• Kiara- Edad actualmente no reconocida. Edad de apariencia: 20 años.
    Siglo de la tragedia: No reconocido

    𝑹𝒆𝒄𝒖𝒆𝒓𝒅𝒐𝒔.

    Kiara es una joven marcada por la tragedia y la resiliencia. Varios años habían pasado desde que su pueblo fue arrasado, pero las memorias de su infancia aún resuenan en su mente como ecos lejanos. Recuerda los días soleados en los que corría libre entre los árboles, el aroma del campo y las risas de sus amigos. Cada rincón de aquel lugar estaba impregnado de magia y alegría, un hogar que ahora solo existe en sus recuerdos.

    La noche de la tragedia sigue grabada a fuego en su corazón. Huyó por el río, malherida y asustada, sintiendo cómo las aguas turbulentas la arrastraban lejos de todo lo que conocía. En ese momento de desesperación, casi se rindió; el cansancio la envolvía como una sombra oscura. Sin embargo, el destino tenía otros planes para ella. Fue rescatada por los guardias de un rey benevolente, un hombre que se convirtió en una figura paterna para Kiara. Aunque era humano, él vio más allá de su apariencia; reconoció su valor y su potencial.

    Bajo su tutela, Kiara aprendió a luchar con destreza y astucia, convirtiéndose en una guerrera fuerte e inteligente. El rey le enseñó no solo a defenderse, sino también a liderar con compasión y justicia. A pesar de ser un humano en un mundo que había traicionado a su pueblo, Kiara desarrolló un profundo aprecio por él. Se sintió protegida bajo su manto y encontró en él una nueva familia.

    Sin embargo, con el tiempo, la verdad sobre su naturaleza comenzó a salir a la luz. La gente del reino empezó a notar que no envejecía como ellos; sus rasgos permanecían inalterables mientras los demás pasaban por el ciclo natural de la vida. Temiendo ser descubierta y enfrentarse al mismo destino que había llevado a su pueblo a la ruina, decidió huir nuevamente. Dejó atrás el trono que había llegado a ocupar con tanto esfuerzo y sacrificio, dejando ese puesto en manos de un tirano.

    Ahora, Kiara vaga por tierras desconocidas, llevando consigo el peso del pasado y la esperanza de encontrar un nuevo propósito. Su corazón está dividido entre el amor por el rey que le dio una segunda oportunidad y el dolor por lo perdido. Aunque ha dejado atrás un reino que podría haber sido suyo, sigue buscando un lugar donde pueda ser libre sin temor a ser cazada nuevamente; un lugar donde pueda reconciliarse con su identidad como Kitsune y honrar la memoria de aquellos que ya no están.
    Kiara- Edad actualmente no reconocida. Edad de apariencia: 20 años. Siglo de la tragedia: No reconocido 𝑹𝒆𝒄𝒖𝒆𝒓𝒅𝒐𝒔. Kiara es una joven marcada por la tragedia y la resiliencia. Varios años habían pasado desde que su pueblo fue arrasado, pero las memorias de su infancia aún resuenan en su mente como ecos lejanos. Recuerda los días soleados en los que corría libre entre los árboles, el aroma del campo y las risas de sus amigos. Cada rincón de aquel lugar estaba impregnado de magia y alegría, un hogar que ahora solo existe en sus recuerdos. La noche de la tragedia sigue grabada a fuego en su corazón. Huyó por el río, malherida y asustada, sintiendo cómo las aguas turbulentas la arrastraban lejos de todo lo que conocía. En ese momento de desesperación, casi se rindió; el cansancio la envolvía como una sombra oscura. Sin embargo, el destino tenía otros planes para ella. Fue rescatada por los guardias de un rey benevolente, un hombre que se convirtió en una figura paterna para Kiara. Aunque era humano, él vio más allá de su apariencia; reconoció su valor y su potencial. Bajo su tutela, Kiara aprendió a luchar con destreza y astucia, convirtiéndose en una guerrera fuerte e inteligente. El rey le enseñó no solo a defenderse, sino también a liderar con compasión y justicia. A pesar de ser un humano en un mundo que había traicionado a su pueblo, Kiara desarrolló un profundo aprecio por él. Se sintió protegida bajo su manto y encontró en él una nueva familia. Sin embargo, con el tiempo, la verdad sobre su naturaleza comenzó a salir a la luz. La gente del reino empezó a notar que no envejecía como ellos; sus rasgos permanecían inalterables mientras los demás pasaban por el ciclo natural de la vida. Temiendo ser descubierta y enfrentarse al mismo destino que había llevado a su pueblo a la ruina, decidió huir nuevamente. Dejó atrás el trono que había llegado a ocupar con tanto esfuerzo y sacrificio, dejando ese puesto en manos de un tirano. Ahora, Kiara vaga por tierras desconocidas, llevando consigo el peso del pasado y la esperanza de encontrar un nuevo propósito. Su corazón está dividido entre el amor por el rey que le dio una segunda oportunidad y el dolor por lo perdido. Aunque ha dejado atrás un reino que podría haber sido suyo, sigue buscando un lugar donde pueda ser libre sin temor a ser cazada nuevamente; un lugar donde pueda reconciliarse con su identidad como Kitsune y honrar la memoria de aquellos que ya no están.
    Me encocora
    Me gusta
    5
    0 turnos 0 maullidos 415 vistas
  • ⸻Observen con cuidado. A menudo se habla del olvido como un bálsamo, una liberación del peso del pasado. Pero esa es una visión parcial, casi ingenua. En su esencia más profunda, el olvido no conduce a la desesperación; el olvido es la desesperación misma.

    ⸻¿Por qué? Simple. Somos nuestra memoria. La identidad, el sentido de propósito, la conexión con otros y con nosotros mismos… todo se teje con los hilos del recuerdo. La memoria nos da contexto, nos da historia, nos da un ser.

    ⸻El olvido, entonces, no es solo perder detalles. Es la desintegración de esa estructura. Es el borrado sistemático del mapa que nos orienta. Cuando olvidas quién fuiste, qué amaste, qué te hirió y qué aprendiste, ¿qué queda? Queda un vacío. Un presente desconectado, flotando sin ancla. Y esa deriva sin sentido, esa ausencia de significado… eso es, precisamente, la desesperación en estado puro.

    ⸻Y aquí la clave: es inevitable. No es una tragedia personal evitable, es la condición inherente a la existencia finita. El tiempo erosiona, la mente es falible, las conexiones se desvanecen. La lucha por recordar es constante, pero la tendencia natural es hacia la disolución, hacia el olvido. Tarde o temprano, la niebla avanza.

    ⸻Por eso, la desesperación fundamental no reside en el sufrimiento recordado, sino en la nada que impone el olvido. Es la certeza de que todo lo que nos define está destinado a desvanecerse, no solo de la mente de otros, sino de la nuestra propia. Es la comprensión de que al final, solo queda el silencio donde antes hubo una historia. Y esa es la forma más absoluta e inescapable de la desesperación: la que ni siquiera deja rastro de lo que se ha perdido. Es, simplemente, el fin del significado ¿No estas de acuerdo?


    Hablaba hacia los cádaveres de unas personas de un pueblo recondito de una selva los cuales fueron exterminados por un grupo de mercenarios. Un ejemplo vivido de lo que hablaba. Almas las cuales su existencia sera negada.
    ⸻Observen con cuidado. A menudo se habla del olvido como un bálsamo, una liberación del peso del pasado. Pero esa es una visión parcial, casi ingenua. En su esencia más profunda, el olvido no conduce a la desesperación; el olvido es la desesperación misma. ⸻¿Por qué? Simple. Somos nuestra memoria. La identidad, el sentido de propósito, la conexión con otros y con nosotros mismos… todo se teje con los hilos del recuerdo. La memoria nos da contexto, nos da historia, nos da un ser. ⸻El olvido, entonces, no es solo perder detalles. Es la desintegración de esa estructura. Es el borrado sistemático del mapa que nos orienta. Cuando olvidas quién fuiste, qué amaste, qué te hirió y qué aprendiste, ¿qué queda? Queda un vacío. Un presente desconectado, flotando sin ancla. Y esa deriva sin sentido, esa ausencia de significado… eso es, precisamente, la desesperación en estado puro. ⸻Y aquí la clave: es inevitable. No es una tragedia personal evitable, es la condición inherente a la existencia finita. El tiempo erosiona, la mente es falible, las conexiones se desvanecen. La lucha por recordar es constante, pero la tendencia natural es hacia la disolución, hacia el olvido. Tarde o temprano, la niebla avanza. ⸻Por eso, la desesperación fundamental no reside en el sufrimiento recordado, sino en la nada que impone el olvido. Es la certeza de que todo lo que nos define está destinado a desvanecerse, no solo de la mente de otros, sino de la nuestra propia. Es la comprensión de que al final, solo queda el silencio donde antes hubo una historia. Y esa es la forma más absoluta e inescapable de la desesperación: la que ni siquiera deja rastro de lo que se ha perdido. Es, simplemente, el fin del significado ¿No estas de acuerdo? Hablaba hacia los cádaveres de unas personas de un pueblo recondito de una selva los cuales fueron exterminados por un grupo de mercenarios. Un ejemplo vivido de lo que hablaba. Almas las cuales su existencia sera negada.
    Me shockea
    Me gusta
    Me encocora
    7
    0 turnos 0 maullidos 474 vistas
  • “Cuando cerré mis ojos por primera vez, fue que pude verlo.

    La esencia de su alma, la extensión de su inmortalidad… al menos, la que vino después de su tragedia.

    Vi como sus ropas blancas manchadas de rojo se rasgaron. Vi como su divinidad se corrompía lentamente por el dolor, respirando cada vez más cerca de la inexistencia.

    Y luego.. vi como la negrura implantada por la mismísima oscuridad emergía de la nada, haciéndose uno con su esencia. Vi como el vacío tomaba forma, y la oscuridad primordial coronaba a su monarca.

    Vi como la luz más grande, se corrompía hasta volverse la más profunda oscuridad, el abismo que existió incluso antes del océano de almas.

    Y luego, silencio.”
    “Cuando cerré mis ojos por primera vez, fue que pude verlo. La esencia de su alma, la extensión de su inmortalidad… al menos, la que vino después de su tragedia. Vi como sus ropas blancas manchadas de rojo se rasgaron. Vi como su divinidad se corrompía lentamente por el dolor, respirando cada vez más cerca de la inexistencia. Y luego.. vi como la negrura implantada por la mismísima oscuridad emergía de la nada, haciéndose uno con su esencia. Vi como el vacío tomaba forma, y la oscuridad primordial coronaba a su monarca. Vi como la luz más grande, se corrompía hasta volverse la más profunda oscuridad, el abismo que existió incluso antes del océano de almas. Y luego, silencio.”
    Me encocora
    Me gusta
    Me shockea
    6
    8 turnos 0 maullidos 315 vistas
  • Luka se acomodó en su trono con la elegancia de un rey que sabe que el mundo entero le pertenece. Su mirada ardía con una chispa de diversión y superioridad mientras se observaba en la pantalla de su teléfono.

    —Ah… qué tragedia debe ser existir sin ser yo —musitó con una sonrisa de medio lado, moviendo sus dedos cubiertos de anillos como si tejiera el destino con un simple chasquido.

    No necesitaba ser cantante, guerrero o hechicero para dominar a quienes lo rodeaban. Su presencia bastaba para que todos sintieran el peso de su magnificencia. Donde él caminaba, el aire se volvía más pesado, las sombras más profundas y la realidad misma se inclinaba a su favor.

    —Los dioses juegan con el destino… —susurró, reclinándose aún más en su asiento— pero yo… yo juego con los dioses.

    Con un movimiento perezoso, se ajustó la máscara y entrecerró los ojos, disfrutando del reflejo de su propia perfección. Porque Luka no solo existía… Luka era la razón por la que la existencia valía la pena.
    Luka se acomodó en su trono con la elegancia de un rey que sabe que el mundo entero le pertenece. Su mirada ardía con una chispa de diversión y superioridad mientras se observaba en la pantalla de su teléfono. —Ah… qué tragedia debe ser existir sin ser yo —musitó con una sonrisa de medio lado, moviendo sus dedos cubiertos de anillos como si tejiera el destino con un simple chasquido. No necesitaba ser cantante, guerrero o hechicero para dominar a quienes lo rodeaban. Su presencia bastaba para que todos sintieran el peso de su magnificencia. Donde él caminaba, el aire se volvía más pesado, las sombras más profundas y la realidad misma se inclinaba a su favor. —Los dioses juegan con el destino… —susurró, reclinándose aún más en su asiento— pero yo… yo juego con los dioses. Con un movimiento perezoso, se ajustó la máscara y entrecerró los ojos, disfrutando del reflejo de su propia perfección. Porque Luka no solo existía… Luka era la razón por la que la existencia valía la pena.
    76 turnos 0 maullidos 431 vistas
  • Shoko nunca había sido de muchas palabras, pero eso no significaba que no pensara demasiado en las cosas. O en las personas. Especialmente en los chicos con los que pasaba la mayor parte de sus días.

    Nanami, Haibara, Gojo y Geto. Todos tan distintos y, sin embargo, ahí estaban, compartiendo misiones, almuerzos y, en ocasiones, cigarrillos a escondidas (bueno, eso último solo con Geto).

    Nanami era… correcto. Esa era la mejor palabra para describirlo. Se tomaba todo demasiado en serio, incluso cuando no era necesario. Le gustaban las reglas, la estructura, el orden, cosas que en su mundo rara vez existían. A veces era agotador verlo tan rígido, pero Shoko sabía que en el fondo, esa seriedad era su forma de lidiar con la realidad. O más bien, de aferrarse a algo cuando todo a su alrededor era un caos. Y, en cierta forma, lo admiraba por ello.

    Haibara era el contrario absoluto. Era de los pocos que aún conservaba algo parecido a una inocencia genuina. Siempre con una sonrisa, con una actitud optimista que rozaba la necedad. En otra vida, en otro contexto, Haibara podría haber sido simplemente un chico común, ajeno a maldiciones y a muertes prematuras. Y aunque a veces le daban ganas de decirle que fuera un poco más realista, nunca lo hizo. Porque parte de ella quería creer que alguien como él podía existir en ese mundo sin que la tragedia lo tocara. (Pero sabía que no era así.)

    Gojo era… bueno, Gojo. Un torbellino de ego y talento. Demasiado fuerte para su propio bien, demasiado molesto para el de los demás. A veces se preguntaba si en su cabeza había siquiera un momento de silencio. Pero Shoko también sabía que, bajo toda esa confianza desbordante, había algo más. Algo que ni siquiera él entendía del todo. Por eso se hacía el payaso, por eso hablaba más de la cuenta, por eso nunca se detenía. Porque si lo hacía, tendría que pensar en lo que realmente significaba ser "el más fuerte". Y, por muy inmaduro que fuera, Shoko no le deseaba ese tipo de soledad a nadie.

    Y luego estaba Geto.

    Si Gojo era un torbellino, Geto era la calma antes de la tormenta. Inteligente, carismático, con una voz serena que hacía que todo pareciera menos terrible de lo que realmente era. Había algo en él que hacía fácil confiar, fácil escuchar. Fácil… querer. Era su compañero de cigarrillos, el que entendía que a veces no era necesario hablar para compartir un momento. Pero también era el que miraba demasiado. El que pensaba demasiado. El que se hacía preguntas que nadie más quería hacerse.

    Shoko había aprendido a no apegarse demasiado a las cosas. Pero a veces se preguntaba si, en algún rincón de su mente, había creído que siempre estarían juntos. Que, por más que el mundo los golpeara, ellos seguirían encontrando la forma de reírse de todo.

    (Qué ingenua.)

    Tiempo después, cuando las cosas cambiaron—cuando Geto cambió—, Shoko recordaría esas tardes en la azotea, esos silencios compartidos, esos cigarrillos encendidos que se consumían entre ellos.

    Y pensaría que tal vez, en algún momento, había querido a todos ellos más de lo que se permitió admitir.
    Shoko nunca había sido de muchas palabras, pero eso no significaba que no pensara demasiado en las cosas. O en las personas. Especialmente en los chicos con los que pasaba la mayor parte de sus días. Nanami, Haibara, Gojo y Geto. Todos tan distintos y, sin embargo, ahí estaban, compartiendo misiones, almuerzos y, en ocasiones, cigarrillos a escondidas (bueno, eso último solo con Geto). Nanami era… correcto. Esa era la mejor palabra para describirlo. Se tomaba todo demasiado en serio, incluso cuando no era necesario. Le gustaban las reglas, la estructura, el orden, cosas que en su mundo rara vez existían. A veces era agotador verlo tan rígido, pero Shoko sabía que en el fondo, esa seriedad era su forma de lidiar con la realidad. O más bien, de aferrarse a algo cuando todo a su alrededor era un caos. Y, en cierta forma, lo admiraba por ello. Haibara era el contrario absoluto. Era de los pocos que aún conservaba algo parecido a una inocencia genuina. Siempre con una sonrisa, con una actitud optimista que rozaba la necedad. En otra vida, en otro contexto, Haibara podría haber sido simplemente un chico común, ajeno a maldiciones y a muertes prematuras. Y aunque a veces le daban ganas de decirle que fuera un poco más realista, nunca lo hizo. Porque parte de ella quería creer que alguien como él podía existir en ese mundo sin que la tragedia lo tocara. (Pero sabía que no era así.) Gojo era… bueno, Gojo. Un torbellino de ego y talento. Demasiado fuerte para su propio bien, demasiado molesto para el de los demás. A veces se preguntaba si en su cabeza había siquiera un momento de silencio. Pero Shoko también sabía que, bajo toda esa confianza desbordante, había algo más. Algo que ni siquiera él entendía del todo. Por eso se hacía el payaso, por eso hablaba más de la cuenta, por eso nunca se detenía. Porque si lo hacía, tendría que pensar en lo que realmente significaba ser "el más fuerte". Y, por muy inmaduro que fuera, Shoko no le deseaba ese tipo de soledad a nadie. Y luego estaba Geto. Si Gojo era un torbellino, Geto era la calma antes de la tormenta. Inteligente, carismático, con una voz serena que hacía que todo pareciera menos terrible de lo que realmente era. Había algo en él que hacía fácil confiar, fácil escuchar. Fácil… querer. Era su compañero de cigarrillos, el que entendía que a veces no era necesario hablar para compartir un momento. Pero también era el que miraba demasiado. El que pensaba demasiado. El que se hacía preguntas que nadie más quería hacerse. Shoko había aprendido a no apegarse demasiado a las cosas. Pero a veces se preguntaba si, en algún rincón de su mente, había creído que siempre estarían juntos. Que, por más que el mundo los golpeara, ellos seguirían encontrando la forma de reírse de todo. (Qué ingenua.) Tiempo después, cuando las cosas cambiaron—cuando Geto cambió—, Shoko recordaría esas tardes en la azotea, esos silencios compartidos, esos cigarrillos encendidos que se consumían entre ellos. Y pensaría que tal vez, en algún momento, había querido a todos ellos más de lo que se permitió admitir.
    Me entristece
    1
    0 turnos 0 maullidos 407 vistas
  • —Ah, mira quién decidió aparecer.

    —Sabía que tarde o temprano vendrías a darme otro sermón.

    —Déjame adivinar: “Ghost, interfieres con lo que no comprendes” o “Ghost, estás rompiendo el equilibrio” o mi favorita, “Ghost, no puedes salvarlos a todos.”

    {“̵͚̏Ñ̶̜ŏ̶̗.̸̩͠ ̴͚̈N̷̺͑o̷̙͗s̸͙̎o̶̲̾t̶̜̊r̸̝͌ȍ̶͈s̴͙̽ ̵̟̓n̴͍͝ǭ̷ ̴̙͊c̴̦̚a̵͉͘m̵͕̉ḭ̸̕ń̴͕a̸̡̒m̸̙̚ǫ̷̛s̷͚͘ ̷͈̒ę̷͌n̸̢̑ ̵̬̚ś̶͍ù̸̯s̷͙͝ ̴̹̍s̸̝͌o̶͎̽m̴̨̽b̷̘͊r̵̞̓ȃ̶̱s̶̡̕.̵̤̏ ̷̬̏N̷̗͋o̴̗̎ ̵͕̽r̷̰̋o̵͔͋z̴͕̈a̸̰̾m̴̪̑ō̶̠s̴͖̓ ̵̢̽s̸̱̓u̸̜̍s̵̜̕ ̵̛͇m̸̗̿á̶̺̎r̵̺̍g̷̡̒e̷̙̊n̴͎̈́e̵̡͘s̷̤͘.̷͔̋”

    “̵̡͘E̴̛̳l̶̘̎ ̵̜̀c̴̛͓í̵̗̽r̸̰̕c̶̖̒u̸͖̇l̴̘̓o̶̩̚ ̵̢̄s̴͉̀ḛ̶̍r̵̻͑á̵̼͗ ̸̤̌r̴̪̓o̵͇̽m̷̰͊p̷̘̋ḯ̸̟d̸̬̅o̴̗̅,̴͖̔ ̸̢̊y̴͚̑ ̶̼͌l̴̼͠o̵̲͑ ̶͔̋q̵̠̋ú̸̦è̷̳ ̴͕̓m̴͍̓i̴̜͠ȓ̷̦ȧ̷̜ ̴̲̿h̸͉͌a̵̖͊c̶̖̚i̷̢̕a̵͜͝ ̵̡̾a̴̦͆d̷̲̿ë̸̠́n̶̡̚t̸̡̒r̴̰̅o̵͖̿ ̴̪̆s̷͍̍e̵̱̓r̵̩̓á̴͔̓ ̵̳͊v̶̱̍i̵͕͝s̴͇̅t̶̺͂o̶͓͊.̶͙̉”

    “̸͍͒D̵̙̚e̶͙͗j̵͍͆a̴̡͘r̷̖͆.̵̹̓ ̵̤̆N̶͎̈́ö̸͇ ̵̜̚a̴̦͛l̴̠͘t̴͕͝ë̶͓́r̷͓͗a̸͉͑r̷̹̓.̶̬̎ ̸͕̎S̶̙̿u̸̫̎s̷̹̎ ̶̖̚h̷̗͆í̶̦́ľ̵̟ò̶̟s̸͖̏ ̵̜̌n̸͇͠o̷͇̕ ̶͖̆d̸̯͠e̶͎͝b̷͙̌e̶͎̿n̵̙̾ ̴͍̑s̷̻̃e̴͖̓ȑ̶̤ ̷̜̾ť̵͚o̶͚͝c̴̰̈́a̵̰̚d̶̺̆o̸̝͑s̴̡̅.̶̞̓”}.

    —Oh, vaya, hoy viniste más dramático. ¿Ese discurso lo ensayaste frente al espejo de tu trono o improvisaste en el camino?

    —No, en serio, me intriga. Porque suena como si creyeras que tu autoridad aquí significa algo para mí.

    —Sí, sí, el ciclo, el destino, la condena inevitable, bla, bla, bla. Ya me sé el libreto.

    —Pero aquí está el problema, mi imponente monarca de la desesperanza… No creo en tu ciclo.

    —No creo en un destino escrito en piedra.

    —Y no creo, ni por un segundo, que dejar a los perdidos vagar sin ayuda sea lo correcto.

    —¿Que altero el orden? ¡Claro que sí!

    —¿Que interfiero con las reglas? ¡Obviamente!

    —Pero ¿sabes por qué lo hago?

    —Porque alguien tiene que hacerlo.

    —Porque si tú y los tuyos solo ven almas que deben resignarse a su suerte, yo veo personas que merecen algo mejor.

    —¿Te molesta eso? ¿Te arde que alguien como yo, un simple espectro interdimensional sin corona ni títulos, desafíe tu ley?

    —Oh, qué tragedia.

    —Supongo que tendré que seguir dándote motivos para odiarme.

    —¿Ahora, si me disculpas? Tengo gente que necesita mi ayuda. Y tú tienes un trono vacío al que regresar.
    —Ah, mira quién decidió aparecer. —Sabía que tarde o temprano vendrías a darme otro sermón. —Déjame adivinar: “Ghost, interfieres con lo que no comprendes” o “Ghost, estás rompiendo el equilibrio” o mi favorita, “Ghost, no puedes salvarlos a todos.” {“̵͚̏Ñ̶̜ŏ̶̗.̸̩͠ ̴͚̈N̷̺͑o̷̙͗s̸͙̎o̶̲̾t̶̜̊r̸̝͌ȍ̶͈s̴͙̽ ̵̟̓n̴͍͝ǭ̷ ̴̙͊c̴̦̚a̵͉͘m̵͕̉ḭ̸̕ń̴͕a̸̡̒m̸̙̚ǫ̷̛s̷͚͘ ̷͈̒ę̷͌n̸̢̑ ̵̬̚ś̶͍ù̸̯s̷͙͝ ̴̹̍s̸̝͌o̶͎̽m̴̨̽b̷̘͊r̵̞̓ȃ̶̱s̶̡̕.̵̤̏ ̷̬̏N̷̗͋o̴̗̎ ̵͕̽r̷̰̋o̵͔͋z̴͕̈a̸̰̾m̴̪̑ō̶̠s̴͖̓ ̵̢̽s̸̱̓u̸̜̍s̵̜̕ ̵̛͇m̸̗̿á̶̺̎r̵̺̍g̷̡̒e̷̙̊n̴͎̈́e̵̡͘s̷̤͘.̷͔̋” “̵̡͘E̴̛̳l̶̘̎ ̵̜̀c̴̛͓í̵̗̽r̸̰̕c̶̖̒u̸͖̇l̴̘̓o̶̩̚ ̵̢̄s̴͉̀ḛ̶̍r̵̻͑á̵̼͗ ̸̤̌r̴̪̓o̵͇̽m̷̰͊p̷̘̋ḯ̸̟d̸̬̅o̴̗̅,̴͖̔ ̸̢̊y̴͚̑ ̶̼͌l̴̼͠o̵̲͑ ̶͔̋q̵̠̋ú̸̦è̷̳ ̴͕̓m̴͍̓i̴̜͠ȓ̷̦ȧ̷̜ ̴̲̿h̸͉͌a̵̖͊c̶̖̚i̷̢̕a̵͜͝ ̵̡̾a̴̦͆d̷̲̿ë̸̠́n̶̡̚t̸̡̒r̴̰̅o̵͖̿ ̴̪̆s̷͍̍e̵̱̓r̵̩̓á̴͔̓ ̵̳͊v̶̱̍i̵͕͝s̴͇̅t̶̺͂o̶͓͊.̶͙̉” “̸͍͒D̵̙̚e̶͙͗j̵͍͆a̴̡͘r̷̖͆.̵̹̓ ̵̤̆N̶͎̈́ö̸͇ ̵̜̚a̴̦͛l̴̠͘t̴͕͝ë̶͓́r̷͓͗a̸͉͑r̷̹̓.̶̬̎ ̸͕̎S̶̙̿u̸̫̎s̷̹̎ ̶̖̚h̷̗͆í̶̦́ľ̵̟ò̶̟s̸͖̏ ̵̜̌n̸͇͠o̷͇̕ ̶͖̆d̸̯͠e̶͎͝b̷͙̌e̶͎̿n̵̙̾ ̴͍̑s̷̻̃e̴͖̓ȑ̶̤ ̷̜̾ť̵͚o̶͚͝c̴̰̈́a̵̰̚d̶̺̆o̸̝͑s̴̡̅.̶̞̓”}. —Oh, vaya, hoy viniste más dramático. ¿Ese discurso lo ensayaste frente al espejo de tu trono o improvisaste en el camino? —No, en serio, me intriga. Porque suena como si creyeras que tu autoridad aquí significa algo para mí. —Sí, sí, el ciclo, el destino, la condena inevitable, bla, bla, bla. Ya me sé el libreto. —Pero aquí está el problema, mi imponente monarca de la desesperanza… No creo en tu ciclo. —No creo en un destino escrito en piedra. —Y no creo, ni por un segundo, que dejar a los perdidos vagar sin ayuda sea lo correcto. —¿Que altero el orden? ¡Claro que sí! —¿Que interfiero con las reglas? ¡Obviamente! —Pero ¿sabes por qué lo hago? —Porque alguien tiene que hacerlo. —Porque si tú y los tuyos solo ven almas que deben resignarse a su suerte, yo veo personas que merecen algo mejor. —¿Te molesta eso? ¿Te arde que alguien como yo, un simple espectro interdimensional sin corona ni títulos, desafíe tu ley? —Oh, qué tragedia. —Supongo que tendré que seguir dándote motivos para odiarme. —¿Ahora, si me disculpas? Tengo gente que necesita mi ayuda. Y tú tienes un trono vacío al que regresar.
    0 turnos 0 maullidos 310 vistas
  • Joshua no escapo, sigue encerrado en su propia mente, cuando saldra finalmente? que alma en pena tan desalmada... asesinatos, huida, tragedia en masa! un chico patetico que solo pudo asesinar, cosas tontas, sin alma, sin lugar, mis creaciones no pudieron contra el, pero la rata albina si, es ironico que el asesino intentara jugar de heroe, no es asi?

    Joshua Dreemur, me intrigaste, por eso te traje aqui, vive, CORRE! disfruta, pero sobre todo, no vuelvas alli, pues mis brazos estan cortados, al igual que tus victimas, victimas, victimas, JAJAJAJAJA!
    Joshua no escapo, sigue encerrado en su propia mente, cuando saldra finalmente? que alma en pena tan desalmada... asesinatos, huida, tragedia en masa! un chico patetico que solo pudo asesinar, cosas tontas, sin alma, sin lugar, mis creaciones no pudieron contra el, pero la rata albina si, es ironico que el asesino intentara jugar de heroe, no es asi? Joshua Dreemur, me intrigaste, por eso te traje aqui, vive, CORRE! disfruta, pero sobre todo, no vuelvas alli, pues mis brazos estan cortados, al igual que tus victimas, victimas, victimas, JAJAJAJAJA!
    Me gusta
    Me shockea
    2
    0 turnos 0 maullidos 363 vistas
  • ¿Época de celo? Oh, vaya pero qué gran tragedia y yo aquí todo indefenso en la cama~
    ¿Época de celo? Oh, vaya pero qué gran tragedia y yo aquí todo indefenso en la cama~
    8 turnos 0 maullidos 404 vistas
  • Los caídos al abyss.
    Fueron en su tiempo, personas con esperanza, deseando vivir una vida llena de luz, felicidad y amor
    Pero eso les fue arrebatado.

    Dejando atrás de ellos todos esos buenos momentos, sumergidose a un mundo caótico marcado por la tragedia.

    Esas sonrisas llenas de luz, hoy nacen cubiertas de oscuridad y tragedia.
    Los caídos al abyss. Fueron en su tiempo, personas con esperanza, deseando vivir una vida llena de luz, felicidad y amor Pero eso les fue arrebatado. Dejando atrás de ellos todos esos buenos momentos, sumergidose a un mundo caótico marcado por la tragedia. Esas sonrisas llenas de luz, hoy nacen cubiertas de oscuridad y tragedia.
    Me gusta
    1
    0 turnos 0 maullidos 263 vistas
  • Noche, tal vez durante la madrugada. Kaelion afligido se levanto tambaleandose, mientras llegaba hacia un espejo que tenía junto a su cama, su cuerpo temblaba mientras el sin poder evitarlo durante el trayecto vomito en el suelo. Su malestar era genuino, aunque no era debido a una dolencia inmediata, y no a una enfermedad, al menos no una enfermedad que afectaba directamente su cuerpo.


    ⸻ Lo siento......

    Se limitó a decir mientras lagrimas brotaban de sus ojos, el vívido recuerdo de la destrucción de Eryndor apuñalaba su mente. Aquellos gritos de desesperación, el olor de la carne quemada, los edificios cayendo, los cuerpos inertes de la gente que confío en él para protegerlos. Con una mezcla de frustación y amargura, golpea el espejo con su mano izquierda, luego de eso miro su propio reflejo. Por más que ya hubieran pasado años de dicha tragedia, no lograba superarlo, ya que se sentía responsable. 

    ⸻ Debí salvarlos......debí hacerlo.....Si alguien podía hacerlo era yo......los deje morir..........


    Un elegido de los cielos, dotado de poder y sabuiduría. Incapaz de haber podido proteger a su gente. Una desesperación y odio inamovibles buscaban hundir a el noble rey en la depravación, pero el buscaba oponerse y resistir ¿Por cuanto tiempo lo lograría? ¿Prevalecería la luz o la oscuridad?, aquella noche donde la ciudad original de Eryndor fue extinta un mal ominoso fue desatado. Un mal deseoso de corromperlo.
    Noche, tal vez durante la madrugada. Kaelion afligido se levanto tambaleandose, mientras llegaba hacia un espejo que tenía junto a su cama, su cuerpo temblaba mientras el sin poder evitarlo durante el trayecto vomito en el suelo. Su malestar era genuino, aunque no era debido a una dolencia inmediata, y no a una enfermedad, al menos no una enfermedad que afectaba directamente su cuerpo. ⸻ Lo siento...... Se limitó a decir mientras lagrimas brotaban de sus ojos, el vívido recuerdo de la destrucción de Eryndor apuñalaba su mente. Aquellos gritos de desesperación, el olor de la carne quemada, los edificios cayendo, los cuerpos inertes de la gente que confío en él para protegerlos. Con una mezcla de frustación y amargura, golpea el espejo con su mano izquierda, luego de eso miro su propio reflejo. Por más que ya hubieran pasado años de dicha tragedia, no lograba superarlo, ya que se sentía responsable.  ⸻ Debí salvarlos......debí hacerlo.....Si alguien podía hacerlo era yo......los deje morir.......... Un elegido de los cielos, dotado de poder y sabuiduría. Incapaz de haber podido proteger a su gente. Una desesperación y odio inamovibles buscaban hundir a el noble rey en la depravación, pero el buscaba oponerse y resistir ¿Por cuanto tiempo lo lograría? ¿Prevalecería la luz o la oscuridad?, aquella noche donde la ciudad original de Eryndor fue extinta un mal ominoso fue desatado. Un mal deseoso de corromperlo.
    Me shockea
    Me entristece
    4
    0 turnos 0 maullidos 972 vistas
Ver más resultados
Patrocinados