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    ****Edad del Caos****
    -La Primera Anomalía

    Lejos del alcance inmediato de su padre, Yen’naferiel fue trasladada a un templo secundario por orden de Arcyelle Veltharys. No fue un acto de traición, sino de desesperación. La Santa buscaba ganar tiempo, desviando su destino para poder rescatarla después. Sin embargo, el error fue sutil y fatal: aquel templo no estaba vacío, sino ocupado por investigadores Elunai que esperaban su traslado.

    Sin saberlo, Arcyelle la había entregado directamente en manos de quienes no debían encontrarla.

    La niña fue llevada a un laboratorio oculto, donde su consciencia fue apagada mediante magia de sueño. Bajo hechizos de evaluación, los Elunai comenzaron a estudiar su esencia. Los resultados los inquietaron desde el inicio: su capacidad de aprendizaje superaba incluso la de los magos más dotados. Uno de ellos, en un intento de restar peso a lo que observaba, bromeó con que la niña parecía poseer una insaciable hambre de conocimiento, una "Gula" según sus palabras.

    Su estructura era anómala. Su “pureza” no significaba perfección, sino compatibilidad absoluta. Yen’naferiel no estaba limitada por las barreras que regían a los Elunai. En teoría, podría engendrar descendencia con cualquier raza: Elunai, Nómadas… incluso demonios.

    Ese pensamiento sembró temor, no por lo que era… sino por lo que podría llegar a crear.

    Cuando despertó, no fue recibida por cadenas ni interrogatorios, sino por una ilusión cuidadosamente diseñada. Ante ella apareció una vasta biblioteca, y junto a ella, la figura de su madre, Selin, construida con magia.

    Yen no dudó, corrió hacia ella, la ilusión respondió con dulzura, guiándola hacia los libros, observando y esperando. Aquello no era compasión, sino experimento. Querían medir cuánto podía aprender y qué tan rápido.

    La niña tomó un libro. Sus páginas estaban llenas de complejos círculos mágicos, diseñados para producir un efecto trivial: pequeñas burbujas de agua. Hechizos inútiles, usados solo como prueba de comprensión.

    Los ojos de Yen recorrieron las líneas y sonrió, sin pronunciar palabra, trazó el círculo con su propio maná bajo los pies de la falsa Selin. Las burbujas comenzaron a emerger, flotando suavemente en el aire. Los observadores, ocultos tras su velo de invisibilidad contuvieron la respiración, aquello ya era impresionante, pero luego algo cambió.

    Las burbujas dejaron de ser transparentes. Su color se tornó rojo, espeso, como si cada una estuviera hecha de sangre. La más grande envolvió a la falsa Selin, sellándola en su interior. El aire desapareció y la ilusión comenzó a fallar, el cuerpo que la sostenía, la Elunai real, no podía escapar.

    No había oxígeno, no había forma de romper la prisión. Yen la observaba ya no como una niña.

    La voz que salió de ella no era furiosa, sino fría, precisa y sobre todo molesta. Aquella figura no era su madre, podía sentirlo, su maná era incorrecto, incompleto, además faltaba algo. Faltaba la vida que Selin llevaba dentro.

    Yen le expreso el asco que sintió por ella al sentir su mana sucio y falso. Los investigadores emergieron entonces, abandonando su escondite e intentaron contenerla, pero ya era tarde. Las mismas burbujas que consideraban inofensivas se convirtieron en jaulas mortales. Uno a uno, fueron atrapados en esferas donde el aire no existía.

    El experimento había terminado y el resultado era claro. Tuvieron que intervenir soldados para someterla por la fuerza. No fue fácil e incluso siendo una niña, su control era preciso, casi instintivo pero finalmente, fue contenida y encerrada.

    Los informes posteriores fueron unánimes... Yen’naferiel no era solo una anomalía, era un peligro, no solo por su poder bruto… sino por su capacidad de comprender, alterar y perfeccionar.

    Donde otros veían un hechizo inútil… ella veía una herramienta, donde otros seguían reglas… ella las reescribía.

    Y en medio del silencio que siguió a aquel incidente, uno de los Elunai se atrevió a decir lo que muchos ya pensaban pero ninguno quería admitir. Aquello que habitaba en la niña no podía ser llamado poder, no en el sentido puro que ellos conocían. No era la luz de los dioses, ni la armonía del maná. Era algo distinto, algo que tomaba lo simple, lo inocente y lo deformaba en algo peligroso. Un hechizo infantil convertido en una trampa mortal. Una risa suave escondiendo una mente que analizaba sin emoción. Para ellos, eso no era el don de una niña… sino la manifestación de algo oscuro. Algo que corrompía desde su origen. Y fue entonces cuando, por primera vez, comenzaron a llamarla en susurros: La hija del monstruo.

    No porque conocieran la verdad… sino porque, incluso antes de que el caos descendiera sobre ellos, ya temían aquello que la había creado.
    ****Edad del Caos**** -La Primera Anomalía Lejos del alcance inmediato de su padre, Yen’naferiel fue trasladada a un templo secundario por orden de Arcyelle Veltharys. No fue un acto de traición, sino de desesperación. La Santa buscaba ganar tiempo, desviando su destino para poder rescatarla después. Sin embargo, el error fue sutil y fatal: aquel templo no estaba vacío, sino ocupado por investigadores Elunai que esperaban su traslado. Sin saberlo, Arcyelle la había entregado directamente en manos de quienes no debían encontrarla. La niña fue llevada a un laboratorio oculto, donde su consciencia fue apagada mediante magia de sueño. Bajo hechizos de evaluación, los Elunai comenzaron a estudiar su esencia. Los resultados los inquietaron desde el inicio: su capacidad de aprendizaje superaba incluso la de los magos más dotados. Uno de ellos, en un intento de restar peso a lo que observaba, bromeó con que la niña parecía poseer una insaciable hambre de conocimiento, una "Gula" según sus palabras. Su estructura era anómala. Su “pureza” no significaba perfección, sino compatibilidad absoluta. Yen’naferiel no estaba limitada por las barreras que regían a los Elunai. En teoría, podría engendrar descendencia con cualquier raza: Elunai, Nómadas… incluso demonios. Ese pensamiento sembró temor, no por lo que era… sino por lo que podría llegar a crear. Cuando despertó, no fue recibida por cadenas ni interrogatorios, sino por una ilusión cuidadosamente diseñada. Ante ella apareció una vasta biblioteca, y junto a ella, la figura de su madre, Selin, construida con magia. Yen no dudó, corrió hacia ella, la ilusión respondió con dulzura, guiándola hacia los libros, observando y esperando. Aquello no era compasión, sino experimento. Querían medir cuánto podía aprender y qué tan rápido. La niña tomó un libro. Sus páginas estaban llenas de complejos círculos mágicos, diseñados para producir un efecto trivial: pequeñas burbujas de agua. Hechizos inútiles, usados solo como prueba de comprensión. Los ojos de Yen recorrieron las líneas y sonrió, sin pronunciar palabra, trazó el círculo con su propio maná bajo los pies de la falsa Selin. Las burbujas comenzaron a emerger, flotando suavemente en el aire. Los observadores, ocultos tras su velo de invisibilidad contuvieron la respiración, aquello ya era impresionante, pero luego algo cambió. Las burbujas dejaron de ser transparentes. Su color se tornó rojo, espeso, como si cada una estuviera hecha de sangre. La más grande envolvió a la falsa Selin, sellándola en su interior. El aire desapareció y la ilusión comenzó a fallar, el cuerpo que la sostenía, la Elunai real, no podía escapar. No había oxígeno, no había forma de romper la prisión. Yen la observaba ya no como una niña. La voz que salió de ella no era furiosa, sino fría, precisa y sobre todo molesta. Aquella figura no era su madre, podía sentirlo, su maná era incorrecto, incompleto, además faltaba algo. Faltaba la vida que Selin llevaba dentro. Yen le expreso el asco que sintió por ella al sentir su mana sucio y falso. Los investigadores emergieron entonces, abandonando su escondite e intentaron contenerla, pero ya era tarde. Las mismas burbujas que consideraban inofensivas se convirtieron en jaulas mortales. Uno a uno, fueron atrapados en esferas donde el aire no existía. El experimento había terminado y el resultado era claro. Tuvieron que intervenir soldados para someterla por la fuerza. No fue fácil e incluso siendo una niña, su control era preciso, casi instintivo pero finalmente, fue contenida y encerrada. Los informes posteriores fueron unánimes... Yen’naferiel no era solo una anomalía, era un peligro, no solo por su poder bruto… sino por su capacidad de comprender, alterar y perfeccionar. Donde otros veían un hechizo inútil… ella veía una herramienta, donde otros seguían reglas… ella las reescribía. Y en medio del silencio que siguió a aquel incidente, uno de los Elunai se atrevió a decir lo que muchos ya pensaban pero ninguno quería admitir. Aquello que habitaba en la niña no podía ser llamado poder, no en el sentido puro que ellos conocían. No era la luz de los dioses, ni la armonía del maná. Era algo distinto, algo que tomaba lo simple, lo inocente y lo deformaba en algo peligroso. Un hechizo infantil convertido en una trampa mortal. Una risa suave escondiendo una mente que analizaba sin emoción. Para ellos, eso no era el don de una niña… sino la manifestación de algo oscuro. Algo que corrompía desde su origen. Y fue entonces cuando, por primera vez, comenzaron a llamarla en susurros: La hija del monstruo. No porque conocieran la verdad… sino porque, incluso antes de que el caos descendiera sobre ellos, ya temían aquello que la había creado.
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  • La mañana en Brattvåg comenzó con un murmullo inquietante que recorrió los pasillos de servicio hasta llegar a los oídos de Gunnar. El capitán fue informado por dos de sus hombres encargados de hacer guardia la noche anterior

    ​—Capitán —dijo uno de ellos, extendiendo un pedazo de tela de algodón fino—Anoche encontramos esto en la cocina, no vimos a nadie entrar ni salir, señor —aseguró el guardia, nervioso— Pero el aire ahí dentro todavía se siente... cargado y está todo hecho un desastre.

    Gunnar tomó el fajín, reconociendo de inmediato que la calidad del tejido y el tinte no eran locales. Pero lo que lo hizo apretar la mandíbula fue el informe de la servidumbre. Los cocineros hablaban de una escena de caos absoluto... sacos de grano reventados, una capa de harina cubriendo el suelo y lo más alarmante, la madera de la puerta de la alacena estaba carbonizada.
    Con el fajín apretado en el puño, se dirigió a los aposentos reales

    Dentro de su alcoba Elizabeth acababa de despertar, disponiéndose para empezar a cumplir sus labores a pesar del dolor que recorría todo su cuerpo se sentía con energías de sobra.

    ​Un golpe seco en la puerta la hizo sobresaltarse.

    ​—¡Mi Reina! —la voz de Gunnar sonó desesperada a través de la puerta — No ingresaré, asumo que está en paños menores, pero necesito que se presente en el Gran Salón de inmediato. He convocado a los siete consejeros. Tenemos un asunto de seguridad que necesita su atención urgente

    ​Elizabeth cerró los ojos un instante, respirando hondo. El corazón le golpeaba el pecho con latidos fuertes.

    ✴ ─ Muy bien Gunnar, iré de inmediato.

    ​Descartó sus túnicas habituales por un vestido de terciopelo pesado que la hacía ver imponente, pero el problema eran las marcas... Se miró al espejo, viendo las huellas púrpuras de su piel, las pruebas físicas de su "traición" a la corona.
    Entonces, tomó una decisión inusual, buscó en un cofre olvidado una gargantilla de encaje negro, una pieza de joyería intrincada con incrustaciones de obsidiana y pedrería que cubría su cuello por completo.
    ​Sentía el peso de las joyas como una cadena mientras caminaba hacia el Gran Salón, cada paso era una lucha por mantener la espalda recta.

    Al entrar, el aire se volvió pesado. Los siete consejeros ya estaban allí, y Milenka la observaba desde su posición habitual.

    Elizabeth hizo su entrada, sus músculos protestaban mientra daba pasos firmes hasta el fondo de la habitación. Se sentó en el trono con una elegancia que rozaba la soberbia.
    La gargantilla de encaje negro con incrustaciones de pedrería que cubría su cuello desde la base hasta la mandíbula llamó de inmediato la atención de Milenka causándole dudas, era una pieza hermosa, pero extraña en una mujer como la reina que despreciaba los adornos.

    Gunnar dio un paso al frente.
    ​—Majestad, honorables consejeros —el gran hombre mostró el fajín con un gesto violento— Anoche, este castillo fue escenario de un desorden inexplicable. La alacena ha sido destruida. Esta tela de algodón no es de Brattvåg y estaba en el suelo de las cocinas... ¡ la prueba de quién es el culpable de todo! ¡TRAIGAN AL ACUSADO!

    Cuando las puertas se abrieron y Kazuo entró escoltado, Elizabeth sintió que el mundo se encogía. Al verlo caminando tan sereno a pesar de la situación, el recuerdo de la noche anterior la asaltó con una fuerza devastadora. Se obligó a clavar las uñas en los brazos del trono para no flaquear.

    ​—Este extranjero parece haber confundido vuestra hospitalidad con una licencia para el vandalismo o algo peor. Juzguen ustedes ─ Dijo Gunnar al consejo claramente exaltado mientras azotaba el fajín delante del rostro de Kazuo quien había llegado a su lado mientras los soldados que lo traían se retiraban a los costados.

    ​Elizabeth tomó la palabra. Su voz salió fría, cortante, una máscara perfecta que ocultaba el volcán que sentía por dentro.

    ✴ ─Kazuo —dijo, interpelándolo directamente—El Capitán Gunnar ha presentado una prueba física que te sitúa en el centro de un incidente vandálico en mis dependencias. La alacena está en ruinas y tu prenda estaba allí.

    ​Hizo una pausa, su mirada chocaba con la de él, tratando de comunicarle mil cosas en un solo segundo sin que nadie lo notara

    ​✴ ─¿Qué tienes que decir en tu defensa?
    La mañana en Brattvåg comenzó con un murmullo inquietante que recorrió los pasillos de servicio hasta llegar a los oídos de Gunnar. El capitán fue informado por dos de sus hombres encargados de hacer guardia la noche anterior ​—Capitán —dijo uno de ellos, extendiendo un pedazo de tela de algodón fino—Anoche encontramos esto en la cocina, no vimos a nadie entrar ni salir, señor —aseguró el guardia, nervioso— Pero el aire ahí dentro todavía se siente... cargado y está todo hecho un desastre. Gunnar tomó el fajín, reconociendo de inmediato que la calidad del tejido y el tinte no eran locales. Pero lo que lo hizo apretar la mandíbula fue el informe de la servidumbre. Los cocineros hablaban de una escena de caos absoluto... sacos de grano reventados, una capa de harina cubriendo el suelo y lo más alarmante, la madera de la puerta de la alacena estaba carbonizada. Con el fajín apretado en el puño, se dirigió a los aposentos reales Dentro de su alcoba Elizabeth acababa de despertar, disponiéndose para empezar a cumplir sus labores a pesar del dolor que recorría todo su cuerpo se sentía con energías de sobra. ​Un golpe seco en la puerta la hizo sobresaltarse. ​—¡Mi Reina! —la voz de Gunnar sonó desesperada a través de la puerta — No ingresaré, asumo que está en paños menores, pero necesito que se presente en el Gran Salón de inmediato. He convocado a los siete consejeros. Tenemos un asunto de seguridad que necesita su atención urgente ​Elizabeth cerró los ojos un instante, respirando hondo. El corazón le golpeaba el pecho con latidos fuertes. ✴ ─ Muy bien Gunnar, iré de inmediato. ​Descartó sus túnicas habituales por un vestido de terciopelo pesado que la hacía ver imponente, pero el problema eran las marcas... Se miró al espejo, viendo las huellas púrpuras de su piel, las pruebas físicas de su "traición" a la corona. Entonces, tomó una decisión inusual, buscó en un cofre olvidado una gargantilla de encaje negro, una pieza de joyería intrincada con incrustaciones de obsidiana y pedrería que cubría su cuello por completo. ​Sentía el peso de las joyas como una cadena mientras caminaba hacia el Gran Salón, cada paso era una lucha por mantener la espalda recta. Al entrar, el aire se volvió pesado. Los siete consejeros ya estaban allí, y Milenka la observaba desde su posición habitual. Elizabeth hizo su entrada, sus músculos protestaban mientra daba pasos firmes hasta el fondo de la habitación. Se sentó en el trono con una elegancia que rozaba la soberbia. La gargantilla de encaje negro con incrustaciones de pedrería que cubría su cuello desde la base hasta la mandíbula llamó de inmediato la atención de Milenka causándole dudas, era una pieza hermosa, pero extraña en una mujer como la reina que despreciaba los adornos. Gunnar dio un paso al frente. ​—Majestad, honorables consejeros —el gran hombre mostró el fajín con un gesto violento— Anoche, este castillo fue escenario de un desorden inexplicable. La alacena ha sido destruida. Esta tela de algodón no es de Brattvåg y estaba en el suelo de las cocinas... ¡ la prueba de quién es el culpable de todo! ¡TRAIGAN AL ACUSADO! Cuando las puertas se abrieron y [8KazuoAihara8] entró escoltado, Elizabeth sintió que el mundo se encogía. Al verlo caminando tan sereno a pesar de la situación, el recuerdo de la noche anterior la asaltó con una fuerza devastadora. Se obligó a clavar las uñas en los brazos del trono para no flaquear. ​—Este extranjero parece haber confundido vuestra hospitalidad con una licencia para el vandalismo o algo peor. Juzguen ustedes ─ Dijo Gunnar al consejo claramente exaltado mientras azotaba el fajín delante del rostro de Kazuo quien había llegado a su lado mientras los soldados que lo traían se retiraban a los costados. ​Elizabeth tomó la palabra. Su voz salió fría, cortante, una máscara perfecta que ocultaba el volcán que sentía por dentro. ​ ✴ ─Kazuo —dijo, interpelándolo directamente—El Capitán Gunnar ha presentado una prueba física que te sitúa en el centro de un incidente vandálico en mis dependencias. La alacena está en ruinas y tu prenda estaba allí. ​Hizo una pausa, su mirada chocaba con la de él, tratando de comunicarle mil cosas en un solo segundo sin que nadie lo notara ​✴ ─¿Qué tienes que decir en tu defensa?
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  • La mañana estaba en silencio, de ese tipo de silencio que solo existe antes de que el mundo empiece a moverse de verdad. Sentado en el sofá, con la luz entrando por la ventana, Cameron hojeaba el periódico con gesto concentrado, como si cada titular pudiera esconder algo más que simples noticias.

    Para la mayoría de la gente era solo lectura matutina. Para él, no.

    Entre columnas sobre política mágica, rumores exagerados y artículos sensacionalistas, su mirada buscaba lo que otros no veían: pequeños detalles, nombres que se repetían demasiado, incidentes que parecían triviales pero no lo eran. Años de trabajo le habían enseñado que muchos problemas empezaban exactamente así, escondidos entre líneas.

    Pasó la página con calma, tal vez no encontrara nada hoy.
    Pero sabia que si estaba atento, encontraría un hilo del que tirar.

    #Personajes3D #3D #Comunidad3D
    La mañana estaba en silencio, de ese tipo de silencio que solo existe antes de que el mundo empiece a moverse de verdad. Sentado en el sofá, con la luz entrando por la ventana, Cameron hojeaba el periódico con gesto concentrado, como si cada titular pudiera esconder algo más que simples noticias. Para la mayoría de la gente era solo lectura matutina. Para él, no. Entre columnas sobre política mágica, rumores exagerados y artículos sensacionalistas, su mirada buscaba lo que otros no veían: pequeños detalles, nombres que se repetían demasiado, incidentes que parecían triviales pero no lo eran. Años de trabajo le habían enseñado que muchos problemas empezaban exactamente así, escondidos entre líneas. Pasó la página con calma, tal vez no encontrara nada hoy. Pero sabia que si estaba atento, encontraría un hilo del que tirar. #Personajes3D #3D #Comunidad3D
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    INVITACIÓN A TRAMA: "EL SUSPIRO DE JOTUNHEIM"

    ¡Hola a todos!

    Se viene una dinámica lineal (nada de multiversos) centrada en Sigurd Lokison y un "pequeño" incidente climático en Manhattan, estamos en Abril de 2026, pero parece que el invierno se ha negado a irse y ha traído refuerzos del Reino de los Gigantes de Hielo.

    ¿De qué trata?

    Sigurd ha decidido que la primavera neoyorquina es aburrida y ha canalizado su herencia Jotun para reclamar la isla.

    No es un frente frío meteorológico; es una invasión de temperatura absoluta que recuerda al frío eterno de Jotunheim.

    ADVERTENCIA: COLAPSO TÉCNICO

    Este frío no es natural, es magia pura de un reino prohibido. Tengan en cuenta que:

    Adiós a los smartphones: Las baterías mueren en segundos y las pantallas se quiebran por la contracción térmica.

    Tecnología en jaque: Los sensores de Industrias Stark y el equipo de alta tecnología están fallando o dando lecturas imposibles.

    Comunicaciones muertas: La atmósfera está tan cargada de energía gélida que las señales de radio y Wi-Fi apenas atraviesan la neblina de escarcha.

    ¿Quiénes pueden participar?

    ¡Todos! Desde el Vengador más poderoso hasta el civil más común:

    Héroes: ¿Cómo van a proteger a la ciudad sin tecnología y luchando contra una hipotermia divina?.

    Villanos: ¿Es este el momento de saquear o es hora de preocuparse porque su escondite ahora es un congelador?.

    Curiosos: Si conoces al "chico del café" de rizos oscuros, quizás sea el momento de ir a pedirle explicaciones (si es que logras llegar a Central Park con vida).

    ¿Dónde?

    La acción arranca en la Terraza de Bethesda (Central Park), donde Sigurd está disfrutando de su nueva obra de arte.

    ¡El tablero está puesto y el hielo está servido!

    ¿Quién se anima a intentar que abril vuelva a ser primavera?
    📢 INVITACIÓN A TRAMA: "EL SUSPIRO DE JOTUNHEIM" ❄️ ¡Hola a todos! Se viene una dinámica lineal (nada de multiversos) centrada en Sigurd Lokison y un "pequeño" incidente climático en Manhattan, estamos en Abril de 2026, pero parece que el invierno se ha negado a irse y ha traído refuerzos del Reino de los Gigantes de Hielo. ¿De qué trata? Sigurd ha decidido que la primavera neoyorquina es aburrida y ha canalizado su herencia Jotun para reclamar la isla. No es un frente frío meteorológico; es una invasión de temperatura absoluta que recuerda al frío eterno de Jotunheim. ⚠️ ADVERTENCIA: COLAPSO TÉCNICO Este frío no es natural, es magia pura de un reino prohibido. Tengan en cuenta que: Adiós a los smartphones: Las baterías mueren en segundos y las pantallas se quiebran por la contracción térmica. Tecnología en jaque: Los sensores de Industrias Stark y el equipo de alta tecnología están fallando o dando lecturas imposibles. Comunicaciones muertas: La atmósfera está tan cargada de energía gélida que las señales de radio y Wi-Fi apenas atraviesan la neblina de escarcha. ¿Quiénes pueden participar? ¡Todos! Desde el Vengador más poderoso hasta el civil más común: 🛡️ Héroes: ¿Cómo van a proteger a la ciudad sin tecnología y luchando contra una hipotermia divina?. 🦹 Villanos: ¿Es este el momento de saquear o es hora de preocuparse porque su escondite ahora es un congelador?. ☕ Curiosos: Si conoces al "chico del café" de rizos oscuros, quizás sea el momento de ir a pedirle explicaciones (si es que logras llegar a Central Park con vida). ¿Dónde? La acción arranca en la Terraza de Bethesda (Central Park), donde Sigurd está disfrutando de su nueva obra de arte. ¡El tablero está puesto y el hielo está servido! ¿Quién se anima a intentar que abril vuelva a ser primavera?
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  • La noche que lo cambio todo
    Fandom Persona 3
    Categoría Romance
    (AU 16)

    Voy mirando inquieta el reloj de la sala de mandos, ya es la tercera luna llena que solo estamos Akihiko y yo. Shinjiro se largo tras el incidente con su Persona no le pedí que se quedará, me sentía una mala líder por ocasionar ese accidente.

    "0:00" todo el sonido que había paso a un silencioso infernal, mire a Akihiko.

    - Haremos una patrulla cerca de la torre, no debemos permitir que se salga otra sombra -

    Le digo mientras tomo mi evoker y me lo coloco en mi cinturón. Ya cuando tenía todo preparado salgo de allí, las calles estaban vacías a lo lejos algún que otro ataúd de las personas que trabajan en el turno de noche tenían esa desgracia de acabar en ese estado y lo más impresionante era la luna verde que iluminaba toda la zona. Esperaba de verdad de que fuera una noche tranquila.

    Akihiko Sanada
    (AU 16) Voy mirando inquieta el reloj de la sala de mandos, ya es la tercera luna llena que solo estamos Akihiko y yo. Shinjiro se largo tras el incidente con su Persona no le pedí que se quedará, me sentía una mala líder por ocasionar ese accidente. "0:00" todo el sonido que había paso a un silencioso infernal, mire a Akihiko. - Haremos una patrulla cerca de la torre, no debemos permitir que se salga otra sombra - Le digo mientras tomo mi evoker y me lo coloco en mi cinturón. Ya cuando tenía todo preparado salgo de allí, las calles estaban vacías a lo lejos algún que otro ataúd de las personas que trabajan en el turno de noche tenían esa desgracia de acabar en ese estado y lo más impresionante era la luna verde que iluminaba toda la zona. Esperaba de verdad de que fuera una noche tranquila. [Sanada_Thcx]
    Tipo
    Individual
    Líneas
    Cualquier línea
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  • — Una delicia.

    Consume una rata asada que atrapó hace una hora, mientras mastica la blanda carne, piensa en la última vez que se ha enfermado, notando que fue hace demasiado tiempo, antes del incidente del Zariman 10-0
    — Una delicia. Consume una rata asada que atrapó hace una hora, mientras mastica la blanda carne, piensa en la última vez que se ha enfermado, notando que fue hace demasiado tiempo, antes del incidente del Zariman 10-0
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  • Giros, existe el cielo y un estado de coma.

    ​La jornada se había extendido hasta volverse asfixiante; una ironía molesta para el día de su cumpleaños. Sin embargo, la necesidad dictaba sus pasos: sus ahorros se habían desangrado, gota a gota, entre las estériles paredes del hospital. Ahora, se hallaba inmerso en el gélido abrazo del invierno citadino. Resultaba asombroso cómo la nieve persistía en su danza interminable; aunque el calendario sugería que el final de febrero o los albores de marzo marcarían el retiro del frío, el paisaje blanco parecía reclamar un dominio eterno. No es que detestara el invierno, pero anhelaba la caricia reconfortante del verano, ese calor que su cuerpo, delgado y quebradizo por una fragilidad congénita, rara vez lograba retener. Un onsen, pensó con un suspiro, sería el paraíso en ese instante.

    ​Afortunadamente, su corazón le daba una tregua. Tras un largo periodo sin incidentes, el deseo de celebrar, aunque fuese de forma mínima, comenzaba a germinar en su pecho. Consideró la idea de beber con sus antiguos compañeros de orquesta, una noción que oscilaba entre lo agradable y lo agridulce. Sabía que la velada derivaría en esa insistente e incómoda pregunta: ¿por qué no volvía al violín? No podía culparlos por su curiosidad; después de todo, se había guardado para sí los motivos que lo obligaron a abandonar las cuerdas a mitad de su carrera, protegiendo su secreto con un celo casi religioso.

    ​Había abandonado su puesto de trabajo al filo de la noche. Tras encadenar sesiones de canto y piano, el agotamiento pesaba en sus hombros; sentía las manos agarrotadas y la garganta como un desierto de ceniza. Definitivamente, necesitaba un trago. Nada pretencioso: un gurin sería el capricho perfecto para sellar la jornada.

    ​Al cruzar el umbral hacia el exterior, observó cómo la última luz del sol agonizaba en el horizonte. El frío golpeó con saña, tiñendo de carmín sus mejillas y nariz, mientras sus dedos se entumecían pese al resguardo de sus preciados guantes de lana. Sin paraguas, inició una caminata pausada, permitiendo que el dolor sordo de sus articulaciones marcara el ritmo de sus pasos. De pronto, el cielo arreció en su nevada, obligándolo a apresurarse. Su abrigo, aunque generoso, dejaba su rostro a merced de los copos que, como fragmentos de cristal, se enredaban en sus cortas pestañas. Pese a la inclemencia, una chispa de júbilo le iluminó el rostro; caminaba con una sonrisa discreta, casi risueña, abriéndose paso entre la multitud anónima de la metrópoli.

    ​Alcanzó el bar antes de lo previsto. Nunca había sido un devoto de la ciudad; prefería el susurro del campo o la salitre de la costa, la claridad del aire y el calor húmedo que abraza la piel. No obstante, empezaba a comprender que debía hacer las paces con su entorno. Se acomodó en una mesa retirada, lejos de la corriente de la puerta y del bullicio excesivo. Al despojarse de la chaqueta con un movimiento un tanto brusco, la tela se ciñó revelando la prominencia de su cadera, un vestigio de su delgadez. Finalmente se sentó, entregándose a la espera de ese primer sorbo del sake y ron japonés en el gurin, cuyo aroma azucarado prometía adormecer sus sentidos en una solitaria y necesaria celebración.
    Giros, existe el cielo y un estado de coma. ​La jornada se había extendido hasta volverse asfixiante; una ironía molesta para el día de su cumpleaños. Sin embargo, la necesidad dictaba sus pasos: sus ahorros se habían desangrado, gota a gota, entre las estériles paredes del hospital. Ahora, se hallaba inmerso en el gélido abrazo del invierno citadino. Resultaba asombroso cómo la nieve persistía en su danza interminable; aunque el calendario sugería que el final de febrero o los albores de marzo marcarían el retiro del frío, el paisaje blanco parecía reclamar un dominio eterno. No es que detestara el invierno, pero anhelaba la caricia reconfortante del verano, ese calor que su cuerpo, delgado y quebradizo por una fragilidad congénita, rara vez lograba retener. Un onsen, pensó con un suspiro, sería el paraíso en ese instante. ​Afortunadamente, su corazón le daba una tregua. Tras un largo periodo sin incidentes, el deseo de celebrar, aunque fuese de forma mínima, comenzaba a germinar en su pecho. Consideró la idea de beber con sus antiguos compañeros de orquesta, una noción que oscilaba entre lo agradable y lo agridulce. Sabía que la velada derivaría en esa insistente e incómoda pregunta: ¿por qué no volvía al violín? No podía culparlos por su curiosidad; después de todo, se había guardado para sí los motivos que lo obligaron a abandonar las cuerdas a mitad de su carrera, protegiendo su secreto con un celo casi religioso. ​Había abandonado su puesto de trabajo al filo de la noche. Tras encadenar sesiones de canto y piano, el agotamiento pesaba en sus hombros; sentía las manos agarrotadas y la garganta como un desierto de ceniza. Definitivamente, necesitaba un trago. Nada pretencioso: un gurin sería el capricho perfecto para sellar la jornada. ​Al cruzar el umbral hacia el exterior, observó cómo la última luz del sol agonizaba en el horizonte. El frío golpeó con saña, tiñendo de carmín sus mejillas y nariz, mientras sus dedos se entumecían pese al resguardo de sus preciados guantes de lana. Sin paraguas, inició una caminata pausada, permitiendo que el dolor sordo de sus articulaciones marcara el ritmo de sus pasos. De pronto, el cielo arreció en su nevada, obligándolo a apresurarse. Su abrigo, aunque generoso, dejaba su rostro a merced de los copos que, como fragmentos de cristal, se enredaban en sus cortas pestañas. Pese a la inclemencia, una chispa de júbilo le iluminó el rostro; caminaba con una sonrisa discreta, casi risueña, abriéndose paso entre la multitud anónima de la metrópoli. ​Alcanzó el bar antes de lo previsto. Nunca había sido un devoto de la ciudad; prefería el susurro del campo o la salitre de la costa, la claridad del aire y el calor húmedo que abraza la piel. No obstante, empezaba a comprender que debía hacer las paces con su entorno. Se acomodó en una mesa retirada, lejos de la corriente de la puerta y del bullicio excesivo. Al despojarse de la chaqueta con un movimiento un tanto brusco, la tela se ciñó revelando la prominencia de su cadera, un vestigio de su delgadez. Finalmente se sentó, entregándose a la espera de ese primer sorbo del sake y ron japonés en el gurin, cuyo aroma azucarado prometía adormecer sus sentidos en una solitaria y necesaria celebración.
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  • - 𝗖𝘂𝗮𝗱𝗲𝗿𝗻𝗼 𝗱𝗲 𝗖𝗮𝗺𝗽𝗼 𝗡𝗼. 𝗩𝗜𝗜 -

    Dia 11, post-despliegue.
    UBICACIÓN: Zona de observación
    CONDICIONES AMBIENTALES: La interferencia principal es conductual.

    𝙍𝙀𝙂𝙄𝙎𝙏𝙍𝙊:

    Los especímenes persisten en su simulación de normalidad casi adolescente. El Ejemplar Dorado ha sustituido fugas interdimensionales por "pijamadas". Uno de los Especímenes Carmesíes ha reducido el uso de su poder a abrir portales para evitar desplazamientos terrestres, y la manipulación probabilística a microescala, alterando sorteos escritos (papelitos para tareas domésticas) por autobeneficio. El Segundo Espécimen Carmesí, parece haberse resignado a su rol de ex-Vigilante, y su precisión en aperturas planares aparentemente ha mejorado.

    ¿Cómo se lleva a cabo una investigación de física arcana avanzada cuando los sujetos de estudio insisten en comportarse como personajes de una comedia televisiva humana? Los datos recopilados en las últimas 192 horas son: 71% interacciones sociales, 12% aperturas planares de riesgo nulo, 17% picos energéticos menores correlacionados con... ¿Emociones?.

    He considerado, en un momento de debilidad lógica, la provocación controlada. Inducir una situación de estrés o peligro moderado para forzar una manifestación significativa de poder. Sin embargo, el riesgo de que su reacción sea abrir un portal a un cine en lugar de defenderse, es altísimo.

    Nueva variable inquietante: Rastreo de conversaciones fragmentadas. Uno de los Especímenes Carmesíes ha verbalizado la intención de "ir a Nwitta". Esto es catastróficamente ambiguo. Si va y la capturan, mi espécimen principal será extraído. Fin de la observación. No es conveniente para mis objetivos. Peor aún, si el Espécimen Dorado (V.L.) es descubierta y extraída, el foco de los Vigilantes se intensificará aquí. Perdería el manto de la Operación que tanto me ha servido de cobertura. Ambos, resultados inaceptables.

    SINTESIS:
    Necesito que hagan algo relevante. Que usen su poder para algo que no sea evitar pagar una entrega a domicilio o ganar una discusión. Necesito un evento desencadenante limpio, medible, escalable y, preferiblemente, que no termine con todos nosotros en celdas contiguas en Nwitta.

    Mañana comenzaré a diseñar la "Prueba de Estímulo Controlado N°1". Debe parecer real, no atraer Vigilantes externos, y forzar el uso de magia de alto espectro (Nivel de distorsión de realidad >50 Dk). Si falla, lo más probable es que el evento culmine con los especímenes usando algún portal resultante para ir por helado.

    La ciencia, a veces, exige jugar sucio.

    - 𝙉.𝙎.𝘿.
    ( Nathair Soren Drakov | Vigilante de Élite, DAPE | Al borde de inducir un incidente internacional para obtener mejores gráficas )
    - 𝗖𝘂𝗮𝗱𝗲𝗿𝗻𝗼 𝗱𝗲 𝗖𝗮𝗺𝗽𝗼 𝗡𝗼. 𝗩𝗜𝗜 - Dia 11, post-despliegue. UBICACIÓN: Zona de observación CONDICIONES AMBIENTALES: La interferencia principal es conductual. 𝙍𝙀𝙂𝙄𝙎𝙏𝙍𝙊: Los especímenes persisten en su simulación de normalidad casi adolescente. El Ejemplar Dorado ha sustituido fugas interdimensionales por "pijamadas". Uno de los Especímenes Carmesíes ha reducido el uso de su poder a abrir portales para evitar desplazamientos terrestres, y la manipulación probabilística a microescala, alterando sorteos escritos (papelitos para tareas domésticas) por autobeneficio. El Segundo Espécimen Carmesí, parece haberse resignado a su rol de ex-Vigilante, y su precisión en aperturas planares aparentemente ha mejorado. ¿Cómo se lleva a cabo una investigación de física arcana avanzada cuando los sujetos de estudio insisten en comportarse como personajes de una comedia televisiva humana? Los datos recopilados en las últimas 192 horas son: 71% interacciones sociales, 12% aperturas planares de riesgo nulo, 17% picos energéticos menores correlacionados con... ¿Emociones?. He considerado, en un momento de debilidad lógica, la provocación controlada. Inducir una situación de estrés o peligro moderado para forzar una manifestación significativa de poder. Sin embargo, el riesgo de que su reacción sea abrir un portal a un cine en lugar de defenderse, es altísimo. Nueva variable inquietante: Rastreo de conversaciones fragmentadas. Uno de los Especímenes Carmesíes ha verbalizado la intención de "ir a Nwitta". Esto es catastróficamente ambiguo. Si va y la capturan, mi espécimen principal será extraído. Fin de la observación. No es conveniente para mis objetivos. Peor aún, si el Espécimen Dorado (V.L.) es descubierta y extraída, el foco de los Vigilantes se intensificará aquí. Perdería el manto de la Operación que tanto me ha servido de cobertura. Ambos, resultados inaceptables. SINTESIS: Necesito que hagan algo relevante. Que usen su poder para algo que no sea evitar pagar una entrega a domicilio o ganar una discusión. Necesito un evento desencadenante limpio, medible, escalable y, preferiblemente, que no termine con todos nosotros en celdas contiguas en Nwitta. Mañana comenzaré a diseñar la "Prueba de Estímulo Controlado N°1". Debe parecer real, no atraer Vigilantes externos, y forzar el uso de magia de alto espectro (Nivel de distorsión de realidad >50 Dk). Si falla, lo más probable es que el evento culmine con los especímenes usando algún portal resultante para ir por helado. La ciencia, a veces, exige jugar sucio. - 𝙉.𝙎.𝘿. ( Nathair Soren Drakov | Vigilante de Élite, DAPE | Al borde de inducir un incidente internacional para obtener mejores gráficas )
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  • Meses pasaron tras el primer incidente resuelto del vagón. Por un tiempo sus caminos tomaron distintas tareas, rumbos desolados cada uno completando su misión independiente y aunque Nolan, preferiblemente no era de involucrarse demasiado con otros no podía negar que era entretenida la compañía de esos dos: Cᥲᥣίoρᥱ ᴮᵉᵗʳᵃʸᵉˡ y 𝚅𝚊𝚗 𝙷𝚎𝚕𝚜𝚒𝚗𝚐 .

    Sin embargo, los aires cambian. Se había anunciado una secuencia de asesinatos sin precedente, está vez siendo menores víctimas de la crueldad, encontraban sus cuerpos envueltos en aceite, ahogados en algún liquido y posteriormente secos, sin órganos ni sangre con un terrible corte de cuello a ombligo.

    Podía pensar en muchas posibilidades. En muchos factores o que se trataba de un grupo criminal pero las costuras eran perfectas, lineales, no parecían algo de esa época. Solo se veía una línea y los hilos no eran visibles.

    Acordaron de verse -a través de cartas- en un punto de la ciudad de Londres, esperaba que llegaran.
    Meses pasaron tras el primer incidente resuelto del vagón. Por un tiempo sus caminos tomaron distintas tareas, rumbos desolados cada uno completando su misión independiente y aunque Nolan, preferiblemente no era de involucrarse demasiado con otros no podía negar que era entretenida la compañía de esos dos: [Betrayel_txt] y [Van.Helsing]. Sin embargo, los aires cambian. Se había anunciado una secuencia de asesinatos sin precedente, está vez siendo menores víctimas de la crueldad, encontraban sus cuerpos envueltos en aceite, ahogados en algún liquido y posteriormente secos, sin órganos ni sangre con un terrible corte de cuello a ombligo. Podía pensar en muchas posibilidades. En muchos factores o que se trataba de un grupo criminal pero las costuras eran perfectas, lineales, no parecían algo de esa época. Solo se veía una línea y los hilos no eran visibles. Acordaron de verse -a través de cartas- en un punto de la ciudad de Londres, esperaba que llegaran.
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