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    | si alguien siente que le debo respuesta a algún rol que me pegue un aviso, porque ficrol no me ha estado notificando de nada.

    menos Marcus, que me acabo de topar con su respuesta así de pronto (?)
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  • ‎ * La Mansión Vanderbilt-Hayess era una maravilla arquitectónica; combinaba la elegancia de lo antiguo con la complejidad de lo moderno. Las grandes puertas del lugar se abrían con una lentitud imponente para una sola persona *



    ‎ — Muy buenas, joven Marcus. ¿Cómo estuvo su día hoy?



    ‎ * El ama de llaves recibía al "hijo" varón de la familia con sumo respeto. Marcus asintió en respuesta; le dijo que el día estuvo un poco pesado y, sin profundizar más, se dirigió directo a su habitación. Pero antes de que diera los primeros pasos, la mujer le entregó un paquete: al parecer, era un regalo. Marcus le dio un vistazo a la etiqueta de envío, pero no reconoció la dirección de origen. De igual forma, le agradeció y siguió su camino... A medida que subía las escaleras, recordaba lo tediosa que fue la reinscripción en la universidad; ahora solo tenía ganas de acostarse y dormir. En cuanto llegó a su habitación dejó el paquete en su escritorio, se quitó el saco, se aflojo la corbata y procedió a sentarse en el borde de su cama. Era increíble la atracción que podía sentir hacia su almohada, pero antes debía contestar un par de mensajes de sus padres —quienes se encontraban de viaje por cuestiones laborales—. Antes de escribirles, vio que ambos habían actualizado su foto de perfil; se estaban hospedando en un gran hotel... Espera. Aquello le hizo recordar cierta publicación con la que había interactuado hace unos días. Marcus se salió del chat, entró en su red social y buscó el post exacto: se trataba de una posada con un encanto sin igual. Al ver la ubicación, se levantó para darle un segundo vistazo a la etiqueta de envío y tenía razón: se trataba de un obsequio de parte de aquella posada. El joven universitario —ahora lleno de curiosidad— destapó el paquete que había llegado mediante un servicio de entrega local exprés el interior parecía tenía un sistema térmico especial y vaya sorpresa se llevó al ver que eran unos dumplings, perfectamente sellados y conservados; el simple hecho de verlos le abrió el apetito *



    ‎ — Vaya... Sí que son amistosos en ese lugar, o su marketing está a otro nivel como para permitirse algo así



    ‎ * Marcus no pudo evitar hacer un comentario sarcástico, pero aun así estaba más que agradecido por el gesto. Con energías renovadas, volvió a su cama y tomó asiento. Con su teléfono se puso a indagar más sobre el lugar y averiguó quién era el encargado. Su mirada se posó nuevamente en los dumplings que humeaban; una media sonrisa se dibujó en su rostro antes de ponerse manos a la obra... *
    ‎ * La Mansión Vanderbilt-Hayess era una maravilla arquitectónica; combinaba la elegancia de lo antiguo con la complejidad de lo moderno. Las grandes puertas del lugar se abrían con una lentitud imponente para una sola persona * ‎ ‎ — Muy buenas, joven Marcus. ¿Cómo estuvo su día hoy? ‎ ‎ ‎ * El ama de llaves recibía al "hijo" varón de la familia con sumo respeto. Marcus asintió en respuesta; le dijo que el día estuvo un poco pesado y, sin profundizar más, se dirigió directo a su habitación. Pero antes de que diera los primeros pasos, la mujer le entregó un paquete: al parecer, era un regalo. Marcus le dio un vistazo a la etiqueta de envío, pero no reconoció la dirección de origen. De igual forma, le agradeció y siguió su camino... A medida que subía las escaleras, recordaba lo tediosa que fue la reinscripción en la universidad; ahora solo tenía ganas de acostarse y dormir. En cuanto llegó a su habitación dejó el paquete en su escritorio, se quitó el saco, se aflojo la corbata y procedió a sentarse en el borde de su cama. Era increíble la atracción que podía sentir hacia su almohada, pero antes debía contestar un par de mensajes de sus padres —quienes se encontraban de viaje por cuestiones laborales—. Antes de escribirles, vio que ambos habían actualizado su foto de perfil; se estaban hospedando en un gran hotel... Espera. Aquello le hizo recordar cierta publicación con la que había interactuado hace unos días. Marcus se salió del chat, entró en su red social y buscó el post exacto: se trataba de una posada con un encanto sin igual. Al ver la ubicación, se levantó para darle un segundo vistazo a la etiqueta de envío y tenía razón: se trataba de un obsequio de parte de aquella posada. El joven universitario —ahora lleno de curiosidad— destapó el paquete que había llegado mediante un servicio de entrega local exprés el interior parecía tenía un sistema térmico especial y vaya sorpresa se llevó al ver que eran unos dumplings, perfectamente sellados y conservados; el simple hecho de verlos le abrió el apetito * ‎ ‎ ‎ — Vaya... Sí que son amistosos en ese lugar, o su marketing está a otro nivel como para permitirse algo así ‎ ‎ ‎ * Marcus no pudo evitar hacer un comentario sarcástico, pero aun así estaba más que agradecido por el gesto. Con energías renovadas, volvió a su cama y tomó asiento. Con su teléfono se puso a indagar más sobre el lugar y averiguó quién era el encargado. Su mirada se posó nuevamente en los dumplings que humeaban; una media sonrisa se dibujó en su rostro antes de ponerse manos a la obra... *
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  • Ángeles con armas... Diablos con leyes...
    Fandom Deadly Class / Marvel
    Categoría Crossover
    ‎***¡PIP! ¡PIIIIIIP!***



    ‎— ¡Muévete del camino! —gritaba un sujeto desde su camioneta, pues el semáforo ya estaba en verde, pero un repartidor se encontraba verificando la dirección del pedido en lugar de avanzar



    ‎— L-Lo siento...



    ‎* El repartidor avanzó de una vez y siguió su ruta. Se detuvo apresurado en un complejo departamental; se aseguró de que su moto estuviera bien estacionada para que no le esperara una multa a su regreso y, con eso listo, entró al lobby. Allí fue recibido por una recepcionista que le indicó con pesar que su pedido iba al último piso... y no había ascensor. Ella le dijo que podía dejar el pedido allí, pero el repartidor solo levantó la mano para que se detuviera; se notaba su pesar al escuchar la noticia, pero su buen humor no se apagó. Él, con una sonrisa y agradeciendo, fue hasta las escaleras y comenzó a subir. Levantaba la mirada levemente para notar si había cámaras y, efectivamente, en cada piso había una colocada de manera que se viera tanto la escalera de bajada como la de subida... Pero había un punto ciego en el descanso entre un piso y el otro. Allí, en ese espacio, fue donde el "repartidor" se quitó la mochila, la abrió y sacó la comida. En un compartimento escondido tenía un rifle de francotirador desarmado, una pistola con silenciador, un pasamontañas, una sábana y un inhibidor láser (un puntero que, al apuntar a una cámara, crea una interferencia que impide que esta grabe debidamente) que necesitara para cubrir la cámara del último piso y así acceder a la azotea. En cuestión de minutos, el joven "repartidor optimista" ya no estaba. Ya no había gorra de la compañía de pedidos; la chaqueta con el logo del trabajo fue reemplazada por una completamente negra. Ahora solo había un chico dispuesto a matar. A eso era a lo que venía Marcus *



    ‎( Aquí vamos... )



    ‎* Este no era el primer rodeo del chico. Desde que llegó a Hell's Kitchen ha perpetrado dos asesinatos diferentes en menos de dos meses, ambos exitosos, y ahora iba por el tercero: un senador corrupto que estaba celebrando una gala en un hotel de lujo que le quedaba justo en la mira desde la azotea de aquel departamento. La verdad era que Marcus no había sido atrapado hasta ahora porque planea muy bien sus movimientos; los arduos años encerrado en una academia donde solo te enseñan el arte de arrebatar una vida lo han vuelto un joven meticuloso. Había investigado la estructura de aquel edificio; su ubicación era perfecta, ya que está ubicado estratégicamente en una calle elevada que le da visión directa a las ventanas del hotel. Además, sabía cuándo llegaba el cambio de turno en la recepción para que su falta de registro se perdiera el tiempo suficiente mientras investigaban. Su plan de escape era recoger la sábana con los residuos de pólvora y el casquillo para no dejar evidencia, bajar por las escaleras externas traseras, quitarse el pasamontañas, darle la vuelta a su chaqueta (dejando a la vista el lado de repartidor), ponerse la gorra de la compañía nuevamente y marcharse como si nada antes de que la policía llegara al lugar. Marcus ya está listo, apostado sobre la sábana con su rifle de precisión ya armado y apuntando a su objetivo. Él no busca dinero; busca justicia poética por el cierre de los hospitales psiquiátricos que destruyeron su vida hace años... El seguro ya estaba quitado, tenía al bastardo en la mira y solo era cuestión de disparar. Pero el joven asesino no estaba tomando algo en cuenta: desde que llegó a la ciudad, había escuchado rumores de un supuesto "Diablo" que custodiaba el lugar y castigaba a los criminales. No era el primer rumor de vigilantes que escuchaba, pero sí era probable que fuera el primero con el que se encontraría... *
    ‎***¡PIP! ¡PIIIIIIP!*** ‎ ‎ ‎ ‎— ¡Muévete del camino! —gritaba un sujeto desde su camioneta, pues el semáforo ya estaba en verde, pero un repartidor se encontraba verificando la dirección del pedido en lugar de avanzar ‎ ‎ ‎ ‎— L-Lo siento... ‎ ‎ ‎ ‎* El repartidor avanzó de una vez y siguió su ruta. Se detuvo apresurado en un complejo departamental; se aseguró de que su moto estuviera bien estacionada para que no le esperara una multa a su regreso y, con eso listo, entró al lobby. Allí fue recibido por una recepcionista que le indicó con pesar que su pedido iba al último piso... y no había ascensor. Ella le dijo que podía dejar el pedido allí, pero el repartidor solo levantó la mano para que se detuviera; se notaba su pesar al escuchar la noticia, pero su buen humor no se apagó. Él, con una sonrisa y agradeciendo, fue hasta las escaleras y comenzó a subir. Levantaba la mirada levemente para notar si había cámaras y, efectivamente, en cada piso había una colocada de manera que se viera tanto la escalera de bajada como la de subida... Pero había un punto ciego en el descanso entre un piso y el otro. Allí, en ese espacio, fue donde el "repartidor" se quitó la mochila, la abrió y sacó la comida. En un compartimento escondido tenía un rifle de francotirador desarmado, una pistola con silenciador, un pasamontañas, una sábana y un inhibidor láser (un puntero que, al apuntar a una cámara, crea una interferencia que impide que esta grabe debidamente) que necesitara para cubrir la cámara del último piso y así acceder a la azotea. En cuestión de minutos, el joven "repartidor optimista" ya no estaba. Ya no había gorra de la compañía de pedidos; la chaqueta con el logo del trabajo fue reemplazada por una completamente negra. Ahora solo había un chico dispuesto a matar. A eso era a lo que venía Marcus * ‎ ‎ ‎ ‎( Aquí vamos... ) ‎ ‎ ‎ ‎* Este no era el primer rodeo del chico. Desde que llegó a Hell's Kitchen ha perpetrado dos asesinatos diferentes en menos de dos meses, ambos exitosos, y ahora iba por el tercero: un senador corrupto que estaba celebrando una gala en un hotel de lujo que le quedaba justo en la mira desde la azotea de aquel departamento. La verdad era que Marcus no había sido atrapado hasta ahora porque planea muy bien sus movimientos; los arduos años encerrado en una academia donde solo te enseñan el arte de arrebatar una vida lo han vuelto un joven meticuloso. Había investigado la estructura de aquel edificio; su ubicación era perfecta, ya que está ubicado estratégicamente en una calle elevada que le da visión directa a las ventanas del hotel. Además, sabía cuándo llegaba el cambio de turno en la recepción para que su falta de registro se perdiera el tiempo suficiente mientras investigaban. Su plan de escape era recoger la sábana con los residuos de pólvora y el casquillo para no dejar evidencia, bajar por las escaleras externas traseras, quitarse el pasamontañas, darle la vuelta a su chaqueta (dejando a la vista el lado de repartidor), ponerse la gorra de la compañía nuevamente y marcharse como si nada antes de que la policía llegara al lugar. Marcus ya está listo, apostado sobre la sábana con su rifle de precisión ya armado y apuntando a su objetivo. Él no busca dinero; busca justicia poética por el cierre de los hospitales psiquiátricos que destruyeron su vida hace años... El seguro ya estaba quitado, tenía al bastardo en la mira y solo era cuestión de disparar. Pero el joven asesino no estaba tomando algo en cuenta: desde que llegó a la ciudad, había escuchado rumores de un supuesto "Diablo" que custodiaba el lugar y castigaba a los criminales. No era el primer rumor de vigilantes que escuchaba, pero sí era probable que fuera el primero con el que se encontraría... *
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    Individual
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    Estado
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  • ‎"Las cosas no siempre salen como uno quiere..."



    ‎ ( Ese es un hecho crudo que todos terminamos aceptando en algún punto, y yo no soy la maldita excepción aquí. ¿Pero sabes qué? Que yo acepte eso no significa que esté de acuerdo. Y sí, sé que el término "aceptar" se puede usar de forma similar para indicar que no hay problema alguno, pero no; yo puedo aceptar que un día lluvioso me termine dejando empapado o que el tren se vaya de la estación cuando yo apenas llegaba, pero nunca dejaré que esos inconvenientes jodan mi plan. No voy a decir una estupidez como que "si no ocurre, es porque no lo has querido lo suficiente" y blah, blah, blah... No. Para mí, si las cosas no resultan como se esperan, es porque no lo he planeado lo suficiente, porque no he previsto todas las posibilidades. Y eso no está mal; equivocarse y cometer errores es válido en mi marco de acción, lo que jamás voy a permitir es que eso se convierta en fracaso. Eso sí que es impensable y esa es exactamente la razón por la que no estoy de acuerdo con ese hecho. Jajaja... Vaya, vaya... Supongo que estoy un poco más tenso de lo normal, o de lo contrario no tendría sentido que tenga que hacer este monólogo en mi mente para limpiar el ruido mental. JAJAJAJA... )



    ‎ * Marcus se detenía en su andar con una sonrisa apenas perceptible. Había llegado hasta un lugar solitario, desprovisto de cualquier persona que pudiera interrumpir su pensamiento o su "descanso". Con una habilidad casi milimétrica, sacaba la caja de cigarrillos de uno de sus bolsillos; le daba unos leves golpes a la parte superior antes de destaparla. Como era habitual, el joven universitario estaba a punto de fumar, no solo para relajarse; lo cierto era que Marcus suele pensar mejor cuando el humo y la nicotina corren por su sistema, y lo necesita ahora más que nunca, pues lo que tiene que formular es un Plan B... *
    ‎"Las cosas no siempre salen como uno quiere..." ‎ ‎ ‎ ‎ ( Ese es un hecho crudo que todos terminamos aceptando en algún punto, y yo no soy la maldita excepción aquí. ¿Pero sabes qué? Que yo acepte eso no significa que esté de acuerdo. Y sí, sé que el término "aceptar" se puede usar de forma similar para indicar que no hay problema alguno, pero no; yo puedo aceptar que un día lluvioso me termine dejando empapado o que el tren se vaya de la estación cuando yo apenas llegaba, pero nunca dejaré que esos inconvenientes jodan mi plan. No voy a decir una estupidez como que "si no ocurre, es porque no lo has querido lo suficiente" y blah, blah, blah... No. Para mí, si las cosas no resultan como se esperan, es porque no lo he planeado lo suficiente, porque no he previsto todas las posibilidades. Y eso no está mal; equivocarse y cometer errores es válido en mi marco de acción, lo que jamás voy a permitir es que eso se convierta en fracaso. Eso sí que es impensable y esa es exactamente la razón por la que no estoy de acuerdo con ese hecho. Jajaja... Vaya, vaya... Supongo que estoy un poco más tenso de lo normal, o de lo contrario no tendría sentido que tenga que hacer este monólogo en mi mente para limpiar el ruido mental. JAJAJAJA... ) ‎ ‎ ‎ ‎ * Marcus se detenía en su andar con una sonrisa apenas perceptible. Había llegado hasta un lugar solitario, desprovisto de cualquier persona que pudiera interrumpir su pensamiento o su "descanso". Con una habilidad casi milimétrica, sacaba la caja de cigarrillos de uno de sus bolsillos; le daba unos leves golpes a la parte superior antes de destaparla. Como era habitual, el joven universitario estaba a punto de fumar, no solo para relajarse; lo cierto era que Marcus suele pensar mejor cuando el humo y la nicotina corren por su sistema, y lo necesita ahora más que nunca, pues lo que tiene que formular es un Plan B... *
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  • ‎ * ...en menos de seis segundos, el chico ya estaba dentro del club, su primer pensamiento fue ir por una cerveza y así lo hizo, tomo una que estaba en una mesa sin destapar, se la bebió de golpe para después ir al centro de la pista de baile ignorando los gritos furiosos de aquel al que le robo la cerveza. Por esos instantes Marcus se sintió vivo, las luces de colores que rebotaban en la bola disco girando, por ese momento se sentía feliz, ese sentimiento de ser más astuto que tu adversario, era algo que no disfrutaba con plenitud desde hace cuatro años más o menos pero aquello no duró lo suficiente; ahora no eran solo dos sinó seis policías que entraron desde la salida trasera y como por la entrada y entre ellos estaban los guardias del lugar dispuestos a ayudarles para que se lleven al joven problemático de la disco, pero Marcus no se inmutó ni un poco al verlos, y eso se debía a que recordaba bien las enseñanzas que su abuelo le había dado: *



    "Por más tensa o emocionante que sea la situación, no te alteres Marcus o podrías fallar el tiro, siempre debes mantener la cabeza fría y solo así tendrás la ventaja por sobre la presa"



    ‎ * Era como si pudiera escuchar a su abuelo decirle esas palabras, justo a su lado mientras sostenía la fría madera del arco, la cuerda tensándose con la flecha... La verdad era que Marcus incluso después de años seguía el consejo de su abuelo, o bueno, a medias, pues era una completa mentira que tenía la mente fría el este momento, su sangre corría con velocidad por sus venas, el chico podía sentir la gran cantidad de energía que le inundaba a medida que se acercaban a su posición, no podían reconocerle fácilmente entre tanta gente, la sonrisa de Marcus se ensancho mientras murmuraba para si mismo*



    ‎— A ninguno de estos les han dicho que una presa acorralada es la más peligrosa ¿O sí?
    ‎ * ...en menos de seis segundos, el chico ya estaba dentro del club, su primer pensamiento fue ir por una cerveza y así lo hizo, tomo una que estaba en una mesa sin destapar, se la bebió de golpe para después ir al centro de la pista de baile ignorando los gritos furiosos de aquel al que le robo la cerveza. Por esos instantes Marcus se sintió vivo, las luces de colores que rebotaban en la bola disco girando, por ese momento se sentía feliz, ese sentimiento de ser más astuto que tu adversario, era algo que no disfrutaba con plenitud desde hace cuatro años más o menos pero aquello no duró lo suficiente; ahora no eran solo dos sinó seis policías que entraron desde la salida trasera y como por la entrada y entre ellos estaban los guardias del lugar dispuestos a ayudarles para que se lleven al joven problemático de la disco, pero Marcus no se inmutó ni un poco al verlos, y eso se debía a que recordaba bien las enseñanzas que su abuelo le había dado: * ‎ ‎ ‎ "Por más tensa o emocionante que sea la situación, no te alteres Marcus o podrías fallar el tiro, siempre debes mantener la cabeza fría y solo así tendrás la ventaja por sobre la presa" ‎ ‎ ‎ ‎ * Era como si pudiera escuchar a su abuelo decirle esas palabras, justo a su lado mientras sostenía la fría madera del arco, la cuerda tensándose con la flecha... La verdad era que Marcus incluso después de años seguía el consejo de su abuelo, o bueno, a medias, pues era una completa mentira que tenía la mente fría el este momento, su sangre corría con velocidad por sus venas, el chico podía sentir la gran cantidad de energía que le inundaba a medida que se acercaban a su posición, no podían reconocerle fácilmente entre tanta gente, la sonrisa de Marcus se ensancho mientras murmuraba para si mismo* ‎ ‎ ‎ ‎— A ninguno de estos les han dicho que una presa acorralada es la más peligrosa ¿O sí? ‎
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  • 𝑁𝑜 𝑞𝑢𝑖𝑒𝑟𝑜 𝑣𝑜𝑙𝑣𝑒𝑟 𝑎 𝑒𝑠𝑐𝑢𝑐ℎ𝑎𝑟 𝑡𝑢 𝑣𝑜𝑧. 𝑁𝑜 𝑞𝑢𝑖𝑒𝑟𝑜 𝑣𝑜𝑙𝑣𝑒𝑟 𝑎 𝑣𝑒𝑟𝑡𝑒
    Fandom Harry Potter
    Categoría Acción
    𝑠𝑡𝑎𝑟𝑡𝑒𝑟 𝑝𝑎𝑟𝑎 𝓙𝑒𝑠𝑠 𝓦𝑖𝑙𝑙𝑜𝑤𝑠

    Hubiera querido llorar. Hubiera querido poder gritar, hacerla entender, rogarle, abrazarla, ponerse de rodillas y suplicarle, hubiera bebido litros y litros de veritaserum, hubiera hecho lo que fuera para no perderla.
    Haber matado a un hombre, haber destrozado el Ministerio de Gran Bretaña, haber sido traicionado por Barnabas, perder su trabajo, ser encarcelado, la suerte que quisiera depararle el Wizengamot… Todo aquello le daba igual, nada era tan importante para él como Jessica, estaba dispuesto a perderlo todo, sabía lo que arriesgaba entrando en el plan de aquel hombre, pero no podia soportar esa mirada que pretendía ser fría, pero que había aprendido a leer tan bien durante aquel tiempo que podia ver todo el dolor, la traición, y el daño que él mismo le había causado a través de su muro helado.

    Jessica no le había convertido en un hombre nuevo. No. Ella había sido la primera y la única que había sabido ver quien era realmente él, le había enseñado un mundo, su mundo, uno feliz junto a ella y como vivirlo. Había reído a carcajadas, había derribado barreras internas, había crecido personal y profesionalmente.
    Y ahora sin ella a su lado había caído en un pozo, en un vacío del que no podia salir.

    Aún podia rememorar con escalofriante detalle las palabras de Jessica aquel terrible día en que ella había descubierto todo, "[...] 𝑁𝑜 𝑞𝑢𝑖𝑒𝑟𝑜 𝑣𝑜𝑙𝑣𝑒𝑟 𝑎 𝑒𝑠𝑐𝑢𝑐ℎ𝑎𝑟 𝑡𝑢 𝑣𝑜𝑧. 𝑁𝑜 𝑞𝑢𝑖𝑒𝑟𝑜 𝑣𝑜𝑙𝑣𝑒𝑟 𝑎 𝑣𝑒𝑟𝑡𝑒 [...] 𝑌𝑜 𝑦𝑎 𝑛𝑜 𝑠𝑖𝑒𝑛𝑡𝑜 𝑛𝑎𝑑𝑎 𝑝𝑜𝑟 𝑡𝑖."
    Todo lo que había ocurrido después de aquello estaba borroso en su mente, era un barullo de voces, y presencias mientras él era desarmado y maniatado por Jessica.
    Le habían trasladado a las celdas de MACUSA desde donde esperaba el juicio que decidiría su suerte. Desde allí recordaba, rememoraba. Casi siempre se decantaba por los últimos momentos, por aquellos que le habían llevado allí, porque entrarse en aquellos momentos de su relación en los que habían sido felices, dolía mucho más.

    Había preguntado por ella, esperaba poder verla, aún, aunque fuera una necedad, esperaba que pasadas aquellas semanas Jessica hubiera recapacitado, hubiera visto algo de verdad en sus palabras, en su mirada. Pero jamás nadie le dio una respuesta, y ella jamás había bajado a aquellas lúgubres celdas a visitarlo.

    Los días, largos en aquella pequeña celda, se convierten en semanas, y las semanas en meses.
    Casi cuando está a punto de cumplirse su segundo mes allí, la cita con el tribunal mágico es celebrada.
    Sabía que aquella vez sí, volvería a ver a Jessica, y esa expectativa junto con la esperanza de que aquello acabara de una vez por todas, era su mayor motivación en esos momentos.
    El elegante Marcus Byrne hace su aparición en la sala del tribunal con un aspecto mucho más desmejorado, sus rizos despeinados, una suave sombra de barba en su rostro, con una apariencia más delgada, los hombros hundidos por el desánimo, y unos ojos tristes que habían perdido su brillo y que solo buscaban los de la auror que había sido llamada como testigo.

    Las declaraciones de todos los testigos son dilapidarías. Sabía que no tenía mucho que hacer, o más bien dicho nada. No era esperanza en una sentencia favorable lo que vibraba en su pecho, era el miedo que da el saber que tu futuro está en manos de otras personas, que ya no eres dueño de tu vida.

    La sentencia había sido dura y clara, pero su abogado, las vidas salvadas de aquellos niños y su colaboración sobre Barnabas le habían librado de un destino mucho más aciago que el que se le había impuesto.
    Sabía que no iba a recuperar su placa de auror, aquella que le habían arrebatado antes de encerrarlo, sabía que su nombre iría marcado para siempre con aquella terrible mancha. Que no podría dedicarse a lo que había nacido para ser, sabía que aunque no le habían impuesto esa condena, el Marcus Byrne que había sido hasta ese momento había muerto.
    Sabía todo aquello, sabía que ahora debería aprender a vivir como otra persona diferente, que había sido repudiado, expulsado, deshonrado y desterrado. Sabía todo aquello, pero…

    Esa era su última oportunidad, la última vez que podría intentarlo. No la buscaría, no iría tras ella, no la iba a molestar más, no llenaría su vida de dolor, la dejaría ir, desaparecería del mundo, pero tenía que intentarlo, una sola vez más.
    Así por primera vez después de su largo testimonio, cuando ella pasa por su lado, sus labios se despegan, y con voz algo temblorosa, pronuncia su nombre, pero es como un susurro en el viento frente a un paisaje desierto. Se pierde ascendiendo hacia los altos tejados de la sala mientras él sin obtener respuesta ve desaparecer a Jessica por la puerta.

    UN AÑO DESPUES

    Valdora está anclado en las montañas laurentinas de Quebec, aislado del mundo, rodeado de pinos y niebla perpetua.
    Las leyendas cuentan que el pueblo mágico de Valdora, fue fundado en 1674 por magos franco-canadienses que huyendo de la persecución en Europa, siguieron las increíbles luces de la aurora hasta el punto donde estas se encontraban con el suelo, en un bosque de pinos bendecido y protegido por espíritus guardianes de la naturaleza.
    Como rezan los cuentos, aquel pueblo es el lugar donde los terrenal y lo sobrenatural conviven en armonía.

    En aquel emplazamiento idílico y aislado era donde Marcus Byrne había intentado reconstruir su vida.
    Había llegado allí buscando dejar atrás su pasado, tanto física como mentalmente. La primera parte del plan era sencilla, el problema radicaba en la segunda.
    Se había presentado como Connor, dejando atrás su nombre de pila, y nadie conocía su apellido. Tenía una modesta casita y trabajaba en la única taberna del pueblo.

    Ya no era el auror elegante y orgulloso que había sido. Ahora era un camarero, al que nadie había visto sonreír, era un hombre serio y reservado, pero también un vecino tranquilo y amable con todo el mundo, que jamás había provocado o estado involucrado en un solo problema.
    En tan solo un año había conseguido formar parte de la vida y comunidad de aquel pequeño pueblo, sin llegar a exponerse demasiado pero ganándose la confianza de sus parroquianos.

    Marcus… Connor, a pesar de no ser su vocación, era un buen dueño de la barra, conocía a su público, sus horas, gustos y rutinas, aplaudía sus chistes, preguntaba por la familia y el trabajo, y esperaba con interés la respuesta. Él controlaba todo cuanto ocurría entre aquellas paredes, de esa forma cualquier cosa inusual era fácilmente reconocible para él.

    Pero si había algo que jamás hubiera esperado, no allí, no en los confines del mundo, no con él limpiando una jarra de hidromiel de espaldas a la puerta, no fuera de sus sueños, era el volver a escuchar aquella voz, que ella se dirigiera a él de forma directa, que ni si quiera le reconociera, y por supuesto no se esperaba el tener el valor como para girarse y enfrentarla, como para volver a mirarla a los ojos cuando hace un año era todo lo que le había pedido al universo, pero ya no era el mismo hombre que hacía un año.

    — En este pueblo no ocurre nada tan interesante como para llamar la atención de un auror, señorita.


    [𝑓𝑜𝑡𝑜 𝑑𝑒 𝑠𝑡𝑎𝑟𝑡𝑒𝑟: Hope Mikaelson ]
    𝑠𝑡𝑎𝑟𝑡𝑒𝑟 𝑝𝑎𝑟𝑎 [FIGHTERAUR0R] Hubiera querido llorar. Hubiera querido poder gritar, hacerla entender, rogarle, abrazarla, ponerse de rodillas y suplicarle, hubiera bebido litros y litros de veritaserum, hubiera hecho lo que fuera para no perderla. Haber matado a un hombre, haber destrozado el Ministerio de Gran Bretaña, haber sido traicionado por Barnabas, perder su trabajo, ser encarcelado, la suerte que quisiera depararle el Wizengamot… Todo aquello le daba igual, nada era tan importante para él como Jessica, estaba dispuesto a perderlo todo, sabía lo que arriesgaba entrando en el plan de aquel hombre, pero no podia soportar esa mirada que pretendía ser fría, pero que había aprendido a leer tan bien durante aquel tiempo que podia ver todo el dolor, la traición, y el daño que él mismo le había causado a través de su muro helado. Jessica no le había convertido en un hombre nuevo. No. Ella había sido la primera y la única que había sabido ver quien era realmente él, le había enseñado un mundo, su mundo, uno feliz junto a ella y como vivirlo. Había reído a carcajadas, había derribado barreras internas, había crecido personal y profesionalmente. Y ahora sin ella a su lado había caído en un pozo, en un vacío del que no podia salir. Aún podia rememorar con escalofriante detalle las palabras de Jessica aquel terrible día en que ella había descubierto todo, "[...] 𝑁𝑜 𝑞𝑢𝑖𝑒𝑟𝑜 𝑣𝑜𝑙𝑣𝑒𝑟 𝑎 𝑒𝑠𝑐𝑢𝑐ℎ𝑎𝑟 𝑡𝑢 𝑣𝑜𝑧. 𝑁𝑜 𝑞𝑢𝑖𝑒𝑟𝑜 𝑣𝑜𝑙𝑣𝑒𝑟 𝑎 𝑣𝑒𝑟𝑡𝑒 [...] 𝑌𝑜 𝑦𝑎 𝑛𝑜 𝑠𝑖𝑒𝑛𝑡𝑜 𝑛𝑎𝑑𝑎 𝑝𝑜𝑟 𝑡𝑖." Todo lo que había ocurrido después de aquello estaba borroso en su mente, era un barullo de voces, y presencias mientras él era desarmado y maniatado por Jessica. Le habían trasladado a las celdas de MACUSA desde donde esperaba el juicio que decidiría su suerte. Desde allí recordaba, rememoraba. Casi siempre se decantaba por los últimos momentos, por aquellos que le habían llevado allí, porque entrarse en aquellos momentos de su relación en los que habían sido felices, dolía mucho más. Había preguntado por ella, esperaba poder verla, aún, aunque fuera una necedad, esperaba que pasadas aquellas semanas Jessica hubiera recapacitado, hubiera visto algo de verdad en sus palabras, en su mirada. Pero jamás nadie le dio una respuesta, y ella jamás había bajado a aquellas lúgubres celdas a visitarlo. Los días, largos en aquella pequeña celda, se convierten en semanas, y las semanas en meses. Casi cuando está a punto de cumplirse su segundo mes allí, la cita con el tribunal mágico es celebrada. Sabía que aquella vez sí, volvería a ver a Jessica, y esa expectativa junto con la esperanza de que aquello acabara de una vez por todas, era su mayor motivación en esos momentos. El elegante Marcus Byrne hace su aparición en la sala del tribunal con un aspecto mucho más desmejorado, sus rizos despeinados, una suave sombra de barba en su rostro, con una apariencia más delgada, los hombros hundidos por el desánimo, y unos ojos tristes que habían perdido su brillo y que solo buscaban los de la auror que había sido llamada como testigo. Las declaraciones de todos los testigos son dilapidarías. Sabía que no tenía mucho que hacer, o más bien dicho nada. No era esperanza en una sentencia favorable lo que vibraba en su pecho, era el miedo que da el saber que tu futuro está en manos de otras personas, que ya no eres dueño de tu vida. La sentencia había sido dura y clara, pero su abogado, las vidas salvadas de aquellos niños y su colaboración sobre Barnabas le habían librado de un destino mucho más aciago que el que se le había impuesto. Sabía que no iba a recuperar su placa de auror, aquella que le habían arrebatado antes de encerrarlo, sabía que su nombre iría marcado para siempre con aquella terrible mancha. Que no podría dedicarse a lo que había nacido para ser, sabía que aunque no le habían impuesto esa condena, el Marcus Byrne que había sido hasta ese momento había muerto. Sabía todo aquello, sabía que ahora debería aprender a vivir como otra persona diferente, que había sido repudiado, expulsado, deshonrado y desterrado. Sabía todo aquello, pero… Esa era su última oportunidad, la última vez que podría intentarlo. No la buscaría, no iría tras ella, no la iba a molestar más, no llenaría su vida de dolor, la dejaría ir, desaparecería del mundo, pero tenía que intentarlo, una sola vez más. Así por primera vez después de su largo testimonio, cuando ella pasa por su lado, sus labios se despegan, y con voz algo temblorosa, pronuncia su nombre, pero es como un susurro en el viento frente a un paisaje desierto. Se pierde ascendiendo hacia los altos tejados de la sala mientras él sin obtener respuesta ve desaparecer a Jessica por la puerta. UN AÑO DESPUES Valdora está anclado en las montañas laurentinas de Quebec, aislado del mundo, rodeado de pinos y niebla perpetua. Las leyendas cuentan que el pueblo mágico de Valdora, fue fundado en 1674 por magos franco-canadienses que huyendo de la persecución en Europa, siguieron las increíbles luces de la aurora hasta el punto donde estas se encontraban con el suelo, en un bosque de pinos bendecido y protegido por espíritus guardianes de la naturaleza. Como rezan los cuentos, aquel pueblo es el lugar donde los terrenal y lo sobrenatural conviven en armonía. En aquel emplazamiento idílico y aislado era donde Marcus Byrne había intentado reconstruir su vida. Había llegado allí buscando dejar atrás su pasado, tanto física como mentalmente. La primera parte del plan era sencilla, el problema radicaba en la segunda. Se había presentado como Connor, dejando atrás su nombre de pila, y nadie conocía su apellido. Tenía una modesta casita y trabajaba en la única taberna del pueblo. Ya no era el auror elegante y orgulloso que había sido. Ahora era un camarero, al que nadie había visto sonreír, era un hombre serio y reservado, pero también un vecino tranquilo y amable con todo el mundo, que jamás había provocado o estado involucrado en un solo problema. En tan solo un año había conseguido formar parte de la vida y comunidad de aquel pequeño pueblo, sin llegar a exponerse demasiado pero ganándose la confianza de sus parroquianos. Marcus… Connor, a pesar de no ser su vocación, era un buen dueño de la barra, conocía a su público, sus horas, gustos y rutinas, aplaudía sus chistes, preguntaba por la familia y el trabajo, y esperaba con interés la respuesta. Él controlaba todo cuanto ocurría entre aquellas paredes, de esa forma cualquier cosa inusual era fácilmente reconocible para él. Pero si había algo que jamás hubiera esperado, no allí, no en los confines del mundo, no con él limpiando una jarra de hidromiel de espaldas a la puerta, no fuera de sus sueños, era el volver a escuchar aquella voz, que ella se dirigiera a él de forma directa, que ni si quiera le reconociera, y por supuesto no se esperaba el tener el valor como para girarse y enfrentarla, como para volver a mirarla a los ojos cuando hace un año era todo lo que le había pedido al universo, pero ya no era el mismo hombre que hacía un año. — En este pueblo no ocurre nada tan interesante como para llamar la atención de un auror, señorita. [𝑓𝑜𝑡𝑜 𝑑𝑒 𝑠𝑡𝑎𝑟𝑡𝑒𝑟: [thetribrid] ]
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  • ¿ #SeductiveSunday ahora, en serio? Me pillais algo liado...


    #3D #Comunidad3D #Personajes3D #Marcus
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  • —No va a admitir que lleva todo el mes preparando el regalo de cumpleaños perfecto. Sí, Jess es perfeccionista, siempre lo ha sido. Cuando algo se le mete entre ceja y ceja puede ser tremendamente concienzuda. No hay detalle que se le escape y no le gusta dejar nada al azar. Preparar los detalles de aquellos regalos no fue difícil, al menos no para ella.

    A comienzos de Agosto habia comenzado a buscar entre las mejores tiendas y boutiques de Nueva York para encontrar el traje perfecto. Ese que le gritase "Marcus" por los cuatro costados.

    Encontrar el juego de pluma y tinteros fue algo más difícil, no por nada encargó la mejor pluma venida desde Londres. Una pluma capaz de escribir tambien a vuelapluma tanto como de forma manual.

    Los gemelos... ¡ah! Los gemelos fueron la tarea mas compleja. Orgullosamente son gemelos originales y totalmente creados únicamente para Marcus. Dos serpientes de oro que darán el toque perfecto a un traje que parece hecho a medida para el propio auror.
    Ha preparado todo esto en el salón de su casa mientras Marcus se viste y se adecenta para ir a trabajar aquella mañana. Dos paquetes en papel dorado y el mas pequeño en plateado, adornado con lazos de tul de color blanco.
    Esa es la visión que Marcus percibe cuando sale del dormitorio colocándose la americana—

    ¡FELICIDADES!

    —Exclama la bruja abriendo los brazo y esbozando una enorme sonrisa. En ese momento un monton de confeti salta por los aires llenando el salón de pequeños papelitos dorados y plateados—

    ¿Me he pasado? Puede ser... Queria hacer algo distinto...

    ㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤ ㅤㅤㅤㅤㅤ ㅤㅤ Marcus Byrne


    #Personajes3D #3D #Comunidad3D
    —No va a admitir que lleva todo el mes preparando el regalo de cumpleaños perfecto. Sí, Jess es perfeccionista, siempre lo ha sido. Cuando algo se le mete entre ceja y ceja puede ser tremendamente concienzuda. No hay detalle que se le escape y no le gusta dejar nada al azar. Preparar los detalles de aquellos regalos no fue difícil, al menos no para ella. A comienzos de Agosto habia comenzado a buscar entre las mejores tiendas y boutiques de Nueva York para encontrar el traje perfecto. Ese que le gritase "Marcus" por los cuatro costados. Encontrar el juego de pluma y tinteros fue algo más difícil, no por nada encargó la mejor pluma venida desde Londres. Una pluma capaz de escribir tambien a vuelapluma tanto como de forma manual. Los gemelos... ¡ah! Los gemelos fueron la tarea mas compleja. Orgullosamente son gemelos originales y totalmente creados únicamente para Marcus. Dos serpientes de oro que darán el toque perfecto a un traje que parece hecho a medida para el propio auror. Ha preparado todo esto en el salón de su casa mientras Marcus se viste y se adecenta para ir a trabajar aquella mañana. Dos paquetes en papel dorado y el mas pequeño en plateado, adornado con lazos de tul de color blanco. Esa es la visión que Marcus percibe cuando sale del dormitorio colocándose la americana— ¡FELICIDADES! —Exclama la bruja abriendo los brazo y esbozando una enorme sonrisa. En ese momento un monton de confeti salta por los aires llenando el salón de pequeños papelitos dorados y plateados— ¿Me he pasado? Puede ser... Queria hacer algo distinto... ㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤ ㅤㅤㅤㅤㅤ ㅤㅤ [MarcxsB] #Personajes3D #3D #Comunidad3D
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  • 𝓜𝓮 𝓱𝓪𝓬𝓮𝓼 𝓺𝓾𝓮𝓻𝓮𝓻 𝓼𝓮𝓻 𝓾𝓷 𝓱𝓸𝓶𝓫𝓻𝓮 𝓶𝓮𝓳𝓸𝓻...
    Fandom Harry Potter
    Categoría Acción
    ❍ 𝕊𝕥𝕒𝕣𝕥𝕖𝕣
    ㅤㅤ➳ [FighterAuror]



    ¿Era la persona más rastrera de todo el mundo mágico? Seguramente sí. Estaba mintiendo, engañando, actuando a espaldas de la persona que más le importaba… No sabía en qué momento había ocurrido, pero de pronto se había visto teniendo una doble vida. Tratando sostener una torre de mentiras que poco a poco se iba haciendo más grande, y que amenazaba con aplastarle si dejaba que se derrumbara.
    ¿Y lo peor de todo aquello? Lo peor de todo aquello era que no veía un futuro en el que Jessica pudiera llegar a perdonarle por todo lo que había hecho…. No. Por mentirle sin ningún tipo de remilgo.
    Pero tampoco encontraba el valor de dejar aquella misión en la que se había metido, no encontraba el valor de decirle a Barnabas que era tan egoísta como para dar la espalda a todo aquello que el mago le había descubierto.

    Marcus estaba en una encrucijada, en la primera y la más importante de su vida, y no sabía cómo solucionarlo, tan solo podia dejarse llevar, capear el temporal, de la mejor manera que sabía. Y por el momento parecía que funcionaba.

    Todos aquellos pensamientos, los cuales poblaban su mente mientras sus pies seguían el ya consabido camino hacia la guarida de Barnabas, se disipan en el momento en el que el auror entra, con toda la naturalidad y la discreción que posee, en la lúgubre estancia.
    En cuanto la luz del sol queda bloqueada, y sus ojos se acostumbran a la penumbra, saluda a Barnabas, el cual le estaba esperando con una suculenta taza de té, detalle que Marcus agradecía enormemente.

    Ambos magos habían encontrado un método realmente útil para acordar la hora y el día de sus encuentros.
    Marcus volvía encontrarse en aquel sofá en el que se había sentado aquella primera vez, disfrutando del suave y claro sonido de las cucharillas contra la porcelana de las tazas, y de aquellos primeros y últimos momentos de silencio antes de que ambos se metieran de lleno en el tema que les atañía.

    — Sabía que no me equivocaba contigo Byrne…

    — No conseguí salvar a todos, hubo muchos niños para los que mi llegada fue demasiado tardía… Y estoy convencido que para ellos, esto no ha sido un golpe crítico, tan solo un traspié, un pequeño inconveniente en sus planes…
    Y hablando de los demás niños… Todo ese poder debe estar contenido en algún lado, y te aseguro que no estaba allí. Privándoles si podríamos marcar la diferencia. ¿Tienes idea de donde pueden tenerlo escondido?
    ❍ 𝕊𝕥𝕒𝕣𝕥𝕖𝕣 ㅤㅤ➳ [FighterAuror] ¿Era la persona más rastrera de todo el mundo mágico? Seguramente sí. Estaba mintiendo, engañando, actuando a espaldas de la persona que más le importaba… No sabía en qué momento había ocurrido, pero de pronto se había visto teniendo una doble vida. Tratando sostener una torre de mentiras que poco a poco se iba haciendo más grande, y que amenazaba con aplastarle si dejaba que se derrumbara. ¿Y lo peor de todo aquello? Lo peor de todo aquello era que no veía un futuro en el que Jessica pudiera llegar a perdonarle por todo lo que había hecho…. No. Por mentirle sin ningún tipo de remilgo. Pero tampoco encontraba el valor de dejar aquella misión en la que se había metido, no encontraba el valor de decirle a Barnabas que era tan egoísta como para dar la espalda a todo aquello que el mago le había descubierto. Marcus estaba en una encrucijada, en la primera y la más importante de su vida, y no sabía cómo solucionarlo, tan solo podia dejarse llevar, capear el temporal, de la mejor manera que sabía. Y por el momento parecía que funcionaba. Todos aquellos pensamientos, los cuales poblaban su mente mientras sus pies seguían el ya consabido camino hacia la guarida de Barnabas, se disipan en el momento en el que el auror entra, con toda la naturalidad y la discreción que posee, en la lúgubre estancia. En cuanto la luz del sol queda bloqueada, y sus ojos se acostumbran a la penumbra, saluda a Barnabas, el cual le estaba esperando con una suculenta taza de té, detalle que Marcus agradecía enormemente. Ambos magos habían encontrado un método realmente útil para acordar la hora y el día de sus encuentros. Marcus volvía encontrarse en aquel sofá en el que se había sentado aquella primera vez, disfrutando del suave y claro sonido de las cucharillas contra la porcelana de las tazas, y de aquellos primeros y últimos momentos de silencio antes de que ambos se metieran de lleno en el tema que les atañía. — Sabía que no me equivocaba contigo Byrne… — No conseguí salvar a todos, hubo muchos niños para los que mi llegada fue demasiado tardía… Y estoy convencido que para ellos, esto no ha sido un golpe crítico, tan solo un traspié, un pequeño inconveniente en sus planes… Y hablando de los demás niños… Todo ese poder debe estar contenido en algún lado, y te aseguro que no estaba allí. Privándoles si podríamos marcar la diferencia. ¿Tienes idea de donde pueden tenerlo escondido?
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