• ¿Cómo dijiste? ¿Maga? No vuelvas a llamarme así. Es un insulto para las brujas.
    …Aunque no tiene nada que ver con eso, ¿sabes? Es solo que acabo de verte demasiado cerca de alguien que me importa.
    ¿Cómo dijiste? ¿Maga? No vuelvas a llamarme así. Es un insulto para las brujas. …Aunque no tiene nada que ver con eso, ¿sabes? Es solo que acabo de verte demasiado cerca de alguien que me importa.
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  • ¿Tenerte envidia? Arderme por qué volviste al Olimpo y amaste a alguien más? Ja' son idioteces, y tonterias, solo para hacerme doler. Cuando yo soy peor, tu dulce veneno no me sirve querido, madura, eres ya un adulto.
    ¿Tenerte envidia? Arderme por qué volviste al Olimpo y amaste a alguien más? Ja' son idioteces, y tonterias, solo para hacerme doler. Cuando yo soy peor, tu dulce veneno no me sirve querido, madura, eres ya un adulto.
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  • las luces del escenario se encendieron mostrando a Summer setando sobre su trevenant con una ropa mas modesta, el escenario estaba cubierto de flores y pokemon como eldegoss y sunflora que bailaban de forma calma al son de la musica que empezaba

    -Fue más o menos así
    Vino blanco noche viejas canciones
    Y se reía de mi
    Dulce embustera
    La maldita primavera
    Que queda de un sueño erótico si
    De repente me despierto y te has ido
    Siento el vacío de ti
    Me desespero
    Como si el amor doliera
    Y aunque no quiera
    Sin quererlo pienso en ti-

    con follaje los pokemon ayudaban a dar transcion a sus movmientos mientras que con dia soleado centraban la atencion en el cantante

    https://music.youtube.com/watch?v=R6bFXlqyXUM&si=6O0srpuY8JGAsIYq
    las luces del escenario se encendieron mostrando a Summer setando sobre su trevenant con una ropa mas modesta, el escenario estaba cubierto de flores y pokemon como eldegoss y sunflora que bailaban de forma calma al son de la musica que empezaba -Fue más o menos así Vino blanco noche viejas canciones Y se reía de mi Dulce embustera La maldita primavera Que queda de un sueño erótico si De repente me despierto y te has ido Siento el vacío de ti Me desespero Como si el amor doliera Y aunque no quiera Sin quererlo pienso en ti- con follaje los pokemon ayudaban a dar transcion a sus movmientos mientras que con dia soleado centraban la atencion en el cantante https://music.youtube.com/watch?v=R6bFXlqyXUM&si=6O0srpuY8JGAsIYq
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  • —Tan fácil... tan fácil es acabar con lo innecesario. Extirpar un tumor de setenta kilos, silenciar esa molesta voz para siempre... desaparecer la anatomía completa de la competencia. ¿Por qué habría de enterarse si mi trabajo es tan perfecto?

    No podía evitar soltar aquella risa perversa, pero satisfactoria, al ver el monitor en cero; el resultado de un trabajo logrado con la delicadeza y gracia que solo un profesional como él tenía.

    —Está libre de distracciones, reparé su mundo... Ahora podrá centrarse solo en mí otra vez.
    —Tan fácil... tan fácil es acabar con lo innecesario. Extirpar un tumor de setenta kilos, silenciar esa molesta voz para siempre... desaparecer la anatomía completa de la competencia. ¿Por qué habría de enterarse si mi trabajo es tan perfecto? No podía evitar soltar aquella risa perversa, pero satisfactoria, al ver el monitor en cero; el resultado de un trabajo logrado con la delicadeza y gracia que solo un profesional como él tenía. —Está libre de distracciones, reparé su mundo... Ahora podrá centrarse solo en mí otra vez.
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  • La madera cruje con cada cambio de peso en la sala común. No es un sonido limpio, ni agradable: es un lamento seco, antiguo, como si el lugar recordara. El humo flota bajo, atrapado entre las vigas ennegrecidas, y la luz del fuego no ilumina tanto como revela; manchas, cicatrices, sombras que no deberían estar ahí.

    Huele a grasa, a hierro, a piel mojada por la nieve y el hielo, secándose demasiado despacio.

    En una de las mesas, apartado del bullicio que ya se ha apagado, hay un hombre.

    No trata de destacar. No levanta la voz. No busca espacio. Pero lo tiene.

    Hakon Wulfson come.

    No hay prisa en sus movimientos. Tampoco placer. Mastica como quien cumple una tarea más del día, con la misma precisión con la que se afila un filo o se revisa la correa de un escudo. La carne es dura; apenas sangra. Sus manos, grandes, marcadas, sostienen el hueso con firmeza mecánica. Nudillos anchos y duros; alguno partido. Viejas fracturas mal soldadas. La piel no ha olvidado.

    Tiene la mirada baja, fija en nada concreto. No está pensando en nada que pueda nombrarse fácilmente.

    El fuego chisporrotea. Alguien ríe al fondo. Alguien estornudar. Una jarra cae. La vida sigue moviéndose en torno a él sin tocarle.

    Entonces, algo cambia.

    No es un sonido claro. No es una interrupción evidente. Es más bien una presencia que se cuela en el borde de lo perceptible.

    Hakon no levanta la cabeza de inmediato.

    Pero sus ojos se desplazan.

    El perro se acerca despacio.

    No es grande, pero tampoco pequeño. Costillas marcadas bajo el pelaje sucio, orejas alertas, paso contenido. No mendiga con descaro. No se arrastra. Se acerca como lo haría otro animal que ha aprendido a sobrevivir entre hombres: midiendo cada centímetro, cada gesto.

    Se detiene a una distancia prudente.

    Observa.

    Hakon lo mira entonces.

    Sin gesto. Sin expresión. Como si midiera la amenaza en ese cuerpo huesudo y hambriento. No la hay.

    Arranca un trozo de carne.

    Lo lanza.

    Lejos.

    No con violencia, pero sí con determinación. Una orden sin palabras.

    El perro reacciona al instante. Sale disparado, con las zarpas raspando la madera, y desaparece un segundo entre sombras y patas de bancos.

    Hakon vuelve a su comida.

    Mastica.

    Traga.

    Pero sus ojos no han vuelto del todo.

    Se quedan un instante más allá, donde el animal ha corrido. No hay emoción evidente en su rostro, ninguna grieta que delate nada… salvo algo mínimo. Un desfase. Como si mirase algo que no encaja con el resto del mundo.

    Como si no recordara haber visto algo así antes.

    O como si lo recordara, por un instante. Amargo.

    El perro regresa.

    Más rápido esta vez. Más directo. Ya no duda tanto.

    Se planta frente a él y se sienta.

    Espera.

    No ladra. No gimotea. Solo mira.

    Hakon sostiene su mirada.

    Más tiempo ahora.

    Arranca otro trozo de carne. Esta vez no lo lanza lejos. Lo deja caer justo a los pies del animal.

    El perro baja la cabeza y devora sin ceremonia, como si alguien pudiera arrebatárselo en cualquier momento. No hay gratitud. No hay sumisión. Solo hambre.

    Hakon observa.

    En silencio.

    Y por un instante; breve, casi inexistente, hay algo en sus ojos que no pertenece a un hombre que ha sobrevivido a todo lo que rompe a otros.

    Algo que no ha sido aplastado.

    Todavía no.
    La madera cruje con cada cambio de peso en la sala común. No es un sonido limpio, ni agradable: es un lamento seco, antiguo, como si el lugar recordara. El humo flota bajo, atrapado entre las vigas ennegrecidas, y la luz del fuego no ilumina tanto como revela; manchas, cicatrices, sombras que no deberían estar ahí. Huele a grasa, a hierro, a piel mojada por la nieve y el hielo, secándose demasiado despacio. En una de las mesas, apartado del bullicio que ya se ha apagado, hay un hombre. No trata de destacar. No levanta la voz. No busca espacio. Pero lo tiene. Hakon Wulfson come. No hay prisa en sus movimientos. Tampoco placer. Mastica como quien cumple una tarea más del día, con la misma precisión con la que se afila un filo o se revisa la correa de un escudo. La carne es dura; apenas sangra. Sus manos, grandes, marcadas, sostienen el hueso con firmeza mecánica. Nudillos anchos y duros; alguno partido. Viejas fracturas mal soldadas. La piel no ha olvidado. Tiene la mirada baja, fija en nada concreto. No está pensando en nada que pueda nombrarse fácilmente. El fuego chisporrotea. Alguien ríe al fondo. Alguien estornudar. Una jarra cae. La vida sigue moviéndose en torno a él sin tocarle. Entonces, algo cambia. No es un sonido claro. No es una interrupción evidente. Es más bien una presencia que se cuela en el borde de lo perceptible. Hakon no levanta la cabeza de inmediato. Pero sus ojos se desplazan. El perro se acerca despacio. No es grande, pero tampoco pequeño. Costillas marcadas bajo el pelaje sucio, orejas alertas, paso contenido. No mendiga con descaro. No se arrastra. Se acerca como lo haría otro animal que ha aprendido a sobrevivir entre hombres: midiendo cada centímetro, cada gesto. Se detiene a una distancia prudente. Observa. Hakon lo mira entonces. Sin gesto. Sin expresión. Como si midiera la amenaza en ese cuerpo huesudo y hambriento. No la hay. Arranca un trozo de carne. Lo lanza. Lejos. No con violencia, pero sí con determinación. Una orden sin palabras. El perro reacciona al instante. Sale disparado, con las zarpas raspando la madera, y desaparece un segundo entre sombras y patas de bancos. Hakon vuelve a su comida. Mastica. Traga. Pero sus ojos no han vuelto del todo. Se quedan un instante más allá, donde el animal ha corrido. No hay emoción evidente en su rostro, ninguna grieta que delate nada… salvo algo mínimo. Un desfase. Como si mirase algo que no encaja con el resto del mundo. Como si no recordara haber visto algo así antes. O como si lo recordara, por un instante. Amargo. El perro regresa. Más rápido esta vez. Más directo. Ya no duda tanto. Se planta frente a él y se sienta. Espera. No ladra. No gimotea. Solo mira. Hakon sostiene su mirada. Más tiempo ahora. Arranca otro trozo de carne. Esta vez no lo lanza lejos. Lo deja caer justo a los pies del animal. El perro baja la cabeza y devora sin ceremonia, como si alguien pudiera arrebatárselo en cualquier momento. No hay gratitud. No hay sumisión. Solo hambre. Hakon observa. En silencio. Y por un instante; breve, casi inexistente, hay algo en sus ojos que no pertenece a un hombre que ha sobrevivido a todo lo que rompe a otros. Algo que no ha sido aplastado. Todavía no.
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  • >> Si le preguntasen cómo habia ocurrido no habría sido capaz de dar una explicación consciente. Puede que el cansancio y el estrés acumulado, o puede que la necesidad de estar con él después de tanto tiempo… No estaría segura. Siquiera cuando despertó envuelta en el reconocido olor de la colonia de Marcus y su loción de afeitado, sintiendo el calor de su cuerpo bajo el propio allá donde su cuerpo estaba apoyado. Dejó ir un ligero sonido remolón al notar la mano de Marcus acariciando su cabello. Y, sabedora de donde se encontraba, cómo y por qué, aun asi esbozó una sonrisa inevitable en el mismo momento en que sus dedos se deslizaban por su mejilla. La pelirroja movió el rostro para ocultarlo un instante contra el pecho del auror. Porque sabia que, en cuanto se incorporase, tendría que volver a la vida real.

    Pero, al final lo hizo. Se frotó el rostro con una mano y se incorporó para mirar a través de la ventana donde comprobó que Marcus tenia razon. La tormenta habia pasado y el sol ahora brillaba arrancando destellos suave sobre la nieve acumulada.



    Marcus Byrne
    >> Si le preguntasen cómo habia ocurrido no habría sido capaz de dar una explicación consciente. Puede que el cansancio y el estrés acumulado, o puede que la necesidad de estar con él después de tanto tiempo… No estaría segura. Siquiera cuando despertó envuelta en el reconocido olor de la colonia de Marcus y su loción de afeitado, sintiendo el calor de su cuerpo bajo el propio allá donde su cuerpo estaba apoyado. Dejó ir un ligero sonido remolón al notar la mano de Marcus acariciando su cabello. Y, sabedora de donde se encontraba, cómo y por qué, aun asi esbozó una sonrisa inevitable en el mismo momento en que sus dedos se deslizaban por su mejilla. La pelirroja movió el rostro para ocultarlo un instante contra el pecho del auror. Porque sabia que, en cuanto se incorporase, tendría que volver a la vida real. Pero, al final lo hizo. Se frotó el rostro con una mano y se incorporó para mirar a través de la ventana donde comprobó que Marcus tenia razon. La tormenta habia pasado y el sol ahora brillaba arrancando destellos suave sobre la nieve acumulada. [MarcxsB]
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  • Otro estúpido borracho mas que tengo que sacar… el primero de la semana… la semana pasada fueron tres…

    -Se limpiaba la sangre que traía de los nudillos con aquel trapo con el que limpiaba las mesas, y tras limpiarse regresó a la barra. Los demás clientes guardaron silencio por un momento después del altercado, lo único que se alcanzaba a escuchar era la música de fondo que estaba sonando en ese momento. Al llegar a la barra, soltó un suspiro y aventó el trapo a una pequeña tinaja que estaba del lado de la barra donde dejaba los trapos que tenía que lavar después, y así, abriendo un cajón sacó uno nuevo, al percatarse del silencio y voltear a ver a todos en silencio viéndolo, dijo en voz alta con una sonrisa-

    ¡CLIENTES QUERIDOS!, NO SE ASUSTEN, ¡UNA RONDA GRATIS PARA TODOS!

    youtube.com/watch?v=l5nZMBIj9bg&si=tCRpAzJ6enXcA-Eu
    Otro estúpido borracho mas que tengo que sacar… el primero de la semana… la semana pasada fueron tres… -Se limpiaba la sangre que traía de los nudillos con aquel trapo con el que limpiaba las mesas, y tras limpiarse regresó a la barra. Los demás clientes guardaron silencio por un momento después del altercado, lo único que se alcanzaba a escuchar era la música de fondo que estaba sonando en ese momento. Al llegar a la barra, soltó un suspiro y aventó el trapo a una pequeña tinaja que estaba del lado de la barra donde dejaba los trapos que tenía que lavar después, y así, abriendo un cajón sacó uno nuevo, al percatarse del silencio y voltear a ver a todos en silencio viéndolo, dijo en voz alta con una sonrisa- ¡CLIENTES QUERIDOS!, NO SE ASUSTEN, ¡UNA RONDA GRATIS PARA TODOS! youtube.com/watch?v=l5nZMBIj9bg&si=tCRpAzJ6enXcA-Eu
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  • Solo no te interpogas en mi camino .....
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  • Oye..Por qué esa cara? -Inclino apenas la cabeza, sonriendo con descaro mientras acomodo mejor sus lentes- Será que nadie soporta mi excelente sentido del humor o solo tú tienes mal gusto?
    Oye..Por qué esa cara? -Inclino apenas la cabeza, sonriendo con descaro mientras acomodo mejor sus lentes- Será que nadie soporta mi excelente sentido del humor o solo tú tienes mal gusto?
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  • Pʀɪᴍᴜs Mᴀʟᴇғɪᴄᴀʀɪᴜᴍ .Ⅰ - ☨ ─────── 〘 C O M U N I Ó N 〙


    ──── En medio de la absoluta oscuridad, una perfecta línea recta de luz se formó sobre el suelo, proyectándose lentamente en un rectángulo junto con el paulatino avance de la Luna, derramando su platinar sobre la silueta de una mujer, misma que yacía de rodillas, sentada sobre sus talones, y con las palmas descansando sobre sus muslos, en la tradicional postura seiza que mantenía con entera calma y solemnidad.

    El aroma a copal dominaba el ambiente, cargado gentilmente por los haces de humo que se desprendían de los numerosos inciensos repartidos en cuencos ornamentales a ambos costados de la habitación, mismos que la circundaban y envolvían.

    Brillando en la penumbra, a momentos, los pequeños destellos de las brasas lucían como ojos que se centraban en ella y le observaban en todo momento, justo en medio del suelo de la habitación que yacía adornado por un grotesco círculo mágico; el carmín rojo y seco de los trazos delatando la naturaleza del material con el que había sido pintado.

    Sathôna alzó el rostro hacía el enorme ventanal que tenía al frente y por donde aquella cascada de luz de plata caía, con los ojos cerrados y en pleno trance, entreabriendo los labios para dejar escapar de su boca una humareda negra más pesada que el aire, misma que caía por las comisuras de sus labios y su mentón.

    Su figura se impregnaba de las estelas de aquella pesada y opresiva energía, que, para ella en su haber, se sentía ligera y le llenaba de un vigor que resultaba contradictoriamente lacerante; cada corte cicatrizado, cada magulladura aliviada y cada fractura enmendada volvían a derramar los vestigios del punzante calvario por el que el dolor la había hecho pasar.

    No había momento en el cual se sintiera más viva que cuando se sumergía en aquel baño de lamentación, de penosa meditación, al comulgar con Marchosias. Aquella noche, fue distinto. El sufrimiento era el alimento primordial de su alma, misma que lo alquimizaba en ira, de la más pura y tórrida que su corazón pudiese sostener.

    Pero esta vez, hubo algo más: Claridad. Una fresca, afilada y envolvente claridad.

    La bruja morena entreabrió los párpados, y a la par, sus labios se cerraron, no sin antes relamer los remanentes de aquella oscuridad que quedaban sobre los mismos. Pronto, su boca se curvó, y emergiendo del éxtasis, sonrió ante el altar que tenía al frente──una exquisita estatuilla de mediano tamaño tallada en mármol negro, representando a humanos, demonios y ángeles, todos encimados sobre los otros, desesperados, escalando por alcanzar el precioso reloj de arena blanca colocado al centro.

    —La mente y el tiempo tienen algo en común; ambos son excelentes sirvientes, pero pésimos gobernantes. —En reflexión, se estiró para tomar aquel reloj de arena y así girarlo sobre sí mismo, comenzando la cuenta atrás. ¿O sería hacía adelante? Pasado o futuro. ¿Qué más da?

    —Será porque ambos coinciden en un único punto de inflexión, tan crítico como sencillo; la perspectiva. El tiempo se diluye o se concentra, se comprime o se alarga, dependiendo del contexto y la subjetividad, dependiendo de la energía del observador. Y la mente es el prisma perfecto para purificar y concentrar la intención en la percepción, y así volverla luz, u oscuridad.

    Los largos dedos de Sathôna acariciaron la curvatura del anticuado reloj, a momentos tamborileando sobre el cristal, para provocar un tintineo cristalino y melódico con sus largas uñas, mientras observaba la arena fluir y caer. ¿O es que también a momentos parecía regresar a donde estaba?

    —Cada mente es un prisma, con sus propios relieves, y sus propias reglas. Su propio potencial. Y, aun así, nada ni nadie puede existir si no es observado en todo momento, si su existencia no es reconocida en el ahora de cada segundo, de cada minuto, de cada hora, por algo que no sea ellos mismos.

    Una mirada llena de añoranza brilló en los ojos de la mujer, que ahora descansaban su mirar sobre el astro plateado. Calma y resignación le llenaron el corazón, como quien asume que se encuentra en un lugar de donde no puede escapar, aún cuando conoce la salida.

    Súbitamente, aquella mano con la que acariciaba el ornamental reloj tomó el mismo de forma brusca y arrebatada para apretarlo entre sus dedos, reventando cristal y madera como si fuesen ramillas secas.

    Sangre negra emanó de sus heridas, mezclándose con la arena, profanándola, y cayendo sobre la estatuilla, quemando cuál ácido los rostros angustiados de ángeles, hombres y demonios por igual.

    — … Ahora lo único que queda, es detener el tiempo.


    『 Ambiance: https://youtu.be/H5nXCactwVo
    Pʀɪᴍᴜs Mᴀʟᴇғɪᴄᴀʀɪᴜᴍ .Ⅰ - ☨ ─────── 〘 C O M U N I Ó N 〙 ──── En medio de la absoluta oscuridad, una perfecta línea recta de luz se formó sobre el suelo, proyectándose lentamente en un rectángulo junto con el paulatino avance de la Luna, derramando su platinar sobre la silueta de una mujer, misma que yacía de rodillas, sentada sobre sus talones, y con las palmas descansando sobre sus muslos, en la tradicional postura seiza que mantenía con entera calma y solemnidad. El aroma a copal dominaba el ambiente, cargado gentilmente por los haces de humo que se desprendían de los numerosos inciensos repartidos en cuencos ornamentales a ambos costados de la habitación, mismos que la circundaban y envolvían. Brillando en la penumbra, a momentos, los pequeños destellos de las brasas lucían como ojos que se centraban en ella y le observaban en todo momento, justo en medio del suelo de la habitación que yacía adornado por un grotesco círculo mágico; el carmín rojo y seco de los trazos delatando la naturaleza del material con el que había sido pintado. Sathôna alzó el rostro hacía el enorme ventanal que tenía al frente y por donde aquella cascada de luz de plata caía, con los ojos cerrados y en pleno trance, entreabriendo los labios para dejar escapar de su boca una humareda negra más pesada que el aire, misma que caía por las comisuras de sus labios y su mentón. Su figura se impregnaba de las estelas de aquella pesada y opresiva energía, que, para ella en su haber, se sentía ligera y le llenaba de un vigor que resultaba contradictoriamente lacerante; cada corte cicatrizado, cada magulladura aliviada y cada fractura enmendada volvían a derramar los vestigios del punzante calvario por el que el dolor la había hecho pasar. No había momento en el cual se sintiera más viva que cuando se sumergía en aquel baño de lamentación, de penosa meditación, al comulgar con Marchosias. Aquella noche, fue distinto. El sufrimiento era el alimento primordial de su alma, misma que lo alquimizaba en ira, de la más pura y tórrida que su corazón pudiese sostener. Pero esta vez, hubo algo más: Claridad. Una fresca, afilada y envolvente claridad. La bruja morena entreabrió los párpados, y a la par, sus labios se cerraron, no sin antes relamer los remanentes de aquella oscuridad que quedaban sobre los mismos. Pronto, su boca se curvó, y emergiendo del éxtasis, sonrió ante el altar que tenía al frente──una exquisita estatuilla de mediano tamaño tallada en mármol negro, representando a humanos, demonios y ángeles, todos encimados sobre los otros, desesperados, escalando por alcanzar el precioso reloj de arena blanca colocado al centro. —La mente y el tiempo tienen algo en común; ambos son excelentes sirvientes, pero pésimos gobernantes. —En reflexión, se estiró para tomar aquel reloj de arena y así girarlo sobre sí mismo, comenzando la cuenta atrás. ¿O sería hacía adelante? Pasado o futuro. ¿Qué más da? —Será porque ambos coinciden en un único punto de inflexión, tan crítico como sencillo; la perspectiva. El tiempo se diluye o se concentra, se comprime o se alarga, dependiendo del contexto y la subjetividad, dependiendo de la energía del observador. Y la mente es el prisma perfecto para purificar y concentrar la intención en la percepción, y así volverla luz, u oscuridad. Los largos dedos de Sathôna acariciaron la curvatura del anticuado reloj, a momentos tamborileando sobre el cristal, para provocar un tintineo cristalino y melódico con sus largas uñas, mientras observaba la arena fluir y caer. ¿O es que también a momentos parecía regresar a donde estaba? —Cada mente es un prisma, con sus propios relieves, y sus propias reglas. Su propio potencial. Y, aun así, nada ni nadie puede existir si no es observado en todo momento, si su existencia no es reconocida en el ahora de cada segundo, de cada minuto, de cada hora, por algo que no sea ellos mismos. Una mirada llena de añoranza brilló en los ojos de la mujer, que ahora descansaban su mirar sobre el astro plateado. Calma y resignación le llenaron el corazón, como quien asume que se encuentra en un lugar de donde no puede escapar, aún cuando conoce la salida. Súbitamente, aquella mano con la que acariciaba el ornamental reloj tomó el mismo de forma brusca y arrebatada para apretarlo entre sus dedos, reventando cristal y madera como si fuesen ramillas secas. Sangre negra emanó de sus heridas, mezclándose con la arena, profanándola, y cayendo sobre la estatuilla, quemando cuál ácido los rostros angustiados de ángeles, hombres y demonios por igual. — … Ahora lo único que queda, es detener el tiempo. 『 Ambiance: https://youtu.be/H5nXCactwVo 』
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