── ¿yo? ¿En problemas? Pero si lo unico que hice fue coquetear un poco. ¿Quieres que coquetee en serio? Vale, pero nada de enojos, que aun no me dices si eres de verdad soltera.
── ¿yo? ¿En problemas? Pero si lo unico que hice fue coquetear un poco. ¿Quieres que coquetee en serio? Vale, pero nada de enojos, que aun no me dices si eres de verdad soltera.
—¡Ay, pero qué ven mis ojos! Un desfile de carencias. A ver, cuéntenme: ¿los asaltó la mala suerte o es que ahora se usa andar así de ligeros? Yo, que no tengo ni para un bolillo, sé reconocer a un colega de deudas a kilómetros, así que me inclino por la pobreza total. Pero en serio, amigos... con esos retazos de tela cubriendo solo lo indispensable, ¿cómo pretenden calentarse cuando caiga el sol? Van a necesitar algo más que buena actitud para no tiritar.—
—¡Ay, pero qué ven mis ojos! Un desfile de carencias. A ver, cuéntenme: ¿los asaltó la mala suerte o es que ahora se usa andar así de ligeros? Yo, que no tengo ni para un bolillo, sé reconocer a un colega de deudas a kilómetros, así que me inclino por la pobreza total. Pero en serio, amigos... con esos retazos de tela cubriendo solo lo indispensable, ¿cómo pretenden calentarse cuando caiga el sol? Van a necesitar algo más que buena actitud para no tiritar.—
Acordo con Albus separarse cuando terminarán el desayuno. Scorpius le había suplicado a su mejor amigo que le permitiera hacer equipo con Rose en la clase de Herbología y Albus se había negado un par de veces para molestarlo, hasta que al final había accedido.
El rubio abrazo fuertemente a su mejor amigo y tras guardar una manzana verde en el bolsillo de la túnica, salió disparado del comedor rumbo a los invernaderos detrás del castillo. Sabía que los Ravenclaw tenían fama de llegar antes para ocupar los mejores lugares, a diferencia de los Slytherin que solían entrar cinco minutos antes de que iniciara la clase.
Al llegar, se encontro a los estudiantes de túnica negra y azul haciendo fila en la puerta del invernadero cuatro. Se olfateo disimuladamente antes de acercarse a ellos, temiendo apestar por haber corrido hacia ahí, pero por fortuna olía bien, como a menta y a jabón caro.
Rodeó al grupo hasta que encontro a Rose, leyendo algo mientras esperaba a que el profesor Longbottom llegara a abrirles la puerta. Scorpius se paró a su lado, tratando de camuflarse con el resto de estudiantes que hablaban entre si.
──Pssst, psst, Rose. ¡Hola! ¿Quieres ser mi pareja?── Le tocó el hombro para llamar su atención y continuó hablando en voz baja para no avergonzarla con sus compañeros de casa, pero en cuanto se dio cuenta de lo que había preguntado, sintió que se le subía el calor a las mejillas y que le ardían las orejas. ──¡Mi pareja de clase! Quiero decir, pareja en equipo. No pareja real, nunca he tenido pareja real, y... y... Albus dijo que podía hacer equipo contigo, si estas de acuerdo claro.
Si se había puesto nervioso por solo preguntarle si podían trabajar juntos, no quería imaginarse lo que sufriría cuando le tocara invitarla a hacer cualquier otra actividad. La excursión a Hogsmade estaba prácticamente a la vuelta de la esquina y como compartían el gusto por la lectura, había pensado en invitarla a la mansión Malfoy algún fin de semana para que conociera la enorme biblioteca que tenían, pero ahora, dudaba tener el valor para hacerlo.
En ese momento, el profesor Longbottom se paró en la entrada del invernadero y le dedico una mirada confusa al verlo allí, más no le dijo nada, en palabras de Neville, Scorpius era la versión bondadosa de Draco a su edad, no era un alumno problemático por lo que no vio necesario apartarlo de los Ravenclaw.
El profesor saludó a los primeros alumnos en llegar y les pidió esperar al resto. Neville traía consigo un pequeño cactus gris en una maceta, el tallo estaba cubierto con furúnculos en lugar de espinas. A simple vista se podía identificar como una mimbulus mimbletonia, una planta mágica muy rara originaria de Asiria.
Esa sería la lección del día y al rubio no le agrado mucho la idea. Según lo que había leído, la mimbulus mimbletoniatenía tenía un mecanismo de defensa único que al pincharla soltaba una sustancia asquerosa desde los forúnculos en la superficie de la planta, llamada jugo fétido. Un líquido no venenoso, color verde oscuro y con olor a alcantarilla o estiércol podrido, y eso le hizo pensar que ese sería el perfume que usarían varios de sus compañeros si no prestaban atención a la clase; solo esperaba que Albus se lo tomara en serio o de lo contrario, apestaria toda la habitación por días.
Acordo con Albus separarse cuando terminarán el desayuno. Scorpius le había suplicado a su mejor amigo que le permitiera hacer equipo con Rose en la clase de Herbología y Albus se había negado un par de veces para molestarlo, hasta que al final había accedido.
El rubio abrazo fuertemente a su mejor amigo y tras guardar una manzana verde en el bolsillo de la túnica, salió disparado del comedor rumbo a los invernaderos detrás del castillo. Sabía que los Ravenclaw tenían fama de llegar antes para ocupar los mejores lugares, a diferencia de los Slytherin que solían entrar cinco minutos antes de que iniciara la clase.
Al llegar, se encontro a los estudiantes de túnica negra y azul haciendo fila en la puerta del invernadero cuatro. Se olfateo disimuladamente antes de acercarse a ellos, temiendo apestar por haber corrido hacia ahí, pero por fortuna olía bien, como a menta y a jabón caro.
Rodeó al grupo hasta que encontro a Rose, leyendo algo mientras esperaba a que el profesor Longbottom llegara a abrirles la puerta. Scorpius se paró a su lado, tratando de camuflarse con el resto de estudiantes que hablaban entre si.
──Pssst, psst, Rose. ¡Hola! ¿Quieres ser mi pareja?── Le tocó el hombro para llamar su atención y continuó hablando en voz baja para no avergonzarla con sus compañeros de casa, pero en cuanto se dio cuenta de lo que había preguntado, sintió que se le subía el calor a las mejillas y que le ardían las orejas. ──¡Mi pareja de clase! Quiero decir, pareja en equipo. No pareja real, nunca he tenido pareja real, y... y... Albus dijo que podía hacer equipo contigo, si estas de acuerdo claro.
Si se había puesto nervioso por solo preguntarle si podían trabajar juntos, no quería imaginarse lo que sufriría cuando le tocara invitarla a hacer cualquier otra actividad. La excursión a Hogsmade estaba prácticamente a la vuelta de la esquina y como compartían el gusto por la lectura, había pensado en invitarla a la mansión Malfoy algún fin de semana para que conociera la enorme biblioteca que tenían, pero ahora, dudaba tener el valor para hacerlo.
En ese momento, el profesor Longbottom se paró en la entrada del invernadero y le dedico una mirada confusa al verlo allí, más no le dijo nada, en palabras de Neville, Scorpius era la versión bondadosa de Draco a su edad, no era un alumno problemático por lo que no vio necesario apartarlo de los Ravenclaw.
El profesor saludó a los primeros alumnos en llegar y les pidió esperar al resto. Neville traía consigo un pequeño cactus gris en una maceta, el tallo estaba cubierto con furúnculos en lugar de espinas. A simple vista se podía identificar como una mimbulus mimbletonia, una planta mágica muy rara originaria de Asiria.
Esa sería la lección del día y al rubio no le agrado mucho la idea. Según lo que había leído, la mimbulus mimbletoniatenía tenía un mecanismo de defensa único que al pincharla soltaba una sustancia asquerosa desde los forúnculos en la superficie de la planta, llamada jugo fétido. Un líquido no venenoso, color verde oscuro y con olor a alcantarilla o estiércol podrido, y eso le hizo pensar que ese sería el perfume que usarían varios de sus compañeros si no prestaban atención a la clase; solo esperaba que Albus se lo tomara en serio o de lo contrario, apestaria toda la habitación por días.
[twilightelegy93]
Adiós a la Kairi que esperaba tus llamadas a la Kairi que mendigaba un poco de tu atencion y a la que nunca tomaste enserio ahora renaci agradezco ser desechada por los Ishtar ellos me estancaban y únicamente me atrasaban ya que fingen ser una familia unida pero son más falsos que un billete de 2 dólares ahora soy una Nura es verdad me costó mi soledad pero prefiero esta soledad que vivir de apariencias como esa familia incestuosa y asquerosa que de familia solo tienen el apellido porque familia nunca lo fueron
Adiós a la Kairi que esperaba tus llamadas a la Kairi que mendigaba un poco de tu atencion y a la que nunca tomaste enserio ahora renaci agradezco ser desechada por los Ishtar ellos me estancaban y únicamente me atrasaban ya que fingen ser una familia unida pero son más falsos que un billete de 2 dólares ahora soy una Nura es verdad me costó mi soledad pero prefiero esta soledad que vivir de apariencias como esa familia incestuosa y asquerosa que de familia solo tienen el apellido porque familia nunca lo fueron
—¿En serio, Mine? —preguntó Cassandra abriendo sus ojos con perplejidad— ¿Carrow? ¿Dante Carrow?
Minerva se encogió de hombros mientras agitaba suavemente el sobrecito de papel del azúcar.
—¿Qué quieres que te diga, Cass? —preguntó apartando la mirada y dedicando su atención a su café— Ni siquiera lo planeé... No se lo he dicho a él... ¿Te imaginas? -miró a su amiga y abrió sus ojos con sorpresa- No habria quien le hiciera callar. Pero... ha pasado...
Cassandra resopló un momento mientras parecía sopesar su respuesta.
—En realidad... No me sorprende— respondió al final su amiga y ante la mirada de sorpresa y diversión de Minerva, añadió— ¿Qué? Quiero decir... Hacéis buena pareja. Siempre lo he pensado.
Minerva rio suavemente y removió su café con la cucharilla.
—Lo que sé es... que en un mundo de tiburones... Dante es una bandera verde...
—¿En serio, Mine? —preguntó Cassandra abriendo sus ojos con perplejidad— ¿Carrow? ¿[CARR0W]?
Minerva se encogió de hombros mientras agitaba suavemente el sobrecito de papel del azúcar.
—¿Qué quieres que te diga, Cass? —preguntó apartando la mirada y dedicando su atención a su café— Ni siquiera lo planeé... No se lo he dicho a él... ¿Te imaginas? -miró a su amiga y abrió sus ojos con sorpresa- No habria quien le hiciera callar. Pero... ha pasado...
Cassandra resopló un momento mientras parecía sopesar su respuesta.
—En realidad... No me sorprende— respondió al final su amiga y ante la mirada de sorpresa y diversión de Minerva, añadió— ¿Qué? Quiero decir... Hacéis buena pareja. Siempre lo he pensado.
Minerva rio suavemente y removió su café con la cucharilla.
—Lo que sé es... que en un mundo de tiburones... Dante es una bandera verde...
────Bueno, bueno ¿Alguien pidió un retoque artístico? Porque esta clase de cosas me las tomo muy en serio, y esta ocasión traje conmigo mi mejor tiro y nada de compasión en el bolsillo. Si sobrevivo hasta la tercera ronda, el helado corre por mi cuenta.
────Bueno, bueno ¿Alguien pidió un retoque artístico? Porque esta clase de cosas me las tomo muy en serio, y esta ocasión traje conmigo mi mejor tiro y nada de compasión en el bolsillo. Si sobrevivo hasta la tercera ronda, el helado corre por mi cuenta.
Era un día diferente, decidió no abrir el bar, había pocos suministros especiales en la trastienda, de modo que necesitaba ir a recolectarlos.
Había escuchado en el bar de algunas personas que rumoraban que en la cima del pico de la montaña cercana, el viento no soplaba pero que últimamente el aire era gélido, más que de costumbre, que varias personas se habían aventurado y jamás volvieron, y los que volvieron, tenían serios problemas respiratorios porque el frío congeló sus pulmones.
Sabía que había algo extraño con esas descripciones, así que se aventuró a revisar sus libros, encontró los registros que necesitaba y se dispuso a prepararse para salir de cacería.
Era un día diferente, decidió no abrir el bar, había pocos suministros especiales en la trastienda, de modo que necesitaba ir a recolectarlos.
Había escuchado en el bar de algunas personas que rumoraban que en la cima del pico de la montaña cercana, el viento no soplaba pero que últimamente el aire era gélido, más que de costumbre, que varias personas se habían aventurado y jamás volvieron, y los que volvieron, tenían serios problemas respiratorios porque el frío congeló sus pulmones.
Sabía que había algo extraño con esas descripciones, así que se aventuró a revisar sus libros, encontró los registros que necesitaba y se dispuso a prepararse para salir de cacería.
“Te voy a ser muy, muy honesto. Vivo constantemente enojado con el universo, todo me estorba, todo me molesta, todo me harta, no tienes la mas puta idea de las ganas que tengo de resolver todo reventando caras a puñetazos y ya. ¿Te digo lo peor? Seguro no te vas a tomar en serio ni tres mierdas de lo que estoy diciendo
Me importa un huevo. Presta esa puta mandíbula, hay que desviarla.”
“Te voy a ser muy, muy honesto. Vivo constantemente enojado con el universo, todo me estorba, todo me molesta, todo me harta, no tienes la mas puta idea de las ganas que tengo de resolver todo reventando caras a puñetazos y ya. ¿Te digo lo peor? Seguro no te vas a tomar en serio ni tres mierdas de lo que estoy diciendo
Me importa un huevo. Presta esa puta mandíbula, hay que desviarla.”
Siempre me han reclamado por hacer "gastos innecesarios" cuando me siento bajo de ánimos
Pero me pregunto.... Si todos en mi juego tienen autos lujosos de My little pony mientras que yo voy por ahí en un bochito del tamaño de un bicho que es más lento que mis ganas de existir ¿Es realmente un gasto innecesario? En serio necesito ese auto (aunque sea uno de ellos)
Siempre me han reclamado por hacer "gastos innecesarios" cuando me siento bajo de ánimos
Pero me pregunto.... Si todos en mi juego tienen autos lujosos de My little pony mientras que yo voy por ahí en un bochito del tamaño de un bicho que es más lento que mis ganas de existir ¿Es realmente un gasto innecesario? En serio necesito ese auto (aunque sea uno de ellos)
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Edad: 25 años
Profesión: Historiadora (especializada en archivos civiles y correspondencia privada del siglo XIX)
Residencia: Un apartamento modesto en las afueras, a dos horas de la ciudad; suficiente distancia para que el ruido se vuelva recuerdo y el aire tenga la ausencia de orina y gasolina que es tan maravillosa de inspirar desde el pecho.
✧ Apariencia
No es llamativa en el sentido inmediato, pueden llegar a encontrarse indicios de dinero generacional, pero meramente es admiración por el estilo pasado y ojo clínico a la hora de ir a mercados de segunda mano.
Cabello oscuro que suele recoger con descuido práctico; mechones sueltos que sobreviven al intento de orden y a grandes rasgos no llegan a ser contraproducentes a la hora de enterrar el rostro en un libro. Piel clara que acusa las horas frente a documentos y lámparas amarillas. Ojos que parecen más viejos de lo que deberían, como si hubieran leído demasiado pronto ciertas cosas.
Viste prendas sencillas: faldas de tonos apagados, suéteres gruesos, blusas heredadas o encontradas en ventas de garaje. Siempre lleva una cadena fina con un pequeño símbolo religioso, casi escondido bajo la tela.
✧ Personalidad
Doméstica sin ser sumisa.
Reservada sin ser fría.
Sofía tiene una manera suave de habitar el espacio, como si pidiera permiso incluso cuando nadie se lo exige. Habla bajo, pero con precisión. El tipo de conversación que se encuentra en profesores de universidad con tintes de maestra de kinder, reverencia al conocimiento y amor a algo que se le debe la ternura que nunca le fue otorgada. No soporta las afirmaciones vacías ni la grandilocuencia sin sustancia, meses de estar acurrucada entre palabras firmes y transparencia escondida en los lugares que deben ser ganados le dejó una pequeña tara a la hora de enfrentar el baile social moderno.
Su delicadeza no es dramática, es mutismo selectivo:
— Su mente se pierde felizmente en la espiral descendente de la introspección o la fantasía.
— Acuna una tendencia patológica a acumular información de cualquier sea el tipo para acurrucarse en ella.
— Su corazón late con más fuerza y calidez cuando se mantiene dentro de su mundo interno.
Pero hay algo en ella que no se ha quebrado: una fe pequeña, casi infantil, que no se apoya en dogmas sino en la esperanza obstinada de que la verdad importa, de que la memoria dignifica, de que las cosas pueden repararse aunque nadie lo vea.
A veces reza, no siempre por sí misma, y definitivamente nunca al mismo ente.
✧ Vida cotidiana
Su apartamento es humilde igual que el resto de los asalariados, aunque profundamente provisto de tonterías, decoraciones, instrumentos del siglo pasado y una vivencia héctica.
Una mesa de escritura desplegable edwardiana junto a la ventana donde trabaja.
Tazas de porcelana real, distintos dibujos y una miriada de orígenes.
Una planta que lucha por sobrevivir al invierno, nadie dijo que las suculentas fueran tan demandantes.
Estanterías con libros marcados con notas al margen, rebosantes de marca hojas y con cuadernos junto que detallan la investigación a la que asistieron o las aventuras que llegaron a subsidiar.
Una radio antigua que solo sintoniza bien por las noches.
La distancia con la ciudad es deliberada. Dos horas de tren o carretera que funcionan como frontera emocional. Allí trabaja, investiga, consulta archivos. Aquí vive.
Su realidad culinaria es deplorable, pero sin recaer a la miseria absoluta, comidas congeladas, platillos en contenedores de papel y algunos contenedores de vidrio que su madre insiste en dejarle. Encuentra una calma casi sagrada en doblar la ropa o limpiar los platos con cuidado, uno de los peligros de poseer vajilla de relevancia histórica nula pero amplio significado emocional.
✧ Conflictos internos
Se siente atraída por historias trágicas del pasado; hay algo en el sufrimiento antiguo que la consuela.
Tiene miedo de volverse indiferente.
A veces confunde soledad con vocación.
No es ingenua, pero conserva una ternura peligrosa: todavía cree en la bondad inesperada. Todavía se sorprende cuando alguien miente.
✧ Creencias
No milita activamente en ninguna institución religiosa, pero guarda fe.
Enciende velas pequeñas en fechas que nadie más recuerda.
Cree en la memoria como acto moral.
Cree que el amor —aunque no haya tenido uno grande todavía— es algo serio, casi sagrado.
Sofía Callahan
Edad: 25 años
Profesión: Historiadora (especializada en archivos civiles y correspondencia privada del siglo XIX)
Residencia: Un apartamento modesto en las afueras, a dos horas de la ciudad; suficiente distancia para que el ruido se vuelva recuerdo y el aire tenga la ausencia de orina y gasolina que es tan maravillosa de inspirar desde el pecho.
✧ Apariencia
No es llamativa en el sentido inmediato, pueden llegar a encontrarse indicios de dinero generacional, pero meramente es admiración por el estilo pasado y ojo clínico a la hora de ir a mercados de segunda mano.
Cabello oscuro que suele recoger con descuido práctico; mechones sueltos que sobreviven al intento de orden y a grandes rasgos no llegan a ser contraproducentes a la hora de enterrar el rostro en un libro. Piel clara que acusa las horas frente a documentos y lámparas amarillas. Ojos que parecen más viejos de lo que deberían, como si hubieran leído demasiado pronto ciertas cosas.
Viste prendas sencillas: faldas de tonos apagados, suéteres gruesos, blusas heredadas o encontradas en ventas de garaje. Siempre lleva una cadena fina con un pequeño símbolo religioso, casi escondido bajo la tela.
✧ Personalidad
Doméstica sin ser sumisa.
Reservada sin ser fría.
Sofía tiene una manera suave de habitar el espacio, como si pidiera permiso incluso cuando nadie se lo exige. Habla bajo, pero con precisión. El tipo de conversación que se encuentra en profesores de universidad con tintes de maestra de kinder, reverencia al conocimiento y amor a algo que se le debe la ternura que nunca le fue otorgada. No soporta las afirmaciones vacías ni la grandilocuencia sin sustancia, meses de estar acurrucada entre palabras firmes y transparencia escondida en los lugares que deben ser ganados le dejó una pequeña tara a la hora de enfrentar el baile social moderno.
Su delicadeza no es dramática, es mutismo selectivo:
— Su mente se pierde felizmente en la espiral descendente de la introspección o la fantasía.
— Acuna una tendencia patológica a acumular información de cualquier sea el tipo para acurrucarse en ella.
— Su corazón late con más fuerza y calidez cuando se mantiene dentro de su mundo interno.
Pero hay algo en ella que no se ha quebrado: una fe pequeña, casi infantil, que no se apoya en dogmas sino en la esperanza obstinada de que la verdad importa, de que la memoria dignifica, de que las cosas pueden repararse aunque nadie lo vea.
A veces reza, no siempre por sí misma, y definitivamente nunca al mismo ente.
✧ Vida cotidiana
Su apartamento es humilde igual que el resto de los asalariados, aunque profundamente provisto de tonterías, decoraciones, instrumentos del siglo pasado y una vivencia héctica.
Una mesa de escritura desplegable edwardiana junto a la ventana donde trabaja.
Tazas de porcelana real, distintos dibujos y una miriada de orígenes.
Una planta que lucha por sobrevivir al invierno, nadie dijo que las suculentas fueran tan demandantes.
Estanterías con libros marcados con notas al margen, rebosantes de marca hojas y con cuadernos junto que detallan la investigación a la que asistieron o las aventuras que llegaron a subsidiar.
Una radio antigua que solo sintoniza bien por las noches.
La distancia con la ciudad es deliberada. Dos horas de tren o carretera que funcionan como frontera emocional. Allí trabaja, investiga, consulta archivos. Aquí vive.
Su realidad culinaria es deplorable, pero sin recaer a la miseria absoluta, comidas congeladas, platillos en contenedores de papel y algunos contenedores de vidrio que su madre insiste en dejarle. Encuentra una calma casi sagrada en doblar la ropa o limpiar los platos con cuidado, uno de los peligros de poseer vajilla de relevancia histórica nula pero amplio significado emocional.
✧ Conflictos internos
Se siente atraída por historias trágicas del pasado; hay algo en el sufrimiento antiguo que la consuela.
Tiene miedo de volverse indiferente.
A veces confunde soledad con vocación.
No es ingenua, pero conserva una ternura peligrosa: todavía cree en la bondad inesperada. Todavía se sorprende cuando alguien miente.
✧ Creencias
No milita activamente en ninguna institución religiosa, pero guarda fe.
Enciende velas pequeñas en fechas que nadie más recuerda.
Cree en la memoria como acto moral.
Cree que el amor —aunque no haya tenido uno grande todavía— es algo serio, casi sagrado.