‎ * La Mansión Vanderbilt-Hayess era una maravilla arquitectónica; combinaba la elegancia de lo antiguo con la complejidad de lo moderno. Las grandes puertas del lugar se abrían con una lentitud imponente para una sola persona *



‎ — Muy buenas, joven Marcus. ¿Cómo estuvo su día hoy?



‎ * El ama de llaves recibía al "hijo" varón de la familia con sumo respeto. Marcus asintió en respuesta; le dijo que el día estuvo un poco pesado y, sin profundizar más, se dirigió directo a su habitación. Pero antes de que diera los primeros pasos, la mujer le entregó un paquete: al parecer, era un regalo. Marcus le dio un vistazo a la etiqueta de envío, pero no reconoció la dirección de origen. De igual forma, le agradeció y siguió su camino... A medida que subía las escaleras, recordaba lo tediosa que fue la reinscripción en la universidad; ahora solo tenía ganas de acostarse y dormir. En cuanto llegó a su habitación dejó el paquete en su escritorio, se quitó el saco, se aflojo la corbata y procedió a sentarse en el borde de su cama. Era increíble la atracción que podía sentir hacia su almohada, pero antes debía contestar un par de mensajes de sus padres —quienes se encontraban de viaje por cuestiones laborales—. Antes de escribirles, vio que ambos habían actualizado su foto de perfil; se estaban hospedando en un gran hotel... Espera. Aquello le hizo recordar cierta publicación con la que había interactuado hace unos días. Marcus se salió del chat, entró en su red social y buscó el post exacto: se trataba de una posada con un encanto sin igual. Al ver la ubicación, se levantó para darle un segundo vistazo a la etiqueta de envío y tenía razón: se trataba de un obsequio de parte de aquella posada. El joven universitario —ahora lleno de curiosidad— destapó el paquete que había llegado mediante un servicio de entrega local exprés el interior parecía tenía un sistema térmico especial y vaya sorpresa se llevó al ver que eran unos dumplings, perfectamente sellados y conservados; el simple hecho de verlos le abrió el apetito *



‎ — Vaya... Sí que son amistosos en ese lugar, o su marketing está a otro nivel como para permitirse algo así



‎ * Marcus no pudo evitar hacer un comentario sarcástico, pero aun así estaba más que agradecido por el gesto. Con energías renovadas, volvió a su cama y tomó asiento. Con su teléfono se puso a indagar más sobre el lugar y averiguó quién era el encargado. Su mirada se posó nuevamente en los dumplings que humeaban; una media sonrisa se dibujó en su rostro antes de ponerse manos a la obra... *
‎ * La Mansión Vanderbilt-Hayess era una maravilla arquitectónica; combinaba la elegancia de lo antiguo con la complejidad de lo moderno. Las grandes puertas del lugar se abrían con una lentitud imponente para una sola persona * ‎ ‎ — Muy buenas, joven Marcus. ¿Cómo estuvo su día hoy? ‎ ‎ ‎ * El ama de llaves recibía al "hijo" varón de la familia con sumo respeto. Marcus asintió en respuesta; le dijo que el día estuvo un poco pesado y, sin profundizar más, se dirigió directo a su habitación. Pero antes de que diera los primeros pasos, la mujer le entregó un paquete: al parecer, era un regalo. Marcus le dio un vistazo a la etiqueta de envío, pero no reconoció la dirección de origen. De igual forma, le agradeció y siguió su camino... A medida que subía las escaleras, recordaba lo tediosa que fue la reinscripción en la universidad; ahora solo tenía ganas de acostarse y dormir. En cuanto llegó a su habitación dejó el paquete en su escritorio, se quitó el saco, se aflojo la corbata y procedió a sentarse en el borde de su cama. Era increíble la atracción que podía sentir hacia su almohada, pero antes debía contestar un par de mensajes de sus padres —quienes se encontraban de viaje por cuestiones laborales—. Antes de escribirles, vio que ambos habían actualizado su foto de perfil; se estaban hospedando en un gran hotel... Espera. Aquello le hizo recordar cierta publicación con la que había interactuado hace unos días. Marcus se salió del chat, entró en su red social y buscó el post exacto: se trataba de una posada con un encanto sin igual. Al ver la ubicación, se levantó para darle un segundo vistazo a la etiqueta de envío y tenía razón: se trataba de un obsequio de parte de aquella posada. El joven universitario —ahora lleno de curiosidad— destapó el paquete que había llegado mediante un servicio de entrega local exprés el interior parecía tenía un sistema térmico especial y vaya sorpresa se llevó al ver que eran unos dumplings, perfectamente sellados y conservados; el simple hecho de verlos le abrió el apetito * ‎ ‎ ‎ — Vaya... Sí que son amistosos en ese lugar, o su marketing está a otro nivel como para permitirse algo así ‎ ‎ ‎ * Marcus no pudo evitar hacer un comentario sarcástico, pero aun así estaba más que agradecido por el gesto. Con energías renovadas, volvió a su cama y tomó asiento. Con su teléfono se puso a indagar más sobre el lugar y averiguó quién era el encargado. Su mirada se posó nuevamente en los dumplings que humeaban; una media sonrisa se dibujó en su rostro antes de ponerse manos a la obra... *
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