#Undíaenlavidade Derek Morgan

Como cada mañana el despertador suena a las 5:45, salga a correr hasta el parque Northmark, se encuentra tres calles más arriba del barrio donde resido.
Al regresar a casa me doy una rápida ducha antes de cambiarme de ropa.
Desde mi cuarto llega el delicioso aroma del café recién hecho y también de la exquisita comida que prepara mi madre, lleva conmigo dos días.
Aprovechando que finalmente he cogido los quince días de vacaciones que tanto había reemplazado para cogérmelas.
Quiero pasar más tiempo con la gente que me importa y quiero, además después de lo que presencie en mis dos últimos casos necesitaba alejarme una pequeña temporada del trabajo y también de mis compañeros.

-¡Echaba de menos tu deliciosa comida!
Beso la mejilla derecha de mi madre mientras ella sonríe y nos acabamos abrazando, ninguno de los dos nos lo decimos mucho pero nos hemos echado bastante de menos.
Soy un idiota por no llamarla más a menudo, es cierto que debido a mi trabajo el cuál se lleva la mayor parte de mi tiempo, me complica.
En realidad es una de las muchas excusas que me pongo y ya no quiero seguir poniendo excusas a la gente que quiero.

-Había pensado que podríamos salir a comer fuera y dar un paseo por el barrio.

Sabía que mi idea la iba a encantar, ayer pasamos el día haciendo un picnic en un parque cercano, recordando los viejos tiempos.

Primero fuimos a comer a uno de los restaurantes Italianos que suelo ir en los pocos días libres que tengo, luego dimos un paseo por el barrio mientras veíamos algunos escaparates y en otras tiendas entramos directamente.

Llevo todas las bolsas no me importa llevarlas, reconozco que hacía mucho tiempo que no veía a mi madre tan contenta.

Hicimos una última parada en una licorería, al principio me costó convencerla para que esta noche me dejará cocinar para ella.

Es cierto que no soy un magnifico chef, pero me defiendo bastante bien.

En la licorería compre una botella de vino blanco, combina a la perfección con las majestuosas Langosta que acabe preparando a la perfección.

-¡Esto no lo has cocinado tú!

Simplemente esbozo una sonrisa a la vez que le sirvo el plato, no me ha sorprendido en absoluto su comentario.

-Voy a clases de cocina, por favor pruébalo.

Mientras un poco a regañadientes termina probando mi plato, destapo el corcho de la botella para servirle un poco en su copa.
-¿Qué te parece?.

Le falto ponerse a cantar de pura alegría, yo simplemente no puedo dejar de reír, beber y comer, en compañía de la mejor madre del mundo.
#Undíaenlavidade Derek Morgan Como cada mañana el despertador suena a las 5:45, salga a correr hasta el parque Northmark, se encuentra tres calles más arriba del barrio donde resido. Al regresar a casa me doy una rápida ducha antes de cambiarme de ropa. Desde mi cuarto llega el delicioso aroma del café recién hecho y también de la exquisita comida que prepara mi madre, lleva conmigo dos días. Aprovechando que finalmente he cogido los quince días de vacaciones que tanto había reemplazado para cogérmelas. Quiero pasar más tiempo con la gente que me importa y quiero, además después de lo que presencie en mis dos últimos casos necesitaba alejarme una pequeña temporada del trabajo y también de mis compañeros. -¡Echaba de menos tu deliciosa comida! Beso la mejilla derecha de mi madre mientras ella sonríe y nos acabamos abrazando, ninguno de los dos nos lo decimos mucho pero nos hemos echado bastante de menos. Soy un idiota por no llamarla más a menudo, es cierto que debido a mi trabajo el cuál se lleva la mayor parte de mi tiempo, me complica. En realidad es una de las muchas excusas que me pongo y ya no quiero seguir poniendo excusas a la gente que quiero. -Había pensado que podríamos salir a comer fuera y dar un paseo por el barrio. Sabía que mi idea la iba a encantar, ayer pasamos el día haciendo un picnic en un parque cercano, recordando los viejos tiempos. Primero fuimos a comer a uno de los restaurantes Italianos que suelo ir en los pocos días libres que tengo, luego dimos un paseo por el barrio mientras veíamos algunos escaparates y en otras tiendas entramos directamente. Llevo todas las bolsas no me importa llevarlas, reconozco que hacía mucho tiempo que no veía a mi madre tan contenta. Hicimos una última parada en una licorería, al principio me costó convencerla para que esta noche me dejará cocinar para ella. Es cierto que no soy un magnifico chef, pero me defiendo bastante bien. En la licorería compre una botella de vino blanco, combina a la perfección con las majestuosas Langosta que acabe preparando a la perfección. -¡Esto no lo has cocinado tú! Simplemente esbozo una sonrisa a la vez que le sirvo el plato, no me ha sorprendido en absoluto su comentario. -Voy a clases de cocina, por favor pruébalo. Mientras un poco a regañadientes termina probando mi plato, destapo el corcho de la botella para servirle un poco en su copa. -¿Qué te parece?. Le falto ponerse a cantar de pura alegría, yo simplemente no puedo dejar de reír, beber y comer, en compañía de la mejor madre del mundo.
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