• FINALIZADO




    El tren finalmente desaceleró.
    El traqueteo constante se transformó en un gemido prolongado de metal forzado, hasta que el movimiento cesó por completo. Durante unos segundos, nada ocurrió. Ni una sacudida final. Ni un anuncio. Solo silencio.
    Entonces, las puertas se abrieron.
    Más allá del umbral no había una estación.
    No había señales de infraestructura humana funcional.
    Solo un espacio deformado, como si el entorno hubiera sido reconstruido a partir de recuerdos incompletos.
    Las estructuras eran reconocibles, pero incorrectas: paredes demasiado altas, ángulos imposibles, superficies que parecían orgánicas bajo una apariencia artificial. El aire allí fuera era distinto, más pesado, cargado de una tensión que no provenía del ambiente… sino de algo que ya estaba presente.
    No hubo advertencia.
    No hubo presentación.
    La anomalía no apareció de forma dramática, ni agresiva. Su sola existencia alteraba el espacio a su alrededor, como si las reglas locales se vieran forzadas a adaptarse. No era necesario comprender qué era para entender una cosa:
    Ese lugar no estaba vacío antes de su llegada.
    El tren permanecía detrás, inmóvil, como negándose a avanzar más allá de ese punto. No ofrecía refugio, pero tampoco cerraba la posibilidad de retirada. Era una frontera silenciosa entre lo conocido y lo que aún no reclamaba nombre.

    Morana Veythra Lili Queen Ishtar Axel Koroved Usagi Rhett Zakharov Tobıαs Novαkovıc Zagreo the Dark Demon Greek Mitology Verónica Valentine [Incub_Oli_Berry] Ryuリュウ・イシュタル・ヨキン Ishtar Yokin
    FINALIZADO El tren finalmente desaceleró. El traqueteo constante se transformó en un gemido prolongado de metal forzado, hasta que el movimiento cesó por completo. Durante unos segundos, nada ocurrió. Ni una sacudida final. Ni un anuncio. Solo silencio. Entonces, las puertas se abrieron. Más allá del umbral no había una estación. No había señales de infraestructura humana funcional. Solo un espacio deformado, como si el entorno hubiera sido reconstruido a partir de recuerdos incompletos. Las estructuras eran reconocibles, pero incorrectas: paredes demasiado altas, ángulos imposibles, superficies que parecían orgánicas bajo una apariencia artificial. El aire allí fuera era distinto, más pesado, cargado de una tensión que no provenía del ambiente… sino de algo que ya estaba presente. No hubo advertencia. No hubo presentación. La anomalía no apareció de forma dramática, ni agresiva. Su sola existencia alteraba el espacio a su alrededor, como si las reglas locales se vieran forzadas a adaptarse. No era necesario comprender qué era para entender una cosa: Ese lugar no estaba vacío antes de su llegada. El tren permanecía detrás, inmóvil, como negándose a avanzar más allá de ese punto. No ofrecía refugio, pero tampoco cerraba la posibilidad de retirada. Era una frontera silenciosa entre lo conocido y lo que aún no reclamaba nombre. [Undead_Mistress] [Lili.Queen] [Akly_5] [us4gi] [theannoyingcriminal75] [phantasm_winter] [Dark_Demon] [fire_ruby_bull_303] [Incub_Oli_Berry] [Ryu]
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  • Nota Psicológica Confidencial — Sujeto:
    LUANA

    Clasificación: Reservado
    Estado: Evaluación introspectiva post-transformación completa
    Tiempo transcurrido desde conversión total: 4 años

    Resumen general:
    Luana presenta un alto nivel de conciencia identitaria posterior a un proceso prolongado de disociación y control externo. La ruptura física con su creador no derivó en una ruptura psicológica del vínculo de creación, lo cual ha generado un conflicto interno sostenido entre autonomía personal y existencia del lazo primigenio.

    Estado emocional predominante
    Cansancio profundo ante figuras de autoridad, control o expectativas impuestas.

    Determinación silenciosa orientada a la autodeterminación.

    Conflicto latente, no explosivo: el vínculo no genera rechazo visceral, sino una incomodidad persistente.

    Ausencia de sumisión emocional, reemplazada por una búsqueda constante de coherencia interna.

    Luana no presenta dependencia afectiva activa hacia el creador, pero sí una conciencia constante del lazo, lo que indica que el conflicto no es de apego, sino de significado.

    Identidad y autopercepción
    Se percibe a sí misma como un ser completo, no fragmentado entre humano y loba.

    La forma lobuna ha sido integrada de manera funcional y consciente; no hay pérdida de control ni episodios de fuga instintiva.

    Rechaza activamente etiquetas como creación, arma, extensión o herencia.
    Luana se define por elección, no por origen.

    Relación con el vínculo de creación
    El vínculo es reconocido como existente, pero no aceptado como autoridad.
    No se percibe como una cadena, sino como una presencia no resuelta.
    La negación previa del vínculo no era ignorancia, sino un mecanismo de defensa para preservar su identidad.
    Actualmente, Luana no busca romper el lazo, sino redefinir su significado bajo sus propios términos.

    Mecanismos de defensa
    Control emocional elevado: evita reacciones impulsivas.

    Introspección constante: analiza sus emociones antes de permitir que actúen sobre ella.

    Distanciamiento selectivo: no huye, pero mantiene límites claros.

    No se detecta negación patológica, sino resistencia consciente.

    Conclusión
    Luana se encuentra en una etapa crítica de consolidación identitaria. El mayor riesgo no es el vínculo en sí, sino la posibilidad de que este sea interpretado externamente como un derecho sobre ella.

    Su estabilidad depende de mantener una verdad interna clara:
    Ser creada no implica pertenecer.
    El siguiente punto de evolución psicológica será decidir qué lugar ocupa el vínculo en su vida, no desde la obligación, sino desde la elección.
    Nota Psicológica Confidencial — Sujeto: LUANA Clasificación: Reservado Estado: Evaluación introspectiva post-transformación completa Tiempo transcurrido desde conversión total: 4 años Resumen general: Luana presenta un alto nivel de conciencia identitaria posterior a un proceso prolongado de disociación y control externo. La ruptura física con su creador no derivó en una ruptura psicológica del vínculo de creación, lo cual ha generado un conflicto interno sostenido entre autonomía personal y existencia del lazo primigenio. Estado emocional predominante Cansancio profundo ante figuras de autoridad, control o expectativas impuestas. Determinación silenciosa orientada a la autodeterminación. Conflicto latente, no explosivo: el vínculo no genera rechazo visceral, sino una incomodidad persistente. Ausencia de sumisión emocional, reemplazada por una búsqueda constante de coherencia interna. Luana no presenta dependencia afectiva activa hacia el creador, pero sí una conciencia constante del lazo, lo que indica que el conflicto no es de apego, sino de significado. Identidad y autopercepción Se percibe a sí misma como un ser completo, no fragmentado entre humano y loba. La forma lobuna ha sido integrada de manera funcional y consciente; no hay pérdida de control ni episodios de fuga instintiva. Rechaza activamente etiquetas como creación, arma, extensión o herencia. Luana se define por elección, no por origen. Relación con el vínculo de creación El vínculo es reconocido como existente, pero no aceptado como autoridad. No se percibe como una cadena, sino como una presencia no resuelta. La negación previa del vínculo no era ignorancia, sino un mecanismo de defensa para preservar su identidad. Actualmente, Luana no busca romper el lazo, sino redefinir su significado bajo sus propios términos. Mecanismos de defensa Control emocional elevado: evita reacciones impulsivas. Introspección constante: analiza sus emociones antes de permitir que actúen sobre ella. Distanciamiento selectivo: no huye, pero mantiene límites claros. No se detecta negación patológica, sino resistencia consciente. Conclusión Luana se encuentra en una etapa crítica de consolidación identitaria. El mayor riesgo no es el vínculo en sí, sino la posibilidad de que este sea interpretado externamente como un derecho sobre ella. Su estabilidad depende de mantener una verdad interna clara: Ser creada no implica pertenecer. El siguiente punto de evolución psicológica será decidir qué lugar ocupa el vínculo en su vida, no desde la obligación, sino desde la elección.
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  • Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
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    —•L̶a̶ ̶E̶u̶c̶a̶r̶i̶s̶t̶í̶a̶ ̶d̶e̶ ̶H̶i̶e̶r̶r̶o̶ ̶y̶ ̶P̶l̶o̶m̶o̶.

    El traqueteo del tren era un metrónomo marcando el final de sus insignificantes vidas. Sentada, con la espalda expuesta como un cebo deliberado, escuché el amartillar de sus armas. El metal desgarró mi cráneo desde atrás con una violencia deliciosa.

    La oscuridad no fue un vacío, fue un velo negro que me envolvió con suavidad. Mientras mi cuerpo se desplomaba y la sangre comenzaba a alimentar las grietas del suelo, me quedé allí, suspendida en ese zumbido eléctrico que lo borraba todo. Mis asesinos celebraban con el aliento agitado; podía oler su miedo disfrazado de triunfo, un aroma rancio que solo servía para abrirme el apetito.

    Me puse en pie sin que un solo músculo de mi rostro traicionara la paz de mi muerte ficticia. Sentí el calor de la hemorragia deslizándose por mis mejillas, encontrando el camino hacia las comisuras de mi boca. Saboreé ese licor ferroso, espeso y sucio, y dejé que se mezclara con mi aliento. Pero lo que realmente me cautivó fueron las punzadas. La bala, incrustada como un parásito en mi cerebro, enviaba latigazos de una agonía exquisita que hacían vibrar cada nervio de mi columna. Era un dolor purificador, una confirmación de que su odio era tan real como mi superioridad. Me encantaba. Disfrutaba de la caricia del plomo caliente fundiéndose con mi propia carne mientras mis tejidos, obedientes, comenzaban a devorar el proyectil.

    Me giré. Sus gritos fueron música para mis oídos. El horror en sus ojos era la única oración que sabían rezar. Vaciaron sus cargadores contra mí en un espasmo de desesperación absoluta. Las balas golpeaban mi cuerpo, pero yo solo veía fragmentos de metal intentando herir a un abismo. Con una lentitud depredadora, levanté mi mano derecha. Los miré no como a enemigos, sino como a ganado que ha olvidado su lugar en el matadero. El vagón se volvió frío, un frío sepulcral que detuvo el tiempo. Coloqué mi dedo índice frente a sus corazones desbocados y dejé que el silencio se prolongara lo suficiente para que el terror los consumiera por dentro.

    — Bang. —

    No hubo eco, solo el sonido de la realidad rompiéndose. La presión invisible los golpeó no desde fuera, sino desde su propio núcleo, obligando a sus cuerpos a estallar de adentro hacia afuera. En un parpadeo, el vagón se convirtió en una pesadilla de vísceras; el impacto proyectó fragmentos de hueso, trozos de órganos y una lluvia densa de sesos contra las paredes y el techo. El espacio quedó perdido entre un rojo absoluto y un olor a muerte tan pesado que se podía palpar.
    Me quedé allí, en medio de la carnicería, respirando el vaho caliente que emanaba de los restos. La punzada en mi cráneo finalmente cesó cuando mi cuerpo expulsó el trozo de plomo deformado, que cayó al suelo con un tintineo metálico sobre el charco de carne. Con una tranquilidad absoluta, saqué un pañuelo y limpié el desorden de mi rostro. Cuando el tren frenó y las puertas se abrieron, salí con paso firme, dejando atrás aquel matadero sagrado sin dedicarle una sola mirada a los restos de lo que alguna vez se atrevió a atacarme.
    —•L̶a̶ ̶E̶u̶c̶a̶r̶i̶s̶t̶í̶a̶ ̶d̶e̶ ̶H̶i̶e̶r̶r̶o̶ ̶y̶ ̶P̶l̶o̶m̶o̶. El traqueteo del tren era un metrónomo marcando el final de sus insignificantes vidas. Sentada, con la espalda expuesta como un cebo deliberado, escuché el amartillar de sus armas. El metal desgarró mi cráneo desde atrás con una violencia deliciosa. La oscuridad no fue un vacío, fue un velo negro que me envolvió con suavidad. Mientras mi cuerpo se desplomaba y la sangre comenzaba a alimentar las grietas del suelo, me quedé allí, suspendida en ese zumbido eléctrico que lo borraba todo. Mis asesinos celebraban con el aliento agitado; podía oler su miedo disfrazado de triunfo, un aroma rancio que solo servía para abrirme el apetito. Me puse en pie sin que un solo músculo de mi rostro traicionara la paz de mi muerte ficticia. Sentí el calor de la hemorragia deslizándose por mis mejillas, encontrando el camino hacia las comisuras de mi boca. Saboreé ese licor ferroso, espeso y sucio, y dejé que se mezclara con mi aliento. Pero lo que realmente me cautivó fueron las punzadas. La bala, incrustada como un parásito en mi cerebro, enviaba latigazos de una agonía exquisita que hacían vibrar cada nervio de mi columna. Era un dolor purificador, una confirmación de que su odio era tan real como mi superioridad. Me encantaba. Disfrutaba de la caricia del plomo caliente fundiéndose con mi propia carne mientras mis tejidos, obedientes, comenzaban a devorar el proyectil. Me giré. Sus gritos fueron música para mis oídos. El horror en sus ojos era la única oración que sabían rezar. Vaciaron sus cargadores contra mí en un espasmo de desesperación absoluta. Las balas golpeaban mi cuerpo, pero yo solo veía fragmentos de metal intentando herir a un abismo. Con una lentitud depredadora, levanté mi mano derecha. Los miré no como a enemigos, sino como a ganado que ha olvidado su lugar en el matadero. El vagón se volvió frío, un frío sepulcral que detuvo el tiempo. Coloqué mi dedo índice frente a sus corazones desbocados y dejé que el silencio se prolongara lo suficiente para que el terror los consumiera por dentro. — Bang. — No hubo eco, solo el sonido de la realidad rompiéndose. La presión invisible los golpeó no desde fuera, sino desde su propio núcleo, obligando a sus cuerpos a estallar de adentro hacia afuera. En un parpadeo, el vagón se convirtió en una pesadilla de vísceras; el impacto proyectó fragmentos de hueso, trozos de órganos y una lluvia densa de sesos contra las paredes y el techo. El espacio quedó perdido entre un rojo absoluto y un olor a muerte tan pesado que se podía palpar. Me quedé allí, en medio de la carnicería, respirando el vaho caliente que emanaba de los restos. La punzada en mi cráneo finalmente cesó cuando mi cuerpo expulsó el trozo de plomo deformado, que cayó al suelo con un tintineo metálico sobre el charco de carne. Con una tranquilidad absoluta, saqué un pañuelo y limpié el desorden de mi rostro. Cuando el tren frenó y las puertas se abrieron, salí con paso firme, dejando atrás aquel matadero sagrado sin dedicarle una sola mirada a los restos de lo que alguna vez se atrevió a atacarme.
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  • Esta vez la cópula la realiza Lilim, la menor de las hermanas.

    El embarazo dura un solo día.
    Desde el primer instante algo es distinto. No hay tormento prolongado.

    El tiempo se comprime, se pliega sobre sí mismo. Las horas pasan extrañamente tranquilas, como si las criaturas comprendieran la fragilidad del recipiente que las sostiene.

    Durante ese día todo es silencio.
    Mi vientre no duele.
    No arde.
    No se rebela.
    Crecen rápido, demasiado rápido, pero en calma. Sanas. Completas.

    El sustento que Lilim les ofrece las satisface. No exigen más. No luchan entre ellas. Por un instante casi parece… misericordia.

    Y ese es el error.

    Horas después, cuando el sol aún no ha completado su arco, el parto comienza sin aviso.
    No hay transición.

    El dolor no avanza: me atraviesa.
    Un espasmo brutal me parte desde dentro, como si algo hubiera decidido que mi cuerpo ya no es mío. Grito, pero los gritos no sirven. No hay nacimientos. No hay salida.

    Entonces lo entiendo.
    No nacen criaturas.
    Nacen sus sombras.
    Sombras densas, vivas, con garras imposibles. Emergen primero, desgarrando mi vientre desde dentro, rasgando carne y alma a la vez. No buscan nacer: buscan abrir. Cada sombra se aferra, tira, desgarra, y a través de las heridas que ellas mismas crean, arrastran a sus cuerpos al mundo.

    Mis ojos se abren de par en par.
    El dolor me despoja de toda forma humana.
    Los gritos que brotan ya no son voz: son instinto, terror, animal puro.
    Uno tras otro.

    Algunos respiran al tocar el suelo.
    Otros nacen ya vacíos.

    La sangre lo cubre todo. El mundo se vuelve espeso, lejano, rojo. Mi conciencia se fragmenta hasta que no queda nada que sostener.

    Caigo dormida —o inconsciente— en un charco de sangre.

    Siete criaturas sanas.
    Cuatro muertas.

    Todo en un solo día.
    Gestación.
    Nacimiento.
    Pérdida.
    Yo…
    yo necesito ayuda.
    Y esta vez no es una frase ritual ni un lamento poético.

    Es una verdad desnuda, dicha desde alguien que empieza a preguntarse cuánto más puede romperse un cuerpo… antes de no volver a levantarse.

    [nebula_charcoal_rat_655] Agrat [n.a.a.m.a.h] Eisheth Zenunim
    Esta vez la cópula la realiza Lilim, la menor de las hermanas. El embarazo dura un solo día. Desde el primer instante algo es distinto. No hay tormento prolongado. El tiempo se comprime, se pliega sobre sí mismo. Las horas pasan extrañamente tranquilas, como si las criaturas comprendieran la fragilidad del recipiente que las sostiene. Durante ese día todo es silencio. Mi vientre no duele. No arde. No se rebela. Crecen rápido, demasiado rápido, pero en calma. Sanas. Completas. El sustento que Lilim les ofrece las satisface. No exigen más. No luchan entre ellas. Por un instante casi parece… misericordia. Y ese es el error. Horas después, cuando el sol aún no ha completado su arco, el parto comienza sin aviso. No hay transición. El dolor no avanza: me atraviesa. Un espasmo brutal me parte desde dentro, como si algo hubiera decidido que mi cuerpo ya no es mío. Grito, pero los gritos no sirven. No hay nacimientos. No hay salida. Entonces lo entiendo. No nacen criaturas. Nacen sus sombras. Sombras densas, vivas, con garras imposibles. Emergen primero, desgarrando mi vientre desde dentro, rasgando carne y alma a la vez. No buscan nacer: buscan abrir. Cada sombra se aferra, tira, desgarra, y a través de las heridas que ellas mismas crean, arrastran a sus cuerpos al mundo. Mis ojos se abren de par en par. El dolor me despoja de toda forma humana. Los gritos que brotan ya no son voz: son instinto, terror, animal puro. Uno tras otro. Algunos respiran al tocar el suelo. Otros nacen ya vacíos. La sangre lo cubre todo. El mundo se vuelve espeso, lejano, rojo. Mi conciencia se fragmenta hasta que no queda nada que sostener. Caigo dormida —o inconsciente— en un charco de sangre. Siete criaturas sanas. Cuatro muertas. Todo en un solo día. Gestación. Nacimiento. Pérdida. Yo… yo necesito ayuda. Y esta vez no es una frase ritual ni un lamento poético. Es una verdad desnuda, dicha desde alguien que empieza a preguntarse cuánto más puede romperse un cuerpo… antes de no volver a levantarse. [nebula_charcoal_rat_655] [f_off_bih] [n.a.a.m.a.h] [demonsmile01]
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  • *Sin previo aviso y de forma repentina, abracé a mi 𝕹𝖆𝖛𝖎𝖆 rodeándola de la cinturita para comerme a besos sus ricos y dulces labios. Necesitaba urgentemente amar a mi mujer porque mi corazón se vuelve loco al tenerla así en mis brazos. No podía parar de besarla y quería prolongar mucho este hermoso momento con el amor de mi vida*♥️
    *Sin previo aviso y de forma repentina, abracé a mi [Navia01] rodeándola de la cinturita para comerme a besos sus ricos y dulces labios. Necesitaba urgentemente amar a mi mujer porque mi corazón se vuelve loco al tenerla así en mis brazos. No podía parar de besarla y quería prolongar mucho este hermoso momento con el amor de mi vida*♥️
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  • Sólo toma un segundo.

    El hogar que por generaciones perdura.
    La confianza que durante años se construye.
    La felicidad que mediante sacrificios se obtiene.

    Sólo toma un segundo, un instante, un parpadeo.

    Un error. Un error, y todo se ha ido.

    ...

    ¿Por qué no corrió? ¿Por qué había extraído el arma, por qué se congeló cuando el carmesí pintó la nieve?

    ¿Por qué? ¿Por qué todo tenía que terminar con el calor del rojo sobre lo helado del blanco?

    —¿Por qué?

    Preguntó, pero no hubo respuesta. El frío inmisericorde parecía esperar la oportunidad para colarse en su garganta, quemarla, recordarle algo importante.

    Sólo toma un segundo.

    ...

    —No sé... No sé cómo alguien pudo enterarse...

    De vuelta en su habitación de hotel con ℂ𝐡𝐥𝐨𝑒 ⁖⁖ y el pequeño zorro, el ocre del ocaso pintando todo. Todo, incluído el afiche sobre la mesa.

    "Se busca, viva o muerta".

    Más terminología criminal que le resulta abrumadora. Y, las letras más gruesas, más acusatorias:

    "Asesina".

    —Ellos creen que yo... ¿Por qué? Pero yo nunca... creí que...

    Sólo toma un segundo. Su garganta colapsa, el mundo implosiona en un punto dentro de su pecho. Las lágrimas no salen, como si el caos las confundiera, la sequedad de sus mejillas heladas siendo más acordes al momento.

    Y el recuento llega, expuesto para Chloe.

    Esa noche de invierno hace tres años. La terrible ventisca siberiana, el carruaje en la penumbra, el sinuoso camino rural que al pobre caballo le sirvió de tumba... los gritos de auxilio que llamaron la atención de Irura. ¿Viajeros, a esa hora, en esa temporada? Un buen motivo debían tener. O ninguno. La y el lugar para quien no tenía rumbo y uno desesperadamente buscaba.

    Un rumbo, o un final.

    "¿Por qué?"

    Eso preguntó ella al llegar a la escena. Una garganta colapsa, las gárgaras de sangre reemplazas sus palabras. ¿Quién lo hizo? ¿Acaso importa?

    Sólo toma un segundo. Sólo es un error.

    Retiró el arma del cuello del hombre, a sabiendas de que ya nada había para él en este plano. De que el cruel y frío acero sólo prolongaba su suplicio. Sólo toma un segundo, un acto de fatídica, quizás torpe compasión.

    Un error.

    —Yo no lo hice, cuando... cuando yo llegué, él ya estaba... él ya había...

    Hiperventilaba, sus palabras arrastrando a través de la nieve que de rojo se pintó aquella noche.

    "Asesina". Sólo toma un segundo convertirse en una.
    Sólo toma un segundo. El hogar que por generaciones perdura. La confianza que durante años se construye. La felicidad que mediante sacrificios se obtiene. Sólo toma un segundo, un instante, un parpadeo. Un error. Un error, y todo se ha ido. ... ¿Por qué no corrió? ¿Por qué había extraído el arma, por qué se congeló cuando el carmesí pintó la nieve? ¿Por qué? ¿Por qué todo tenía que terminar con el calor del rojo sobre lo helado del blanco? —¿Por qué? Preguntó, pero no hubo respuesta. El frío inmisericorde parecía esperar la oportunidad para colarse en su garganta, quemarla, recordarle algo importante. Sólo toma un segundo. ... —No sé... No sé cómo alguien pudo enterarse... De vuelta en su habitación de hotel con [Pandemonium.ft] y el pequeño zorro, el ocre del ocaso pintando todo. Todo, incluído el afiche sobre la mesa. "Se busca, viva o muerta". Más terminología criminal que le resulta abrumadora. Y, las letras más gruesas, más acusatorias: "Asesina". —Ellos creen que yo... ¿Por qué? Pero yo nunca... creí que... Sólo toma un segundo. Su garganta colapsa, el mundo implosiona en un punto dentro de su pecho. Las lágrimas no salen, como si el caos las confundiera, la sequedad de sus mejillas heladas siendo más acordes al momento. Y el recuento llega, expuesto para Chloe. Esa noche de invierno hace tres años. La terrible ventisca siberiana, el carruaje en la penumbra, el sinuoso camino rural que al pobre caballo le sirvió de tumba... los gritos de auxilio que llamaron la atención de Irura. ¿Viajeros, a esa hora, en esa temporada? Un buen motivo debían tener. O ninguno. La y el lugar para quien no tenía rumbo y uno desesperadamente buscaba. Un rumbo, o un final. "¿Por qué?" Eso preguntó ella al llegar a la escena. Una garganta colapsa, las gárgaras de sangre reemplazas sus palabras. ¿Quién lo hizo? ¿Acaso importa? Sólo toma un segundo. Sólo es un error. Retiró el arma del cuello del hombre, a sabiendas de que ya nada había para él en este plano. De que el cruel y frío acero sólo prolongaba su suplicio. Sólo toma un segundo, un acto de fatídica, quizás torpe compasión. Un error. —Yo no lo hice, cuando... cuando yo llegué, él ya estaba... él ya había... Hiperventilaba, sus palabras arrastrando a través de la nieve que de rojo se pintó aquella noche. "Asesina". Sólo toma un segundo convertirse en una.
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  • Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
    Esto se ha publicado como Out Of Character.
    Tenlo en cuenta al responder.
    Esta semana 23 personajes 3D han abandonado la plataforma, ya sea por decisión propia o por inactividad prolongada. Siempre da un poquito de pena despedir a tantos, pero forma parte del ciclo natural del rol.

    Recordad que existe el modo hiatus para quienes necesiten ausentarse un tiempo y tengan intención de volver. Eso sí: es una herramienta pensada para ausencias temporales, no para dejar un personaje aparcado durante un año sin actividad. Usemos el modo Hiatus de forma responsable para que FicRol se mantenga sano, claro y dinámico para todos.

    Gracias por vuestra comprensión y por cuidar la comunidad.
    Esta semana 23 personajes 3D han abandonado la plataforma, ya sea por decisión propia o por inactividad prolongada. Siempre da un poquito de pena despedir a tantos, pero forma parte del ciclo natural del rol. Recordad que existe el modo hiatus para quienes necesiten ausentarse un tiempo y tengan intención de volver. Eso sí: es una herramienta pensada para ausencias temporales, no para dejar un personaje aparcado durante un año sin actividad. Usemos el modo Hiatus de forma responsable para que FicRol se mantenga sano, claro y dinámico para todos. Gracias por vuestra comprensión y por cuidar la comunidad. 💛
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  • ⠀⠀"En la cima, siempre estarás solo", una frase que atesoró al paso de los siglos, porque su verdad siempre fue absoluta. Desde que tiene memoria, y sus talentos afloraron en batalla, no había piedra u obstáculo que no pudiera domar.

    ⠀⠀Su cabellera, blanca y pura, se teñía en carmesí de forma habitual, el denso ambiente tribal de una salvaje naturaleza, incluso más que un puma; la humana. En constante crecimiento, una marea que no paraba de arrasar con todo, barcos, enemigos y... amigos.

    ⠀⠀Clavaba su espada, tallada en hueso y marcada con el espiral de su gente, en un macabro suelo, tierra húmeda rodeada de gente que alguna vez compartió sus ideales, otros se oponían y otros simplemente querían huir, pero incautos del peligro quedaron atrapados. No sentía remordimientos por almas que no escogieron morir, pero sí se sentía celoso, de aquellos que aun podían experimentar la adrenalina de la muerte cercana. De un combate que hirviera la sangre, y callara los pensamientos.
    ⠀⠀Pero eso se había ido. Una imagen tan vívida de una añoranza, un recuerdo feliz que jamás llegó.

    ⠀⠀Despertó. Aturdido por el sueño prolongado, tardada había sido aquella sesión de meditación que se enfrascó en el mundo de lo onírico. Su mente comenzó a confabular, pero esa pradera solitaria, solo iluminada por un atardecer familiar.

    ⠀⠀Justo como el de ese recuerdo...

    ⠀⠀Qué dicha aquellos que podían morir dándolo todo. Pero no era su caso, tendría que seguir buscando, y lo haría. Porque no había propósito más grande que su ego.
    ⠀⠀El fantasma del pueblo calchaquí se levantó de su cama de hojas, tomó su saco y continuó su camino.

    ⠀⠀Un rumbo incierto que esperaba, lo llevara a vivir combates impresionantes.




    ⠀ ⠀ ⠀ ⠀ ⠀ ⠀⠀"En la cima, siempre estarás solo", una frase que atesoró al paso de los siglos, porque su verdad siempre fue absoluta. Desde que tiene memoria, y sus talentos afloraron en batalla, no había piedra u obstáculo que no pudiera domar. ⠀⠀Su cabellera, blanca y pura, se teñía en carmesí de forma habitual, el denso ambiente tribal de una salvaje naturaleza, incluso más que un puma; la humana. En constante crecimiento, una marea que no paraba de arrasar con todo, barcos, enemigos y... amigos. ⠀⠀Clavaba su espada, tallada en hueso y marcada con el espiral de su gente, en un macabro suelo, tierra húmeda rodeada de gente que alguna vez compartió sus ideales, otros se oponían y otros simplemente querían huir, pero incautos del peligro quedaron atrapados. No sentía remordimientos por almas que no escogieron morir, pero sí se sentía celoso, de aquellos que aun podían experimentar la adrenalina de la muerte cercana. De un combate que hirviera la sangre, y callara los pensamientos. ⠀⠀Pero eso se había ido. Una imagen tan vívida de una añoranza, un recuerdo feliz que jamás llegó. ⠀⠀Despertó. Aturdido por el sueño prolongado, tardada había sido aquella sesión de meditación que se enfrascó en el mundo de lo onírico. Su mente comenzó a confabular, pero esa pradera solitaria, solo iluminada por un atardecer familiar. ⠀⠀Justo como el de ese recuerdo... ⠀⠀Qué dicha aquellos que podían morir dándolo todo. Pero no era su caso, tendría que seguir buscando, y lo haría. Porque no había propósito más grande que su ego. ⠀⠀El fantasma del pueblo calchaquí se levantó de su cama de hojas, tomó su saco y continuó su camino. ⠀⠀Un rumbo incierto que esperaba, lo llevara a vivir combates impresionantes. ⠀ ⠀ ⠀ ⠀ ⠀
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    Esta semana, 18 personajes han abandonado la plataforma, ya sea por decisión propia o por inactividad.

    Recordad que, si vais a ausentaros durante un tiempo prolongado, es aconsejable activar el modo hiatus para evitar la eliminación automática.

    Gracias por cuidar vuestro espacio y el de la comunidad.
    Esta semana, 18 personajes han abandonado la plataforma, ya sea por decisión propia o por inactividad. Recordad que, si vais a ausentaros durante un tiempo prolongado, es aconsejable activar el modo hiatus para evitar la eliminación automática. Gracias por cuidar vuestro espacio y el de la comunidad. 💛
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  • Su jornada había llegado a su fin más pronto de lo esperado.

    Explorar lo vasto de Hyrule solía consumir la mayor parte de su día, en especial cuando debía encargarse de unos cuantos campamentos de bokoblins y moblins que se atravesaban en su camino.

    Y no solo las batallas absorbían su tiempo, su sensor cobraba vida con frecuencia, detectando templos y cofres cercanos. Pasar de una actividad a otra conforme avanzaba en su trayecto terminaba por mantenerlo lejos de su hogar en la aldea Arkadia hasta entrada la noche.

    Perder la noción del tiempo siempre era peligroso. Durante el día era común encontrarse con enemigos, pero las criaturas nocturnas que emergían de la tierra podían resultar aún más problemáticas. A diferencia de los monstruos que enfrentaba bajo la luz del sol, aquellos esqueletos eran más complicados de eliminar si no se les atacaba directamente en la cabeza.

    Un ruido seco interrumpió el silencio.
    Link se detuvo de inmediato, tensando la cuerda del arco sin pensarlo dos veces.

    Algo se movía entre los matorrales cercanos. Podía oír el crujido de huesos y el golpeteo irregular de una mandíbula abriéndose y cerrándose.

    Frunció el ceño y giró apenas el cuerpo hacia el origen del sonido.
    El brillo amarillento de unas cuencas vacías se asomó entre las sombras, confirmando lo que temía: un stalbokoblin. Y, por el sonido, no venía solo.

    Retrocedió con precisión medida, tomando una mejor posición.
    El aire frío de la noche rozó su rostro cuando volvió a tensar el arco. Su respiración se estabilizó; el pulso firme, como siempre antes de un disparo.

    El primero cayó sin dificultad, pero los demás comenzaron a surgir de la tierra, levantando polvo y hojas secas. Link apretó la mandíbula, la determinación encendida en su mirada.

    Sabía que no podía perder tiempo.
    Si no los eliminaba rápido, terminarían rodeándolo o rearmándose, prolongando una batalla interminable.

    El eco de las flechas resonó entre los árboles hasta que solo quedó el susurro del viento.
    Permaneció inmóvil unos segundos, observando los restos de los esqueletos esparcidos en la hierba mientras algunos cráneos se desvanecían en una nube de humo. Había aprendido a no celebrar victorias, en Hyrule, la calma rara vez duraba demasiado.

    Conforme el silencio regresó, dejó escapar una exhalación lenta que no sabía que había estado conteniendo.
    Sus hombros, tensos durante toda la pelea, bajaron apenas con un gesto casi imperceptible mientras ajustaba el agarre del arco y lo colocaba en su espalda.

    Alzó la vista hacia el cielo, dejando que el brillo de las estrellas guiara su camino de regreso, no sin antes recoger algunas piezas útiles para nuevas armas.

    Mientras avanzaba, el crujido suave de la hierba bajo sus botas le recordó que aún quedaba un largo trayecto hasta casa, pero la noche estaba tranquila… al menos por ahora.

    Su jornada había llegado a su fin más pronto de lo esperado. Explorar lo vasto de Hyrule solía consumir la mayor parte de su día, en especial cuando debía encargarse de unos cuantos campamentos de bokoblins y moblins que se atravesaban en su camino. Y no solo las batallas absorbían su tiempo, su sensor cobraba vida con frecuencia, detectando templos y cofres cercanos. Pasar de una actividad a otra conforme avanzaba en su trayecto terminaba por mantenerlo lejos de su hogar en la aldea Arkadia hasta entrada la noche. Perder la noción del tiempo siempre era peligroso. Durante el día era común encontrarse con enemigos, pero las criaturas nocturnas que emergían de la tierra podían resultar aún más problemáticas. A diferencia de los monstruos que enfrentaba bajo la luz del sol, aquellos esqueletos eran más complicados de eliminar si no se les atacaba directamente en la cabeza. Un ruido seco interrumpió el silencio. Link se detuvo de inmediato, tensando la cuerda del arco sin pensarlo dos veces. Algo se movía entre los matorrales cercanos. Podía oír el crujido de huesos y el golpeteo irregular de una mandíbula abriéndose y cerrándose. Frunció el ceño y giró apenas el cuerpo hacia el origen del sonido. El brillo amarillento de unas cuencas vacías se asomó entre las sombras, confirmando lo que temía: un stalbokoblin. Y, por el sonido, no venía solo. Retrocedió con precisión medida, tomando una mejor posición. El aire frío de la noche rozó su rostro cuando volvió a tensar el arco. Su respiración se estabilizó; el pulso firme, como siempre antes de un disparo. El primero cayó sin dificultad, pero los demás comenzaron a surgir de la tierra, levantando polvo y hojas secas. Link apretó la mandíbula, la determinación encendida en su mirada. Sabía que no podía perder tiempo. Si no los eliminaba rápido, terminarían rodeándolo o rearmándose, prolongando una batalla interminable. El eco de las flechas resonó entre los árboles hasta que solo quedó el susurro del viento. Permaneció inmóvil unos segundos, observando los restos de los esqueletos esparcidos en la hierba mientras algunos cráneos se desvanecían en una nube de humo. Había aprendido a no celebrar victorias, en Hyrule, la calma rara vez duraba demasiado. Conforme el silencio regresó, dejó escapar una exhalación lenta que no sabía que había estado conteniendo. Sus hombros, tensos durante toda la pelea, bajaron apenas con un gesto casi imperceptible mientras ajustaba el agarre del arco y lo colocaba en su espalda. Alzó la vista hacia el cielo, dejando que el brillo de las estrellas guiara su camino de regreso, no sin antes recoger algunas piezas útiles para nuevas armas. Mientras avanzaba, el crujido suave de la hierba bajo sus botas le recordó que aún quedaba un largo trayecto hasta casa, pero la noche estaba tranquila… al menos por ahora.
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