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    Es una tristeza que estas cosas pasen. Pero se agradece el trabajo del staff.
    Y weme es una basura llena de todas las cosas prohibidas aquí
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    AVISO IMPORTANTE PARA LA COMUNIDAD — ⚠️CIBER - ESTAFAS ⚠️ #Anuncio #AvisoImportante #ComunidadFicRol
    Hola, FicRolers. Desde la administración de la plataforma y el equipo de RolSages (Mitzuko Bellrose y yo) queremos informaros de una modalidad de ciber - estafa que se está detectando en distintas comunidades de rol (MeWe, Amino y otras plataformas) para que estéis prevenidos y sepáis cómo actuar si algo similar ocurre. Este aviso es puramente...
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  • ꧁ঔৣ☬El Eco de los Cuatro Mil Años☬ঔৣ꧂


    El horizonte en el Elíseo de las Sombras no era un lugar, sino una herida abierta de color azul profundo. Allí, donde el tiempo se desangra sin morir, caminaba Eventus. Su figura, una torre de pesadilla coronada por cuernos que desafiaban al vacío, avanzaba con la pesadez de quien carga el peso de trillones de lamentos. En su pecho, las ramificaciones carmesíes brillaban con una luz enferma, alimentándose de la desesperación que él, por decreto del cosmos, debía custodiar.

    A su lado, una pequeña mota de ceniza con forma humana trotaba para no perderse. Un alma nueva. Una curiosidad insignificante en la inmensidad del castigo.

    —¿Eres tú quien decide mi final? —preguntó el alma, con una voz que aún conservaba el temblor de la vida—. Pareces cansado de oírnos. He pasado mi existencia huyendo del silencio, y ahora comprendo que tú eres su único dueño.

    Eventus no respondió. Se limitó a dar la vuelta, iniciando una marcha sin rumbo hacia la nada. Sus pasos no buscaban un destino, pues él ya estaba en todas partes. Caminaba simplemente para huir de la quietud absoluta.

    —Silencio... —retumbó la voz de Eventus, vibrando no en el aire, sino en la esencia misma del alma—. Eso es lo único que existe aquí. Silencio.

    A medida que avanzaban, un sonido rítmico comenzó a quebrar la nada: ploc, ploc. Eran gotas invisibles cayendo sobre un suelo inexistente. No había agua, pero el vacío lloraba.

    —Eres un alma inquieta —sentenció Eventus, sin detenerse—. Rompes la quietud que nos rodea con tus preguntas, pero pronto entenderás que no podrás romper el vacío que te aguarda. Olvida ya lo que es la emoción. Muy pronto, olvidarás la simpatía, el calor y lo que significa ser humano.

    Para demostrar su poder sobre la desolación, Eventus extendió una mano hacia el firmamento. Con un roce de sus dedos largos y sombríos, cambió el azul por un turquesa oscuro, una tonalidad tóxica y profunda. Luego, en un gesto de inesperada piedad —o quizás de nostalgia propia—, hizo descender un sol pálido.

    El vacío se tiñó de un atardecer artificial. No tenía el aroma de la tierra húmeda ni el calor del hogar, pero era belleza al fin y al cabo. Eventus se detuvo y, por un instante que duró milenios, meditó frente a su propia creación.

    —¿Qué hacías? —preguntó el alma tras un tiempo que pareció eterno.

    —¿Qué hacías tú? —replicó Eventus con una curiosidad gélida—. Han pasado mil años desde que nos detuvimos en este lugar. He visto pasar trillones de vidas mientras tú sigues aquí. Eres solo otra sombra que intenta aferrarse a algo que ya no existe. ¿Acaso recuerdas quién eras? ¿Fuiste hombre, mujer o nada? Ya no importa. Jamás lo recordarás.

    —Me aferro porque, si me olvido de mí, tú te quedarás solo —susurró el alma, ahora casi traslúcida—. Si yo dejo de hablar, ¿quién recordará que tú no eres solo un monstruo, sino un ser que anhela su propio camino?

    Eventus sintió una punzada en su interior hueco. Llevaban cuatro mil años caminando juntos. El alma ya no era un trámite; era un espejo.

    —Acepta tu destino —dijo Eventus, retomando la marcha con una tristeza renovada—. Termina tu camino para que puedas ser algo en el Todo. No te aferres por mí... soy solo algo con nada por dentro.

    El alma comenzó a desvanecerse, convirtiéndose en partículas de plata que el azul del fondo empezó a devorar. Antes de desaparecer, lanzó un último pensamiento al ser cósmico: Espero que algún día, el vacío también aprenda a escucharte a ti.

    Eventus se quedó solo una vez más. Se detuvo en mitad de la nada absoluta. No había más palabras, no más preguntas inquietas. Sin embargo, en la inmensidad de su memoria eterna, decidió guardar aquel pequeño destello de cuatro mil años.

    Él era la nada, sí. Pero ahora era una nada que recordaba haber sido acompañada.
    ꧁ঔৣ☬El Eco de los Cuatro Mil Años☬ঔৣ꧂ El horizonte en el Elíseo de las Sombras no era un lugar, sino una herida abierta de color azul profundo. Allí, donde el tiempo se desangra sin morir, caminaba Eventus. Su figura, una torre de pesadilla coronada por cuernos que desafiaban al vacío, avanzaba con la pesadez de quien carga el peso de trillones de lamentos. En su pecho, las ramificaciones carmesíes brillaban con una luz enferma, alimentándose de la desesperación que él, por decreto del cosmos, debía custodiar. A su lado, una pequeña mota de ceniza con forma humana trotaba para no perderse. Un alma nueva. Una curiosidad insignificante en la inmensidad del castigo. —¿Eres tú quien decide mi final? —preguntó el alma, con una voz que aún conservaba el temblor de la vida—. Pareces cansado de oírnos. He pasado mi existencia huyendo del silencio, y ahora comprendo que tú eres su único dueño. Eventus no respondió. Se limitó a dar la vuelta, iniciando una marcha sin rumbo hacia la nada. Sus pasos no buscaban un destino, pues él ya estaba en todas partes. Caminaba simplemente para huir de la quietud absoluta. —Silencio... —retumbó la voz de Eventus, vibrando no en el aire, sino en la esencia misma del alma—. Eso es lo único que existe aquí. Silencio. A medida que avanzaban, un sonido rítmico comenzó a quebrar la nada: ploc, ploc. Eran gotas invisibles cayendo sobre un suelo inexistente. No había agua, pero el vacío lloraba. —Eres un alma inquieta —sentenció Eventus, sin detenerse—. Rompes la quietud que nos rodea con tus preguntas, pero pronto entenderás que no podrás romper el vacío que te aguarda. Olvida ya lo que es la emoción. Muy pronto, olvidarás la simpatía, el calor y lo que significa ser humano. Para demostrar su poder sobre la desolación, Eventus extendió una mano hacia el firmamento. Con un roce de sus dedos largos y sombríos, cambió el azul por un turquesa oscuro, una tonalidad tóxica y profunda. Luego, en un gesto de inesperada piedad —o quizás de nostalgia propia—, hizo descender un sol pálido. El vacío se tiñó de un atardecer artificial. No tenía el aroma de la tierra húmeda ni el calor del hogar, pero era belleza al fin y al cabo. Eventus se detuvo y, por un instante que duró milenios, meditó frente a su propia creación. —¿Qué hacías? —preguntó el alma tras un tiempo que pareció eterno. —¿Qué hacías tú? —replicó Eventus con una curiosidad gélida—. Han pasado mil años desde que nos detuvimos en este lugar. He visto pasar trillones de vidas mientras tú sigues aquí. Eres solo otra sombra que intenta aferrarse a algo que ya no existe. ¿Acaso recuerdas quién eras? ¿Fuiste hombre, mujer o nada? Ya no importa. Jamás lo recordarás. —Me aferro porque, si me olvido de mí, tú te quedarás solo —susurró el alma, ahora casi traslúcida—. Si yo dejo de hablar, ¿quién recordará que tú no eres solo un monstruo, sino un ser que anhela su propio camino? Eventus sintió una punzada en su interior hueco. Llevaban cuatro mil años caminando juntos. El alma ya no era un trámite; era un espejo. —Acepta tu destino —dijo Eventus, retomando la marcha con una tristeza renovada—. Termina tu camino para que puedas ser algo en el Todo. No te aferres por mí... soy solo algo con nada por dentro. El alma comenzó a desvanecerse, convirtiéndose en partículas de plata que el azul del fondo empezó a devorar. Antes de desaparecer, lanzó un último pensamiento al ser cósmico: Espero que algún día, el vacío también aprenda a escucharte a ti. Eventus se quedó solo una vez más. Se detuvo en mitad de la nada absoluta. No había más palabras, no más preguntas inquietas. Sin embargo, en la inmensidad de su memoria eterna, decidió guardar aquel pequeño destello de cuatro mil años. Él era la nada, sí. Pero ahora era una nada que recordaba haber sido acompañada.
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  • Adrián entró al restaurante con la misma cautela de siempre, como si el lugar pudiera romperse si hacía demasiado ruido. Era uno de los favoritos de su madre; no venía seguido, pero algunas mañanas sentía la necesidad de hacerlo, aunque no supiera muy bien por qué.

    Pidió un vaso de agua y algo sencillo para desayunar. Cuando el mesero lo condujo a la mesa, Adrián se detuvo un segundo.

    Era esa mesa.

    La que su madre siempre pedía. La que reservaba cuando quería sentarse cerca de la ventana, donde la luz caía mejor sobre el cristal y decía que así el día comenzaba distinto. Adrián dudó apenas un instante antes de sentarse. No pidió cambiarla.

    Dejó la cámara a un lado y apoyó los antebrazos sobre la mesa. El restaurante estaba tranquilo, envuelto en un murmullo bajo, casi respetuoso. Por un momento, pudo imaginarla ahí, acomodando las manos sobre la mesa, mirándolo con calma.

    El vaso de agua llegó. Adrián dio un sorbo lento.

    —Siempre te gustó este lugar… —murmuró para sí, casi en un susurro.

    No sonrió, pero tampoco se levantó. Se quedó ahí, desayunando en silencio, permitiéndose ese pequeño acto de nostalgia. No era tristeza pura; era costumbre, recuerdo, una forma silenciosa de mantenerse cerca.

    Cuando terminó, dejó unas monedas sobre la mesa, tomó la cámara y se levantó. Antes de irse, lanzó una última mirada a la silla frente a él… y luego salió, dejando atrás el reflejo del agua y un recuerdo que, por un momento, había vuelto a sentirse presente.
    Adrián entró al restaurante con la misma cautela de siempre, como si el lugar pudiera romperse si hacía demasiado ruido. Era uno de los favoritos de su madre; no venía seguido, pero algunas mañanas sentía la necesidad de hacerlo, aunque no supiera muy bien por qué. Pidió un vaso de agua y algo sencillo para desayunar. Cuando el mesero lo condujo a la mesa, Adrián se detuvo un segundo. Era esa mesa. La que su madre siempre pedía. La que reservaba cuando quería sentarse cerca de la ventana, donde la luz caía mejor sobre el cristal y decía que así el día comenzaba distinto. Adrián dudó apenas un instante antes de sentarse. No pidió cambiarla. Dejó la cámara a un lado y apoyó los antebrazos sobre la mesa. El restaurante estaba tranquilo, envuelto en un murmullo bajo, casi respetuoso. Por un momento, pudo imaginarla ahí, acomodando las manos sobre la mesa, mirándolo con calma. El vaso de agua llegó. Adrián dio un sorbo lento. —Siempre te gustó este lugar… —murmuró para sí, casi en un susurro. No sonrió, pero tampoco se levantó. Se quedó ahí, desayunando en silencio, permitiéndose ese pequeño acto de nostalgia. No era tristeza pura; era costumbre, recuerdo, una forma silenciosa de mantenerse cerca. Cuando terminó, dejó unas monedas sobre la mesa, tomó la cámara y se levantó. Antes de irse, lanzó una última mirada a la silla frente a él… y luego salió, dejando atrás el reflejo del agua y un recuerdo que, por un momento, había vuelto a sentirse presente.
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  • ×~ Ah... Mira tú lo que encontró en su bolsillo... ¿Qué hacía esta foto allí? Via sonrió al verla... Pero después su alegría se transformó en tristeza... Y una muy profunda. Aún no supera que su padre la haya cambiado por un imbécil que le da duro todas las noches ~×
    ×~ Ah... Mira tú lo que encontró en su bolsillo... ¿Qué hacía esta foto allí? Via sonrió al verla... Pero después su alegría se transformó en tristeza... Y una muy profunda. Aún no supera que su padre la haya cambiado por un imbécil que le da duro todas las noches ~×
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  • Que tristeza me tocó trabajar un día sábado pero hay que ponerle pecho a las balas cómo dicen.
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  • Me gustaría cambiar el final de cierto cuento que me marco en parte de mi vida, el monstruo del Este seguía buscando la humanidad ya que era algo que simplemente le traía curiosidad, pero nadie era capaz de entrar en el oscuro corazón. El cual tantas vidas había arrebatado, no sentía culpa ni tristeza. De todas las chicas se fijo en una en especial, no era como las demás en absoluto ella prefería los libros que las fiestas, la tranquilidad y no el caos. Fue entonces cuando se quedó prendado por su belleza y fue entonces donde la quiso para él. Hoy en día el monstruo sabe que es la humanidad pero sobre todo que es el amor, gracias a una bruja que lo sabe calmar de todo lo que le ocurrio. Elisabeth Turner
    Me gustaría cambiar el final de cierto cuento que me marco en parte de mi vida, el monstruo del Este seguía buscando la humanidad ya que era algo que simplemente le traía curiosidad, pero nadie era capaz de entrar en el oscuro corazón. El cual tantas vidas había arrebatado, no sentía culpa ni tristeza. De todas las chicas se fijo en una en especial, no era como las demás en absoluto ella prefería los libros que las fiestas, la tranquilidad y no el caos. Fue entonces cuando se quedó prendado por su belleza y fue entonces donde la quiso para él. Hoy en día el monstruo sabe que es la humanidad pero sobre todo que es el amor, gracias a una bruja que lo sabe calmar de todo lo que le ocurrio. [Turney_thcx]
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    un dia mas un dia menos.. pero siempre es lo mismo, tristeza por no saber cual es el sabor de un tamal...
    un dia mas un dia menos.. pero siempre es lo mismo, tristeza por no saber cual es el sabor de un tamal... :STK-67:
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  • ' Ver aquella rosa imbuida en su magia le traía recuerdos, de tratos y de aventuras, de muertes y de nuevos comienzos, y también le recordaba lo solo que estaba, atrapado no solo en el tiempo, si no en su propia tristeza, en su falta de motivos, le seguía faltando algo que le diera un propósito ... Una sventura, un proyecto, un acompañante, algo que le diera un sentido '

    – La magia lleva consigo un camino solitario ... Eso decían mis padres al menos.
    ' Ver aquella rosa imbuida en su magia le traía recuerdos, de tratos y de aventuras, de muertes y de nuevos comienzos, y también le recordaba lo solo que estaba, atrapado no solo en el tiempo, si no en su propia tristeza, en su falta de motivos, le seguía faltando algo que le diera un propósito ... Una sventura, un proyecto, un acompañante, algo que le diera un sentido ' – La magia lleva consigo un camino solitario ... Eso decían mis padres al menos.
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  • Las pesadillas desde ese día no paraban, ni una sola ocasión la abandonó el rencor y añoranza de aquello que apenas se iba concretando. Lo extrañaba, ¿Cómo podía echar de menos tanto a alguien que estuvo tan poco tiempo?... ¿Por qué extrañaría a un demonio?

    Y ahí estaba, dando vueltas en su cama, igual que cada noche desde hacía tres meses. Jinu, su sacrificio, las últimas palabras que le dijo antes de partir. Le había dado lo más valioso que tenía y aun así, parecía no ser suficiente para aliviar el dolor de su pérdida.

    Le enseñó a no esconderse, a aceptar y encontrar un camino diferente para lograr su misión, era verdad, pero en el proceso perdió otra igual de importante, le falló a él, no pudo protegerlo y ahora, aquellas marcas que nunca más deberían de ser motivo de vergüenza eran un constante recordatorio de que alguna vez amó y perdió a un demonio.

    Se levantó de un salto de la cama, caminando hacia el balcón de su habitación, pensando en lo cruel e irónica que podía ser la vida. El cielo nocturno convertía el cristal en un espejo casi perfecto, donde el rostro de la guerrera se dibujó con líneas tristes y melancólicas.

    — Cuando te veo, todo empieza a cambiar… — susurró con tristeza, contemplando las marcas lilas en su piel, las mismas que adornaron alguna vez al pelinegro que ahora era el dueño de sus lamentos.
    Las pesadillas desde ese día no paraban, ni una sola ocasión la abandonó el rencor y añoranza de aquello que apenas se iba concretando. Lo extrañaba, ¿Cómo podía echar de menos tanto a alguien que estuvo tan poco tiempo?... ¿Por qué extrañaría a un demonio? Y ahí estaba, dando vueltas en su cama, igual que cada noche desde hacía tres meses. Jinu, su sacrificio, las últimas palabras que le dijo antes de partir. Le había dado lo más valioso que tenía y aun así, parecía no ser suficiente para aliviar el dolor de su pérdida. Le enseñó a no esconderse, a aceptar y encontrar un camino diferente para lograr su misión, era verdad, pero en el proceso perdió otra igual de importante, le falló a él, no pudo protegerlo y ahora, aquellas marcas que nunca más deberían de ser motivo de vergüenza eran un constante recordatorio de que alguna vez amó y perdió a un demonio. Se levantó de un salto de la cama, caminando hacia el balcón de su habitación, pensando en lo cruel e irónica que podía ser la vida. El cielo nocturno convertía el cristal en un espejo casi perfecto, donde el rostro de la guerrera se dibujó con líneas tristes y melancólicas. — Cuando te veo, todo empieza a cambiar… — susurró con tristeza, contemplando las marcas lilas en su piel, las mismas que adornaron alguna vez al pelinegro que ahora era el dueño de sus lamentos.
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  • Yo pensaba que era mi amiga, pero no es mi culpa despertar su envidia porque las cosas con mi novio van muy bien y ella con su novio no
    Qué tristeza me da porque ella me agradaba, pero no voy a tolerar que nadie se burle de mi bebé.
    Yo pensaba que era mi amiga, pero no es mi culpa despertar su envidia porque las cosas con mi novio van muy bien y ella con su novio no :STK-22: :STK-67: Qué tristeza me da porque ella me agradaba, pero no voy a tolerar que nadie se burle de mi bebé.
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