• Hacía unos años que las cosas no eran lo mismo en el reino, el ambiente festivo y cálido que sus habitantes aportaban poco a poco se desvanecía como si lo hubiesen gastado todo, pero no era culpa de ellos.

    Rose enviaba a sus soldados más seguido a atacar otros reinos, volvían con más prisioneros, o en ocasiones sin prisioneros, pero meses después se enterarían de que dicho reino ya no existía; ahora era una colonia más de Rose.

    Rose se reunía con otros líderes o los virreyes de sus colonias para acordar el futuro de estos, a quienes pasaría la corona, pues estaba paranoica sobre quienes podrían subir al mando.
    No confiaba en nadie, y nadie entendía del todo por qué.

    No sabían si se debía al rumor sobre la bestia que habitaba el castillo, decían que se escapaba en las noches, ¿era acaso que la reina temía que descubrieran su secreto?
    Lo que la mayoría creía era que su miedo se debía a la amenaza que su familia recibió tiempo atrás, donde todo Nounei se vio bajo amenaza de muerte.

    No lo sabían, nadie entendía del todo qué fue.

    Estaba sentada en su trono, rodeado de cortinas largas que apenas dejaban ver su silueta. Del techo colgaban abalorios, cuentas, hierbas, múltiples dijes con símbolos de protección que rodeaban el área del trono donde Rose parecía esperar, como un depredador esperando a lanzarse, a explotar contra la más mínima amenaza.
    Hacía unos años que las cosas no eran lo mismo en el reino, el ambiente festivo y cálido que sus habitantes aportaban poco a poco se desvanecía como si lo hubiesen gastado todo, pero no era culpa de ellos. Rose enviaba a sus soldados más seguido a atacar otros reinos, volvían con más prisioneros, o en ocasiones sin prisioneros, pero meses después se enterarían de que dicho reino ya no existía; ahora era una colonia más de Rose. Rose se reunía con otros líderes o los virreyes de sus colonias para acordar el futuro de estos, a quienes pasaría la corona, pues estaba paranoica sobre quienes podrían subir al mando. No confiaba en nadie, y nadie entendía del todo por qué. No sabían si se debía al rumor sobre la bestia que habitaba el castillo, decían que se escapaba en las noches, ¿era acaso que la reina temía que descubrieran su secreto? Lo que la mayoría creía era que su miedo se debía a la amenaza que su familia recibió tiempo atrás, donde todo Nounei se vio bajo amenaza de muerte. No lo sabían, nadie entendía del todo qué fue. Estaba sentada en su trono, rodeado de cortinas largas que apenas dejaban ver su silueta. Del techo colgaban abalorios, cuentas, hierbas, múltiples dijes con símbolos de protección que rodeaban el área del trono donde Rose parecía esperar, como un depredador esperando a lanzarse, a explotar contra la más mínima amenaza.
    Me encocora
    1
    1 turno 0 maullidos
  • Escena I.
    Sección: Memorias del pasado.
    Relato: El principe va a casa.

    Rose corrió hacia donde había escuchado a Maeron, buscándolo asustada.

    Había escuchado quejidos, gritos y cadenas; temía que se hubiese encontrado con cazadores y que estos lo lastimaran.

    Lo primero que vio fue el cuerpo de un hombre en el suelo, con rasguños. Avanzó un poco más solo para encontrar otros dos hombres inconscientes, una jaula y sus redes; en el centro estaba Maeron, transformado en zorro, estaba alerta, agresivo.

    Maeron vio a Rose, pero no se calmo al reconocerla. Dio unos cuantos pasos atrás en posición de ataque, enseñando sus colmillos carmesí, con el pelaje erizado y la cola entre las patas.

    Rose lo miró quieta un segundo antes de ir hacia él y abrazarlo. Sintió a Maeron removerse y arañar, emitiendo gruñidos profundos por el miedo, pero a pesar de que eso le causara dolor, ella no lo soltó.

    Rose se mordió la lengua para no emitir ningún quejido y apretó ligeramente a Maeron contra sí, acariciando su pelaje con sus dedos, esperando a que se calmara.

    Maeron poco a poco dejó de moverse y rasguñarla, en cuanto Rose sintió eso relajó el agarre y cerró los ojos, respirando profundamente.

    El pequeño zorro se quedó quieto, respirando con agitación sobre el hombro de Rose. Lamió sus dientes, reconociendo el sabor metálico sobre su lengua. Su cuerpo entero se ensanchaba con cada respiración y Rose noto que el pelaje debajo de sus dedos se sentía puntiagudo.

    Rose apretó los labios y cerró con cuidado las alas alrededor de ellos. No tanto, en caso de que Maeron quisiera apartarse. Comenzó a tararear una canción y acarició la cabeza del zorro, mientras su otra mano permanecía rodeando su cuerpo.

    Maeron emitió un gruñido cuando la mano se poso sobre su cabeza, pero no se movió, se quedó inmóvil en los brazos de Rose.

    Pasaron varios minutos antes de que Rose percibiera que el cuerpo del zorro se relajaba dentro de su agarre. Maeron apoyo lentamente la cabeza en el hombro de Rose, escuchando su canción.

    Finalmente el gran zorro comenzó a disminuir su tamaño y Rose quitó sus alas para ver al niño de doce años que ahora descansaba sobre ella.

    Maeron no la abrazo. Sujeto su cola con ambas manos contra su pecho y la mirada perdida en el horizonte. Sus ojos estaban humedos de lágrimas sin derramar.

    - Mi casa... - Murmuro Maeron, con la quebrada.

    Rose sintió que se le rompía el corazón al oírlo, porque había visto en estado de la pequeña cabaña que el zorro había cuidado con tanto esmero para vivir en paz; los cazadores lo habían destruido todo.

    Maeron ya no tenía un hogar aquí, pero puede ser que todavía podría darle uno.

    Rose atrajo al niño hacia ella de nuevo y lo abrazo con fuerza. Rodeo a Maeron y a si mismo con un capullo de alas, deseando poder proteger al niño de este mundo.

    - No tengo casa, Rose... - Hablo de nuevo, con la voz desprovista de calor.- Ya no tengo... Ya no sé donde... - Su voz se cortó. - Van a volver... Van a volver - Repitió, impotente.

    Colaboración con: Rose Walcott
    Escena I. Sección: Memorias del pasado. Relato: El principe va a casa. Rose corrió hacia donde había escuchado a Maeron, buscándolo asustada. Había escuchado quejidos, gritos y cadenas; temía que se hubiese encontrado con cazadores y que estos lo lastimaran. Lo primero que vio fue el cuerpo de un hombre en el suelo, con rasguños. Avanzó un poco más solo para encontrar otros dos hombres inconscientes, una jaula y sus redes; en el centro estaba Maeron, transformado en zorro, estaba alerta, agresivo. Maeron vio a Rose, pero no se calmo al reconocerla. Dio unos cuantos pasos atrás en posición de ataque, enseñando sus colmillos carmesí, con el pelaje erizado y la cola entre las patas. Rose lo miró quieta un segundo antes de ir hacia él y abrazarlo. Sintió a Maeron removerse y arañar, emitiendo gruñidos profundos por el miedo, pero a pesar de que eso le causara dolor, ella no lo soltó. Rose se mordió la lengua para no emitir ningún quejido y apretó ligeramente a Maeron contra sí, acariciando su pelaje con sus dedos, esperando a que se calmara. Maeron poco a poco dejó de moverse y rasguñarla, en cuanto Rose sintió eso relajó el agarre y cerró los ojos, respirando profundamente. El pequeño zorro se quedó quieto, respirando con agitación sobre el hombro de Rose. Lamió sus dientes, reconociendo el sabor metálico sobre su lengua. Su cuerpo entero se ensanchaba con cada respiración y Rose noto que el pelaje debajo de sus dedos se sentía puntiagudo. Rose apretó los labios y cerró con cuidado las alas alrededor de ellos. No tanto, en caso de que Maeron quisiera apartarse. Comenzó a tararear una canción y acarició la cabeza del zorro, mientras su otra mano permanecía rodeando su cuerpo. Maeron emitió un gruñido cuando la mano se poso sobre su cabeza, pero no se movió, se quedó inmóvil en los brazos de Rose. Pasaron varios minutos antes de que Rose percibiera que el cuerpo del zorro se relajaba dentro de su agarre. Maeron apoyo lentamente la cabeza en el hombro de Rose, escuchando su canción. Finalmente el gran zorro comenzó a disminuir su tamaño y Rose quitó sus alas para ver al niño de doce años que ahora descansaba sobre ella. Maeron no la abrazo. Sujeto su cola con ambas manos contra su pecho y la mirada perdida en el horizonte. Sus ojos estaban humedos de lágrimas sin derramar. - Mi casa... - Murmuro Maeron, con la quebrada. Rose sintió que se le rompía el corazón al oírlo, porque había visto en estado de la pequeña cabaña que el zorro había cuidado con tanto esmero para vivir en paz; los cazadores lo habían destruido todo. Maeron ya no tenía un hogar aquí, pero puede ser que todavía podría darle uno. Rose atrajo al niño hacia ella de nuevo y lo abrazo con fuerza. Rodeo a Maeron y a si mismo con un capullo de alas, deseando poder proteger al niño de este mundo. - No tengo casa, Rose... - Hablo de nuevo, con la voz desprovista de calor.- Ya no tengo... Ya no sé donde... - Su voz se cortó. - Van a volver... Van a volver - Repitió, impotente. Colaboración con: [haze_amethyst_lion_533]
    Me gusta
    Me entristece
    3
    9 turnos 0 maullidos
  • Le hago una señal al barman para que me atienda. De paso, para que se lleve las copas vacías que he ido acumulando.

    —Sírvame otra copa de Four Roses, por favor.
    Le hago una señal al barman para que me atienda. De paso, para que se lleve las copas vacías que he ido acumulando. —Sírvame otra copa de Four Roses, por favor.
    Me gusta
    Me shockea
    3
    0 turnos 0 maullidos
  • Rose cruzó el portal y estudió el entorno con curiosidad, nada parecía muy diferente de donde venía.

    Estaba sola, ningún guardia la acompañaba, pues ningún guardia sabía que se había escapado.
    Dejó su corona y la vestimenta cara detrás para poder pasar desapercibida mientras exploraba.

    Si es que podía.

    Aikaterine Ouro
    Rose cruzó el portal y estudió el entorno con curiosidad, nada parecía muy diferente de donde venía. Estaba sola, ningún guardia la acompañaba, pues ningún guardia sabía que se había escapado. Dejó su corona y la vestimenta cara detrás para poder pasar desapercibida mientras exploraba. Si es que podía. [Mercenary1x]
    Me gusta
    1
    30 turnos 0 maullidos
  • [Alexander estaría trabajando en su oficina privada dentro de la empresa donde trabajaba, esto lo hacía después de haber tenido su segunda cíta con Amber en la tarde]

    Oye Emily ¿Sigues ahí? No has dicho nada en todo el día.

    Emily: me disculpo si fui grosera es que no deseaba interrumpir tu cita con la mocosa esa buena para nada

    Recuerda que la necesitamos para llegar con el hombre que estamos buscando, Amber es la clave aunque me disguste admitirlo.

    Emily: una vez que encontremos a ese maldito lo voy a matar junto a su niña consentida

    No te apresures, primero necesito hablar con el para sacarle la información que necesitamos.

    -continuaba con mí trabajo, accedería a la base de datos de la empresa para ver los movimientos de dinero, me sorprendería al ver cierto nombre conocido-

    ¿Y esto? Veo que nuestra querida Amber tiene una cuenta creada en la empresa, y nos debe una suma bastante alta de dinero.

    Emily: ¡Bingo! Jaja esa es justo la información que necesitábamos.
    [Alexander estaría trabajando en su oficina privada dentro de la empresa donde trabajaba, esto lo hacía después de haber tenido su segunda cíta con Amber en la tarde] Oye Emily ¿Sigues ahí? No has dicho nada en todo el día. Emily: me disculpo si fui grosera es que no deseaba interrumpir tu cita con la mocosa esa buena para nada Recuerda que la necesitamos para llegar con el hombre que estamos buscando, Amber es la clave aunque me disguste admitirlo. Emily: una vez que encontremos a ese maldito lo voy a matar junto a su niña consentida No te apresures, primero necesito hablar con el para sacarle la información que necesitamos. -continuaba con mí trabajo, accedería a la base de datos de la empresa para ver los movimientos de dinero, me sorprendería al ver cierto nombre conocido- ¿Y esto? Veo que nuestra querida Amber tiene una cuenta creada en la empresa, y nos debe una suma bastante alta de dinero. Emily: ¡Bingo! Jaja esa es justo la información que necesitábamos.
    Me gusta
    1
    0 turnos 0 maullidos
  • Yaaawn... ay mi cabeza.... cómo me duele....thehehe... creo que anoche me pasé bebiendo de mas....

    -decía la loba recién despierta con una fuerte resaca-

    No recuerdo nada, espero no fuera grosera con nadie....
    Yaaawn... ay mi cabeza.... cómo me duele....thehehe... creo que anoche me pasé bebiendo de mas.... -decía la loba recién despierta con una fuerte resaca- No recuerdo nada, espero no fuera grosera con nadie....
    Me encocora
    Me endiabla
    4
    0 turnos 0 maullidos
  • || Buenas noches a todos.

    Estoy intentando revivir esta cuenta, y a este personaje, al cual le tengo mucho aprecio, mas entiendo que no sea del agrado de todos.

    Connor es un homúnculo, un experimento científico con una fachada de detective privado, que busca convertirse en la cúspide la cadena alimenticia, enfrentándonse a quien sea para lograrlo.

    Quienquiera que tenga ganas de llevar alguna trama o le interese mi encapuchado, puede escribirme! Escribo casi de todo, y soy buena onda, creo.

    Por otro lado, a su vez, si alguien está buscando algún personaje distinto para SU trama, también puede escribirme, y si me interesa y/o creo que puedo llevar al mismo (mientras conozca del tema, sea hombre, y heterosexual) se los doy. No hay problema con hacer otra cuenta, y demás cosas.

    Tengo ganas de escribir, esto de ser un adulto funcional a veces cansa. (?)

    Gracias por su atención, les dejo un Connor amenazante para su deleite.
    || Buenas noches a todos. Estoy intentando revivir esta cuenta, y a este personaje, al cual le tengo mucho aprecio, mas entiendo que no sea del agrado de todos. Connor es un homúnculo, un experimento científico con una fachada de detective privado, que busca convertirse en la cúspide la cadena alimenticia, enfrentándonse a quien sea para lograrlo. Quienquiera que tenga ganas de llevar alguna trama o le interese mi encapuchado, puede escribirme! Escribo casi de todo, y soy buena onda, creo. Por otro lado, a su vez, si alguien está buscando algún personaje distinto para SU trama, también puede escribirme, y si me interesa y/o creo que puedo llevar al mismo (mientras conozca del tema, sea hombre, y heterosexual) se los doy. No hay problema con hacer otra cuenta, y demás cosas. Tengo ganas de escribir, esto de ser un adulto funcional a veces cansa. (?) Gracias por su atención, les dejo un Connor amenazante para su deleite.
    Me gusta
    Me encocora
    9
    4 turnos 1 maullido
  • Ultimatum en la catedral:
    La lid se trabó en lo más alto del campanario de la catedral. Bajo el cielo encapotado y el tañer lóbrego de las campanas, el joven clérigo Zelkova y un adepto del Culto de Saturno trocaron golpes con furia desatada. Puñadas, codazos y encontronazos resonaban entre los viejos sillares, mezclándose con el bramido del viento que se colaba por las troneras.

    Un recio puntapié alcanzó a Zelkova en el pecho y lo lanzó contra una ventana ojival. Los vidrios estallaron en una lluvia de fragmentos, y por un instante el sacerdote quedó suspendido sobre el abismo. Empero, al acudir otro sectario en auxilio de su camarada, el cura logró asirse al marco quebrado, evitó la caída y, con un certero gancho, abatió al recién llegado.

    En medio del forcejeo, una porción de la vetusta estructura cedió con un estrépito horrísono. Piedra, polvo y madera se desplomaron al vacío, y ambos contendientes rodaron hasta detenerse junto a una gárgola de roca ennegrecida por los siglos. Las campanas repicaban sobre sus cabezas, tornando la escena aún más sombría y funeral.

    El sectario procuró incorporarse, mas Zelkova fue más presto. Le ciñó el cuello con una llave férrea y se dejó caer de espaldas, arrastrándolo consigo. El hombre pataleó con desesperación, sintiendo cómo el aliento le abandonaba. Sus uñas arañaron los brazos del clérigo mientras escupía palabras entrecortadas.

    □¡Hazlo!... ¿O acaso te arredra?

    Zelkova, jadeante, habló con voz queda, casi como quien vela a un moribundo.

    ●Ríndete. Ya carece de sentido proseguir esta contienda.

    El otro soltó una risa ronca y amarga.

    □No tienes redaños...

    La respiración se le extinguía por momentos. A tientas, logró alcanzar una piedra desprendida y trató de hundirla en el brazo de su adversario.

    □¡HAZLO!

    Con una expresión afligida, semejante a la de quien dicta una sentencia que jamás deseó pronunciar, Zelkova torció con violencia. Un seco chasquido quebró el fragor de la tormenta. El cuello del hombre cedió.

    El cura soltó el cuerpo inerte y lo arrojó al vacío. Las campanas acompañaron la estrepitosa caída como si entonasen un réquiem. El cadáver se precipitó entre la lluvia y la penumbra hasta desaparecer en las profundidades.

    Zelkova permaneció inmóvil junto al borde. Su pecho se alzaba con dificultad; cada bocanada de aire era una pugna. La lluvia descendía por su semblante, llevándose la sangre que manchaba sus mejillas.

    Miró hacia abajo, hacia la oscuridad donde había desaparecido aquel hombre, y murmuró con voz quebrada:

    ●¿Por qué tuviste que forzarme a hacerlo...?

    El agua siguió cayendo sobre su rostro.

    ●¿Por qué tuviste que traicionarme...?

    Y sólo el lúgubre tañido de las campanas respondió a su lamento.
    Ultimatum en la catedral: La lid se trabó en lo más alto del campanario de la catedral. Bajo el cielo encapotado y el tañer lóbrego de las campanas, el joven clérigo Zelkova y un adepto del Culto de Saturno trocaron golpes con furia desatada. Puñadas, codazos y encontronazos resonaban entre los viejos sillares, mezclándose con el bramido del viento que se colaba por las troneras. Un recio puntapié alcanzó a Zelkova en el pecho y lo lanzó contra una ventana ojival. Los vidrios estallaron en una lluvia de fragmentos, y por un instante el sacerdote quedó suspendido sobre el abismo. Empero, al acudir otro sectario en auxilio de su camarada, el cura logró asirse al marco quebrado, evitó la caída y, con un certero gancho, abatió al recién llegado. En medio del forcejeo, una porción de la vetusta estructura cedió con un estrépito horrísono. Piedra, polvo y madera se desplomaron al vacío, y ambos contendientes rodaron hasta detenerse junto a una gárgola de roca ennegrecida por los siglos. Las campanas repicaban sobre sus cabezas, tornando la escena aún más sombría y funeral. El sectario procuró incorporarse, mas Zelkova fue más presto. Le ciñó el cuello con una llave férrea y se dejó caer de espaldas, arrastrándolo consigo. El hombre pataleó con desesperación, sintiendo cómo el aliento le abandonaba. Sus uñas arañaron los brazos del clérigo mientras escupía palabras entrecortadas. □¡Hazlo!... ¿O acaso te arredra? Zelkova, jadeante, habló con voz queda, casi como quien vela a un moribundo. ●Ríndete. Ya carece de sentido proseguir esta contienda. El otro soltó una risa ronca y amarga. □No tienes redaños... La respiración se le extinguía por momentos. A tientas, logró alcanzar una piedra desprendida y trató de hundirla en el brazo de su adversario. □¡HAZLO! Con una expresión afligida, semejante a la de quien dicta una sentencia que jamás deseó pronunciar, Zelkova torció con violencia. Un seco chasquido quebró el fragor de la tormenta. El cuello del hombre cedió. El cura soltó el cuerpo inerte y lo arrojó al vacío. Las campanas acompañaron la estrepitosa caída como si entonasen un réquiem. El cadáver se precipitó entre la lluvia y la penumbra hasta desaparecer en las profundidades. Zelkova permaneció inmóvil junto al borde. Su pecho se alzaba con dificultad; cada bocanada de aire era una pugna. La lluvia descendía por su semblante, llevándose la sangre que manchaba sus mejillas. Miró hacia abajo, hacia la oscuridad donde había desaparecido aquel hombre, y murmuró con voz quebrada: ●¿Por qué tuviste que forzarme a hacerlo...? El agua siguió cayendo sobre su rostro. ●¿Por qué tuviste que traicionarme...? Y sólo el lúgubre tañido de las campanas respondió a su lamento.
    Me shockea
    3
    0 turnos 0 maullidos
  • #PRIDEMONTH
    Aprovechando que ha comenzado el mes del orgullo, me arriesgaré a exponer mi opinión personal, que tal vez sea una unpopular opinion, y seguramente, bastante controversial.

    Bajo mi punto de vista, la orientación sexual que cada uno tenga no debería ser motivo de celebración ni visibilización, ya que considero que no ser heterosexual no te hace extraordinario y, afortunadamente, en la variedad está la riqueza que adquiere el ser humano al socializar con el entorno.

    Tener una orientación sexual diferente a la estándar admitida por la Iglesia Católica, a estas alturas, debería estar completamente normalizado en el mundo de diversidad en el que vivimos, sin pregonarlo públicamente a los cuatro vientos porque forma parte de la intimidad de cada individuo.

    Por eso, yo no me siento orgullosa de ser bisexual; me siento orgullosa de la mujer que soy por completo y de todos los obstáculos que he superado y me han forjado en el camino para ser quien soy hoy.

    Y para finalizar, me gustaría recordarle a mi mujer 손민지 🇸​🇴​🇳​ 🇲​🇮​🇳​🇯​🇮​ , que es el amor de mi vida y que conocerla ha sido lo mejor que me ha podido pasar en mi vida.

    ¡Feliz mes del orgullo a todos!
    #PRIDEMONTH🏳️‍🌈 Aprovechando que ha comenzado el mes del orgullo, me arriesgaré a exponer mi opinión personal, que tal vez sea una unpopular opinion, y seguramente, bastante controversial. Bajo mi punto de vista, la orientación sexual que cada uno tenga no debería ser motivo de celebración ni visibilización, ya que considero que no ser heterosexual no te hace extraordinario y, afortunadamente, en la variedad está la riqueza que adquiere el ser humano al socializar con el entorno. Tener una orientación sexual diferente a la estándar admitida por la Iglesia Católica, a estas alturas, debería estar completamente normalizado en el mundo de diversidad en el que vivimos, sin pregonarlo públicamente a los cuatro vientos porque forma parte de la intimidad de cada individuo. Por eso, yo no me siento orgullosa de ser bisexual; me siento orgullosa de la mujer que soy por completo y de todos los obstáculos que he superado y me han forjado en el camino para ser quien soy hoy. Y para finalizar, me gustaría recordarle a mi mujer [sonminji24] , que es el amor de mi vida y que conocerla ha sido lo mejor que me ha podido pasar en mi vida. ¡Feliz mes del orgullo a todos!
    Me encocora
    Me gusta
    5
    1 turno 0 maullidos
  • 𝖀𝖓... ¿𝖗𝖔𝖘𝖙𝖗𝖔 𝖋𝖆𝖒𝖎𝖑𝖎𝖆𝖗?
    Categoría Original
    𝓡𝓸𝓵𝓮𝓹𝓵𝓪𝔂 𝔀𝓲𝓽𝓱: Eʀɪɴ



    𝕻𝖊𝖘𝖙𝖊 𝕭𝖚𝖇ó𝖓𝖎𝖈𝖆 𝖞 𝖇𝖗𝖔𝖙𝖊 𝖉𝖊 𝖛𝖎𝖗𝖚𝖊𝖑𝖆. 𝕮𝖎𝖗𝖈𝖆. 𝟏𝟓𝟗𝟑

    El miedo y la desesperación recorrían cada rincón del país. Las ciudades más grandes notaban en demasía cómo las vidas eran arrasadas por la enfermedad y la imposibilidad de ayudar a cada víctima, sin importar las medidas y cuarentenas que se tomaran. La viruela era lo peor, sin embargo, porque sin importar la casta llegaba a cualquier hogar.

    Fue así con los Lancaster. Quien la padeció terriblemente fue una joven llamada Erin. Por supuesto, los padres de esta hicieron todo lo posible para que se mejorara, pagando por los tratamientos más caros y los mejores doctores que pudieran encontrar. No parecía dar demasiados resultados y el pánico comenzaba a apoderarse del hogar. Pero entonces escucharon sobre otro médico en la ciudad. Uno extraño, de quien muchas malas lenguas decían que la muerte lo seguía allí donde fuera; otras aseguraban que hacía milagros si pagaban bien y le daban las libertades necesarias.

    Loimos fue convocado una noche. Su presencia provocó más inquietud que consuelo mientras se presentaba ante los nobles. Era muy educado, a pesar de que la máscara y el atuendo de cuero negro no transmitían precisamente tranquilidad.

    Llegó a los aposentos de la joven ya postrada en cama y no perdió tiempo en revisarla. Casi no hizo preguntas, solo cuando era estrictamente necesario; el resto lo averiguó a base de observación y pruebas, muchas de ellas realizándolas en privado. La viruela era un problema para el que aún no encontraba una respuesta clara, pero cada paciente lo acercaba un poco más a ella. Por desgracia, sin importar todo lo que hizo e intentó(sin dañar a la joven, pues los padres fueron muy estrictos respecto a su integridad), no encontró solución alguna. Muy a su propia frustración, luego de meses, tuvo que aceptar que no podría ayudarla. Necesitaba otro tipo de pacientes para examinarlos mejor.

    Su presencia desapareció de aquella vivienda como si solo se hubiese tratado de una ilusión, un fantasma y nada más. Incluso dejó de verse en la ciudad. Algunos pensaron que solo había sido un sueño febril colectivo.


    𝕷𝖆𝖘 𝖊𝖓𝖋𝖊𝖗𝖒𝖊𝖉𝖆𝖉𝖊𝖘 𝖈𝖔𝖓𝖙𝖎𝖓𝖚𝖆𝖗𝖔𝖓. 𝕮𝖎𝖗𝖈𝖆. 𝟏𝟕𝟒𝟖

    El tiempo avanzó con relativa rapidez. Las ciudades se veían más refinadas, más elegantes; se levantaron academias prestigiosas y la medicina avanzó, dando paso también a nuevos instrumentos. Los médicos se modernizaron un poco más. Loimos no había cambiado demasiado salvo por algunas prendas. Pero la máscara de pico, el sombrero, los guantes de cuero y el bastón seguían allí. Además, su cuerpo permanecía bien cubierto, como si aún intentara alejar toda peste de sí mismo a pesar de haber estado rodeado de ella durante tantos siglos.

    Las personas caminaban por las calles como si la ciudad no estuviera marcada por enfermedades y guerras. Querían olvidar. Había más control, pero todavía no existían soluciones definitivas. El doctor no creía que fuese momento para relajarse tanto.

    Sus pasos eran tranquilos, escuchándose en ocasiones el golpeteo de su bastón contra el suelo, pero todo se detuvo cuando se paró frente a una plaza. Ladeó apenas la cabeza y luego giró la mirada hacia la izquierda. Creyó haber visto algo que captó su atención. Alguien, más bien.

    Al principio pensó que era coincidencia, pero entonces observó mejor a aquella joven mujer.
    El recuerdo llegó de inmediato, aunque las diferencias eran claras. Ya no había dolor en el rostro, no se veía la fiebre reflejada en cada facción ni el debilitamiento evidente, tampoco la muerte acechando a su lado. Se veía sana. Apenas pálida, quizá. Con fuerza... e igual a la última vez que la vio. Curioso. Demasiado curioso.

    Continuó avanzando, ahora con una nueva dirección, directamente hacia la mujer. Todavía sin prisa; tampoco deseaba arruinarle el paseo o aquello que estuviese haciendo. La analizó un poco más antes de acercarse lo suficiente para que pudiera escucharlo.

    —Lady Lancaster —la voz estaba amortiguada por la máscara, aunque eso no impidió que se notara aquel tono tranquilo de siempre—. Vaya sorpresa encontrarla por aquí.

    Fue evidente que aquellas palabras solo intentaban evitar mencionar directamente el verdadero interés que despertaba en él verla todavía con vida, cuando había observado cómo esta abandonaba lentamente su cuerpo siglo y tanto atrás.

    —Admito que habría esperado encontrar sus huesos bajo tierra antes que verla paseando... o comprobar que los años no han pasado por usted ni un poco.
    𝓡𝓸𝓵𝓮𝓹𝓵𝓪𝔂 𝔀𝓲𝓽𝓱: [Black.Rose] 𝕻𝖊𝖘𝖙𝖊 𝕭𝖚𝖇ó𝖓𝖎𝖈𝖆 𝖞 𝖇𝖗𝖔𝖙𝖊 𝖉𝖊 𝖛𝖎𝖗𝖚𝖊𝖑𝖆. 𝕮𝖎𝖗𝖈𝖆. 𝟏𝟓𝟗𝟑 El miedo y la desesperación recorrían cada rincón del país. Las ciudades más grandes notaban en demasía cómo las vidas eran arrasadas por la enfermedad y la imposibilidad de ayudar a cada víctima, sin importar las medidas y cuarentenas que se tomaran. La viruela era lo peor, sin embargo, porque sin importar la casta llegaba a cualquier hogar. Fue así con los Lancaster. Quien la padeció terriblemente fue una joven llamada Erin. Por supuesto, los padres de esta hicieron todo lo posible para que se mejorara, pagando por los tratamientos más caros y los mejores doctores que pudieran encontrar. No parecía dar demasiados resultados y el pánico comenzaba a apoderarse del hogar. Pero entonces escucharon sobre otro médico en la ciudad. Uno extraño, de quien muchas malas lenguas decían que la muerte lo seguía allí donde fuera; otras aseguraban que hacía milagros si pagaban bien y le daban las libertades necesarias. Loimos fue convocado una noche. Su presencia provocó más inquietud que consuelo mientras se presentaba ante los nobles. Era muy educado, a pesar de que la máscara y el atuendo de cuero negro no transmitían precisamente tranquilidad. Llegó a los aposentos de la joven ya postrada en cama y no perdió tiempo en revisarla. Casi no hizo preguntas, solo cuando era estrictamente necesario; el resto lo averiguó a base de observación y pruebas, muchas de ellas realizándolas en privado. La viruela era un problema para el que aún no encontraba una respuesta clara, pero cada paciente lo acercaba un poco más a ella. Por desgracia, sin importar todo lo que hizo e intentó(sin dañar a la joven, pues los padres fueron muy estrictos respecto a su integridad), no encontró solución alguna. Muy a su propia frustración, luego de meses, tuvo que aceptar que no podría ayudarla. Necesitaba otro tipo de pacientes para examinarlos mejor. Su presencia desapareció de aquella vivienda como si solo se hubiese tratado de una ilusión, un fantasma y nada más. Incluso dejó de verse en la ciudad. Algunos pensaron que solo había sido un sueño febril colectivo. 𝕷𝖆𝖘 𝖊𝖓𝖋𝖊𝖗𝖒𝖊𝖉𝖆𝖉𝖊𝖘 𝖈𝖔𝖓𝖙𝖎𝖓𝖚𝖆𝖗𝖔𝖓. 𝕮𝖎𝖗𝖈𝖆. 𝟏𝟕𝟒𝟖 El tiempo avanzó con relativa rapidez. Las ciudades se veían más refinadas, más elegantes; se levantaron academias prestigiosas y la medicina avanzó, dando paso también a nuevos instrumentos. Los médicos se modernizaron un poco más. Loimos no había cambiado demasiado salvo por algunas prendas. Pero la máscara de pico, el sombrero, los guantes de cuero y el bastón seguían allí. Además, su cuerpo permanecía bien cubierto, como si aún intentara alejar toda peste de sí mismo a pesar de haber estado rodeado de ella durante tantos siglos. Las personas caminaban por las calles como si la ciudad no estuviera marcada por enfermedades y guerras. Querían olvidar. Había más control, pero todavía no existían soluciones definitivas. El doctor no creía que fuese momento para relajarse tanto. Sus pasos eran tranquilos, escuchándose en ocasiones el golpeteo de su bastón contra el suelo, pero todo se detuvo cuando se paró frente a una plaza. Ladeó apenas la cabeza y luego giró la mirada hacia la izquierda. Creyó haber visto algo que captó su atención. Alguien, más bien. Al principio pensó que era coincidencia, pero entonces observó mejor a aquella joven mujer. El recuerdo llegó de inmediato, aunque las diferencias eran claras. Ya no había dolor en el rostro, no se veía la fiebre reflejada en cada facción ni el debilitamiento evidente, tampoco la muerte acechando a su lado. Se veía sana. Apenas pálida, quizá. Con fuerza... e igual a la última vez que la vio. Curioso. Demasiado curioso. Continuó avanzando, ahora con una nueva dirección, directamente hacia la mujer. Todavía sin prisa; tampoco deseaba arruinarle el paseo o aquello que estuviese haciendo. La analizó un poco más antes de acercarse lo suficiente para que pudiera escucharlo. —Lady Lancaster —la voz estaba amortiguada por la máscara, aunque eso no impidió que se notara aquel tono tranquilo de siempre—. Vaya sorpresa encontrarla por aquí. Fue evidente que aquellas palabras solo intentaban evitar mencionar directamente el verdadero interés que despertaba en él verla todavía con vida, cuando había observado cómo esta abandonaba lentamente su cuerpo siglo y tanto atrás. —Admito que habría esperado encontrar sus huesos bajo tierra antes que verla paseando... o comprobar que los años no han pasado por usted ni un poco.
    Tipo
    Grupal
    Líneas
    Cualquier línea
    Estado
    Disponible
    Me gusta
    2
    3 turnos 1 maullido
Ver más resultados
Patrocinados