Aventurada por la ausencia de supervisión, Victoria se echó a los hombros la labor de introducir innovación a cuenta gotas. No podía encomendar a sus modelos que pasearan por el mercado vistiendo la capa doble, se arriesgaría a que fueran cuestionadas y no supieran como defender el gusto o elucubrar razón de por qué la habían comprado. El diseño extranjero tendía a ser mal visto, los detalles visuales e intrincados eran relegados exclusivamente para las esferas altas de la sociedad. Pero, ¿si pudiera hacerlo sentir como algo generacional? Llamar a la aparente necesidad de uno, un elemento difícil de costear que pudiera consolidar su lugar en el lecho doméstico a pesar de todo.
Había tratado la tela con unas bayas especiales y alumbre, durante una semana cada pieza, cada hilo, cada espacio. Ahora seca y espléndida, tocaba ponerlo a prueba. Si su teoría era correcta, el agua resbalaría de la prenda escudando el torso y el aroma a sudor quedaría neutralizado donde tocara. Un avance de ese calibre abriría las puertas a una tranquilidad de espíritu si pudiera replicarle en telas más delgadas, pero por ahora, tocaba pasar de fe a milagro.
Había tratado la tela con unas bayas especiales y alumbre, durante una semana cada pieza, cada hilo, cada espacio. Ahora seca y espléndida, tocaba ponerlo a prueba. Si su teoría era correcta, el agua resbalaría de la prenda escudando el torso y el aroma a sudor quedaría neutralizado donde tocara. Un avance de ese calibre abriría las puertas a una tranquilidad de espíritu si pudiera replicarle en telas más delgadas, pero por ahora, tocaba pasar de fe a milagro.
Aventurada por la ausencia de supervisión, Victoria se echó a los hombros la labor de introducir innovación a cuenta gotas. No podía encomendar a sus modelos que pasearan por el mercado vistiendo la capa doble, se arriesgaría a que fueran cuestionadas y no supieran como defender el gusto o elucubrar razón de por qué la habían comprado. El diseño extranjero tendía a ser mal visto, los detalles visuales e intrincados eran relegados exclusivamente para las esferas altas de la sociedad. Pero, ¿si pudiera hacerlo sentir como algo generacional? Llamar a la aparente necesidad de uno, un elemento difícil de costear que pudiera consolidar su lugar en el lecho doméstico a pesar de todo.
Había tratado la tela con unas bayas especiales y alumbre, durante una semana cada pieza, cada hilo, cada espacio. Ahora seca y espléndida, tocaba ponerlo a prueba. Si su teoría era correcta, el agua resbalaría de la prenda escudando el torso y el aroma a sudor quedaría neutralizado donde tocara. Un avance de ese calibre abriría las puertas a una tranquilidad de espíritu si pudiera replicarle en telas más delgadas, pero por ahora, tocaba pasar de fe a milagro.