar atrás, camino hacia el balcón del salón del trono. El aire huele a magia lunar y a expectación rota. En el jardín, Ayane permanece quieta, mirando el horizonte. Su silueta, quieta como un presagio, está orientada justo hacia donde yo siento el tirón invisible de Jennifer. Entonces lo veo: El hilo rojo. Un hilo que une almas condenadas a encontrarse. El suyo y el mío. Sonrío, fascinada. Me dejo caer del balcón en caída libre. El viento corta mi piel y mis huesos vibran. Mis escápulas se abren como heridas antiguas… y de ellas emergen dos alas negras, con fragmentos de luna incrustados como astillas brillantes. Un solo aleteo —un latigazo de caos— hace temblar la tierra. En un suspiro estoy frente a ella. A miles de decenas de kilómetros del castillo, de todo… menos del destino. Jennifer ya sabía. Claro que sabía. La Reina del Caos siente antes que piensa; adivina antes que preguntar; devora antes que entender. Antes de que pronuncie palabra alguna, su mente intenta hundirse en la mía. Pero solo escucha una frase en Tharésh’Kael, un golpe seco de significado primordial: “Buscas en el lugar equivocado.” Elevo la cabeza, dejo que mis colmillos asomen, y le hablo por primera vez en la lengua maldita: —Jennifer… Mi reina… Mis labios se abren en una carcajada que parece romper el aire. —¿Qué sería de mí con tu cuerpo? Yo sé lo que buscas. Lo he visto. Tú y yo… somos iguales. Incompletas. Vacías por dentro. Mitades rotas del mismo eclipse. Podríamos completarnos… Si entregáramos nuestra vida. —Pero eso no sucederá. El Caos reclama. Y no devuelve. Por eso… hermana… Debes morir. No le doy tiempo a respirar. Mi primer golpe la toma desprevenida, justo cuando asimila la verdad: soy la hija no nacida de Selin y Oz, Veythra, el eco imposible que jamás llegó al mundo… y aun así llegó. Mi patada atraviesa su esencia. Siento su alma separarse de su cuerpo durante un instante, un caparazón vacío que casi me pertenece. Casi. Pero Jennifer vuelve a entrar en su cuerpo como un relámpago de voluntad pura. Demasiado rápida. Demasiado fuerte. Demasiado Reina. Mi cuerpo, que no es del todo mío, empieza a fallar. Entonces comienza la batalla. La verdadera. --- Jennifer se lanza sobre mí con una velocidad que desarma al tiempo. Su sombra se divide en cuatro, cada una con un gesto distinto: juicio, furia, misericordia, hambre. Una de sus manos me agarra del cuello. Otra atraviesa mi costado. La tercera desgarra mis alas. La cuarta me acaricia el rostro… como si lamentara lo que debe hacer. Mi cuerpo chisporrotea, desgarrándose en pétalos oscuros. Mis piernas se hunden en la tierra como raíces muertas. Cada movimiento mío es más lento, más torpe, más roto. Intento devolverle un golpe: Lunas estallan a mi alrededor, fragmentos plateados se clavan en su piel… pero ella solo sonríe. Jennifer retrocede un paso y con un simple gesto me deshace las costillas como si fueran polvo estelar. Caigo al suelo. Ya no tengo cuerpo. Solo… un contenedor fallido. La humedad del mundo se siente lejana. El olor de la magia, aún más. De pie junto a mí, dos figuras emergen de un vórtice: Aikaterine, con su mirada de tiempo afilado. Tsukumo Sana, gigante, maternal, con tristeza en los ojos. Vienen a reclamar lo que es suyo: mi cuerpo, mi tiempo, mi existencia prestada. Y allí, medio oculta detrás de un cometa de energía, Hakos Baelz, la Ratona del Caos, tiembla, llorando, sabedora de que este final no la complace… pero tampoco puede detenerlo. --- Jennifer me mira. Me estudia. Me reconoce. Ella sabe qué soy. Sabe de quién soy. Y sabe que no debería existir. Aun así, la Reina del Caos —la devoradora, la temida, la indomable— hace algo que jamás ha hecho. Se rompe. Arranca un fragmento de su propio ser. Un pedazo de corazón, palpitante y prohibido. La primera división real de su amor. Y lo coloca en mi pecho. En el cuerpo marchito que ya no debería moverse. —Vive —susurra. —Pero no para mí. Para lo que aún no has sido. Para lo que tendrás que ser. El caos se agita. La luna tiembla. Mis grietas se llenan de luz. Jennifer, por primera vez, entrega algo sin exigir nada. Por su hermana no nacida. Por mí. Por Veythra. Mi cuerpo de restablece y mi tiempo también, sin pedir permiso. Tsukumo y Aikaterine desaparecen con un gesto de aprobación casi a regañadientes. Hakos Baelz simplemente observa a sus hijas, las flores, las herederas del Caos y el Vacío. Jennifer me da la espalda antes de que pueda recomponerme y levantarme, desapareciendo en la niebla. [blaze_titanium_scorpion_916] [Mercenary1x] [flare_white_mouse_589] [queen_0]
    La salida de Veythra del castillo y el combate con Jennifer

    —Sin mirar atrás, camino hacia el balcón del salón del trono.
    El aire huele a magia lunar y a expectación rota.

    En el jardín, Ayane permanece quieta, mirando el horizonte.
    Su silueta, quieta como un presagio, está orientada justo hacia donde yo siento el tirón invisible de Jennifer.
    Entonces lo veo:

    El hilo rojo.
    Un hilo que une almas condenadas a encontrarse.
    El suyo y el mío.
    Sonrío, fascinada.

    Me dejo caer del balcón en caída libre.
    El viento corta mi piel y mis huesos vibran.
    Mis escápulas se abren como heridas antiguas… y de ellas emergen dos alas negras, con fragmentos de luna incrustados como astillas brillantes.
    Un solo aleteo —un latigazo de caos— hace temblar la tierra.

    En un suspiro estoy frente a ella.
    A miles de decenas de kilómetros del castillo, de todo… menos del destino.

    Jennifer ya sabía.
    Claro que sabía.
    La Reina del Caos siente antes que piensa; adivina antes que preguntar; devora antes que entender.
    Antes de que pronuncie palabra alguna, su mente intenta hundirse en la mía.

    Pero solo escucha una frase en Tharésh’Kael, un golpe seco de significado primordial:

    “Buscas en el lugar equivocado.”

    Elevo la cabeza, dejo que mis colmillos asomen, y le hablo por primera vez en la lengua maldita:

    —Jennifer… Mi reina…

    Mis labios se abren en una carcajada que parece romper el aire.

    —¿Qué sería de mí con tu cuerpo?
    Yo sé lo que buscas. Lo he visto.
    Tú y yo… somos iguales.
    Incompletas. Vacías por dentro.
    Mitades rotas del mismo eclipse.

    Podríamos completarnos…
    Si entregáramos nuestra vida.

    —Pero eso no sucederá.
    El Caos reclama.
    Y no devuelve.

    Por eso… hermana…
    Debes morir.

    No le doy tiempo a respirar.

    Mi primer golpe la toma desprevenida, justo cuando asimila la verdad:
    soy la hija no nacida de Selin y Oz, Veythra, el eco imposible que jamás llegó al mundo… y aun así llegó.

    Mi patada atraviesa su esencia.
    Siento su alma separarse de su cuerpo durante un instante, un caparazón vacío que casi me pertenece.
    Casi.

    Pero Jennifer vuelve a entrar en su cuerpo como un relámpago de voluntad pura.
    Demasiado rápida.
    Demasiado fuerte.
    Demasiado Reina.

    Mi cuerpo, que no es del todo mío, empieza a fallar.

    Entonces comienza la batalla.
    La verdadera.


    ---


    Jennifer se lanza sobre mí con una velocidad que desarma al tiempo.
    Su sombra se divide en cuatro, cada una con un gesto distinto: juicio, furia, misericordia, hambre.

    Una de sus manos me agarra del cuello.
    Otra atraviesa mi costado.
    La tercera desgarra mis alas.
    La cuarta me acaricia el rostro… como si lamentara lo que debe hacer.

    Mi cuerpo chisporrotea, desgarrándose en pétalos oscuros.
    Mis piernas se hunden en la tierra como raíces muertas.
    Cada movimiento mío es más lento, más torpe, más roto.

    Intento devolverle un golpe:
    Lunas estallan a mi alrededor, fragmentos plateados se clavan en su piel…
    pero ella solo sonríe.

    Jennifer retrocede un paso
    y con un simple gesto
    me deshace las costillas como si fueran polvo estelar.

    Caigo al suelo.
    Ya no tengo cuerpo.
    Solo… un contenedor fallido.

    La humedad del mundo se siente lejana.
    El olor de la magia, aún más.

    De pie junto a mí, dos figuras emergen de un vórtice:

    Aikaterine, con su mirada de tiempo afilado.
    Tsukumo Sana, gigante, maternal, con tristeza en los ojos.

    Vienen a reclamar lo que es suyo:
    mi cuerpo,
    mi tiempo,
    mi existencia prestada.

    Y allí, medio oculta detrás de un cometa de energía,
    Hakos Baelz, la Ratona del Caos,
    tiembla, llorando,
    sabedora de que este final no la complace…
    pero tampoco puede detenerlo.


    ---



    Jennifer me mira.
    Me estudia.
    Me reconoce.

    Ella sabe qué soy.
    Sabe de quién soy.
    Y sabe que no debería existir.

    Aun así, la Reina del Caos —la devoradora, la temida, la indomable—
    hace algo que jamás ha hecho.

    Se rompe.

    Arranca un fragmento de su propio ser.
    Un pedazo de corazón, palpitante y prohibido.
    La primera división real de su amor.

    Y lo coloca en mi pecho.
    En el cuerpo marchito que ya no debería moverse.

    —Vive —susurra.
    —Pero no para mí.
    Para lo que aún no has sido.
    Para lo que tendrás que ser.

    El caos se agita.
    La luna tiembla.
    Mis grietas se llenan de luz.

    Jennifer, por primera vez, entrega algo sin exigir nada.

    Por su hermana no nacida.
    Por mí.
    Por Veythra.

    Mi cuerpo de restablece y mi tiempo también, sin pedir permiso. Tsukumo y Aikaterine desaparecen con un gesto de aprobación casi a regañadientes. Hakos Baelz simplemente observa a sus hijas, las flores, las herederas del Caos y el Vacío.

    Jennifer me da la espalda antes de que pueda recomponerme y levantarme, desapareciendo en la niebla.
    Me encocora
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