• -Logan tenia poco tiempo de haber regresado ah su universo de origen. Unos dias al menos pero claro la felicidad no pudo durarle mucho. Estaban desayunando el y Loona asta que escucharon disparos en la parte inferior de su departamento algo extraño penso Loona. Algo Normal para Logan, pero entre esos disparos habia voces que reconocia eran esos cientificos otra vez. Rapidamente tomo sus armas y le ordeno a Loona
    Y su acompañante que se escondieran dandole un arma a cada uno para asi equiparse con un machete y una pistola solamente ademas de algunos cargadores. No portaba su mascara ya que creyo que no la nesecitaria más. Que equivocado estaba-

    Quedense aqui...no salgan...

    -mencionaba antes de salir por la puerta principal. Se escuchaba el elevador de el edificio subiendo ademas de diferentes pasos en las escaleras. Armados asta los dientes al ver la chamarra de logan lo identidicaron ademas de por sus visores con reconocimiento facial, Logan comenzo a disparar a algunos hombres dando en la cabeza perfectamente para despues entrar a un departamento tomando covertura -

    - esperaba a que se asecaran y al aserlo tomo el cañon de el arma de uno de ellos seguido de bajarlo y disparar con su arma en el cuello enemigo y despues a la pierna de otros dos hombres, le hacia un derribe al hombre que tenia enfrente para despues disparar a la cabeza de los hombres con disparos en las piernas. Despues volvía a tomar covertura. Las balas llovian como gotas de agua pesadas, se escuchaba como pasaban serca de el y su covertura golpeando la pared de vez en cuando -

    -Al escuchar que recargaban salio de su luhar para asi disparar a sus abdomenes luego sus cabezas seguido de hacer una recarga tactica lanzando el cargador eh introduciendo el nuevo para despues jalar la corredera ligeramente hacia atras comprobando su munición para despues dejarla ir hacia enfrente . . . Pasarian una hora de lucha entre disparos y golpes en los que mato a 200 hombres. Habia uno en especial que recordaba con mucho odio, era el que lo aparto de su hermana-

    -lo miraba enfundando su arma para asi sacar su machete, el hombre suplicaba y rogaba que lo perdonara. Pero Logan no decia ni una palabra, se escucharon pasos detras de el pero sabia quienes eran-

    Fue el...el me aparto de ti

    -dise para despues elevar su brazo y encajar el machete en su cabeza repetidas veces asta que la cabeza de el hombre quedo irreconocible. Hecha pedazos-

    Seguiran viniendo...pero se les agotaran los recursos...se pelearan entre ellos... y al fin de cuentas...acabe con ellos

    -dise elevando el machete mirando la sangre en su rostro y la hoja de el machete-
    -Logan tenia poco tiempo de haber regresado ah su universo de origen. Unos dias al menos pero claro la felicidad no pudo durarle mucho. Estaban desayunando el y Loona asta que escucharon disparos en la parte inferior de su departamento algo extraño penso Loona. Algo Normal para Logan, pero entre esos disparos habia voces que reconocia eran esos cientificos otra vez. Rapidamente tomo sus armas y le ordeno a Loona Y su acompañante que se escondieran dandole un arma a cada uno para asi equiparse con un machete y una pistola solamente ademas de algunos cargadores. No portaba su mascara ya que creyo que no la nesecitaria más. Que equivocado estaba- Quedense aqui...no salgan... -mencionaba antes de salir por la puerta principal. Se escuchaba el elevador de el edificio subiendo ademas de diferentes pasos en las escaleras. Armados asta los dientes al ver la chamarra de logan lo identidicaron ademas de por sus visores con reconocimiento facial, Logan comenzo a disparar a algunos hombres dando en la cabeza perfectamente para despues entrar a un departamento tomando covertura - - esperaba a que se asecaran y al aserlo tomo el cañon de el arma de uno de ellos seguido de bajarlo y disparar con su arma en el cuello enemigo y despues a la pierna de otros dos hombres, le hacia un derribe al hombre que tenia enfrente para despues disparar a la cabeza de los hombres con disparos en las piernas. Despues volvía a tomar covertura. Las balas llovian como gotas de agua pesadas, se escuchaba como pasaban serca de el y su covertura golpeando la pared de vez en cuando - -Al escuchar que recargaban salio de su luhar para asi disparar a sus abdomenes luego sus cabezas seguido de hacer una recarga tactica lanzando el cargador eh introduciendo el nuevo para despues jalar la corredera ligeramente hacia atras comprobando su munición para despues dejarla ir hacia enfrente . . . Pasarian una hora de lucha entre disparos y golpes en los que mato a 200 hombres. Habia uno en especial que recordaba con mucho odio, era el que lo aparto de su hermana- -lo miraba enfundando su arma para asi sacar su machete, el hombre suplicaba y rogaba que lo perdonara. Pero Logan no decia ni una palabra, se escucharon pasos detras de el pero sabia quienes eran- Fue el...el me aparto de ti -dise para despues elevar su brazo y encajar el machete en su cabeza repetidas veces asta que la cabeza de el hombre quedo irreconocible. Hecha pedazos- Seguiran viniendo...pero se les agotaran los recursos...se pelearan entre ellos... y al fin de cuentas...acabe con ellos -dise elevando el machete mirando la sangre en su rostro y la hoja de el machete-
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  • Sigue probando el modo abejita, suerte que aún Caine no lo ha visto o capaz no lo suelta. Está vez, Anima está en forma de evento aleatorio, regalará una flor de la suerte a aquellos usuarios que encuentre. Y está, les permitirá disminuir la dificultad de la aventura en un momento dado de las mismas, es de un solo uso.
    Sigue probando el modo abejita, suerte que aún Caine no lo ha visto o capaz no lo suelta. Está vez, Anima está en forma de evento aleatorio, regalará una flor de la suerte a aquellos usuarios que encuentre. Y está, les permitirá disminuir la dificultad de la aventura en un momento dado de las mismas, es de un solo uso.
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  • Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
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    "Esto es solo una prueba para ver si la app funciona bien.....probando....*Ruido de interferencia*.....Probando...1,2,3.....*Más ruido de interferencia como una radio.*......."
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  • 𝑨 𝒅𝒓𝒂𝒈𝒐𝒏 𝒘𝒊𝒕𝒉𝒐𝒖𝒕 𝒊𝒕𝒔 𝒓𝒊𝒅𝒆𝒓 𝒊𝒔 𝒂 𝒕𝒓𝒂𝒈𝒆𝒅𝒚. 𝑨 𝒓𝒊𝒅𝒆𝒓 𝒘𝒊𝒕𝒉𝒐𝒖𝒕 𝒕𝒉𝒆𝒊𝒓 𝒅𝒓𝒂𝒈𝒐𝒏 𝒊𝒔 𝒅𝒆𝒂𝒅.
    Fandom Fourth Wing
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    Nunca hubiese pensado que podría llevar tanto tiempo viva desde que se convirtió en cadete. Si era cierto que había sido más inteligente que el resto con los retos, pero su condición física necesitaba mejorar.

    Cada día se ponía la armadura que le había dado Mira, así como las vendas para proteger sus extremidades, cosa que Tairn se encargaba de recordarle, puesto que necesitaba mantenerse durante más tiempo sobre su dragón. Además, el último enfrentamiento con Jack que resultó en su ingreso en la enfermería había sido una victoria personal para ella, aunque eso hubiese desembocado en que 𝐗𝐚𝐝𝐞𝐧 𝕽𝖎𝖔𝖗𝖘𝖔𝖓 hubiese decidido que era momento de que él se encargase de su entrenamiento personalmente.

    Sabía que no era rival para él, y menos todavía sin un sello propio. Tenía no solamente a un dragón impresionante vinculado a ella, sino que tenía a dos dragones, una cosa que no es para nada lo habitual, y que había hecho que tuviese una diana constante en su espalda.

    Se separó de Rhi en cuanto llegaron a las esteras, puesto que ella tenía que entrenar con Xaden. Todavía no entendía bien cómo funcionaba el supuesto vínculo que al parecer compartían debido a la relación de Tairn y Sgaeyl, pero le molestaba que el contrario parecía controlarlo mucho mejor que ella.

    No quiso buscar con la mirada al líder de ala, decidió quedarse en la estera, comprobando que tenía todas sus dagas en las fundas.
    Nunca hubiese pensado que podría llevar tanto tiempo viva desde que se convirtió en cadete. Si era cierto que había sido más inteligente que el resto con los retos, pero su condición física necesitaba mejorar. Cada día se ponía la armadura que le había dado Mira, así como las vendas para proteger sus extremidades, cosa que Tairn se encargaba de recordarle, puesto que necesitaba mantenerse durante más tiempo sobre su dragón. Además, el último enfrentamiento con Jack que resultó en su ingreso en la enfermería había sido una victoria personal para ella, aunque eso hubiese desembocado en que [ember_yellow_octopus_111] hubiese decidido que era momento de que él se encargase de su entrenamiento personalmente. Sabía que no era rival para él, y menos todavía sin un sello propio. Tenía no solamente a un dragón impresionante vinculado a ella, sino que tenía a dos dragones, una cosa que no es para nada lo habitual, y que había hecho que tuviese una diana constante en su espalda. Se separó de Rhi en cuanto llegaron a las esteras, puesto que ella tenía que entrenar con Xaden. Todavía no entendía bien cómo funcionaba el supuesto vínculo que al parecer compartían debido a la relación de Tairn y Sgaeyl, pero le molestaba que el contrario parecía controlarlo mucho mejor que ella. No quiso buscar con la mirada al líder de ala, decidió quedarse en la estera, comprobando que tenía todas sus dagas en las fundas.
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  • ༒𓂀 𝔸𝕝𝕒𝕤𝕥𝕠𝕣 𝕿𝖍𝖊 𝕽𝖆𝖉𝖎𝖔 𝕯𝖊𝖒𝖔𝖓𓂀༒

    -Las cuerdas estaban bien ajustadas. Demasiado bien,Leon probó apenas la tensión en sus muñecas,No era la primera vez que terminaba atado a una silla aunque definitivamente sí la más extraña. El ambiente se sentía curioso ,como si el aire mismo lo estuviera observando.Aun así, su expresión no cambiaba, esa sonrisa ladeada que nunca prometía nada bueno-

    He estado en interrogatorios peores…

    —murmuró, dejando escapar una pequeña risa por lo bajo, levantando la mirada hacia la figura frente a él—

    Aunque debo decir que tú sí sabes cómo hacer una entrada dramática.

    -Sus ojos recorrieron con calma a Alastor, sereno y algo más juguetón.
    Leon inclinó apenas la cabeza, como si en lugar de estar atado estuviera evaluando a un adversario interesante-

    Déjame adivinar…

    —continuó, con tono ligero—.

    ¿El castigo es por tomar algo sin permiso o porque no pregunte ?

    -Sus dedos se movieron apenas dentro de las ataduras, comprobando límites, calculando pero su atención nunca abandonó a Alastor.-

    Porque si es lo segundo…

    —añadió, su sonrisa ensanchándose un poco más—

    puedo arreglarlo cuando quieras.

    -Con descaro elegante que parecía empeñado en provocar algo más que un simple castigo.
    Y, muy en el fondo… Leon estaba esperando ver hasta dónde llegaba esa sonrisa inquietante frente a él.-

    [Alastor_rabbit] -Las cuerdas estaban bien ajustadas. Demasiado bien,Leon probó apenas la tensión en sus muñecas,No era la primera vez que terminaba atado a una silla aunque definitivamente sí la más extraña. El ambiente se sentía curioso ,como si el aire mismo lo estuviera observando.Aun así, su expresión no cambiaba, esa sonrisa ladeada que nunca prometía nada bueno- He estado en interrogatorios peores… —murmuró, dejando escapar una pequeña risa por lo bajo, levantando la mirada hacia la figura frente a él— Aunque debo decir que tú sí sabes cómo hacer una entrada dramática. -Sus ojos recorrieron con calma a Alastor, sereno y algo más juguetón. Leon inclinó apenas la cabeza, como si en lugar de estar atado estuviera evaluando a un adversario interesante- Déjame adivinar… —continuó, con tono ligero—. ¿El castigo es por tomar algo sin permiso o porque no pregunte ? -Sus dedos se movieron apenas dentro de las ataduras, comprobando límites, calculando pero su atención nunca abandonó a Alastor.- Porque si es lo segundo… —añadió, su sonrisa ensanchándose un poco más— puedo arreglarlo cuando quieras. -Con descaro elegante que parecía empeñado en provocar algo más que un simple castigo. Y, muy en el fondo… Leon estaba esperando ver hasta dónde llegaba esa sonrisa inquietante frente a él.-
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  • Probando como se me ve el cabello largo
    ¿Se ve bien?
    Probando como se me ve el cabello largo ¿Se ve bien?
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  • El Silencio de los Lazarev
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    Moscú, febrero. El hielo no solo cubre las calles.

    Sasha Lazarev no creía en los segundos platos. Nunca los había necesitado. Cuando algo quería, lo tomaba. Cuando algo —o alguien— le pertenecía, lo marcaba con la misma precisión quirúrgica con la que sus hombres marcaban a los traidores: sin piedad, sin borrón, para siempre.
    Estaba de pie en el balcón de su penthouse en la Torre Imperia, el viento mordiendo su rostro como un amante impaciente. Moscú brillaba bajo ella, una constelación de luces frías que ella misma había encendido y extinguido a su antojo. Los viejos del bratva la llamaban belaya smert —muerte blanca— porque nunca advertía, nunca negociaba, nunca perdonaba.
    Y esa noche, la muerte blanca tenía un nombre nuevo en sus labios.
    —On prishël -murmuró Dmitri desde la penumbra del salón. —Ya está aquí.
    Sasha no se volvió de inmediato. Disfrutaba de ese instante previo, de la electricidad que precede a la tormenta. Se llevó el vaso de vodka a los labios, cristal tallado, herencia de su abuela, la única mujer que había amado sin reservas, y dejó que el líquido le quemara las entrañas antes de girarse.
    El hombre que los suyos habían traído arrastrado, más bien, no parecía un prisionero. No parecía nada que ella hubiera visto antes. Estaba arrodillado sobre la alfombra persa, manos atadas a la espalda, ropa de diseñador manchada de sangre que no era suya. Pero sus ojos..., sus ojos. Ámbar oscuro, con una calma que no correspondía a la situación. Una calma que Sasha reconocía porque ella misma la había cultivado durante años, capa sobre capa, hasta convertirla en armadura.
    —Tu..—dijo, y su voz salió más baja de lo que pretendía, ronca como el roce de terciopelo contra navaja—.
    El prisionero inclinó la cabeza. No en señal de sumisión. En algo más peligroso. Curiosidad.
    —Depende —respondió, y su acento era un misterio, mitad San Petersburgo aristocrático, mitad algo que ella no pudo ubicar—. ¿De si la ofrenda es un regalo... o una trampa camuflada?
    Sasha dejó el vaso sobre la mesa de obsidiana. El sonido resonó como un disparo en la habitación silenciosa. Dio tres pasos hacia él, sus tacones de Louboutin hundiéndose en la alfombra con cada golpe deliberado. Cuando estuvo lo suficientemente cerca para oler su piel, sudor, sí, pero también algo amargo, algo eléctrico, como tormenta contenida. Se agachó. Un dedo enguantado de cuero le levantó la barbilla.
    —Tus tíos me prometieron que serías fácil de romper —murmuró, casi para sí misma—. Que eres un cobarde con gusto por el arte y las mujeres de compañía. Que lloraría.
    Sonrió. No una sonrisa de súplica. Una sonrisa que iluminó algo oscuro en el rostro de Sasha, algo que ella había enterrado bajo cimientos de cadáveres.
    —Tus informantes mienten, Sasha Lazarev —dijo él, pronunciando su nombre como si lo estuviera probando, como si fuera un vino caro o un veneno exótico—. O quizás... —inclinó la cabeza, y por un instante sus labios estuvieron peligrosamente cerca de su oreja— ...quizás tú y yo somos el mismo tipo de mentira.
    Sasha se tensó. Nadie se atrevía a invadir su espacio así. Su mano se movió instintivamente hacia la navaja que llevaba en el muslo, pero se detuvo. Porque no había retrocedido. Porque algo en su mirada decía que él también tenía un cuchillo escondido, que él también sabía exactamente dónde apuntar para hacer sangrar.
    —Llévenselo —ordenó, enderezándose bruscamente, y su voz recuperó el filo de acero habitual—. Al sótano. Quiero que el Doktor Sokolov lo examine. Cada centímetro de su piel, cada cicatriz, cada secreto.
    Cuando sus hombres lo llevan fuera de la habitación, Sasha permaneció inmóvil, mirando las huellas de sangre que dejaba en su alfombra. Su alfombra. Su espacio. Su prisionero.

    Y sin embargo, cuando cerró los ojos esa noche —horas después, con el vodka ya convertido en ceniza en su estómago— no vio el rostro de su padre asesinado. No vio la venganza que había perseguido durante quince años.
    Vio ojos ámbar. Vio una sonrisa que no temía a la muerte.
    Vio, por primera vez en décadas, algo que no sabía cómo destruir.
    Moscú, febrero. El hielo no solo cubre las calles. Sasha Lazarev no creía en los segundos platos. Nunca los había necesitado. Cuando algo quería, lo tomaba. Cuando algo —o alguien— le pertenecía, lo marcaba con la misma precisión quirúrgica con la que sus hombres marcaban a los traidores: sin piedad, sin borrón, para siempre. Estaba de pie en el balcón de su penthouse en la Torre Imperia, el viento mordiendo su rostro como un amante impaciente. Moscú brillaba bajo ella, una constelación de luces frías que ella misma había encendido y extinguido a su antojo. Los viejos del bratva la llamaban belaya smert —muerte blanca— porque nunca advertía, nunca negociaba, nunca perdonaba. Y esa noche, la muerte blanca tenía un nombre nuevo en sus labios. —On prishël -murmuró Dmitri desde la penumbra del salón. —Ya está aquí. Sasha no se volvió de inmediato. Disfrutaba de ese instante previo, de la electricidad que precede a la tormenta. Se llevó el vaso de vodka a los labios, cristal tallado, herencia de su abuela, la única mujer que había amado sin reservas, y dejó que el líquido le quemara las entrañas antes de girarse. El hombre que los suyos habían traído arrastrado, más bien, no parecía un prisionero. No parecía nada que ella hubiera visto antes. Estaba arrodillado sobre la alfombra persa, manos atadas a la espalda, ropa de diseñador manchada de sangre que no era suya. Pero sus ojos..., sus ojos. Ámbar oscuro, con una calma que no correspondía a la situación. Una calma que Sasha reconocía porque ella misma la había cultivado durante años, capa sobre capa, hasta convertirla en armadura. —Tu..—dijo, y su voz salió más baja de lo que pretendía, ronca como el roce de terciopelo contra navaja—. El prisionero inclinó la cabeza. No en señal de sumisión. En algo más peligroso. Curiosidad. —Depende —respondió, y su acento era un misterio, mitad San Petersburgo aristocrático, mitad algo que ella no pudo ubicar—. ¿De si la ofrenda es un regalo... o una trampa camuflada? Sasha dejó el vaso sobre la mesa de obsidiana. El sonido resonó como un disparo en la habitación silenciosa. Dio tres pasos hacia él, sus tacones de Louboutin hundiéndose en la alfombra con cada golpe deliberado. Cuando estuvo lo suficientemente cerca para oler su piel, sudor, sí, pero también algo amargo, algo eléctrico, como tormenta contenida. Se agachó. Un dedo enguantado de cuero le levantó la barbilla. —Tus tíos me prometieron que serías fácil de romper —murmuró, casi para sí misma—. Que eres un cobarde con gusto por el arte y las mujeres de compañía. Que lloraría. Sonrió. No una sonrisa de súplica. Una sonrisa que iluminó algo oscuro en el rostro de Sasha, algo que ella había enterrado bajo cimientos de cadáveres. —Tus informantes mienten, Sasha Lazarev —dijo él, pronunciando su nombre como si lo estuviera probando, como si fuera un vino caro o un veneno exótico—. O quizás... —inclinó la cabeza, y por un instante sus labios estuvieron peligrosamente cerca de su oreja— ...quizás tú y yo somos el mismo tipo de mentira. Sasha se tensó. Nadie se atrevía a invadir su espacio así. Su mano se movió instintivamente hacia la navaja que llevaba en el muslo, pero se detuvo. Porque no había retrocedido. Porque algo en su mirada decía que él también tenía un cuchillo escondido, que él también sabía exactamente dónde apuntar para hacer sangrar. —Llévenselo —ordenó, enderezándose bruscamente, y su voz recuperó el filo de acero habitual—. Al sótano. Quiero que el Doktor Sokolov lo examine. Cada centímetro de su piel, cada cicatriz, cada secreto. Cuando sus hombres lo llevan fuera de la habitación, Sasha permaneció inmóvil, mirando las huellas de sangre que dejaba en su alfombra. Su alfombra. Su espacio. Su prisionero. Y sin embargo, cuando cerró los ojos esa noche —horas después, con el vodka ya convertido en ceniza en su estómago— no vio el rostro de su padre asesinado. No vio la venganza que había perseguido durante quince años. Vio ojos ámbar. Vio una sonrisa que no temía a la muerte. Vio, por primera vez en décadas, algo que no sabía cómo destruir.
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  • — Uhm, el cabello corto no se ve nada de mal. — Es una peluca, esta probando nuevos estilos. (?)
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  • Una fina línea.
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    Categoría Acción
    [En el interior de la mansión Blutrichter]

    Aunque rara vez se encontrase en la mansión de su familia, los pasillos ya le eran conocidos; demasiados años había pasado en este lugar, recordaba los entrenamientos como si aún estuviera pasando a través de ellos, entrenamientos tan violentos como eficaces, hechos para crear a los mejores cazadores que había, y es que de la familia Blutrichter no salían seres humanos, salían armas.

    La cazadora se detuvo frente a una puerta de adornos plateados, ojeando la manija se podían ver diferentes grabados del catolicismo, algo común en las pertenencias de la familia Blutrichter. Abrió la puerta y entró con paso rápido, y es que la habían llamado con prisas.

    En el centro de la sala había una luz, lugar donde se ubicaría la cazadora. Tratar de reconocer rostros era inútil, la oscuridad engullía a las personas que, con juicio, la observaban desde estrados posicionados para rodearla.

    ¿?: — Anneliese... — Dijo una voz grave, masculina.

    Podía reconocer esa voz, era su padre, el cabeza de la familia Blutrichter. Anneliese estaba firme, siempre lo estaba en presencia de sus superiores, pero la voz de su padre fue lo que hizo que tensara sus músculos. — Se ordenó mi presencia. — Pausó un segundo. — Anneliese se reporta, estado óptimo, lista para cumplir órdenes en nombre de los Blutrichter. — Dicho esto, una de sus rodillas besó el suelo y agachó la cabeza.

    ¿?: — Tenemos un nuevo destino para ti. — La voz pausó un momento antes de explicar la situación. — Se nos ha comunicado que el Vaticano requiere de nuestra ayuda, y como entenderás, debemos responder a este llamado. — La voz finalmente paró, permitiendo así a la cazadora alzar la voz.

    Anneliese alzó la cabeza lentamente antes de hablar. — ¿Bajo qué condiciones deberé operar? — Como era costumbre en ella, solicitaba toda la información disponible.

    ¿?: — Lo usual, pero esta vez se te asignará un compañero, desconocemos quién será, pero no dudamos que el Vaticano hará una buena elección. — Otra pausa. — En esta ocasión, serás portavoz de la familia, confío en que no fallarás. — Tras esto, el silencio reinó durante unos 15 segundos. — Retírate. — Finalizó.

    Sin esperar ni un segundo, la cazadora se retiró del lugar... Era momento de preparar el viaje, no fallaría a su familia.

    [Finalmente en el Vaticano]

    Los pasillos eran más angostos de lo que creía, llevaba rato siguiendo a alguien que, supuestamente, fue asignado para guiarla dentro del lugar. Sus ojos recorrían la figura del hombre tras cada paso, parecían haberse alejado bastante de cualquier oído curioso.

    Aunque había trabajado en misiones para el Vaticano varias veces, era la primera vez que se solicitaba su presencia directa a la hora de concretar la misión, era una experiencia nueva, pero no por ello estaba nerviosa, al contrario, tenía plena confianza en sus capacidades... Pero no sabía si podría decir lo mismo del compañero que se le asignaría.

    Tras otros 10 minutos de camino, llegaron a una puerta, grande, imponente "¿Por qué las proporciones eran tan exageradas en estos lugares?" Pensó, pero rápidamente empujó ese pensamiento a un lado cuando el hombre abrió la puerta, haciéndole señas para que entrase.

    Al entrar, el ambiente cambió por completo, los pasillos angostos se habían convertido en una gran sala con ornamentos que dejaban clara la riqueza que poseía el Vaticano, estaba claro que querían demostrar la grandeza del lugar, pero pese a lo que la cazadora pudiese pensar, esto sería una reunión.

    Frente a ella, en el centro de la sala se encontraban 5 hombres, todos la observaban con los mismos ojos vacíos, no sabía si la estaban juzgando o probando, pero sin perder el tiempo se colocó frente a ellos y alzó la voz. — Representando a la familia Blutrichter, Anneliese Blutrichter Eisenmark. — Habló alto y claro con voz firme.

    Los hombres se observaron entre si durante unos segundos, parece que estaban esperando a algo pero ¿A qué? Fue en ese momento que, desde la puerta de la que ella vino, se comenzaron a escuchar unos pasos aproximándose.
    [En el interior de la mansión Blutrichter] Aunque rara vez se encontrase en la mansión de su familia, los pasillos ya le eran conocidos; demasiados años había pasado en este lugar, recordaba los entrenamientos como si aún estuviera pasando a través de ellos, entrenamientos tan violentos como eficaces, hechos para crear a los mejores cazadores que había, y es que de la familia Blutrichter no salían seres humanos, salían armas. La cazadora se detuvo frente a una puerta de adornos plateados, ojeando la manija se podían ver diferentes grabados del catolicismo, algo común en las pertenencias de la familia Blutrichter. Abrió la puerta y entró con paso rápido, y es que la habían llamado con prisas. En el centro de la sala había una luz, lugar donde se ubicaría la cazadora. Tratar de reconocer rostros era inútil, la oscuridad engullía a las personas que, con juicio, la observaban desde estrados posicionados para rodearla. ¿?: — Anneliese... — Dijo una voz grave, masculina. Podía reconocer esa voz, era su padre, el cabeza de la familia Blutrichter. Anneliese estaba firme, siempre lo estaba en presencia de sus superiores, pero la voz de su padre fue lo que hizo que tensara sus músculos. — Se ordenó mi presencia. — Pausó un segundo. — Anneliese se reporta, estado óptimo, lista para cumplir órdenes en nombre de los Blutrichter. — Dicho esto, una de sus rodillas besó el suelo y agachó la cabeza. ¿?: — Tenemos un nuevo destino para ti. — La voz pausó un momento antes de explicar la situación. — Se nos ha comunicado que el Vaticano requiere de nuestra ayuda, y como entenderás, debemos responder a este llamado. — La voz finalmente paró, permitiendo así a la cazadora alzar la voz. Anneliese alzó la cabeza lentamente antes de hablar. — ¿Bajo qué condiciones deberé operar? — Como era costumbre en ella, solicitaba toda la información disponible. ¿?: — Lo usual, pero esta vez se te asignará un compañero, desconocemos quién será, pero no dudamos que el Vaticano hará una buena elección. — Otra pausa. — En esta ocasión, serás portavoz de la familia, confío en que no fallarás. — Tras esto, el silencio reinó durante unos 15 segundos. — Retírate. — Finalizó. Sin esperar ni un segundo, la cazadora se retiró del lugar... Era momento de preparar el viaje, no fallaría a su familia. [Finalmente en el Vaticano] Los pasillos eran más angostos de lo que creía, llevaba rato siguiendo a alguien que, supuestamente, fue asignado para guiarla dentro del lugar. Sus ojos recorrían la figura del hombre tras cada paso, parecían haberse alejado bastante de cualquier oído curioso. Aunque había trabajado en misiones para el Vaticano varias veces, era la primera vez que se solicitaba su presencia directa a la hora de concretar la misión, era una experiencia nueva, pero no por ello estaba nerviosa, al contrario, tenía plena confianza en sus capacidades... Pero no sabía si podría decir lo mismo del compañero que se le asignaría. Tras otros 10 minutos de camino, llegaron a una puerta, grande, imponente "¿Por qué las proporciones eran tan exageradas en estos lugares?" Pensó, pero rápidamente empujó ese pensamiento a un lado cuando el hombre abrió la puerta, haciéndole señas para que entrase. Al entrar, el ambiente cambió por completo, los pasillos angostos se habían convertido en una gran sala con ornamentos que dejaban clara la riqueza que poseía el Vaticano, estaba claro que querían demostrar la grandeza del lugar, pero pese a lo que la cazadora pudiese pensar, esto sería una reunión. Frente a ella, en el centro de la sala se encontraban 5 hombres, todos la observaban con los mismos ojos vacíos, no sabía si la estaban juzgando o probando, pero sin perder el tiempo se colocó frente a ellos y alzó la voz. — Representando a la familia Blutrichter, Anneliese Blutrichter Eisenmark. — Habló alto y claro con voz firme. Los hombres se observaron entre si durante unos segundos, parece que estaban esperando a algo pero ¿A qué? Fue en ese momento que, desde la puerta de la que ella vino, se comenzaron a escuchar unos pasos aproximándose.
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  • #Undíaenlavidade Derek Morgan

    Como cada mañana el despertador suena a las 5:45, salga a correr hasta el parque Northmark, se encuentra tres calles más arriba del barrio donde resido.
    Al regresar a casa me doy una rápida ducha antes de cambiarme de ropa.
    Desde mi cuarto llega el delicioso aroma del café recién hecho y también de la exquisita comida que prepara mi madre, lleva conmigo dos días.
    Aprovechando que finalmente he cogido los quince días de vacaciones que tanto había reemplazado para cogérmelas.
    Quiero pasar más tiempo con la gente que me importa y quiero, además después de lo que presencie en mis dos últimos casos necesitaba alejarme una pequeña temporada del trabajo y también de mis compañeros.

    -¡Echaba de menos tu deliciosa comida!
    Beso la mejilla derecha de mi madre mientras ella sonríe y nos acabamos abrazando, ninguno de los dos nos lo decimos mucho pero nos hemos echado bastante de menos.
    Soy un idiota por no llamarla más a menudo, es cierto que debido a mi trabajo el cuál se lleva la mayor parte de mi tiempo, me complica.
    En realidad es una de las muchas excusas que me pongo y ya no quiero seguir poniendo excusas a la gente que quiero.

    -Había pensado que podríamos salir a comer fuera y dar un paseo por el barrio.

    Sabía que mi idea la iba a encantar, ayer pasamos el día haciendo un picnic en un parque cercano, recordando los viejos tiempos.

    Primero fuimos a comer a uno de los restaurantes Italianos que suelo ir en los pocos días libres que tengo, luego dimos un paseo por el barrio mientras veíamos algunos escaparates y en otras tiendas entramos directamente.

    Llevo todas las bolsas no me importa llevarlas, reconozco que hacía mucho tiempo que no veía a mi madre tan contenta.

    Hicimos una última parada en una licorería, al principio me costó convencerla para que esta noche me dejará cocinar para ella.

    Es cierto que no soy un magnifico chef, pero me defiendo bastante bien.

    En la licorería compre una botella de vino blanco, combina a la perfección con las majestuosas Langosta que acabe preparando a la perfección.

    -¡Esto no lo has cocinado tú!

    Simplemente esbozo una sonrisa a la vez que le sirvo el plato, no me ha sorprendido en absoluto su comentario.

    -Voy a clases de cocina, por favor pruébalo.

    Mientras un poco a regañadientes termina probando mi plato, destapo el corcho de la botella para servirle un poco en su copa.
    -¿Qué te parece?.

    Le falto ponerse a cantar de pura alegría, yo simplemente no puedo dejar de reír, beber y comer, en compañía de la mejor madre del mundo.
    #Undíaenlavidade Derek Morgan Como cada mañana el despertador suena a las 5:45, salga a correr hasta el parque Northmark, se encuentra tres calles más arriba del barrio donde resido. Al regresar a casa me doy una rápida ducha antes de cambiarme de ropa. Desde mi cuarto llega el delicioso aroma del café recién hecho y también de la exquisita comida que prepara mi madre, lleva conmigo dos días. Aprovechando que finalmente he cogido los quince días de vacaciones que tanto había reemplazado para cogérmelas. Quiero pasar más tiempo con la gente que me importa y quiero, además después de lo que presencie en mis dos últimos casos necesitaba alejarme una pequeña temporada del trabajo y también de mis compañeros. -¡Echaba de menos tu deliciosa comida! Beso la mejilla derecha de mi madre mientras ella sonríe y nos acabamos abrazando, ninguno de los dos nos lo decimos mucho pero nos hemos echado bastante de menos. Soy un idiota por no llamarla más a menudo, es cierto que debido a mi trabajo el cuál se lleva la mayor parte de mi tiempo, me complica. En realidad es una de las muchas excusas que me pongo y ya no quiero seguir poniendo excusas a la gente que quiero. -Había pensado que podríamos salir a comer fuera y dar un paseo por el barrio. Sabía que mi idea la iba a encantar, ayer pasamos el día haciendo un picnic en un parque cercano, recordando los viejos tiempos. Primero fuimos a comer a uno de los restaurantes Italianos que suelo ir en los pocos días libres que tengo, luego dimos un paseo por el barrio mientras veíamos algunos escaparates y en otras tiendas entramos directamente. Llevo todas las bolsas no me importa llevarlas, reconozco que hacía mucho tiempo que no veía a mi madre tan contenta. Hicimos una última parada en una licorería, al principio me costó convencerla para que esta noche me dejará cocinar para ella. Es cierto que no soy un magnifico chef, pero me defiendo bastante bien. En la licorería compre una botella de vino blanco, combina a la perfección con las majestuosas Langosta que acabe preparando a la perfección. -¡Esto no lo has cocinado tú! Simplemente esbozo una sonrisa a la vez que le sirvo el plato, no me ha sorprendido en absoluto su comentario. -Voy a clases de cocina, por favor pruébalo. Mientras un poco a regañadientes termina probando mi plato, destapo el corcho de la botella para servirle un poco en su copa. -¿Qué te parece?. Le falto ponerse a cantar de pura alegría, yo simplemente no puedo dejar de reír, beber y comer, en compañía de la mejor madre del mundo.
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