• 𝐶𝑟𝑜́𝑛𝑖𝑐𝑎 𝑑𝑒 𝑆𝑖𝑒𝑔𝑚𝑒𝑦𝑒𝑟 — 𝑆𝑎𝑛𝑔𝑟𝑒 𝑁𝑒𝑔𝑟𝑎
    Fandom OC
    Categoría Fantasía
    Estaba sentado sobre una roca helada, con la capa pesada de nieve y mi espada descansando sobre las rodillas, contemplaba a lo lejos aquel gran bastión. Sus torres se alzaban imponentes entre la ventisca, envueltas en un halo de misterio. Valdrakkar. Calculé que aún me faltaban tres días de marcha dura para llegar, cruzar el barranco helado, atravesar los bosques densos y subir la última cordillera. Tres días de frío que cala hasta los huesos, incluso para alguien como yo. El viento aullaba, la nieve caía sin descanso, y yo solo pensaba en el camino que tenía por delante.

    En ese preciso momento, mientras yo observaba el castillo con serenidad, sin sospechar nada, dentro de sus muros ya había comenzado el infierno. Una orden de asesinos se había infiltrado como sombras silenciosas. Dagas envenenadas, pasos que no hacían ruido sobre la nieve de los tejados. Guardias caían uno tras otro, nobles eran degollados en sus salones, y la traición se extendía como una plaga por los pasillos de Valdrakkar. El reino que desde lejos parecía un refugio de paz ya sangraba por dentro.

    Yo no lo sabía, simplemente me levanté, me ajusté el yelmo y continué mi camino con pasos firmes, dejando huellas profundas en la nieve, ajeno todavía al caos que me esperaba al final de esas tres jornadas.

    Cuando crucé las puertas de Valdrakkar, el castillo ya era un matadero. El olor a sangre caliente mezclada con nieve me golpeó como un puñetazo. Apenas había dado unos pasos cuando las sombras se movieron. Eran muchos. Demasiados. Al menos una docena de aquellos asesinos se lanzaron sobre mí desde los balcones, los pasillos y las vigas del techo. Vestían negro absoluto, máscaras lisas sin ojos.

    Sus dagas envenenadas buscaban las juntas de mi armadura. Desenvainé mi espada, con un movimiento corté el aire con un rugido metálico. Partí a dos de un solo tajo, el impacto resonando en las placas de mi peto. Giré, y mi codo blindado aplastó el cráneo de otro contra una columna. La nieve y la sangre salpicaban mi yelmo mientras avanzaba, es una de las razones por las que llevo armadura, menos posibilidades de quedar incapacitado de golpe.

    Aun así eran demasiados. Sus golpes llovían sobre mí, dagas resbalando contra el acero, pero algunas encontraron las uniones. Una se hundió bajo la axila, otra atravesó la juntura del muslo, y varias más perforaron la espalda donde las placas se unían. Sentí el veneno entrar como fuego líquido que quemaba a través de la carne bajo el metal. Aun así seguí luchando. Maté tantos que el salón principal era un matadero de sombras y acero. Mi armadura resonaba con cada impacto, abollada y rayada, pero yo seguía en pie.
    Hasta que me rodearon por completo.
    Un golpe de maza en la parte trasera del yelmo me hizo caer de rodillas con un estruendo metálico. Luego vinieron las dagas: una docena perforando las juntas, clavándose profundo. El líder de los asesinos hundió su hoja larga directamente a través de la visera de mi yelmo, atravesándome el ojo y el cerebro.
    Todo se volvió negro dentro del acero.

    Tras unos minutos mi cuerpo inmortal se rebeló. Dentro de la armadura, el infierno comenzó. El veneno ardía como ácido fundido, quemando venas y órganos, mientras la regeneración luchaba contra él. Se podía oír desde fuera, el crujido grotesco de huesos recomponiéndose, la carne retorciéndose y burbujeando bajo las placas, expulsando chorros de sangre ennegrecida y veneno por las juntas del yelmo y los guanteletes. Mi espalda se arqueaba violentamente dentro del peto, haciendo que la armadura entera se sacudiera y crujiera como si un demonio estuviera naciendo dentro de ella. Trozos de carne muerta y venenosa salían expulsados por las aberturas del yelmo, humeando en el aire frío.

    Los asesinos que aún quedaban retrocedieron aterrorizados al ver cómo la figura blindada se levantaba sola, tambaleante, con líquido negro chorreando por todas las ranuras de la armadura. El yelmo, abollado y perforado, se giró hacia ellos con un movimiento lento y antinatural.

    — Un monstruo... — Susurró uno.

    Mi espada volvió a alzarse, aún empuñada por una mano que se regeneraba dentro del guantelete. Maté a los últimos en un frenesí brutal y lento, cada golpe acompañado del sonido metálico de mi armadura y los sonidos húmedos y grotescos de mi carne reconstruyéndose.
    Cuando todo terminó, me derrumbé contra una pared, la armadura abollada y chorreando sangre y veneno. Respiraba con dificultad dentro del yelmo, el dolor aún recorriéndome como llamas eternas. La hija del señor y los pocos supervivientes me observaban entre horror y esperanza.

    En cuanto pude levantarme nuevamente me marche de allí, siempre odie esa mirada de agradecimiento falsa, ya habían reportado el incidente a la Orden. No tardarían en llegar a intentar terminar lo que alguna vez comenzaron.
    Estaba sentado sobre una roca helada, con la capa pesada de nieve y mi espada descansando sobre las rodillas, contemplaba a lo lejos aquel gran bastión. Sus torres se alzaban imponentes entre la ventisca, envueltas en un halo de misterio. Valdrakkar. Calculé que aún me faltaban tres días de marcha dura para llegar, cruzar el barranco helado, atravesar los bosques densos y subir la última cordillera. Tres días de frío que cala hasta los huesos, incluso para alguien como yo. El viento aullaba, la nieve caía sin descanso, y yo solo pensaba en el camino que tenía por delante. En ese preciso momento, mientras yo observaba el castillo con serenidad, sin sospechar nada, dentro de sus muros ya había comenzado el infierno. Una orden de asesinos se había infiltrado como sombras silenciosas. Dagas envenenadas, pasos que no hacían ruido sobre la nieve de los tejados. Guardias caían uno tras otro, nobles eran degollados en sus salones, y la traición se extendía como una plaga por los pasillos de Valdrakkar. El reino que desde lejos parecía un refugio de paz ya sangraba por dentro. Yo no lo sabía, simplemente me levanté, me ajusté el yelmo y continué mi camino con pasos firmes, dejando huellas profundas en la nieve, ajeno todavía al caos que me esperaba al final de esas tres jornadas. Cuando crucé las puertas de Valdrakkar, el castillo ya era un matadero. El olor a sangre caliente mezclada con nieve me golpeó como un puñetazo. Apenas había dado unos pasos cuando las sombras se movieron. Eran muchos. Demasiados. Al menos una docena de aquellos asesinos se lanzaron sobre mí desde los balcones, los pasillos y las vigas del techo. Vestían negro absoluto, máscaras lisas sin ojos. Sus dagas envenenadas buscaban las juntas de mi armadura. Desenvainé mi espada, con un movimiento corté el aire con un rugido metálico. Partí a dos de un solo tajo, el impacto resonando en las placas de mi peto. Giré, y mi codo blindado aplastó el cráneo de otro contra una columna. La nieve y la sangre salpicaban mi yelmo mientras avanzaba, es una de las razones por las que llevo armadura, menos posibilidades de quedar incapacitado de golpe. Aun así eran demasiados. Sus golpes llovían sobre mí, dagas resbalando contra el acero, pero algunas encontraron las uniones. Una se hundió bajo la axila, otra atravesó la juntura del muslo, y varias más perforaron la espalda donde las placas se unían. Sentí el veneno entrar como fuego líquido que quemaba a través de la carne bajo el metal. Aun así seguí luchando. Maté tantos que el salón principal era un matadero de sombras y acero. Mi armadura resonaba con cada impacto, abollada y rayada, pero yo seguía en pie. Hasta que me rodearon por completo. Un golpe de maza en la parte trasera del yelmo me hizo caer de rodillas con un estruendo metálico. Luego vinieron las dagas: una docena perforando las juntas, clavándose profundo. El líder de los asesinos hundió su hoja larga directamente a través de la visera de mi yelmo, atravesándome el ojo y el cerebro. Todo se volvió negro dentro del acero. Tras unos minutos mi cuerpo inmortal se rebeló. Dentro de la armadura, el infierno comenzó. El veneno ardía como ácido fundido, quemando venas y órganos, mientras la regeneración luchaba contra él. Se podía oír desde fuera, el crujido grotesco de huesos recomponiéndose, la carne retorciéndose y burbujeando bajo las placas, expulsando chorros de sangre ennegrecida y veneno por las juntas del yelmo y los guanteletes. Mi espalda se arqueaba violentamente dentro del peto, haciendo que la armadura entera se sacudiera y crujiera como si un demonio estuviera naciendo dentro de ella. Trozos de carne muerta y venenosa salían expulsados por las aberturas del yelmo, humeando en el aire frío. Los asesinos que aún quedaban retrocedieron aterrorizados al ver cómo la figura blindada se levantaba sola, tambaleante, con líquido negro chorreando por todas las ranuras de la armadura. El yelmo, abollado y perforado, se giró hacia ellos con un movimiento lento y antinatural. — Un monstruo... — Susurró uno. Mi espada volvió a alzarse, aún empuñada por una mano que se regeneraba dentro del guantelete. Maté a los últimos en un frenesí brutal y lento, cada golpe acompañado del sonido metálico de mi armadura y los sonidos húmedos y grotescos de mi carne reconstruyéndose. Cuando todo terminó, me derrumbé contra una pared, la armadura abollada y chorreando sangre y veneno. Respiraba con dificultad dentro del yelmo, el dolor aún recorriéndome como llamas eternas. La hija del señor y los pocos supervivientes me observaban entre horror y esperanza. En cuanto pude levantarme nuevamente me marche de allí, siempre odie esa mirada de agradecimiento falsa, ya habían reportado el incidente a la Orden. No tardarían en llegar a intentar terminar lo que alguna vez comenzaron.
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    Individual
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  • [[ El dia que la tragedia llegó. ]]

    El vacío del espacio era el único templo digno de su verdadera naturaleza..

    Durante años, Zhen había intentado asfixiar el vacío de su pecho con los burdos consuelos de los mortales. Probó el calor de la carne, el éxtasis del vino en festivales ruidosos, los lazos efímeros de la amistad y la dulce mentira de los actos de bondad. Todo fue inútil.

    Los distractores terrenales no eran más que ceniza en su boca, incapaces de saciar un hambre de proporciones cósmicas.

    Él no pertenecía a la tierra; pertenecía a la devastación. Dejando atrás el último mundo que lo albergó, Zhen rompió las cadenas de la gravedad y se elevó hacia el firmamento.

    La atmósfera planetaria quedó atrás como una débil capa de humo; en la negrura absoluta, libre de pretensiones humanas, su cuerpo se expandió. La carne mortal dio paso a escamas de jade que reflejaban la luz de estrellas moribundas, y sus garras se extendieron hasta abarcar kilómetros de distancia. Su verdadera forma titánica finalmente respiró.

    Ante él se extendía un sistema desconocido, custodiado por un majestuoso planeta rodeado de satélites brillantes. Zhen sonrió, mostrando una hilera de dientes capaces de triturar continentes.

    No hubo piedad, solo una necesidad biológica e implacable, se abalanzó sobre la primera luna, atrapándola entre sus fauces y provocando una explosión de roca y magma que saboreó con delicia.

    Una a una, las lunas de aquel desdichado mundo comenzaron a desaparecer en su garganta, destrozando el equilibrio gravitatorio del sistema y sumiendo al planeta de abajo en el caos absoluto.

    El festín cósmico duró apenas unos momentos, pero fue suficiente para volverlo a calmar.
    [[ El dia que la tragedia llegó. ]] El vacío del espacio era el único templo digno de su verdadera naturaleza.. Durante años, Zhen había intentado asfixiar el vacío de su pecho con los burdos consuelos de los mortales. Probó el calor de la carne, el éxtasis del vino en festivales ruidosos, los lazos efímeros de la amistad y la dulce mentira de los actos de bondad. Todo fue inútil. Los distractores terrenales no eran más que ceniza en su boca, incapaces de saciar un hambre de proporciones cósmicas. Él no pertenecía a la tierra; pertenecía a la devastación. Dejando atrás el último mundo que lo albergó, Zhen rompió las cadenas de la gravedad y se elevó hacia el firmamento. La atmósfera planetaria quedó atrás como una débil capa de humo; en la negrura absoluta, libre de pretensiones humanas, su cuerpo se expandió. La carne mortal dio paso a escamas de jade que reflejaban la luz de estrellas moribundas, y sus garras se extendieron hasta abarcar kilómetros de distancia. Su verdadera forma titánica finalmente respiró. Ante él se extendía un sistema desconocido, custodiado por un majestuoso planeta rodeado de satélites brillantes. Zhen sonrió, mostrando una hilera de dientes capaces de triturar continentes. No hubo piedad, solo una necesidad biológica e implacable, se abalanzó sobre la primera luna, atrapándola entre sus fauces y provocando una explosión de roca y magma que saboreó con delicia. Una a una, las lunas de aquel desdichado mundo comenzaron a desaparecer en su garganta, destrozando el equilibrio gravitatorio del sistema y sumiendo al planeta de abajo en el caos absoluto. El festín cósmico duró apenas unos momentos, pero fue suficiente para volverlo a calmar.
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  • Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
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    Dra Luna Steel

    -Habían pasado eras desde la última vez que algo había cambiado.-

    -Eras antes de los imperios.

    -Eras antes de los reyes.

    -Eras antes incluso de que existieran los nombres con los que las civilizaciones modernas describían el cielo.

    -Durante incontables edades el huevo había permanecido inmóvil.

    -Sepultado.

    -Olvidado.

    -Transportado de un lugar a otro.

    -Confundido con una piedra.

    -Vendido.

    -Abandonado.

    -Recuperado.

    -Olvidado otra vez.

    -Siempre inmóvil.

    -Siempre silencioso.

    -Siempre muerto.

    -O al menos eso parecía.

    -Pero algo era diferente ahora.

    -No era el calor.

    -No era la magia.

    -No eran los instrumentos que lo examinaban día y noche.

    -No eran las preguntas.

    -No eran las teorías.

    -Era algo más difícil de medir.

    -Algo que ningún escáner había detectado.

    -Algo que ninguna fórmula había conseguido registrar.

    -Alguien seguía regresando.

    -Alguien le seguía hablando.

    -Alguien seguía intentando comprender.

    -Y por primera vez en mucho tiempo...

    -El silencio ya no parecía tan absoluto.

    -Muy lentamente.

    -Tan lentamente que ningún ojo podría apreciarlo.

    -Una diminuta grieta apareció en la capa más profunda de piedra fosilizada.

    -Mucho más abajo de donde alcanzaban los escáneres.

    -Mucho más abajo de donde llegaban las herramientas.

    -No era visible.

    -No todavía.

    -Pero estaba allí.

    -Y por primera vez desde hacía incontables eras...

    -Algo comenzó a recordar.
    [Luna_I_UMBRA] -Habían pasado eras desde la última vez que algo había cambiado.- -Eras antes de los imperios. -Eras antes de los reyes. -Eras antes incluso de que existieran los nombres con los que las civilizaciones modernas describían el cielo. -Durante incontables edades el huevo había permanecido inmóvil. -Sepultado. -Olvidado. -Transportado de un lugar a otro. -Confundido con una piedra. -Vendido. -Abandonado. -Recuperado. -Olvidado otra vez. -Siempre inmóvil. -Siempre silencioso. -Siempre muerto. -O al menos eso parecía. -Pero algo era diferente ahora. -No era el calor. -No era la magia. -No eran los instrumentos que lo examinaban día y noche. -No eran las preguntas. -No eran las teorías. -Era algo más difícil de medir. -Algo que ningún escáner había detectado. -Algo que ninguna fórmula había conseguido registrar. -Alguien seguía regresando. -Alguien le seguía hablando. -Alguien seguía intentando comprender. -Y por primera vez en mucho tiempo... -El silencio ya no parecía tan absoluto. -Muy lentamente. -Tan lentamente que ningún ojo podría apreciarlo. -Una diminuta grieta apareció en la capa más profunda de piedra fosilizada. -Mucho más abajo de donde alcanzaban los escáneres. -Mucho más abajo de donde llegaban las herramientas. -No era visible. -No todavía. -Pero estaba allí. -Y por primera vez desde hacía incontables eras... -Algo comenzó a recordar.
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  • Tenia ganas sinceramente de salir y tomar el aire en casa me aburro bastante, ya que aunque la mayoría de mis compañeros de clase se creerían de que tanto yo y Nik teníamos unos privilegios por ser hijos de...

    En absoluto teníamos deberes y era horrible, se que nos van a criticar por viajar a Tokyo pero lo hicimos porque los dos queríamos ir con madre ha sido un mes de locura, aún no hay fecha de la reunión de padres pero se de sobra que los míos no sé van a dejar comer por ninguno y que los padres de mis amigos van a estar también al pie de guerra.
    Tenia ganas sinceramente de salir y tomar el aire en casa me aburro bastante, ya que aunque la mayoría de mis compañeros de clase se creerían de que tanto yo y Nik teníamos unos privilegios por ser hijos de... En absoluto teníamos deberes y era horrible, se que nos van a criticar por viajar a Tokyo pero lo hicimos porque los dos queríamos ir con madre ha sido un mes de locura, aún no hay fecha de la reunión de padres pero se de sobra que los míos no sé van a dejar comer por ninguno y que los padres de mis amigos van a estar también al pie de guerra.
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  • No cabía ninguna duda, lo había sentido en aquel planeta; era una presencia fuera de lo común.

    El espacio profundo, con su silencio absoluto que tanto deleitaba sus sentidos, se vio interrumpido por una perturbación invisible en el tejido de la energía cósmica.

    Valerius detuvo su avance en el vacío. Sus ojos carmesí, profundos como brasas moribundas en la oscuridad, destellaron con la intensidad de una supernova. Sus venas doradas se traslucieron bajo sus escamas brillando con fuerza a medida que su mente procesaba el estímulo de forma clínica.

    Como un maestro estratega analizando un tablero de ajedrez, calculó la trayectoria el pulso magnético no pertenecía a ninguna de las razas inferiores que usualmente infectaban el cosmos.

    Aquella firma térmica, aunque distante y amortiguada por la atmósfera de un mundo desconocido, poseía la misma vibración de alta densidad que su propio plasma solar.

    — ¿Un remanente? —murmuró — ¿Alguien de mi propia sangre? Imposible. —

    Su lógica le dictaba que su linaje dinástico había sido extirpado por completo en el pasado. Sin perder un solo segundo en vacilaciones emocionales, trazó la ruta hacia el tercer planeta de un sistema solar joven y promedio: la Tierra.

    La llegada al planeta fue silenciosa, un acto de infiltración perfecto a pesar de su tamaño, el aire alrededor de su cuerpo vibraba con violencia debido al calor residual de sus células, pero para los radares humanos, solo fue una estrella fugaz desvaneciéndose en el cielo nocturno.

    El contraste entre la frialdad del aire terrestre y el aura ardiente que arrastraba tras de sí creó una leve neblina a su alrededor. Dio un paso al frente y extendió sus alas, permitiendo que sus escamas doradas respiraran el aire de este nuevo tablero de juego.

    Se dio un momento para recobrar energías y adaptarse al sol en aquel sitio, solo para de nuevo elevarse hacia los cielos.

    No había prisa en sus movimientos, comenzó a planear sobre el territorio, cortaba las nubes mientras volaba por el sitio, sus ojos escudriñaban la superficie del planeta con una sonrisa ladina y autosuficiente.

    Era cuestión de tiempo para encontrar al dueño de aquella radiación de calor.

    FT: Asʜᴇɴᴏʀᴅ

    No cabía ninguna duda, lo había sentido en aquel planeta; era una presencia fuera de lo común. El espacio profundo, con su silencio absoluto que tanto deleitaba sus sentidos, se vio interrumpido por una perturbación invisible en el tejido de la energía cósmica. Valerius detuvo su avance en el vacío. Sus ojos carmesí, profundos como brasas moribundas en la oscuridad, destellaron con la intensidad de una supernova. Sus venas doradas se traslucieron bajo sus escamas brillando con fuerza a medida que su mente procesaba el estímulo de forma clínica. Como un maestro estratega analizando un tablero de ajedrez, calculó la trayectoria el pulso magnético no pertenecía a ninguna de las razas inferiores que usualmente infectaban el cosmos. Aquella firma térmica, aunque distante y amortiguada por la atmósfera de un mundo desconocido, poseía la misma vibración de alta densidad que su propio plasma solar. — ¿Un remanente? —murmuró — ¿Alguien de mi propia sangre? Imposible. — Su lógica le dictaba que su linaje dinástico había sido extirpado por completo en el pasado. Sin perder un solo segundo en vacilaciones emocionales, trazó la ruta hacia el tercer planeta de un sistema solar joven y promedio: la Tierra. La llegada al planeta fue silenciosa, un acto de infiltración perfecto a pesar de su tamaño, el aire alrededor de su cuerpo vibraba con violencia debido al calor residual de sus células, pero para los radares humanos, solo fue una estrella fugaz desvaneciéndose en el cielo nocturno. El contraste entre la frialdad del aire terrestre y el aura ardiente que arrastraba tras de sí creó una leve neblina a su alrededor. Dio un paso al frente y extendió sus alas, permitiendo que sus escamas doradas respiraran el aire de este nuevo tablero de juego. Se dio un momento para recobrar energías y adaptarse al sol en aquel sitio, solo para de nuevo elevarse hacia los cielos. No había prisa en sus movimientos, comenzó a planear sobre el territorio, cortaba las nubes mientras volaba por el sitio, sus ojos escudriñaban la superficie del planeta con una sonrisa ladina y autosuficiente. Era cuestión de tiempo para encontrar al dueño de aquella radiación de calor. FT: [sun.dragon]
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  • [Mientras Owen exploraba el fenómeno de las grietas de "fracturas en la realidad". Es absorbido por una]
    *Con una mirada de absoluto terror comento en voz alta* -Esto definitivamente no estaba en mis planes cuándo dije que llegaría al fondo del asunto. ¡Aaaaaaaaaaaaa!
    [Mientras Owen exploraba el fenómeno de las grietas de "fracturas en la realidad". Es absorbido por una] *Con una mirada de absoluto terror comento en voz alta* -Esto definitivamente no estaba en mis planes cuándo dije que llegaría al fondo del asunto. ¡Aaaaaaaaaaaaa!
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  • La lluvia empapaba su cabello platinado y resbalaba por los paneles oscuros de su traje, pero esto no parecía importarle en lo absoluto. De hecho, mantuvo el rostro ligeramente alzado, como si estuviera disfrutando del toque helado de las gotas contra su piel.

    ⸻ ¿Por qué te complicas tanto intentando encontrar pareja, novato? No termino de entenderlo. Deberías mirarte a ti mismo como si fueras esta lluvia: a muchos no les importará tu presencia, pero habrá quienes te estuvieron esperando. Pues le brindarás la calma y serenidad que solo alguien como tu puede ofrecer en un día nublado.

    Apartó un mechón mojado que se le había pegado a la mejilla y esbozó una sonrisa ladeada. Su mirada se desvió hacia el horizonte poco después, adquiriendo un matiz algo más juguetón.

    ⸻ Claro que habrá algunas que prefieran un diluvio: feroz, impredecible y emocionante. Pero esa es otra historia.
    La lluvia empapaba su cabello platinado y resbalaba por los paneles oscuros de su traje, pero esto no parecía importarle en lo absoluto. De hecho, mantuvo el rostro ligeramente alzado, como si estuviera disfrutando del toque helado de las gotas contra su piel. ⸻ ¿Por qué te complicas tanto intentando encontrar pareja, novato? No termino de entenderlo. Deberías mirarte a ti mismo como si fueras esta lluvia: a muchos no les importará tu presencia, pero habrá quienes te estuvieron esperando. Pues le brindarás la calma y serenidad que solo alguien como tu puede ofrecer en un día nublado. Apartó un mechón mojado que se le había pegado a la mejilla y esbozó una sonrisa ladeada. Su mirada se desvió hacia el horizonte poco después, adquiriendo un matiz algo más juguetón. ⸻ Claro que habrá algunas que prefieran un diluvio: feroz, impredecible y emocionante. Pero esa es otra historia.
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  • Fui confinado en un planeta sin luz solar, bajo la mentira impuesta de que era el último, un desperdicio deforme de mi raza.

    Día y noche, fui forzado a los entrenamientos más crueles y humillantes; me rompieron un sinfín de veces en la penumbra de Nadir, mientras millones a mi alrededor eran sacrificados y destruidos por mi aparente debilidad.

    Mis captores pensaron que encadenando mi cuerpo apagarían el sol, pero solo lograron que mi mente se convirtiera en un arma perfecta.

    Registré cada golpe, memoricé cada cara y calculé matemáticamente la infraestructura de su caída mientras mi carne herida sanaba en las sombras.

    No me quebraron; solo me dieron el tiempo necesario para perfeccionar el diseño de su erradicación....

    Ahora que la radiación de una verdadera estrella corre por mis venas, se dan cuenta demasiado tarde de que lo que criaron en su calabozo no era un esclavo moribundo... era su inevitable y absoluto final.
    Fui confinado en un planeta sin luz solar, bajo la mentira impuesta de que era el último, un desperdicio deforme de mi raza. Día y noche, fui forzado a los entrenamientos más crueles y humillantes; me rompieron un sinfín de veces en la penumbra de Nadir, mientras millones a mi alrededor eran sacrificados y destruidos por mi aparente debilidad. Mis captores pensaron que encadenando mi cuerpo apagarían el sol, pero solo lograron que mi mente se convirtiera en un arma perfecta. Registré cada golpe, memoricé cada cara y calculé matemáticamente la infraestructura de su caída mientras mi carne herida sanaba en las sombras. No me quebraron; solo me dieron el tiempo necesario para perfeccionar el diseño de su erradicación.... Ahora que la radiación de una verdadera estrella corre por mis venas, se dan cuenta demasiado tarde de que lo que criaron en su calabozo no era un esclavo moribundo... era su inevitable y absoluto final.
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  • -Las montañas parecian extenderse hasta tocar las Nubes. Cascadas cristalinas caian entre enormes acantilados cubiertos de flores salvajes, mientras arboles gigantescos de hojas esmeralda se alzaban como guardianes. Alli, sentado sobre una roca cubierta de musgo, se encontraba el Ogro observando el Paisaje, su cuerpo habia cambiado nuevamente, ya no se veia como un adolecente, se veia mas adulto pero con razgos mas humanos, su silencio era absoluto. Su enorme cuerpo seguia siendo imponente. Por primera vez en mucho tiempo, no miraba el horizonte buscando enemigos, recuerdos o amenazas-

    -Un grupo de pequeñas criaturas aladas revoloteo cerca de el, ocultandose entre las enredaderas luminosas que colgaban de los arboles. El Joven Ogro las siguio con la mirada, curioso, casi fascinado. Una sonrisa apenas perceptible aparecio en su rostro cuando una de aquellas criaturas se poso sobre uno de sus cuernos. Antes, aquel instante habria pasado desapercibido. Ahora, en cambio, descubria que el mundo estaba lleno de detalles que jamas se habia detenido a contemplar-

    "Te lastimaras pequeño animal.."

    -La brisa calida agito su cabello negro mientras observaba el inmenso valle tropical que se extendia bajo sus pies. El rugido lejano de alguna bestia desconocida se mezclaba con el canto de aves de colores llamativos. No habia guerras, no habia tronos, ni responsabilidades pesando sobre sus hombros. Solo el sonido de la naturaleza viva a su alrededor y aquella sensacion extraña de estar viento todo por primera vez. Como si, despues de tantos años, el mundo hubiera recuperado parte de la magia que alguna vez perdio ante sus ojos-
    -Las montañas parecian extenderse hasta tocar las Nubes. Cascadas cristalinas caian entre enormes acantilados cubiertos de flores salvajes, mientras arboles gigantescos de hojas esmeralda se alzaban como guardianes. Alli, sentado sobre una roca cubierta de musgo, se encontraba el Ogro observando el Paisaje, su cuerpo habia cambiado nuevamente, ya no se veia como un adolecente, se veia mas adulto pero con razgos mas humanos, su silencio era absoluto. Su enorme cuerpo seguia siendo imponente. Por primera vez en mucho tiempo, no miraba el horizonte buscando enemigos, recuerdos o amenazas- -Un grupo de pequeñas criaturas aladas revoloteo cerca de el, ocultandose entre las enredaderas luminosas que colgaban de los arboles. El Joven Ogro las siguio con la mirada, curioso, casi fascinado. Una sonrisa apenas perceptible aparecio en su rostro cuando una de aquellas criaturas se poso sobre uno de sus cuernos. Antes, aquel instante habria pasado desapercibido. Ahora, en cambio, descubria que el mundo estaba lleno de detalles que jamas se habia detenido a contemplar- "Te lastimaras pequeño animal.." -La brisa calida agito su cabello negro mientras observaba el inmenso valle tropical que se extendia bajo sus pies. El rugido lejano de alguna bestia desconocida se mezclaba con el canto de aves de colores llamativos. No habia guerras, no habia tronos, ni responsabilidades pesando sobre sus hombros. Solo el sonido de la naturaleza viva a su alrededor y aquella sensacion extraña de estar viento todo por primera vez. Como si, despues de tantos años, el mundo hubiera recuperado parte de la magia que alguna vez perdio ante sus ojos-
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  • Zelkova Legasov se encontraba sentado en el asiento trasero de un automóvil policial. Las luces azules y rojas se reflejaban intermitentemente en las ventanas mientras el vehículo avanzaba por las calles nocturnas de la ciudad. De fondo se arremolinaban las aves.

    El joven cura tenía los brazos cruzados y una expresión de agotamiento absoluto.

    Desde el asiento delantero, uno de los oficiales soltó una risa cansada.

    ☆Sí que atraes problemas, chico.

    Zelkova levantó una ceja.

    ●Yo no hice nada.

    El policía soltó un bufido divertido.

    ☆Claro, claro. Y por eso mismo serás testigo en el caso.

    El cura dejó escapar un suspiro resignado. Después de la noche que había tenido, aquello ni siquiera le sorprendía. Giró la cabeza hacia el otro ocupante del asiento trasero. Hasta ahora apenas había intercambiado unas palabras con él, un completo desconocido arrastrado a la misma situación. Zelkova se acomodó la gorra roja y sonrió con cansancio.

    ●Día largo, ¿no?

    Su tono era ligero, amistoso. Por fuera parecía tranquilo, pero las ojeras bajo sus ojos y la forma en que se hundió contra el respaldo del asiento dejaban claro que estaba completamente agotado. Entre cultistas, interrogatorios, patrullas y declaraciones, aquella había sido una de las jornadas más absurdas de toda su vida.
    Zelkova Legasov se encontraba sentado en el asiento trasero de un automóvil policial. Las luces azules y rojas se reflejaban intermitentemente en las ventanas mientras el vehículo avanzaba por las calles nocturnas de la ciudad. De fondo se arremolinaban las aves. El joven cura tenía los brazos cruzados y una expresión de agotamiento absoluto. Desde el asiento delantero, uno de los oficiales soltó una risa cansada. ☆Sí que atraes problemas, chico. Zelkova levantó una ceja. ●Yo no hice nada. El policía soltó un bufido divertido. ☆Claro, claro. Y por eso mismo serás testigo en el caso. El cura dejó escapar un suspiro resignado. Después de la noche que había tenido, aquello ni siquiera le sorprendía. Giró la cabeza hacia el otro ocupante del asiento trasero. Hasta ahora apenas había intercambiado unas palabras con él, un completo desconocido arrastrado a la misma situación. Zelkova se acomodó la gorra roja y sonrió con cansancio. ●Día largo, ¿no? Su tono era ligero, amistoso. Por fuera parecía tranquilo, pero las ojeras bajo sus ojos y la forma en que se hundió contra el respaldo del asiento dejaban claro que estaba completamente agotado. Entre cultistas, interrogatorios, patrullas y declaraciones, aquella había sido una de las jornadas más absurdas de toda su vida.
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