—¡Ay, pero qué ven mis ojos! Un desfile de carencias. A ver, cuéntenme: ¿los asaltó la mala suerte o es que ahora se usa andar así de ligeros? Yo, que no tengo ni para un bolillo, sé reconocer a un colega de deudas a kilómetros, así que me inclino por la pobreza total. Pero en serio, amigos... con esos retazos de tela cubriendo solo lo indispensable, ¿cómo pretenden calentarse cuando caiga el sol? Van a necesitar algo más que buena actitud para no tiritar.—
—¡Ay, pero qué ven mis ojos! Un desfile de carencias. A ver, cuéntenme: ¿los asaltó la mala suerte o es que ahora se usa andar así de ligeros? Yo, que no tengo ni para un bolillo, sé reconocer a un colega de deudas a kilómetros, así que me inclino por la pobreza total. Pero en serio, amigos... con esos retazos de tela cubriendo solo lo indispensable, ¿cómo pretenden calentarse cuando caiga el sol? Van a necesitar algo más que buena actitud para no tiritar.—
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