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    | Jugar Overwatch otra vez retomó mi absoluto y enfermo amor por Moira. Te amo pelirroja altanera y dominante. (?)
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  • Shoko nunca había sido de muchas palabras, pero eso no significaba que no pensara demasiado en las cosas. O en las personas. Especialmente en los chicos con los que pasaba la mayor parte de sus días.

    Nanami, Haibara, Gojo y Geto. Todos tan distintos y, sin embargo, ahí estaban, compartiendo misiones, almuerzos y, en ocasiones, cigarrillos a escondidas (bueno, eso último solo con Geto).

    Nanami era… correcto. Esa era la mejor palabra para describirlo. Se tomaba todo demasiado en serio, incluso cuando no era necesario. Le gustaban las reglas, la estructura, el orden, cosas que en su mundo rara vez existían. A veces era agotador verlo tan rígido, pero Shoko sabía que en el fondo, esa seriedad era su forma de lidiar con la realidad. O más bien, de aferrarse a algo cuando todo a su alrededor era un caos. Y, en cierta forma, lo admiraba por ello.

    Haibara era el contrario absoluto. Era de los pocos que aún conservaba algo parecido a una inocencia genuina. Siempre con una sonrisa, con una actitud optimista que rozaba la necedad. En otra vida, en otro contexto, Haibara podría haber sido simplemente un chico común, ajeno a maldiciones y a muertes prematuras. Y aunque a veces le daban ganas de decirle que fuera un poco más realista, nunca lo hizo. Porque parte de ella quería creer que alguien como él podía existir en ese mundo sin que la tragedia lo tocara. (Pero sabía que no era así.)

    Gojo era… bueno, Gojo. Un torbellino de ego y talento. Demasiado fuerte para su propio bien, demasiado molesto para el de los demás. A veces se preguntaba si en su cabeza había siquiera un momento de silencio. Pero Shoko también sabía que, bajo toda esa confianza desbordante, había algo más. Algo que ni siquiera él entendía del todo. Por eso se hacía el payaso, por eso hablaba más de la cuenta, por eso nunca se detenía. Porque si lo hacía, tendría que pensar en lo que realmente significaba ser "el más fuerte". Y, por muy inmaduro que fuera, Shoko no le deseaba ese tipo de soledad a nadie.

    Y luego estaba Geto.

    Si Gojo era un torbellino, Geto era la calma antes de la tormenta. Inteligente, carismático, con una voz serena que hacía que todo pareciera menos terrible de lo que realmente era. Había algo en él que hacía fácil confiar, fácil escuchar. Fácil… querer. Era su compañero de cigarrillos, el que entendía que a veces no era necesario hablar para compartir un momento. Pero también era el que miraba demasiado. El que pensaba demasiado. El que se hacía preguntas que nadie más quería hacerse.

    Shoko había aprendido a no apegarse demasiado a las cosas. Pero a veces se preguntaba si, en algún rincón de su mente, había creído que siempre estarían juntos. Que, por más que el mundo los golpeara, ellos seguirían encontrando la forma de reírse de todo.

    (Qué ingenua.)

    Tiempo después, cuando las cosas cambiaron—cuando Geto cambió—, Shoko recordaría esas tardes en la azotea, esos silencios compartidos, esos cigarrillos encendidos que se consumían entre ellos.

    Y pensaría que tal vez, en algún momento, había querido a todos ellos más de lo que se permitió admitir.
    Shoko nunca había sido de muchas palabras, pero eso no significaba que no pensara demasiado en las cosas. O en las personas. Especialmente en los chicos con los que pasaba la mayor parte de sus días. Nanami, Haibara, Gojo y Geto. Todos tan distintos y, sin embargo, ahí estaban, compartiendo misiones, almuerzos y, en ocasiones, cigarrillos a escondidas (bueno, eso último solo con Geto). Nanami era… correcto. Esa era la mejor palabra para describirlo. Se tomaba todo demasiado en serio, incluso cuando no era necesario. Le gustaban las reglas, la estructura, el orden, cosas que en su mundo rara vez existían. A veces era agotador verlo tan rígido, pero Shoko sabía que en el fondo, esa seriedad era su forma de lidiar con la realidad. O más bien, de aferrarse a algo cuando todo a su alrededor era un caos. Y, en cierta forma, lo admiraba por ello. Haibara era el contrario absoluto. Era de los pocos que aún conservaba algo parecido a una inocencia genuina. Siempre con una sonrisa, con una actitud optimista que rozaba la necedad. En otra vida, en otro contexto, Haibara podría haber sido simplemente un chico común, ajeno a maldiciones y a muertes prematuras. Y aunque a veces le daban ganas de decirle que fuera un poco más realista, nunca lo hizo. Porque parte de ella quería creer que alguien como él podía existir en ese mundo sin que la tragedia lo tocara. (Pero sabía que no era así.) Gojo era… bueno, Gojo. Un torbellino de ego y talento. Demasiado fuerte para su propio bien, demasiado molesto para el de los demás. A veces se preguntaba si en su cabeza había siquiera un momento de silencio. Pero Shoko también sabía que, bajo toda esa confianza desbordante, había algo más. Algo que ni siquiera él entendía del todo. Por eso se hacía el payaso, por eso hablaba más de la cuenta, por eso nunca se detenía. Porque si lo hacía, tendría que pensar en lo que realmente significaba ser "el más fuerte". Y, por muy inmaduro que fuera, Shoko no le deseaba ese tipo de soledad a nadie. Y luego estaba Geto. Si Gojo era un torbellino, Geto era la calma antes de la tormenta. Inteligente, carismático, con una voz serena que hacía que todo pareciera menos terrible de lo que realmente era. Había algo en él que hacía fácil confiar, fácil escuchar. Fácil… querer. Era su compañero de cigarrillos, el que entendía que a veces no era necesario hablar para compartir un momento. Pero también era el que miraba demasiado. El que pensaba demasiado. El que se hacía preguntas que nadie más quería hacerse. Shoko había aprendido a no apegarse demasiado a las cosas. Pero a veces se preguntaba si, en algún rincón de su mente, había creído que siempre estarían juntos. Que, por más que el mundo los golpeara, ellos seguirían encontrando la forma de reírse de todo. (Qué ingenua.) Tiempo después, cuando las cosas cambiaron—cuando Geto cambió—, Shoko recordaría esas tardes en la azotea, esos silencios compartidos, esos cigarrillos encendidos que se consumían entre ellos. Y pensaría que tal vez, en algún momento, había querido a todos ellos más de lo que se permitió admitir.
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  • "El choque de guerreros. JIMOTO VS ALEJANDRO".
    Fandom Fantasía, ciencia ficción
    Categoría Acción
    La ciudad brillaba bajo el sol de la tarde, con los edificios reluciendo bajo un cielo despejado. La paz parecía reinar, pero una ruidosa explosión en la avenida principal rompió la calma.

    Un grupo de criminales armados intentaba huir con un botín millonario, disparando a las fuerzas del orden que los perseguían. Sin embargo, antes de que pudieran escapar, una silueta envuelta en una capa verde descendió del cielo.

    —¡Alto ahí, malhechores!— exclamó la imponente figura.

    Era **Gran Saiyaman**, o mejor dicho, Jimoto, un Saiyajin que se había convertido en protector de la Tierra. Con su traje característico, visera oscura y actitud heroica, se lanzó contra los criminales con precisión quirúrgica. En cuestión de segundos, los desarmó y los dejó inconscientes en la calle.

    Los ciudadanos comenzaron a aplaudir, pero antes de que Jimoto pudiera dar su clásico discurso de justicia, un ruido atronador rasgó el cielo. Un objeto metálico atravesó la atmósfera como un meteoro y descendió sobre la ciudad, causando una onda expansiva que sacudió los edificios cercanos.

    Entre el humo y los escombros, una figura emergió. Su traje blanco, ajustado y marcado con símbolos dorados en los codos, brillaba bajo la luz del sol. Su cabello castaño estaba perfectamente peinado hacia atrás, y sus ojos marrones observaron el mundo con una calma imponente.

    —Interesante planeta— murmuró, con una sonrisa apenas perceptible. Luego, elevó la voz—. ¡Habitantes de la Tierra, escuchen! Mi nombre es **Alejandro Zeppeli**, emisario del **Imperio Viltrum**. A partir de este momento, este mundo estará bajo el control de Viltrum. La rebelión no será tolerada.

    El silencio fue absoluto. Nadie entendía lo que estaba ocurriendo. Pero Jimoto, aún con su pose heroica, dio un paso al frente.

    —¡¿Bajo control de qué?!— gritó, ajustando sus guantes—. ¡La Tierra ya tiene un protector, y no dejaré que ningún villano se apodere de ella!

    Alejandro suspiró y extendió una mano con gesto paciente.

    —No soy un villano, joven. Soy un conquistador.

    Sin más palabras, ambos se lanzaron al combate.

    ### **Saiyajin vs. Viltrumita**

    Jimoto, sin perder tiempo, se transformó en **Super Saiyajin**, su cabello dorado brillando con intensidad. Lanzó un rápido combo de golpes, pero Alejandro bloqueó cada uno con una facilidad inquietante.

    —Nada mal— comentó el viltrumita, desviando un puñetazo y respondiendo con una patada que lanzó a Jimoto contra un edificio.

    Pero el Saiyajin no se quedó atrás. Antes de tocar el concreto, se impulsó con una onda de ki y regresó con un **ráfaga de golpes**, logrando impactar a Alejandro en el rostro.

    El viltrumita sonrió.

    —Al menos harás esto interesante.

    Ambos combatientes se elevaron en el aire, intercambiando golpes a una velocidad imposible de seguir para los humanos. Cada choque de sus puños generaba ondas de energía que sacudían la ciudad. Jimoto aprovechó un instante para lanzar un **Kamehameha**, pero Alejandro, en un despliegue de velocidad, lo esquivó en el último segundo y apareció detrás de él, estrellándolo contra el suelo con un golpe brutal.

    Jimoto se incorporó rápidamente, limpiándose la sangre del labio con el dorso de la mano.

    —Vaya, sí que eres duro…

    —No es personal— respondió Alejandro—. Pero si te interpones en los planes del Imperio Viltrum, tendré que eliminarte.

    Antes de que pudieran continuar, una alarma resonó en la ciudad. **Un ejército alienígena había llegado a la Tierra.**

    ### **Un enemigo en común**

    Desde el cielo descendían naves biomecánicas, liberando hordas de criaturas con piel metálica y ojos rojos. Sin dudarlo, comenzaron a arrasar la ciudad, disparando rayos de energía y destruyendo todo a su paso.

    Jimoto y Alejandro se detuvieron.

    —¿Estos son tuyos?— preguntó Jimoto con recelo.

    —No— respondió Alejandro, con un tono más serio—. Y eso es un problema.

    El viltrumita observó el caos con una mezcla de molestia y desdén.

    —Este planeta ya tiene dueño— murmuró, y luego miró a Jimoto—. Si alguien va a conquistar este mundo, será el Imperio Viltrum.

    El Saiyajin sonrió.

    —Eso sí que es una lógica extraña.

    Sin más palabras, ambos guerreros se lanzaron contra el ejército alienígena, luchando lado a lado. Alejandro destrozaba a los invasores con una precisión quirúrgica, mientras que Jimoto los aniquilaba con ráfagas de energía y técnicas de combate Saiyajin.

    La batalla se extendió por horas, hasta que finalmente los invasores fueron erradicados. La ciudad quedó en ruinas, pero la Tierra había sido protegida… por ahora.

    Alejandro flotó en el aire, observando el horizonte.

    —No te equivoques, Saiyajin— dijo, cruzándose de brazos—. Esto no cambia nada. La Tierra sigue siendo territorio viltrumita.

    Jimoto suspiró, cruzando los brazos.

    —Lo que digas, amigo. Pero si intentas algo, ya sabes que no te la pondré fácil.

    Alejandro sonrió levemente.

    —Eso espero.

    Y con esas palabras, el viltrumita se quedó en la Tierra, **vigilándola desde las sombras**, esperando el momento adecuado para reclamarla en nombre del Imperio Viltrum.
    La ciudad brillaba bajo el sol de la tarde, con los edificios reluciendo bajo un cielo despejado. La paz parecía reinar, pero una ruidosa explosión en la avenida principal rompió la calma. Un grupo de criminales armados intentaba huir con un botín millonario, disparando a las fuerzas del orden que los perseguían. Sin embargo, antes de que pudieran escapar, una silueta envuelta en una capa verde descendió del cielo. —¡Alto ahí, malhechores!— exclamó la imponente figura. Era **Gran Saiyaman**, o mejor dicho, Jimoto, un Saiyajin que se había convertido en protector de la Tierra. Con su traje característico, visera oscura y actitud heroica, se lanzó contra los criminales con precisión quirúrgica. En cuestión de segundos, los desarmó y los dejó inconscientes en la calle. Los ciudadanos comenzaron a aplaudir, pero antes de que Jimoto pudiera dar su clásico discurso de justicia, un ruido atronador rasgó el cielo. Un objeto metálico atravesó la atmósfera como un meteoro y descendió sobre la ciudad, causando una onda expansiva que sacudió los edificios cercanos. Entre el humo y los escombros, una figura emergió. Su traje blanco, ajustado y marcado con símbolos dorados en los codos, brillaba bajo la luz del sol. Su cabello castaño estaba perfectamente peinado hacia atrás, y sus ojos marrones observaron el mundo con una calma imponente. —Interesante planeta— murmuró, con una sonrisa apenas perceptible. Luego, elevó la voz—. ¡Habitantes de la Tierra, escuchen! Mi nombre es **Alejandro Zeppeli**, emisario del **Imperio Viltrum**. A partir de este momento, este mundo estará bajo el control de Viltrum. La rebelión no será tolerada. El silencio fue absoluto. Nadie entendía lo que estaba ocurriendo. Pero Jimoto, aún con su pose heroica, dio un paso al frente. —¡¿Bajo control de qué?!— gritó, ajustando sus guantes—. ¡La Tierra ya tiene un protector, y no dejaré que ningún villano se apodere de ella! Alejandro suspiró y extendió una mano con gesto paciente. —No soy un villano, joven. Soy un conquistador. Sin más palabras, ambos se lanzaron al combate. ### **Saiyajin vs. Viltrumita** Jimoto, sin perder tiempo, se transformó en **Super Saiyajin**, su cabello dorado brillando con intensidad. Lanzó un rápido combo de golpes, pero Alejandro bloqueó cada uno con una facilidad inquietante. —Nada mal— comentó el viltrumita, desviando un puñetazo y respondiendo con una patada que lanzó a Jimoto contra un edificio. Pero el Saiyajin no se quedó atrás. Antes de tocar el concreto, se impulsó con una onda de ki y regresó con un **ráfaga de golpes**, logrando impactar a Alejandro en el rostro. El viltrumita sonrió. —Al menos harás esto interesante. Ambos combatientes se elevaron en el aire, intercambiando golpes a una velocidad imposible de seguir para los humanos. Cada choque de sus puños generaba ondas de energía que sacudían la ciudad. Jimoto aprovechó un instante para lanzar un **Kamehameha**, pero Alejandro, en un despliegue de velocidad, lo esquivó en el último segundo y apareció detrás de él, estrellándolo contra el suelo con un golpe brutal. Jimoto se incorporó rápidamente, limpiándose la sangre del labio con el dorso de la mano. —Vaya, sí que eres duro… —No es personal— respondió Alejandro—. Pero si te interpones en los planes del Imperio Viltrum, tendré que eliminarte. Antes de que pudieran continuar, una alarma resonó en la ciudad. **Un ejército alienígena había llegado a la Tierra.** ### **Un enemigo en común** Desde el cielo descendían naves biomecánicas, liberando hordas de criaturas con piel metálica y ojos rojos. Sin dudarlo, comenzaron a arrasar la ciudad, disparando rayos de energía y destruyendo todo a su paso. Jimoto y Alejandro se detuvieron. —¿Estos son tuyos?— preguntó Jimoto con recelo. —No— respondió Alejandro, con un tono más serio—. Y eso es un problema. El viltrumita observó el caos con una mezcla de molestia y desdén. —Este planeta ya tiene dueño— murmuró, y luego miró a Jimoto—. Si alguien va a conquistar este mundo, será el Imperio Viltrum. El Saiyajin sonrió. —Eso sí que es una lógica extraña. Sin más palabras, ambos guerreros se lanzaron contra el ejército alienígena, luchando lado a lado. Alejandro destrozaba a los invasores con una precisión quirúrgica, mientras que Jimoto los aniquilaba con ráfagas de energía y técnicas de combate Saiyajin. La batalla se extendió por horas, hasta que finalmente los invasores fueron erradicados. La ciudad quedó en ruinas, pero la Tierra había sido protegida… por ahora. Alejandro flotó en el aire, observando el horizonte. —No te equivoques, Saiyajin— dijo, cruzándose de brazos—. Esto no cambia nada. La Tierra sigue siendo territorio viltrumita. Jimoto suspiró, cruzando los brazos. —Lo que digas, amigo. Pero si intentas algo, ya sabes que no te la pondré fácil. Alejandro sonrió levemente. —Eso espero. Y con esas palabras, el viltrumita se quedó en la Tierra, **vigilándola desde las sombras**, esperando el momento adecuado para reclamarla en nombre del Imperio Viltrum.
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  • 〈 𝘈𝘷𝘪𝘴𝘰 𝘥𝘦 𝘤𝘰𝘯𝘵𝘦𝘯𝘪𝘥𝘰 𝘴𝘦𝘯𝘴𝘪𝘣𝘭𝘦: 𝘌𝘴𝘵𝘦 𝘵𝘦𝘹𝘵𝘰 𝘪𝘯𝘤𝘭𝘶𝘺𝘦 𝘳𝘦𝘭𝘢𝘵𝘰𝘴 𝘴𝘰𝘣𝘳𝘦 𝘢𝘯𝘴𝘪𝘦𝘥𝘢𝘥, 𝘤𝘳𝘪𝘴𝘪𝘴 𝘥𝘦 𝘱𝘢́𝘯𝘪𝘤𝘰 𝘺 𝘥𝘪𝘴𝘰𝘤𝘪𝘢𝘤𝘪𝘰́𝘯. 𝘗𝘰𝘥𝘳𝘪́𝘢 𝘱𝘳𝘰𝘷𝘰𝘤𝘢𝘳 𝘦𝘮𝘰𝘤𝘪𝘰𝘯𝘦𝘴 𝘥𝘦 𝘢𝘯𝘨𝘶𝘴𝘵𝘪𝘢 𝘰 𝘪𝘯𝘤𝘰𝘮𝘰𝘥𝘪𝘥𝘢𝘥. 𝘚𝘦 𝘴𝘶𝘨𝘪𝘦𝘳𝘦 𝘱𝘳𝘦𝘤𝘢𝘶𝘤𝘪𝘰́𝘯 𝘢𝘭 𝘭𝘦𝘦𝘳. 〉

    Silencio.

    Al principio, fue solo un murmullo distante, una grieta apenas perceptible en la realidad, una punzada en los márgenes de su conciencia. Algo fuera de lugar, algo que no debía estar allí, pero que, sin embargo, se aferraba a su piel como una sombra adherida al alma. El aire se tornó denso. No había razón para que su respiración se agitara, no había peligro, no había amenaza… Y aun así, su pecho se contrajo bajo un peso invisible, como si el propio mundo tratara de hundirla en sus profundidades. Su entorno pareció inclinarse en ángulos imposibles, un laberinto de recuerdos superpuestos que luchaban por arrastrarla fuera del presente. Sus pulmones se aferraron al aire, pero cada bocanada se volvió un acto de resistencia: algo en su interior temblaba, una fisura que amenazaba con partirla en dos.

    Parpadeó y vio sus manos, pálidas, temblorosas… Ajenas. Las observó con la perplejidad de quien contempla una verdad imposible. No deberían estar manchadas, y sin embargo allí estaban, las líneas de sus palmas cubiertas por un resplandor carmesí que parecía palpitar con vida propia. Tibio líquido deslizándose entre sus dedos como la última plegaria de un condenado. Intentó sacudirlas, pero la sangre no desaparecía: las frotó contra su propia piel, contra la piedra bajo sus pies, pero solo se extendía, tiñendo su mundo de carmesí. No era real. Parpadeó otra vez, y las encontró vacías, pero la sensación permaneció. Un vestigio en su piel, en su mente, en las profundidades de algo más antiguo que el propio recuerdo. Su respiración se tornó errática, entrecortada, cada inhalación se hizo más difícil que la anterior, un frágil hilo de cordura que la mantenía atada a la realidad. Pero la grieta se expandía, y con ella, su percepción.

    Alzó la mirada y el suelo ya no era suelo. Ante sus pies se extendía un mar de sombras, un océano de figuras caídas en el filo de la eternidad. Cuerpos desplomados, amontonados, cuyos nombres se habían desvanecido con el tiempo, cuya esencia se había disuelto en la nada... El eco de sus gritos atrapados entre las ruinas que alguna vez fueron un campo de batalla. Ojos sin vida, bocas abiertas en un grito que nunca cesó del todo. No los recordaba, y sin embargo, recordaba su peso, la calidez efímera antes de que el frío se apoderara de ellos… La resistencia quebrándose en sus manos. El aire olía a algo metálico, imborrable, pero aun así la visión parpadeó. Y en su lugar, apareció otro paisaje.

    Risas. Voces. Los rostros de sus hermanos y hermanas, iluminados por la calidez de una gloria que a ella ya no le pertenecía. No era la risa de antaño, no era el fulgor de los días dorados ni la solemnidad de la devoción. Era un eco distorsionado, la sombra de algo quebrado. Ella los observó como a través de un cristal empañado, consciente de que ya no formaba parte de ello… Y comprendió, como lo había comprendido tantas veces antes. La fe que alguna vez la sostuvo se había convertido en un relicario vacío, en un recuerdo sin dueño.

    Y allí, en la penumbra de su conciencia, una figura. Un reflejo, una sombra vestida de su propio rostro, ojos que no eran los suyos, pero que los conocía a su vez como propios. Una presencia que aguardaba, paciente, en la orilla de su cordura. Extendió una mano, y la sombra hizo lo mismo. Pero no se tocaban, no aún, porque entre ambas yacía la herida abierta de un destino aún por decidirse.

    Entonces, el silencio absoluto. No era la ausencia de sonido, sino de significado, el abismo entre lo que fue y lo que era. Lo único que rompió la quietud fue su propio aliento, acelerado, entrecortado. Estaba ahí, estaba ahora. Pero la grieta seguía allí y difícilmente se iría.
    〈 𝘈𝘷𝘪𝘴𝘰 𝘥𝘦 𝘤𝘰𝘯𝘵𝘦𝘯𝘪𝘥𝘰 𝘴𝘦𝘯𝘴𝘪𝘣𝘭𝘦: 𝘌𝘴𝘵𝘦 𝘵𝘦𝘹𝘵𝘰 𝘪𝘯𝘤𝘭𝘶𝘺𝘦 𝘳𝘦𝘭𝘢𝘵𝘰𝘴 𝘴𝘰𝘣𝘳𝘦 𝘢𝘯𝘴𝘪𝘦𝘥𝘢𝘥, 𝘤𝘳𝘪𝘴𝘪𝘴 𝘥𝘦 𝘱𝘢́𝘯𝘪𝘤𝘰 𝘺 𝘥𝘪𝘴𝘰𝘤𝘪𝘢𝘤𝘪𝘰́𝘯. 𝘗𝘰𝘥𝘳𝘪́𝘢 𝘱𝘳𝘰𝘷𝘰𝘤𝘢𝘳 𝘦𝘮𝘰𝘤𝘪𝘰𝘯𝘦𝘴 𝘥𝘦 𝘢𝘯𝘨𝘶𝘴𝘵𝘪𝘢 𝘰 𝘪𝘯𝘤𝘰𝘮𝘰𝘥𝘪𝘥𝘢𝘥. 𝘚𝘦 𝘴𝘶𝘨𝘪𝘦𝘳𝘦 𝘱𝘳𝘦𝘤𝘢𝘶𝘤𝘪𝘰́𝘯 𝘢𝘭 𝘭𝘦𝘦𝘳. 〉 Silencio. Al principio, fue solo un murmullo distante, una grieta apenas perceptible en la realidad, una punzada en los márgenes de su conciencia. Algo fuera de lugar, algo que no debía estar allí, pero que, sin embargo, se aferraba a su piel como una sombra adherida al alma. El aire se tornó denso. No había razón para que su respiración se agitara, no había peligro, no había amenaza… Y aun así, su pecho se contrajo bajo un peso invisible, como si el propio mundo tratara de hundirla en sus profundidades. Su entorno pareció inclinarse en ángulos imposibles, un laberinto de recuerdos superpuestos que luchaban por arrastrarla fuera del presente. Sus pulmones se aferraron al aire, pero cada bocanada se volvió un acto de resistencia: algo en su interior temblaba, una fisura que amenazaba con partirla en dos. Parpadeó y vio sus manos, pálidas, temblorosas… Ajenas. Las observó con la perplejidad de quien contempla una verdad imposible. No deberían estar manchadas, y sin embargo allí estaban, las líneas de sus palmas cubiertas por un resplandor carmesí que parecía palpitar con vida propia. Tibio líquido deslizándose entre sus dedos como la última plegaria de un condenado. Intentó sacudirlas, pero la sangre no desaparecía: las frotó contra su propia piel, contra la piedra bajo sus pies, pero solo se extendía, tiñendo su mundo de carmesí. No era real. Parpadeó otra vez, y las encontró vacías, pero la sensación permaneció. Un vestigio en su piel, en su mente, en las profundidades de algo más antiguo que el propio recuerdo. Su respiración se tornó errática, entrecortada, cada inhalación se hizo más difícil que la anterior, un frágil hilo de cordura que la mantenía atada a la realidad. Pero la grieta se expandía, y con ella, su percepción. Alzó la mirada y el suelo ya no era suelo. Ante sus pies se extendía un mar de sombras, un océano de figuras caídas en el filo de la eternidad. Cuerpos desplomados, amontonados, cuyos nombres se habían desvanecido con el tiempo, cuya esencia se había disuelto en la nada... El eco de sus gritos atrapados entre las ruinas que alguna vez fueron un campo de batalla. Ojos sin vida, bocas abiertas en un grito que nunca cesó del todo. No los recordaba, y sin embargo, recordaba su peso, la calidez efímera antes de que el frío se apoderara de ellos… La resistencia quebrándose en sus manos. El aire olía a algo metálico, imborrable, pero aun así la visión parpadeó. Y en su lugar, apareció otro paisaje. Risas. Voces. Los rostros de sus hermanos y hermanas, iluminados por la calidez de una gloria que a ella ya no le pertenecía. No era la risa de antaño, no era el fulgor de los días dorados ni la solemnidad de la devoción. Era un eco distorsionado, la sombra de algo quebrado. Ella los observó como a través de un cristal empañado, consciente de que ya no formaba parte de ello… Y comprendió, como lo había comprendido tantas veces antes. La fe que alguna vez la sostuvo se había convertido en un relicario vacío, en un recuerdo sin dueño. Y allí, en la penumbra de su conciencia, una figura. Un reflejo, una sombra vestida de su propio rostro, ojos que no eran los suyos, pero que los conocía a su vez como propios. Una presencia que aguardaba, paciente, en la orilla de su cordura. Extendió una mano, y la sombra hizo lo mismo. Pero no se tocaban, no aún, porque entre ambas yacía la herida abierta de un destino aún por decidirse. Entonces, el silencio absoluto. No era la ausencia de sonido, sino de significado, el abismo entre lo que fue y lo que era. Lo único que rompió la quietud fue su propio aliento, acelerado, entrecortado. Estaba ahí, estaba ahora. Pero la grieta seguía allí y difícilmente se iría.
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  • Sentia un profundo desconcierto luego de haber viajado un día en el tiempo por obra de Aika, solo pudo encontrar un escenario vacios y vestigios de algo que no terminaba de entender. Por más que busco a D.I.V.A, no tuvo exito alguno. El aire no llegaba a sus pulmones, inclusive llego a tropezar varias veces en el suelo por lo apresurado de sus pasos, pero ni asi dejo de buscar aun cuando tenia sus extremidades con algunas gotas de sangre, la mueca de su rostro era de disgusto absoluto. No terminaba de entender que sucedia ¿Por que paso eso?, camino a el escenario principal y se arrodillo.


    Aunque para su fortuna algunas de sus ratas aparecieron frente a ella y compartieron su vista de lo que sucedio durante su ausencia. En ese momento la pelirroja solo cerró los ojos, suspirando, algunas lagrimas cayeron de sus ojos. Un momento de absoluta reflexión, a fin de calmar el maremoto de emociones que expresaba, debía pensar friamente que hacer, debía hacerlo no podía dejar las cosas así como así.


    Cuando finalmente abrio los ojos, su expresión era diferente. La melancolía había pasado a una creciente ira.


    ⸻Debo matarlos, debo matarlos...........


    Repetía, a sus ojos era claro quienes eran los culpables de que todo terminara así (D.E.X.A, Shiori y Magnolia). De que fuera separado del lado de D.I.V.A, el amor tiene muchas manifestaciones. Pero en su estado más corrupto el más puro amor puede volverse en el más cruento de los odios.

    Sentia un profundo desconcierto luego de haber viajado un día en el tiempo por obra de Aika, solo pudo encontrar un escenario vacios y vestigios de algo que no terminaba de entender. Por más que busco a D.I.V.A, no tuvo exito alguno. El aire no llegaba a sus pulmones, inclusive llego a tropezar varias veces en el suelo por lo apresurado de sus pasos, pero ni asi dejo de buscar aun cuando tenia sus extremidades con algunas gotas de sangre, la mueca de su rostro era de disgusto absoluto. No terminaba de entender que sucedia ¿Por que paso eso?, camino a el escenario principal y se arrodillo. Aunque para su fortuna algunas de sus ratas aparecieron frente a ella y compartieron su vista de lo que sucedio durante su ausencia. En ese momento la pelirroja solo cerró los ojos, suspirando, algunas lagrimas cayeron de sus ojos. Un momento de absoluta reflexión, a fin de calmar el maremoto de emociones que expresaba, debía pensar friamente que hacer, debía hacerlo no podía dejar las cosas así como así. Cuando finalmente abrio los ojos, su expresión era diferente. La melancolía había pasado a una creciente ira. ⸻Debo matarlos, debo matarlos........... Repetía, a sus ojos era claro quienes eran los culpables de que todo terminara así (D.E.X.A, Shiori y Magnolia). De que fuera separado del lado de D.I.V.A, el amor tiene muchas manifestaciones. Pero en su estado más corrupto el más puro amor puede volverse en el más cruento de los odios.
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  • El ser metálico caminaba con pasos fluidos, como si su cuerpo estuviera hecho de mercurio vivo. Su superficie reflejaba el entorno, distorsionando la pradera en ondas líquidas con cada movimiento. No tenía rasgos definidos, salvo dos ojos profundos como el vacío, y una voz que resonaba más en la mente que en los oídos. Ghost, con las manos en los bolsillos y su típica sonrisa ladeada, caminaba a su lado sin prisa.

    El ser detuvo su avance por un momento, contemplando la vastedad del paisaje.

    ~ No esperaba encontrar a alguien como tú aquí.

    Ghost arqueó una ceja y giró el rostro hacia él con una media sonrisa.

    —¿Alguien como yo? Oh, claro. Un guía para los extraviados. Un loco con el cabello naranja que habla demasiado. Un ser que no encaja ni aquí ni allá.

    El ente emitió un sonido que se asemejaba a un eco distante, casi como una risa sin emoción.

    ~ No. Alguien que aún mira la existencia con asombro.

    Ghost inclinó la cabeza, su expresión volviéndose más analítica.

    —Bueno, alguien tiene que hacerlo. Tú, en cambio… pareces agotado.

    El ser mantuvo su postura, pero la superficie de su cuerpo onduló lentamente, como si hubiera soltado un suspiro sin tener pulmones.

    ~ No de la existencia… sino de su repetición. He visto civilizaciones alzarse y colapsar, estrellas nacer y morir. He visto cada historia comenzar y terminar, una y otra vez.

    Ghost silbó con fingida admiración y le dio un leve codazo en el costado metálico, provocando un eco vibrante.

    —Ah, el dilema de los que duran más de lo que deberían. ¿Y qué vas a hacer con ello? ¿Quejarte o encontrarle un propósito?

    El ser guardó silencio. Su cuerpo brilló tenuemente con tonos azulados.

    ~ He tenido propósitos. Algunos fugaces, otros milenarios… pero todos se desvanecieron.

    Ghost chasqueó la lengua y abrió los brazos.

    —Sí, todo desaparece. Y sin embargo, aquí sigues. Pregunta real: ¿qué te detiene de simplemente… terminarlo?

    La figura metálica parpadeó. Sus formas se tornaron inestables, fluctuando en patrones incomprensibles.

    ~ …No lo sé.

    Ghost sonrió, más suave esta vez, y le dio una palmada en la espalda, su mano dejando una breve distorsión en la superficie reflectante.

    —Exacto. No es que no puedas. Es que no quieres. Aún esperas algo. Algo que haga que todo este tiempo tenga sentido.

    El ser metálico levantó la mirada hacia la línea del horizonte. Su cuerpo se estabilizó, reflejando la luz del cielo como un espejo impoluto.

    ~ …Quizá.

    Ghost se llevó las manos a la nuca, caminando con un aire despreocupado.

    —Entonces sigue moviéndote, amigo. Si sigues buscando, es porque aún hay algo por encontrar.

    El ser emitió un tenue destello, como si hubiera comprendido algo. Dio un paso adelante, y Ghost lo siguió, silbando una melodía sin nombre, mientras la pradera dorada se extendía infinita ante ellos.
    El ser metálico caminaba con pasos fluidos, como si su cuerpo estuviera hecho de mercurio vivo. Su superficie reflejaba el entorno, distorsionando la pradera en ondas líquidas con cada movimiento. No tenía rasgos definidos, salvo dos ojos profundos como el vacío, y una voz que resonaba más en la mente que en los oídos. Ghost, con las manos en los bolsillos y su típica sonrisa ladeada, caminaba a su lado sin prisa. El ser detuvo su avance por un momento, contemplando la vastedad del paisaje. ~ No esperaba encontrar a alguien como tú aquí. Ghost arqueó una ceja y giró el rostro hacia él con una media sonrisa. —¿Alguien como yo? Oh, claro. Un guía para los extraviados. Un loco con el cabello naranja que habla demasiado. Un ser que no encaja ni aquí ni allá. El ente emitió un sonido que se asemejaba a un eco distante, casi como una risa sin emoción. ~ No. Alguien que aún mira la existencia con asombro. Ghost inclinó la cabeza, su expresión volviéndose más analítica. —Bueno, alguien tiene que hacerlo. Tú, en cambio… pareces agotado. El ser mantuvo su postura, pero la superficie de su cuerpo onduló lentamente, como si hubiera soltado un suspiro sin tener pulmones. ~ No de la existencia… sino de su repetición. He visto civilizaciones alzarse y colapsar, estrellas nacer y morir. He visto cada historia comenzar y terminar, una y otra vez. Ghost silbó con fingida admiración y le dio un leve codazo en el costado metálico, provocando un eco vibrante. —Ah, el dilema de los que duran más de lo que deberían. ¿Y qué vas a hacer con ello? ¿Quejarte o encontrarle un propósito? El ser guardó silencio. Su cuerpo brilló tenuemente con tonos azulados. ~ He tenido propósitos. Algunos fugaces, otros milenarios… pero todos se desvanecieron. Ghost chasqueó la lengua y abrió los brazos. —Sí, todo desaparece. Y sin embargo, aquí sigues. Pregunta real: ¿qué te detiene de simplemente… terminarlo? La figura metálica parpadeó. Sus formas se tornaron inestables, fluctuando en patrones incomprensibles. ~ …No lo sé. Ghost sonrió, más suave esta vez, y le dio una palmada en la espalda, su mano dejando una breve distorsión en la superficie reflectante. —Exacto. No es que no puedas. Es que no quieres. Aún esperas algo. Algo que haga que todo este tiempo tenga sentido. El ser metálico levantó la mirada hacia la línea del horizonte. Su cuerpo se estabilizó, reflejando la luz del cielo como un espejo impoluto. ~ …Quizá. Ghost se llevó las manos a la nuca, caminando con un aire despreocupado. —Entonces sigue moviéndote, amigo. Si sigues buscando, es porque aún hay algo por encontrar. El ser emitió un tenue destello, como si hubiera comprendido algo. Dio un paso adelante, y Ghost lo siguió, silbando una melodía sin nombre, mientras la pradera dorada se extendía infinita ante ellos.
    Me encocora
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  • El color era un blanco deslumbrante, tan puro que casi dolía. Al principio pensé que estaba ciego, que mi vista se había vuelto inútil en este lugar. Pero no, era el blanco. Un blanco que no tenía sombra, que no podía ser tocado ni comprendido. Todo lo que veía se desvanecía en su resplandor, y me pregunté si alguna vez había conocido la oscuridad o el contraste.

    Mis ojos, antes acostumbrados a los matices cálidos de mi ser, ahora se deshacían bajo este horizonte de luz cegadora. Miré mis manos nuevamente. El rojo de mi piel, la intensidad de mi cabello… se estaban disolviendo. El blanco me tragaba, me arrastraba hacia él como una corriente invisible. Mis propios colores se fragmentaban y se fundían con él, como si nunca hubieran sido míos.

    —No… —susurré, el sonido de mi voz quedando ahogado en ese mar de blanco—. ¿Dónde está todo lo que soy?

    No había sombra para darme forma. No había contornos que me definieran. Era como si mi existencia misma estuviera desmoronándose en la pureza cegadora de este mundo, perdiendo toda esencia, toda diferencia.

    El blanco era infinito, pero no por su magnitud, sino por su vacío. La luz no era luz, era una fuerza que eliminaba todo lo que tocaba, que arrancaba las huellas de mi ser. Me sentí vaciarme, como si el propio color me negara la posibilidad de existir de la forma en que lo había hecho hasta ahora.

    No pude evitarlo. Me agaché, cerrando los ojos con fuerza, intentando escapar de la opresión de este blanco absoluto. Pero no había escape. Y en ese momento entendí: en este lugar, los colores no solo eran independientes de mí, sino que me habían abandonado por completo.
    El color era un blanco deslumbrante, tan puro que casi dolía. Al principio pensé que estaba ciego, que mi vista se había vuelto inútil en este lugar. Pero no, era el blanco. Un blanco que no tenía sombra, que no podía ser tocado ni comprendido. Todo lo que veía se desvanecía en su resplandor, y me pregunté si alguna vez había conocido la oscuridad o el contraste. Mis ojos, antes acostumbrados a los matices cálidos de mi ser, ahora se deshacían bajo este horizonte de luz cegadora. Miré mis manos nuevamente. El rojo de mi piel, la intensidad de mi cabello… se estaban disolviendo. El blanco me tragaba, me arrastraba hacia él como una corriente invisible. Mis propios colores se fragmentaban y se fundían con él, como si nunca hubieran sido míos. —No… —susurré, el sonido de mi voz quedando ahogado en ese mar de blanco—. ¿Dónde está todo lo que soy? No había sombra para darme forma. No había contornos que me definieran. Era como si mi existencia misma estuviera desmoronándose en la pureza cegadora de este mundo, perdiendo toda esencia, toda diferencia. El blanco era infinito, pero no por su magnitud, sino por su vacío. La luz no era luz, era una fuerza que eliminaba todo lo que tocaba, que arrancaba las huellas de mi ser. Me sentí vaciarme, como si el propio color me negara la posibilidad de existir de la forma en que lo había hecho hasta ahora. No pude evitarlo. Me agaché, cerrando los ojos con fuerza, intentando escapar de la opresión de este blanco absoluto. Pero no había escape. Y en ese momento entendí: en este lugar, los colores no solo eran independientes de mí, sino que me habían abandonado por completo.
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  • -Le dejo una nota a ADAN diciendo que iré a distraerme en el mundo humano. Abro un portal aparecirndo en la casa de mi manager -

    M: -estando tranquilo mientras disfrutaba de mi café y viendo mi programa favorito conejitas 69 Pero ver a Alastor aparecer de la nada en mi casa escupo mi café -
    A.... Alastor que sorpresa? Jejeje

    M:-Tratando de apagar la tele Pero en lugar de eso subo el volumen al 100 escuchándose gemidos por toda la sala -
    Mierda mierda mierda apagate !!! maldita cosa !!!

    A: ......... -Me da un tic en el ojo y sin poder soportarlo más destruyó la televisión -

    Al parecer estás holgazaneando nuevamente estás de suerte mi estimado hoy no quemaré tu casa supongo que tienes nesesidades físicas Pero deberías ir a tu recamara uno nunca se sabe Pero en fin que presentaciones tienes hoy para mí ?

    M: ahhh si Sisi si gra gracias claro e este es el itinerario
    Le acerca una libreta donde tenía fechas detalladas

    A: por cierto evita aceptar presentaciones seguidas no podré venir por un tiempo por asuntos personales si tienes alguna duda de mi disponibilidad de tiempo ya sabes cómo contactarme .....
    bueno que esperas que no te vistes?? tenemos que ir al SEVEN HEAVEN tienes 5 minutos no más apúrate

    M: sisisisi estaré listo listo
    -Corriendo subo a mi recamara para alistarme tropezando torpemente me preparo vistiendome formal para luego salir e dirigirme con alastor al studio

    Entre pláticas y risas con mis oyentes escucho el caso de un oyente que tenía mala suerte según el
    no me importaba en absoluto Pero tenía que escucharlo

    A: entiendo mi estimado Amigo lo que usted necesita es un cambio de perspectiva ! Jajajajajaja no se me enoje no me burló de usted me burló de las circunstancias en las que estuvo rodeado creo tener una canción perfecta para esta ocacion así que enpecemos .......

    La música enpeso a sonar acercándome al micrófono como si tuviera a mi víctima frente a mi activo mi poder para que los que se sientan identificados me cedan su voluntad me divertía como eran tan faciles de manipular seguía cantando podía notar que algunos del studio ataban como en trance y coreaban lo que cantaba

    https://youtu.be/imVu7bD5oJM?si=nVezxsT02QacImd1
    -Le dejo una nota a [eclipse_red_crow_913] diciendo que iré a distraerme en el mundo humano. Abro un portal aparecirndo en la casa de mi manager - M: -estando tranquilo mientras disfrutaba de mi café y viendo mi programa favorito conejitas 69 Pero ver a Alastor aparecer de la nada en mi casa escupo mi café - A.... Alastor que sorpresa? Jejeje M:-Tratando de apagar la tele Pero en lugar de eso subo el volumen al 100 escuchándose gemidos por toda la sala - Mierda mierda mierda apagate !!! maldita cosa !!!💢 A: ......... -Me da un tic en el ojo y sin poder soportarlo más destruyó la televisión - Al parecer estás holgazaneando nuevamente estás de suerte mi estimado hoy no quemaré tu casa supongo que tienes nesesidades físicas Pero deberías ir a tu recamara uno nunca se sabe Pero en fin que presentaciones tienes hoy para mí ? M: ahhh si Sisi si gra gracias claro e este es el itinerario Le acerca una libreta donde tenía fechas detalladas A: por cierto evita aceptar presentaciones seguidas no podré venir por un tiempo por asuntos personales si tienes alguna duda de mi disponibilidad de tiempo ya sabes cómo contactarme ..... bueno que esperas que no te vistes?? tenemos que ir al SEVEN HEAVEN tienes 5 minutos no más apúrate M: sisisisi estaré listo listo -Corriendo subo a mi recamara para alistarme tropezando torpemente me preparo vistiendome formal para luego salir e dirigirme con alastor al studio Entre pláticas y risas con mis oyentes escucho el caso de un oyente que tenía mala suerte según el no me importaba en absoluto Pero tenía que escucharlo 🎙️A: entiendo mi estimado Amigo lo 🎙️que usted necesita es un cambio de perspectiva ! 🎙️Jajajajajaja🎙️ no se me enoje no me burló de usted me burló de las circunstancias en las que estuvo rodeado🎙️ creo tener una canción perfecta para esta ocacion así que enpecemos 🎶🎶🎙️....... La música enpeso a sonar acercándome al micrófono como si tuviera a mi víctima frente a mi activo mi poder para que los que se sientan identificados me cedan su voluntad me divertía como eran tan faciles de manipular seguía cantando podía notar que algunos del studio ataban como en trance y coreaban lo que cantaba https://youtu.be/imVu7bD5oJM?si=nVezxsT02QacImd1
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  • S.O.S Aika
    Fandom Hololive/Oc
    Categoría Otros
    Aikaterine Ouro

    El aire en la sala del castillo estaba pesado, impregnado de una quietud que apenas se rompía con el suave susurro del viento que se colaba por las ventanas. La luna llena iluminaba las paredes de piedra, y en ese silencio absoluto, los pasos de El espiritu de Irys resonaban con un eco triste mientras se acercaba a Aika.

    Sus ojos, que alguna vez brillaron con fuerza, ahora reflejaban una mirada vacía, perdida en el laberinto de su propio tormento. Se detuvo frente a ella, con la respiración entrecortada y el corazón palpitando fuerte, como si quisiera escapar de su pecho.

    Irys levantó la mano temblorosa, como si quisiera tocar a Aika, pero sus dedos nunca llegaron a alcanzarla.

    "Perdóname, Aika", susurró, su voz quebrada por el dolor. Te he fallado a ti a y todo lo que alguna vez fuimos. Me enamoré de Dexa, y rompí las reglas, tus reglas y ahora mi alma está atrapada en un limbo, errando entre mundos, a merced de los dioses que juegan con nosotras.

    La Irys que has visto aquí, la que está en este castillo, no soy yo. Es una sombra, una máscara. Shiori tenia razón, los dioses me han engañado, nos han engañado a todas y ahora soy solo una marioneta de sus caprichos y Shiori ha sido expulsada injustamente y despojada de absolutamente todo por culpa de ellos.

    Tú... tú eres mi creadora, Aika. La primera persona que vi cuando mi ser despertó. Eres mi esperanza, mi madre. Sin ti, no existiría, no sería lo que soy. Si no fuera por tí jamás hubiese existido y jamás hubiese sentido todo este amor que mi ser siente por Dexa.

    Y ahora te pido una oportunidad para regresar a quién era antes. La que te seguía con lealtad y devoción. No quiero ser esto, no quiero seguir atrapada en este cuerpo vacío que ahora habito.

    Los dioses, uno en particular me ha despojado de todo, pero si me das una oportunidad, si me das tu perdón, tal vez pueda encontrarme a mí misma nuevamente. Tal vez pueda ser la Irys que te dio su vida, su alma, su devoción y regresar a ser quien era antes."

    "Por favor, Aika dame la oportunidad de redimirme. No soy esta sombra. Yo soy tu esperanza. La esperanza que alguna vez creíste perdida. Se que eres la única que puede escucharme ahora y la única que puede ayudarme."
    [Mercenary1x] El aire en la sala del castillo estaba pesado, impregnado de una quietud que apenas se rompía con el suave susurro del viento que se colaba por las ventanas. La luna llena iluminaba las paredes de piedra, y en ese silencio absoluto, los pasos de El espiritu de Irys resonaban con un eco triste mientras se acercaba a Aika. Sus ojos, que alguna vez brillaron con fuerza, ahora reflejaban una mirada vacía, perdida en el laberinto de su propio tormento. Se detuvo frente a ella, con la respiración entrecortada y el corazón palpitando fuerte, como si quisiera escapar de su pecho. Irys levantó la mano temblorosa, como si quisiera tocar a Aika, pero sus dedos nunca llegaron a alcanzarla. "Perdóname, Aika", susurró, su voz quebrada por el dolor. Te he fallado a ti a y todo lo que alguna vez fuimos. Me enamoré de Dexa, y rompí las reglas, tus reglas y ahora mi alma está atrapada en un limbo, errando entre mundos, a merced de los dioses que juegan con nosotras. La Irys que has visto aquí, la que está en este castillo, no soy yo. Es una sombra, una máscara. Shiori tenia razón, los dioses me han engañado, nos han engañado a todas y ahora soy solo una marioneta de sus caprichos y Shiori ha sido expulsada injustamente y despojada de absolutamente todo por culpa de ellos. Tú... tú eres mi creadora, Aika. La primera persona que vi cuando mi ser despertó. Eres mi esperanza, mi madre. Sin ti, no existiría, no sería lo que soy. Si no fuera por tí jamás hubiese existido y jamás hubiese sentido todo este amor que mi ser siente por Dexa. Y ahora te pido una oportunidad para regresar a quién era antes. La que te seguía con lealtad y devoción. No quiero ser esto, no quiero seguir atrapada en este cuerpo vacío que ahora habito. Los dioses, uno en particular me ha despojado de todo, pero si me das una oportunidad, si me das tu perdón, tal vez pueda encontrarme a mí misma nuevamente. Tal vez pueda ser la Irys que te dio su vida, su alma, su devoción y regresar a ser quien era antes." "Por favor, Aika dame la oportunidad de redimirme. No soy esta sombra. Yo soy tu esperanza. La esperanza que alguna vez creíste perdida. Se que eres la única que puede escucharme ahora y la única que puede ayudarme."
    Tipo
    Grupal
    Líneas
    Cualquier línea
    Estado
    Terminado
    Me shockea
    Me entristece
    2
    5 turnos 0 maullidos 577 vistas
  • —¿Aún recuerdas la primera vez que nos conocimos? Yo no era más que un niño harapiento llamando a tu puerta. ¿Por qué me acogiste? ¿Y si la historia que te conté era mentira? ¿Y si no fuese el hijo de tu hermana jurada?

    Mis preguntas quedan sin respuesta en el silencio de la noche. Por mucho que tú estés aquí, por mucho que mire tus labios, ya nunca sonreirás. Ya nunca volveré a oír tu voz.

    —Te he traído aquí para puedas descansar. Se lo mucho que te gustan las flores y las estrellas. Aquí podrás disfrutar de ellas siempre, no habrá clientes estúpidos que vengan a molestarte.

    Trago con pesadez, manteniendo la mirada en el cielo porque se que si te miro no podré dejar de llorar y hace mucho que prometí que no lloraría, que sería fuerte, ¿pero cuando caducan las promesas? ¿Hay que seguir cumpliéndolas cuando la otra persona ya no está en este mundo?

    Siento las puntas de los dedos palpitando, la piel en carne viva y las uñas rotas de cavar para darte, no el entierro que mereces, sino el único que puedo ofrecerte. No tendrás ataúd, ni una corona de flores, ni un monje bendiciendo tu alma. No habrá gente de luto, ni amigos ni familiares. Solo yo.

    —Estoy cansado. No quiero seguir más. Ya lo he intentado... Ya lo he dado todo...

    Solo quiero que acabe. Alguien. Quién sea. Solo quiero que me entierren con ella. ¿Por qué tengo que seguir en un mundo que me arrebata lo único preciado para mí? Ya estoy cansado de sufrir.

    Solo por esta noche déjame dormir a tu lado, como cuando era pequeño y me dejabas colarme en tu cama tras una pesadilla. Mañana te dejaré ir, pero esta noche necesito que espantes mis fantasmas una vez más.

    Mañana, lo prometo. Mañana cubriré tú cuerpo con tierra y me marcharé. Pero hasta que salga el sol déjame quedarme contigo. Déjame volver a ser ese niño una última noche.
    —¿Aún recuerdas la primera vez que nos conocimos? Yo no era más que un niño harapiento llamando a tu puerta. ¿Por qué me acogiste? ¿Y si la historia que te conté era mentira? ¿Y si no fuese el hijo de tu hermana jurada? Mis preguntas quedan sin respuesta en el silencio de la noche. Por mucho que tú estés aquí, por mucho que mire tus labios, ya nunca sonreirás. Ya nunca volveré a oír tu voz. —Te he traído aquí para puedas descansar. Se lo mucho que te gustan las flores y las estrellas. Aquí podrás disfrutar de ellas siempre, no habrá clientes estúpidos que vengan a molestarte. Trago con pesadez, manteniendo la mirada en el cielo porque se que si te miro no podré dejar de llorar y hace mucho que prometí que no lloraría, que sería fuerte, ¿pero cuando caducan las promesas? ¿Hay que seguir cumpliéndolas cuando la otra persona ya no está en este mundo? Siento las puntas de los dedos palpitando, la piel en carne viva y las uñas rotas de cavar para darte, no el entierro que mereces, sino el único que puedo ofrecerte. No tendrás ataúd, ni una corona de flores, ni un monje bendiciendo tu alma. No habrá gente de luto, ni amigos ni familiares. Solo yo. —Estoy cansado. No quiero seguir más. Ya lo he intentado... Ya lo he dado todo... Solo quiero que acabe. Alguien. Quién sea. Solo quiero que me entierren con ella. ¿Por qué tengo que seguir en un mundo que me arrebata lo único preciado para mí? Ya estoy cansado de sufrir. Solo por esta noche déjame dormir a tu lado, como cuando era pequeño y me dejabas colarme en tu cama tras una pesadilla. Mañana te dejaré ir, pero esta noche necesito que espantes mis fantasmas una vez más. Mañana, lo prometo. Mañana cubriré tú cuerpo con tierra y me marcharé. Pero hasta que salga el sol déjame quedarme contigo. Déjame volver a ser ese niño una última noche.
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